sábado, 8 de agosto de 2026

MEMORIA ENVENENADA 1

 

La joyería. en fin, ese era el epígrafe de hacienda en el que se incardinaba para asuntos fiscales. Relojería, además porque en el escaparate había relojes expuestos de marcas famosas perfectamente fusiladas por una fabrica de Shenzen. Una tienda de barrio que podría haber sido tanto una frutería como una pescadería, solo que Raúl con su socio Manuel decidieron que debía ser ese establecimiento porque Manolo tuvo una relación (nadie concretó de que tipo fue esa relación) que le llevó a conocer el mundo de las imitaciones sin recato y el dineral, unos miles, que podían hacerles ganar. Manuel era modesto hasta en las aspiraciones, Raúl era soberbio hasta en sus deseos más inconfesables, pero era el que había hecho un modulo de formación profesional y había alcanzado a comprender lo que era un Tas. Podían pues instalarse en un taller de joyería.

José pasaba por la puerta de la Joyería RaMa, nombre en luminoso parpadeante, decidido en un alarde de imaginación, casi todos los días. Miraba el escaparate con desprecio y murmuraba un "que te folle un pez mariconazo" y seguía su camino como si el local aquel no existiese. En alguna ocasión, sin que José se percatase, el operario que se afanaba con su lupa ocular en la reparación de un reloj, levantaba la vista sin saber porqué y veía a alguien que se alejaba del escaparate pensando "cabrón podrías haber entrado a comprar algo".

Pasaban los meses con la misma rutina. José pasando delante de la Relojería, maldiciendo a sus ocupantes y el operario, Raúl, doliéndose que aquel viandante no se detuviese nunca a comprar. Al menos que entrase a mirar algo, ya se encargaría él de engatusarle.

A veces Raúl acompañaba a su niño al colegio, temprano y se cruzaba con alguien que le miraba con expresión dura y que mascullaba sin que él, Raúl, pudiera nunca llegar a oírlo un "maldito farsante". Otras veces Raúl miraba al paseante matutino directamente a los ojos y le sonreía de tal forma que a José le parecía que detrás de aquella sonrisa había una segunda intención y entonces murmuraba a veces en voz más alta, con la intención de que aquel padre que llevaba a su niño al colegio lo escuchase "calientapollas".

Los meses pasaron. Los años también y la vida transcurría como un juez impasible ajena a todo lo que se pudiera desarrollar en la vida de los que cada día pasaban  por delante de aquella Joyería RaMa. Las arrugas, primero marcas de expresión siguieron cada mes a mes deformando las caras de los habitantes del planeta. Los niños fueron creciendo y José un día se cruzó con un zagalón con la cara del relojero que transitaba temprano, solo,  camino del colegio que había un poco mas arriba de por donde  él se movía. Quiso saber José si quizá hubiera ocurrido una desgracia y volvió a pasar por RaMa para ver si ese operario de la lupa ocular seguía donde solía.
Efectivamente, allí estaba casi embutido en su banco de joyero limando en la aspillera dejando caer las virutas en el cajón que ellos llamaban "piel". Estaba algo más encorvado tanto por el peso de los años como por la postura nada ergonómica que su actividad le requería. 

Y llegó el día en que a José en el trabajo le celebraron su cínica fiesta de despedida y le regalaron su preceptivo reloj. Primero fueron los discursitos  laudatorios a cargo de quien mas había murmurado de él y más zancadillas le habían puesto en su ejecutoría como aquella vez que por poco le cuesta su puesto de trabajo por una calumnia que finalmente se aclaró de forma sorpresiva porque otro trabajador recién incorporado de una larga baja laboral arrojó luz sobre el tema y todo se zanjó como un malentendido. Cuando aquella víbora embutida en bata impoluta de Jefe de Servicio le entregó su reloj vio grabada en la  superficie de la caja de supuesta piel azul oscuro las letras doradas: RaMa. A José se le puso cara de palo cuando muy pomposamente le anunciaron que dentro estaba el ticket regalo por si quería cambiarlo por otra cosa. "¿Existirá algo de peor gusto en el mundo?" pensó José mientras recogía con un gesto de falso agradecimiento el regalo.
El reloj era una espantosa muestra del peor gusto. Un autentico peluco de un amarillo brillante que quería desesperadamente anunciar al mundo que era del oro más falso que pudiera encontrarse en cualquier bazar de cualquier zoco del mundo. "Por supuesto que lo voy a cambiar" pensaba José mientras pintaba en su boca una sonrisa tan falsa como la del que se lo entregaba.

Y allí estaba, delante de la joyería RaMa pulsando el timbre para poder entrar como si aquel establecimiento fuera un Tiffany´s instalado directamente desde el 727 de la Quinta Avenida de Nueva York en la víspera. Finalmente con un sonido de chicharra la puerta se abrió y José entró.
De detrás del mostrador de un cubículo de madera y cristal salió Raúl dejando caer desde su cara la lupa ocular en su mano en un gesto que habría repetido millones de veces. Al ver de quien se trataba la cara contraída en una mueca falsa de amabilidad plastificada se descolgó hasta quedarse con seriedad de juez de horca.

- ¿Qué desea? - preguntó de la forma mas seca posible.
- ¿Y tu Raulito, y tu, que deseas? - y dejó que una sonrisa de venganza fría se dibujase en su cara.

"Permítase que cierre los ojos y eche la vista atrás. Una consulta de pediatría en aquel ambulatorio publico en el que la saturación de demanda era el lienzo donde cada día debíamos, todos, dibujar con la mejor de las técnicas, el cuadro  perfecto para que nadie pudiera denunciarlo"
"Eran las siete y media de la tarde. Faltaba hora y media para que todo derivase al servicio de urgencia y me entró una preocupada madre con su niño, lo de niño es un decir, un zagalón de trece años con más cuerpo que el mío"
- "¡Ah, Guadalupe! que te sucede - pregunte a la angustiada madre que arrastraba tras ella al zagalón"
- "Mi niño Raulito, Don José, dice que le duele el bajo vientre y esta dobladito de dolor"
- "¿Y que edad tiene este muchachote? - pregunté a la  madre levantándome de mi silla, no parece que sea competencia del pediatra"
- "¡Ay, si, Don José! es que me ha crecido mucho el último semestre, pero es casi un bebé, solo tiene trece añitos"
" Me dirigí al niño que parecía un hombre medio esmirriado, largirucho sin saber que hacer con unos brazos que a todas luces eran demasiado largos para lo que el estaba acostumbrado.
- "Vamos a ver Raúl, descúbrete y échate en la camilla"
-"¿Me lo quito todo, todo?"
- ¡No hombre, quédate en calzoncillo!"
"El chaval tendido en  la camilla tras el biombo se veía muy delgado, con sus abdominales aún sin definir pero con un bulto en su calzoncillo que podía ser el de un camionero de cincuenta años"
- "Ahora tranquilo que voy a explorar ese dolor que dices. Tu vas diciendo según vaya explorando donde te duele más"
"Empecé por los reflejos abdominales y poco a poco fui palpando, primero suavemente y luego en profundidad siguiendo el movimiento de las agujas del reloj. Cuando comencé la exploración del bajo vientre, por debajo del ombligo, noté que se movía incomodo y cuando palpé en la zona suprapubica fue más que evidente que el bulto que resaltaba en su calzoncillo se hizo enorme. Le miré a la cara y enrojeció de forma explosiva. Le miré de forma franca y depositando mi mano  con la palma contra su ombligo  le dije en voz baja que no se preocupase. Entonces le palpé el escroto y me di cuenta que estaba muy inflamado y reactivo. Al tocárselo,  gimió, algo a lo que su madre, al otro lado del biombo no fue ajena"
- "Ay Don José, ¿Qué tiene mi niño?" 
- "Ahora hablamos, y tu Raúl ya puedes vestirte. Te vistes y nos esperas un poco fuera, en la sala de espera, que tengo que hablar con tu madre"
- "Señora, su hijo, lo que tiene es el típico calentón del adolescente que no se ha resuelto de forma fisiológica"
- "¡No le entiendo, Don José!"
- "Hablando en plata Guadalupe, que tu niño se ha rozado más de la cuenta con una amiga y no ha terminado felizmente el encuentro"
- "¡Imposible! mi niño, es muy pequeño para esas cochinadas"
- "Le he dado mi opinión. Si no está de acuerdo, llévelo al hospital, allí hay especialistas que seguramente le darán mejor norte"

- Ya no te acuerdas cuando te trajo a mi consulta con trece años tu madre y te empalmaste como un loco cuando empecé a palparte en el bajo vientre. No te acuerdas cuando te palpé superficialmente los huevos y gemiste de dolor. Ni tampoco cuando dos días después viniste solo a  mi consulta a decirme que por favor que a tu madre no le dijera nada, que estabas dispuesto a hacer, y remarcaste hacer, lo que a mi se me ocurriese. Tampoco te acuerdas de que me dijiste que ese dolor de huevos fue porque cuando llevaron ese paquete a tu casa y estabas solo, se la mamaste hasta el final al cosario y luego no te dio tiempo a pajearte a ti y por eso te agarraste esa orquitis. Ya no te acuerdas de todo eso. Cabrón. Y que me tuviste sin dormir un año después, engatusándome cada vez que te traía tu madre por cualquier gilipollez.
- Yo, de eso - dijo muy agobiado - no - vaciló antes de continuar mirando por encima de sus gafas con lupa de relojero - no me acuerdo - y se quitó las gafas con un débil temblor en las manos.
- Tu tienes un hijo con una edad actualmente como la que tenías tu cuando te acercaste a mi consulta tu solo, sin tu madre. ¿De eso tampoco te acuerdas? - lo dijo sin violencia ni reproche ninguno, más bien con un tono de tristeza - Que dirías si tu hijo hiciera lo que tu hiciste, pero claro, tu dices que no te acuerdas. ¡Bah! que más da. Vengo por este reloj - lo dejó encima del mostrador - que se ha vendido aquí. Ya volveré - se dio la vuelta y salió de la tienda.

Esa noche José no pudo dormir. Daba una vuelta y otra, buscaba instintivamente a su mujer con la mano y solo encontraba un espacio frío, vacío. Su mujer se encontraba desde meses atrás en casa de su propia madre atendiéndola por una demencia. Nunca le había dicho nada del incidente. Ella le había notado raro, como ausente en las visitas que hacia de tiempo en tiempo, despistado, más de lo habitual, perdido con la mirada buscando en el horizonte un destino imposible y se lo había dicho
“¿Hay alguien, cariño? Dímelo. Me va a doler más la mentira que la traición porque la traición ya lleva dentro la mentira”
Negaba con la cabeza y derramaba lágrimas mansas.
“Debe ser la crisis de los cincuenta, cariño. Nadie, no hay nadie. Siempre te querré a ti, con todo el alma, pero no, nadie”
Y después de ver a Raúl esa mañana todo se precipitó y no conseguía quitarse de la cabeza aquel miércoles. Miró la lista de la consulta, Raúl Morales, a última hora y no pudo evitar la taquicardia. Tuvo que hacer una incursión respiratoria profunda para aliviar su ansiedad. No quería que ese niño entrase a la consulta, al menos su madre sería un valladar contra sus impulsos y la insania de Raúl.
Se levantó por la mañana con la imagen de Raúl entrando solo en la consulta.
"- ¿Y tu madre?"
"- No viene. Ella no sabe que estoy aquí" 
"- Entonces Raúl..."
"- Es que lo que me pasa ella no puede enterarse"

Y esa corta conversación que no le dejó dormir hacia tanto tiempo ahora le martilleaba, al cabo de los años. Nunca debí consentirlo, se decía. 
Como si hubiese sucedido el día anterior tenía impresa a fuego en su memoria la consulta de aquel miércoles. Cerraba los ojos y veía la cara angelical de Raúl que pintaba media sonrisa en los labios y le desencajaba todos sus principios morales, clavándole los ojos en los suyos que, prisioneros sin mas ligaduras que los ojos de crio, estaban entregados sin poder oponer resistencia.

"- Pues venga, siéntate y no te demores mucho y cuéntame"
"- Me da un poco de vergüenza, Don José"
"- Aquí no hay vergüenza, solo hechos clínicos y si no te vas a decidir  será mejor que dejes que entre otro paciente"
"- Fuera no había nadie. Yo pedí la última hora por eso. No quería que nadie más me viese entrar"
"- Vamos, no podemos estar aquí todo el día - José se levantó de su mesa y se dirigió a la camilla de exploración - ven aquí y desnúdate - al toro por los cuernos, pensó en ese momento - porque si te da tanto apuro tendrá que ver con lo que llevas entre las piernas, ¿me equivoco?"
"- No, no. Es sobre eso - y diciéndolo se levantó de la silla desabrochándose los pantalones"
"- No hace falta que te desnudes del todo - levantó la voz José al ver que Raúl intentaba sacarse los pantalones pitillo que llevaba - échate así mismo en la camilla y cuéntame"
"- Que me pica mucho y no puedo dejar de rascarme"
"- A ver - José echó un poco abajo el calzoncillo y necesitó mas que dos segundos para ver una constelación de puntos negros entre la maraña de vellos ensortijados y azabache de la zona genital. Los mismos dos segundos que tardó Raúl en, con voluntad o sin ella, adquirir una erección en su máximo esplendor - Y dime, Raúl que te pica más - y en su entonación había irritación contenida - la legión de ladillas que tienes ahí, o el empalme tan tremendo que has tenido en cuanto te he rozado con las manos - y sin esperar respuesta se volvió a su mesa al tiempo que le decía que se vistiera - tengo que pedirte unos análisis por si tienes purgaciones, porque quien te haya pegado esos piojos seguramente tiene alguna enfermedad venérea - José se removió en su asiento incomodo con la erección que él mismo arrastraba desde que vio lo excepcional de los atributos del chico - ¿con quien fue, con una mercenaria o con una vecina?"
"- ¿Qué es una me..., lo que ha dicho usted?"
"-  Una puta, coño, que qué inocentes soy para lo que os da la gana"
"- No señor, no ha sido una de esas, ni una vecina - calló un momento y bajó la vista encendiéndosele las mejillas de color fresón - ha sido un vecino de mi bloque.
"- Con mayor razón el análisis - desde que escuchó la palabra 'vecino' no pudo continuar con el curso del pensamiento, se bloqueó - has dicho vecino, no vecina"
"- Por eso no quería venir con mi madre, me da mucha vergüenza, me pilló en la terraza del bloque que yo había ido a esconderme a fumar y ahí me trasteó"
"- Pero, ¿te hizo algo, te dio la vuelta, te arrodilló delante de él? - la erección que notaba le iba a saltar las costuras del pantalón"
"- No. Solo me bajó los pantalones y él los suyos y se restregó conmigo hasta que se corrió y me dejó toda la pelambrera pegajosa"
" Y ahí fue donde te pegó eso que tanto te pica y como te echó eso encima pudo pegarte algo más y más peligroso"
" - Pero yo me limpié enseguida"
"- Da lo mismo, tu madre tiene que enterarse, Raúl - de repente a José le inundó una tremenda conmiseración por el chico y no sabía muy bien si era porque de verdad le daba lástima su menesterosidad o porque le empezó a percibir como una real posibilidad, su erección que se redobló así lo atestiguaba - porque la sangre te la tienes que sacar - se quedó pensativo y dio el paso que le sumía en el abismo de la complicidad - bueno le dices a tu madre que has venido porque estabas cansado y te he pedido una analítica por si tienes anemia y de paso te miro unas cosas mas" 
"- ¿Puedo venir otro día para hablar?"
"- Puedes venir cuando pidas cita cuando quieras - José adoptó un tono frío aunque por detrás de esa mascara profesional deseaba gritarle al chaval que no se fuera, que huyesen los dos en ese momento sin importar las consecuencias. Se levantó en ese momento y se dirigió a la puerta que abrió - buenos días Raúl, hay pacientes esperando - y diciéndolo con toda la frialdad a la que años disimulando le había hecho un experto sintió que se le desgarraba el corazón.

- ¿Has estado en la relojería de ese muchacho en la calle Larga? - la mujer de José lo dijo de la forma más plana que pudo.
- Si. No sabía que había cámaras y que tú las controlabas.
- No te molestes, cariño, es una observacion nada más, es que Maruca, la de Marugan - José puso cara de extrañeza - si, hombre, que se quiso presentar su marido por el partido liberal y le rechazaron, bueno. Total que Maruca es muy cotilla y ma llamó para decirme que te vieron entrar solo en esa tienda, y como el chico ese..., no me acuerdo de su nombre.
- Raúl - dijo José en tono cansino.
- Ese. Pues como tiene esa fama de ser de los que cosen para la calle, tú me entiendes - y diciéndolo se llevó el dedo índice a la mejilla - pues que tengas cuidado.
- Cariño - tono de aburrimiento - le conozco desde que era un crío, paciente de toda la vida. Su madre dirige los cantos en la parroquia y la gente tiene muy mala baba, el chaval sigue casado y tiene un niño de unos catorce años y fui porque de esa relojería es el reloj que me regalaron por la jubilación y se me paró. ¿Alguna explicación más, amor mío? - dijo con retintín.

Cuanto hijo de puta. La cabeza de José empezó a trabajar a destajo sin poder impedir que su memoria tomase las riendas. No quería volver a recordar aquel día, pero su voluntad en ese aspecto era de plastilina. No quería volver a rememorar pero lo deseaba con todas sus fuerzas. Le daba toda la rabia del mundo que aquello no se hubiera podido volver a repetir. Cerró los ojos y se dejó llevar, y no quería que nadie le molestase. Iba a rememorarlo, hoy, pasados ya dieciséis años con todos los detalles que pudiera rescatar de la poca memoria que le quedaba a sus sesenta y nueve años.

- Cariño - levantó la voz desde su despacho - voy a trabajar un poco en una publicación, que no me moleste nadie, ni me pases ninguna llamada. Estoy a partir de este momento ilocalizable. Por favor.
- ¡Descuida mi amor! yo voy a salir con unas amigas, así que si tu silencias tu móvil, nadie va a tener noticia de ti hasta que tu quieras.
- ¿Y Rosana, la chica que viene a limpiar?
- Se acaba de marchar. Yo me voy también. Te mandaré un whatsapp si me quedo a cenar por ahí.
- No gastes mucho, ahora dependemos de una pensión.
- Gastaré de mi dinero. Te quiero.

Tumbado en su diván de consulta, se aflojó la ropa y adoptó la posición más cómoda, cerró los ojos y se trasladó dieciséis años atrás.
 "- El análisis es absolutamente normal, Raúl, pero, ¿Porqué no ha venido tu madre?"
"- Tiene un trabajo nuevo y esta hora le iba fatal - sonrió de una forma mínima con toda la cara. Sus labios, sus ojos, sus pómulos, esos pómulos prominentes que dejaban una profunda depresión en sus mejillas que le daban aspecto de dureza adulta, malote en una cara angelical que ya enamoraba a cualquiera que pudiera tener la mínima sensibilidad - entonces, todo está bien, no tengo de qué preocuparme, ni mi novia tampoco."
"- ¿Ahora tienes novia? pero no quedaste en que un vecino se te restregó y corrió encima de ti. ¿Qué pasa, eres bisexual ahora? porque cuando te exploré para lo de las ladillas bien que te empalmaste en un instante"
"- Si, don José. No se que me pasa. Me gusta estar con mi novia y en cuanto me roza o se me acerca me empalmo mucho y ella me hace pajas, pero cuando el vecino me pilla en la azotea y con cara de hijo de puta me dice ´¨ven aquí mariconcito y chúpame el rabo¨ no se que me entra,  un escalofrío muy raro y se me pone muy dura y lo tengo que hacer porque el me lo ordena, si, pero porque a mi me gusta eso, que me hale de los pelos y me obligue arrodillarme y después me atragante y asfixie clavándome la polla e la garganta haciéndome dar arcadas. Eso me excita mucho, tanto como que mi novia me pajee."
"- Entonces no es solo que se restregó, es que se la mamaste. ¿Y se corrió en la boca también. Y te lo tragaste?"
"- Yo no quería, de verdad, pero me dio una bofetada sujetándome la cabeza para que no me retirara y eso me puso más cachondo aún y me lo tuve que tragar."
"- ¿Te dio mucho asco, o te gustó hacerlo. Te dio muchas arcadas, como has dicho?"
" - Si casi me hace vomitar, me hacia echar muchas babas muy espesas y blancas que luego usó para otra cosa. Y eso no fue lo peor"
"- ¿Peor? tu a tu corta edad eres ya un degenerado. Si me saco la polla ahora mismo aquí y te digo que me la mames, lo harías encantado y te lo tragarías además"
" - Es que ahora cada vez que mi novia me la pela no consigo correrme si no recuerdo como el tío ese me obliga a que me trague su lefazo echando esas babas"
"- Y a propósito de esas babas - José se movió incomodo en su sillón, su verga pugnaba por asomar la cabeza y ver lo que se estaba cociendo. El sabía lo que iba a escuchar a continuación y la respiración se le entrecortó - has dicho que ese vecino salvaje las utilizó para algo más, ¿para qué?
"- Me da mucha vergüenza -Raúl bajo la vista sin poder mirar a los ojos al médico y su pecho empezó a convulsionar por el sollozo que se abría paso desde lo más profundo de su corazón.
"- Esto ya no va de vergüenzas, Raúl - José se levantó de su sitio y rodeó la mesa hasta sentarse en el borde a pocos centímetros de la cara del chico que aún miraba al suelo - va de verdades y de asumir responsabilidades. Sea lo que sea lo que tanto te agobia a mi no me va a hacerlo y lo único que quiero es ayudarte y si puedo encaminarte por una senda que no suponga para ti un peligro. Venga chaval - y diciéndolo le tomó por los hombros agitándolo un poco para conseguir que reaccionase y al hacerlo su propia erección se movió dentro de su bragueta e hizo un resalte muy evidente en su pantalón que el chico al levantar la cabeza pudo ver con absoluta claridad.
"- A usted también le calienta la historia por lo que veo - y de la forma más natural, como si eso fuese lo que se esperase de él depositó la mano en el bulto del pantalón del médico comenzando a acariciar su virilidad al tiempo que retomaba el relato de lo que sucedió en la azotea con el vecino y las babas que le obligaba a echar entre arcada y arcada mientras empezaba a saborear la sustancia entre dulzona y sosa que le regalaba entre espasmos y gruñidos animales - pues continuo. En cuanto se corrió en mi boca me metió la mano casi entera hasta la garganta lo que me hizo vomitar muchas más babas que después de recoger en la mano haciendo cuenco y decirme que me quitase el pantalón, me volvió con violencia y me restregó el ano con esas babas. Sentía que me metía varios dedos. Me dolía y me quejé, pero de una bofetada dada con descuido me hizo callar y sin que él lo supiera me excitó aún más invitándome a que expusiese mi ano para darle más facilidades a hacer lo que se le quisiese ocurrir. Me dolía, si, pero quería que me destrozase el culo. Cuando menos me lo esperaba y contando con que ya se había corrido en mi boca ni se me pasó por la cabeza que me iba a follar, apuntó su polla que tenía dura aún a mi culo y de un golpe de cadera me la metió entera. Sentí que me mareaba, el dolor fue imposible de soportar, pero él tenía unos brazos de acero que me impedían retirarme. Poco a poco el dolor fue cediendo y de repente me di cuenta que yo me estaba poniendo muy duro también y un placer extraño, parecido al de las pajas, pero más lleno, más compacto se me iba abriendo paso a lo largo de mi verga hasta que en un momento me estalló en la punta y empecé a echar leche sintiendo el mayor placer que jamás hubiera podido pensar que pudiera sentir. Y entonces él apretó las embestidas y volvió a gruñir como una animal herido. Cuando paró me susurró algo al oído: "Te he preñado, ya eres mi putita para lo que yo quiera" - mientras relataba esto no dejaba de acariciar a través del pantalón al médico que estaba al borde del orgasmo - Y hablando de otra cosa, ¿porqué no te dejas de gilipolleces y te abres la bragueta y me dejas probar tu lefote?
"- Eso no estaría bien - dijo levantándose del borde de la mesa y regresando a su sillón - yo tengo unos principios morales que tu deberías ir pensando ya en ir adoptando. Dime la dirección de ese albañil vecino tuyo. Voy a tener que hablar con él. No voy a consentir que te use como un trapo solo en su placer. ¿Como se llama ese degenerado?”

Tumbado en el diván de su consulta se estremeció al recordar el incidente del albañil. Era ahora quince años después y no podía evitar el deseo descontrolado que no podía quitarse de la memoria. Fue un shock en aquel momento. Si, de acuerdo el tuvo su aprendizaje y desempeño gay en la residencia universitaria cuando la carrera. Por aquel entonces se escuchaba hablar del bareback y los bukkakes que nadie sabía exactamente lo que era pero que consistía en ponerse el mundo por montera y desafiar todo lo establecido. Primero se empezó jugando a ver quién sacaba la pajita más corta y ese se la tenía que mamar a los demás hasta el final o dejarse follar por el culo hasta que a cuenta de las pajitas a uno se le ocurrió pajearse en grupo y al primero que se corriera a ese le tocaba chuparsela a todos. Si te parabas porque te venía te había tocado también. Pero eso eran cosas de estudiantes salidos y cachondos sin más trascendencia; después cada uno tenía su novia porque todos éramos heterosexuales y ni uno era maricon. Que equivocados. Cerró los ojos y se vio delante de la puerta del albañil. Sintió su pene explotar, volverse de granito, tan duro que le dolía. Fue solo aquella vez y aún se mareaba al rememorar aquella erotica tan violenta y excitante y se  reprochaba no haber vuelto más.


“- Anselmo - al tiempo que pronunciaba su nombre golpeaba con su puño la puerta.”
“- ¿Qué golpes son esos, pavo? - abrió violentamente la puerta un treintañero de pelo estropajoso rubiasco y sucio con un pantalón de deporte excesivamente estrecho que le marcaba muy explícito sus atributos. Torso desnudo exhibiendo en cada pezon un anillo perforante grueso de color negro. Una cara de mejillas hundidas y ojos grandes del color del azabache, piel morena de andamio a levante. La boca grande de labios carnosos y rojos que eran mojados cada poco por una lengua musculosa y rosa fuerte. El conjunto era imponente con sus pectorales copiosos y unos abdominales que parecían sacados de un cómic de superhéroes - ¿Qué que pasa? cojones, guapito de cara - reiteró esta vez a más volumen y diciéndo esto le cogió la cara con la garra de acero que era su mano, como se la cogía cuando era chico su tía Ana cuando le conminaba a no moverse que no le salía la raya derecha. Con esa presa de cara le arrastró dentro de la casa y cerró la puerta de una patada - tú tienes que ser el lila que se beneficia a mi mariconcito, cabronazo. Ven para acá y bájate los pantalones que te voy a contar un secreto."

Aún resonaba en su cabeza aquella maldita metáfora, ese secreto que le obligó primero a ponerse a cuatro patas y luego con aquellas poderosas manos le desgarró el pantalón por detrás y le de dejó al descubierto el suspensorio rosa de  Casey Kevin que tanta sensualidad le provocaba. Por primera vez en su vida supo que ese era su sitio, estaba donde sabía que tenía que estar, indefenso, a merced de aquel salvaje semidiós que a buen seguro iba a usarle, mancillarle y luego echarle de su vida. Lo deseaba con todas sus fuerzas. Se recordaba como un perro sarnoso suplicando por su vida; que le castigase con dureza, pero que le dejase vivo para poder seguir siendo pisoteado y humillado.
De pronto, José se levantó como impulsado por un resorte invisible y se echó mano a la entrepierna mientras gemia sin poderse contener. Se estaba corriendo solo de pensar en los prolegómenos de lo que sucedió en las horas posteriores a aquel bizarro inicio, que no podía ni imaginar en qué iba a parar.

"- A ver, mariconazo cínico, te creías que ibas a encontrar un Anselmo zafio rehén de los instintos más burdos y torpes. ¡Imbecil! A catequizarme con tus elevados principios morales. Y mírate, de rodillas, eunuco ofreciéndome el coño sucio a mi depravación  moral. No se cómo no te mareas desde esa altura moral - se colocó detrás de el y con gesto despectivo le golpeó levemente las rodillas para que abrirse bien los muslos y se expusiera indefenso a lo que aconteciera - ¡venga mariconazo de mayor moral, sacate ya eso que usamos los hombres, tú solo eres una perra salida que ha venido a mi casa con la secreta intención de que le follen el culo - lo remató con una carcajada hiriente. José terminó de quitarse el pantalón rasgado y permaneció en postura de dog training, cuando sintió un golpe suave desde detrás en sus testiculos, lo que le hizo gemir de terror ante lo que pudiera suceder. Sabía que habría más golpes."
"- Por favor, Anselmo, no me haga daño - y al decirlo sintió como se le erguía su sexo - me podría marchar ahora mismo y nadie tendría porqué enterarse, por favor - y notó la falta de convencimiento en su tono. Se odió por sentir así."
"- Ahora vas a querer marcharte. Entonces a qué has venido - y diciéndolo volvió a dar una patada suave en los testiculos - al sentirlo José en lugar de acercar los muslos en intento de defensa abrió un poco más las piernas."
"- Por favor - le tembló la voz de pura excitación - si, por favor, si - y ya no supo resistirse - me merezco ese castigo y más. Soy tu esclavo a tu merced."
"- ¡Yo lo sabía! - daba palmas mientras lo decía - te lo dije Raúl, lo sabía. Es un puto sissy, ven vamos a divertirnos."
"- No me lo quería creer, Anselmo - Raúl salía de una puerta fuera del campo de visión de José."
"- Dale gusto a tu médico, anda. Prueba lo duros que tiene los huevos.
"- No me hagas daño, castigame por ser tan cerdo, pero no me hagas daño - en ese momento, Raúl le dio una patada nada suave al médico que aulló de miedo y daño y cayó de lado encogido de dolor para a continuación empezar con espasmos."
"- Qué le pasa, Anselmo. ¿Le he dado demasiado fuerte a lo mejor?
"- Fíjate cariño en el suspensorio rosita que lleva, como se humedece."
"- ¿Se está meando?
"- ¡Se está corriendo de gusto! Bobo. Dale más."
"- ¿Nos lo follamos, Anselmo?"
"- Por favor Raúl, no me hagas daño, follame si quieres, pero no me peguese aqui."
"- Perra, sucia perra - Anselmo se acercó y a patadas le hizo ponerse tumbado boca arriba y se sentó sobre su cara - comeme el culo mariconazo, ahora que está bien sudado y levanta esas patas, que te folle mi niño, luego te preñare yo."
"- Si por fa... - y no pudo seguir porque Anselmo ya estaba restregando el ano contra su boca."

Debatiéndose en el divan, intentando desnudarse torpemente, gemía de deseo: "Si, sigue Raúl, meteme el puño, revienta me el culo" y diciéndolo fuera de sí y ya desnudo alcanzó un dildo enorme que guardaba tras un libro de uro. Se lo clavó sin piedad alguna para si mismo y en ese momento empezó a eyacular. Luego exhausto, expulsando el consolador con fuerza, se enroscó sobre si mismo llorando y preguntándose a voces por qué aquel puto día le rechazaron.

"- Vamos a hacerle una doble Anselmo, que se entere está maricona"
"- Bah, que se vaya. No sabe ni comerse un culo. Un inútil - comentó despectivo mientras se levantaba de su cara - venga, largo de aqui, ponte tus pantalones y fuera."
"- Pero están rasgados - dijo temeroso José."
"- Pues claro, pavo, te los he roto yo. A tu parienta le dices que viste un campo de nabos y al saltar el alambrado se te enganchó - rio con ganas de su ocurrencia - vamos, largo, si no quieres que te eche en tu ropita rosa tan de putita.

Se preguntaba aún porque no quisieron usarle como el necesitaba. Peor fue Raúl que le acompañó a la puerta a patadas con la polla fuera gritándole: "Esta no la catas, locaza".

Llego el verano de aquel año, que sabía que Raúl y su madre se iban al pueblo a pasar las vacaciones. Decidió José, que quizá sin la presencia de Raúl, Anselmo podría ser más razonable y armándose de valor fue a verle. Quería saber la verdad de esa relación, un twink con un treintañero con mucha vida corrida por lo visto.

"- Tocó la puerta casi con veneración y esperó.
"- No compro nada - abrió Anselmo la puerta únicamente con un suspensorio blanco brillante que a duras penas le contenía los genitales. Se quedó mirando festivo a José mientras su sexo pugnaba, y conseguía rebasar su precaria contención - vaya, mira que bien le ha caído a esta que vinieras. Anda, perra, pasa."
"- No, no hace falta Anselmo, de verdad, es solo..."
"- ¡Que pases, hostia con el matasanos! Además no puedes dejar de mirarme el rabo, maricona, bueno, yo también lo soy, pero soy un tío. Que le gustan los tíos, vale, pero no me toques los cojones que te meto. Por eso tú eres maricona, a secas. De tío tienes poco - le cogió por la pechera y le hizo entrar en la casa - entra ya, joder y no hace falta que te pongas a cuatro patas. Siéntate donde quieras. Venga, pipa de la paz, ¿Quieres una birrita? y ponte en pelotas si eso te motiva. Mírame a mi con la polla fuera, que no se para qué coño llevo este cacho tela - y de un tirón se arrancó el tanguita mientras salía a buscar las cervezas. Volvió al poco con dos latas de medio litro - a beber. ¿Nos liamos un peta? Espera, tu te has fumao alguna vez. Venga vale la birra. Vamos, canta."
"- Un vaso, por favor - pidió algo cortado."
"- Lo ves. Eres una maricona. Un vasito, un vasito. Abre la puta lata y pa dentro, joder.
"- Vale, no te cabrees, no tengo costumbre - dijo mientras abría la lata - yo me enteré de esto porque hace semanas Raúl vino con ladillas a la consulta y poco menos que me confirmó que tú se las habías pegado, que le pillaste de sorpresa en la azotea y te restregaste con él hasta correrte encima."
"- Será cabrón el niñato. ¿Que yo se las pegué? Ahora se quién me las pegó a mi. Cuando lo coja le reviento. ¡Será cabrón!"
"- Entonces Raúl..."
"- ¡Entonces es que no tienes ni puta idea de quién tú Raulito!"
“- Le conozco desde pequeño y siempre me pareció, hasta lo de las ladillas, un niño muy formalito.”
“- Yo te voy a contar. Bueno, ¿cómo te llamas a todo esto? Porque Raúl te llama don José, y como comprenderás…”
“- En realidad me llamo Gabriel pero como estaba harto de que me llamaran Grabiel me puse José como mi bisabuelo.”
“- Te voy a llamar Joselito, me suena así como más adecuado a lo sissy que te pones cuando estás cachondo. Bueno, al tajo. Yo tampoco me llamo Anselmo, me bautizaron Roberto, pero claro, Roberto como albañil era poco rudo, así que me puse Anselmo, como el oficial que me lo enseñó todo. Pero todo todo, me enseñó hasta cómo hay que mamársela a un tipo para que repita."
"- Entonces tú..."
"- Efectivamente. Yo soy un apestado de mi familia, los Andredas. ¿Te ilustro o pasas de batallitas?"
"- No, Anselmo o Roberto, Como quieras, te escucho. ¿Los Andredas son los Andredas que me supongo que son los que volvieron de Cuba hace un siglo y fundaron aquí un imperio de ladrillo y cemento?"
"- Los mismos."
"- Y entonces...
"- Yo estudiaba en Bristol en un colegio de pijos, que te puedes imaginar, y con trece años, otros gilipollas como yo que se creían que todo el monte es orégano quedamos en que el que más asignaturas suspendiese a fin de curso, es que era el rey de la diversión. Yo suspendí el curso entero y mi padre me dio un castigo de cojones, me mandó a una obra de la empresa de aprendiz de un oficial muy templado, Anselmo. De él tomé el nombre."
"- ¿Pero tú familia, seguiste de albañil. Tú herencia?"
"- Como buen Andredas, soy un hijoputa orgulloso, diría más, soberbio. Mis hermanos mayores, mis tíos, hasta mi madre, dijeron que no aguantaría una semana y me escoció. Decidí en ese momento que moriría antes que volver con la cabeza gacha - se detuvo en la explicación y se le quedó mirando con los ojos entrecerrados - Joselito, no paras de mirarme el rabo. ¿Venías con alguna idea? Desnudate, anda. Quiero que seas transparente."
"- No, no, Anselmo o Roberto, de verdad, Ya me voy."
"- No tío. Tienes que saber algunas cosillas del niño. Se nos ha ido el hilo. Después de que Anselmo me enseñará, y no solo albañilería, te lo aseguro, busque trabajo en otra obra que no tuviese que ver con mi familia. Me encontraba cómodo trabajando duro. Con veinticuatro, once años después me vine aquí y a la semana de mudarme, subí a la azotea a tomar el aire y allí estaba Raúl con unos ocho añitos. Me es imposible describir la mirada torva y culpable de ese niño. Se me acercó con una sonrisa angelical, me preguntó el nombre y él me dijo el suyo. Luego me preguntó si podía enseñarle el rabo, "es que me gustan los grandes de cabeza gorda" y sin dejarme reaccionar me metió la cara en la entrepierna: "huele muy bien y se te está poniendo muy gorda. Sacatela" y sin esperar más me manipuló la bragueta. Tío Joselito, no pude resistirme, era lo más caliente que me había pasado nunca."
"- Pero..., ¿Acabó en algo?"
"- ¡Joder! Que me corrí en toda su cara y ni se inmutó. Se limitó a relamerse. Se limpió un poco con un pañuelo y salió corriendo. Cada vez que subía a la azotea allí estaba o llegaba al poco."



 


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