sábado, 11 de julio de 2026

¿AMIGOS O ALGO MAS? (5)

 

- Dígame, ¿Quién es?
- Hola, Abel. ¿Eres Abel, verdad? Soy Lola
- ¿Lola? No creo conocer a ninguna Lola.
- Si, si me conoces. Soy amiga de Mariola, si Mariola, la novia de Marcos. ¿A Marcos si le conoces?
- Bueno, venga, ya, aunque no, te sigo sin conocer.
- Yo te di la copa de bienvenida cuando consentiste en entrar al privado de Big Queen.
- ¡Ah! fuiste tu. Por cierto que clase de bebedizo me diste que perdí la conciencia. ¿Rohipnol, no? para que no recordase nada de nada.
- Que va, Abel. Era Puerto de Indias.
- ¡Y un carajo! ¿Te crees que no se a que sabe ese bebedizo? y lo que tú me diste era amargo como los cuernos de una novia.
- Llevaba una buena dosis de angostura.
- ¿De qué?
- De angostura. Se usa en cocteleria para enmascarar los sabores demasiado dulces. En esencia en sabor amargo, por eso viene como con un cuentagotas.
- Entonces, ¿no me drogásteis?
- No, Abel, nadie te drogó.
- ¿Y el humo ese espeso que me echó alguien en toda la cara?
- Fue Lucas, mi novio. Era hachis que él estaba fumando y supuso que te ayudaría a romper el hielo, tenías cara de susto.
- Bueno. Venga, ya. Después de todo esto, para que me llamas.
- Lucas, mi novio, quiere hablar contigo y disculparse. Estuvimos hablando con Marcos y Mariola y nos dijo que eres abiertamente hetero y le supo mal hacerte participe de nuestra orgía.
- Ese novio tuyo al que le come la polla Marcos mientras a ti te come el coño Mariola ¿no?
- No. Ese era mi antiguo novio. Este nuevo, Lucas aún no ha tenido relación con Marcos. Aunque si contigo. Dice que serás todo lo hetero que pregones, pero que la chupas de lujo. A Lucas fue a uno de los que le chupaste la otra noche.
- Y ahora que quiere ¿Qué se la chupe otra vez, no? Mira tía, vete a cagar - y diciéndolo pulso el icono de colgar.

El teléfono de Abel siguió sonando toda la tarde, él lo puso en mute y se olvidó de la conversación. Pero algo se le quedó en la cabeza. La tía esa dijo que nada de Rohipnol, claro, podía mentir, pero en su voz no hubo vacilación y si mucha asertividad, en eso la creía. Buscó en google el termino angostura y efectivamente era lo que ella había dicho, y si el humo era de hierba, en la dosis que el pudo absorber de la nube de humo en la que le envolvió Lucas no pudo tener la capacidad de hacerle perder la conciencia situacional. Hasta ese momento había admitido tranquilizando su conciencia, que su comportamiento, dejándose sodomizar, y no solo eso, disfrutándolo una vez dilatado, y haciendo felaciones a toda polla que se encontrase cerca de su cara, era debido a que de forma química habían alterado su forma de ser. Pero si como ya había tragado, no había habido, ningún condicionante que le "obligase" a comportarse como si fuese su amigo Pedro, ¿en que situación quedaba? ¿Era maricón, bisexual, al menos? ¡No! se negaba a esa posibilidad, el sabía quien era, pero la imagen que su memoria le reportaba una y otra vez era la de él de espaldas recibiendo por el culo y dando arcadas por lo profundo que el se empeñaba en tragar lo que se le ofrecía por la boca. Y lo peor de todo, que le provocaba vértigo de puro terror, era que su cuerpo reaccionaba ante semejantes imágenes con erecciones insoportables. María no sabía nada de nada, él había llegado a la luminosa conclusión que había que protegerla del exceso de conocimiento porque en cuanto lo supiera se iban a desatar todos los infiernos sobre sus celos y sospechas y él ya no estaba dispuesto a bregar con constantes preguntas  inquisitoriales, no quería verse obligado a tener que terminar con su novia, la quería, pero cada vez veía más lejos conciliar su relación con María y esa fiera que le desgarraba desde lo más profundo de su alma. Cuando escuchó de boca de Lola que le había chupado a Lucas, lo recordó; era una polla corta pero gorda, de capullo muy esférico que le provocaba nauseas que sin embargo él no sabía de que manera eran vehículo de un placer desconocido. Por eso le colgó tan abrupta y maleducadamente a Lola. No quería ser la persona que le surgía de lo más hondo, de donde nunca supo que pudieran existir deseos inmundos. Tendría que hablar con su amigo Pedro. Y no iba a tener que esperar mucho, porque al día siguiente, nada más llegar de clase, Pedro le estaba esperando en el salón con cara de circunstancias.

- Esto se me hace muy difícil, Abel, pero me ha llamado Marcos que dice que ni a él, ni a Mariola ni a Lola le coges el teléfono. ¿Porqué no contestas?
- ¡Uy! joder, que ayer me llamó esa chica, Lola, amiga de Mariola, la que me dijiste que se comen el coño en presencia de sus novios que se comen el rabo. Me cago en la leche, me estoy escuchando y no doy crédito, esto parece un mal culebrón  porno serie B.
- Bueno, venga, qué.
- Pues eso que me llamo la tal Lola porque su novio Lucas quería disculparse conmigo por la faenita de la otra noche; que por cierto, de eso tengo que hablar contigo, tío, que ahora se me ha planteado un problema. Pues quería disculparse porque le dijo Marcos que yo era hetero irredento y le pareció una putada lo que me hicieron. Yo me mosquee, la mandé a la mierda y pulsé el mute. Y ahora caigo que mi madre me llama todas las noches y anoche no hablé. Estará mosqueada como un bonobo con almorranas.
- ¿Y eso? - Pedro estalló en una risa tonta y contagiosa que hizo presa en Abel también.
- No se, me ha salido, así - dijo Abel de forma entrecortada porque no podía dejar de reírse - perdona Pedro, voy a llamarla.
- Y a Marcos, por favor, te di el teléfono, queda con Lucas de una puta vez y olvídate ya de aquello.

Abel estaba al borde del colapso psicológico. No tenía escapatoria. Bueno, si, romper con todo dios y olvidarse de todo, pero el problema es que era su polla, ni su ano, los que no olvidaban. Después de cagar y limpiarse el culo al pasarse los dedos por el ano, no podía evitar recordar y su pene respondía. Si se comía un helado y entraba profundamente en su boca, su ano le recordaba que él también tenía derecho a ser satisfecho. y el machetazo final vino ese finde. Pedro se iba a casa de sus padres por un evento familiar y él se quedaba con el piso a su disposición. Programó con su novia un fin de semana de pedir comida y vivirlo desnudos y haciendo el amor a todas horas. "Eso me curará de tanta gilipollez" se dijo para si.
María llegó la tarde noche del viernes con un pequeño neceser con los utensilios imprescindibles para cualquier mujer que va a pasar un par de días sin salir.

- ¡Vaya María! parece que vamos a estar una semana. ¿Qué traes ahí? - y a tiempo que lo decía Abel abrió el neceser y lo primero que vio fue un dildo de proporciones algo más que regulares.
- ¡Caramba María! parece que piensas que con la mía no vas a tener suficiente que te has traído una ayuda.
- Se la he cogido a mis padres. Yo no se como lo usan pero lo tienen muy guardado en la cómoda entre las sabanas de cambio. 
- Como lo quieran usar este fin de semana tus padres.
- Que va. Van a un retiro de la iglesia y no creo que ahí necesiten esto. Mira. Tiene mando a distancia y vibra. Yo nunca lo he usado y me pareció que ya que tu has tenido otro tipo de experiencias a lo peor sabías como se usaba.
- María, no me castigues más con eso. Me engañaron entre Marcos y su novia. Nada más.
- Y nada menos. Pero a lo mejor, quieres tu probar por detrás, no es la primera vez que te has puesto pesado, que he traído también el lubricante que ellos usan y yo puedo estimularme por delante. Supongo que sentirse cogida por los dos lados tiene que tener su morbo. ¿Qué te parece?
- Mira lo que me parece - y diciéndolo hizo resalte a través del pantalón del volumen que había adquirido su sexo.
- Mmm, cariño, vamos a la cama ya. Parece que la tienes hasta más grande. A que al final voy a tener que agradecer a ese  Marcos tus dimensiones.
- Por favor María, no empieces - le susurró al oído mientras le mordisqueaba la oreja -  me apetece que lo hagamos en el sofá primero. Quiero follarte el culo ahí mismo, como si fueras una perra tirada - y se entusiasmó con su idea - ¿eh, guarrilla?
- Me voy a correr si sigues por ese camino - la voz se le truncó en un gemido de excitación - habría estado bien ver como el maricón ese te sacaba la leche con la boca, ahora quiero sentir como disfrutas y me preñas el culo.
- Me parece que me voy a correr antes de meterla como sigas así. Este tipo de sexo bajuno y arrabalero me vuelve loco.
- ¿Y que tal un felching después antes de que me folles como dios manda.

Cuando escuchó la palabra, Abel se trasladó instantáneamente al salón de la orgía en la que le sodomizaron a él una y otra vez y cuando aquello dejó de ser tortura para convertirse en fuente de disfrute cayó en la cuenta de que cada vez que un tipo le preñaba unas veces Lola y otras Lucas pronunciaban esa palabra y se lanzaban a su ano a recoger lo que de el salía. Luego sin excepción los dos lo compartían en un beso asquerosamente lubrico pero que a él le excitaba como nada más había podido excitarle la lujuria. Cuando fue consciente de eso deseaba que otro tío le sodomizase para sentirse lamido y chupado en su ano y regocijarse en el acto viendo como se escupían Lola y Lucas los mecos en la boca ante el aplauso general.

- María - Abel se separó un poco de su novia con cara de extrañeza - ¿de dónde has sacado tu ese palabro. Realmente sabes lo que es. Lo asqueroso que es?
- Abel, amor mío - María puso cara de gatita enamorada y en un susurro continuó - ¿de verdad te crees que después de estar en Praga seis meses con gente de muchos países, cada uno de su padre y su madre, me he dedicado a guardarte ausencia? He aprendido. Me han enseñado, muchas cosas. Muchas - y mientras le explicaba le acariciaba sus bolsas y verga con mucha suavidad - La primera vez que me la metieron por el culo, yo estaba jugando a ser una perrita, estábamos de coca hasta las cejas y un tal Sasha me iba a montar. Yo estaba medio loca porque ya había estado en una fiestecita de estas y había visto, mas que hecho y en esa fue en la que una tal Valina me hizo correrme cuatro veces seguidas con la boca. Bueno total, que ésta segunda fiestecita decidí que iba a ser la perrita, Valina por debajo mordisqueando el clítoris unas veces y mamando polla de Sasha según salía de mi coño. Me pareció genial. Iba a disfrutar. Estaba ya relamiéndome cuando el tío me susurra algo al oído en checo.
- ¿El qué?, entre tu relato y el masajeo profesional esas haciendo que la leche me suba hasta la punta. ¿Qué te dijo?
- Zasraná děvka.
- Vale, y que significa. Supongo que un borderío irreproducible, pero qué.
- Ahora te lo digo. Pero tal como lo dijo me metió un leznazo que hasta me maree. De momento fue dolor y luego deseo irrefrenable de que me taladrara. Le dije, de verdad: "Reviéntame el culo, cabrón" no se si me entendió pero arremetió con mucha fuerza y de pronto empezó a gruñir como un cerdo herido y se derrumbó encima.
- Vale, que te hizo gozar como yo nunca lo conseguiré. De acuerdo. Pero ¿Qué significa ese borderío checo?
- Algo así como Mala Puta, o Puta Perra. Yo en ese momento no lo entendí, aunque capté la intención y me calentó mucho.
- ¡Perfecto! te gusta que te humillen mientras te follan, ¿eh, zorrita? - y diciéndoselo le metió en la boca los cuatro dedos de su mano izquierda hasta dentro, lo que provocó una nausea y a la vez con la mano derecha le metía tres dedos por el ano - María desorbitó los ojos que empezaron a llorar por el efecto nausea pero se desarmó sin intención de defenderse. Entonces Abel enfiló su capullo y de un solo golpe de cadera la penetró el ano salvajemente -
- ¡Si, mi macho! destrózame el culo y luego préñame como a una perra - y diciéndolo se metió profundamente el dildo vibrador por su vagina. Mientras Abel bombeaba una y otra vez con ansia ella accionaba el vibrador a su máxima potencia teniendo orgasmos uno detrás del otro - ¡córrete en mi culo Abel, dame tu leche en el culo y luego cómemelo!

Abel deseaba vaciarse dentro de María. Estaba al borde del abismo, pero no terminaba de coronar la cima. Ponía intención y todas su fuerzas. Hasta que trajo a su memoria el momento en que le follaban a él y le daban lefa en su boca y sintiendo que se corría con ese recuerdo se la sacó. En ese instante se dio cuenta de hasta que punto estaba infectado del sexo que aprendió en aquella orgía.

- ¿Ya, ya has acabado? yo llevo ya seis orgasmos con este vibrador y estoy agotada.
- ¡Que va! no puedo. No se que me pasa pero estoy a punto y en el ultimo momento se va. No se.
- Pero la tienes dura. No es por que se te baje. Mira cariño, métemela por delante, como siempre y no te preocupes, estoy tomando la píldora, lo de probar por el culo ha sido una mentirijilla mía, me he aficionado en Praga. No se que tiene el ano que engancha. Comprendo ahora a los gays - se colocó boca arriba y se abrió de piernas - entra en mí y vacíate, desahógate y goza de nuestros cuerpos.

Se colocaron en la común posición del misionero y Abel penetró a María con facilidad y comenzó con un lento y fluido baile en el que las caderas hacían la función de bielas que entraban y salían del cuerpo de María que entregada del todo iniciaba la coronación y conquista de su séptimo orgasmo sin que Abel consiguiese ni iniciar el suyo.

- ¿Qué te ocurre amor? noto tu verga dura dentro de mi y sin embargo no acabas.  En Praga, Valina me contó una posible solución que ella usaba cuando quería que el tío que tenía encima acabase cuanto antes. Vamos a probar - y sin preguntar ni explicar cual era la solución, con Abel profundamente insertado en ella agarró el vibrador y lo dirigió al ano de Abel y al principio con cuidado y cuando comprendió que no se quejaba lo hundió en su ano. Abel emitió en ese momento un gemido ronco y profundo e inició un movimiento de caderas frenético que a los pocos segundos se resolvió con un orgasmo bestial - así que era esto. Me ha sorprendido la facilidad con que te ha entrado, y eso que este dildo es un cuatro y medio, que para un culo virgen es mucha tela. no creí, de verdad, que fuera a entrarte. Dime toda la verdad. No fue solo que el Marcos ese te engañara y te la chupara. Hubo algo más. Dime, ¿hubo algo más? En Praga no solo he cursado el Erasmus, he aprendido muchas cosas. Casi  todos los amigos que he hecho allí son abiertamente bisexuales. ¿Tu eres bisexual y me estas engañando con un tío?
- No es tan fácil María, por favor, te lo explico, pero escúchame y no te enfades. No te lo he dicho porque cuando te conté lo de Marcos te pusiste como loca y solo te faltó inyectarme un localizador para tenerme vigilado y así no se puede vivir. No. No fue con Marcos..., o si, no al menos aquella vez en la playa, porque cuando te fuiste de Erasmus sucedió algo que no me vi venir ni de lejos.
- Estás liado con Pedro.
- No, no María, no. Pedro no te haría a ti eso nunca sin decírtelo antes. Ni a mi tampoco. El no ha tenido nada que ver, aunque si pero de forma indirecta.

Siendo interrumpido cada dos palabras por los reproches de María, Abel fue relatando lo que sucedió en aquel Privado del Big Queen y como mientras sucedía estaba relativamente tranquilo porque se daba por drogado y comprendía que no hubiera podido oponerse.

- Cuando hace poco Lola me llamó porque su novio Lucas quería hablar conmigo para disculparse y me confesó que no hubo drogas por medio me plantee mi situación. Si no estaba drogado, ¿Cómo no me revelé violentamente?
- Pues cariño mío, te agarraste a la excusa perfecta para hacer lo que seguramente siempre quisiste hacer pero "tus valores sociales" no te permitían ni planteártelo. Que tu situación, y no puedo reprochártelo, es como la mía, estás descorchado como una botella de champan y no hay forma de volver a meter el tapón, por eso, hasta el día que te mueras estarás buscando quien te tapone y te deje de fabrica. Pero eso ya... Tendremos que buscarnos alguien o alguienes que nos apañen la puerta del patio trasero a los dos, de vez en cuando. Tu puedes apañarme a mi y mientras tanto - levantó en la mano el vibrador - tendremos que ir trampeando con estos juguetitos, aunque comprendo que tu solo con plástico no vas a soportarlo, de vez en cuando te hará falta carne bien caliente. ¿A que no me equivoco?
- Entonces, ¿no estás enfadada?
- Vamos a ver, Abel, no me seas básico, que para dar saltos de alegría no estoy, pero entiendo la situación y solo espero que me lleves cuanto antes a ese Big Queen a ver que se cuece ahí.
- Pues voy a llamar a Marcos, si no te importa...
- Si, llámale, y de paso conozco a ese pedazo de maricón que me quiso quitar el novio.
- ¿Quieres que quedemos para esta noche misma allí? y podíamos terminar esto que hemos empezado aquí con aquellos degenerados allí.
- Me lavaré el culo. Y tu haz lo mismo. Voy a disfrutar viendo como te preñan mientras me comes el coño, y mejor aún después de que me folle alguno, si es que quieren follarse un coño. Quiero verte los belfos llenos de semen y luego morrearte.
- Anda que no has cambiado tu.
- Viajar no es solo trasladar tu cuerpo a otra localización, es deslocalizar tu mente y hacerte entender que esos valores morales de los que no eres ni consciente te limitan y cargan de cadenas. Te impiden pensar con libertad. Si, de acuerdo, te hacen ser baluarte de defensa de tu cultura, pero a costa de hacer de ti un autómata que acaba sin alma entregado a la droga que el grupo te ofrezca para hacerte olvidar lo sin sentido de tu existencia.
- ¡Joder! ¿De que ha sido tu Erasmus de filosofía de Kafka?
- Deberías algún día ir a ver el monumento móvil que tiene allí.
- Antes irá a ver el monumento a Smetana
- ¿A quien?
- Tía joder que perdiste el móvil en el rio que da nombre a su música más conocida..
- Ni puta idea.
- Ya veo lo bien que te ha sentado la Erasmus. Para aprender a follar desde luego, de lo que me felicito. Algún día hablaremos de eso. De momento vamos arreglarnos a ver como se nos da a los dos juntos eso de sexo en grupo. Por cierto, María, ¿Cómo hago para lavarme bien el culo?
- Aprende, coño, que eres mayorcito. Te dejo el cacharro de la lavativa en el baño. Ya nunca salgo sin la pera esa. Nunca se sabe.
- Pero ¿Cómo se usa?

Llegaron al Big Queen a las diez de la noche. Abel estaba interiormente cabreado porque estaba en ascuas deseando llegar dentro y acercarse al Privado. Quería sentir la sensación de indefensión que sintió que llevaba en su núcleo un deseo que no había conocido nunca, quizá solo aquella vez que de púber restregó su sexo contra el gato de su madre y sin más se corrió justo en el momento que el gato le regalaba un señor arañazo en los huevos que llevó con dolor durante días y mucha discreción.
María le notó el nerviosismo, entrando, y le preguntó con sorna si el coño le daba palmas ya.

- Estas nerviosito, Abel, te noto el temblor en todo el cuerpo, tienes tu coño ya bien abierto ¿no?
- La que lo tiene que tener abierto eres tú. Y yo, María por favor, yo no tengo coño, y eso fue una vez porque me pillaron a traición - la voz le tembló un instante porque sabía que estaba mintiendo, sentía que allí, en aquel ambiente deseaba que le taladraran uno detrás de otro y creía que con María se curaría de ese deseo asqueroso. Asqueroso, si, pero lo deseaba y no sabía como desembarazarse de ese deseo.
- No me vengas con milongas, Abel, estas deseando traspasar esa puerta - y mientras los decía hacia un barrido visual por la sala - ¡Abel! no me dijiste que Pedro estaba en su casa, pues entonces su sosias está aquí mismo - Mírale - dijo señalando en dirección a la cortina de terciopelo que daba acceso a la sala desde la escalera - está entrando con dos amigos, supongo que son amigos, no se.
- ¡Hostias! que hace Pedro aquí, me dijo que iba a estar con su madre en su casa.
- ¿Seguro que no habías quedado con él aquí? Todo esto empieza a olerme realmente a podrido, pero estoy muy mojada y quiero conocer una orgía de esas. Las he visto en porno, pero ya se sabe lo que es la industria, puta mentira, así que en vivo no se, además quiero ver como gritas cuando te la claven  bien dentro.
- Nadie me la va a clavar - Abel contestó ofendido incapaz de saber si iba a poder resistirse a no dejarse sodomizar por Lucas por ejemplo como la última vez, pero le irritaba hasta los tuétanos la facilidad con que María le leía los pensamientos - yo te la voy a clavar por el culo mientras una de esas zorras te come el coño.
- ¡Eh, que hacéis aquí! - Pedro les había visto, y abriéndose paso entre la gente, que ya era legión en el local, llegó hasta donde estaban - fíjate que yo no he ido al piso, porque suponía que estaríais allí muy a gustito y no quería molestar. Mi madre acabó con sus asuntos en casa y se ofreció a traerme, porque me dijo que suponía que yo tendría aquí mis planazos. Y fíjate que planazos, con estas dos petardas al lado que no me ligo yo un tío decente ni en tres años.
- Pues nosotros - se adelantó a las explicaciones María - hemos venido porque nuestro sexo necesitaba algo de pimienta - Pedro frunció el ceño con extrañeza y María se acercó al oído de Pedro para decirle algo - total que este me contó lo del privado de este local de maricones, si, no pongas caras raras, que es lo que es, muy animado  y divertido, pero lo es y le dije que quería conocerlo y de paso ver si venir aquí le animaba el muñeco que andaba un poco triste.
- María - Pedro puso cara de asombro divertido -  te veo muy cambiada y eso me alegra, más suelta, más libre, mas dispuesta a aceptar a todos.
- Praga ha sido reveladora - se apresuró a decir Abel - ha descubierto que todos tenemos culo, hasta ella  y todos podemos disfrutar de él, cómo yo descubrí, precisamente en este localito. Lo ha aceptado la mar de bien, ¿verdad cariño?
- Yo tengo que ver como te enculan, amor mío - dijo haciendo una carantoña exagerada -  para creérmelo, y si de paso me enculan a mí, eso que me voy a encontrar.
- Entonces - preguntó con sorpresa Pedro - ¿vais a entrar en el privado?
- Si nos invitan - contestó María mirando a Abel - encantados. Y tú también deberías entrar Pedro, siempre me ha intrigado como la tiene uno de vosotros, ya sabes, los gays. Me gustaría verte en acción.
- ¡Tu estás hecha una perra salida, cariño! - puso cara de niño travieso, Pedro -  Ni sueñes que yo vaya a follar contigo, aunque delante de tu novio tendría su morbo - dijo mirando a Abel poniendo un gesto como de disculpa, del que se ha visto obligado por causa de fuerza  mayor a hacer algo para lo que no estaba preparado.

En ese momento desde la zona del local donde estaba el privado una mano en alto se dirigía hacia su sitio, agitándose y estando ya cerca, pronunciando lo más fuerte que podía el nombre de los amigos.

- ¡Abel, Pedro! eh. Las últimas personas que yo me podía encontrar aquí - Marcos estaba exultante - y tu - dijo dirigiéndose a María - la novia de Abel, supongo. ¿Se lo has contado todo. Abel?
- Es mi novia María - Marcos se acercó y le do dos besos de saludo - Todo de todo, incluida orgía en la que me inoculasteis el virus del ano, tanto que ahora si no me lo estimulan me corro con dificultad.
- No exageres, Abel, con dificultad, no es lo que mas se acerca a la verdad - María entonó como quien está leyendo la verdad universal, cargada de razón - es que sencillamente no se corre, ¿cierto o no? - encaró a su novio y sin dejarle contestar prosiguió - tuve que meterle por el culo un consolador vibrador para que se viniese, porque me iba a despellejar la vagina de tanto traqueteo y no había manera.
- Entonces, ¿vais a entrar. Tu también quieres entrar? - le preguntó a María.
- Precisamente vengo a entrar. Si no es así salgo ahora mismo de este antro.
- Aunque veas mucho maricón, cariño - se puso más serio Marcos - el núcleo de lo que vas a conocer es bisexual. Tienes que estar preparada para si una niña te echa mano al coño, que respondas con cordura. A ver si vamos a salir a hostias.
- Marcos, amor - María se puso arrogante - yo creo que en Praga, haciendo recuento, me he comido más coños que pollas, y de esas me he comido unas cuantas. Lo del Erasmus es todo un hallazgo.
- Entonces perfecto. Pedro, ¿tu también?
- No me lo perdería por nada del mundo. Ver como enculan a un hetero mientras él encula a su novia y otro cualquiera la remata por delante. Va a ser ilustrativo. Espero que haya alguien haciendo fotos.
- Lo siento. Ahí dentro es pecado mortal. Y otra cosa. Abel, la otra vez tu eras el centro, eras el nuevo, la expectación. Hoy habrá otro que será el tarjet hacía quien se dirijan todas las miradas. ¿No te importará verdad?
- En absoluto, hoy quiero ser depredador y taladrar un culo virgen, sea de quien sea.
- De todas formas - se acercó a Abel de forma confidencial - dentro está Lucas, que quería disculparse - y se echó a reír sin poderse contener - menuda disculpa quería Lucas. Dentro del privado, tu no lo viste la otra vez, estabas demasiado solicitado, hay apartados por si una pareja o un trío quieren algo más íntimo. Lucas no sabía como acceder a ti porque se quedó coladito de tu cuerpo y tu entrega y el señuelo para llevarte al huerto era la disculpa. Y créeme, el cabrón ese se las pinta solo para conseguir lo que quiere.
- Le veré dentro, y a ver que disculpas son esas.
- Pues conociéndole vete preparando boca y culo, no veas como es el cabrón, y tu le has caído en gracia.

Se dirigieron hacia la puerta con el cartel de "Privado" y Marcos dio tres golpes secos con los nudillos y al momento la puerta se abrió y aparecieron la caras de Mariola muy cerca de la de Lola que llevaba rodeada con su brazo por el cuello, las dos muy sonrientes, apariencia de felicidad, miraron a la reunión y se besaron en la boca.

- ¡Uy, uy, uy! la noche promete, Abelito el mamoncete con su criptonovio Pedrito, van a saltar chispas. ¿Y el chochito que nos vamos a comer, quien es?
- Soy la novia del mamoncete, quiero comprobar no ya como la chupa sino como le trastean el culete mientras me folla a mi, zorrita.
- ¡Bien, Lolita, bien! ésta es de las nuestras, nos lo vamos a pasar de lujo - y volvió a morrear a su amiga mientras se apartaban a un lado - entrad, joder, que se escapa el duende.

El ruido de la cafetera y el entrechocar de cacharros hicieron que Abel se despertara. Pedro en la cocina preparaba más un brunch, por la hora, que un desayuno. Miró el reloj para comprobar una vez más que eran las doce y media.
Abel se removió en la cama, haciéndose el remolón por vaguería intentando abrir los ojos para que la luz del mediodía no le cegase. Abrió la boca para llamar a su roomie pero la voz le salía débil y desistió de llamar a Pedro. Murmuró con rabia "mariconazo" y el cabreo le ascendió como espuma de cerveza caliente tirada delo alto hasta estallarle en la garganta y gritó "Pedro, joder"
Pedro termino de freír el último huevo de la comida, apagó el gas y se acercó con tranquilidad a la habitación de Abel. Había notado la violencia en el grito, pero no era capaz de averiguar que podía hacerle estallar de esa manera.

- ¡Vamos, tío! arriba, el brunch está preparado y como nos descuidemos es una cena. ¿Qué quieres? - preguntó desde la puerta con entonación de hartazgo - no me digas más, el típico "que borracho estaba anoche, no me acuerdo de nada" tan aburrido de vosotros los heteros cuando acabáis descubriendo lo rico que está un rabo.
- ¿Y un coño, no, verdad? - dijo con una rabia violenta que no conocía en él y gritando incorporándose en la cama echando con fuerza la sabana lejos quedándose desnudo delante de Pedro.
- ¿Y eso, a que viene ahora? - preguntó Pedro con calma sorprendida.
- ¡Ah, vaya! ahora eres tu el que estaba tan borracho..., ¡cínico!
- ¡Abel por favor, despierta! ¿Qué pasa?
- ¿Qué que pasa?, ¿Qué que pasa? ¡Que te follaste a mi novia, joder! y todavía no se porqué no te mato, cabronazo disfrazado de maricón.
- ¿Qué yo que? 
- Si, niégame que se la metiste en el cuerpo a María y no sabría decir si por el culo o por el coño, pero ella te cabalgaba la polla y yo no podía acercarme.
- ¿Cómo te ibas a acercar? Te estabas tragando el rabo de Lucas mientras Marcos te preñaba, ¿Y sabes porque lo se? porque era yo el que te la chupaba bajo el cuerpo de Marcos que te follaba. Mamándotela a ti, llegó María con Mariola y se me ensartó sin que yo pusiera ninguna intención. Si se la metí en el coño, no lo se. Eso si te puedo decir, si era el coño, es una sensación muy dulce, menos intensa, más extensa en el tiempo pero descargué en ella. Por cierto, tienes una lefa muy fuerte y abundante. Te corriste en mi boca. ¿Cómo es la leche de Lucas?, ¿También te la tragaste, como yo la tuya?
- Fue una locura - su tono bajo la intensidad de violencia - yo vi como María te cabalgaba y me volví loco, pero estaba bien cazado por las dos pollas por mis dos agujeros, y no te voy a engañar, si, por arriba y por abajo es adictivo y espero volverlo a repetir. ¡Ah! y otra cosa, tienes una lengua prodigiosa - y diciéndolo sintió que su cuerpo respondía positivamente.
- Ya, ya. Me doy cuenta todo lo prodigiosa que es - dijo mirando sonriente a la entrepierna de Abel que ya exhibía una erección soberbia - si quieres puedo recordártelo, pero creo que sería mejor ir a la cocina a comer algo antes de que se enfríe.
- Pero tenemos que hablar de todo ello - dijo serio Abel sujetándose la verga dura con las dos manos, como si quisiera sacar de la ecuación el sexo que le delataba.
- Con María delante, supongo. Ella tendrá algo que decir.





jueves, 25 de junio de 2026

¿AMIGOS O ALGO MAS? (4)

 

- ¿Qué haces este finde? Abel preguntó a Pedro cómo de pasada, como una frase hecha, casi una obligación de buena educación con el compañero de piso.

Desde que Abel y María se habían reconciliado después de las sentidas explicaciones de Pedro para excusar a su amigo, la vida social de cada uno iba por derroteros diferentes. Estaban en el segundo año y María marcaba estrechamente a Abel, siempre escamada con su novio que no sabía cómo tenerla segura de que aquello fue una encerrona y nada más. Todo el curso anterior y lo que llevaban de este Pedro y su pandilla de amigos, gays o no, salían los fines de semana dónde hiciera falta y si Abel se apuntaba era con María presente que no dejaba que su novio cruzase más de dos palabras con nadie. Casi siempre al poco de llegar con cualquier excusa abandonaban el grupo. Pedro le decía a Abel que se pusiera en su sitio que su novia le tenía demasiado controlado, como si fuera un macho con todos los vicios de un macho tóxico que no deja a su chica ni ponerse determinados outfits. Abel se enfadaba con Pedro, aunque sabía que era verdad, razón por la cual el carácter expansivo y arrollador de Abel fue desapareciendo dejándole como una mala caricatura de quien fue el cuando Pedro le conoció. María por su parte culpaba a Pedro en buena parte de lo sucedido a su novio por lo que sus charlas se fueron distanciando hasta perder en la práctica su amistad.

- ¿Quién se ha querido morir?
- ¿Cómo Pedro?
- Que hacía eones que no me hacías una pregunta así, como últimamente, bueno últimamente, hace un siglo, no tenemos intimidad, ni de la que teníamos ni de la que ya me gustaría tener a mi. Tú sabes.
- Ya, ya sé lo que dices, pero es que ¿Dónde coño voy a ir yo solo el finde?
- ¡Hosti, tu! Solo, ¿Y la centinela de la mazmorra?
- Está de Erasmus.
- ¡Joooder! ¿Y me entero así? Cuando coja a esa perra y me importa un carajo que sea tu novia, bueno, tu carcelera, la despellejo. ¡Con lo que hemos sido que solo nos faltó follar detrás de los contenedores del instituto!¿Pero porque no has dicho nada, cabrón? - Pedro dio un paso agresivo acercándose a Abel pleno de indignación
- Me prohibió que lo dijera - lo siento.
- Coño, Abel, ¿tanto tira un ídem? De verdad tío, lo siento te ha desbaratado - se acercó del todo a su amigo con expresión de solidaridad ahora en lugar de ira y le estrechó en un abrazo. Sintió como Abel rompía a llorar y sintió el impulso de consolarle con un beso, pero se cohibió - vamos a ir a una disco retro de petardas, drag y eso. No sé si a ti esas cosas… Y además van venir Marcos y Mariola
No creo yo…
- ¿Y porque no? - contestó con hábito de derrota Abel - ¿Qué puede pasar, que me dé por culo un tío? Creo que las alturas en las que me muevo hasta agradecería probar a ver - se dio cuenta lo que la desilusión le había hecho decir y rectificó - ni me hagas caso, tú me conoces.
- Hombre Abel - imposto incómodo - si alguien tiene que descerrajar tu puerta trasera, ese soy yo. Que no me entere… - y ahí rompieron a reír los dos - Bueno, entonces ¿vienes?
- Pues claro.
- ¿Y dónde ha ido tu perra, perdón, María.
- A Praga.
- No se va comer una rosca con ese endiablado idioma, pero ella sabrá. Ni le vayas a decir que me lo has dicho que se vaya al puente de Carlos a acariciar al puto perro.
- ¿Qué?
- Nada, que te lo explique ella.
- Y en ese sitio que vais a ir, ¿hay tías normales?
- Abel, por dios si hay alguna tía anormal es tu novia. Ahora si te refieres a que pueda haber heterosexuales de uno u otro sexo, seguro que si, no vas a ser el único como un bicho raro que se exhibe en una feria. Tú vienes con nosotros, te dejas tus prejuicios en la puerta y que salga el Abel ese que conocí hace mil años - Pedro cambió su tono entonces, a más cordial, más familiar - Abel no sé si te ha olvidado, pero te quiero, joder, te quiero- Abel quiso interrumpir pero Pedro le frenó - No, déjame seguir. Y si, de esa manera no puedes impedir que te quiera también, pero ahora hablo de la otra. Me duele en lo más hondo verte devastado por tu relación y no sé cómo ayudarte. Si, quiero que vengas con nosotros y te diviertas y que vuelvas a ser ese macho zafio y espontáneo que me enamoro nada más verle.
- Me he hecho a María y no sé cómo desengancharme, es una droga para mí. ¿Crees que no me añoro a mí mismo? Y otra cosa, y no vayas a interpretarme mal. De vez en cuando al rememorar el incidente con Marcos en la playa, me sorprendo a mí mismo dibujando una sonrisa bobalicona en mi cara, y eso me hunde más todavía y hace que necesite más María porque sigo sin perdonarme que disfrutase de esa mamada.
- Abel, ¿Qué de malo habría que fueses bisexual?
- ¡Calla, joder! Ni me lo menciones, solo de escuchar como lo dices se me encoge el corazón. Si así llegase a descubrirme creo que haría una puta locura.
- Venga tío, no lo pienses más, se acabó. Mañana te vienes, vamos a un sushi primero y luego unas copas y al Big Queen. Además actúa la drag más increíble “La Celine” por la Dion, ya sabes. Y hace un número que te cagas.
- No se.
- Se acabó Abelito, si sabes, porque te lo dice tu amigo el maricón - hizo un movimiento afeminado y exagerado con las manos para enfatizar lo que acababa de decir y sacó una sonrisa de su amigo.
- De verdad Pedro, no sé qué haría sin mi amigo…, el maricón - y se echó a reír sinceramente de su ocurrencia.
- ¡Así me gusta verte Joe! Te has atrevido a pronunciar la palabra maldita sin violencia, cargada de cariño. Por algo se empieza. A ver si a María se la folla un checo y se te desengancha. Y me voy que llego tarde. Mañana te quiero guapísimo, que quiero presumir delante de las reinonas de amigo hetero.

Al día siguiente Abel se dio cuenta que se comportaba como hacía meses que no lo hacía. Abrió su armario y vio la ropa eligiendo cuidadosamente unos chinos que le marcaban el culo haciéndoselo aún más convexo, más visible y una camiseta de licra que le marcaba los pectorales y su perfecta tableta y unas deportivas de piel blancas sin excesiva suela. Se miró al espejo y se gustó y pensó “voy a estar arrebatador para esta pandilla de locazas, y espero que a Pedro le guste” Al pensar esto último se extrañó, a Pedro no tenía porque hacer nada para gustarle, él ya sabía que su amigo bebía los vientos por el, pero muy dentro sentía que de no sabía qué manera quería sentirse guapo para el. Se perfumó con una amaderada con poca especia y tabaco y se dio por satisfecho. No dio más importancia al asunto y en ese momento entró su amigo corriendo al apartamento para vestirse. Se detuvo en seco y se quedó con la boca abierta.

- Joder, Abel, ¿tú qué quieres que te violen en grupo? Eso amigo es provocación y no sé cómo me contengo. ¡Ese culete! Por favor me voy a morir aquí mismo.

Cuando llegaron al Big Queen los amigos de Pedro estaban esperándole. Se les descolgó la mandíbula extasiados ante la contemplación de semejante Apolo.

- ¡Maricón! - Sebastián fue el primero en reaccionar - ¿Qué tú tenías esto guardado y no habías dicho nada, perra?
- Este es Abel y os he hablado de él hasta aburriros, mi colega de piso, mi amigo del alma y…, como  nadie lo tiene todo, heterosexual de libro.
- Y entonces… - dijo Pablo mirándole de arriba a abajo mientras se relamía - ¿Qué está, la otra, de vacaciones y por eso viene con nosotras?
- De vacaciones, bueno de Erasmus, que es casi lo mismo, la novia que se ha ido a Praga. Está el chaval aburridote y se ha venido.
- Pues aquí se va a entretener, bueno, le vamos a entretener entre todas - y soltó una carcajada cohibida jaleada por el resto de amigos.
- Bueno, ya está bien de coñas, que me lo estáis cortando, vamos a entrar - se puso serio Pedro.
- Caramba, ¿aún estáis aquí, tan importantes somos como para esperarnos? - Marcos y Mariola llegaban en ese momento.
- Ya estamos todas, oculta incluida - sentenció Sebastián - con su justificante sin polla, que por cierto va muy mona. Mariola cariño, dentro está Lola, tu amiga del alma. Y su novio, Marcos, quizá te interese, machote.
- Pedro - Abel se llevó a su amigo a un apartado con firmeza, indignado - ¿Está gente sabe lo mío, tú has dicho algo?
- ¿No me conoces aún? Y ha pasado un año Abel. Si saben algo tiene que ser cosa de Marcos, o de Mariola, que tú todavía no la conoces bien. Vamos, olvídalo y vamos dentro.

Al Big Queen se entraba por una puerta estrecha de paso que se encontraba en la misma fachada de un bar llamado Little King. Si no sabías lo que allí había, nunca habrías  podido imaginarlo. Se bajaba una escalera empinada de un solo tramo que moría en una espesa cortina de terciopelo negro, tras de la cual un ambiente ruidoso y neblinoso te hacía acceder a un mundo onírico. Si, creerías haber entrado a un mundo irreal. Junto a perfectos smoking había mucho correaje claveteado, arneses, incluso de boca sobre escultóricos cuerpos bronceados desnudos absolutamente, salvo por complejos artefactos destinados a mantener una castidad nominal. Enrevesados peinados de pelucas excesivas sobre caras decoradas como telas de un Picasso pintado un día de demasiado Pernod. Hombres con máscara de perro y manoplas, collar al cuello con cadena que portaba un oso revestido de cuero y gorra de motero. La música invadía de forma abusiva cualquier recóndito chiscón en el que uno quisiera refugiarse. Y las luces. Podrían haber mareado al más avezado tramoyista de una opera punk. Sencillamente no dejaban razonar, solo sentir. De alguna forma el local se asemejaba a una instalación de aislamiento sensorial en la que en lugar de querer anular cualquier sensación trasmitida por el medio, saturaban esas sensaciones al punto de no saber si tocabas o eras tocado. Los reunidos en aquel ambiente formaban parte, quisieran o no, de un organismo superior que era quien decidía que se podía sentir y que no. Abel empezó a marearse pero no hizo nada por resistirse, le resultaba agradable esa sensación de flotación ingrávida. Y en ese momento alguien le tomó del brazo. Miró y era Marcos. Abel no se mostró esquivo, le agradó que Marcos viniera a saludar. Y cuando esté haló de el, se dejó llevar. Es más, supo que deseaba que Marcos le arrastrase, ¿Donde? Le daba lo mismo. En aquel lugar de embriaguez aunque no existiera alcohol, todo daba igual, y era bonito, no censurable y muy aceptable. Allí la moral estaba disuelta en la ética de cada cual. Era la patria perfecta, pensé Abel
- Sígueme - en la voz de Marcos había urgencia, había deseo, había dominio - al otro lado de aquella puerta está Mariola. Aquí y ahora vas a conocer lo que es sexo del de verdad, no esos torpes intentos de satisfacerte como un púber que acaba de descubrir que ese trozo de carne sirve para algo más que mear - y al tiempo que lo decía giraba el pomo de una puerta en la que rezaba “Privado. Solo personal autorizado”
- ¡Abel! - la voz imperiosa de Pedro resonó por encima del tumulto - ven conmigo.
- Voy con Marcos - volvió la cabeza para contestar y en ese momento asomó la cabeza Mariola vestida con un body exiguo de tafilete muy ceñido con un zurriago en la mano.
- Deja que se vaya, Marcos, ¿Aún no te has dado cuenta que es un estrecho? Lo está deseando pero no tiene huevos como todos estos machotes.
- Ya vuelvo yo solo, Pedro, ya soy mayorcito - respondió envalentonado Abel.
- Abel, por favor, no sabes dónde te metes. No entres ahí o te arrepentirás - rogó Pedro.
- Creo que estoy ya arrepentido de casi todo Pedro - y lo dijo en un tono de rendición, de abandono, de hundimiento total y se dejó llevar de la mano de Marcos dentro del privado.

Pedro llegó al apartamento clareando el día. Había pasado la noche con un ojo en el escenario y otro en la puerta por la que desapareció Abel. Entraba y salía gente pero Abel no era ninguna de ellas. La actuación de Celine fue memorable, como siempre, la emperatriz del Big Queen y se prolongó hasta altas horas. En ese tiempo Pedro trabó amistad con otro espectador frisando la cuarentena y acabaron la noche en casa del otro.
Nada más entrar en la casa lo primero fue ir a la habitación de Abel. La cama hecha y ni rastro de su presencia. Se desesperó y le echó la culpa tácitamente de que la noche con su pareja ocasional no hubiese podido ser tan redonda como esperaba.

- ¿Qué te pasa, estás incómodo por algo que haya podido hacer? - Álvaro decía esto con la mayor cautela mientras apartaba el cabello de los ojos de Pedro.
- Estoy preocupado Álvaro. Un buen amigo, hetero, te lo aseguro, al que su novia putea sin misericordia estaba tan abatido que lo llevé a ver a Celine y allí se encontró con un tío que conoció el verano pasado en la playa y que no parece trigo limpio. Tiene el cabrón novia y todo, pero eso, con conocimiento de ella no le impide trajinarse al que le gusta utilizando a la novia para la trampa. Y anoche metieron al privado a mi amigo y temo a lo que hayan podido abocarle. Es muy inocente.
- Mariola y Marcos, no me digas más.
- Los conoces.
- De largo. Marcos chapero con catorce años hacía la carrera aledaños de la catedral y no solo follaba o se dejaba follar, según pasta. Daba palos también a los incautos que se dejaban sorprender por su supuesta candidez púber y les llevaba a su casa, donde les robaba hasta el aire que respiraban. Su padre es un famoso arquitecto y su madre una alcohólica devastada por los cuernos que le pone el marido, una familia rica perfectamente desestructurada. Marcos desde los catorce años hace lo que le pide el cuerpo. Y Mariola es una niña de barriada deprimida que le da a Marcos lo que necesita, puro vicio.
- De que sabes tú tanto. 
- Soy decorador de interiores y en este mundillo todos nos conocemos. De Marcos dice su padre que es un maricón que está convencido que no es suyo, sino de un antiguo novio que tuvo ella, un tal Ramon, ajustador matricero en una fábrica de coches. Total, que la tal pareja son de cuidado. Mira, chico, vete para tu casa y recoge los trozos e intenta recomponer a tu amigo, y si no está, espérale y préstale ayuda o al menos tu hombro para llorar, que llorará. Quédate con mi teléfono y me llamas otro día, me gustas Pedro y quisiera volver a quedar, la pelota está en tu tejado.

Pedro estaba en la habitación de Abel sentado en su cama, con la cabeza hundida entre los hombros. No sabía qué determinación tomar, si esperar, salir al Big Queen que ya estaría cerrado o deambular por la calle buscando, lo que le parecía una estupidez.
Y cuando más confundido estaba le sonó su teléfono. Con premura lo sacó del bolsillo y un vuelco le dio el corazón. Era Abel.
- ¿Abel, estás bien? Abel, joder, que susto me has dado. ¿Dónde estás? 
- En urgencias del hospital provincial, aquí he venido - y al otro lado de la línea Pedro escuchó llorar sin consuelo a su amigo.
- Tranquilízate Abel, el tiempo de llamar un Uber y estoy ahí. Por lo que más quieras, no te muevas.

Pedro iba en el Prius instándole al chofer a apurarse pues temía que la situación presuntamente inestable de Abel le llevase en un impulso irracional a irse de urgencias. Le imaginaba roto, sangrando por el culo por una irrupción intempestiva contra su voluntad en su cuerpo, con lesiones faríngeas por felaciones abusivas. Se temía lo peor.
- No se vaya por favor vuelvo enseguida - indicó al chofer.
- Imposible chico, tengo otro servicio esperando. Ahí tienes unos cuantos taxis a su disposición. Lo siento, de verdad. Ponme cinco estrellas por favor.

Entró en urgencias intentando mirar a todos lados a la vez y no viendo nada. Fue a la sala de espera, abarrotada de gente, escudriñando la figura de Abel, pero no lo encontraba. Empezó a hiperventilar seguro de que su amigo ya se había ido de allí. Daba vueltas sobre sí mismo mirando a todos lados cada vez más nervioso hasta que una señora le llamó la atención sobre alguien que sobre el fondo de la sala, sentado en el suelo le reclamaba atención. Se giró y se percató una vez más de un vagabundo que ahora con la cabeza levantada y brazo en alto le hacía señas. Pedro se fue acercando despacio intentando reconocer a quien le llamaba y cuando estaba a tres metros se detuvo en seco llevándose la mano a la boca para cohibir un grito de sorpresa y dolor. Se acercó rápidamente.
- ¡Abel, por todos los clavos de cristo, joder, Abel! ¿Qué cojones te ha pasado, te ha atropellado un tráiler?
- Me ha atropellado Marcos y toda su tribu.
- ¿Y qué haces aquí entonces?
- Me encontraba muy mal Pedro y además me duele mucho el culo.
- ¡¿Te han follado el ojal?! A ese cabrón me lo cargo. Venga, vámonos a casa que de esas cosas se algo. A ti no te hace falta un médico, te hace falta un buen amigo y que entienda de estas cabronadas. No creas que yo no tuve también mi primera vez. Venga, levántate y vamos a coger un taxi.

- Y ahora - dijo Pedro accionando la llave de la puerta de la casa - lo primero a ducharte y luego como la madre que te pario te voy a mirar por ahí, a ver qué destrozo hay.
- Déjame Pedro, de verdad, estoy hecho polvo, creo que me he corrido seis veces, más bien me han hecho correrme, ha sido horrible.
- Pero si te has corrido tantas veces…, algo habrás disfrutado. Bueno mira, luego cuando descanses te ducharás y ya me cuentas. Te voy a hacer una infusión fuerte de tila, manzanilla y menta, verás como te relaja. Ay, joder, parezco mi abuela. Venga échate y mañana hablamos. Que descanses, si no te levantas a comer no te voy a despertar. Ahora te traigo eso, no te duermas aún.
- Gracias, gracias de todo corazón. Ahora se lo que es un amigo.

Cuando vio salir a Pedro dispuesto a atenderle, sin la más mínima exigencia, ni reproche, ni petición de explicaciones sabiendo lo que representaba para él no pudo contener el llanto de reconocimiento y alegría por tener alguien así a su lado. Tomó el embozo de la sábana y se enjugó los ojos.

- Ya está aquí la infusión - dijo Pedro en tono alegre entrando en el cuarto, justo para ver cómo Abel se limpiaba las lágrimas - y nada de lloros, tío. Has tenido una noche loca de orgia que recordarás de por vida. Nada más.
- Y nada menos - contestó con cierto alivio Abel.
- Pues hasta mañana, o ya es mañana, bueno hasta cuando sea amigo - le dijo mientras se giraba y encaminaba sus pasos a la puerta, pero le detuvo Abel.
- Pedro…
- Dime, necesitas algo más 
- Si. Por favor, no te vayas. Quédate conmigo, no quiero hoy volver a sentirme tan solo.
- Pero Abel, yo también estoy cansado.
- Échate aquí - y dio dos golpes con la palma de la mano sobre la cama - la cama es de uno cero cinco, caben dos si se lo proponen.
- Abel, tú sabes lo que puede llegar a pasar. Eres consciente que en cuanto sienta tu calor me voy a empalmar como un borrico en celo, mira - dijo señalándose el bulto en el pantalón.
- Pues ponme el rabo, me da igual yo me voy a dormir y después de lo de esta noche que me ha entrado de todo por todos lados no me va a importar sentirte a ti. Disfruta de mi cuerpo, sin pasarse - y sonrió de una forma triste al tiempo que levantaba la sábana - vamos, desnúdate y a la cama. No me dejes solo, porfa.

En cuanto Pedro se metió en la cama y Abel sintió su calor y su roce tranquilizó la respiración, la acompaso a sus latidos que fueron enlenteciéndose y se sumió en un sueño reparador.
Al tiempo que Abel se relajaba, Pedro no podía evitar la excitación. El que durante cinco largos años había sido el protagonista de sus sueños más húmedos estaba a su lado, desnudo, durmiendo rozándole y lo único que podía era velar su sueño. Su miembro estaba a reventar y estaba seguro que si le rozaba con él la nalga a su amigo eyacularía sin remedio. Haciendo un acto de supremo autocontrol se dio la vuelta quedando espalda contra espalda. Paulatinamente el cansancio fue haciendo mella y Pedro también se quedó profundamente dormido.
El sol entraba muy oblicuo por la ventana y daba directamente en la cara de Pedro que no tuvo más opción que abrir los ojos y parpadear porque el sol le deslumbraba. A medida que los minutos pasaban el sol abandonó la cara de Pedro y pudo tomar conciencia de donde estaba. Estaba cara a cara con Abel que seguía durmiendo plácido y sereno, pero se encontraba a un centímetro de su cara y no pudo resistirlo, le rozó los labios con los suyos y sintió que su cuerpo reaccionaba violentamente, tanto, que estando de frente con él su verga rozó la verga fláccida de Abel y no se pudo controlar eyaculó sobre los genitales de su amigo y fue el orgasmo más remunerador de su vida, espontáneo, intenso, avoluntario y desprovisto de culpa. Abel no despertó a pesar de la mojada de semen, seguía tranquilo su sueño. Miró Pedro el reloj de pulsera; las dos de la tarde, se levantó intentando no desvelar a Abel y se fue a la ducha.
Paso la tarde leyendo y sesteando, se imponía recuperar después de la excitante y agitada jornada anterior. Repasó con morosidad todos los detalles, como se despistó de Abel en el local tanto por el brasileño de portada de revista únicamente vestido con un short de cuero negro, el cuarentón tan comprensivo, como por la actuación de Celine en el escenario y los remordimientos que le impidieron terminar en la cama con Álvaro. La sensación de vértigo cuando no encontró a Abel en casa y la desesperación en la acera esperando el Uber. Y finalmente la felicidad total sintiendo el cuerpo desnudo de Abel a su lado en la cama. Se estremeció cuando recordó aquella magnífica petit morte derramándose sobre su compañero.
Estaba con los ojos cerrados ensoñando aún cuando una voz le trajo bruscamente a la realidad. Abel abriendo la boca, la cara relajada y con un ojo cerrado y otro guiñado acababa de entrar en la habitación completamente desnudo.

- ¿Qué hora es, y qué día es hoy? Joder, es de noche, ¿tanto he dormido? Y mira, debí hacerte caso y ducharme anoche…, o cuando fuera, todavía tengo restos de corrida en la pelambrera de los huevos. O me he corrido yo esta noche y no me he dado ni cuenta, o te has corrido tú y…- no pudo terminar la frase porque estalló en una carcajada por lo absurda que le parecía la posibilidad.
- No, verás - Pedro no reía, tenía un tinte ceniciento en la cara y tragaba saliva sin poder articular la siguiente palabra, Abel dejó de reír de golpe.
- No me digas… - el semblante serio se instaló en lugar de su risa en el rostro.
- Deja que te explique - las palabras de Pedro eran sin convicción, vacilantes.
- Creo que no hay mucho que explicar, te has corrido sobre mi polla y eso lo dice todo.
- ¡Pero no es como parece, joder, Abel! Tú me pediste que me metiese en la cama contigo y sabías cuál podía, a buen seguro, ser mi reacción, como fue, de acuerdo, pero fui leal contigo y me volví, te di la espalda y me dormí, cuando desperté tenía mis labios a milímetros de tus labios y los roce en un beso de seda y en ese momento mi polla furiosa de deseo rozó la tuya dormida y no fui capaz de cohibir la corrida. Te lo juro Abel - una lágrima se abrió paso en los ojos de Pedro - te lo juro por el cariño que te tengo, créeme. Me vacíe sobre ti sin querer, con un deseo irrefrenable, si, pero espontáneo, sin querer.

Abel le miraba con frialdad y cara de palo, sin expresión alguna, con la neutralidad propia del que observa una escena que ni le va ni le viene. A Pedro las lágrimas de desconsuelo le rodaban con mansedumbre por sus mejillas yendo a morir en las comisuras de sus labios dando un paladar salado al futuro que se le presentaba con su amigo. Le miraba a la cara con interés casi arqueológico intentando buscar algún gesto que le anunciara que su amistad no había terminado.
Abel, de tener la cara inexpresiva se le fue iluminando con  un cambio de gesto. Primero fue un leve cambio de ángulo de sus comisuras de boca y luego un dulce achinamiento de ojos que presagiaban el inicio de una mínima sonrisa. Finalmente la sonrisa franca triunfó sobre su seriedad de juez y se dirigió a su amigo.

- Me alegro, me alegro mucho. Me alegro que te hayas derramado sobre mi, que me hayas fertilizado sin mi concurso. Te quiero, Pedro, pero no puedo satisfacer tu forma de entender el cariño. Sin mi consentimiento y de alguna forma has conseguido algo de sexo conmigo y lo celebro. Lo de anoche y creo que sin mi consentimiento, fue anoche o cuando, fue brutal, estoy empezando a recordar y todavía me duele el culo. Si tú te has satisfecho conmigo, con mi cuerpo y has sido feliz por eso, te repito que me felicito. Me hubiera gustado ser consciente de tu disfrute pero sabes, que de momento, es imposible.
- No hubiera querido que fuera así. Que tú hubieras podido preñarme a mí - apartó la vista dirigiéndola al suelo - aunque ya sé que debo abandonar ese deseo y lo acepto. Yo también te quiero y porque te quiero te voy a pedir que me dejes mirarte el ano por si tienes algo dañado reparable - se levantó del sofá y señaló el camino del dormitorio - no creo que te importe que mire.
- Después de correrte encima de mi ¿Qué puede importarme que me mires el orto? Además seguro que vas a disfrutar viéndolo.
- No, no - dijo Pedro al ver que Abel adoptaba la posición de oración mahometana - túmbate boca arriba en la cama levantando la piernas y abriéndolas todo lo que puedas.

Cuando Pedro vio el cuadro la erección reclamó protagonismo. Se quedó quieto con la mirada fija en el periné de Abel. El ano de ser un orificio puntual circular se había convertido en una línea de más de un centímetro de largo de bordes algo sobre elevados y algo evertidos. Pedro se ensalivo los dedos y los paso con suavidad por la hendedura. Luego paso a la piel que separaba el ano del escroto y masajeó suavemente apretando en profundidad. En esa exploración preguntó a su amigo.

- ¿Qué sientes cuando masajeo en profundidad?
- No sé, una sensación extraña pero placentera. Aprieta un poco más en ese punto. ¡Ahí! Siento como un calambre muy agradable que me recorre todo el rabo hasta la punta del capullo. ¿Dónde estás tocando?
- Estimulando la próstata a ver cómo de machacada la tienes y además levanta la cabeza y mírate, tienes un empalme suave, pero has reaccionado a la estimulación prostática. Ahora voy a ver el ano que por cierto te lo han trabajado a base de bien. Empuja como para cagar, eso es. Si tío te han desvirgado como para hacer una porno de bottom y no desmerecer.
- ¿De qué?
- Bottom, suelo, él o lo de abajo, pasivo, al que se la meten. Yo creo que está todo bien, con la salvedad de que cuando quieras gozar de culo, podrás hacerlo sin problemas. Te han tenido que follar un montón de tíos y eso si no te colaron una doble, ya nada me extrañaría. ¿Qué pasó cuando entraste en ese privado? De lo que te acuerdes. Si quieres, naturalmente.
- Yo estaba ya un poco flotando, la verdad y cuando Marcos me cogió de la mano y me llevó allí y vi a Mariola con ese atuendo de dominatrix sentí que la polla reventaba las costuras del pantalón y eso me decidió a entrar después de una ligera vacilación. Nada más cerrarse la puerta otra chica que parecía llevarse bien con Mariola, Lola creo que la llamaban, me trajo un chupito que por el color parecía Puerto de Indias pero estaba amargo. Me dijo: “Es para que aguantes lo que se te viene encima” y me cogió el paquete que yo ya tenía a reventar. Un tío que apareció de no sé dónde, aquello era la calle del infierno un día de feria, se me acercó mucho y me echó una bocanada de humo denso y blanco en toda la cara, muy cerca de la nariz, y a partir de ahí solo tengo flashes. Muchas veces me ponían un frasquito en la nariz que olía a disolvente y me decían que aspirase fuerte y lo único que recuerdo es mucha gente alrededor, yo absolutamente desnudo y las tías, Mariola y Lola cabalgándome la cara para que las comiera el coño y mientras, por abajo Marcos chupándomela, y sé que lo era por la forma de hacerlo, recuerdo perfectamente la primera, porque tengo conciencia de las otras manadas y lo hacían diferente. Sé que probé mi semen porque en una de mis corridas en la boca de alguien lo compartió con Lola que me besó después.
- No te dio asco el beso blanco
- Eso mismo me planteé en ese momento, me extrañó que no potase , pero no, tengo que confesar que me excitó. Mientras yo comía coño y me la mamaban, alguien, he de decir que con sabiduría me manejaba el ano. Como Chema el año pasado en Azul, pero mejor, no me disgustaba. Me dejé llevar y en una de esas sentí, no dolor, de verdad, me acordé de ti y sentí alivio de que cuando te lo hicieran a ti no te doliera. Sentí una sensación como que me cagaba, mucha tensión de estiramiento por ahí, pero no era dolor. Esa sensación duró muy poco y enseguida sentí placer en el capullo como cuando tú me has masajeado ahí. Y detrás de ese vino otro y otro y creo que me desmayé. No recuerdo haberme vestido y además yo salí con una licra que me marcaba los abdominales y cuando me vi en urgencias tenía una camisa que no reconocía. Alguien me metió en un taxi y cuando me preguntó la dirección le dije que a urgencias porque me dolía el culo, me metí la mano y estaba demasiado húmedo. Pensé que era sangre y por eso fui a urgencias. Ya allí me vi la camisa y me asusté más aún. Y te llamé, que ni me planteé si tenía cartera llaves y teléfono, me eché mano y allí estaba todo.
- Cuando llegué estabas muy desorientado. Menos mal que me llamaste.

En ese momento sonó el teléfono de Abel. El frunció el ceño de extrañeza, como diciendo “¿quién podrá ser?” y se dirigió al dormitorio a coger su móvil. Llegó a su habitación y levantó el teléfono.

- Pedro, es un número desconocido de… República Checa.
- ¡Cógelo coño! Qué es María. ¿O conoces a alguien más de por allí?
- ¿Dígame? - pulso el icono de descolgar.
- Abel, soy yo, María. Se me ha caído el móvil al Moldava en un paseo que dimos por el río en vapor cito y estoy llamando del teléfono de una compañera.
- Es que he visto número desconocido y porque Pedro me ha dicho que eras tú.
- ¿Estás con Pedro? - preguntó con entonación de extrañeza.
- Es mi compañero de piso, ¿con quién si no?
- Perdona, lo había olvidado, perdona, perdona. Dale recuerdos. Quería hablar contigo. Si te parece mañana lunes hablamos por skype y así te veo, ¿vale?
- Claro, vale.
- Te quiero Abel, perdona por todo lo que te he hecho pasar, perdona…
- Mañana hablamos, cariño. Yo también te quiero. Hasta mañana - pulsó el icono de colgar y se quedó mirando a Pedro con expresión dura - Ahora. Se da cuenta, ahora. ¿Sabes, amigo? Creo que he empezado a ser otro. La puta orgia esa ha alumbrado otro Abel. Creo que voy sabiendo a quién y a quien no debo atender en sus demandas. Es como si a base de pollazos me hubieran despertado y me hubiera dado de golpe cuenta de que color está hecho el mundo y no es el que yo, soñando, imaginaba.
Pero, amigo mío, a mi me gustan las mujeres, no los hombres. Me atraen unas caderas anchas y unos hombros estrechos que soportan unas tetas amplias. La naturaleza me ha programado para seleccionar las que puedan parir y amamantar con garantía de perpetuarme en los hijos, me gustan a rabiar las tías lo llevo grabado a fuego. Ahora lo sé conscientemente. Me lo ha desvelado la desmesura de la otra noche. Estoy preparado para saber hasta donde puedo abrirme. No volverá a suceder el contar a María lo sucedido con Marcos. Entonces, como lo rechazaba de forma visceral tuve que decírselo, pero ella no me creyó, porque las mujeres están programadas para conocer a quien puede fecundarlas. Ella supo, que si me gustó lo de Marcos en la playa antes de que yo lo supiera. Y si, no quiero negarlo, no a ti, que sé que me eres leal, a partir de determinado momento disfruté del lance. Disfruté que me sodomizaran varias veces, bien es verdad que mientras mordisqueaba un clítoris duro, pero cuando en lugar de clítoris me entró en la boca un rabo enorme también gocé del momento. Estaba rompiendo la norma y eso me hacía sentir autónomo, no sujeto a complicados juegos hormonales y sociales, estaba trasgrediendo la ley, estaba robando el fuego de los dioses. Si, como a Prometeo se me castigará con la conciencia del saber, y esa verdad me roerá ya para siempre las entrañas y no habrá descanso. María no se enterará por mí de lo de la otra noche, porque con ella seré el macho fiel hasta la muerte, pero no te quepa duda que en el momento adecuado le abriré los ojos, porque a Marcos pienso volver a verle y su teléfono lo voy a averiguar. La orgía de la otra noche tengo que experimentarla pero sin estar medio inconsciente. Sencillamente ahora que tengo cierta idea quiero aprender a practicar sexo con tíos, con tías presentes, naturalmente. Sin ellas seguramente me convertiría un eunuco funcional.
- Yo te doy el teléfono de Marcos, por supuesto. Parece que por el culo te entró algo más que unas pocas pollas, te entró el virus de la libertad consciente.
- No te confundas, Pedro. Se me seguirán yendo los ojos detrás de las tías de bandera pero si un día se me van detrás de unos hombros anchos una sonrisa franca y un abrazo sincero, no voy a escandalizarme lo aceptaré con la humildad del que sabe que nadie tiene todas las respuestas a todas la interrogantes por muy simples que sean.
- Entonces, conmigo no…
- Contigo, no se. De momento los tíos así en seco con cariñitos y tal, no me seduce nada. Si te encuentro en una orgia bien montada seguro que te como hasta el culo - y estalló en una carcajada de la ocurrencia.
- Dime ya dónde es esa orgia - y soltó otra sonora carcajada ante lo que Abel se le acercó y le estrechó en un abrazo. La respuesta del cuerpo de Pedro ante el abrazo desnudo fue automática.
- Vaya, vaya - sonrió Abel bajando su mano y sopesando la dureza de la erección de su amigo - sí que vas tú en serio - Miró la verga de su amigo reposar en su mano y la soltó con delicadeza - pero ya sabes que de momento eres mi gran, mi enorme amigo, nada más.
- No pierdo las esperanzas. Antier si alguien me hubiese dicho qué hoy ibas a cogerme el rabo le hubiera tachado de loco y mira. Me doy por satisfecho, por ahora.

lunes, 15 de junio de 2026

¿AMIGOS O ALGO MÁS? (3)

 

- ¡Eh! los de ahí. ¿os venís a tomar el sol y bañarse un poco en bolas? - Marcos cogido de la mano de Mariola gritaba bajo la ventana que daba a la playa a Pedro y Abel.
- Yo no puedo - asomó la cabeza Pedro, cariacontecido - tengo que acompañar a mi madre al super, que dice que ya que gastamos tanto liquido, al menos debería ayudarla a traerlo a casa. Abel irá con vosotros, ¿no Abel?
- Claro, Marcos - asomó la cabeza Abel al lado de Pedro - me apetece echarme en la arena a tomar el sol un rato.
- Pues venga, baja.
- ¿Hoy no hay tabla? - preguntó apenado Abel.
- Hoy no, que se me mosquea Mariola, que dice que la tengo amortizada.
- ¡Es que es verdad, Abel! - se quejó Mariola - con las putas tablas, parece que eres tu el novio de Marcos.
- ¡Joder! que fijación con hacerme novio de todo el mundo aquí. ¡Claro! sin tablas y mientras yo me baño os vais detrás de una roca y os hartáis de follar.
- ¡Venga baja!

Otra vez. Que manía todo el mundo con verle como novio de otro tío. Abel estaba realmente disgustado. A ver, se dijo, si es que yo no veo lo que ven los demás y resulta que soy más maricón que Pedro y yo estoy nada más que confundido. Me miro bien dentro y mira que he tenido oportunidades, porque Pedro en los cuatro años de instituto anda que no me ha tirado tejos, directos e indirectos.

¡Y no, joder! - Abel expresó en voz alta, llevado de la autoindignación, sus pensamientos.
¿Qué no, que? y con esa mala leche.
- Nada, nada, estaba en un pensamiento y lo he verbalizado. Lo siento.
Pues tenía que ser  muy incordiante porque la mala leche con la que lo has dicho - se quejó Mariola.
- Es por lo que has dicho tía, que ya estoy muy cansado de que me llamen novio de cualquiera.
- Era una broma, joder, Abel, venga tío, que estamos de vacaciones - le quitó hierro al asunto Marcos - vamos a bañarnos hombre, alegra esa cara.
- Vosotros ir poniendo las toallas, que yo me voy al agua - dijo  mientras corría a bañarse quitándose el bañador dejándolo tirado sobre la arena.

Cuando salió del agua ya más calmado sacudiéndose la cabeza y escurriéndose el agua de los ojos vio a lo lejos algo que no pudo evitar que su cuerpo reaccionase ajeno completamente a su control. Mariola estaba de rodillas de espalda al rompeolas y frente a ella de pie Marcos exhibiendo su mejor virilidad entraba y salía de su boca sin premura, con excitante morosidad. Marcos vio como se acercaba Abel y sin abrir la boca le hizo un gesto sugerente con la mano para que llegase hasta ellos y se pusiera a su lado. Abel se quedó paralizado con su verga explosivamente parada como si fuera una barra de carne ultracongelada pero ardiente. se le nubló la vista y echó a correr. Mariola estaba buenísima y desde que la conoció no cesaba de tener calientes episodios de imaginación.

- Tío Marcos, es tu novia - dijo sin apartar la mirada de como en la boca de Mariola aparecía y desaparecía el rabo de su amigo surfero.
- Vamos, Abelito, a mi lado, como si fueras mi novio - y soltó una carcajada que hizo que Mariola dejase de chuparle y echándole el brazo por el cuello y atrayéndole hacía su cuerpo le colocó en suerte para que su novia pudiera mamar las dos pollas a la vez. Venga cariño, las dos, vamos Mariola abe bien que te tienen que entrar.
- ¡No puedo, joder! las tenéis muy gordas los dos - se quejó Mariola.
- Pues entonces, tu Abel arrodíllate, y tu Mariola doggy style, ya sabes como, yo te enculo y le mamas a Abel, y ya sabes, a nuestro invitado, leche e trago.

Abel se arrodilló delante de Mariola y Marcos se le colocó detrás apuntando a su ano. Se hundió en su cuerpo y la chica permitió que Abel se insertase profundamente en su boca.

- ¡Disfruta de esa boca Abel! no se si encontrarás alguna vez algo parecido pero va a ser extraño que lo hagas. Yo  mientras disfruto de su culo, sabes que me flipa un culo.

Abel cerró los ojos y se dejó llevar. La boca era de seda, ni una vez rozaron su delicado capullo los dientes. La boca era morosa en el chupar y la lengua se paseaba con delicadeza por el frenillo haciendo que Abel alcanzase el cielo en cada movimiento. Abel extasiado por el placer se echó hacia atrás apoyando el cuerpo para no caerse en sus brazos. Le parecía que el orgasmo era inminente pero venía de forma muy lenta. Era ya orgasmo pero no acababa de coronar el clímax lo que le proporcionaba un placer superior. En un momento dado la lengua empezó a ser más rápida y mas experta, la boca pareció que había ganado en profundidad, entraban mas centímetros que antes, la felación era mucho más satisfactoria, mas contundente y ahora si, el orgasmo venía sin remedio.

- ¡Me corro, joder me corro! que placer, Mariola, que placer, que placer - al tiempo que empezaba a eyacular dentro de la boca. Cuando acabo todo y sonriendo de satisfacción con la cara relajada se echó ya hacía adelante y abrió los ojos y lo que antes era todo placidez y relajación se convirtió en crispación y un salto tipo gimnasia en suelo - ¡Marcos! tío, ¿tu? joder, joder, Me he corrido en tu boca.

 Marcos con una sonrisa meliflua y sin abrir la boca, para no perder gota de semen recogido se giró hasta enfrentar a Mariola y se fundieron en un beso compartiendo el jugo de Abel.

- ¡Pero, pero, ¿Cómo no me he enterado del cambio? 
- Esa no es la pregunta, Abel, que parece mentira que tengas la edad que tienes. La pregunta, Abel, es: ¿Cómo es que he gozado como un cerdo con la boca de un tío? y te respondo, porqué en tu mente estabas siendo felado por Mariola, pero la boca era mía y como has podido ver, tu polla no tiene ni memoria, ni prejuicios ni traumas ni moral. Tu te ha dado cuenta en algún momento de que la boca era más profunda y la lengua se movía con más sabiduría pero estabas gozando tanto que lo has pasado por alto como detalle sin importancia, lo principal era el placer que estabas sintiendo. Mi boca sabe mejor que Mariola como hay que hacerlo, he chupado más pollas que ella, nada más. No nos tenemos que casar ni nada de eso, como cambiar de sexo ni montar una puta tragedia porque ¡Oh my god, I´m fagot! la conclusión es: Marcos que bien la mamas y que bien me ha sentado y a seguir con las vacaciones.
- Y la cochinada esa de pasarle mi lefa a tu novia, ¿ eso que es?
- Eso, que te lo diga Mariola, es la cosa que más le hace gozar a ella, y a mi que me encanta el semen y sobre todo de un tipo que no fuma como tu, tienes el semen dulce, cabrón. Me encanta la leche de tío. Y a Mariola ver como me llenan la boca. Y porque el momento no se prestaba pero lo que la hace perder la cabeza es que la encule profundo, mientras le escupo la lefa de otro en la boca.
- Sois como animales, no tenéis principio moral alguno.
- Incierto Abel. A cuantos animales has visto tu hacer lo que hacemos nosotros. Esto es puramente humano, los animales son esclavos del instinto. Nosotros si queremos lo puenteamos y extraemos placer de donde nadie podría imaginar. Mariola ¿Qué sientes mientras le comes el coño a Lola, por ejemplo mientras yo le como el rabo a su novio?
- La excitación y el placer que experimento, Abel, no tiene igual con nada. Tu porque no se lo has propuesto a tu novia, pero te aseguro que si organizáis una pequeña orgía y se lo pones en bandeja se volvería loca.
- Estáis enfermos. De esto Pedro, por favor, no tiene que enterarse de nada.
- Vale, corazón, ¿pero, en serio, independientemente de tus principios morales adquiridos en cualquier sacristía, en la que no me extrañaría que te hubieran trasteado, has gozado de la corrida en la boca de mi novio?
- Yo..., yo...
Con la mano en el pecho tío - Marcos le echó la mano por el hombro - con tu corazón, respóndele a Mariola.
- ¡Si, hostia, si! y es lo que me jode, que me da la impresión, maldita impresión de que le he puesto los cuernos a Pedro y no a María, y me jode.
- ¡Ah! pero tu y Pedro..., ya...,
- Que no, que no. Y esa es mi angustia, que con Pedro no he tenido nada nunca, pero me parece que habiéndole negado siempre y a veces de forma airada cualquier contacto a Pedro, haciéndolo ahora contigo Marcos, me parece que he engañado a Pedro.
- Pero tu no has sido consciente - dijo cargada de razón Mariola - esto ha sido una pequeña trampa que te hemos puesto nosotros, porque Marcos tenía esa espinita clavada, que quería paladear tus mecos. Es un viciosillo. Pero vamos si tanto apuro te da, cuando venga Pedro ahora te vas con él a una de esas cuevas y le follas la boca o el culo o los dos y él seguro que encantado.
- ¡Que no joder, que no es eso! Aquí no vale lo de un clavo saca otro clavo. Yo tengo con Pedro una amistad sin condicionantes. Además, estoy convencido que él no lo consentiría, nunca traicionaría la amistad de María.
- Pero, reconócelo - le dijo Marcos dándole una palmada viril en la espalda - en conciencia, ahora que sabes como la mama un tío, te gustaría que Pedro te lo hiciera, y supongo que tiene mucha más experiencia que yo - terminando la frase con una risotada.

Terminando la pregunta que Abel dejó sin contestar apareció a lo lejos Pedro quitándose el bañador.

- Ahí lo tienes - le indicó Mariola señalando la figura de Pedro que se agigantaba - llévatelo a una de esas cuevas, además están fresquitas y le dices lo que tu quieras. Ahora si tu no quieres que digamos nada, no se dice nada.
- Por favor, de verdad, nada de nada. Yo en su momento se lo diré. y no se...
- ¡Que serios se os ve! ¿ha pasado algo?
- Si - saltó Marcos - que Abel ha tragado agua y ha pasado un rato de apuro y no parece que se encuentre bien del todo. Deberías llevarlo a una de las cuevas esas y que se recupere allí - y miró a su  novia guiñándole el ojo.
- No, déjalo, Pedro - y mientras lo decía dirigió la mirada dura a Marcos - creo que me voy a ir a casa a descansar. Luego en la comida nos vemos.
- De eso nada Abel, te acompaño. A mi ya sabes que me gusta la playa y más cosas y entre esas cosas me gusta estar contigo, y no es ningún secreto. Vamos.

Durante el trayecto hasta la casa Abel no abría la boca, caminaba como abatido después de una maratón, completamente desarbolado. Pedro le sacaba temas de conversa sin conseguir más que monosílabos o lugares comunes.

- Te conozco desde hace cuatro años Abel y además te conozco mejor que la mayoría de los que creen que te conocen y tu a mi no me engañas con esa espantada de la playa porque has tragado agua. Te voy a hacer una pregunta y quiero que seas absolutamente sincero conmigo, por favor. ¿Marcos y Mariola te han llevado a huerto, verdad?
- ¡Joder Pedro, no lo sabía! Me han enredado y he caído como un incauto - se habían detenido en la arena y Abel se abrazó a Pedro llorando - perdóname, no lo sabía y cuando se lo diga a María tampoco se si me perdonará.
- ¿Qué ha sido, el numerito de la mamada?
- ¡Hostia! ¿Cómo lo sabes? - levantó la cabeza del hombro de Pedro y dejó de llorar al instante - ¿no es la primera vez?
- En cuanto aparece un chaval nuevo por aquí se lo ventilan como lo han hecho contigo. El mamoneo de que Mariola te la chupa, tu te extasías y en cuanto cierras los ojos se dan el cambiazo.
Mira, nosotros compramos el apartamento unos meses antes de cumplir yo los quince, tenía catorce aún. Yo, tu lo sabes, no me escondo, nunca he estado en el armario de manera que cuando llegamos aquí en una fiesta que se organizó en la casa de uno, los colegas empezaron a hablar de tías y de tetas y culos de pera y como yo no decía nada me preguntaron que como me gustaban a mi y les contesté que me gustaban con polla y los culos musculosos. Poco a poco me fueron dando de lado, en manada, porque uno a uno acabaron todos por pasar por mi para confesar esto o lo otro y las pajitas mutuas no faltaron, aunque, claro, el maricón era yo. Bueno pues Marcos fue uno de ellos y me flipó que me dijera la primera vez que cuando me fuese a correr lo hiciese en su boca. Mis amigos de la ciudad y yo ensayamos una vez un bukkake y ahí probé yo el semen. Bueno todos lo probaron, unos lo tragaron y otros no. Unos, no todos, vomitaron y otros pidieron repetir. Por eso cuando vi que Marcos se lo tragaba me quede extrañado que lo hiciera con tanta naturalidad. Me explicó que le chupa la polla a su hermano mayor desde los once años y que le encanta. Está enganchado.
- Él me ha dicho que ha follado contigo, vamos que te la ha metido por el culo.
- Si, un par de veces, como casi todos los chavales que ves en las fiestas con sus novias. A mi me viene bien y ellos se distraen. Yo no digo que sean gays todos, pero que hay mucho hetero de nuestra edad que no reconoce su bisexualidad por temor al rechazo, estoy al cabo de la calle.
Y bueno, ahora que ya te han desvirgado, ¿Cuándo te la voy a chupar? - y al decirlo se tiró a la arena revolcándose de risa.
- Tu no eres maricón, eres un cabronazo redomado - y diciéndolo se tiró a la arena sobre él simulando que lo inmovilizaba y de pronto de un salto se levantó.
- Abel, recuerda que todavía vamos sin bañador y lo que tu mente quiere ocultar tu cuerpo lo pregona. Menudo empalme.
- Lo siento - se levantó como impulsado por un resorte y se puso el bañador - vamos, - le ofreció su mano para ayudarle - que por hoy ya he tenido más que suficientes soliviantos.

La semana siguiente fue tranquila, Marcos y Mariola se fueron a un concierto de los del verano a otra localidad y de paso se quedaron en un camping la semana entera allí.

- ¿Con quien se han ido? preguntó Abel por preguntar
- Con Luis y Patxi y Ramón y su novia Nuria, o sea con dos parejas más, porque Luis y Patxi, por mucho que intenten ocultarlo son pareja, unos veinteañeros que ya veraneaban aquí cuando llegamos nosotros, y las malas lenguas dicen que es han visto salir de una cueva cerca de ocaso, aunque nadie pudo afirmar que eran ellos porque había poca luz ya. Y Ramón y Nuria que están ya más cerca de la treintena que de los veinticinco, muy hippies ellos, así que te puedes imaginar que es lo que va a pasar en esas tiendas cuando llegue la noche. De Luis y Patxi yo si te puedo afirmar que son de los pocos en esta comunidad, de nuestras edades, de los que no podría decirte como tienen la polla. Son pareja, y me parece de puta madre, lo que no entiendo es como no revienta ya el armario en el que se esconden. 
- Joder Pedro, esta playa es Sodoma.
- Espabila Abel, esta playa no es mejor ni peor, es como todas, lo que pasa es que cada quien se crea su universo chiquito y quiere creer que ese es el universo. Hemos creado un cuento chino entre todos y hemos decidido que hay que creérselo y para eso mentimos a todas horas y los que escuchan ponen cara de creerlo todo aunque en su fuero interno saben que la realidad es muy distinta. Y la vida sigue, precioso.

A los seis días del incidente de Marcos con Abel, éste, la semana entera estuvo aún meditabundo y tristón como si estuviese todavía rumiando la catástrofe de hacía días. Pedro intentaba animarle imaginando el mundo en el que vivirían cuando en poco tiempo estuvieran los dos como buenos roomies. Pero Abel estaba como ausente. Hasta la madre de Pedro se lo notó y preguntó si estaba echando de menos a María que acababa de llegar del crucero.
- Mira Abel, no hay problema, si la echas de menos, te llevamos a tu casa. A nosotros nos quedan dos semanas aquí, pero en cinco horas estás con tu María - la madre de Pedro quería dar todas las facilidades.
- No. De verdad, no es eso.
- Mamá, está así desde que el otro día parece que estuvo a punto de ahogarse y se asustó mucho - Abel le quiso fulminar con la mirada.
- ¡Hijo! ¿porqué no me habéis dicho nada?
- Porque no fue nada mamá, un susto muy grande. Ese día había mucha resaca y el no conocía bien esta playa.
- ¡Hay que tener mucho cuidado con esta costa que es muy traicionera, cuando sopla poniente es mejor ducharse.
- Y ese día hacía un ponientazo tremendo. Y yo, mama, no seme ocurrió avisarle.
- Pero estaba con Marcos, ¿no? Estaba allí, ¿Cómo no se dio cuenta?
- Mamá. Estaba con Mariola y ya sabes como son los dos.
- Ya. No me hables. Sus padres, los de Mariola están muy preocupados porque Marcos no da síntomas de sentar la cabeza. Bueno Abel, olvídalo todo y disfruta del tiempo que nos queda.
- Si señora, si ya se me está pasando pero lo peor es que no se me quita de la cabeza el disgusto que podría haber dado a todo el mundo.
- Bueno Abel, vámonos a tomar un copazo de helado al Azul. Mamá ¿recoges tu? porfi, mamaita.
- Venga, caraduras, irse por ese helado.

Camino del Azul, Abel le recriminó que hubiese sacado a relucir el maldito día aquel.

- Creí que ibas a cantarlo todo, por poco no me desmayo. Vamos, se lo dices a tu madre y me da un síncope. ¡Realmente creí que lo ibas a soltar! Eres un peligro gestionando la verdad.
- Yo no gestiono nada, digo lo que veo o creo, la reacción a lo que digo de los que escuchan es problema suyo, pero claro en un mundo que miente constantemente alguien que diga la verdad es un delincuente. Yo digo lo que creo y eso me permite viajar sin mochila cargada de cadáveres que haya que ocultar. Se vive mucho mas ligero y se llega más lejos, porque no te cansas de mentir, que es lo que te pasa a ti ahora, que no puedes avanzar en la comprensión de tus sentimientos porque llevas demasiado peso de prejuicios a la espalda.
- Y que hago, ir preguntando a los tíos si me quieren chupar el rabo, porque un gilipollas me ha engañado y he sentido el mejor orgasmo con una boca de mi puta vida.
- ¿Ves? vamos avanzando. Ya reconoces que te ha gustado que un tío te la mamase, con engaño, de acuerdo, porque tus apriorismos hubieran impedido que te la mamase sin él. Y ahora estás en un brete, porque te gustaría experimentar ese placer tan intenso otra vez pero sigues llevando dentro el prejuicio que te impide gustar ese placer. Y estás que no vives. Que te la chupe un tío no te imprime en la frente la marca de la bestia, así en fosforito, MARICON. Tu eres quien eres y seguirás siéndolo con mamada o sin ella. Si se la metes en el culo a María, que se la meterás, en que se diferencia el ano de María del mío, por ejemplo: en nada, la única diferencia es que tu sabes que al otro de tu rabo hay otro o un coño, pero eso no modifica el hecho de que tu glande está siendo estimulado por el roce de un recto y eso provoca una sensación muy placentera. Acepta eso y se te acabará esa melancolía que es fruto del querer y no poder aunque lo tengas al alcance de tu mano. Y vamos a callarnos que lo único que le hacía falta al Chema de los cojones era escucharnos y querer meter baza y algo más. 

El día transcurrió con normalidad, playa textil para evitar despertar demonios intrigantes, relajación, comida en Azul con la madre de Pedro y relajada tertulia bajo el sombrajo a la que se sumó Chema en cuanto acabó su faena en la cocina. Abel parecía que el speech de su amigo le había relajado y su cara aparecía menos crispada, sonreía con facilidad y la madre de Pedro se lo hizo ver enseguida.

- ¿Ves Abel? solo necesitabas despejarte un poco para que se te fuesen esas ideas absurdas de la cabeza. Todos en algún momento hemos pasado por trances difíciles de superar.
- ¿Qué trances y a quien le han sucedido? - Chema terció en la conversación sin saber de lo que se trataba - no será por aquello...
- No Chema, que Abel estuvo en un mal trago con la resaca del otro día y temió ahogarse. Nada más.
- Si Chema - asintió la madre - ha pasado unos días malísimos, pero hoy ya se encuentra mejor, ¿no le ves la cara tan bonita que tiene?
- Un mal trago Chema - se metió Abel remarcando con dureza las palabras - y desde luego nada que ver con la fiestecita aquella en la que me dejé llevar y me bebí hasta el agua de los floreros, comprendes.

La tarde la pasaron los dos con su madre yendo al mercadillo que se montaba en un lado de la playa dónde estuvieron dando vueltas y comprando cosas inútiles que se tirarían sin remedio al terminar la temporada estival. Cenaron en la casa unas pizzas que pidieron y salieron por la noche a tomar algo en los locales de la playa.

- Deberíamos irnos a la cama - anunció Abel después de la segunda copa - me gustaría levantarme al alba para ver la amanecida. Hace años que no veo el cielo teñirse de colores a medida que el sol saca la cabeza del mar.
- Perfecto - dijo Pedro - además tienes razón, yo tampoco he visto una amanecida hace años y me apetece.
- Pedro - dijo grave Abel.
- Dime Abel, ¿te pasa algo?
- Quería decirte nada más que no creo que pueda yo volver a tener un amigo como tu. Solo lamento no ser gay como tu para poder agradecértelo con todo el cuerpo.
- No hombre. Yo tengo amigos gays y no me he acostado con ellos. No es obligatorio. Y además, deja ya de pensar en eso.
- ¡Que pronto habéis vuelto! - dijo extrañada la madre que estaba viendo una serie en la televisión.
- Si mama, es que mañana nos vamos a levantar al alba para ver amanecer, que nos apetece.
- ¡Uy! que romántico. Porque se que Abel tiene a María sino pensaría en algo mas profundo.
- Mamá, no empieces, que Abel se corta. Venga chaval, a la cama - y tomó por el brazo a su amigo y se dirigieron al dormitorio.
- Hace un calor de muerte esta noche, verdad Abel. Yo en pelotas, no soporto ni el calzoncillo.
- A mi me da apuro por si entra tu madre.
- ¡Anda hombre! despelótate y duerme mas fresco.

Transcurrieron los minutos y Pedro escuchaba a Abel moverse una y otra vez incapaz de conciliar el sueño. Abel sudaba en la cama de abajo y no sabía como colocarse para poder descansar.

- Abel, ha pasado casi una hora y no podemos dormir. ¿porqué no salimos a la terraza y nos echamos en una tumbona? seguro que estaremos mejor que aquí.
- ¿A tu madre no le importará?
- Nos plantamos el bañador y porque le iba a importar. Vamos.

Allí en la terraza, bajo las estrellas y con una brisa marina que le aliviaba el calor de la piel se dejaron caer en las tumbonas mirando la negrura lechosa del cielo. 

- Aquí se está mucho mejor - respiró aliviado Pedro - vaya diferencia. No se como no hemos hecho esto antes.
- Ya - fue una respuesta casi inaudible de Abel.
- Es que dan ganas de quedarse aquí para siempre.
- Si - Abel no era capaz de hilar dos palabras.
- ¿Qué te pasa Abel, te he molestado. No querías salir aquí? 
- No, no - contestó después de un silencio más que prudencial - es que no se como decirte esto que te quiero decir.
- Pues se empieza por la primera palabra y se van diciendo una detrás de otra como salen las cerezas de una cesta cuando tiras de la primera que las demás se van enganchando y al final salen todas. Y recuerda, te considero mi amigo de verdad. Digas lo que digas, me haga daño o no, no te lo demandaré jamás. Venga, habla.
- Aunque parezca que se me ha olvidado lo de Marcos, no, no se me ha olvidado. Fue una traición en toda regla y así se salió con la suya, chuparme el rabo, que vale, de acuerdo, no lo puedo negar, el tío está doctorado en mamadas y la lengua que tiene es todo un descubrimiento. El dirá que no es gay y lo respeto pero no creo que haya un gay que coma pollas mejor que él. Yo no sabía lo que era una felacion sin dientes, porque María no sabe que hacer con ellos cuando la tiene en la boca y yo he optado por renunciar a que me la chupe porque me corta el rollo. Y ahora esto me ha enganchado.
A lo que iba que pierdo el hilo - hablaba mirando muy fijo a la bóveda celeste sin querer volver la cabeza para enfrentar a Pedro - quiero, si tu estas de acuerdo, claro, siempre contando contigo, que tu me la chupes si quieres, porque si el cabrón ese me la ha chupado, igual derecho tienes tu. ¡Ea! ya lo he dicho. De verdad que apuro, no sabía como soltarlo.
- Voy a apostar fuerte Abel. Aguanta el tirón y no me cortes hasta que acabe.
De acuerdo, pero no solo, voy más allá. Un sesenta y nueve y aquí mismo, bajo las estrellas. Saltamos a la playa y sobre la fría arena de esta madrugada nos revolcamos en mutua felación hasta corrernos los dos en nuestras respectivas bocas para finalizar compartiendo nuestras lefas en un interminable beso. ¿Que tal así?
- ¡Pedro, hostia ya, te has vuelto rematadamente loco! Estás muy confundido. Te he ofrecido mi cuerpo para que puedas disfrutar de un deseo largamente albergado en tu corazón como ofrenda a nuestra amistad, no un deseo de iniciación en homosexualidad rematadamente extrema, y asquerosa para mí. ¿Cómo has podido pensar, ni siquiera imaginar algo así? Has perdido el oremus Pedro, por favor.
- Bien, bien, bien - Pedro lo dijo muy lentamente mientras se incorporaba y se sentaba en la tumbona enfrentando a su amigo al tiempo que aplaudía con mucha lentitud - no te doy un beso en los morros porque se que no te iba a gustar nada, pero María debería estar aquí para dártelo ella y un buen revolcón. Amigo mío has cumplido completamente las expectativas. De verdad te habías creído que siendo tu nova mi mejor amiga, una amiga impagable, iba yo a traicionarla. Ni aunque esto fuese un virus que se inoculase y tu te hubieras infectado y me persiguieses por los rincones para follar conmigo no lo consentiría, no al menos hasta que hablases con María y le dijeses que no había ya nadie más maricón que tu y nadie a quien deseases más en el mundo que yo, y así y todo yo tendría que pedir su placet, porque María será tu novia, pero es mi amiga.
- Tío, de verdad - Abel ya se había sentado en la tumbona con la cabeza entre las manos y se mesaba los cabellos - me habías dejado fuera de juego. No me explicaba como después de mi ofrecimiento, que no me cabía ninguna duda que tu valorabas porque me conoces, podías salirme por la vía Tarifa pidiéndome un imposible absoluto. No sabes el peso que acabas de quitarme de encima - se levantó de su tumbona, se sentó en la de Pedro y le abrazó dándole un casto beso en la mejilla - te quiero, tío, pero de verdad, y sin polla, como no hace falta aclarar.
- Cuando me lo has propuesto, y por favor vuélvete a tu sitio, que yo soy muy fiel a mis amigos y amigas de verdad pero mi cuerpo nada sabe de eso, y que estés tan cerca pues la verdad; mira - señalándose un inmenso paquete que se cogía a través del bañador - como iba diciendo cuando has hecho la propuesta, mi cabeza ha iniciado un viaje a la velocidad de la luz a los acontecimientos que sucederían de decir que de acuerdo, venga vale, sácate el rabo que voy a disfrutar. Me he visto contándoselo a María, la he visto sufrir, mandarte a la mierda a ti y luego a ti mismo hecho un trapo arrastrando la pena de haber perdido a tu novia. Y la solución se me ha presentado como una reducción al absurdo, a ver por dónde salías. Si era un sacrificio por darme un gusto a mí o es que la boca de Marcos te había inoculado el virus y solo querías repetir utilizando una burda añagaza. Y si, has reaccionado como yo me imaginé en esa milésima de segundo, que reaccionarías.
- Joder Pedro, pues a la siguiente ocasión, si llega a haberla,  pregunta antes, porque yo creía que se me iba a salir el corazón por la boca de la indignación.
- Ahora, entonces, tienes una carta más a mi favor para venirte conmigo al piso. Sabes que no voy a intrigar ni a ponerte trampas para que caigas en mis redes. No hay redes, Abel. Que me gustas desde aquel primer día, lo sabes tu y todo el que no fuese sordo, porque el cabronazo aquel del diplomático, ni me acuerdo como se llamaba, ya se encargó de levantarte los pies más altos que la cabeza.
- Y por poco no le arranco la cabeza yo al muy imbécil por ir propalando bulos. Y menos mal que se solventó solo con unas hostias.
- Y una semana de expulsión.
- Y que María y tu me sujetasteis, porque de verdad que iba a arrancarle la cabeza. Las habladurías me sacan de quicio, y si encima no son verdad, pierdo el sentido.
- Bueno, en lo que estaba, que pierdas todo cuidado, Abel, joder, tío, voy a ser un roomie perfecto. Eso si, si me entero que te llevas a la casa otra tía se lo canto a María. Si es un tío, eso te lo aseguro - soltó una carcajada - te lo quito y asunto terminado - y con esto se echo a reír del todo satisfecho de la ocurrencia - y venga, a dormir, que aquí fuera si se puede. 


- ¡Que no, María, que no! Lo has interpretado mal. Mira que le dije que no fuera tan trasparente, que eso solo fue un puto accidente. María - bajó la voz - por favor, recapacita. Deja que yo te lo explique.
- ¡Ah! también estabas tu por medio. En ti no podía imaginármelo.
- ¡Que no hostia! - tomó por los hombros a María zarandeándola - ¡escúchame!
- Venga, vale - María se recompuso, Pedro la soltó de los brazos - pero no te creas que por mucho que te esfuerces voy a cambiar la postura. Ese cabrón se va a ir a tomar por culo con su Marquitos - e imprimió un tono burlón a su frase.
- Si vas a dejar a Abel, déjale por dejársela chupar por Mariola. Si. Yo no fui ese día hasta más tarde, y entre Marcos y su novia le tendieron una trampa. Desde que los conozco, a Mariola le encanta ver como su novio le chupa el rabo a otros tíos heteros, tienen que ser heteros, y Abel era lo más parecido a la joya del Nilo para ellos y lo montaron de tal manera que el pobre Abel no pudiera escabullirse. A Abel le podrás reprochar en todo caso que le gusten las tías y sabes como son estos machitos, y con su edad, no pueden sustraerse a una tentación de este jaez.
- Si ha mi no me importa que se deshaga por una tetas, porque yo sabría como luchar contra otra mujer, pero dime, ¿Cómo lucho contra un tío? no tengo armas ante un tío que sepa como seducir otro tío, por eso estoy tan cabreada. Que una tía se la chupe; se la van a chupar tantas, no me cabe duda, pero será una mamada esporádica, esa polla es mía y solo mía, pero si un tío me la quiere arrebatar, ¿Cómo lo hago?
- Pues pierde cuidado, los días posteriores, estuvo abatido tanto, que creí que íbamos a tener que regresar para que le tratase un especialista. Menos mal que le fui convenciendo ayudado de mi madre. Estaba devastado porque no sabía como iba a poder explicártelo y justificarse y temía que por eso le dejases. Por favor, María, dale una oportunidad a Abel, es mi amigo de verdad - Pedro se quedó callado en ese momento con la mirada perdida en el vació, recordando como le ofreció su verga para que se la chupase.
- Pedro - María agitó sus manos delante de los ojos de su amigo - ¿Qué te pasa, te ha dado un pasmo?
- No, no, no se que me ha pasado. Bueno, María...,
- Que si, que vale. Pero voy a estar con la mosca...
- Conmigo no será, tu sabes que antes me la corto.
- Ya lo se, Pedro, por favor, se que contigo no tengo ningún problema.


- Se lo he dicho y me ha echado. Pedro - Abel no podía dejar de llorar - lo sabía, pero no podía dejar de decírselo, me iba a asfixiar la ocultación y ahora me voy a morir. No puedo vivir si ella, tu lo sabes.
- Que le has dicho, ¿todo? - al decirlo Pedro se quedó cortado porque en ese "todo" el incluyó la parte en la que Abel se le había ofrecido a tener un encuentro, descafeinado, de acuerdo, pero en lo más profundo de su cerebro, Pedro sabía que se albergaba el deseo de Abel, aunque no quisiera reconocerlo y temía que también por ahí María le rechazase como amigo por intentar trajinarse a su novio. Recordó la conversación de último curso que mantuvo con María en la que de forma inconsciente en uno de los recreos mirado sin cesar como Abel corría, fintaba y encestaba sin cesar, se le escapó aquel "cuerpazo, hostia" dicho en voz inaudible y que María siempre atenta a todo lo que tuviera que ver con su novio oyó como si Pedro lo hubiese gritado por megafonía.

"- ¿Te sigue gustando mi novio, verdad? pues mira, pedazo de maricón, ni se te pase por la cabeza, porque como yo me entere que le tiras los tejos voy a hacer de tu vida un lugar irrespirable.
- María, joder, ¿Qué pasa?
-¿Qué que pasa? Pedro, que escucho hasta tus pensamientos y que de la abundancia de corazón habla la boca. Tu te crees que has pensado lo de ¨cuerpazo hostia¨ pero no solo lo has pensado, lo has dicho y si me hubiera fijado en tu entrepierna habría visto hasta el empalme, cabronazo. Ya se que te gusta, te ha gustado desde siempre y ahora ya dudo si no habrás llegado un poco más allá...
- ¡María, cómo puedes...!
- ¿Qué cómo puedo? no es lo que has dicho, era la carga sexual con que lo has dicho, ¿tu no te has escuchado? no, claro, estabas demasiado ocupado viviendo ya el polvo con mi novio y te aviso...
- ¡María, hostia, déjalo ya! antes me la corto que traicionarte con Abel. Y además tu novio nunca se prestaría a algo de eso ¿no le conoces?
- Le conozco demasiado bien, si, pero también conozco a los hombres. Nunca me hubiera podido imaginar que mi padre le pudiera poner los cuernos a mi madre con otro tío, y fue. Vosotros no tenéis sexo, como nosotras, vosotros sois genitaladictos. Solo tenéis genitales, el sexo es solo un accidente fácilmente soslayable si hay suficiente placer por medio y los tíos sabéis mejor que nosotras que tecla hay que tocar para conseguir que un hetero se haga maricón por unas horas, aunque ello le haga arrastrar por años después remordimientos.
- María, por favor - Pedro empezó a derramar lágrimas y en ese momento Abel se acercó.
- ¿Qué pasa, porqué está llorando Pedro? - preguntó alarmado Abel.
- Nada - respondió quitándole importancia al asunto - un desengaño amoroso." 


Al decir Pedro aquel "todo" recuperó la conversación mantenida con María y empezó a temblar.

- ¡No!, para que hablarle de mi ofrecimiento, eso se queda en la intimidad de la relación entre dos amigos de verdad. ¿porque somos amigos, no?
- ¿Cómo puedes dudarlo, Abel? No sufras yo voy a hablar con María.

La galerna emocional se calmó finalmente y la vida transcurrió otra vez en los márgenes estrechos y civilizados que la corrección demandaba. Pero como en los temporales peligrosos, la mar de fondo seguía con su labor de zapa, aparentando tranquilidad en la superficie, pero preparando la siguiente mar arbolada que hunde hasta las singladuras más preparadas.