- ¡Eh! los de ahí. ¿os venís a tomar el sol y bañarse un poco en bolas? - Marcos cogido de la mano de Mariola gritaba bajo la ventana que daba a la playa a Pedro y Abel.
- Yo no puedo - asomó la cabeza Pedro, cariacontecido - tengo que acompañar a mi madre al super, que dice que ya que gastamos tanto liquido, al menos debería ayudarla a traerlo a casa. Abel irá con vosotros, ¿no Abel?
- Claro, Marcos - asomó la cabeza Abel al lado de Pedro - me apetece echarme en la arena a tomar el sol un rato.
- Pues venga, baja.
- ¿Hoy no hay tabla? - preguntó apenado Abel.
- Hoy no, que se me mosquea Mariola, que dice que la tengo amortizada.
- ¡Es que es verdad, Abel! - se quejó Mariola - con las putas tablas, parece que eres tu el novio de Marcos.
- ¡Joder! que fijación con hacerme novio de todo el mundo aquí. ¡Claro! sin tablas y mientras yo me baño os vais detrás de una roca y os hartáis de follar.
- ¡Venga baja!
Otra vez. Que manía todo el mundo con verle como novio de otro tío. Abel estaba realmente disgustado. A ver, se dijo, si es que yo no veo lo que ven los demás y resulta que soy más maricón que Pedro y yo estoy nada más que confundido. Me miro bien dentro y mira que he tenido oportunidades, porque Pedro en los cuatro años de instituto anda que no me ha tirado tejos, directos e indirectos.
¡Y no, joder! - Abel expresó en voz alta, llevado de la autoindignación, sus pensamientos.
¿Qué no, que? y con esa mala leche.
- Nada, nada, estaba en un pensamiento y lo he verbalizado. Lo siento.
Pues tenía que ser muy incordiante porque la mala leche con la que lo has dicho - se quejó Mariola.
- Es por lo que has dicho tía, que ya estoy muy cansado de que me llamen novio de cualquiera.
- Era una broma, joder, Abel, venga tío, que estamos de vacaciones - le quitó hierro al asunto Marcos - vamos a bañarnos hombre, alegra esa cara.
- Vosotros ir poniendo las toallas, que yo me voy al agua - dijo mientras corría a bañarse quitándose el bañador dejándolo tirado sobre la arena.
Cuando salió del agua ya más calmado sacudiéndose la cabeza y escurriéndose el agua de los ojos vio a lo lejos algo que no pudo evitar que su cuerpo reaccionase ajeno completamente a su control. Mariola estaba de rodillas de espalda al rompeolas y frente a ella de pie Marcos exhibiendo su mejor virilidad entraba y salía de su boca sin premura, con excitante morosidad. Marcos vio como se acercaba Abel y sin abrir la boca le hizo un gesto sugerente con la mano para que llegase hasta ellos y se pusiera a su lado. Abel se quedó paralizado con su verga explosivamente parada como si fuera una barra de carne ultracongelada pero ardiente. se le nubló la vista y echó a correr. Mariola estaba buenísima y desde que la conoció no cesaba de tener calientes episodios de imaginación.
- Tío Marcos, es tu novia - dijo sin apartar la mirada de como en la boca de Mariola aparecía y desaparecía el rabo de su amigo surfero.
- Vamos, Abelito, a mi lado, como si fueras mi novio - y soltó una carcajada que hizo que Mariola dejase de chuparle y echándole el brazo por el cuello y atrayéndole hacía su cuerpo le colocó en suerte para que su novia pudiera mamar las dos pollas a la vez. Venga cariño, las dos, vamos Mariola abe bien que te tienen que entrar.
- ¡No puedo, joder! las tenéis muy gordas los dos - se quejó Mariola.
- Pues entonces, tu Abel arrodíllate, y tu Mariola doggy style, ya sabes como, yo te enculo y le mamas a Abel, y ya sabes, a nuestro invitado, leche e trago.
Abel se arrodilló delante de Mariola y Marcos se le colocó detrás apuntando a su ano. Se hundió en su cuerpo y la chica permitió que Abel se insertase profundamente en su boca.
- ¡Disfruta de esa boca Abel! no se si encontrarás alguna vez algo parecido pero va a ser extraño que lo hagas. Yo mientras disfruto de su culo, sabes que me flipa un culo.
Abel cerró los ojos y se dejó llevar. La boca era de seda, ni una vez rozaron su delicado capullo los dientes. La boca era morosa en el chupar y la lengua se paseaba con delicadeza por el frenillo haciendo que Abel alcanzase el cielo en cada movimiento. Abel extasiado por el placer se echó hacia atrás apoyando el cuerpo para no caerse en sus brazos. Le parecía que el orgasmo era inminente pero venía de forma muy lenta. Era ya orgasmo pero no acababa de coronar el clímax lo que le proporcionaba un placer superior. En un momento dado la lengua empezó a ser más rápida y mas experta, la boca pareció que había ganado en profundidad, entraban mas centímetros que antes, la felación era mucho más satisfactoria, mas contundente y ahora si, el orgasmo venía sin remedio.
- ¡Me corro, joder me corro! que placer, Mariola, que placer, que placer - al tiempo que empezaba a eyacular dentro de la boca. Cuando acabo todo y sonriendo de satisfacción con la cara relajada se echó ya hacía adelante y abrió los ojos y lo que antes era todo placidez y relajación se convirtió en crispación y un salto tipo gimnasia en suelo - ¡Marcos! tío, ¿tu? joder, joder, Me he corrido en tu boca.
Marcos con una sonrisa meliflua y sin abrir la boca, para no perder gota de semen recogido se giró hasta enfrentar a Mariola y se fundieron en un beso compartiendo el jugo de Abel.
- ¡Pero, pero, ¿Cómo no me he enterado del cambio?
- Esa no es la pregunta, Abel, que parece mentira que tengas la edad que tienes. La pregunta, Abel, es: ¿Cómo es que he gozado como un cerdo con la boca de un tío? y te respondo, porqué en tu mente estabas siendo felado por Mariola, pero la boca era mía y como has podido ver, tu polla no tiene ni memoria, ni prejuicios ni traumas ni moral. Tu te ha dado cuenta en algún momento de que la boca era más profunda y la lengua se movía con más sabiduría pero estabas gozando tanto que lo has pasado por alto como detalle sin importancia, lo principal era el placer que estabas sintiendo. Mi boca sabe mejor que Mariola como hay que hacerlo, he chupado más pollas que ella, nada más. No nos tenemos que casar ni nada de eso, como cambiar de sexo ni montar una puta tragedia porque ¡Oh my god, I´m fagot! la conclusión es: Marcos que bien la mamas y que bien me ha sentado y a seguir con las vacaciones.
- Y la cochinada esa de pasarle mi lefa a tu novia, ¿ eso que es?
- Eso, que te lo diga Mariola, es la cosa que más le hace gozar a ella, y a mi que me encanta el semen y sobre todo de un tipo que no fuma como tu, tienes el semen dulce, cabrón. Me encanta la leche de tío. Y a Mariola ver como me llenan la boca. Y porque el momento no se prestaba pero lo que la hace perder la cabeza es que la encule profundo, mientras le escupo la lefa de otro en la boca.
- Sois como animales, no tenéis principio moral alguno.
- Incierto Abel. A cuantos animales has visto tu hacer lo que hacemos nosotros. Esto es puramente humano, los animales son esclavos del instinto. Nosotros si queremos lo puenteamos y extraemos placer de donde nadie podría imaginar. Mariola ¿Qué sientes mientras le comes el coño a Lola, por ejemplo mientras yo le como el rabo a su novio?
- La excitación y el placer que experimento, Abel, no tiene igual con nada. Tu porque no se lo has propuesto a tu novia, pero te aseguro que si organizáis una pequeña orgía y se lo pones en bandeja se volvería loca.
- Estáis enfermos. De esto Pedro, por favor, no tiene que enterarse de nada.
- Vale, corazón, ¿pero, en serio, independientemente de tus principios morales adquiridos en cualquier sacristía, en la que no me extrañaría que te hubieran trasteado, has gozado de la corrida en la boca de mi novio?
- Yo..., yo...
Con la mano en el pecho tío - Marcos le echó la mano por el hombro - con tu corazón, respóndele a Mariola.
- ¡Si, hostia, si! y es lo que me jode, que me da la impresión, maldita impresión de que le he puesto los cuernos a Pedro y no a María, y me jode.
- ¡Ah! pero tu y Pedro..., ya...,
- Que no, que no. Y esa es mi angustia, que con Pedro no he tenido nada nunca, pero me parece que habiéndole negado siempre y a veces de forma airada cualquier contacto a Pedro, haciéndolo ahora contigo Marcos, me parece que he engañado a Pedro.
- Pero tu no has sido consciente - dijo cargada de razón Mariola - esto ha sido una pequeña trampa que te hemos puesto nosotros, porque Marcos tenía esa espinita clavada, que quería paladear tus mecos. Es un viciosillo. Pero vamos si tanto apuro te da, cuando venga Pedro ahora te vas con él a una de esas cuevas y le follas la boca o el culo o los dos y él seguro que encantado.
- ¡Que no joder, que no es eso! Aquí no vale lo de un clavo saca otro clavo. Yo tengo con Pedro una amistad sin condicionantes. Además, estoy convencido que él no lo consentiría, nunca traicionaría la amistad de María.
- Pero, reconócelo - le dijo Marcos dándole una palmada viril en la espalda - en conciencia, ahora que sabes como la mama un tío, te gustaría que Pedro te lo hiciera, y supongo que tiene mucha más experiencia que yo - terminando la frase con una risotada.
Terminando la pregunta que Abel dejó sin contestar apareció a lo lejos Pedro quitándose el bañador.
- Ahí lo tienes - le indicó Mariola señalando la figura de Pedro que se agigantaba - llévatelo a una de esas cuevas, además están fresquitas y le dices lo que tu quieras. Ahora si tu no quieres que digamos nada, no se dice nada.
- Por favor, de verdad, nada de nada. Yo en su momento se lo diré. y no se...
- ¡Que serios se os ve! ¿ha pasado algo?
- Si - saltó Marcos - que Abel ha tragado agua y ha pasado un rato de apuro y no parece que se encuentre bien del todo. Deberías llevarlo a una de las cuevas esas y que se recupere allí - y miró a su novia guiñándole el ojo.
- No, déjalo, Pedro - y mientras lo decía dirigió la mirada dura a Marcos - creo que me voy a ir a casa a descansar. Luego en la comida nos vemos.
- De eso nada Abel, te acompaño. A mi ya sabes que me gusta la playa y más cosas y entre esas cosas me gusta estar contigo, y no es ningún secreto. Vamos.
Durante el trayecto hasta la casa Abel no abría la boca, caminaba como abatido después de una maratón, completamente desarbolado. Pedro le sacaba temas de conversa sin conseguir más que monosílabos o lugares comunes.
- Te conozco desde hace cuatro años Abel y además te conozco mejor que la mayoría de los que creen que te conocen y tu a mi no me engañas con esa espantada de la playa porque has tragado agua. Te voy a hacer una pregunta y quiero que seas absolutamente sincero conmigo, por favor. ¿Marcos y Mariola te han llevado a huerto, verdad?
- ¡Joder Pedro, no lo sabía! Me han enredado y he caído como un incauto - se habían detenido en la arena y Abel se abrazó a Pedro llorando - perdóname, no lo sabía y cuando se lo diga a María tampoco se si me perdonará.
- ¿Qué ha sido, el numerito de la mamada?
- ¡Hostia! ¿Cómo lo sabes? - levantó la cabeza del hombro de Pedro y dejó de llorar al instante - ¿no es la primera vez?
- En cuanto aparece un chaval nuevo por aquí se lo ventilan como lo han hecho contigo. El mamoneo de que Mariola te la chupa, tu te extasías y en cuanto cierras los ojos se dan el cambiazo.
Mira, nosotros compramos el apartamento unos meses antes de cumplir yo los quince, tenía catorce aún. Yo, tu lo sabes, no me escondo, nunca he estado en el armario de manera que cuando llegamos aquí en una fiesta que se organizó en la casa de uno, los colegas empezaron a hablar de tías y de tetas y culos de pera y como yo no decía nada me preguntaron que como me gustaban a mi y les contesté que me gustaban con polla y los culos musculosos. Poco a poco me fueron dando de lado, en manada, porque uno a uno acabaron todos por pasar por mi para confesar esto o lo otro y las pajitas mutuas no faltaron, aunque, claro, el maricón era yo. Bueno pues Marcos fue uno de ellos y me flipó que me dijera la primera vez que cuando me fuese a correr lo hiciese en su boca. Mis amigos de la ciudad y yo ensayamos una vez un bukkake y ahí probé yo el semen. Bueno todos lo probaron, unos lo tragaron y otros no. Unos, no todos, vomitaron y otros pidieron repetir. Por eso cuando vi que Marcos se lo tragaba me quede extrañado que lo hiciera con tanta naturalidad. Me explicó que le chupa la polla a su hermano mayor desde los once años y que le encanta. Está enganchado.
- Él me ha dicho que ha follado contigo, vamos que te la ha metido por el culo.
- Si, un par de veces, como casi todos los chavales que ves en las fiestas con sus novias. A mi me viene bien y ellos se distraen. Yo no digo que sean gays todos, pero que hay mucho hetero de nuestra edad que no reconoce su bisexualidad por temor al rechazo, estoy al cabo de la calle.
Y bueno, ahora que ya te han desvirgado, ¿Cuándo te la voy a chupar? - y al decirlo se tiró a la arena revolcándose de risa.
- Tu no eres maricón, eres un cabronazo redomado - y diciéndolo se tiró a la arena sobre él simulando que lo inmovilizaba y de pronto de un salto se levantó.
- Abel, recuerda que todavía vamos sin bañador y lo que tu mente quiere ocultar tu cuerpo lo pregona. Menudo empalme.
- Lo siento - se levantó como impulsado por un resorte y se puso el bañador - vamos, - le ofreció su mano para ayudarle - que por hoy ya he tenido más que suficientes soliviantos.
La semana siguiente fue tranquila, Marcos y Mariola se fueron a un concierto de los del verano a otra localidad y de paso se quedaron en un camping la semana entera allí.
- ¿Con quien se han ido? preguntó Abel por preguntar
- Con Luis y Patxi y Ramón y su novia Nuria, o sea con dos parejas más, porque Luis y Patxi, por mucho que intenten ocultarlo son pareja, unos veinteañeros que ya veraneaban aquí cuando llegamos nosotros, y las malas lenguas dicen que es han visto salir de una cueva cerca de ocaso, aunque nadie pudo afirmar que eran ellos porque había poca luz ya. Y Ramón y Nuria que están ya más cerca de la treintena que de los veinticinco, muy hippies ellos, así que te puedes imaginar que es lo que va a pasar en esas tiendas cuando llegue la noche. De Luis y Patxi yo si te puedo afirmar que son de los pocos en esta comunidad, de nuestras edades, de los que no podría decirte como tienen la polla. Son pareja, y me parece de puta madre, lo que no entiendo es como no revienta ya el armario en el que se esconden.
- Joder Pedro, esta playa es Sodoma.
- Espabila Abel, esta playa no es mejor ni peor, es como todas, lo que pasa es que cada quien se crea su universo chiquito y quiere creer que ese es el universo. Hemos creado un cuento chino entre todos y hemos decidido que hay que creérselo y para eso mentimos a todas horas y los que escuchan ponen cara de creerlo todo aunque en su fuero interno saben que la realidad es muy distinta. Y la vida sigue, precioso.
A los seis días del incidente de Marcos con Abel, éste, la semana entera estuvo aún meditabundo y tristón como si estuviese todavía rumiando la catástrofe de hacía días. Pedro intentaba animarle imaginando el mundo en el que vivirían cuando en poco tiempo estuvieran los dos como buenos roomies. Pero Abel estaba como ausente. Hasta la madre de Pedro se lo notó y preguntó si estaba echando de menos a María que acababa de llegar del crucero.
- Mira Abel, no hay problema, si la echas de menos, te llevamos a tu casa. A nosotros nos quedan dos semanas aquí, pero en cinco horas estás con tu María - la madre de Pedro quería dar todas las facilidades.
- No. De verdad, no es eso.
- Mamá, está así desde que el otro día parece que estuvo a punto de ahogarse y se asustó mucho - Abel le quiso fulminar con la mirada.
- ¡Hijo! ¿porqué no me habéis dicho nada?
- Porque no fue nada mamá, un susto muy grande. Ese día había mucha resaca y el no conocía bien esta playa.
- ¡Hay que tener mucho cuidado con esta costa que es muy traicionera, cuando sopla poniente es mejor ducharse.
- Y ese día hacía un ponientazo tremendo. Y yo, mama, no seme ocurrió avisarle.
- Pero estaba con Marcos, ¿no? Estaba allí, ¿Cómo no se dio cuenta?
- Mamá. Estaba con Mariola y ya sabes como son los dos.
- Ya. No me hables. Sus padres, los de Mariola están muy preocupados porque Marcos no da síntomas de sentar la cabeza. Bueno Abel, olvídalo todo y disfruta del tiempo que nos queda.
- Si señora, si ya se me está pasando pero lo peor es que no se me quita de la cabeza el disgusto que podría haber dado a todo el mundo.
- Bueno Abel, vámonos a tomar un copazo de helado al Azul. Mamá ¿recoges tu? porfi, mamaita.
- Venga, caraduras, irse por ese helado.
Camino del Azul, Abel le recriminó que hubiese sacado a relucir el maldito día aquel.
- Creí que ibas a cantarlo todo, por poco no me desmayo. Vamos, se lo dices a tu madre y me da un síncope. ¡Realmente creí que lo ibas a soltar! Eres un peligro gestionando la verdad.
- Yo no gestiono nada, digo lo que veo o creo, la reacción a lo que digo de los que escuchan es problema suyo, pero claro en un mundo que miente constantemente alguien que diga la verdad es un delincuente. Yo digo lo que creo y eso me permite viajar sin mochila cargada de cadáveres que haya que ocultar. Se vive mucho mas ligero y se llega más lejos, porque no te cansas de mentir, que es lo que te pasa a ti ahora, que no puedes avanzar en la comprensión de tus sentimientos porque llevas demasiado peso de prejuicios a la espalda.
- Y que hago, ir preguntando a los tíos si me quieren chupar el rabo, porque un gilipollas me ha engañado y he sentido el mejor orgasmo con una boca de mi puta vida.
- ¿Ves? vamos avanzando. Ya reconoces que te ha gustado que un tío te la mamase, con engaño, de acuerdo, porque tus apriorismos hubieran impedido que te la mamase sin él. Y ahora estás en un brete, porque te gustaría experimentar ese placer tan intenso otra vez pero sigues llevando dentro el prejuicio que te impide gustar ese placer. Y estás que no vives. Que te la chupe un tío no te imprime en la frente la marca de la bestia, así en fosforito, MARICON. Tu eres quien eres y seguirás siéndolo con mamada o sin ella. Si se la metes en el culo a María, que se la meterás, en que se diferencia el ano de María del mío, por ejemplo: en nada, la única diferencia es que tu sabes que al otro de tu rabo hay otro o un coño, pero eso no modifica el hecho de que tu glande está siendo estimulado por el roce de un recto y eso provoca una sensación muy placentera. Acepta eso y se te acabará esa melancolía que es fruto del querer y no poder aunque lo tengas al alcance de tu mano. Y vamos a callarnos que lo único que le hacía falta al Chema de los cojones era escucharnos y querer meter baza y algo más.
El día transcurrió con normalidad, playa textil para evitar despertar demonios intrigantes, relajación, comida en Azul con la madre de Pedro y relajada tertulia bajo el sombrajo a la que se sumó Chema en cuanto acabó su faena en la cocina. Abel parecía que el speech de su amigo le había relajado y su cara aparecía menos crispada, sonreía con facilidad y la madre de Pedro se lo hizo ver enseguida.
- ¿Ves Abel? solo necesitabas despejarte un poco para que se te fuesen esas ideas absurdas de la cabeza. Todos en algún momento hemos pasado por trances difíciles de superar.
- ¿Qué trances y a quien le han sucedido? - Chema terció en la conversación sin saber de lo que se trataba - no será por aquello...
- No Chema, que Abel estuvo en un mal trago con la resaca del otro día y temió ahogarse. Nada más.
- Si Chema - asintió la madre - ha pasado unos días malísimos, pero hoy ya se encuentra mejor, ¿no le ves la cara tan bonita que tiene?
- Un mal trago Chema - se metió Abel remarcando con dureza las palabras - y desde luego nada que ver con la fiestecita aquella en la que me dejé llevar y me bebí hasta el agua de los floreros, comprendes.
La tarde la pasaron los dos con su madre yendo al mercadillo que se montaba en un lado de la playa dónde estuvieron dando vueltas y comprando cosas inútiles que se tirarían sin remedio al terminar la temporada estival. Cenaron en la casa unas pizzas que pidieron y salieron por la noche a tomar algo en los locales de la playa.
- Deberíamos irnos a la cama - anunció Abel después de la segunda copa - me gustaría levantarme al alba para ver la amanecida. Hace años que no veo el cielo teñirse de colores a medida que el sol saca la cabeza del mar.
- Perfecto - dijo Pedro - además tienes razón, yo tampoco he visto una amanecida hace años y me apetece.
- Pedro - dijo grave Abel.
- Dime Abel, ¿te pasa algo?
- Quería decirte nada más que no creo que pueda yo volver a tener un amigo como tu. Solo lamento no ser gay como tu para poder agradecértelo con todo el cuerpo.
- No hombre. Yo tengo amigos gays y no me he acostado con ellos. No es obligatorio. Y además, deja ya de pensar en eso.
- ¡Que pronto habéis vuelto! - dijo extrañada la madre que estaba viendo una serie en la televisión.
- Si mama, es que mañana nos vamos a levantar al alba para ver amanecer, que nos apetece.
- ¡Uy! que romántico. Porque se que Abel tiene a María sino pensaría en algo mas profundo.
- Mamá, no empieces, que Abel se corta. Venga chaval, a la cama - y tomó por el brazo a su amigo y se dirigieron al dormitorio.
- Hace un calor de muerte esta noche, verdad Abel. Yo en pelotas, no soporto ni el calzoncillo.
- A mi me da apuro por si entra tu madre.
- ¡Anda hombre! despelótate y duerme mas fresco.
Transcurrieron los minutos y Pedro escuchaba a Abel moverse una y otra vez incapaz de conciliar el sueño. Abel sudaba en la cama de abajo y no sabía como colocarse para poder descansar.
- Abel, ha pasado casi una hora y no podemos dormir. ¿porqué no salimos a la terraza y nos echamos en una tumbona? seguro que estaremos mejor que aquí.
- ¿A tu madre no le importará?
- Nos plantamos el bañador y porque le iba a importar. Vamos.
Allí en la terraza, bajo las estrellas y con una brisa marina que le aliviaba el calor de la piel se dejaron caer en las tumbonas mirando la negrura lechosa del cielo.
- Aquí se está mucho mejor - respiró aliviado Pedro - vaya diferencia. No se como no hemos hecho esto antes.
- Ya - fue una respuesta casi inaudible de Abel.
- Es que dan ganas de quedarse aquí para siempre.
- Si - Abel no era capaz de hilar dos palabras.
- ¿Qué te pasa Abel, te he molestado. No querías salir aquí?
- No, no - contestó después de un silencio más que prudencial - es que no se como decirte esto que te quiero decir.
- Pues se empieza por la primera palabra y se van diciendo una detrás de otra como salen las cerezas de una cesta cuando tiras de la primera que las demás se van enganchando y al final salen todas. Y recuerda, te considero mi amigo de verdad. Digas lo que digas, me haga daño o no, no te lo demandaré jamás. Venga, habla.
- Aunque parezca que se me ha olvidado lo de Marcos, no, no se me ha olvidado. Fue una traición en toda regla y así se salió con la suya, chuparme el rabo, que vale, de acuerdo, no lo puedo negar, el tío está doctorado en mamadas y la lengua que tiene es todo un descubrimiento. El dirá que no es gay y lo respeto pero no creo que haya un gay que coma pollas mejor que él. Yo no sabía lo que era una felacion sin dientes, porque María no sabe que hacer con ellos cuando la tiene en la boca y yo he optado por renunciar a que me la chupe porque me corta el rollo. Y ahora esto me ha enganchado.
A lo que iba que pierdo el hilo - hablaba mirando muy fijo a la bóveda celeste sin querer volver la cabeza para enfrentar a Pedro - quiero, si tu estas de acuerdo, claro, siempre contando contigo, que tu me la chupes si quieres, porque si el cabrón ese me la ha chupado, igual derecho tienes tu. ¡Ea! ya lo he dicho. De verdad que apuro, no sabía como soltarlo.
- Voy a apostar fuerte Abel. Aguanta el tirón y no me cortes hasta que acabe.
De acuerdo, pero no solo, voy más allá. Un sesenta y nueve y aquí mismo, bajo las estrellas. Saltamos a la playa y sobre la fría arena de esta madrugada nos revolcamos en mutua felación hasta corrernos los dos en nuestras respectivas bocas para finalizar compartiendo nuestras lefas en un interminable beso. ¿Que tal así?
- ¡Pedro, hostia ya, te has vuelto rematadamente loco! Estás muy confundido. Te he ofrecido mi cuerpo para que puedas disfrutar de un deseo largamente albergado en tu corazón como ofrenda a nuestra amistad, no un deseo de iniciación en homosexualidad rematadamente extrema, y asquerosa para mí. ¿Cómo has podido pensar, ni siquiera imaginar algo así? Has perdido el oremus Pedro, por favor.
- Bien, bien, bien - Pedro lo dijo muy lentamente mientras se incorporaba y se sentaba en la tumbona enfrentando a su amigo al tiempo que aplaudía con mucha lentitud - no te doy un beso en los morros porque se que no te iba a gustar nada, pero María debería estar aquí para dártelo ella y un buen revolcón. Amigo mío has cumplido completamente las expectativas. De verdad te habías creído que siendo tu nova mi mejor amiga, una amiga impagable, iba yo a traicionarla. Ni aunque esto fuese un virus que se inoculase y tu te hubieras infectado y me persiguieses por los rincones para follar conmigo no lo consentiría, no al menos hasta que hablases con María y le dijeses que no había ya nadie más maricón que tu y nadie a quien deseases más en el mundo que yo, y así y todo yo tendría que pedir su placet, porque María será tu novia, pero es mi amiga.
- Tío, de verdad - Abel ya se había sentado en la tumbona con la cabeza entre las manos y se mesaba los cabellos - me habías dejado fuera de juego. No me explicaba como después de mi ofrecimiento, que no me cabía ninguna duda que tu valorabas porque me conoces, podías salirme por la vía Tarifa pidiéndome un imposible absoluto. No sabes el peso que acabas de quitarme de encima - se levantó de su tumbona, se sentó en la de Pedro y le abrazó dándole un casto beso en la mejilla - te quiero, tío, pero de verdad, y sin polla, como no hace falta aclarar.
- Cuando me lo has propuesto, y por favor vuélvete a tu sitio, que yo soy muy fiel a mis amigos y amigas de verdad pero mi cuerpo nada sabe de eso, y que estés tan cerca pues la verdad; mira - señalándose un inmenso paquete que se cogía a través del bañador - como iba diciendo cuando has hecho la propuesta, mi cabeza ha iniciado un viaje a la velocidad de la luz a los acontecimientos que sucederían de decir que de acuerdo, venga vale, sácate el rabo que voy a disfrutar. Me he visto contándoselo a María, la he visto sufrir, mandarte a la mierda a ti y luego a ti mismo hecho un trapo arrastrando la pena de haber perdido a tu novia. Y la solución se me ha presentado como una reducción al absurdo, a ver por dónde salías. Si era un sacrificio por darme un gusto a mí o es que la boca de Marcos te había inoculado el virus y solo querías repetir utilizando una burda añagaza. Y si, has reaccionado como yo me imaginé en esa milésima de segundo, que reaccionarías.
- Joder Pedro, pues a la siguiente ocasión, si llega a haberla, pregunta antes, porque yo creía que se me iba a salir el corazón por la boca de la indignación.
- Ahora, entonces, tienes una carta más a mi favor para venirte conmigo al piso. Sabes que no voy a intrigar ni a ponerte trampas para que caigas en mis redes. No hay redes, Abel. Que me gustas desde aquel primer día, lo sabes tu y todo el que no fuese sordo, porque el cabronazo aquel del diplomático, ni me acuerdo como se llamaba, ya se encargó de levantarte los pies más altos que la cabeza.
- Y por poco no le arranco la cabeza yo al muy imbécil por ir propalando bulos. Y menos mal que se solventó solo con unas hostias.
- Y una semana de expulsión.
- Y que María y tu me sujetasteis, porque de verdad que iba a arrancarle la cabeza. Las habladurías me sacan de quicio, y si encima no son verdad, pierdo el sentido.
- Bueno, en lo que estaba, que pierdas todo cuidado, Abel, joder, tío, voy a ser un roomie perfecto. Eso si, si me entero que te llevas a la casa otra tía se lo canto a María. Si es un tío, eso te lo aseguro - soltó una carcajada - te lo quito y asunto terminado - y con esto se echo a reír del todo satisfecho de la ocurrencia - y venga, a dormir, que aquí fuera si se puede.
- ¡Que no, María, que no! Lo has interpretado mal. Mira que le dije que no fuera tan trasparente, que eso solo fue un puto accidente. María - bajó la voz - por favor, recapacita. Deja que yo te lo explique.
- ¡Ah! también estabas tu por medio. En ti no podía imaginármelo.
- ¡Que no hostia! - tomó por los hombros a María zarandeándola - ¡escúchame!
- Venga, vale - María se recompuso, Pedro la soltó de los brazos - pero no te creas que por mucho que te esfuerces voy a cambiar la postura. Ese cabrón se va a ir a tomar por culo con su Marquitos - e imprimió un tono burlón a su frase.
- Si vas a dejar a Abel, déjale por dejársela chupar por Mariola. Si. Yo no fui ese día hasta más tarde, y entre Marcos y su novia le tendieron una trampa. Desde que los conozco, a Mariola le encanta ver como su novio le chupa el rabo a otros tíos heteros, tienen que ser heteros, y Abel era lo más parecido a la joya del Nilo para ellos y lo montaron de tal manera que el pobre Abel no pudiera escabullirse. A Abel le podrás reprochar en todo caso que le gusten las tías y sabes como son estos machitos, y con su edad, no pueden sustraerse a una tentación de este jaez.
- Si ha mi no me importa que se deshaga por una tetas, porque yo sabría como luchar contra otra mujer, pero dime, ¿Cómo lucho contra un tío? no tengo armas ante un tío que sepa como seducir otro tío, por eso estoy tan cabreada. Que una tía se la chupe; se la van a chupar tantas, no me cabe duda, pero será una mamada esporádica, esa polla es mía y solo mía, pero si un tío me la quiere arrebatar, ¿Cómo lo hago?
- Pues pierde cuidado, los días posteriores, estuvo abatido tanto, que creí que íbamos a tener que regresar para que le tratase un especialista. Menos mal que le fui convenciendo ayudado de mi madre. Estaba devastado porque no sabía como iba a poder explicártelo y justificarse y temía que por eso le dejases. Por favor, María, dale una oportunidad a Abel, es mi amigo de verdad - Pedro se quedó callado en ese momento con la mirada perdida en el vació, recordando como le ofreció su verga para que se la chupase.
- Pedro - María agitó sus manos delante de los ojos de su amigo - ¿Qué te pasa, te ha dado un pasmo?
- No, no, no se que me ha pasado. Bueno, María...,
- Que si, que vale. Pero voy a estar con la mosca...
- Conmigo no será, tu sabes que antes me la corto.
- Ya lo se, Pedro, por favor, se que contigo no tengo ningún problema.
- Se lo he dicho y me ha echado. Pedro - Abel no podía dejar de llorar - lo sabía, pero no podía dejar de decírselo, me iba a asfixiar la ocultación y ahora me voy a morir. No puedo vivir si ella, tu lo sabes.
- Que le has dicho, ¿todo? - al decirlo Pedro se quedó cortado porque en ese "todo" el incluyó la parte en la que Abel se le había ofrecido a tener un encuentro, descafeinado, de acuerdo, pero en lo más profundo de su cerebro, Pedro sabía que se albergaba el deseo de Abel, aunque no quisiera reconocerlo y temía que también por ahí María le rechazase como amigo por intentar trajinarse a su novio. Recordó la conversación de último curso que mantuvo con María en la que de forma inconsciente en uno de los recreos mirado sin cesar como Abel corría, fintaba y encestaba sin cesar, se le escapó aquel "cuerpazo, hostia" dicho en voz inaudible y que María siempre atenta a todo lo que tuviera que ver con su novio oyó como si Pedro lo hubiese gritado por megafonía.
"- ¿Te sigue gustando mi novio, verdad? pues mira, pedazo de maricón, ni se te pase por la cabeza, porque como yo me entere que le tiras los tejos voy a hacer de tu vida un lugar irrespirable.
- María, joder, ¿Qué pasa?
-¿Qué que pasa? Pedro, que escucho hasta tus pensamientos y que de la abundancia de corazón habla la boca. Tu te crees que has pensado lo de ¨cuerpazo hostia¨ pero no solo lo has pensado, lo has dicho y si me hubiera fijado en tu entrepierna habría visto hasta el empalme, cabronazo. Ya se que te gusta, te ha gustado desde siempre y ahora ya dudo si no habrás llegado un poco más allá...
- ¡María, cómo puedes...!
- ¿Qué cómo puedo? no es lo que has dicho, era la carga sexual con que lo has dicho, ¿tu no te has escuchado? no, claro, estabas demasiado ocupado viviendo ya el polvo con mi novio y te aviso...
- ¡María, hostia, déjalo ya! antes me la corto que traicionarte con Abel. Y además tu novio nunca se prestaría a algo de eso ¿no le conoces?
- Le conozco demasiado bien, si, pero también conozco a los hombres. Nunca me hubiera podido imaginar que mi padre le pudiera poner los cuernos a mi madre con otro tío, y fue. Vosotros no tenéis sexo, como nosotras, vosotros sois genitaladictos. Solo tenéis genitales, el sexo es solo un accidente fácilmente soslayable si hay suficiente placer por medio y los tíos sabéis mejor que nosotras que tecla hay que tocar para conseguir que un hetero se haga maricón por unas horas, aunque ello le haga arrastrar por años después remordimientos.
- María, por favor - Pedro empezó a derramar lágrimas y en ese momento Abel se acercó.
- ¿Qué pasa, porqué está llorando Pedro? - preguntó alarmado Abel.
- Nada - respondió quitándole importancia al asunto - un desengaño amoroso."
Al decir Pedro aquel "todo" recuperó la conversación mantenida con María y empezó a temblar.
- ¡No!, para que hablarle de mi ofrecimiento, eso se queda en la intimidad de la relación entre dos amigos de verdad. ¿porque somos amigos, no?
- ¿Cómo puedes dudarlo, Abel? No sufras yo voy a hablar con María.
La galerna emocional se calmó finalmente y la vida transcurrió otra vez en los márgenes estrechos y civilizados que la corrección demandaba. Pero como en los temporales peligrosos, la mar de fondo seguía con su labor de zapa, aparentando tranquilidad en la superficie, pero preparando la siguiente mar arbolada que hunde hasta las singladuras más preparadas.
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