- ¿Qué haces este finde? Abel preguntó a Pedro cómo de pasada, como una frase hecha, casi una obligación de buena educación con el compañero de piso.
Desde que Abel y María se habían reconciliado después de las sentidas explicaciones de Pedro para excusar a su amigo, la vida social de cada uno iba por derroteros diferentes. Estaban en el segundo año y María marcaba estrechamente a Abel, siempre escamada con su novio que no sabía cómo tenerla segura de que aquello fue una encerrona y nada más. Todo el curso anterior y lo que llevaban de este Pedro y su pandilla de amigos, gays o no, salían los fines de semana dónde hiciera falta y si Abel se apuntaba era con María presente que no dejaba que su novio cruzase más de dos palabras con nadie. Casi siempre al poco de llegar con cualquier excusa abandonaban el grupo. Pedro le decía a Abel que se pusiera en su sitio que su novia le tenía demasiado controlado, como si fuera un macho con todos los vicios de un macho tóxico que no deja a su chica ni ponerse determinados outfits. Abel se enfadaba con Pedro, aunque sabía que era verdad, razón por la cual el carácter expansivo y arrollador de Abel fue desapareciendo dejándole como una mala caricatura de quien fue el cuando Pedro le conoció. María por su parte culpaba a Pedro en buena parte de lo sucedido a su novio por lo que sus charlas se fueron distanciando hasta perder en la práctica su amistad.
- ¿Quién se ha querido morir?
- ¿Cómo Pedro?
- Que hacía eones que no me hacías una pregunta así, como últimamente, bueno últimamente, hace un siglo, no tenemos intimidad, ni de la que teníamos ni de la que ya me gustaría tener a mi. Tú sabes.
- Ya, ya sé lo que dices, pero es que ¿Dónde coño voy a ir yo solo el finde?
- ¡Hosti, tu! Solo, ¿Y la centinela de la mazmorra?
- Está de Erasmus.
- ¡Joooder! ¿Y me entero así? Cuando coja a esa perra y me importa un carajo que sea tu novia, bueno, tu carcelera, la despellejo. ¡Con lo que hemos sido que solo nos faltó follar detrás de los contenedores del instituto!¿Pero porque no has dicho nada, cabrón? - Pedro dio un paso agresivo acercándose a Abel pleno de indignación
- Me prohibió que lo dijera - lo siento.
- Coño, Abel, ¿tanto tira un ídem? De verdad tío, lo siento te ha desbaratado - se acercó del todo a su amigo con expresión de solidaridad ahora en lugar de ira y le estrechó en un abrazo. Sintió como Abel rompía a llorar y sintió el impulso de consolarle con un beso, pero se cohibió - vamos a ir a una disco retro de petardas, drag y eso. No sé si a ti esas cosas… Y además van venir Marcos y Mariola
No creo yo…
- ¿Y porque no? - contestó con hábito de derrota Abel - ¿Qué puede pasar, que me dé por culo un tío? Creo que las alturas en las que me muevo hasta agradecería probar a ver - se dio cuenta lo que la desilusión le había hecho decir y rectificó - ni me hagas caso, tú me conoces.
- Hombre Abel - imposto incómodo - si alguien tiene que descerrajar tu puerta trasera, ese soy yo. Que no me entere… - y ahí rompieron a reír los dos - Bueno, entonces ¿vienes?
- Pues claro.
- ¿Y dónde ha ido tu perra, perdón, María.
- A Praga.
- No se va comer una rosca con ese endiablado idioma, pero ella sabrá. Ni le vayas a decir que me lo has dicho que se vaya al puente de Carlos a acariciar al puto perro.
- ¿Qué?
- Nada, que te lo explique ella.
- Y en ese sitio que vais a ir, ¿hay tías normales?
- Abel, por dios si hay alguna tía anormal es tu novia. Ahora si te refieres a que pueda haber heterosexuales de uno u otro sexo, seguro que si, no vas a ser el único como un bicho raro que se exhibe en una feria. Tú vienes con nosotros, te dejas tus prejuicios en la puerta y que salga el Abel ese que conocí hace mil años - Pedro cambió su tono entonces, a más cordial, más familiar - Abel no sé si te ha olvidado, pero te quiero, joder, te quiero- Abel quiso interrumpir pero Pedro le frenó - No, déjame seguir. Y si, de esa manera no puedes impedir que te quiera también, pero ahora hablo de la otra. Me duele en lo más hondo verte devastado por tu relación y no sé cómo ayudarte. Si, quiero que vengas con nosotros y te diviertas y que vuelvas a ser ese macho zafio y espontáneo que me enamoro nada más verle.
- Me he hecho a María y no sé cómo desengancharme, es una droga para mí. ¿Crees que no me añoro a mí mismo? Y otra cosa, y no vayas a interpretarme mal. De vez en cuando al rememorar el incidente con Marcos en la playa, me sorprendo a mí mismo dibujando una sonrisa bobalicona en mi cara, y eso me hunde más todavía y hace que necesite más María porque sigo sin perdonarme que disfrutase de esa mamada.
- Abel, ¿Qué de malo habría que fueses bisexual?
- ¡Calla, joder! Ni me lo menciones, solo de escuchar como lo dices se me encoge el corazón. Si así llegase a descubrirme creo que haría una puta locura.
- Venga tío, no lo pienses más, se acabó. Mañana te vienes, vamos a un sushi primero y luego unas copas y al Big Queen. Además actúa la drag más increíble “La Celine” por la Dion, ya sabes. Y hace un número que te cagas.
- No se.
- Se acabó Abelito, si sabes, porque te lo dice tu amigo el maricón - hizo un movimiento afeminado y exagerado con las manos para enfatizar lo que acababa de decir y sacó una sonrisa de su amigo.
- De verdad Pedro, no sé qué haría sin mi amigo…, el maricón - y se echó a reír sinceramente de su ocurrencia.
- ¡Así me gusta verte Joe! Te has atrevido a pronunciar la palabra maldita sin violencia, cargada de cariño. Por algo se empieza. A ver si a María se la folla un checo y se te desengancha. Y me voy que llego tarde. Mañana te quiero guapísimo, que quiero presumir delante de las reinonas de amigo hetero.
Al día siguiente Abel se dio cuenta que se comportaba como hacía meses que no lo hacía. Abrió su armario y vio la ropa eligiendo cuidadosamente unos chinos que le marcaban el culo haciéndoselo aún más convexo, más visible y una camiseta de licra que le marcaba los pectorales y su perfecta tableta y unas deportivas de piel blancas sin excesiva suela. Se miró al espejo y se gustó y pensó “voy a estar arrebatador para esta pandilla de locazas, y espero que a Pedro le guste” Al pensar esto último se extrañó, a Pedro no tenía porque hacer nada para gustarle, él ya sabía que su amigo bebía los vientos por el, pero muy dentro sentía que de no sabía qué manera quería sentirse guapo para el. Se perfumó con una amaderada con poca especia y tabaco y se dio por satisfecho. No dio más importancia al asunto y en ese momento entró su amigo corriendo al apartamento para vestirse. Se detuvo en seco y se quedó con la boca abierta.
- Joder, Abel, ¿tú qué quieres que te violen en grupo? Eso amigo es provocación y no sé cómo me contengo. ¡Ese culete! Por favor me voy a morir aquí mismo.
Cuando llegaron al Big Queen los amigos de Pedro estaban esperándole. Se les descolgó la mandíbula extasiados ante la contemplación de semejante Apolo.
- ¡Maricón! - Sebastián fue el primero en reaccionar - ¿Qué tú tenías esto guardado y no habías dicho nada, perra?
- Este es Abel y os he hablado de él hasta aburriros, mi colega de piso, mi amigo del alma y…, como nadie lo tiene todo, heterosexual de libro.
- Y entonces… - dijo Pablo mirándole de arriba a abajo mientras se relamía - ¿Qué está, la otra, de vacaciones y por eso viene con nosotras?
- De vacaciones, bueno de Erasmus, que es casi lo mismo, la novia que se ha ido a Praga. Está el chaval aburridote y se ha venido.
- Pues aquí se va a entretener, bueno, le vamos a entretener entre todas - y soltó una carcajada cohibida jaleada por el resto de amigos.
- Bueno, ya está bien de coñas, que me lo estáis cortando, vamos a entrar - se puso serio Pedro.
- Caramba, ¿aún estáis aquí, tan importantes somos como para esperarnos? - Marcos y Mariola llegaban en ese momento.
- Ya estamos todas, oculta incluida - sentenció Sebastián - con su justificante sin polla, que por cierto va muy mona. Mariola cariño, dentro está Lola, tu amiga del alma. Y su novio, Marcos, quizá te interese, machote.
- Pedro - Abel se llevó a su amigo a un apartado con firmeza, indignado - ¿Está gente sabe lo mío, tú has dicho algo?
- ¿No me conoces aún? Y ha pasado un año Abel. Si saben algo tiene que ser cosa de Marcos, o de Mariola, que tú todavía no la conoces bien. Vamos, olvídalo y vamos dentro.
Al Big Queen se entraba por una puerta estrecha de paso que se encontraba en la misma fachada de un bar llamado Little King. Si no sabías lo que allí había, nunca habrías podido imaginarlo. Se bajaba una escalera empinada de un solo tramo que moría en una espesa cortina de terciopelo negro, tras de la cual un ambiente ruidoso y neblinoso te hacía acceder a un mundo onírico. Si, creerías haber entrado a un mundo irreal. Junto a perfectos smoking había mucho correaje claveteado, arneses, incluso de boca sobre escultóricos cuerpos bronceados desnudos absolutamente, salvo por complejos artefactos destinados a mantener una castidad nominal. Enrevesados peinados de pelucas excesivas sobre caras decoradas como telas de un Picasso pintado un día de demasiado Pernod. Hombres con máscara de perro y manoplas, collar al cuello con cadena que portaba un oso revestido de cuero y gorra de motero. La música invadía de forma abusiva cualquier recóndito chiscón en el que uno quisiera refugiarse. Y las luces. Podrían haber mareado al más avezado tramoyista de una opera punk. Sencillamente no dejaban razonar, solo sentir. De alguna forma el local se asemejaba a una instalación de aislamiento sensorial en la que en lugar de querer anular cualquier sensación trasmitida por el medio, saturaban esas sensaciones al punto de no saber si tocabas o eras tocado. Los reunidos en aquel ambiente formaban parte, quisieran o no, de un organismo superior que era quien decidía que se podía sentir y que no. Abel empezó a marearse pero no hizo nada por resistirse, le resultaba agradable esa sensación de flotación ingrávida. Y en ese momento alguien le tomó del brazo. Miró y era Marcos. Abel no se mostró esquivo, le agradó que Marcos viniera a saludar. Y cuando esté haló de el, se dejó llevar. Es más, supo que deseaba que Marcos le arrastrase, ¿Donde? Le daba lo mismo. En aquel lugar de embriaguez aunque no existiera alcohol, todo daba igual, y era bonito, no censurable y muy aceptable. Allí la moral estaba disuelta en la ética de cada cual. Era la patria perfecta, pensé Abel
- Sígueme - en la voz de Marcos había urgencia, había deseo, había dominio - al otro lado de aquella puerta está Mariola. Aquí y ahora vas a conocer lo que es sexo del de verdad, no esos torpes intentos de satisfacerte como un púber que acaba de descubrir que ese trozo de carne sirve para algo más que mear - y al tiempo que lo decía giraba el pomo de una puerta en la que rezaba “Privado. Solo personal autorizado”
- ¡Abel! - la voz imperiosa de Pedro resonó por encima del tumulto - ven conmigo.
- Voy con Marcos - volvió la cabeza para contestar y en ese momento asomó la cabeza Mariola vestida con un body exiguo de tafilete muy ceñido con un zurriago en la mano.
- Deja que se vaya, Marcos, ¿Aún no te has dado cuenta que es un estrecho? Lo está deseando pero no tiene huevos como todos estos machotes.
- Ya vuelvo yo solo, Pedro, ya soy mayorcito - respondió envalentonado Abel.
- Abel, por favor, no sabes dónde te metes. No entres ahí o te arrepentirás - rogó Pedro.
- Creo que estoy ya arrepentido de casi todo Pedro - y lo dijo en un tono de rendición, de abandono, de hundimiento total y se dejó llevar de la mano de Marcos dentro del privado.
Pedro llegó al apartamento clareando el día. Había pasado la noche con un ojo en el escenario y otro en la puerta por la que desapareció Abel. Entraba y salía gente pero Abel no era ninguna de ellas. La actuación de Celine fue memorable, como siempre, la emperatriz del Big Queen y se prolongó hasta altas horas. En ese tiempo Pedro trabó amistad con otro espectador frisando la cuarentena y acabaron la noche en casa del otro.
Nada más entrar en la casa lo primero fue ir a la habitación de Abel. La cama hecha y ni rastro de su presencia. Se desesperó y le echó la culpa tácitamente de que la noche con su pareja ocasional no hubiese podido ser tan redonda como esperaba.
- ¿Qué te pasa, estás incómodo por algo que haya podido hacer? - Álvaro decía esto con la mayor cautela mientras apartaba el cabello de los ojos de Pedro.
- Estoy preocupado Álvaro. Un buen amigo, hetero, te lo aseguro, al que su novia putea sin misericordia estaba tan abatido que lo llevé a ver a Celine y allí se encontró con un tío que conoció el verano pasado en la playa y que no parece trigo limpio. Tiene el cabrón novia y todo, pero eso, con conocimiento de ella no le impide trajinarse al que le gusta utilizando a la novia para la trampa. Y anoche metieron al privado a mi amigo y temo a lo que hayan podido abocarle. Es muy inocente.
- Mariola y Marcos, no me digas más.
- Los conoces.
- De largo. Marcos chapero con catorce años hacía la carrera aledaños de la catedral y no solo follaba o se dejaba follar, según pasta. Daba palos también a los incautos que se dejaban sorprender por su supuesta candidez púber y les llevaba a su casa, donde les robaba hasta el aire que respiraban. Su padre es un famoso arquitecto y su madre una alcohólica devastada por los cuernos que le pone el marido, una familia rica perfectamente desestructurada. Marcos desde los catorce años hace lo que le pide el cuerpo. Y Mariola es una niña de barriada deprimida que le da a Marcos lo que necesita, puro vicio.
- De que sabes tú tanto.
- Soy decorador de interiores y en este mundillo todos nos conocemos. De Marcos dice su padre que es un maricón que está convencido que no es suyo, sino de un antiguo novio que tuvo ella, un tal Ramon, ajustador matricero en una fábrica de coches. Total, que la tal pareja son de cuidado. Mira, chico, vete para tu casa y recoge los trozos e intenta recomponer a tu amigo, y si no está, espérale y préstale ayuda o al menos tu hombro para llorar, que llorará. Quédate con mi teléfono y me llamas otro día, me gustas Pedro y quisiera volver a quedar, la pelota está en tu tejado.
Pedro estaba en la habitación de Abel sentado en su cama, con la cabeza hundida entre los hombros. No sabía qué determinación tomar, si esperar, salir al Big Queen que ya estaría cerrado o deambular por la calle buscando, lo que le parecía una estupidez.
Y cuando más confundido estaba le sonó su teléfono. Con premura lo sacó del bolsillo y un vuelco le dio el corazón. Era Abel.
- ¿Abel, estás bien? Abel, joder, que susto me has dado. ¿Dónde estás?
- En urgencias del hospital provincial, aquí he venido - y al otro lado de la línea Pedro escuchó llorar sin consuelo a su amigo.
- Tranquilízate Abel, el tiempo de llamar un Uber y estoy ahí. Por lo que más quieras, no te muevas.
Pedro iba en el Prius instándole al chofer a apurarse pues temía que la situación presuntamente inestable de Abel le llevase en un impulso irracional a irse de urgencias. Le imaginaba roto, sangrando por el culo por una irrupción intempestiva contra su voluntad en su cuerpo, con lesiones faríngeas por felaciones abusivas. Se temía lo peor.
- No se vaya por favor vuelvo enseguida - indicó al chofer.
- Imposible chico, tengo otro servicio esperando. Ahí tienes unos cuantos taxis a su disposición. Lo siento, de verdad. Ponme cinco estrellas por favor.
Entró en urgencias intentando mirar a todos lados a la vez y no viendo nada. Fue a la sala de espera, abarrotada de gente, escudriñando la figura de Abel, pero no lo encontraba. Empezó a hiperventilar seguro de que su amigo ya se había ido de allí. Daba vueltas sobre sí mismo mirando a todos lados cada vez más nervioso hasta que una señora le llamó la atención sobre alguien que sobre el fondo de la sala, sentado en el suelo le reclamaba atención. Se giró y se percató una vez más de un vagabundo que ahora con la cabeza levantada y brazo en alto le hacía señas. Pedro se fue acercando despacio intentando reconocer a quien le llamaba y cuando estaba a tres metros se detuvo en seco llevándose la mano a la boca para cohibir un grito de sorpresa y dolor. Se acercó rápidamente.
- ¡Abel, por todos los clavos de cristo, joder, Abel! ¿Qué cojones te ha pasado, te ha atropellado un tráiler?
- Me ha atropellado Marcos y toda su tribu.
- ¿Y qué haces aquí entonces?
- Me encontraba muy mal Pedro y además me duele mucho el culo.
- ¡¿Te han follado el ojal?! A ese cabrón me lo cargo. Venga, vámonos a casa que de esas cosas se algo. A ti no te hace falta un médico, te hace falta un buen amigo y que entienda de estas cabronadas. No creas que yo no tuve también mi primera vez. Venga, levántate y vamos a coger un taxi.
- Y ahora - dijo Pedro accionando la llave de la puerta de la casa - lo primero a ducharte y luego como la madre que te pario te voy a mirar por ahí, a ver qué destrozo hay.
- Déjame Pedro, de verdad, estoy hecho polvo, creo que me he corrido seis veces, más bien me han hecho correrme, ha sido horrible.
- Pero si te has corrido tantas veces…, algo habrás disfrutado. Bueno mira, luego cuando descanses te ducharás y ya me cuentas. Te voy a hacer una infusión fuerte de tila, manzanilla y menta, verás como te relaja. Ay, joder, parezco mi abuela. Venga échate y mañana hablamos. Que descanses, si no te levantas a comer no te voy a despertar. Ahora te traigo eso, no te duermas aún.
- Gracias, gracias de todo corazón. Ahora se lo que es un amigo.
Cuando vio salir a Pedro dispuesto a atenderle, sin la más mínima exigencia, ni reproche, ni petición de explicaciones sabiendo lo que representaba para él no pudo contener el llanto de reconocimiento y alegría por tener alguien así a su lado. Tomó el embozo de la sábana y se enjugó los ojos.
- Ya está aquí la infusión - dijo Pedro en tono alegre entrando en el cuarto, justo para ver cómo Abel se limpiaba las lágrimas - y nada de lloros, tío. Has tenido una noche loca de orgia que recordarás de por vida. Nada más.
- Y nada menos - contestó con cierto alivio Abel.
- Pues hasta mañana, o ya es mañana, bueno hasta cuando sea amigo - le dijo mientras se giraba y encaminaba sus pasos a la puerta, pero le detuvo Abel.
- Pedro…
- Dime, necesitas algo más
- Si. Por favor, no te vayas. Quédate conmigo, no quiero hoy volver a sentirme tan solo.
- Pero Abel, yo también estoy cansado.
- Échate aquí - y dio dos golpes con la palma de la mano sobre la cama - la cama es de uno cero cinco, caben dos si se lo proponen.
- Abel, tú sabes lo que puede llegar a pasar. Eres consciente que en cuanto sienta tu calor me voy a empalmar como un borrico en celo, mira - dijo señalándose el bulto en el pantalón.
- Pues ponme el rabo, me da igual yo me voy a dormir y después de lo de esta noche que me ha entrado de todo por todos lados no me va a importar sentirte a ti. Disfruta de mi cuerpo, sin pasarse - y sonrió de una forma triste al tiempo que levantaba la sábana - vamos, desnúdate y a la cama. No me dejes solo, porfa.
En cuanto Pedro se metió en la cama y Abel sintió su calor y su roce tranquilizó la respiración, la acompaso a sus latidos que fueron enlenteciéndose y se sumió en un sueño reparador.
Al tiempo que Abel se relajaba, Pedro no podía evitar la excitación. El que durante cinco largos años había sido el protagonista de sus sueños más húmedos estaba a su lado, desnudo, durmiendo rozándole y lo único que podía era velar su sueño. Su miembro estaba a reventar y estaba seguro que si le rozaba con él la nalga a su amigo eyacularía sin remedio. Haciendo un acto de supremo autocontrol se dio la vuelta quedando espalda contra espalda. Paulatinamente el cansancio fue haciendo mella y Pedro también se quedó profundamente dormido.
El sol entraba muy oblicuo por la ventana y daba directamente en la cara de Pedro que no tuvo más opción que abrir los ojos y parpadear porque el sol le deslumbraba. A medida que los minutos pasaban el sol abandonó la cara de Pedro y pudo tomar conciencia de donde estaba. Estaba cara a cara con Abel que seguía durmiendo plácido y sereno, pero se encontraba a un centímetro de su cara y no pudo resistirlo, le rozó los labios con los suyos y sintió que su cuerpo reaccionaba violentamente, tanto, que estando de frente con él su verga rozó la verga fláccida de Abel y no se pudo controlar eyaculó sobre los genitales de su amigo y fue el orgasmo más remunerador de su vida, espontáneo, intenso, avoluntario y desprovisto de culpa. Abel no despertó a pesar de la mojada de semen, seguía tranquilo su sueño. Miró Pedro el reloj de pulsera; las dos de la tarde, se levantó intentando no desvelar a Abel y se fue a la ducha.
Paso la tarde leyendo y sesteando, se imponía recuperar después de la excitante y agitada jornada anterior. Repasó con morosidad todos los detalles, como se despistó de Abel en el local tanto por el brasileño de portada de revista únicamente vestido con un short de cuero negro, el cuarentón tan comprensivo, como por la actuación de Celine en el escenario y los remordimientos que le impidieron terminar en la cama con Álvaro. La sensación de vértigo cuando no encontró a Abel en casa y la desesperación en la acera esperando el Uber. Y finalmente la felicidad total sintiendo el cuerpo desnudo de Abel a su lado en la cama. Se estremeció cuando recordó aquella magnífica petit morte derramándose sobre su compañero.
Estaba con los ojos cerrados ensoñando aún cuando una voz le trajo bruscamente a la realidad. Abel abriendo la boca, la cara relajada y con un ojo cerrado y otro guiñado acababa de entrar en la habitación completamente desnudo.
- ¿Qué hora es, y qué día es hoy? Joder, es de noche, ¿tanto he dormido? Y mira, debí hacerte caso y ducharme anoche…, o cuando fuera, todavía tengo restos de corrida en la pelambrera de los huevos. O me he corrido yo esta noche y no me he dado ni cuenta, o te has corrido tú y…- no pudo terminar la frase porque estalló en una carcajada por lo absurda que le parecía la posibilidad.
- No, verás - Pedro no reía, tenía un tinte ceniciento en la cara y tragaba saliva sin poder articular la siguiente palabra, Abel dejó de reír de golpe.
- No me digas… - el semblante serio se instaló en lugar de su risa en el rostro.
- Deja que te explique - las palabras de Pedro eran sin convicción, vacilantes.
- Creo que no hay mucho que explicar, te has corrido sobre mi polla y eso lo dice todo.
- ¡Pero no es como parece, joder, Abel! Tú me pediste que me metiese en la cama contigo y sabías cuál podía, a buen seguro, ser mi reacción, como fue, de acuerdo, pero fui leal contigo y me volví, te di la espalda y me dormí, cuando desperté tenía mis labios a milímetros de tus labios y los roce en un beso de seda y en ese momento mi polla furiosa de deseo rozó la tuya dormida y no fui capaz de cohibir la corrida. Te lo juro Abel - una lágrima se abrió paso en los ojos de Pedro - te lo juro por el cariño que te tengo, créeme. Me vacíe sobre ti sin querer, con un deseo irrefrenable, si, pero espontáneo, sin querer.
Abel le miraba con frialdad y cara de palo, sin expresión alguna, con la neutralidad propia del que observa una escena que ni le va ni le viene. A Pedro las lágrimas de desconsuelo le rodaban con mansedumbre por sus mejillas yendo a morir en las comisuras de sus labios dando un paladar salado al futuro que se le presentaba con su amigo. Le miraba a la cara con interés casi arqueológico intentando buscar algún gesto que le anunciara que su amistad no había terminado.
Abel, de tener la cara inexpresiva se le fue iluminando con un cambio de gesto. Primero fue un leve cambio de ángulo de sus comisuras de boca y luego un dulce achinamiento de ojos que presagiaban el inicio de una mínima sonrisa. Finalmente la sonrisa franca triunfó sobre su seriedad de juez y se dirigió a su amigo.
- Me alegro, me alegro mucho. Me alegro que te hayas derramado sobre mi, que me hayas fertilizado sin mi concurso. Te quiero, Pedro, pero no puedo satisfacer tu forma de entender el cariño. Sin mi consentimiento y de alguna forma has conseguido algo de sexo conmigo y lo celebro. Lo de anoche y creo que sin mi consentimiento, fue anoche o cuando, fue brutal, estoy empezando a recordar y todavía me duele el culo. Si tú te has satisfecho conmigo, con mi cuerpo y has sido feliz por eso, te repito que me felicito. Me hubiera gustado ser consciente de tu disfrute pero sabes, que de momento, es imposible.
- No hubiera querido que fuera así. Que tú hubieras podido preñarme a mí - apartó la vista dirigiéndola al suelo - aunque ya sé que debo abandonar ese deseo y lo acepto. Yo también te quiero y porque te quiero te voy a pedir que me dejes mirarte el ano por si tienes algo dañado reparable - se levantó del sofá y señaló el camino del dormitorio - no creo que te importe que mire.
- Después de correrte encima de mi ¿Qué puede importarme que me mires el orto? Además seguro que vas a disfrutar viéndolo.
- No, no - dijo Pedro al ver que Abel adoptaba la posición de oración mahometana - túmbate boca arriba en la cama levantando la piernas y abriéndolas todo lo que puedas.
Cuando Pedro vio el cuadro la erección reclamó protagonismo. Se quedó quieto con la mirada fija en el periné de Abel. El ano de ser un orificio puntual circular se había convertido en una línea de más de un centímetro de largo de bordes algo sobre elevados y algo evertidos. Pedro se ensalivo los dedos y los paso con suavidad por la hendedura. Luego paso a la piel que separaba el ano del escroto y masajeó suavemente apretando en profundidad. En esa exploración preguntó a su amigo.
- ¿Qué sientes cuando masajeo en profundidad?
- No sé, una sensación extraña pero placentera. Aprieta un poco más en ese punto. ¡Ahí! Siento como un calambre muy agradable que me recorre todo el rabo hasta la punta del capullo. ¿Dónde estás tocando?
- Estimulando la próstata a ver cómo de machacada la tienes y además levanta la cabeza y mírate, tienes un empalme suave, pero has reaccionado a la estimulación prostática. Ahora voy a ver el ano que por cierto te lo han trabajado a base de bien. Empuja como para cagar, eso es. Si tío te han desvirgado como para hacer una porno de bottom y no desmerecer.
- ¿De qué?
- Bottom, suelo, él o lo de abajo, pasivo, al que se la meten. Yo creo que está todo bien, con la salvedad de que cuando quieras gozar de culo, podrás hacerlo sin problemas. Te han tenido que follar un montón de tíos y eso si no te colaron una doble, ya nada me extrañaría. ¿Qué pasó cuando entraste en ese privado? De lo que te acuerdes. Si quieres, naturalmente.
- Yo estaba ya un poco flotando, la verdad y cuando Marcos me cogió de la mano y me llevó allí y vi a Mariola con ese atuendo de dominatrix sentí que la polla reventaba las costuras del pantalón y eso me decidió a entrar después de una ligera vacilación. Nada más cerrarse la puerta otra chica que parecía llevarse bien con Mariola, Lola creo que la llamaban, me trajo un chupito que por el color parecía Puerto de Indias pero estaba amargo. Me dijo: “Es para que aguantes lo que se te viene encima” y me cogió el paquete que yo ya tenía a reventar. Un tío que apareció de no sé dónde, aquello era la calle del infierno un día de feria, se me acercó mucho y me echó una bocanada de humo denso y blanco en toda la cara, muy cerca de la nariz, y a partir de ahí solo tengo flashes. Muchas veces me ponían un frasquito en la nariz que olía a disolvente y me decían que aspirase fuerte y lo único que recuerdo es mucha gente alrededor, yo absolutamente desnudo y las tías, Mariola y Lola cabalgándome la cara para que las comiera el coño y mientras, por abajo Marcos chupándomela, y sé que lo era por la forma de hacerlo, recuerdo perfectamente la primera, porque tengo conciencia de las otras manadas y lo hacían diferente. Sé que probé mi semen porque en una de mis corridas en la boca de alguien lo compartió con Lola que me besó después.
- No te dio asco el beso blanco
- Eso mismo me planteé en ese momento, me extrañó que no potase , pero no, tengo que confesar que me excitó. Mientras yo comía coño y me la mamaban, alguien, he de decir que con sabiduría me manejaba el ano. Como Chema el año pasado en Azul, pero mejor, no me disgustaba. Me dejé llevar y en una de esas sentí, no dolor, de verdad, me acordé de ti y sentí alivio de que cuando te lo hicieran a ti no te doliera. Sentí una sensación como que me cagaba, mucha tensión de estiramiento por ahí, pero no era dolor. Esa sensación duró muy poco y enseguida sentí placer en el capullo como cuando tú me has masajeado ahí. Y detrás de ese vino otro y otro y creo que me desmayé. No recuerdo haberme vestido y además yo salí con una licra que me marcaba los abdominales y cuando me vi en urgencias tenía una camisa que no reconocía. Alguien me metió en un taxi y cuando me preguntó la dirección le dije que a urgencias porque me dolía el culo, me metí la mano y estaba demasiado húmedo. Pensé que era sangre y por eso fui a urgencias. Ya allí me vi la camisa y me asusté más aún. Y te llamé, que ni me planteé si tenía cartera llaves y teléfono, me eché mano y allí estaba todo.
- Cuando llegué estabas muy desorientado. Menos mal que me llamaste.
En ese momento sonó el teléfono de Abel. El frunció el ceño de extrañeza, como diciendo “¿quién podrá ser?” y se dirigió al dormitorio a coger su móvil. Llegó a su habitación y levantó el teléfono.
- Pedro, es un número desconocido de… República Checa.
- ¡Cógelo coño! Qué es María. ¿O conoces a alguien más de por allí?
- ¿Dígame? - pulso el icono de descolgar.
- Abel, soy yo, María. Se me ha caído el móvil al Moldava en un paseo que dimos por el río en vapor cito y estoy llamando del teléfono de una compañera.
- Es que he visto número desconocido y porque Pedro me ha dicho que eras tú.
- ¿Estás con Pedro? - preguntó con entonación de extrañeza.
- Es mi compañero de piso, ¿con quién si no?
- Perdona, lo había olvidado, perdona, perdona. Dale recuerdos. Quería hablar contigo. Si te parece mañana lunes hablamos por skype y así te veo, ¿vale?
- Claro, vale.
- Te quiero Abel, perdona por todo lo que te he hecho pasar, perdona…
- Mañana hablamos, cariño. Yo también te quiero. Hasta mañana - pulsó el icono de colgar y se quedó mirando a Pedro con expresión dura - Ahora. Se da cuenta, ahora. ¿Sabes, amigo? Creo que he empezado a ser otro. La puta orgia esa ha alumbrado otro Abel. Creo que voy sabiendo a quién y a quien no debo atender en sus demandas. Es como si a base de pollazos me hubieran despertado y me hubiera dado de golpe cuenta de que color está hecho el mundo y no es el que yo, soñando, imaginaba.
Pero, amigo mío, a mi me gustan las mujeres, no los hombres. Me atraen unas caderas anchas y unos hombros estrechos que soportan unas tetas amplias. La naturaleza me ha programado para seleccionar las que puedan parir y amamantar con garantía de perpetuarme en los hijos, me gustan a rabiar las tías lo llevo grabado a fuego. Ahora lo sé conscientemente. Me lo ha desvelado la desmesura de la otra noche. Estoy preparado para saber hasta donde puedo abrirme. No volverá a suceder el contar a María lo sucedido con Marcos. Entonces, como lo rechazaba de forma visceral tuve que decírselo, pero ella no me creyó, porque las mujeres están programadas para conocer a quien puede fecundarlas. Ella supo, que si me gustó lo de Marcos en la playa antes de que yo lo supiera. Y si, no quiero negarlo, no a ti, que sé que me eres leal, a partir de determinado momento disfruté del lance. Disfruté que me sodomizaran varias veces, bien es verdad que mientras mordisqueaba un clítoris duro, pero cuando en lugar de clítoris me entró en la boca un rabo enorme también gocé del momento. Estaba rompiendo la norma y eso me hacía sentir autónomo, no sujeto a complicados juegos hormonales y sociales, estaba trasgrediendo la ley, estaba robando el fuego de los dioses. Si, como a Prometeo se me castigará con la conciencia del saber, y esa verdad me roerá ya para siempre las entrañas y no habrá descanso. María no se enterará por mí de lo de la otra noche, porque con ella seré el macho fiel hasta la muerte, pero no te quepa duda que en el momento adecuado le abriré los ojos, porque a Marcos pienso volver a verle y su teléfono lo voy a averiguar. La orgía de la otra noche tengo que experimentarla pero sin estar medio inconsciente. Sencillamente ahora que tengo cierta idea quiero aprender a practicar sexo con tíos, con tías presentes, naturalmente. Sin ellas seguramente me convertiría un eunuco funcional.
- Yo te doy el teléfono de Marcos, por supuesto. Parece que por el culo te entró algo más que unas pocas pollas, te entró el virus de la libertad consciente.
- No te confundas, Pedro. Se me seguirán yendo los ojos detrás de las tías de bandera pero si un día se me van detrás de unos hombros anchos una sonrisa franca y un abrazo sincero, no voy a escandalizarme lo aceptaré con la humildad del que sabe que nadie tiene todas las respuestas a todas la interrogantes por muy simples que sean.
- Entonces, conmigo no…
- Contigo, no se. De momento los tíos así en seco con cariñitos y tal, no me seduce nada. Si te encuentro en una orgia bien montada seguro que te como hasta el culo - y estalló en una carcajada de la ocurrencia.
- Dime ya dónde es esa orgia - y soltó otra sonora carcajada ante lo que Abel se le acercó y le estrechó en un abrazo. La respuesta del cuerpo de Pedro ante el abrazo desnudo fue automática.
- Vaya, vaya - sonrió Abel bajando su mano y sopesando la dureza de la erección de su amigo - sí que vas tú en serio - Miró la verga de su amigo reposar en su mano y la soltó con delicadeza - pero ya sabes que de momento eres mi gran, mi enorme amigo, nada más.
- No pierdo las esperanzas. Antier si alguien me hubiese dicho qué hoy ibas a cogerme el rabo le hubiera tachado de loco y mira. Me doy por satisfecho, por ahora.