sábado, 8 de agosto de 2026

MEMORIA ENVENENADA 1

 

La joyería. en fin, ese era el epígrafe de hacienda en el que se incardinaba para asuntos fiscales. Relojería, además porque en el escaparate había relojes expuestos de marcas famosas perfectamente fusiladas por una fabrica de Shenzen. Una tienda de barrio que podría haber sido tanto una frutería como una pescadería, solo que Raúl con su socio Manuel decidieron que debía ser ese establecimiento porque Manolo tuvo una relación (nadie concretó de que tipo fue esa relación) que le llevó a conocer el mundo de las imitaciones sin recato y el dineral, unos miles, que podían hacerles ganar. Manuel era modesto hasta en las aspiraciones, Raúl era soberbio hasta en sus deseos más inconfesables, pero era el que había hecho un modulo de formación profesional y había alcanzado a comprender lo que era un Tas. Podían pues instalarse en un taller de joyería.

José pasaba por la puerta de la Joyería RaMa, nombre en luminoso parpadeante, decidido en un alarde de imaginación, casi todos los días. Miraba el escaparate con desprecio y murmuraba un "que te folle un pez mariconazo" y seguía su camino como si el local aquel no existiese. En alguna ocasión, sin que José se percatase, el operario que se afanaba con su lupa ocular en la reparación de un reloj, levantaba la vista sin saber porqué y veía a alguien que se alejaba del escaparate pensando "cabrón podrías haber entrado a comprar algo".

Pasaban los meses con la misma rutina. José pasando delante de la Relojería, maldiciendo a sus ocupantes y el operario, Raúl, doliéndose que aquel viandante no se detuviese nunca a comprar. Al menos que entrase a mirar algo, ya se encargaría él de engatusarle.

A veces Raúl acompañaba a su niño al colegio, temprano y se cruzaba con alguien que le miraba con expresión dura y que mascullaba sin que él, Raúl, pudiera nunca llegar a oírlo un "maldito farsante". Otras veces Raúl miraba al paseante matutino directamente a los ojos y le sonreía de tal forma que a José le parecía que detrás de aquella sonrisa había una segunda intención y entonces murmuraba a veces en voz más alta, con la intención de que aquel padre que llevaba a su niño al colegio lo escuchase "calientapollas".

Los meses pasaron. Los años también y la vida transcurría como un juez impasible ajena a todo lo que se pudiera desarrollar en la vida de los que cada día pasaban  por delante de aquella Joyería RaMa. Las arrugas, primero marcas de expresión siguieron cada mes a mes deformando las caras de los habitantes del planeta. Los niños fueron creciendo y José un día se cruzó con un zagalón con la cara del relojero que transitaba temprano, solo,  camino del colegio que había un poco mas arriba de por donde  él se movía. Quiso saber José si quizá hubiera ocurrido una desgracia y volvió a pasar por RaMa para ver si ese operario de la lupa ocular seguía donde solía.
Efectivamente, allí estaba casi embutido en su banco de joyero limando en la aspillera dejando caer las virutas en el cajón que ellos llamaban "piel". Estaba algo más encorvado tanto por el peso de los años como por la postura nada ergonómica que su actividad le requería. 

Y llegó el día en que a José en el trabajo le celebraron su cínica fiesta de despedida y le regalaron su preceptivo reloj. Primero fueron los discursitos  laudatorios a cargo de quien mas había murmurado de él y más zancadillas le habían puesto en su ejecutoría como aquella vez que por poco le cuesta su puesto de trabajo por una calumnia que finalmente se aclaró de forma sorpresiva porque otro trabajador recién incorporado de una larga baja laboral arrojó luz sobre el tema y todo se zanjó como un malentendido. Cuando aquella víbora embutida en bata impoluta de Jefe de Servicio le entregó su reloj vio grabada en la  superficie de la caja de supuesta piel azul oscuro las letras doradas: RaMa. A José se le puso cara de palo cuando muy pomposamente le anunciaron que dentro estaba el ticket regalo por si quería cambiarlo por otra cosa. "¿Existirá algo de peor gusto en el mundo?" pensó José mientras recogía con un gesto de falso agradecimiento el regalo.
El reloj era una espantosa muestra del peor gusto. Un autentico peluco de un amarillo brillante que quería desesperadamente anunciar al mundo que era del oro más falso que pudiera encontrarse en cualquier bazar de cualquier zoco del mundo. "Por supuesto que lo voy a cambiar" pensaba José mientras pintaba en su boca una sonrisa tan falsa como la del que se lo entregaba.

Y allí estaba, delante de la joyería RaMa pulsando el timbre para poder entrar como si aquel establecimiento fuera un Tiffany´s instalado directamente desde el 727 de la Quinta Avenida de Nueva York en la víspera. Finalmente con un sonido de chicharra la puerta se abrió y José entró.
De detrás del mostrador de un cubículo de madera y cristal salió Raúl dejando caer desde su cara la lupa ocular en su mano en un gesto que habría repetido millones de veces. Al ver de quien se trataba la cara contraída en una mueca falsa de amabilidad plastificada se descolgó hasta quedarse con seriedad de juez de horca.

- ¿Qué desea? - preguntó de la forma mas seca posible.
- ¿Y tu Raulito, y tu, que deseas? - y dejó que una sonrisa de venganza fría se dibujase en su cara.

"Permítase que cierre los ojos y eche la vista atrás. Una consulta de pediatría en aquel ambulatorio publico en el que la saturación de demanda era el lienzo donde cada día debíamos, todos, dibujar con la mejor de las técnicas, el cuadro  perfecto para que nadie pudiera denunciarlo"
"Eran las siete y media de la tarde. Faltaba hora y media para que todo derivase al servicio de urgencia y me entró una preocupada madre con su niño, lo de niño es un decir, un zagalón de trece años con más cuerpo que el mío"
- "¡Ah, Guadalupe! que te sucede - pregunte a la angustiada madre que arrastraba tras ella al zagalón"
- "Mi niño Raulito, Don José, dice que le duele el bajo vientre y esta dobladito de dolor"
- "¿Y que edad tiene este muchachote? - pregunté a la  madre levantándome de mi silla, no parece que sea competencia del pediatra"
- "¡Ay, si, Don José! es que me ha crecido mucho el último semestre, pero es casi un bebé, solo tiene trece añitos"
" Me dirigí al niño que parecía un hombre medio esmirriado, largirucho sin saber que hacer con unos brazos que a todas luces eran demasiado largos para lo que el estaba acostumbrado.
- "Vamos a ver Raúl, descúbrete y échate en la camilla"
-"¿Me lo quito todo, todo?"
- ¡No hombre, quédate en calzoncillo!"
"El chaval tendido en  la camilla tras el biombo se veía muy delgado, con sus abdominales aún sin definir pero con un bulto en su calzoncillo que podía ser el de un camionero de cincuenta años"
- "Ahora tranquilo que voy a explorar ese dolor que dices. Tu vas diciendo según vaya explorando donde te duele más"
"Empecé por los reflejos abdominales y poco a poco fui palpando, primero suavemente y luego en profundidad siguiendo el movimiento de las agujas del reloj. Cuando comencé la exploración del bajo vientre, por debajo del ombligo, noté que se movía incomodo y cuando palpé en la zona suprapubica fue más que evidente que el bulto que resaltaba en su calzoncillo se hizo enorme. Le miré a la cara y enrojeció de forma explosiva. Le miré de forma franca y depositando mi mano  con la palma contra su ombligo  le dije en voz baja que no se preocupase. Entonces le palpé el escroto y me di cuenta que estaba muy inflamado y reactivo. Al tocárselo,  gimió, algo a lo que su madre, al otro lado del biombo no fue ajena"
- "Ay Don José, ¿Qué tiene mi niño?" 
- "Ahora hablamos, y tu Raúl ya puedes vestirte. Te vistes y nos esperas un poco fuera, en la sala de espera, que tengo que hablar con tu madre"
- "Señora, su hijo, lo que tiene es el típico calentón del adolescente que no se ha resuelto de forma fisiológica"
- "¡No le entiendo, Don José!"
- "Hablando en plata Guadalupe, que tu niño se ha rozado más de la cuenta con una amiga y no ha terminado felizmente el encuentro"
- "¡Imposible! mi niño, es muy pequeño para esas cochinadas"
- "Le he dado mi opinión. Si no está de acuerdo, llévelo al hospital, allí hay especialistas que seguramente le darán mejor norte"

- Ya no te acuerdas cuando te trajo a mi consulta con trece años tu madre y te empalmaste como un loco cuando empecé a palparte en el bajo vientre. No te acuerdas cuando te palpé superficialmente los huevos y gemiste de dolor. Ni tampoco cuando dos días después viniste solo a  mi consulta a decirme que por favor que a tu madre no le dijera nada, que estabas dispuesto a hacer, y remarcaste hacer, lo que a mi se me ocurriese. Tampoco te acuerdas de que me dijiste que ese dolor de huevos fue porque cuando llevaron ese paquete a tu casa y estabas solo, se la mamaste hasta el final al cosario y luego no te dio tiempo a pajearte a ti y por eso te agarraste esa orquitis. Ya no te acuerdas de todo eso. Cabrón. Y que me tuviste sin dormir un año después, engatusándome cada vez que te traía tu madre por cualquier gilipollez.
- Yo, de eso - dijo muy agobiado - no - vaciló antes de continuar mirando por encima de sus gafas con lupa de relojero - no me acuerdo - y se quitó las gafas con un débil temblor en las manos.
- Tu tienes un hijo con una edad actualmente como la que tenías tu cuando te acercaste a mi consulta tu solo, sin tu madre. ¿De eso tampoco te acuerdas? - lo dijo sin violencia ni reproche ninguno, más bien con un tono de tristeza - Que dirías si tu hijo hiciera lo que tu hiciste, pero claro, tu dices que no te acuerdas. ¡Bah! que más da. Vengo por este reloj - lo dejó encima del mostrador - que se ha vendido aquí. Ya volveré - se dio la vuelta y salió de la tienda.

Esa noche José no pudo dormir. Daba una vuelta y otra, buscaba instintivamente a su mujer con la mano y solo encontraba un espacio frío, vacío. Su mujer se encontraba desde meses atrás en casa de su propia madre atendiéndola por una demencia. Nunca le había dicho nada del incidente. Ella le había notado raro, como ausente en las visitas que hacia de tiempo en tiempo, despistado, más de lo habitual, perdido con la mirada buscando en el horizonte un destino imposible y se lo había dicho
“¿Hay alguien, cariño? Dímelo. Me va a doler más la mentira que la traición porque la traición ya lleva dentro la mentira”
Negaba con la cabeza y derramaba lágrimas mansas.
“Debe ser la crisis de los cincuenta, cariño. Nadie, no hay nadie. Siempre te querré a ti, con todo el alma, pero no, nadie”
Y después de ver a Raúl esa mañana todo se precipitó y no conseguía quitarse de la cabeza aquel miércoles. Miró la lista de la consulta, Raúl Morales, a última hora y no pudo evitar la taquicardia. Tuvo que hacer una incursión respiratoria profunda para aliviar su ansiedad. No quería que ese niño entrase a la consulta, al menos su madre sería un valladar contra sus impulsos y la insania de Raúl.
Se levantó por la mañana con la imagen de Raúl entrando solo en la consulta.
"- ¿Y tu madre?"
"- No viene. Ella no sabe que estoy aquí" 
"- Entonces Raúl..."
"- Es que lo que me pasa ella no puede enterarse"

Y esa corta conversación que no le dejó dormir hacia tanto tiempo ahora le martilleaba, al cabo de los años. Nunca debí consentirlo, se decía. 
Como si hubiese sucedido el día anterior tenía impresa a fuego en su memoria la consulta de aquel miércoles. Cerraba los ojos y veía la cara angelical de Raúl que pintaba media sonrisa en los labios y le desencajaba todos sus principios morales, clavándole los ojos en los suyos que, prisioneros sin mas ligaduras que los ojos de crio, estaban entregados sin poder oponer resistencia.

"- Pues venga, siéntate y no te demores mucho y cuéntame"
"- Me da un poco de vergüenza, Don José"
"- Aquí no hay vergüenza, solo hechos clínicos y si no te vas a decidir  será mejor que dejes que entre otro paciente"
"- Fuera no había nadie. Yo pedí la última hora por eso. No quería que nadie más me viese entrar"
"- Vamos, no podemos estar aquí todo el día - José se levantó de su mesa y se dirigió a la camilla de exploración - ven aquí y desnúdate - al toro por los cuernos, pensó en ese momento - porque si te da tanto apuro tendrá que ver con lo que llevas entre las piernas, ¿me equivoco?"
"- No, no. Es sobre eso - y diciéndolo se levantó de la silla desabrochándose los pantalones"
"- No hace falta que te desnudes del todo - levantó la voz José al ver que Raúl intentaba sacarse los pantalones pitillo que llevaba - échate así mismo en la camilla y cuéntame"
"- Que me pica mucho y no puedo dejar de rascarme"
"- A ver - José echó un poco abajo el calzoncillo y necesitó mas que dos segundos para ver una constelación de puntos negros entre la maraña de vellos ensortijados y azabache de la zona genital. Los mismos dos segundos que tardó Raúl en, con voluntad o sin ella, adquirir una erección en su máximo esplendor - Y dime, Raúl que te pica más - y en su entonación había irritación contenida - la legión de ladillas que tienes ahí, o el empalme tan tremendo que has tenido en cuanto te he rozado con las manos - y sin esperar respuesta se volvió a su mesa al tiempo que le decía que se vistiera - tengo que pedirte unos análisis por si tienes purgaciones, porque quien te haya pegado esos piojos seguramente tiene alguna enfermedad venérea - José se removió en su asiento incomodo con la erección que él mismo arrastraba desde que vio lo excepcional de los atributos del chico - ¿con quien fue, con una mercenaria o con una vecina?"
"- ¿Qué es una me..., lo que ha dicho usted?"
"-  Una puta, coño, que qué inocentes soy para lo que os da la gana"
"- No señor, no ha sido una de esas, ni una vecina - calló un momento y bajó la vista encendiéndosele las mejillas de color fresón - ha sido un vecino de mi bloque.
"- Con mayor razón el análisis - desde que escuchó la palabra 'vecino' no pudo continuar con el curso del pensamiento, se bloqueó - has dicho vecino, no vecina"
"- Por eso no quería venir con mi madre, me da mucha vergüenza, me pilló en la terraza del bloque que yo había ido a esconderme a fumar y ahí me trasteó"
"- Pero, ¿te hizo algo, te dio la vuelta, te arrodilló delante de él? - la erección que notaba le iba a saltar las costuras del pantalón"
"- No. Solo me bajó los pantalones y él los suyos y se restregó conmigo hasta que se corrió y me dejó toda la pelambrera pegajosa"
" Y ahí fue donde te pegó eso que tanto te pica y como te echó eso encima pudo pegarte algo más y más peligroso"
" - Pero yo me limpié enseguida"
"- Da lo mismo, tu madre tiene que enterarse, Raúl - de repente a José le inundó una tremenda conmiseración por el chico y no sabía muy bien si era porque de verdad le daba lástima su menesterosidad o porque le empezó a percibir como una real posibilidad, su erección que se redobló así lo atestiguaba - porque la sangre te la tienes que sacar - se quedó pensativo y dio el paso que le sumía en el abismo de la complicidad - bueno le dices a tu madre que has venido porque estabas cansado y te he pedido una analítica por si tienes anemia y de paso te miro unas cosas mas" 
"- ¿Puedo venir otro día para hablar?"
"- Puedes venir cuando pidas cita cuando quieras - José adoptó un tono frío aunque por detrás de esa mascara profesional deseaba gritarle al chaval que no se fuera, que huyesen los dos en ese momento sin importar las consecuencias. Se levantó en ese momento y se dirigió a la puerta que abrió - buenos días Raúl, hay pacientes esperando - y diciéndolo con toda la frialdad a la que años disimulando le había hecho un experto sintió que se le desgarraba el corazón.

- ¿Has estado en la relojería de ese muchacho en la calle Larga? - la mujer de José lo dijo de la forma más plana que pudo.
- Si. No sabía que había cámaras y que tú las controlabas.
- No te molestes, cariño, es una observacion nada más, es que Maruca, la de Marugan - José puso cara de extrañeza - si, hombre, que se quiso presentar su marido por el partido liberal y le rechazaron, bueno. Total que Maruca es muy cotilla y ma llamó para decirme que te vieron entrar solo en esa tienda, y como el chico ese..., no me acuerdo de su nombre.
- Raúl - dijo José en tono cansino.
- Ese. Pues como tiene esa fama de ser de los que cosen para la calle, tú me entiendes - y diciéndolo se llevó el dedo índice a la mejilla - pues que tengas cuidado.
- Cariño - tono de aburrimiento - le conozco desde que era un crío, paciente de toda la vida. Su madre dirige los cantos en la parroquia y la gente tiene muy mala baba, el chaval sigue casado y tiene un niño de unos catorce años y fui porque de esa relojería es el reloj que me regalaron por la jubilación y se me paró. ¿Alguna explicación más, amor mío? - dijo con retintín.

Cuanto hijo de puta. La cabeza de José empezó a trabajar a destajo sin poder impedir que su memoria tomase las riendas. No quería volver a recordar aquel día, pero su voluntad en ese aspecto era de plastilina. No quería volver a rememorar pero lo deseaba con todas sus fuerzas. Le daba toda la rabia del mundo que aquello no se hubiera podido volver a repetir. Cerró los ojos y se dejó llevar, y no quería que nadie le molestase. Iba a rememorarlo, hoy, pasados ya dieciséis años con todos los detalles que pudiera rescatar de la poca memoria que le quedaba a sus sesenta y nueve años.

- Cariño - levantó la voz desde su despacho - voy a trabajar un poco en una publicación, que no me moleste nadie, ni me pases ninguna llamada. Estoy a partir de este momento ilocalizable. Por favor.
- ¡Descuida mi amor! yo voy a salir con unas amigas, así que si tu silencias tu móvil, nadie va a tener noticia de ti hasta que tu quieras.
- ¿Y Rosana, la chica que viene a limpiar?
- Se acaba de marchar. Yo me voy también. Te mandaré un whatsapp si me quedo a cenar por ahí.
- No gastes mucho, ahora dependemos de una pensión.
- Gastaré de mi dinero. Te quiero.

Tumbado en su diván de consulta, se aflojó la ropa y adoptó la posición más cómoda, cerró los ojos y se trasladó dieciséis años atrás.
 "- El análisis es absolutamente normal, Raúl, pero, ¿Porqué no ha venido tu madre?"
"- Tiene un trabajo nuevo y esta hora le iba fatal - sonrió de una forma mínima con toda la cara. Sus labios, sus ojos, sus pómulos, esos pómulos prominentes que dejaban una profunda depresión en sus mejillas que le daban aspecto de dureza adulta, malote en una cara angelical que ya enamoraba a cualquiera que pudiera tener la mínima sensibilidad - entonces, todo está bien, no tengo de qué preocuparme, ni mi novia tampoco."
"- ¿Ahora tienes novia? pero no quedaste en que un vecino se te restregó y corrió encima de ti. ¿Qué pasa, eres bisexual ahora? porque cuando te exploré para lo de las ladillas bien que te empalmaste en un instante"
"- Si, don José. No se que me pasa. Me gusta estar con mi novia y en cuanto me roza o se me acerca me empalmo mucho y ella me hace pajas, pero cuando el vecino me pilla en la azotea y con cara de hijo de puta me dice ´¨ven aquí mariconcito y chúpame el rabo¨ no se que me entra,  un escalofrío muy raro y se me pone muy dura y lo tengo que hacer porque el me lo ordena, si, pero porque a mi me gusta eso, que me hale de los pelos y me obligue arrodillarme y después me atragante y asfixie clavándome la polla e la garganta haciéndome dar arcadas. Eso me excita mucho, tanto como que mi novia me pajee."
"- Entonces no es solo que se restregó, es que se la mamaste. ¿Y se corrió en la boca también. Y te lo tragaste?"
"- Yo no quería, de verdad, pero me dio una bofetada sujetándome la cabeza para que no me retirara y eso me puso más cachondo aún y me lo tuve que tragar."
"- ¿Te dio mucho asco, o te gustó hacerlo. Te dio muchas arcadas, como has dicho?"
" - Si casi me hace vomitar, me hacia echar muchas babas muy espesas y blancas que luego usó para otra cosa. Y eso no fue lo peor"
"- ¿Peor? tu a tu corta edad eres ya un degenerado. Si me saco la polla ahora mismo aquí y te digo que me la mames, lo harías encantado y te lo tragarías además"
" - Es que ahora cada vez que mi novia me la pela no consigo correrme si no recuerdo como el tío ese me obliga a que me trague su lefazo echando esas babas"
"- Y a propósito de esas babas - José se movió incomodo en su sillón, su verga pugnaba por asomar la cabeza y ver lo que se estaba cociendo. El sabía lo que iba a escuchar a continuación y la respiración se le entrecortó - has dicho que ese vecino salvaje las utilizó para algo más, ¿para qué?
"- Me da mucha vergüenza -Raúl bajo la vista sin poder mirar a los ojos al médico y su pecho empezó a convulsionar por el sollozo que se abría paso desde lo más profundo de su corazón.
"- Esto ya no va de vergüenzas, Raúl - José se levantó de su sitio y rodeó la mesa hasta sentarse en el borde a pocos centímetros de la cara del chico que aún miraba al suelo - va de verdades y de asumir responsabilidades. Sea lo que sea lo que tanto te agobia a mi no me va a hacerlo y lo único que quiero es ayudarte y si puedo encaminarte por una senda que no suponga para ti un peligro. Venga chaval - y diciéndolo le tomó por los hombros agitándolo un poco para conseguir que reaccionase y al hacerlo su propia erección se movió dentro de su bragueta e hizo un resalte muy evidente en su pantalón que el chico al levantar la cabeza pudo ver con absoluta claridad.
"- A usted también le calienta la historia por lo que veo - y de la forma más natural, como si eso fuese lo que se esperase de él depositó la mano en el bulto del pantalón del médico comenzando a acariciar su virilidad al tiempo que retomaba el relato de lo que sucedió en la azotea con el vecino y las babas que le obligaba a echar entre arcada y arcada mientras empezaba a saborear la sustancia entre dulzona y sosa que le regalaba entre espasmos y gruñidos animales - pues continuo. En cuanto se corrió en mi boca me metió la mano casi entera hasta la garganta lo que me hizo vomitar muchas más babas que después de recoger en la mano haciendo cuenco y decirme que me quitase el pantalón, me volvió con violencia y me restregó el ano con esas babas. Sentía que me metía varios dedos. Me dolía y me quejé, pero de una bofetada dada con descuido me hizo callar y sin que él lo supiera me excitó aún más invitándome a que expusiese mi ano para darle más facilidades a hacer lo que se le quisiese ocurrir. Me dolía, si, pero quería que me destrozase el culo. Cuando menos me lo esperaba y contando con que ya se había corrido en mi boca ni se me pasó por la cabeza que me iba a follar, apuntó su polla que tenía dura aún a mi culo y de un golpe de cadera me la metió entera. Sentí que me mareaba, el dolor fue imposible de soportar, pero él tenía unos brazos de acero que me impedían retirarme. Poco a poco el dolor fue cediendo y de repente me di cuenta que yo me estaba poniendo muy duro también y un placer extraño, parecido al de las pajas, pero más lleno, más compacto se me iba abriendo paso a lo largo de mi verga hasta que en un momento me estalló en la punta y empecé a echar leche sintiendo el mayor placer que jamás hubiera podido pensar que pudiera sentir. Y entonces él apretó las embestidas y volvió a gruñir como una animal herido. Cuando paró me susurró algo al oído: "Te he preñado, ya eres mi putita para lo que yo quiera" - mientras relataba esto no dejaba de acariciar a través del pantalón al médico que estaba al borde del orgasmo - Y hablando de otra cosa, ¿porqué no te dejas de gilipolleces y te abres la bragueta y me dejas probar tu lefote?
"- Eso no estaría bien - dijo levantándose del borde de la mesa y regresando a su sillón - yo tengo unos principios morales que tu deberías ir pensando ya en ir adoptando. Dime la dirección de ese albañil vecino tuyo. Voy a tener que hablar con él. No voy a consentir que te use como un trapo solo en su placer. ¿Como se llama ese degenerado?”

Tumbado en el diván de su consulta se estremeció al recordar el incidente del albañil. Era ahora quince años después y no podía evitar el deseo descontrolado que no podía quitarse de la memoria. Fue un shock en aquel momento. Si, de acuerdo el tuvo su aprendizaje y desempeño gay en la residencia universitaria cuando la carrera. Por aquel entonces se escuchaba hablar del bareback y los bukkakes que nadie sabía exactamente lo que era pero que consistía en ponerse el mundo por montera y desafiar todo lo establecido. Primero se empezó jugando a ver quién sacaba la pajita más corta y ese se la tenía que mamar a los demás hasta el final o dejarse follar por el culo hasta que a cuenta de las pajitas a uno se le ocurrió pajearse en grupo y al primero que se corriera a ese le tocaba chuparsela a todos. Si te parabas porque te venía te había tocado también. Pero eso eran cosas de estudiantes salidos y cachondos sin más trascendencia; después cada uno tenía su novia porque todos éramos heterosexuales y ni uno era maricon. Que equivocados. Cerró los ojos y se vio delante de la puerta del albañil. Sintió su pene explotar, volverse de granito, tan duro que le dolía. Fue solo aquella vez y aún se mareaba al rememorar aquella erotica tan violenta y excitante y se  reprochaba no haber vuelto más.


“- Anselmo - al tiempo que pronunciaba su nombre golpeaba con su puño la puerta.”
“- ¿Qué golpes son esos, pavo? - abrió violentamente la puerta un treintañero de pelo estropajoso rubiasco y sucio con un pantalón de deporte excesivamente estrecho que le marcaba muy explícito sus atributos. Torso desnudo exhibiendo en cada pezon un anillo perforante grueso de color negro. Una cara de mejillas hundidas y ojos grandes del color del azabache, piel morena de andamio a levante. La boca grande de labios carnosos y rojos que eran mojados cada poco por una lengua musculosa y rosa fuerte. El conjunto era imponente con sus pectorales copiosos y unos abdominales que parecían sacados de un cómic de superhéroes - ¿Qué que pasa? cojones, guapito de cara - reiteró esta vez a más volumen y diciéndo esto le cogió la cara con la garra de acero que era su mano, como se la cogía cuando era chico su tía Ana cuando le conminaba a no moverse que no le salía la raya derecha. Con esa presa de cara le arrastró dentro de la casa y cerró la puerta de una patada - tú tienes que ser el lila que se beneficia a mi mariconcito, cabronazo. Ven para acá y bájate los pantalones que te voy a contar un secreto."

Aún resonaba en su cabeza aquella maldita metáfora, ese secreto que le obligó primero a ponerse a cuatro patas y luego con aquellas poderosas manos le desgarró el pantalón por detrás y le de dejó al descubierto el suspensorio rosa de  Casey Kevin que tanta sensualidad le provocaba. Por primera vez en su vida supo que ese era su sitio, estaba donde sabía que tenía que estar, indefenso, a merced de aquel salvaje semidiós que a buen seguro iba a usarle, mancillarle y luego echarle de su vida. Lo deseaba con todas sus fuerzas. Se recordaba como un perro sarnoso suplicando por su vida; que le castigase con dureza, pero que le dejase vivo para poder seguir siendo pisoteado y humillado.
De pronto, José se levantó como impulsado por un resorte invisible y se echó mano a la entrepierna mientras gemia sin poderse contener. Se estaba corriendo solo de pensar en los prolegómenos de lo que sucedió en las horas posteriores a aquel bizarro inicio, que no podía ni imaginar en qué iba a parar.

"- A ver, mariconazo cínico, te creías que ibas a encontrar un Anselmo zafio rehén de los instintos más burdos y torpes. ¡Imbecil! A catequizarme con tus elevados principios morales. Y mírate, de rodillas, eunuco ofreciéndome el coño sucio a mi depravación  moral. No se cómo no te mareas desde esa altura moral - se colocó detrás de el y con gesto despectivo le golpeó levemente las rodillas para que abrirse bien los muslos y se expusiera indefenso a lo que aconteciera - ¡venga mariconazo de mayor moral, sacate ya eso que usamos los hombres, tú solo eres una perra salida que ha venido a mi casa con la secreta intención de que le follen el culo - lo remató con una carcajada hiriente. José terminó de quitarse el pantalón rasgado y permaneció en postura de dog training, cuando sintió un golpe suave desde detrás en sus testiculos, lo que le hizo gemir de terror ante lo que pudiera suceder. Sabía que habría más golpes."
"- Por favor, Anselmo, no me haga daño - y al decirlo sintió como se le erguía su sexo - me podría marchar ahora mismo y nadie tendría porqué enterarse, por favor - y notó la falta de convencimiento en su tono. Se odió por sentir así."
"- Ahora vas a querer marcharte. Entonces a qué has venido - y diciéndolo volvió a dar una patada suave en los testiculos - al sentirlo José en lugar de acercar los muslos en intento de defensa abrió un poco más las piernas."
"- Por favor - le tembló la voz de pura excitación - si, por favor, si - y ya no supo resistirse - me merezco ese castigo y más. Soy tu esclavo a tu merced."
"- ¡Yo lo sabía! - daba palmas mientras lo decía - te lo dije Raúl, lo sabía. Es un puto sissy, ven vamos a divertirnos."
"- No me lo quería creer, Anselmo - Raúl salía de una puerta fuera del campo de visión de José."
"- Dale gusto a tu médico, anda. Prueba lo duros que tiene los huevos.
"- No me hagas daño, castigame por ser tan cerdo, pero no me hagas daño - en ese momento, Raúl le dio una patada nada suave al médico que aulló de miedo y daño y cayó de lado encogido de dolor para a continuación empezar con espasmos."
"- Qué le pasa, Anselmo. ¿Le he dado demasiado fuerte a lo mejor?
"- Fíjate cariño en el suspensorio rosita que lleva, como se humedece."
"- ¿Se está meando?
"- ¡Se está corriendo de gusto! Bobo. Dale más."
"- ¿Nos lo follamos, Anselmo?"
"- Por favor Raúl, no me hagas daño, follame si quieres, pero no me peguese aqui."
"- Perra, sucia perra - Anselmo se acercó y a patadas le hizo ponerse tumbado boca arriba y se sentó sobre su cara - comeme el culo mariconazo, ahora que está bien sudado y levanta esas patas, que te folle mi niño, luego te preñare yo."
"- Si por fa... - y no pudo seguir porque Anselmo ya estaba restregando el ano contra su boca."

Debatiéndose en el divan, intentando desnudarse torpemente, gemía de deseo: "Si, sigue Raúl, meteme el puño, revienta me el culo" y diciéndolo fuera de sí y ya desnudo alcanzó un dildo enorme que guardaba tras un libro de uro. Se lo clavó sin piedad alguna para si mismo y en ese momento empezó a eyacular. Luego exhausto, expulsando el consolador con fuerza, se enroscó sobre si mismo llorando y preguntándose a voces por qué aquel puto día le rechazaron.

"- Vamos a hacerle una doble Anselmo, que se entere está maricona"
"- Bah, que se vaya. No sabe ni comerse un culo. Un inútil - comentó despectivo mientras se levantaba de su cara - venga, largo de aqui, ponte tus pantalones y fuera."
"- Pero están rasgados - dijo temeroso José."
"- Pues claro, pavo, te los he roto yo. A tu parienta le dices que viste un campo de nabos y al saltar el alambrado se te enganchó - rio con ganas de su ocurrencia - vamos, largo, si no quieres que te eche en tu ropita rosa tan de putita.

Se preguntaba aún porque no quisieron usarle como el necesitaba. Peor fue Raúl que le acompañó a la puerta a patadas con la polla fuera gritándole: "Esta no la catas, locaza".

Llego el verano de aquel año, que sabía que Raúl y su madre se iban al pueblo a pasar las vacaciones. Decidió José, que quizá sin la presencia de Raúl, Anselmo podría ser más razonable y armándose de valor fue a verle. Quería saber la verdad de esa relación, un twink con un treintañero con mucha vida corrida por lo visto.

"- Tocó la puerta casi con veneración y esperó.
"- No compro nada - abrió Anselmo la puerta únicamente con un suspensorio blanco brillante que a duras penas le contenía los genitales. Se quedó mirando festivo a José mientras su sexo pugnaba, y conseguía rebasar su precaria contención - vaya, mira que bien le ha caído a esta que vinieras. Anda, perra, pasa."
"- No, no hace falta Anselmo, de verdad, es solo..."
"- ¡Que pases, hostia con el matasanos! Además no puedes dejar de mirarme el rabo, maricona, bueno, yo también lo soy, pero soy un tío. Que le gustan los tíos, vale, pero no me toques los cojones que te meto. Por eso tú eres maricona, a secas. De tío tienes poco - le cogió por la pechera y le hizo entrar en la casa - entra ya, joder y no hace falta que te pongas a cuatro patas. Siéntate donde quieras. Venga, pipa de la paz, ¿Quieres una birrita? y ponte en pelotas si eso te motiva. Mírame a mi con la polla fuera, que no se para qué coño llevo este cacho tela - y de un tirón se arrancó el tanguita mientras salía a buscar las cervezas. Volvió al poco con dos latas de medio litro - a beber. ¿Nos liamos un peta? Espera, tu te has fumao alguna vez. Venga vale la birra. Vamos, canta."
"- Un vaso, por favor - pidió algo cortado."
"- Lo ves. Eres una maricona. Un vasito, un vasito. Abre la puta lata y pa dentro, joder.
"- Vale, no te cabrees, no tengo costumbre - dijo mientras abría la lata - yo me enteré de esto porque hace semanas Raúl vino con ladillas a la consulta y poco menos que me confirmó que tú se las habías pegado, que le pillaste de sorpresa en la azotea y te restregaste con él hasta correrte encima."
"- Será cabrón el niñato. ¿Que yo se las pegué? Ahora se quién me las pegó a mi. Cuando lo coja le reviento. ¡Será cabrón!"
"- Entonces Raúl..."
"- ¡Entonces es que no tienes ni puta idea de quién tú Raulito!"
“- Le conozco desde pequeño y siempre me pareció, hasta lo de las ladillas, un niño muy formalito.”
“- Yo te voy a contar. Bueno, ¿cómo te llamas a todo esto? Porque Raúl te llama don José, y como comprenderás…”
“- En realidad me llamo Gabriel pero como estaba harto de que me llamaran Grabiel me puse José como mi bisabuelo.”
“- Te voy a llamar Joselito, me suena así como más adecuado a lo sissy que te pones cuando estás cachondo. Bueno, al tajo. Yo tampoco me llamo Anselmo, me bautizaron Roberto, pero claro, Roberto como albañil era poco rudo, así que me puse Anselmo, como el oficial que me lo enseñó todo. Pero todo todo, me enseñó hasta cómo hay que mamársela a un tipo para que repita."
"- Entonces tú..."
"- Efectivamente. Yo soy un apestado de mi familia, los Andredas. ¿Te ilustro o pasas de batallitas?"
"- No, Anselmo o Roberto, Como quieras, te escucho. ¿Los Andredas son los Andredas que me supongo que son los que volvieron de Cuba hace un siglo y fundaron aquí un imperio de ladrillo y cemento?"
"- Los mismos."
"- Y entonces...
"- Yo estudiaba en Bristol en un colegio de pijos, que te puedes imaginar, y con trece años, otros gilipollas como yo que se creían que todo el monte es orégano quedamos en que el que más asignaturas suspendiese a fin de curso, es que era el rey de la diversión. Yo suspendí el curso entero y mi padre me dio un castigo de cojones, me mandó a una obra de la empresa de aprendiz de un oficial muy templado, Anselmo. De él tomé el nombre."
"- ¿Pero tú familia, seguiste de albañil. Tú herencia?"
"- Como buen Andredas, soy un hijoputa orgulloso, diría más, soberbio. Mis hermanos mayores, mis tíos, hasta mi madre, dijeron que no aguantaría una semana y me escoció. Decidí en ese momento que moriría antes que volver con la cabeza gacha - se detuvo en la explicación y se le quedó mirando con los ojos entrecerrados - Joselito, no paras de mirarme el rabo. ¿Venías con alguna idea? Desnudate, anda. Quiero que seas transparente."
"- No, no, Anselmo o Roberto, de verdad, Ya me voy."
"- No tío. Tienes que saber algunas cosillas del niño. Se nos ha ido el hilo. Después de que Anselmo me enseñará, y no solo albañilería, te lo aseguro, busque trabajo en otra obra que no tuviese que ver con mi familia. Me encontraba cómodo trabajando duro. Con veinticuatro, once años después me vine aquí y a la semana de mudarme, subí a la azotea a tomar el aire y allí estaba Raúl con unos ocho añitos. Me es imposible describir la mirada torva y culpable de ese niño. Se me acercó con una sonrisa angelical, me preguntó el nombre y él me dijo el suyo. Luego me preguntó si podía enseñarle el rabo, "es que me gustan los grandes de cabeza gorda" y sin dejarme reaccionar me metió la cara en la entrepierna: "huele muy bien y se te está poniendo muy gorda. Sacatela" y sin esperar más me manipuló la bragueta. Tío Joselito, no pude resistirme, era lo más caliente que me había pasado nunca."
"- Pero..., ¿Acabó en algo?"
"- ¡Joder! Que me corrí en toda su cara y ni se inmutó. Se limitó a relamerse. Se limpió un poco con un pañuelo y salió corriendo. Cada vez que subía a la azotea allí estaba o llegaba al poco."



 


sábado, 11 de julio de 2026

¿AMIGOS O ALGO MAS? (5)

 

- Dígame, ¿Quién es?
- Hola, Abel. ¿Eres Abel, verdad? Soy Lola
- ¿Lola? No creo conocer a ninguna Lola.
- Si, si me conoces. Soy amiga de Mariola, si Mariola, la novia de Marcos. ¿A Marcos si le conoces?
- Bueno, venga, ya, aunque no, te sigo sin conocer.
- Yo te di la copa de bienvenida cuando consentiste en entrar al privado de Big Queen.
- ¡Ah! fuiste tu. Por cierto que clase de bebedizo me diste que perdí la conciencia. ¿Rohipnol, no? para que no recordase nada de nada.
- Que va, Abel. Era Puerto de Indias.
- ¡Y un carajo! ¿Te crees que no se a que sabe ese bebedizo? y lo que tú me diste era amargo como los cuernos de una novia.
- Llevaba una buena dosis de angostura.
- ¿De qué?
- De angostura. Se usa en cocteleria para enmascarar los sabores demasiado dulces. En esencia en sabor amargo, por eso viene como con un cuentagotas.
- Entonces, ¿no me drogásteis?
- No, Abel, nadie te drogó.
- ¿Y el humo ese espeso que me echó alguien en toda la cara?
- Fue Lucas, mi novio. Era hachis que él estaba fumando y supuso que te ayudaría a romper el hielo, tenías cara de susto.
- Bueno. Venga, ya. Después de todo esto, para que me llamas.
- Lucas, mi novio, quiere hablar contigo y disculparse. Estuvimos hablando con Marcos y Mariola y nos dijo que eres abiertamente hetero y le supo mal hacerte participe de nuestra orgía.
- Ese novio tuyo al que le come la polla Marcos mientras a ti te come el coño Mariola ¿no?
- No. Ese era mi antiguo novio. Este nuevo, Lucas aún no ha tenido relación con Marcos. Aunque si contigo. Dice que serás todo lo hetero que pregones, pero que la chupas de lujo. A Lucas fue a uno de los que le chupaste la otra noche.
- Y ahora que quiere ¿Qué se la chupe otra vez, no? Mira tía, vete a cagar - y diciéndolo pulso el icono de colgar.

El teléfono de Abel siguió sonando toda la tarde, él lo puso en mute y se olvidó de la conversación. Pero algo se le quedó en la cabeza. La tía esa dijo que nada de Rohipnol, claro, podía mentir, pero en su voz no hubo vacilación y si mucha asertividad, en eso la creía. Buscó en google el termino angostura y efectivamente era lo que ella había dicho, y si el humo era de hierba, en la dosis que el pudo absorber de la nube de humo en la que le envolvió Lucas no pudo tener la capacidad de hacerle perder la conciencia situacional. Hasta ese momento había admitido tranquilizando su conciencia, que su comportamiento, dejándose sodomizar, y no solo eso, disfrutándolo una vez dilatado, y haciendo felaciones a toda polla que se encontrase cerca de su cara, era debido a que de forma química habían alterado su forma de ser. Pero si como ya había tragado, no había habido, ningún condicionante que le "obligase" a comportarse como si fuese su amigo Pedro, ¿en que situación quedaba? ¿Era maricón, bisexual, al menos? ¡No! se negaba a esa posibilidad, el sabía quien era, pero la imagen que su memoria le reportaba una y otra vez era la de él de espaldas recibiendo por el culo y dando arcadas por lo profundo que el se empeñaba en tragar lo que se le ofrecía por la boca. Y lo peor de todo, que le provocaba vértigo de puro terror, era que su cuerpo reaccionaba ante semejantes imágenes con erecciones insoportables. María no sabía nada de nada, él había llegado a la luminosa conclusión que había que protegerla del exceso de conocimiento porque en cuanto lo supiera se iban a desatar todos los infiernos sobre sus celos y sospechas y él ya no estaba dispuesto a bregar con constantes preguntas  inquisitoriales, no quería verse obligado a tener que terminar con su novia, la quería, pero cada vez veía más lejos conciliar su relación con María y esa fiera que le desgarraba desde lo más profundo de su alma. Cuando escuchó de boca de Lola que le había chupado a Lucas, lo recordó; era una polla corta pero gorda, de capullo muy esférico que le provocaba nauseas que sin embargo él no sabía de que manera eran vehículo de un placer desconocido. Por eso le colgó tan abrupta y maleducadamente a Lola. No quería ser la persona que le surgía de lo más hondo, de donde nunca supo que pudieran existir deseos inmundos. Tendría que hablar con su amigo Pedro. Y no iba a tener que esperar mucho, porque al día siguiente, nada más llegar de clase, Pedro le estaba esperando en el salón con cara de circunstancias.

- Esto se me hace muy difícil, Abel, pero me ha llamado Marcos que dice que ni a él, ni a Mariola ni a Lola le coges el teléfono. ¿Porqué no contestas?
- ¡Uy! joder, que ayer me llamó esa chica, Lola, amiga de Mariola, la que me dijiste que se comen el coño en presencia de sus novios que se comen el rabo. Me cago en la leche, me estoy escuchando y no doy crédito, esto parece un mal culebrón  porno serie B.
- Bueno, venga, qué.
- Pues eso que me llamo la tal Lola porque su novio Lucas quería disculparse conmigo por la faenita de la otra noche; que por cierto, de eso tengo que hablar contigo, tío, que ahora se me ha planteado un problema. Pues quería disculparse porque le dijo Marcos que yo era hetero irredento y le pareció una putada lo que me hicieron. Yo me mosquee, la mandé a la mierda y pulsé el mute. Y ahora caigo que mi madre me llama todas las noches y anoche no hablé. Estará mosqueada como un bonobo con almorranas.
- ¿Y eso? - Pedro estalló en una risa tonta y contagiosa que hizo presa en Abel también.
- No se, me ha salido, así - dijo Abel de forma entrecortada porque no podía dejar de reírse - perdona Pedro, voy a llamarla.
- Y a Marcos, por favor, te di el teléfono, queda con Lucas de una puta vez y olvídate ya de aquello.

Abel estaba al borde del colapso psicológico. No tenía escapatoria. Bueno, si, romper con todo dios y olvidarse de todo, pero el problema es que era su polla, ni su ano, los que no olvidaban. Después de cagar y limpiarse el culo al pasarse los dedos por el ano, no podía evitar recordar y su pene respondía. Si se comía un helado y entraba profundamente en su boca, su ano le recordaba que él también tenía derecho a ser satisfecho. y el machetazo final vino ese finde. Pedro se iba a casa de sus padres por un evento familiar y él se quedaba con el piso a su disposición. Programó con su novia un fin de semana de pedir comida y vivirlo desnudos y haciendo el amor a todas horas. "Eso me curará de tanta gilipollez" se dijo para si.
María llegó la tarde noche del viernes con un pequeño neceser con los utensilios imprescindibles para cualquier mujer que va a pasar un par de días sin salir.

- ¡Vaya María! parece que vamos a estar una semana. ¿Qué traes ahí? - y a tiempo que lo decía Abel abrió el neceser y lo primero que vio fue un dildo de proporciones algo más que regulares.
- ¡Caramba María! parece que piensas que con la mía no vas a tener suficiente que te has traído una ayuda.
- Se la he cogido a mis padres. Yo no se como lo usan pero lo tienen muy guardado en la cómoda entre las sabanas de cambio. 
- Como lo quieran usar este fin de semana tus padres.
- Que va. Van a un retiro de la iglesia y no creo que ahí necesiten esto. Mira. Tiene mando a distancia y vibra. Yo nunca lo he usado y me pareció que ya que tu has tenido otro tipo de experiencias a lo peor sabías como se usaba.
- María, no me castigues más con eso. Me engañaron entre Marcos y su novia. Nada más.
- Y nada menos. Pero a lo mejor, quieres tu probar por detrás, no es la primera vez que te has puesto pesado, que he traído también el lubricante que ellos usan y yo puedo estimularme por delante. Supongo que sentirse cogida por los dos lados tiene que tener su morbo. ¿Qué te parece?
- Mira lo que me parece - y diciéndolo hizo resalte a través del pantalón del volumen que había adquirido su sexo.
- Mmm, cariño, vamos a la cama ya. Parece que la tienes hasta más grande. A que al final voy a tener que agradecer a ese  Marcos tus dimensiones.
- Por favor María, no empieces - le susurró al oído mientras le mordisqueaba la oreja -  me apetece que lo hagamos en el sofá primero. Quiero follarte el culo ahí mismo, como si fueras una perra tirada - y se entusiasmó con su idea - ¿eh, guarrilla?
- Me voy a correr si sigues por ese camino - la voz se le truncó en un gemido de excitación - habría estado bien ver como el maricón ese te sacaba la leche con la boca, ahora quiero sentir como disfrutas y me preñas el culo.
- Me parece que me voy a correr antes de meterla como sigas así. Este tipo de sexo bajuno y arrabalero me vuelve loco.
- ¿Y que tal un felching después antes de que me folles como dios manda.

Cuando escuchó la palabra, Abel se trasladó instantáneamente al salón de la orgía en la que le sodomizaron a él una y otra vez y cuando aquello dejó de ser tortura para convertirse en fuente de disfrute cayó en la cuenta de que cada vez que un tipo le preñaba unas veces Lola y otras Lucas pronunciaban esa palabra y se lanzaban a su ano a recoger lo que de el salía. Luego sin excepción los dos lo compartían en un beso asquerosamente lubrico pero que a él le excitaba como nada más había podido excitarle la lujuria. Cuando fue consciente de eso deseaba que otro tío le sodomizase para sentirse lamido y chupado en su ano y regocijarse en el acto viendo como se escupían Lola y Lucas los mecos en la boca ante el aplauso general.

- María - Abel se separó un poco de su novia con cara de extrañeza - ¿de dónde has sacado tu ese palabro. Realmente sabes lo que es. Lo asqueroso que es?
- Abel, amor mío - María puso cara de gatita enamorada y en un susurro continuó - ¿de verdad te crees que después de estar en Praga seis meses con gente de muchos países, cada uno de su padre y su madre, me he dedicado a guardarte ausencia? He aprendido. Me han enseñado, muchas cosas. Muchas - y mientras le explicaba le acariciaba sus bolsas y verga con mucha suavidad - La primera vez que me la metieron por el culo, yo estaba jugando a ser una perrita, estábamos de coca hasta las cejas y un tal Sasha me iba a montar. Yo estaba medio loca porque ya había estado en una fiestecita de estas y había visto, mas que hecho y en esa fue en la que una tal Valina me hizo correrme cuatro veces seguidas con la boca. Bueno total, que ésta segunda fiestecita decidí que iba a ser la perrita, Valina por debajo mordisqueando el clítoris unas veces y mamando polla de Sasha según salía de mi coño. Me pareció genial. Iba a disfrutar. Estaba ya relamiéndome cuando el tío me susurra algo al oído en checo.
- ¿El qué?, entre tu relato y el masajeo profesional esas haciendo que la leche me suba hasta la punta. ¿Qué te dijo?
- Zasraná děvka.
- Vale, y que significa. Supongo que un borderío irreproducible, pero qué.
- Ahora te lo digo. Pero tal como lo dijo me metió un leznazo que hasta me maree. De momento fue dolor y luego deseo irrefrenable de que me taladrara. Le dije, de verdad: "Reviéntame el culo, cabrón" no se si me entendió pero arremetió con mucha fuerza y de pronto empezó a gruñir como un cerdo herido y se derrumbó encima.
- Vale, que te hizo gozar como yo nunca lo conseguiré. De acuerdo. Pero ¿Qué significa ese borderío checo?
- Algo así como Mala Puta, o Puta Perra. Yo en ese momento no lo entendí, aunque capté la intención y me calentó mucho.
- ¡Perfecto! te gusta que te humillen mientras te follan, ¿eh, zorrita? - y diciéndoselo le metió en la boca los cuatro dedos de su mano izquierda hasta dentro, lo que provocó una nausea y a la vez con la mano derecha le metía tres dedos por el ano - María desorbitó los ojos que empezaron a llorar por el efecto nausea pero se desarmó sin intención de defenderse. Entonces Abel enfiló su capullo y de un solo golpe de cadera la penetró el ano salvajemente -
- ¡Si, mi macho! destrózame el culo y luego préñame como a una perra - y diciéndolo se metió profundamente el dildo vibrador por su vagina. Mientras Abel bombeaba una y otra vez con ansia ella accionaba el vibrador a su máxima potencia teniendo orgasmos uno detrás del otro - ¡córrete en mi culo Abel, dame tu leche en el culo y luego cómemelo!

Abel deseaba vaciarse dentro de María. Estaba al borde del abismo, pero no terminaba de coronar la cima. Ponía intención y todas su fuerzas. Hasta que trajo a su memoria el momento en que le follaban a él y le daban lefa en su boca y sintiendo que se corría con ese recuerdo se la sacó. En ese instante se dio cuenta de hasta que punto estaba infectado del sexo que aprendió en aquella orgía.

- ¿Ya, ya has acabado? yo llevo ya seis orgasmos con este vibrador y estoy agotada.
- ¡Que va! no puedo. No se que me pasa pero estoy a punto y en el ultimo momento se va. No se.
- Pero la tienes dura. No es por que se te baje. Mira cariño, métemela por delante, como siempre y no te preocupes, estoy tomando la píldora, lo de probar por el culo ha sido una mentirijilla mía, me he aficionado en Praga. No se que tiene el ano que engancha. Comprendo ahora a los gays - se colocó boca arriba y se abrió de piernas - entra en mí y vacíate, desahógate y goza de nuestros cuerpos.

Se colocaron en la común posición del misionero y Abel penetró a María con facilidad y comenzó con un lento y fluido baile en el que las caderas hacían la función de bielas que entraban y salían del cuerpo de María que entregada del todo iniciaba la coronación y conquista de su séptimo orgasmo sin que Abel consiguiese ni iniciar el suyo.

- ¿Qué te ocurre amor? noto tu verga dura dentro de mi y sin embargo no acabas.  En Praga, Valina me contó una posible solución que ella usaba cuando quería que el tío que tenía encima acabase cuanto antes. Vamos a probar - y sin preguntar ni explicar cual era la solución, con Abel profundamente insertado en ella agarró el vibrador y lo dirigió al ano de Abel y al principio con cuidado y cuando comprendió que no se quejaba lo hundió en su ano. Abel emitió en ese momento un gemido ronco y profundo e inició un movimiento de caderas frenético que a los pocos segundos se resolvió con un orgasmo bestial - así que era esto. Me ha sorprendido la facilidad con que te ha entrado, y eso que este dildo es un cuatro y medio, que para un culo virgen es mucha tela. no creí, de verdad, que fuera a entrarte. Dime toda la verdad. No fue solo que el Marcos ese te engañara y te la chupara. Hubo algo más. Dime, ¿hubo algo más? En Praga no solo he cursado el Erasmus, he aprendido muchas cosas. Casi  todos los amigos que he hecho allí son abiertamente bisexuales. ¿Tu eres bisexual y me estas engañando con un tío?
- No es tan fácil María, por favor, te lo explico, pero escúchame y no te enfades. No te lo he dicho porque cuando te conté lo de Marcos te pusiste como loca y solo te faltó inyectarme un localizador para tenerme vigilado y así no se puede vivir. No. No fue con Marcos..., o si, no al menos aquella vez en la playa, porque cuando te fuiste de Erasmus sucedió algo que no me vi venir ni de lejos.
- Estás liado con Pedro.
- No, no María, no. Pedro no te haría a ti eso nunca sin decírtelo antes. Ni a mi tampoco. El no ha tenido nada que ver, aunque si pero de forma indirecta.

Siendo interrumpido cada dos palabras por los reproches de María, Abel fue relatando lo que sucedió en aquel Privado del Big Queen y como mientras sucedía estaba relativamente tranquilo porque se daba por drogado y comprendía que no hubiera podido oponerse.

- Cuando hace poco Lola me llamó porque su novio Lucas quería hablar conmigo para disculparse y me confesó que no hubo drogas por medio me plantee mi situación. Si no estaba drogado, ¿Cómo no me revelé violentamente?
- Pues cariño mío, te agarraste a la excusa perfecta para hacer lo que seguramente siempre quisiste hacer pero "tus valores sociales" no te permitían ni planteártelo. Que tu situación, y no puedo reprochártelo, es como la mía, estás descorchado como una botella de champan y no hay forma de volver a meter el tapón, por eso, hasta el día que te mueras estarás buscando quien te tapone y te deje de fabrica. Pero eso ya... Tendremos que buscarnos alguien o alguienes que nos apañen la puerta del patio trasero a los dos, de vez en cuando. Tu puedes apañarme a mi y mientras tanto - levantó en la mano el vibrador - tendremos que ir trampeando con estos juguetitos, aunque comprendo que tu solo con plástico no vas a soportarlo, de vez en cuando te hará falta carne bien caliente. ¿A que no me equivoco?
- Entonces, ¿no estás enfadada?
- Vamos a ver, Abel, no me seas básico, que para dar saltos de alegría no estoy, pero entiendo la situación y solo espero que me lleves cuanto antes a ese Big Queen a ver que se cuece ahí.
- Pues voy a llamar a Marcos, si no te importa...
- Si, llámale, y de paso conozco a ese pedazo de maricón que me quiso quitar el novio.
- ¿Quieres que quedemos para esta noche misma allí? y podíamos terminar esto que hemos empezado aquí con aquellos degenerados allí.
- Me lavaré el culo. Y tu haz lo mismo. Voy a disfrutar viendo como te preñan mientras me comes el coño, y mejor aún después de que me folle alguno, si es que quieren follarse un coño. Quiero verte los belfos llenos de semen y luego morrearte.
- Anda que no has cambiado tu.
- Viajar no es solo trasladar tu cuerpo a otra localización, es deslocalizar tu mente y hacerte entender que esos valores morales de los que no eres ni consciente te limitan y cargan de cadenas. Te impiden pensar con libertad. Si, de acuerdo, te hacen ser baluarte de defensa de tu cultura, pero a costa de hacer de ti un autómata que acaba sin alma entregado a la droga que el grupo te ofrezca para hacerte olvidar lo sin sentido de tu existencia.
- ¡Joder! ¿De que ha sido tu Erasmus de filosofía de Kafka?
- Deberías algún día ir a ver el monumento móvil que tiene allí.
- Antes irá a ver el monumento a Smetana
- ¿A quien?
- Tía joder que perdiste el móvil en el rio que da nombre a su música más conocida..
- Ni puta idea.
- Ya veo lo bien que te ha sentado la Erasmus. Para aprender a follar desde luego, de lo que me felicito. Algún día hablaremos de eso. De momento vamos arreglarnos a ver como se nos da a los dos juntos eso de sexo en grupo. Por cierto, María, ¿Cómo hago para lavarme bien el culo?
- Aprende, coño, que eres mayorcito. Te dejo el cacharro de la lavativa en el baño. Ya nunca salgo sin la pera esa. Nunca se sabe.
- Pero ¿Cómo se usa?

Llegaron al Big Queen a las diez de la noche. Abel estaba interiormente cabreado porque estaba en ascuas deseando llegar dentro y acercarse al Privado. Quería sentir la sensación de indefensión que sintió que llevaba en su núcleo un deseo que no había conocido nunca, quizá solo aquella vez que de púber restregó su sexo contra el gato de su madre y sin más se corrió justo en el momento que el gato le regalaba un señor arañazo en los huevos que llevó con dolor durante días y mucha discreción.
María le notó el nerviosismo, entrando, y le preguntó con sorna si el coño le daba palmas ya.

- Estas nerviosito, Abel, te noto el temblor en todo el cuerpo, tienes tu coño ya bien abierto ¿no?
- La que lo tiene que tener abierto eres tú. Y yo, María por favor, yo no tengo coño, y eso fue una vez porque me pillaron a traición - la voz le tembló un instante porque sabía que estaba mintiendo, sentía que allí, en aquel ambiente deseaba que le taladraran uno detrás de otro y creía que con María se curaría de ese deseo asqueroso. Asqueroso, si, pero lo deseaba y no sabía como desembarazarse de ese deseo.
- No me vengas con milongas, Abel, estas deseando traspasar esa puerta - y mientras los decía hacia un barrido visual por la sala - ¡Abel! no me dijiste que Pedro estaba en su casa, pues entonces su sosias está aquí mismo - Mírale - dijo señalando en dirección a la cortina de terciopelo que daba acceso a la sala desde la escalera - está entrando con dos amigos, supongo que son amigos, no se.
- ¡Hostias! que hace Pedro aquí, me dijo que iba a estar con su madre en su casa.
- ¿Seguro que no habías quedado con él aquí? Todo esto empieza a olerme realmente a podrido, pero estoy muy mojada y quiero conocer una orgía de esas. Las he visto en porno, pero ya se sabe lo que es la industria, puta mentira, así que en vivo no se, además quiero ver como gritas cuando te la claven  bien dentro.
- Nadie me la va a clavar - Abel contestó ofendido incapaz de saber si iba a poder resistirse a no dejarse sodomizar por Lucas por ejemplo como la última vez, pero le irritaba hasta los tuétanos la facilidad con que María le leía los pensamientos - yo te la voy a clavar por el culo mientras una de esas zorras te come el coño.
- ¡Eh, que hacéis aquí! - Pedro les había visto, y abriéndose paso entre la gente, que ya era legión en el local, llegó hasta donde estaban - fíjate que yo no he ido al piso, porque suponía que estaríais allí muy a gustito y no quería molestar. Mi madre acabó con sus asuntos en casa y se ofreció a traerme, porque me dijo que suponía que yo tendría aquí mis planazos. Y fíjate que planazos, con estas dos petardas al lado que no me ligo yo un tío decente ni en tres años.
- Pues nosotros - se adelantó a las explicaciones María - hemos venido porque nuestro sexo necesitaba algo de pimienta - Pedro frunció el ceño con extrañeza y María se acercó al oído de Pedro para decirle algo - total que este me contó lo del privado de este local de maricones, si, no pongas caras raras, que es lo que es, muy animado  y divertido, pero lo es y le dije que quería conocerlo y de paso ver si venir aquí le animaba el muñeco que andaba un poco triste.
- María - Pedro puso cara de asombro divertido -  te veo muy cambiada y eso me alegra, más suelta, más libre, mas dispuesta a aceptar a todos.
- Praga ha sido reveladora - se apresuró a decir Abel - ha descubierto que todos tenemos culo, hasta ella  y todos podemos disfrutar de él, cómo yo descubrí, precisamente en este localito. Lo ha aceptado la mar de bien, ¿verdad cariño?
- Yo tengo que ver como te enculan, amor mío - dijo haciendo una carantoña exagerada -  para creérmelo, y si de paso me enculan a mí, eso que me voy a encontrar.
- Entonces - preguntó con sorpresa Pedro - ¿vais a entrar en el privado?
- Si nos invitan - contestó María mirando a Abel - encantados. Y tú también deberías entrar Pedro, siempre me ha intrigado como la tiene uno de vosotros, ya sabes, los gays. Me gustaría verte en acción.
- ¡Tu estás hecha una perra salida, cariño! - puso cara de niño travieso, Pedro -  Ni sueñes que yo vaya a follar contigo, aunque delante de tu novio tendría su morbo - dijo mirando a Abel poniendo un gesto como de disculpa, del que se ha visto obligado por causa de fuerza  mayor a hacer algo para lo que no estaba preparado.

En ese momento desde la zona del local donde estaba el privado una mano en alto se dirigía hacia su sitio, agitándose y estando ya cerca, pronunciando lo más fuerte que podía el nombre de los amigos.

- ¡Abel, Pedro! eh. Las últimas personas que yo me podía encontrar aquí - Marcos estaba exultante - y tu - dijo dirigiéndose a María - la novia de Abel, supongo. ¿Se lo has contado todo. Abel?
- Es mi novia María - Marcos se acercó y le do dos besos de saludo - Todo de todo, incluida orgía en la que me inoculasteis el virus del ano, tanto que ahora si no me lo estimulan me corro con dificultad.
- No exageres, Abel, con dificultad, no es lo que mas se acerca a la verdad - María entonó como quien está leyendo la verdad universal, cargada de razón - es que sencillamente no se corre, ¿cierto o no? - encaró a su novio y sin dejarle contestar prosiguió - tuve que meterle por el culo un consolador vibrador para que se viniese, porque me iba a despellejar la vagina de tanto traqueteo y no había manera.
- Entonces, ¿vais a entrar. Tu también quieres entrar? - le preguntó a María.
- Precisamente vengo a entrar. Si no es así salgo ahora mismo de este antro.
- Aunque veas mucho maricón, cariño - se puso más serio Marcos - el núcleo de lo que vas a conocer es bisexual. Tienes que estar preparada para si una niña te echa mano al coño, que respondas con cordura. A ver si vamos a salir a hostias.
- Marcos, amor - María se puso arrogante - yo creo que en Praga, haciendo recuento, me he comido más coños que pollas, y de esas me he comido unas cuantas. Lo del Erasmus es todo un hallazgo.
- Entonces perfecto. Pedro, ¿tu también?
- No me lo perdería por nada del mundo. Ver como enculan a un hetero mientras él encula a su novia y otro cualquiera la remata por delante. Va a ser ilustrativo. Espero que haya alguien haciendo fotos.
- Lo siento. Ahí dentro es pecado mortal. Y otra cosa. Abel, la otra vez tu eras el centro, eras el nuevo, la expectación. Hoy habrá otro que será el tarjet hacía quien se dirijan todas las miradas. ¿No te importará verdad?
- En absoluto, hoy quiero ser depredador y taladrar un culo virgen, sea de quien sea.
- De todas formas - se acercó a Abel de forma confidencial - dentro está Lucas, que quería disculparse - y se echó a reír sin poderse contener - menuda disculpa quería Lucas. Dentro del privado, tu no lo viste la otra vez, estabas demasiado solicitado, hay apartados por si una pareja o un trío quieren algo más íntimo. Lucas no sabía como acceder a ti porque se quedó coladito de tu cuerpo y tu entrega y el señuelo para llevarte al huerto era la disculpa. Y créeme, el cabrón ese se las pinta solo para conseguir lo que quiere.
- Le veré dentro, y a ver que disculpas son esas.
- Pues conociéndole vete preparando boca y culo, no veas como es el cabrón, y tu le has caído en gracia.

Se dirigieron hacia la puerta con el cartel de "Privado" y Marcos dio tres golpes secos con los nudillos y al momento la puerta se abrió y aparecieron la caras de Mariola muy cerca de la de Lola que llevaba rodeada con su brazo por el cuello, las dos muy sonrientes, apariencia de felicidad, miraron a la reunión y se besaron en la boca.

- ¡Uy, uy, uy! la noche promete, Abelito el mamoncete con su criptonovio Pedrito, van a saltar chispas. ¿Y el chochito que nos vamos a comer, quien es?
- Soy la novia del mamoncete, quiero comprobar no ya como la chupa sino como le trastean el culete mientras me folla a mi, zorrita.
- ¡Bien, Lolita, bien! ésta es de las nuestras, nos lo vamos a pasar de lujo - y volvió a morrear a su amiga mientras se apartaban a un lado - entrad, joder, que se escapa el duende.

El ruido de la cafetera y el entrechocar de cacharros hicieron que Abel se despertara. Pedro en la cocina preparaba más un brunch, por la hora, que un desayuno. Miró el reloj para comprobar una vez más que eran las doce y media.
Abel se removió en la cama, haciéndose el remolón por vaguería intentando abrir los ojos para que la luz del mediodía no le cegase. Abrió la boca para llamar a su roomie pero la voz le salía débil y desistió de llamar a Pedro. Murmuró con rabia "mariconazo" y el cabreo le ascendió como espuma de cerveza caliente tirada delo alto hasta estallarle en la garganta y gritó "Pedro, joder"
Pedro termino de freír el último huevo de la comida, apagó el gas y se acercó con tranquilidad a la habitación de Abel. Había notado la violencia en el grito, pero no era capaz de averiguar que podía hacerle estallar de esa manera.

- ¡Vamos, tío! arriba, el brunch está preparado y como nos descuidemos es una cena. ¿Qué quieres? - preguntó desde la puerta con entonación de hartazgo - no me digas más, el típico "que borracho estaba anoche, no me acuerdo de nada" tan aburrido de vosotros los heteros cuando acabáis descubriendo lo rico que está un rabo.
- ¿Y un coño, no, verdad? - dijo con una rabia violenta que no conocía en él y gritando incorporándose en la cama echando con fuerza la sabana lejos quedándose desnudo delante de Pedro.
- ¿Y eso, a que viene ahora? - preguntó Pedro con calma sorprendida.
- ¡Ah, vaya! ahora eres tu el que estaba tan borracho..., ¡cínico!
- ¡Abel por favor, despierta! ¿Qué pasa?
- ¿Qué que pasa?, ¿Qué que pasa? ¡Que te follaste a mi novia, joder! y todavía no se porqué no te mato, cabronazo disfrazado de maricón.
- ¿Qué yo que? 
- Si, niégame que se la metiste en el cuerpo a María y no sabría decir si por el culo o por el coño, pero ella te cabalgaba la polla y yo no podía acercarme.
- ¿Cómo te ibas a acercar? Te estabas tragando el rabo de Lucas mientras Marcos te preñaba, ¿Y sabes porque lo se? porque era yo el que te la chupaba bajo el cuerpo de Marcos que te follaba. Mamándotela a ti, llegó María con Mariola y se me ensartó sin que yo pusiera ninguna intención. Si se la metí en el coño, no lo se. Eso si te puedo decir, si era el coño, es una sensación muy dulce, menos intensa, más extensa en el tiempo pero descargué en ella. Por cierto, tienes una lefa muy fuerte y abundante. Te corriste en mi boca. ¿Cómo es la leche de Lucas?, ¿También te la tragaste, como yo la tuya?
- Fue una locura - su tono bajo la intensidad de violencia - yo vi como María te cabalgaba y me volví loco, pero estaba bien cazado por las dos pollas por mis dos agujeros, y no te voy a engañar, si, por arriba y por abajo es adictivo y espero volverlo a repetir. ¡Ah! y otra cosa, tienes una lengua prodigiosa - y diciéndolo sintió que su cuerpo respondía positivamente.
- Ya, ya. Me doy cuenta todo lo prodigiosa que es - dijo mirando sonriente a la entrepierna de Abel que ya exhibía una erección soberbia - si quieres puedo recordártelo, pero creo que sería mejor ir a la cocina a comer algo antes de que se enfríe.
- Pero tenemos que hablar de todo ello - dijo serio Abel sujetándose la verga dura con las dos manos, como si quisiera sacar de la ecuación el sexo que le delataba.
- Con María delante, supongo. Ella tendrá algo que decir.





jueves, 25 de junio de 2026

¿AMIGOS O ALGO MAS? (4)

 

- ¿Qué haces este finde? Abel preguntó a Pedro cómo de pasada, como una frase hecha, casi una obligación de buena educación con el compañero de piso.

Desde que Abel y María se habían reconciliado después de las sentidas explicaciones de Pedro para excusar a su amigo, la vida social de cada uno iba por derroteros diferentes. Estaban en el segundo año y María marcaba estrechamente a Abel, siempre escamada con su novio que no sabía cómo tenerla segura de que aquello fue una encerrona y nada más. Todo el curso anterior y lo que llevaban de este Pedro y su pandilla de amigos, gays o no, salían los fines de semana dónde hiciera falta y si Abel se apuntaba era con María presente que no dejaba que su novio cruzase más de dos palabras con nadie. Casi siempre al poco de llegar con cualquier excusa abandonaban el grupo. Pedro le decía a Abel que se pusiera en su sitio que su novia le tenía demasiado controlado, como si fuera un macho con todos los vicios de un macho tóxico que no deja a su chica ni ponerse determinados outfits. Abel se enfadaba con Pedro, aunque sabía que era verdad, razón por la cual el carácter expansivo y arrollador de Abel fue desapareciendo dejándole como una mala caricatura de quien fue el cuando Pedro le conoció. María por su parte culpaba a Pedro en buena parte de lo sucedido a su novio por lo que sus charlas se fueron distanciando hasta perder en la práctica su amistad.

- ¿Quién se ha querido morir?
- ¿Cómo Pedro?
- Que hacía eones que no me hacías una pregunta así, como últimamente, bueno últimamente, hace un siglo, no tenemos intimidad, ni de la que teníamos ni de la que ya me gustaría tener a mi. Tú sabes.
- Ya, ya sé lo que dices, pero es que ¿Dónde coño voy a ir yo solo el finde?
- ¡Hosti, tu! Solo, ¿Y la centinela de la mazmorra?
- Está de Erasmus.
- ¡Joooder! ¿Y me entero así? Cuando coja a esa perra y me importa un carajo que sea tu novia, bueno, tu carcelera, la despellejo. ¡Con lo que hemos sido que solo nos faltó follar detrás de los contenedores del instituto!¿Pero porque no has dicho nada, cabrón? - Pedro dio un paso agresivo acercándose a Abel pleno de indignación
- Me prohibió que lo dijera - lo siento.
- Coño, Abel, ¿tanto tira un ídem? De verdad tío, lo siento te ha desbaratado - se acercó del todo a su amigo con expresión de solidaridad ahora en lugar de ira y le estrechó en un abrazo. Sintió como Abel rompía a llorar y sintió el impulso de consolarle con un beso, pero se cohibió - vamos a ir a una disco retro de petardas, drag y eso. No sé si a ti esas cosas… Y además van venir Marcos y Mariola
No creo yo…
- ¿Y porque no? - contestó con hábito de derrota Abel - ¿Qué puede pasar, que me dé por culo un tío? Creo que las alturas en las que me muevo hasta agradecería probar a ver - se dio cuenta lo que la desilusión le había hecho decir y rectificó - ni me hagas caso, tú me conoces.
- Hombre Abel - imposto incómodo - si alguien tiene que descerrajar tu puerta trasera, ese soy yo. Que no me entere… - y ahí rompieron a reír los dos - Bueno, entonces ¿vienes?
- Pues claro.
- ¿Y dónde ha ido tu perra, perdón, María.
- A Praga.
- No se va comer una rosca con ese endiablado idioma, pero ella sabrá. Ni le vayas a decir que me lo has dicho que se vaya al puente de Carlos a acariciar al puto perro.
- ¿Qué?
- Nada, que te lo explique ella.
- Y en ese sitio que vais a ir, ¿hay tías normales?
- Abel, por dios si hay alguna tía anormal es tu novia. Ahora si te refieres a que pueda haber heterosexuales de uno u otro sexo, seguro que si, no vas a ser el único como un bicho raro que se exhibe en una feria. Tú vienes con nosotros, te dejas tus prejuicios en la puerta y que salga el Abel ese que conocí hace mil años - Pedro cambió su tono entonces, a más cordial, más familiar - Abel no sé si te ha olvidado, pero te quiero, joder, te quiero- Abel quiso interrumpir pero Pedro le frenó - No, déjame seguir. Y si, de esa manera no puedes impedir que te quiera también, pero ahora hablo de la otra. Me duele en lo más hondo verte devastado por tu relación y no sé cómo ayudarte. Si, quiero que vengas con nosotros y te diviertas y que vuelvas a ser ese macho zafio y espontáneo que me enamoro nada más verle.
- Me he hecho a María y no sé cómo desengancharme, es una droga para mí. ¿Crees que no me añoro a mí mismo? Y otra cosa, y no vayas a interpretarme mal. De vez en cuando al rememorar el incidente con Marcos en la playa, me sorprendo a mí mismo dibujando una sonrisa bobalicona en mi cara, y eso me hunde más todavía y hace que necesite más María porque sigo sin perdonarme que disfrutase de esa mamada.
- Abel, ¿Qué de malo habría que fueses bisexual?
- ¡Calla, joder! Ni me lo menciones, solo de escuchar como lo dices se me encoge el corazón. Si así llegase a descubrirme creo que haría una puta locura.
- Venga tío, no lo pienses más, se acabó. Mañana te vienes, vamos a un sushi primero y luego unas copas y al Big Queen. Además actúa la drag más increíble “La Celine” por la Dion, ya sabes. Y hace un número que te cagas.
- No se.
- Se acabó Abelito, si sabes, porque te lo dice tu amigo el maricón - hizo un movimiento afeminado y exagerado con las manos para enfatizar lo que acababa de decir y sacó una sonrisa de su amigo.
- De verdad Pedro, no sé qué haría sin mi amigo…, el maricón - y se echó a reír sinceramente de su ocurrencia.
- ¡Así me gusta verte Joe! Te has atrevido a pronunciar la palabra maldita sin violencia, cargada de cariño. Por algo se empieza. A ver si a María se la folla un checo y se te desengancha. Y me voy que llego tarde. Mañana te quiero guapísimo, que quiero presumir delante de las reinonas de amigo hetero.

Al día siguiente Abel se dio cuenta que se comportaba como hacía meses que no lo hacía. Abrió su armario y vio la ropa eligiendo cuidadosamente unos chinos que le marcaban el culo haciéndoselo aún más convexo, más visible y una camiseta de licra que le marcaba los pectorales y su perfecta tableta y unas deportivas de piel blancas sin excesiva suela. Se miró al espejo y se gustó y pensó “voy a estar arrebatador para esta pandilla de locazas, y espero que a Pedro le guste” Al pensar esto último se extrañó, a Pedro no tenía porque hacer nada para gustarle, él ya sabía que su amigo bebía los vientos por el, pero muy dentro sentía que de no sabía qué manera quería sentirse guapo para el. Se perfumó con una amaderada con poca especia y tabaco y se dio por satisfecho. No dio más importancia al asunto y en ese momento entró su amigo corriendo al apartamento para vestirse. Se detuvo en seco y se quedó con la boca abierta.

- Joder, Abel, ¿tú qué quieres que te violen en grupo? Eso amigo es provocación y no sé cómo me contengo. ¡Ese culete! Por favor me voy a morir aquí mismo.

Cuando llegaron al Big Queen los amigos de Pedro estaban esperándole. Se les descolgó la mandíbula extasiados ante la contemplación de semejante Apolo.

- ¡Maricón! - Sebastián fue el primero en reaccionar - ¿Qué tú tenías esto guardado y no habías dicho nada, perra?
- Este es Abel y os he hablado de él hasta aburriros, mi colega de piso, mi amigo del alma y…, como  nadie lo tiene todo, heterosexual de libro.
- Y entonces… - dijo Pablo mirándole de arriba a abajo mientras se relamía - ¿Qué está, la otra, de vacaciones y por eso viene con nosotras?
- De vacaciones, bueno de Erasmus, que es casi lo mismo, la novia que se ha ido a Praga. Está el chaval aburridote y se ha venido.
- Pues aquí se va a entretener, bueno, le vamos a entretener entre todas - y soltó una carcajada cohibida jaleada por el resto de amigos.
- Bueno, ya está bien de coñas, que me lo estáis cortando, vamos a entrar - se puso serio Pedro.
- Caramba, ¿aún estáis aquí, tan importantes somos como para esperarnos? - Marcos y Mariola llegaban en ese momento.
- Ya estamos todas, oculta incluida - sentenció Sebastián - con su justificante sin polla, que por cierto va muy mona. Mariola cariño, dentro está Lola, tu amiga del alma. Y su novio, Marcos, quizá te interese, machote.
- Pedro - Abel se llevó a su amigo a un apartado con firmeza, indignado - ¿Está gente sabe lo mío, tú has dicho algo?
- ¿No me conoces aún? Y ha pasado un año Abel. Si saben algo tiene que ser cosa de Marcos, o de Mariola, que tú todavía no la conoces bien. Vamos, olvídalo y vamos dentro.

Al Big Queen se entraba por una puerta estrecha de paso que se encontraba en la misma fachada de un bar llamado Little King. Si no sabías lo que allí había, nunca habrías  podido imaginarlo. Se bajaba una escalera empinada de un solo tramo que moría en una espesa cortina de terciopelo negro, tras de la cual un ambiente ruidoso y neblinoso te hacía acceder a un mundo onírico. Si, creerías haber entrado a un mundo irreal. Junto a perfectos smoking había mucho correaje claveteado, arneses, incluso de boca sobre escultóricos cuerpos bronceados desnudos absolutamente, salvo por complejos artefactos destinados a mantener una castidad nominal. Enrevesados peinados de pelucas excesivas sobre caras decoradas como telas de un Picasso pintado un día de demasiado Pernod. Hombres con máscara de perro y manoplas, collar al cuello con cadena que portaba un oso revestido de cuero y gorra de motero. La música invadía de forma abusiva cualquier recóndito chiscón en el que uno quisiera refugiarse. Y las luces. Podrían haber mareado al más avezado tramoyista de una opera punk. Sencillamente no dejaban razonar, solo sentir. De alguna forma el local se asemejaba a una instalación de aislamiento sensorial en la que en lugar de querer anular cualquier sensación trasmitida por el medio, saturaban esas sensaciones al punto de no saber si tocabas o eras tocado. Los reunidos en aquel ambiente formaban parte, quisieran o no, de un organismo superior que era quien decidía que se podía sentir y que no. Abel empezó a marearse pero no hizo nada por resistirse, le resultaba agradable esa sensación de flotación ingrávida. Y en ese momento alguien le tomó del brazo. Miró y era Marcos. Abel no se mostró esquivo, le agradó que Marcos viniera a saludar. Y cuando esté haló de el, se dejó llevar. Es más, supo que deseaba que Marcos le arrastrase, ¿Donde? Le daba lo mismo. En aquel lugar de embriaguez aunque no existiera alcohol, todo daba igual, y era bonito, no censurable y muy aceptable. Allí la moral estaba disuelta en la ética de cada cual. Era la patria perfecta, pensé Abel
- Sígueme - en la voz de Marcos había urgencia, había deseo, había dominio - al otro lado de aquella puerta está Mariola. Aquí y ahora vas a conocer lo que es sexo del de verdad, no esos torpes intentos de satisfacerte como un púber que acaba de descubrir que ese trozo de carne sirve para algo más que mear - y al tiempo que lo decía giraba el pomo de una puerta en la que rezaba “Privado. Solo personal autorizado”
- ¡Abel! - la voz imperiosa de Pedro resonó por encima del tumulto - ven conmigo.
- Voy con Marcos - volvió la cabeza para contestar y en ese momento asomó la cabeza Mariola vestida con un body exiguo de tafilete muy ceñido con un zurriago en la mano.
- Deja que se vaya, Marcos, ¿Aún no te has dado cuenta que es un estrecho? Lo está deseando pero no tiene huevos como todos estos machotes.
- Ya vuelvo yo solo, Pedro, ya soy mayorcito - respondió envalentonado Abel.
- Abel, por favor, no sabes dónde te metes. No entres ahí o te arrepentirás - rogó Pedro.
- Creo que estoy ya arrepentido de casi todo Pedro - y lo dijo en un tono de rendición, de abandono, de hundimiento total y se dejó llevar de la mano de Marcos dentro del privado.

Pedro llegó al apartamento clareando el día. Había pasado la noche con un ojo en el escenario y otro en la puerta por la que desapareció Abel. Entraba y salía gente pero Abel no era ninguna de ellas. La actuación de Celine fue memorable, como siempre, la emperatriz del Big Queen y se prolongó hasta altas horas. En ese tiempo Pedro trabó amistad con otro espectador frisando la cuarentena y acabaron la noche en casa del otro.
Nada más entrar en la casa lo primero fue ir a la habitación de Abel. La cama hecha y ni rastro de su presencia. Se desesperó y le echó la culpa tácitamente de que la noche con su pareja ocasional no hubiese podido ser tan redonda como esperaba.

- ¿Qué te pasa, estás incómodo por algo que haya podido hacer? - Álvaro decía esto con la mayor cautela mientras apartaba el cabello de los ojos de Pedro.
- Estoy preocupado Álvaro. Un buen amigo, hetero, te lo aseguro, al que su novia putea sin misericordia estaba tan abatido que lo llevé a ver a Celine y allí se encontró con un tío que conoció el verano pasado en la playa y que no parece trigo limpio. Tiene el cabrón novia y todo, pero eso, con conocimiento de ella no le impide trajinarse al que le gusta utilizando a la novia para la trampa. Y anoche metieron al privado a mi amigo y temo a lo que hayan podido abocarle. Es muy inocente.
- Mariola y Marcos, no me digas más.
- Los conoces.
- De largo. Marcos chapero con catorce años hacía la carrera aledaños de la catedral y no solo follaba o se dejaba follar, según pasta. Daba palos también a los incautos que se dejaban sorprender por su supuesta candidez púber y les llevaba a su casa, donde les robaba hasta el aire que respiraban. Su padre es un famoso arquitecto y su madre una alcohólica devastada por los cuernos que le pone el marido, una familia rica perfectamente desestructurada. Marcos desde los catorce años hace lo que le pide el cuerpo. Y Mariola es una niña de barriada deprimida que le da a Marcos lo que necesita, puro vicio.
- De que sabes tú tanto. 
- Soy decorador de interiores y en este mundillo todos nos conocemos. De Marcos dice su padre que es un maricón que está convencido que no es suyo, sino de un antiguo novio que tuvo ella, un tal Ramon, ajustador matricero en una fábrica de coches. Total, que la tal pareja son de cuidado. Mira, chico, vete para tu casa y recoge los trozos e intenta recomponer a tu amigo, y si no está, espérale y préstale ayuda o al menos tu hombro para llorar, que llorará. Quédate con mi teléfono y me llamas otro día, me gustas Pedro y quisiera volver a quedar, la pelota está en tu tejado.

Pedro estaba en la habitación de Abel sentado en su cama, con la cabeza hundida entre los hombros. No sabía qué determinación tomar, si esperar, salir al Big Queen que ya estaría cerrado o deambular por la calle buscando, lo que le parecía una estupidez.
Y cuando más confundido estaba le sonó su teléfono. Con premura lo sacó del bolsillo y un vuelco le dio el corazón. Era Abel.
- ¿Abel, estás bien? Abel, joder, que susto me has dado. ¿Dónde estás? 
- En urgencias del hospital provincial, aquí he venido - y al otro lado de la línea Pedro escuchó llorar sin consuelo a su amigo.
- Tranquilízate Abel, el tiempo de llamar un Uber y estoy ahí. Por lo que más quieras, no te muevas.

Pedro iba en el Prius instándole al chofer a apurarse pues temía que la situación presuntamente inestable de Abel le llevase en un impulso irracional a irse de urgencias. Le imaginaba roto, sangrando por el culo por una irrupción intempestiva contra su voluntad en su cuerpo, con lesiones faríngeas por felaciones abusivas. Se temía lo peor.
- No se vaya por favor vuelvo enseguida - indicó al chofer.
- Imposible chico, tengo otro servicio esperando. Ahí tienes unos cuantos taxis a su disposición. Lo siento, de verdad. Ponme cinco estrellas por favor.

Entró en urgencias intentando mirar a todos lados a la vez y no viendo nada. Fue a la sala de espera, abarrotada de gente, escudriñando la figura de Abel, pero no lo encontraba. Empezó a hiperventilar seguro de que su amigo ya se había ido de allí. Daba vueltas sobre sí mismo mirando a todos lados cada vez más nervioso hasta que una señora le llamó la atención sobre alguien que sobre el fondo de la sala, sentado en el suelo le reclamaba atención. Se giró y se percató una vez más de un vagabundo que ahora con la cabeza levantada y brazo en alto le hacía señas. Pedro se fue acercando despacio intentando reconocer a quien le llamaba y cuando estaba a tres metros se detuvo en seco llevándose la mano a la boca para cohibir un grito de sorpresa y dolor. Se acercó rápidamente.
- ¡Abel, por todos los clavos de cristo, joder, Abel! ¿Qué cojones te ha pasado, te ha atropellado un tráiler?
- Me ha atropellado Marcos y toda su tribu.
- ¿Y qué haces aquí entonces?
- Me encontraba muy mal Pedro y además me duele mucho el culo.
- ¡¿Te han follado el ojal?! A ese cabrón me lo cargo. Venga, vámonos a casa que de esas cosas se algo. A ti no te hace falta un médico, te hace falta un buen amigo y que entienda de estas cabronadas. No creas que yo no tuve también mi primera vez. Venga, levántate y vamos a coger un taxi.

- Y ahora - dijo Pedro accionando la llave de la puerta de la casa - lo primero a ducharte y luego como la madre que te pario te voy a mirar por ahí, a ver qué destrozo hay.
- Déjame Pedro, de verdad, estoy hecho polvo, creo que me he corrido seis veces, más bien me han hecho correrme, ha sido horrible.
- Pero si te has corrido tantas veces…, algo habrás disfrutado. Bueno mira, luego cuando descanses te ducharás y ya me cuentas. Te voy a hacer una infusión fuerte de tila, manzanilla y menta, verás como te relaja. Ay, joder, parezco mi abuela. Venga échate y mañana hablamos. Que descanses, si no te levantas a comer no te voy a despertar. Ahora te traigo eso, no te duermas aún.
- Gracias, gracias de todo corazón. Ahora se lo que es un amigo.

Cuando vio salir a Pedro dispuesto a atenderle, sin la más mínima exigencia, ni reproche, ni petición de explicaciones sabiendo lo que representaba para él no pudo contener el llanto de reconocimiento y alegría por tener alguien así a su lado. Tomó el embozo de la sábana y se enjugó los ojos.

- Ya está aquí la infusión - dijo Pedro en tono alegre entrando en el cuarto, justo para ver cómo Abel se limpiaba las lágrimas - y nada de lloros, tío. Has tenido una noche loca de orgia que recordarás de por vida. Nada más.
- Y nada menos - contestó con cierto alivio Abel.
- Pues hasta mañana, o ya es mañana, bueno hasta cuando sea amigo - le dijo mientras se giraba y encaminaba sus pasos a la puerta, pero le detuvo Abel.
- Pedro…
- Dime, necesitas algo más 
- Si. Por favor, no te vayas. Quédate conmigo, no quiero hoy volver a sentirme tan solo.
- Pero Abel, yo también estoy cansado.
- Échate aquí - y dio dos golpes con la palma de la mano sobre la cama - la cama es de uno cero cinco, caben dos si se lo proponen.
- Abel, tú sabes lo que puede llegar a pasar. Eres consciente que en cuanto sienta tu calor me voy a empalmar como un borrico en celo, mira - dijo señalándose el bulto en el pantalón.
- Pues ponme el rabo, me da igual yo me voy a dormir y después de lo de esta noche que me ha entrado de todo por todos lados no me va a importar sentirte a ti. Disfruta de mi cuerpo, sin pasarse - y sonrió de una forma triste al tiempo que levantaba la sábana - vamos, desnúdate y a la cama. No me dejes solo, porfa.

En cuanto Pedro se metió en la cama y Abel sintió su calor y su roce tranquilizó la respiración, la acompaso a sus latidos que fueron enlenteciéndose y se sumió en un sueño reparador.
Al tiempo que Abel se relajaba, Pedro no podía evitar la excitación. El que durante cinco largos años había sido el protagonista de sus sueños más húmedos estaba a su lado, desnudo, durmiendo rozándole y lo único que podía era velar su sueño. Su miembro estaba a reventar y estaba seguro que si le rozaba con él la nalga a su amigo eyacularía sin remedio. Haciendo un acto de supremo autocontrol se dio la vuelta quedando espalda contra espalda. Paulatinamente el cansancio fue haciendo mella y Pedro también se quedó profundamente dormido.
El sol entraba muy oblicuo por la ventana y daba directamente en la cara de Pedro que no tuvo más opción que abrir los ojos y parpadear porque el sol le deslumbraba. A medida que los minutos pasaban el sol abandonó la cara de Pedro y pudo tomar conciencia de donde estaba. Estaba cara a cara con Abel que seguía durmiendo plácido y sereno, pero se encontraba a un centímetro de su cara y no pudo resistirlo, le rozó los labios con los suyos y sintió que su cuerpo reaccionaba violentamente, tanto, que estando de frente con él su verga rozó la verga fláccida de Abel y no se pudo controlar eyaculó sobre los genitales de su amigo y fue el orgasmo más remunerador de su vida, espontáneo, intenso, avoluntario y desprovisto de culpa. Abel no despertó a pesar de la mojada de semen, seguía tranquilo su sueño. Miró Pedro el reloj de pulsera; las dos de la tarde, se levantó intentando no desvelar a Abel y se fue a la ducha.
Paso la tarde leyendo y sesteando, se imponía recuperar después de la excitante y agitada jornada anterior. Repasó con morosidad todos los detalles, como se despistó de Abel en el local tanto por el brasileño de portada de revista únicamente vestido con un short de cuero negro, el cuarentón tan comprensivo, como por la actuación de Celine en el escenario y los remordimientos que le impidieron terminar en la cama con Álvaro. La sensación de vértigo cuando no encontró a Abel en casa y la desesperación en la acera esperando el Uber. Y finalmente la felicidad total sintiendo el cuerpo desnudo de Abel a su lado en la cama. Se estremeció cuando recordó aquella magnífica petit morte derramándose sobre su compañero.
Estaba con los ojos cerrados ensoñando aún cuando una voz le trajo bruscamente a la realidad. Abel abriendo la boca, la cara relajada y con un ojo cerrado y otro guiñado acababa de entrar en la habitación completamente desnudo.

- ¿Qué hora es, y qué día es hoy? Joder, es de noche, ¿tanto he dormido? Y mira, debí hacerte caso y ducharme anoche…, o cuando fuera, todavía tengo restos de corrida en la pelambrera de los huevos. O me he corrido yo esta noche y no me he dado ni cuenta, o te has corrido tú y…- no pudo terminar la frase porque estalló en una carcajada por lo absurda que le parecía la posibilidad.
- No, verás - Pedro no reía, tenía un tinte ceniciento en la cara y tragaba saliva sin poder articular la siguiente palabra, Abel dejó de reír de golpe.
- No me digas… - el semblante serio se instaló en lugar de su risa en el rostro.
- Deja que te explique - las palabras de Pedro eran sin convicción, vacilantes.
- Creo que no hay mucho que explicar, te has corrido sobre mi polla y eso lo dice todo.
- ¡Pero no es como parece, joder, Abel! Tú me pediste que me metiese en la cama contigo y sabías cuál podía, a buen seguro, ser mi reacción, como fue, de acuerdo, pero fui leal contigo y me volví, te di la espalda y me dormí, cuando desperté tenía mis labios a milímetros de tus labios y los roce en un beso de seda y en ese momento mi polla furiosa de deseo rozó la tuya dormida y no fui capaz de cohibir la corrida. Te lo juro Abel - una lágrima se abrió paso en los ojos de Pedro - te lo juro por el cariño que te tengo, créeme. Me vacíe sobre ti sin querer, con un deseo irrefrenable, si, pero espontáneo, sin querer.

Abel le miraba con frialdad y cara de palo, sin expresión alguna, con la neutralidad propia del que observa una escena que ni le va ni le viene. A Pedro las lágrimas de desconsuelo le rodaban con mansedumbre por sus mejillas yendo a morir en las comisuras de sus labios dando un paladar salado al futuro que se le presentaba con su amigo. Le miraba a la cara con interés casi arqueológico intentando buscar algún gesto que le anunciara que su amistad no había terminado.
Abel, de tener la cara inexpresiva se le fue iluminando con  un cambio de gesto. Primero fue un leve cambio de ángulo de sus comisuras de boca y luego un dulce achinamiento de ojos que presagiaban el inicio de una mínima sonrisa. Finalmente la sonrisa franca triunfó sobre su seriedad de juez y se dirigió a su amigo.

- Me alegro, me alegro mucho. Me alegro que te hayas derramado sobre mi, que me hayas fertilizado sin mi concurso. Te quiero, Pedro, pero no puedo satisfacer tu forma de entender el cariño. Sin mi consentimiento y de alguna forma has conseguido algo de sexo conmigo y lo celebro. Lo de anoche y creo que sin mi consentimiento, fue anoche o cuando, fue brutal, estoy empezando a recordar y todavía me duele el culo. Si tú te has satisfecho conmigo, con mi cuerpo y has sido feliz por eso, te repito que me felicito. Me hubiera gustado ser consciente de tu disfrute pero sabes, que de momento, es imposible.
- No hubiera querido que fuera así. Que tú hubieras podido preñarme a mí - apartó la vista dirigiéndola al suelo - aunque ya sé que debo abandonar ese deseo y lo acepto. Yo también te quiero y porque te quiero te voy a pedir que me dejes mirarte el ano por si tienes algo dañado reparable - se levantó del sofá y señaló el camino del dormitorio - no creo que te importe que mire.
- Después de correrte encima de mi ¿Qué puede importarme que me mires el orto? Además seguro que vas a disfrutar viéndolo.
- No, no - dijo Pedro al ver que Abel adoptaba la posición de oración mahometana - túmbate boca arriba en la cama levantando la piernas y abriéndolas todo lo que puedas.

Cuando Pedro vio el cuadro la erección reclamó protagonismo. Se quedó quieto con la mirada fija en el periné de Abel. El ano de ser un orificio puntual circular se había convertido en una línea de más de un centímetro de largo de bordes algo sobre elevados y algo evertidos. Pedro se ensalivo los dedos y los paso con suavidad por la hendedura. Luego paso a la piel que separaba el ano del escroto y masajeó suavemente apretando en profundidad. En esa exploración preguntó a su amigo.

- ¿Qué sientes cuando masajeo en profundidad?
- No sé, una sensación extraña pero placentera. Aprieta un poco más en ese punto. ¡Ahí! Siento como un calambre muy agradable que me recorre todo el rabo hasta la punta del capullo. ¿Dónde estás tocando?
- Estimulando la próstata a ver cómo de machacada la tienes y además levanta la cabeza y mírate, tienes un empalme suave, pero has reaccionado a la estimulación prostática. Ahora voy a ver el ano que por cierto te lo han trabajado a base de bien. Empuja como para cagar, eso es. Si tío te han desvirgado como para hacer una porno de bottom y no desmerecer.
- ¿De qué?
- Bottom, suelo, él o lo de abajo, pasivo, al que se la meten. Yo creo que está todo bien, con la salvedad de que cuando quieras gozar de culo, podrás hacerlo sin problemas. Te han tenido que follar un montón de tíos y eso si no te colaron una doble, ya nada me extrañaría. ¿Qué pasó cuando entraste en ese privado? De lo que te acuerdes. Si quieres, naturalmente.
- Yo estaba ya un poco flotando, la verdad y cuando Marcos me cogió de la mano y me llevó allí y vi a Mariola con ese atuendo de dominatrix sentí que la polla reventaba las costuras del pantalón y eso me decidió a entrar después de una ligera vacilación. Nada más cerrarse la puerta otra chica que parecía llevarse bien con Mariola, Lola creo que la llamaban, me trajo un chupito que por el color parecía Puerto de Indias pero estaba amargo. Me dijo: “Es para que aguantes lo que se te viene encima” y me cogió el paquete que yo ya tenía a reventar. Un tío que apareció de no sé dónde, aquello era la calle del infierno un día de feria, se me acercó mucho y me echó una bocanada de humo denso y blanco en toda la cara, muy cerca de la nariz, y a partir de ahí solo tengo flashes. Muchas veces me ponían un frasquito en la nariz que olía a disolvente y me decían que aspirase fuerte y lo único que recuerdo es mucha gente alrededor, yo absolutamente desnudo y las tías, Mariola y Lola cabalgándome la cara para que las comiera el coño y mientras, por abajo Marcos chupándomela, y sé que lo era por la forma de hacerlo, recuerdo perfectamente la primera, porque tengo conciencia de las otras manadas y lo hacían diferente. Sé que probé mi semen porque en una de mis corridas en la boca de alguien lo compartió con Lola que me besó después.
- No te dio asco el beso blanco
- Eso mismo me planteé en ese momento, me extrañó que no potase , pero no, tengo que confesar que me excitó. Mientras yo comía coño y me la mamaban, alguien, he de decir que con sabiduría me manejaba el ano. Como Chema el año pasado en Azul, pero mejor, no me disgustaba. Me dejé llevar y en una de esas sentí, no dolor, de verdad, me acordé de ti y sentí alivio de que cuando te lo hicieran a ti no te doliera. Sentí una sensación como que me cagaba, mucha tensión de estiramiento por ahí, pero no era dolor. Esa sensación duró muy poco y enseguida sentí placer en el capullo como cuando tú me has masajeado ahí. Y detrás de ese vino otro y otro y creo que me desmayé. No recuerdo haberme vestido y además yo salí con una licra que me marcaba los abdominales y cuando me vi en urgencias tenía una camisa que no reconocía. Alguien me metió en un taxi y cuando me preguntó la dirección le dije que a urgencias porque me dolía el culo, me metí la mano y estaba demasiado húmedo. Pensé que era sangre y por eso fui a urgencias. Ya allí me vi la camisa y me asusté más aún. Y te llamé, que ni me planteé si tenía cartera llaves y teléfono, me eché mano y allí estaba todo.
- Cuando llegué estabas muy desorientado. Menos mal que me llamaste.

En ese momento sonó el teléfono de Abel. El frunció el ceño de extrañeza, como diciendo “¿quién podrá ser?” y se dirigió al dormitorio a coger su móvil. Llegó a su habitación y levantó el teléfono.

- Pedro, es un número desconocido de… República Checa.
- ¡Cógelo coño! Qué es María. ¿O conoces a alguien más de por allí?
- ¿Dígame? - pulso el icono de descolgar.
- Abel, soy yo, María. Se me ha caído el móvil al Moldava en un paseo que dimos por el río en vapor cito y estoy llamando del teléfono de una compañera.
- Es que he visto número desconocido y porque Pedro me ha dicho que eras tú.
- ¿Estás con Pedro? - preguntó con entonación de extrañeza.
- Es mi compañero de piso, ¿con quién si no?
- Perdona, lo había olvidado, perdona, perdona. Dale recuerdos. Quería hablar contigo. Si te parece mañana lunes hablamos por skype y así te veo, ¿vale?
- Claro, vale.
- Te quiero Abel, perdona por todo lo que te he hecho pasar, perdona…
- Mañana hablamos, cariño. Yo también te quiero. Hasta mañana - pulsó el icono de colgar y se quedó mirando a Pedro con expresión dura - Ahora. Se da cuenta, ahora. ¿Sabes, amigo? Creo que he empezado a ser otro. La puta orgia esa ha alumbrado otro Abel. Creo que voy sabiendo a quién y a quien no debo atender en sus demandas. Es como si a base de pollazos me hubieran despertado y me hubiera dado de golpe cuenta de que color está hecho el mundo y no es el que yo, soñando, imaginaba.
Pero, amigo mío, a mi me gustan las mujeres, no los hombres. Me atraen unas caderas anchas y unos hombros estrechos que soportan unas tetas amplias. La naturaleza me ha programado para seleccionar las que puedan parir y amamantar con garantía de perpetuarme en los hijos, me gustan a rabiar las tías lo llevo grabado a fuego. Ahora lo sé conscientemente. Me lo ha desvelado la desmesura de la otra noche. Estoy preparado para saber hasta donde puedo abrirme. No volverá a suceder el contar a María lo sucedido con Marcos. Entonces, como lo rechazaba de forma visceral tuve que decírselo, pero ella no me creyó, porque las mujeres están programadas para conocer a quien puede fecundarlas. Ella supo, que si me gustó lo de Marcos en la playa antes de que yo lo supiera. Y si, no quiero negarlo, no a ti, que sé que me eres leal, a partir de determinado momento disfruté del lance. Disfruté que me sodomizaran varias veces, bien es verdad que mientras mordisqueaba un clítoris duro, pero cuando en lugar de clítoris me entró en la boca un rabo enorme también gocé del momento. Estaba rompiendo la norma y eso me hacía sentir autónomo, no sujeto a complicados juegos hormonales y sociales, estaba trasgrediendo la ley, estaba robando el fuego de los dioses. Si, como a Prometeo se me castigará con la conciencia del saber, y esa verdad me roerá ya para siempre las entrañas y no habrá descanso. María no se enterará por mí de lo de la otra noche, porque con ella seré el macho fiel hasta la muerte, pero no te quepa duda que en el momento adecuado le abriré los ojos, porque a Marcos pienso volver a verle y su teléfono lo voy a averiguar. La orgía de la otra noche tengo que experimentarla pero sin estar medio inconsciente. Sencillamente ahora que tengo cierta idea quiero aprender a practicar sexo con tíos, con tías presentes, naturalmente. Sin ellas seguramente me convertiría un eunuco funcional.
- Yo te doy el teléfono de Marcos, por supuesto. Parece que por el culo te entró algo más que unas pocas pollas, te entró el virus de la libertad consciente.
- No te confundas, Pedro. Se me seguirán yendo los ojos detrás de las tías de bandera pero si un día se me van detrás de unos hombros anchos una sonrisa franca y un abrazo sincero, no voy a escandalizarme lo aceptaré con la humildad del que sabe que nadie tiene todas las respuestas a todas la interrogantes por muy simples que sean.
- Entonces, conmigo no…
- Contigo, no se. De momento los tíos así en seco con cariñitos y tal, no me seduce nada. Si te encuentro en una orgia bien montada seguro que te como hasta el culo - y estalló en una carcajada de la ocurrencia.
- Dime ya dónde es esa orgia - y soltó otra sonora carcajada ante lo que Abel se le acercó y le estrechó en un abrazo. La respuesta del cuerpo de Pedro ante el abrazo desnudo fue automática.
- Vaya, vaya - sonrió Abel bajando su mano y sopesando la dureza de la erección de su amigo - sí que vas tú en serio - Miró la verga de su amigo reposar en su mano y la soltó con delicadeza - pero ya sabes que de momento eres mi gran, mi enorme amigo, nada más.
- No pierdo las esperanzas. Antier si alguien me hubiese dicho qué hoy ibas a cogerme el rabo le hubiera tachado de loco y mira. Me doy por satisfecho, por ahora.