jueves, 25 de junio de 2026

¿AMIGOS O ALGO MAS? (4)

 

- ¿Qué haces este finde? Abel preguntó a Pedro cómo de pasada, como una frase hecha, casi una obligación de buena educación con el compañero de piso.

Desde que Abel y María se habían reconciliado después de las sentidas explicaciones de Pedro para excusar a su amigo, la vida social de cada uno iba por derroteros diferentes. Estaban en el segundo año y María marcaba estrechamente a Abel, siempre escamada con su novio que no sabía cómo tenerla segura de que aquello fue una encerrona y nada más. Todo el curso anterior y lo que llevaban de este Pedro y su pandilla de amigos, gays o no, salían los fines de semana dónde hiciera falta y si Abel se apuntaba era con María presente que no dejaba que su novio cruzase más de dos palabras con nadie. Casi siempre al poco de llegar con cualquier excusa abandonaban el grupo. Pedro le decía a Abel que se pusiera en su sitio que su novia le tenía demasiado controlado, como si fuera un macho con todos los vicios de un macho tóxico que no deja a su chica ni ponerse determinados outfits. Abel se enfadaba con Pedro, aunque sabía que era verdad, razón por la cual el carácter expansivo y arrollador de Abel fue desapareciendo dejándole como una mala caricatura de quien fue el cuando Pedro le conoció. María por su parte culpaba a Pedro en buena parte de lo sucedido a su novio por lo que sus charlas se fueron distanciando hasta perder en la práctica su amistad.

- ¿Quién se ha querido morir?
- ¿Cómo Pedro?
- Que hacía eones que no me hacías una pregunta así, como últimamente, bueno últimamente, hace un siglo, no tenemos intimidad, ni de la que teníamos ni de la que ya me gustaría tener a mi. Tú sabes.
- Ya, ya sé lo que dices, pero es que ¿Dónde coño voy a ir yo solo el finde?
- ¡Hosti, tu! Solo, ¿Y la centinela de la mazmorra?
- Está de Erasmus.
- ¡Joooder! ¿Y me entero así? Cuando coja a esa perra y me importa un carajo que sea tu novia, bueno, tu carcelera, la despellejo. ¡Con lo que hemos sido que solo nos faltó follar detrás de los contenedores del instituto!¿Pero porque no has dicho nada, cabrón? - Pedro dio un paso agresivo acercándose a Abel pleno de indignación
- Me prohibió que lo dijera - lo siento.
- Coño, Abel, ¿tanto tira un ídem? De verdad tío, lo siento te ha desbaratado - se acercó del todo a su amigo con expresión de solidaridad ahora en lugar de ira y le estrechó en un abrazo. Sintió como Abel rompía a llorar y sintió el impulso de consolarle con un beso, pero se cohibió - vamos a ir a una disco retro de petardas, drag y eso. No sé si a ti esas cosas… Y además van venir Marcos y Mariola
No creo yo…
- ¿Y porque no? - contestó con hábito de derrota Abel - ¿Qué puede pasar, que me dé por culo un tío? Creo que las alturas en las que me muevo hasta agradecería probar a ver - se dio cuenta lo que la desilusión le había hecho decir y rectificó - ni me hagas caso, tú me conoces.
- Hombre Abel - imposto incómodo - si alguien tiene que descerrajar tu puerta trasera, ese soy yo. Que no me entere… - y ahí rompieron a reír los dos - Bueno, entonces ¿vienes?
- Pues claro.
- ¿Y dónde ha ido tu perra, perdón, María.
- A Praga.
- No se va comer una rosca con ese endiablado idioma, pero ella sabrá. Ni le vayas a decir que me lo has dicho que se vaya al puente de Carlos a acariciar al puto perro.
- ¿Qué?
- Nada, que te lo explique ella.
- Y en ese sitio que vais a ir, ¿hay tías normales?
- Abel, por dios si hay alguna tía anormal es tu novia. Ahora si te refieres a que pueda haber heterosexuales de uno u otro sexo, seguro que si, no vas a ser el único como un bicho raro que se exhibe en una feria. Tú vienes con nosotros, te dejas tus prejuicios en la puerta y que salga el Abel ese que conocí hace mil años - Pedro cambió su tono entonces, a más cordial, más familiar - Abel no sé si te ha olvidado, pero te quiero, joder, te quiero- Abel quiso interrumpir pero Pedro le frenó - No, déjame seguir. Y si, de esa manera no puedes impedir que te quiera también, pero ahora hablo de la otra. Me duele en lo más hondo verte devastado por tu relación y no sé cómo ayudarte. Si, quiero que vengas con nosotros y te diviertas y que vuelvas a ser ese macho zafio y espontáneo que me enamoro nada más verle.
- Me he hecho a María y no sé cómo desengancharme, es una droga para mí. ¿Crees que no me añoro a mí mismo? Y otra cosa, y no vayas a interpretarme mal. De vez en cuando al rememorar el incidente con Marcos en la playa, me sorprendo a mí mismo dibujando una sonrisa bobalicona en mi cara, y eso me hunde más todavía y hace que necesite más María porque sigo sin perdonarme que disfrutase de esa mamada.
- Abel, ¿Qué de malo habría que fueses bisexual?
- ¡Calla, joder! Ni me lo menciones, solo de escuchar como lo dices se me encoge el corazón. Si así llegase a descubrirme creo que haría una puta locura.
- Venga tío, no lo pienses más, se acabó. Mañana te vienes, vamos a un sushi primero y luego unas copas y al Big Queen. Además actúa la drag más increíble “La Celine” por la Dion, ya sabes. Y hace un número que te cagas.
- No se.
- Se acabó Abelito, si sabes, porque te lo dice tu amigo el maricón - hizo un movimiento afeminado y exagerado con las manos para enfatizar lo que acababa de decir y sacó una sonrisa de su amigo.
- De verdad Pedro, no sé qué haría sin mi amigo…, el maricón - y se echó a reír sinceramente de su ocurrencia.
- ¡Así me gusta verte Joe! Te has atrevido a pronunciar la palabra maldita sin violencia, cargada de cariño. Por algo se empieza. A ver si a María se la folla un checo y se te desengancha. Y me voy que llego tarde. Mañana te quiero guapísimo, que quiero presumir delante de las reinonas de amigo hetero.

Al día siguiente Abel se dio cuenta que se comportaba como hacía meses que no lo hacía. Abrió su armario y vio la ropa eligiendo cuidadosamente unos chinos que le marcaban el culo haciéndoselo aún más convexo, más visible y una camiseta de licra que le marcaba los pectorales y su perfecta tableta y unas deportivas de piel blancas sin excesiva suela. Se miró al espejo y se gustó y pensó “voy a estar arrebatador para esta pandilla de locazas, y espero que a Pedro le guste” Al pensar esto último se extrañó, a Pedro no tenía porque hacer nada para gustarle, él ya sabía que su amigo bebía los vientos por el, pero muy dentro sentía que de no sabía qué manera quería sentirse guapo para el. Se perfumó con una amaderada con poca especia y tabaco y se dio por satisfecho. No dio más importancia al asunto y en ese momento entró su amigo corriendo al apartamento para vestirse. Se detuvo en seco y se quedó con la boca abierta.

- Joder, Abel, ¿tú qué quieres que te violen en grupo? Eso amigo es provocación y no sé cómo me contengo. ¡Ese culete! Por favor me voy a morir aquí mismo.

Cuando llegaron al Big Queen los amigos de Pedro estaban esperándole. Se les descolgó la mandíbula extasiados ante la contemplación de semejante Apolo.

- ¡Maricón! - Sebastián fue el primero en reaccionar - ¿Qué tú tenías esto guardado y no habías dicho nada, perra?
- Este es Abel y os he hablado de él hasta aburriros, mi colega de piso, mi amigo del alma y…, como  nadie lo tiene todo, heterosexual de libro.
- Y entonces… - dijo Pablo mirándole de arriba a abajo mientras se relamía - ¿Qué está, la otra, de vacaciones y por eso viene con nosotras?
- De vacaciones, bueno de Erasmus, que es casi lo mismo, la novia que se ha ido a Praga. Está el chaval aburridote y se ha venido.
- Pues aquí se va a entretener, bueno, le vamos a entretener entre todas - y soltó una carcajada cohibida jaleada por el resto de amigos.
- Bueno, ya está bien de coñas, que me lo estáis cortando, vamos a entrar - se puso serio Pedro.
- Caramba, ¿aún estáis aquí, tan importantes somos como para esperarnos? - Marcos y Mariola llegaban en ese momento.
- Ya estamos todas, oculta incluida - sentenció Sebastián - con su justificante sin polla, que por cierto va muy mona. Mariola cariño, dentro está Lola, tu amiga del alma. Y su novio, Marcos, quizá te interese, machote.
- Pedro - Abel se llevó a su amigo a un apartado con firmeza, indignado - ¿Está gente sabe lo mío, tú has dicho algo?
- ¿No me conoces aún? Y ha pasado un año Abel. Si saben algo tiene que ser cosa de Marcos, o de Mariola, que tú todavía no la conoces bien. Vamos, olvídalo y vamos dentro.

Al Big Queen se entraba por una puerta estrecha de paso que se encontraba en la misma fachada de un bar llamado Little King. Si no sabías lo que allí había, nunca habrías  podido imaginarlo. Se bajaba una escalera empinada de un solo tramo que moría en una espesa cortina de terciopelo negro, tras de la cual un ambiente ruidoso y neblinoso te hacía acceder a un mundo onírico. Si, creerías haber entrado a un mundo irreal. Junto a perfectos smoking había mucho correaje claveteado, arneses, incluso de boca sobre escultóricos cuerpos bronceados desnudos absolutamente, salvo por complejos artefactos destinados a mantener una castidad nominal. Enrevesados peinados de pelucas excesivas sobre caras decoradas como telas de un Picasso pintado un día de demasiado Pernod. Hombres con máscara de perro y manoplas, collar al cuello con cadena que portaba un oso revestido de cuero y gorra de motero. La música invadía de forma abusiva cualquier recóndito chiscón en el que uno quisiera refugiarse. Y las luces. Podrían haber mareado al más avezado tramoyista de una opera punk. Sencillamente no dejaban razonar, solo sentir. De alguna forma el local se asemejaba a una instalación de aislamiento sensorial en la que en lugar de querer anular cualquier sensación trasmitida por el medio, saturaban esas sensaciones al punto de no saber si tocabas o eras tocado. Los reunidos en aquel ambiente formaban parte, quisieran o no, de un organismo superior que era quien decidía que se podía sentir y que no. Abel empezó a marearse pero no hizo nada por resistirse, le resultaba agradable esa sensación de flotación ingrávida. Y en ese momento alguien le tomó del brazo. Miró y era Marcos. Abel no se mostró esquivo, le agradó que Marcos viniera a saludar. Y cuando esté haló de el, se dejó llevar. Es más, supo que deseaba que Marcos le arrastrase, ¿Donde? Le daba lo mismo. En aquel lugar de embriaguez aunque no existiera alcohol, todo daba igual, y era bonito, no censurable y muy aceptable. Allí la moral estaba disuelta en la ética de cada cual. Era la patria perfecta, pensé Abel
- Sígueme - en la voz de Marcos había urgencia, había deseo, había dominio - al otro lado de aquella puerta está Mariola. Aquí y ahora vas a conocer lo que es sexo del de verdad, no esos torpes intentos de satisfacerte como un púber que acaba de descubrir que ese trozo de carne sirve para algo más que mear - y al tiempo que lo decía giraba el pomo de una puerta en la que rezaba “Privado. Solo personal autorizado”
- ¡Abel! - la voz imperiosa de Pedro resonó por encima del tumulto - ven conmigo.
- Voy con Marcos - volvió la cabeza para contestar y en ese momento asomó la cabeza Mariola vestida con un body exiguo de tafilete muy ceñido con un zurriago en la mano.
- Deja que se vaya, Marcos, ¿Aún no te has dado cuenta que es un estrecho? Lo está deseando pero no tiene huevos como todos estos machotes.
- Ya vuelvo yo solo, Pedro, ya soy mayorcito - respondió envalentonado Abel.
- Abel, por favor, no sabes dónde te metes. No entres ahí o te arrepentirás - rogó Pedro.
- Creo que estoy ya arrepentido de casi todo Pedro - y lo dijo en un tono de rendición, de abandono, de hundimiento total y se dejó llevar de la mano de Marcos dentro del privado.

Pedro llegó al apartamento clareando el día. Había pasado la noche con un ojo en el escenario y otro en la puerta por la que desapareció Abel. Entraba y salía gente pero Abel no era ninguna de ellas. La actuación de Celine fue memorable, como siempre, la emperatriz del Big Queen y se prolongó hasta altas horas. En ese tiempo Pedro trabó amistad con otro espectador frisando la cuarentena y acabaron la noche en casa del otro.
Nada más entrar en la casa lo primero fue ir a la habitación de Abel. La cama hecha y ni rastro de su presencia. Se desesperó y le echó la culpa tácitamente de que la noche con su pareja ocasional no hubiese podido ser tan redonda como esperaba.

- ¿Qué te pasa, estás incómodo por algo que haya podido hacer? - Álvaro decía esto con la mayor cautela mientras apartaba el cabello de los ojos de Pedro.
- Estoy preocupado Álvaro. Un buen amigo, hetero, te lo aseguro, al que su novia putea sin misericordia estaba tan abatido que lo llevé a ver a Celine y allí se encontró con un tío que conoció el verano pasado en la playa y que no parece trigo limpio. Tiene el cabrón novia y todo, pero eso, con conocimiento de ella no le impide trajinarse al que le gusta utilizando a la novia para la trampa. Y anoche metieron al privado a mi amigo y temo a lo que hayan podido abocarle. Es muy inocente.
- Mariola y Marcos, no me digas más.
- Los conoces.
- De largo. Marcos chapero con catorce años hacía la carrera aledaños de la catedral y no solo follaba o se dejaba follar, según pasta. Daba palos también a los incautos que se dejaban sorprender por su supuesta candidez púber y les llevaba a su casa, donde les robaba hasta el aire que respiraban. Su padre es un famoso arquitecto y su madre una alcohólica devastada por los cuernos que le pone el marido, una familia rica perfectamente desestructurada. Marcos desde los catorce años hace lo que le pide el cuerpo. Y Mariola es una niña de barriada deprimida que le da a Marcos lo que necesita, puro vicio.
- De que sabes tú tanto. 
- Soy decorador de interiores y en este mundillo todos nos conocemos. De Marcos dice su padre que es un maricón que está convencido que no es suyo, sino de un antiguo novio que tuvo ella, un tal Ramon, ajustador matricero en una fábrica de coches. Total, que la tal pareja son de cuidado. Mira, chico, vete para tu casa y recoge los trozos e intenta recomponer a tu amigo, y si no está, espérale y préstale ayuda o al menos tu hombro para llorar, que llorará. Quédate con mi teléfono y me llamas otro día, me gustas Pedro y quisiera volver a quedar, la pelota está en tu tejado.

Pedro estaba en la habitación de Abel sentado en su cama, con la cabeza hundida entre los hombros. No sabía qué determinación tomar, si esperar, salir al Big Queen que ya estaría cerrado o deambular por la calle buscando, lo que le parecía una estupidez.
Y cuando más confundido estaba le sonó su teléfono. Con premura lo sacó del bolsillo y un vuelco le dio el corazón. Era Abel.
- ¿Abel, estás bien? Abel, joder, que susto me has dado. ¿Dónde estás? 
- En urgencias del hospital provincial, aquí he venido - y al otro lado de la línea Pedro escuchó llorar sin consuelo a su amigo.
- Tranquilízate Abel, el tiempo de llamar un Uber y estoy ahí. Por lo que más quieras, no te muevas.

Pedro iba en el Prius instándole al chofer a apurarse pues temía que la situación presuntamente inestable de Abel le llevase en un impulso irracional a irse de urgencias. Le imaginaba roto, sangrando por el culo por una irrupción intempestiva contra su voluntad en su cuerpo, con lesiones faríngeas por felaciones abusivas. Se temía lo peor.
- No se vaya por favor vuelvo enseguida - indicó al chofer.
- Imposible chico, tengo otro servicio esperando. Ahí tienes unos cuantos taxis a su disposición. Lo siento, de verdad. Ponme cinco estrellas por favor.

Entró en urgencias intentando mirar a todos lados a la vez y no viendo nada. Fue a la sala de espera, abarrotada de gente, escudriñando la figura de Abel, pero no lo encontraba. Empezó a hiperventilar seguro de que su amigo ya se había ido de allí. Daba vueltas sobre sí mismo mirando a todos lados cada vez más nervioso hasta que una señora le llamó la atención sobre alguien que sobre el fondo de la sala, sentado en el suelo le reclamaba atención. Se giró y se percató una vez más de un vagabundo que ahora con la cabeza levantada y brazo en alto le hacía señas. Pedro se fue acercando despacio intentando reconocer a quien le llamaba y cuando estaba a tres metros se detuvo en seco llevándose la mano a la boca para cohibir un grito de sorpresa y dolor. Se acercó rápidamente.
- ¡Abel, por todos los clavos de cristo, joder, Abel! ¿Qué cojones te ha pasado, te ha atropellado un tráiler?
- Me ha atropellado Marcos y toda su tribu.
- ¿Y qué haces aquí entonces?
- Me encontraba muy mal Pedro y además me duele mucho el culo.
- ¡¿Te han follado el ojal?! A ese cabrón me lo cargo. Venga, vámonos a casa que de esas cosas se algo. A ti no te hace falta un médico, te hace falta un buen amigo y que entienda de estas cabronadas. No creas que yo no tuve también mi primera vez. Venga, levántate y vamos a coger un taxi.

- Y ahora - dijo Pedro accionando la llave de la puerta de la casa - lo primero a ducharte y luego como la madre que te pario te voy a mirar por ahí, a ver qué destrozo hay.
- Déjame Pedro, de verdad, estoy hecho polvo, creo que me he corrido seis veces, más bien me han hecho correrme, ha sido horrible.
- Pero si te has corrido tantas veces…, algo habrás disfrutado. Bueno mira, luego cuando descanses te ducharás y ya me cuentas. Te voy a hacer una infusión fuerte de tila, manzanilla y menta, verás como te relaja. Ay, joder, parezco mi abuela. Venga échate y mañana hablamos. Que descanses, si no te levantas a comer no te voy a despertar. Ahora te traigo eso, no te duermas aún.
- Gracias, gracias de todo corazón. Ahora se lo que es un amigo.

Cuando vio salir a Pedro dispuesto a atenderle, sin la más mínima exigencia, ni reproche, ni petición de explicaciones sabiendo lo que representaba para él no pudo contener el llanto de reconocimiento y alegría por tener alguien así a su lado. Tomó el embozo de la sábana y se enjugó los ojos.

- Ya está aquí la infusión - dijo Pedro en tono alegre entrando en el cuarto, justo para ver cómo Abel se limpiaba las lágrimas - y nada de lloros, tío. Has tenido una noche loca de orgia que recordarás de por vida. Nada más.
- Y nada menos - contestó con cierto alivio Abel.
- Pues hasta mañana, o ya es mañana, bueno hasta cuando sea amigo - le dijo mientras se giraba y encaminaba sus pasos a la puerta, pero le detuvo Abel.
- Pedro…
- Dime, necesitas algo más 
- Si. Por favor, no te vayas. Quédate conmigo, no quiero hoy volver a sentirme tan solo.
- Pero Abel, yo también estoy cansado.
- Échate aquí - y dio dos golpes con la palma de la mano sobre la cama - la cama es de uno cero cinco, caben dos si se lo proponen.
- Abel, tú sabes lo que puede llegar a pasar. Eres consciente que en cuanto sienta tu calor me voy a empalmar como un borrico en celo, mira - dijo señalándose el bulto en el pantalón.
- Pues ponme el rabo, me da igual yo me voy a dormir y después de lo de esta noche que me ha entrado de todo por todos lados no me va a importar sentirte a ti. Disfruta de mi cuerpo, sin pasarse - y sonrió de una forma triste al tiempo que levantaba la sábana - vamos, desnúdate y a la cama. No me dejes solo, porfa.

En cuanto Pedro se metió en la cama y Abel sintió su calor y su roce tranquilizó la respiración, la acompaso a sus latidos que fueron enlenteciéndose y se sumió en un sueño reparador.
Al tiempo que Abel se relajaba, Pedro no podía evitar la excitación. El que durante cinco largos años había sido el protagonista de sus sueños más húmedos estaba a su lado, desnudo, durmiendo rozándole y lo único que podía era velar su sueño. Su miembro estaba a reventar y estaba seguro que si le rozaba con él la nalga a su amigo eyacularía sin remedio. Haciendo un acto de supremo autocontrol se dio la vuelta quedando espalda contra espalda. Paulatinamente el cansancio fue haciendo mella y Pedro también se quedó profundamente dormido.
El sol entraba muy oblicuo por la ventana y daba directamente en la cara de Pedro que no tuvo más opción que abrir los ojos y parpadear porque el sol le deslumbraba. A medida que los minutos pasaban el sol abandonó la cara de Pedro y pudo tomar conciencia de donde estaba. Estaba cara a cara con Abel que seguía durmiendo plácido y sereno, pero se encontraba a un centímetro de su cara y no pudo resistirlo, le rozó los labios con los suyos y sintió que su cuerpo reaccionaba violentamente, tanto, que estando de frente con él su verga rozó la verga fláccida de Abel y no se pudo controlar eyaculó sobre los genitales de su amigo y fue el orgasmo más remunerador de su vida, espontáneo, intenso, avoluntario y desprovisto de culpa. Abel no despertó a pesar de la mojada de semen, seguía tranquilo su sueño. Miró Pedro el reloj de pulsera; las dos de la tarde, se levantó intentando no desvelar a Abel y se fue a la ducha.
Paso la tarde leyendo y sesteando, se imponía recuperar después de la excitante y agitada jornada anterior. Repasó con morosidad todos los detalles, como se despistó de Abel en el local tanto por el brasileño de portada de revista únicamente vestido con un short de cuero negro, el cuarentón tan comprensivo, como por la actuación de Celine en el escenario y los remordimientos que le impidieron terminar en la cama con Álvaro. La sensación de vértigo cuando no encontró a Abel en casa y la desesperación en la acera esperando el Uber. Y finalmente la felicidad total sintiendo el cuerpo desnudo de Abel a su lado en la cama. Se estremeció cuando recordó aquella magnífica petit morte derramándose sobre su compañero.
Estaba con los ojos cerrados ensoñando aún cuando una voz le trajo bruscamente a la realidad. Abel abriendo la boca, la cara relajada y con un ojo cerrado y otro guiñado acababa de entrar en la habitación completamente desnudo.

- ¿Qué hora es, y qué día es hoy? Joder, es de noche, ¿tanto he dormido? Y mira, debí hacerte caso y ducharme anoche…, o cuando fuera, todavía tengo restos de corrida en la pelambrera de los huevos. O me he corrido yo esta noche y no me he dado ni cuenta, o te has corrido tú y…- no pudo terminar la frase porque estalló en una carcajada por lo absurda que le parecía la posibilidad.
- No, verás - Pedro no reía, tenía un tinte ceniciento en la cara y tragaba saliva sin poder articular la siguiente palabra, Abel dejó de reír de golpe.
- No me digas… - el semblante serio se instaló en lugar de su risa en el rostro.
- Deja que te explique - las palabras de Pedro eran sin convicción, vacilantes.
- Creo que no hay mucho que explicar, te has corrido sobre mi polla y eso lo dice todo.
- ¡Pero no es como parece, joder, Abel! Tú me pediste que me metiese en la cama contigo y sabías cuál podía, a buen seguro, ser mi reacción, como fue, de acuerdo, pero fui leal contigo y me volví, te di la espalda y me dormí, cuando desperté tenía mis labios a milímetros de tus labios y los roce en un beso de seda y en ese momento mi polla furiosa de deseo rozó la tuya dormida y no fui capaz de cohibir la corrida. Te lo juro Abel - una lágrima se abrió paso en los ojos de Pedro - te lo juro por el cariño que te tengo, créeme. Me vacíe sobre ti sin querer, con un deseo irrefrenable, si, pero espontáneo, sin querer.

Abel le miraba con frialdad y cara de palo, sin expresión alguna, con la neutralidad propia del que observa una escena que ni le va ni le viene. A Pedro las lágrimas de desconsuelo le rodaban con mansedumbre por sus mejillas yendo a morir en las comisuras de sus labios dando un paladar salado al futuro que se le presentaba con su amigo. Le miraba a la cara con interés casi arqueológico intentando buscar algún gesto que le anunciara que su amistad no había terminado.
Abel, de tener la cara inexpresiva se le fue iluminando con  un cambio de gesto. Primero fue un leve cambio de ángulo de sus comisuras de boca y luego un dulce achinamiento de ojos que presagiaban el inicio de una mínima sonrisa. Finalmente la sonrisa franca triunfó sobre su seriedad de juez y se dirigió a su amigo.

- Me alegro, me alegro mucho. Me alegro que te hayas derramado sobre mi, que me hayas fertilizado sin mi concurso. Te quiero, Pedro, pero no puedo satisfacer tu forma de entender el cariño. Sin mi consentimiento y de alguna forma has conseguido algo de sexo conmigo y lo celebro. Lo de anoche y creo que sin mi consentimiento, fue anoche o cuando, fue brutal, estoy empezando a recordar y todavía me duele el culo. Si tú te has satisfecho conmigo, con mi cuerpo y has sido feliz por eso, te repito que me felicito. Me hubiera gustado ser consciente de tu disfrute pero sabes, que de momento, es imposible.
- No hubiera querido que fuera así. Que tú hubieras podido preñarme a mí - apartó la vista dirigiéndola al suelo - aunque ya sé que debo abandonar ese deseo y lo acepto. Yo también te quiero y porque te quiero te voy a pedir que me dejes mirarte el ano por si tienes algo dañado reparable - se levantó del sofá y señaló el camino del dormitorio - no creo que te importe que mire.
- Después de correrte encima de mi ¿Qué puede importarme que me mires el orto? Además seguro que vas a disfrutar viéndolo.
- No, no - dijo Pedro al ver que Abel adoptaba la posición de oración mahometana - túmbate boca arriba en la cama levantando la piernas y abriéndolas todo lo que puedas.

Cuando Pedro vio el cuadro la erección reclamó protagonismo. Se quedó quieto con la mirada fija en el periné de Abel. El ano de ser un orificio puntual circular se había convertido en una línea de más de un centímetro de largo de bordes algo sobre elevados y algo evertidos. Pedro se ensalivo los dedos y los paso con suavidad por la hendedura. Luego paso a la piel que separaba el ano del escroto y masajeó suavemente apretando en profundidad. En esa exploración preguntó a su amigo.

- ¿Qué sientes cuando masajeo en profundidad?
- No sé, una sensación extraña pero placentera. Aprieta un poco más en ese punto. ¡Ahí! Siento como un calambre muy agradable que me recorre todo el rabo hasta la punta del capullo. ¿Dónde estás tocando?
- Estimulando la próstata a ver cómo de machacada la tienes y además levanta la cabeza y mírate, tienes un empalme suave, pero has reaccionado a la estimulación prostática. Ahora voy a ver el ano que por cierto te lo han trabajado a base de bien. Empuja como para cagar, eso es. Si tío te han desvirgado como para hacer una porno de bottom y no desmerecer.
- ¿De qué?
- Bottom, suelo, él o lo de abajo, pasivo, al que se la meten. Yo creo que está todo bien, con la salvedad de que cuando quieras gozar de culo, podrás hacerlo sin problemas. Te han tenido que follar un montón de tíos y eso si no te colaron una doble, ya nada me extrañaría. ¿Qué pasó cuando entraste en ese privado? De lo que te acuerdes. Si quieres, naturalmente.
- Yo estaba ya un poco flotando, la verdad y cuando Marcos me cogió de la mano y me llevó allí y vi a Mariola con ese atuendo de dominatrix sentí que la polla reventaba las costuras del pantalón y eso me decidió a entrar después de una ligera vacilación. Nada más cerrarse la puerta otra chica que parecía llevarse bien con Mariola, Lola creo que la llamaban, me trajo un chupito que por el color parecía Puerto de Indias pero estaba amargo. Me dijo: “Es para que aguantes lo que se te viene encima” y me cogió el paquete que yo ya tenía a reventar. Un tío que apareció de no sé dónde, aquello era la calle del infierno un día de feria, se me acercó mucho y me echó una bocanada de humo denso y blanco en toda la cara, muy cerca de la nariz, y a partir de ahí solo tengo flashes. Muchas veces me ponían un frasquito en la nariz que olía a disolvente y me decían que aspirase fuerte y lo único que recuerdo es mucha gente alrededor, yo absolutamente desnudo y las tías, Mariola y Lola cabalgándome la cara para que las comiera el coño y mientras, por abajo Marcos chupándomela, y sé que lo era por la forma de hacerlo, recuerdo perfectamente la primera, porque tengo conciencia de las otras manadas y lo hacían diferente. Sé que probé mi semen porque en una de mis corridas en la boca de alguien lo compartió con Lola que me besó después.
- No te dio asco el beso blanco
- Eso mismo me planteé en ese momento, me extrañó que no potase , pero no, tengo que confesar que me excitó. Mientras yo comía coño y me la mamaban, alguien, he de decir que con sabiduría me manejaba el ano. Como Chema el año pasado en Azul, pero mejor, no me disgustaba. Me dejé llevar y en una de esas sentí, no dolor, de verdad, me acordé de ti y sentí alivio de que cuando te lo hicieran a ti no te doliera. Sentí una sensación como que me cagaba, mucha tensión de estiramiento por ahí, pero no era dolor. Esa sensación duró muy poco y enseguida sentí placer en el capullo como cuando tú me has masajeado ahí. Y detrás de ese vino otro y otro y creo que me desmayé. No recuerdo haberme vestido y además yo salí con una licra que me marcaba los abdominales y cuando me vi en urgencias tenía una camisa que no reconocía. Alguien me metió en un taxi y cuando me preguntó la dirección le dije que a urgencias porque me dolía el culo, me metí la mano y estaba demasiado húmedo. Pensé que era sangre y por eso fui a urgencias. Ya allí me vi la camisa y me asusté más aún. Y te llamé, que ni me planteé si tenía cartera llaves y teléfono, me eché mano y allí estaba todo.
- Cuando llegué estabas muy desorientado. Menos mal que me llamaste.

En ese momento sonó el teléfono de Abel. El frunció el ceño de extrañeza, como diciendo “¿quién podrá ser?” y se dirigió al dormitorio a coger su móvil. Llegó a su habitación y levantó el teléfono.

- Pedro, es un número desconocido de… República Checa.
- ¡Cógelo coño! Qué es María. ¿O conoces a alguien más de por allí?
- ¿Dígame? - pulso el icono de descolgar.
- Abel, soy yo, María. Se me ha caído el móvil al Moldava en un paseo que dimos por el río en vapor cito y estoy llamando del teléfono de una compañera.
- Es que he visto número desconocido y porque Pedro me ha dicho que eras tú.
- ¿Estás con Pedro? - preguntó con entonación de extrañeza.
- Es mi compañero de piso, ¿con quién si no?
- Perdona, lo había olvidado, perdona, perdona. Dale recuerdos. Quería hablar contigo. Si te parece mañana lunes hablamos por skype y así te veo, ¿vale?
- Claro, vale.
- Te quiero Abel, perdona por todo lo que te he hecho pasar, perdona…
- Mañana hablamos, cariño. Yo también te quiero. Hasta mañana - pulsó el icono de colgar y se quedó mirando a Pedro con expresión dura - Ahora. Se da cuenta, ahora. ¿Sabes, amigo? Creo que he empezado a ser otro. La puta orgia esa ha alumbrado otro Abel. Creo que voy sabiendo a quién y a quien no debo atender en sus demandas. Es como si a base de pollazos me hubieran despertado y me hubiera dado de golpe cuenta de que color está hecho el mundo y no es el que yo, soñando, imaginaba.
Pero, amigo mío, a mi me gustan las mujeres, no los hombres. Me atraen unas caderas anchas y unos hombros estrechos que soportan unas tetas amplias. La naturaleza me ha programado para seleccionar las que puedan parir y amamantar con garantía de perpetuarme en los hijos, me gustan a rabiar las tías lo llevo grabado a fuego. Ahora lo sé conscientemente. Me lo ha desvelado la desmesura de la otra noche. Estoy preparado para saber hasta donde puedo abrirme. No volverá a suceder el contar a María lo sucedido con Marcos. Entonces, como lo rechazaba de forma visceral tuve que decírselo, pero ella no me creyó, porque las mujeres están programadas para conocer a quien puede fecundarlas. Ella supo, que si me gustó lo de Marcos en la playa antes de que yo lo supiera. Y si, no quiero negarlo, no a ti, que sé que me eres leal, a partir de determinado momento disfruté del lance. Disfruté que me sodomizaran varias veces, bien es verdad que mientras mordisqueaba un clítoris duro, pero cuando en lugar de clítoris me entró en la boca un rabo enorme también gocé del momento. Estaba rompiendo la norma y eso me hacía sentir autónomo, no sujeto a complicados juegos hormonales y sociales, estaba trasgrediendo la ley, estaba robando el fuego de los dioses. Si, como a Prometeo se me castigará con la conciencia del saber, y esa verdad me roerá ya para siempre las entrañas y no habrá descanso. María no se enterará por mí de lo de la otra noche, porque con ella seré el macho fiel hasta la muerte, pero no te quepa duda que en el momento adecuado le abriré los ojos, porque a Marcos pienso volver a verle y su teléfono lo voy a averiguar. La orgía de la otra noche tengo que experimentarla pero sin estar medio inconsciente. Sencillamente ahora que tengo cierta idea quiero aprender a practicar sexo con tíos, con tías presentes, naturalmente. Sin ellas seguramente me convertiría un eunuco funcional.
- Yo te doy el teléfono de Marcos, por supuesto. Parece que por el culo te entró algo más que unas pocas pollas, te entró el virus de la libertad consciente.
- No te confundas, Pedro. Se me seguirán yendo los ojos detrás de las tías de bandera pero si un día se me van detrás de unos hombros anchos una sonrisa franca y un abrazo sincero, no voy a escandalizarme lo aceptaré con la humildad del que sabe que nadie tiene todas las respuestas a todas la interrogantes por muy simples que sean.
- Entonces, conmigo no…
- Contigo, no se. De momento los tíos así en seco con cariñitos y tal, no me seduce nada. Si te encuentro en una orgia bien montada seguro que te como hasta el culo - y estalló en una carcajada de la ocurrencia.
- Dime ya dónde es esa orgia - y soltó otra sonora carcajada ante lo que Abel se le acercó y le estrechó en un abrazo. La respuesta del cuerpo de Pedro ante el abrazo desnudo fue automática.
- Vaya, vaya - sonrió Abel bajando su mano y sopesando la dureza de la erección de su amigo - sí que vas tú en serio - Miró la verga de su amigo reposar en su mano y la soltó con delicadeza - pero ya sabes que de momento eres mi gran, mi enorme amigo, nada más.
- No pierdo las esperanzas. Antier si alguien me hubiese dicho qué hoy ibas a cogerme el rabo le hubiera tachado de loco y mira. Me doy por satisfecho, por ahora.

lunes, 15 de junio de 2026

¿AMIGOS O ALGO MÁS? (3)

 

- ¡Eh! los de ahí. ¿os venís a tomar el sol y bañarse un poco en bolas? - Marcos cogido de la mano de Mariola gritaba bajo la ventana que daba a la playa a Pedro y Abel.
- Yo no puedo - asomó la cabeza Pedro, cariacontecido - tengo que acompañar a mi madre al super, que dice que ya que gastamos tanto liquido, al menos debería ayudarla a traerlo a casa. Abel irá con vosotros, ¿no Abel?
- Claro, Marcos - asomó la cabeza Abel al lado de Pedro - me apetece echarme en la arena a tomar el sol un rato.
- Pues venga, baja.
- ¿Hoy no hay tabla? - preguntó apenado Abel.
- Hoy no, que se me mosquea Mariola, que dice que la tengo amortizada.
- ¡Es que es verdad, Abel! - se quejó Mariola - con las putas tablas, parece que eres tu el novio de Marcos.
- ¡Joder! que fijación con hacerme novio de todo el mundo aquí. ¡Claro! sin tablas y mientras yo me baño os vais detrás de una roca y os hartáis de follar.
- ¡Venga baja!

Otra vez. Que manía todo el mundo con verle como novio de otro tío. Abel estaba realmente disgustado. A ver, se dijo, si es que yo no veo lo que ven los demás y resulta que soy más maricón que Pedro y yo estoy nada más que confundido. Me miro bien dentro y mira que he tenido oportunidades, porque Pedro en los cuatro años de instituto anda que no me ha tirado tejos, directos e indirectos.

¡Y no, joder! - Abel expresó en voz alta, llevado de la autoindignación, sus pensamientos.
¿Qué no, que? y con esa mala leche.
- Nada, nada, estaba en un pensamiento y lo he verbalizado. Lo siento.
Pues tenía que ser  muy incordiante porque la mala leche con la que lo has dicho - se quejó Mariola.
- Es por lo que has dicho tía, que ya estoy muy cansado de que me llamen novio de cualquiera.
- Era una broma, joder, Abel, venga tío, que estamos de vacaciones - le quitó hierro al asunto Marcos - vamos a bañarnos hombre, alegra esa cara.
- Vosotros ir poniendo las toallas, que yo me voy al agua - dijo  mientras corría a bañarse quitándose el bañador dejándolo tirado sobre la arena.

Cuando salió del agua ya más calmado sacudiéndose la cabeza y escurriéndose el agua de los ojos vio a lo lejos algo que no pudo evitar que su cuerpo reaccionase ajeno completamente a su control. Mariola estaba de rodillas de espalda al rompeolas y frente a ella de pie Marcos exhibiendo su mejor virilidad entraba y salía de su boca sin premura, con excitante morosidad. Marcos vio como se acercaba Abel y sin abrir la boca le hizo un gesto sugerente con la mano para que llegase hasta ellos y se pusiera a su lado. Abel se quedó paralizado con su verga explosivamente parada como si fuera una barra de carne ultracongelada pero ardiente. se le nubló la vista y echó a correr. Mariola estaba buenísima y desde que la conoció no cesaba de tener calientes episodios de imaginación.

- Tío Marcos, es tu novia - dijo sin apartar la mirada de como en la boca de Mariola aparecía y desaparecía el rabo de su amigo surfero.
- Vamos, Abelito, a mi lado, como si fueras mi novio - y soltó una carcajada que hizo que Mariola dejase de chuparle y echándole el brazo por el cuello y atrayéndole hacía su cuerpo le colocó en suerte para que su novia pudiera mamar las dos pollas a la vez. Venga cariño, las dos, vamos Mariola abe bien que te tienen que entrar.
- ¡No puedo, joder! las tenéis muy gordas los dos - se quejó Mariola.
- Pues entonces, tu Abel arrodíllate, y tu Mariola doggy style, ya sabes como, yo te enculo y le mamas a Abel, y ya sabes, a nuestro invitado, leche e trago.

Abel se arrodilló delante de Mariola y Marcos se le colocó detrás apuntando a su ano. Se hundió en su cuerpo y la chica permitió que Abel se insertase profundamente en su boca.

- ¡Disfruta de esa boca Abel! no se si encontrarás alguna vez algo parecido pero va a ser extraño que lo hagas. Yo  mientras disfruto de su culo, sabes que me flipa un culo.

Abel cerró los ojos y se dejó llevar. La boca era de seda, ni una vez rozaron su delicado capullo los dientes. La boca era morosa en el chupar y la lengua se paseaba con delicadeza por el frenillo haciendo que Abel alcanzase el cielo en cada movimiento. Abel extasiado por el placer se echó hacia atrás apoyando el cuerpo para no caerse en sus brazos. Le parecía que el orgasmo era inminente pero venía de forma muy lenta. Era ya orgasmo pero no acababa de coronar el clímax lo que le proporcionaba un placer superior. En un momento dado la lengua empezó a ser más rápida y mas experta, la boca pareció que había ganado en profundidad, entraban mas centímetros que antes, la felación era mucho más satisfactoria, mas contundente y ahora si, el orgasmo venía sin remedio.

- ¡Me corro, joder me corro! que placer, Mariola, que placer, que placer - al tiempo que empezaba a eyacular dentro de la boca. Cuando acabo todo y sonriendo de satisfacción con la cara relajada se echó ya hacía adelante y abrió los ojos y lo que antes era todo placidez y relajación se convirtió en crispación y un salto tipo gimnasia en suelo - ¡Marcos! tío, ¿tu? joder, joder, Me he corrido en tu boca.

 Marcos con una sonrisa meliflua y sin abrir la boca, para no perder gota de semen recogido se giró hasta enfrentar a Mariola y se fundieron en un beso compartiendo el jugo de Abel.

- ¡Pero, pero, ¿Cómo no me he enterado del cambio? 
- Esa no es la pregunta, Abel, que parece mentira que tengas la edad que tienes. La pregunta, Abel, es: ¿Cómo es que he gozado como un cerdo con la boca de un tío? y te respondo, porqué en tu mente estabas siendo felado por Mariola, pero la boca era mía y como has podido ver, tu polla no tiene ni memoria, ni prejuicios ni traumas ni moral. Tu te ha dado cuenta en algún momento de que la boca era más profunda y la lengua se movía con más sabiduría pero estabas gozando tanto que lo has pasado por alto como detalle sin importancia, lo principal era el placer que estabas sintiendo. Mi boca sabe mejor que Mariola como hay que hacerlo, he chupado más pollas que ella, nada más. No nos tenemos que casar ni nada de eso, como cambiar de sexo ni montar una puta tragedia porque ¡Oh my god, I´m fagot! la conclusión es: Marcos que bien la mamas y que bien me ha sentado y a seguir con las vacaciones.
- Y la cochinada esa de pasarle mi lefa a tu novia, ¿ eso que es?
- Eso, que te lo diga Mariola, es la cosa que más le hace gozar a ella, y a mi que me encanta el semen y sobre todo de un tipo que no fuma como tu, tienes el semen dulce, cabrón. Me encanta la leche de tío. Y a Mariola ver como me llenan la boca. Y porque el momento no se prestaba pero lo que la hace perder la cabeza es que la encule profundo, mientras le escupo la lefa de otro en la boca.
- Sois como animales, no tenéis principio moral alguno.
- Incierto Abel. A cuantos animales has visto tu hacer lo que hacemos nosotros. Esto es puramente humano, los animales son esclavos del instinto. Nosotros si queremos lo puenteamos y extraemos placer de donde nadie podría imaginar. Mariola ¿Qué sientes mientras le comes el coño a Lola, por ejemplo mientras yo le como el rabo a su novio?
- La excitación y el placer que experimento, Abel, no tiene igual con nada. Tu porque no se lo has propuesto a tu novia, pero te aseguro que si organizáis una pequeña orgía y se lo pones en bandeja se volvería loca.
- Estáis enfermos. De esto Pedro, por favor, no tiene que enterarse de nada.
- Vale, corazón, ¿pero, en serio, independientemente de tus principios morales adquiridos en cualquier sacristía, en la que no me extrañaría que te hubieran trasteado, has gozado de la corrida en la boca de mi novio?
- Yo..., yo...
Con la mano en el pecho tío - Marcos le echó la mano por el hombro - con tu corazón, respóndele a Mariola.
- ¡Si, hostia, si! y es lo que me jode, que me da la impresión, maldita impresión de que le he puesto los cuernos a Pedro y no a María, y me jode.
- ¡Ah! pero tu y Pedro..., ya...,
- Que no, que no. Y esa es mi angustia, que con Pedro no he tenido nada nunca, pero me parece que habiéndole negado siempre y a veces de forma airada cualquier contacto a Pedro, haciéndolo ahora contigo Marcos, me parece que he engañado a Pedro.
- Pero tu no has sido consciente - dijo cargada de razón Mariola - esto ha sido una pequeña trampa que te hemos puesto nosotros, porque Marcos tenía esa espinita clavada, que quería paladear tus mecos. Es un viciosillo. Pero vamos si tanto apuro te da, cuando venga Pedro ahora te vas con él a una de esas cuevas y le follas la boca o el culo o los dos y él seguro que encantado.
- ¡Que no joder, que no es eso! Aquí no vale lo de un clavo saca otro clavo. Yo tengo con Pedro una amistad sin condicionantes. Además, estoy convencido que él no lo consentiría, nunca traicionaría la amistad de María.
- Pero, reconócelo - le dijo Marcos dándole una palmada viril en la espalda - en conciencia, ahora que sabes como la mama un tío, te gustaría que Pedro te lo hiciera, y supongo que tiene mucha más experiencia que yo - terminando la frase con una risotada.

Terminando la pregunta que Abel dejó sin contestar apareció a lo lejos Pedro quitándose el bañador.

- Ahí lo tienes - le indicó Mariola señalando la figura de Pedro que se agigantaba - llévatelo a una de esas cuevas, además están fresquitas y le dices lo que tu quieras. Ahora si tu no quieres que digamos nada, no se dice nada.
- Por favor, de verdad, nada de nada. Yo en su momento se lo diré. y no se...
- ¡Que serios se os ve! ¿ha pasado algo?
- Si - saltó Marcos - que Abel ha tragado agua y ha pasado un rato de apuro y no parece que se encuentre bien del todo. Deberías llevarlo a una de las cuevas esas y que se recupere allí - y miró a su  novia guiñándole el ojo.
- No, déjalo, Pedro - y mientras lo decía dirigió la mirada dura a Marcos - creo que me voy a ir a casa a descansar. Luego en la comida nos vemos.
- De eso nada Abel, te acompaño. A mi ya sabes que me gusta la playa y más cosas y entre esas cosas me gusta estar contigo, y no es ningún secreto. Vamos.

Durante el trayecto hasta la casa Abel no abría la boca, caminaba como abatido después de una maratón, completamente desarbolado. Pedro le sacaba temas de conversa sin conseguir más que monosílabos o lugares comunes.

- Te conozco desde hace cuatro años Abel y además te conozco mejor que la mayoría de los que creen que te conocen y tu a mi no me engañas con esa espantada de la playa porque has tragado agua. Te voy a hacer una pregunta y quiero que seas absolutamente sincero conmigo, por favor. ¿Marcos y Mariola te han llevado a huerto, verdad?
- ¡Joder Pedro, no lo sabía! Me han enredado y he caído como un incauto - se habían detenido en la arena y Abel se abrazó a Pedro llorando - perdóname, no lo sabía y cuando se lo diga a María tampoco se si me perdonará.
- ¿Qué ha sido, el numerito de la mamada?
- ¡Hostia! ¿Cómo lo sabes? - levantó la cabeza del hombro de Pedro y dejó de llorar al instante - ¿no es la primera vez?
- En cuanto aparece un chaval nuevo por aquí se lo ventilan como lo han hecho contigo. El mamoneo de que Mariola te la chupa, tu te extasías y en cuanto cierras los ojos se dan el cambiazo.
Mira, nosotros compramos el apartamento unos meses antes de cumplir yo los quince, tenía catorce aún. Yo, tu lo sabes, no me escondo, nunca he estado en el armario de manera que cuando llegamos aquí en una fiesta que se organizó en la casa de uno, los colegas empezaron a hablar de tías y de tetas y culos de pera y como yo no decía nada me preguntaron que como me gustaban a mi y les contesté que me gustaban con polla y los culos musculosos. Poco a poco me fueron dando de lado, en manada, porque uno a uno acabaron todos por pasar por mi para confesar esto o lo otro y las pajitas mutuas no faltaron, aunque, claro, el maricón era yo. Bueno pues Marcos fue uno de ellos y me flipó que me dijera la primera vez que cuando me fuese a correr lo hiciese en su boca. Mis amigos de la ciudad y yo ensayamos una vez un bukkake y ahí probé yo el semen. Bueno todos lo probaron, unos lo tragaron y otros no. Unos, no todos, vomitaron y otros pidieron repetir. Por eso cuando vi que Marcos se lo tragaba me quede extrañado que lo hiciera con tanta naturalidad. Me explicó que le chupa la polla a su hermano mayor desde los once años y que le encanta. Está enganchado.
- Él me ha dicho que ha follado contigo, vamos que te la ha metido por el culo.
- Si, un par de veces, como casi todos los chavales que ves en las fiestas con sus novias. A mi me viene bien y ellos se distraen. Yo no digo que sean gays todos, pero que hay mucho hetero de nuestra edad que no reconoce su bisexualidad por temor al rechazo, estoy al cabo de la calle.
Y bueno, ahora que ya te han desvirgado, ¿Cuándo te la voy a chupar? - y al decirlo se tiró a la arena revolcándose de risa.
- Tu no eres maricón, eres un cabronazo redomado - y diciéndolo se tiró a la arena sobre él simulando que lo inmovilizaba y de pronto de un salto se levantó.
- Abel, recuerda que todavía vamos sin bañador y lo que tu mente quiere ocultar tu cuerpo lo pregona. Menudo empalme.
- Lo siento - se levantó como impulsado por un resorte y se puso el bañador - vamos, - le ofreció su mano para ayudarle - que por hoy ya he tenido más que suficientes soliviantos.

La semana siguiente fue tranquila, Marcos y Mariola se fueron a un concierto de los del verano a otra localidad y de paso se quedaron en un camping la semana entera allí.

- ¿Con quien se han ido? preguntó Abel por preguntar
- Con Luis y Patxi y Ramón y su novia Nuria, o sea con dos parejas más, porque Luis y Patxi, por mucho que intenten ocultarlo son pareja, unos veinteañeros que ya veraneaban aquí cuando llegamos nosotros, y las malas lenguas dicen que es han visto salir de una cueva cerca de ocaso, aunque nadie pudo afirmar que eran ellos porque había poca luz ya. Y Ramón y Nuria que están ya más cerca de la treintena que de los veinticinco, muy hippies ellos, así que te puedes imaginar que es lo que va a pasar en esas tiendas cuando llegue la noche. De Luis y Patxi yo si te puedo afirmar que son de los pocos en esta comunidad, de nuestras edades, de los que no podría decirte como tienen la polla. Son pareja, y me parece de puta madre, lo que no entiendo es como no revienta ya el armario en el que se esconden. 
- Joder Pedro, esta playa es Sodoma.
- Espabila Abel, esta playa no es mejor ni peor, es como todas, lo que pasa es que cada quien se crea su universo chiquito y quiere creer que ese es el universo. Hemos creado un cuento chino entre todos y hemos decidido que hay que creérselo y para eso mentimos a todas horas y los que escuchan ponen cara de creerlo todo aunque en su fuero interno saben que la realidad es muy distinta. Y la vida sigue, precioso.

A los seis días del incidente de Marcos con Abel, éste, la semana entera estuvo aún meditabundo y tristón como si estuviese todavía rumiando la catástrofe de hacía días. Pedro intentaba animarle imaginando el mundo en el que vivirían cuando en poco tiempo estuvieran los dos como buenos roomies. Pero Abel estaba como ausente. Hasta la madre de Pedro se lo notó y preguntó si estaba echando de menos a María que acababa de llegar del crucero.
- Mira Abel, no hay problema, si la echas de menos, te llevamos a tu casa. A nosotros nos quedan dos semanas aquí, pero en cinco horas estás con tu María - la madre de Pedro quería dar todas las facilidades.
- No. De verdad, no es eso.
- Mamá, está así desde que el otro día parece que estuvo a punto de ahogarse y se asustó mucho - Abel le quiso fulminar con la mirada.
- ¡Hijo! ¿porqué no me habéis dicho nada?
- Porque no fue nada mamá, un susto muy grande. Ese día había mucha resaca y el no conocía bien esta playa.
- ¡Hay que tener mucho cuidado con esta costa que es muy traicionera, cuando sopla poniente es mejor ducharse.
- Y ese día hacía un ponientazo tremendo. Y yo, mama, no seme ocurrió avisarle.
- Pero estaba con Marcos, ¿no? Estaba allí, ¿Cómo no se dio cuenta?
- Mamá. Estaba con Mariola y ya sabes como son los dos.
- Ya. No me hables. Sus padres, los de Mariola están muy preocupados porque Marcos no da síntomas de sentar la cabeza. Bueno Abel, olvídalo todo y disfruta del tiempo que nos queda.
- Si señora, si ya se me está pasando pero lo peor es que no se me quita de la cabeza el disgusto que podría haber dado a todo el mundo.
- Bueno Abel, vámonos a tomar un copazo de helado al Azul. Mamá ¿recoges tu? porfi, mamaita.
- Venga, caraduras, irse por ese helado.

Camino del Azul, Abel le recriminó que hubiese sacado a relucir el maldito día aquel.

- Creí que ibas a cantarlo todo, por poco no me desmayo. Vamos, se lo dices a tu madre y me da un síncope. ¡Realmente creí que lo ibas a soltar! Eres un peligro gestionando la verdad.
- Yo no gestiono nada, digo lo que veo o creo, la reacción a lo que digo de los que escuchan es problema suyo, pero claro en un mundo que miente constantemente alguien que diga la verdad es un delincuente. Yo digo lo que creo y eso me permite viajar sin mochila cargada de cadáveres que haya que ocultar. Se vive mucho mas ligero y se llega más lejos, porque no te cansas de mentir, que es lo que te pasa a ti ahora, que no puedes avanzar en la comprensión de tus sentimientos porque llevas demasiado peso de prejuicios a la espalda.
- Y que hago, ir preguntando a los tíos si me quieren chupar el rabo, porque un gilipollas me ha engañado y he sentido el mejor orgasmo con una boca de mi puta vida.
- ¿Ves? vamos avanzando. Ya reconoces que te ha gustado que un tío te la mamase, con engaño, de acuerdo, porque tus apriorismos hubieran impedido que te la mamase sin él. Y ahora estás en un brete, porque te gustaría experimentar ese placer tan intenso otra vez pero sigues llevando dentro el prejuicio que te impide gustar ese placer. Y estás que no vives. Que te la chupe un tío no te imprime en la frente la marca de la bestia, así en fosforito, MARICON. Tu eres quien eres y seguirás siéndolo con mamada o sin ella. Si se la metes en el culo a María, que se la meterás, en que se diferencia el ano de María del mío, por ejemplo: en nada, la única diferencia es que tu sabes que al otro de tu rabo hay otro o un coño, pero eso no modifica el hecho de que tu glande está siendo estimulado por el roce de un recto y eso provoca una sensación muy placentera. Acepta eso y se te acabará esa melancolía que es fruto del querer y no poder aunque lo tengas al alcance de tu mano. Y vamos a callarnos que lo único que le hacía falta al Chema de los cojones era escucharnos y querer meter baza y algo más. 

El día transcurrió con normalidad, playa textil para evitar despertar demonios intrigantes, relajación, comida en Azul con la madre de Pedro y relajada tertulia bajo el sombrajo a la que se sumó Chema en cuanto acabó su faena en la cocina. Abel parecía que el speech de su amigo le había relajado y su cara aparecía menos crispada, sonreía con facilidad y la madre de Pedro se lo hizo ver enseguida.

- ¿Ves Abel? solo necesitabas despejarte un poco para que se te fuesen esas ideas absurdas de la cabeza. Todos en algún momento hemos pasado por trances difíciles de superar.
- ¿Qué trances y a quien le han sucedido? - Chema terció en la conversación sin saber de lo que se trataba - no será por aquello...
- No Chema, que Abel estuvo en un mal trago con la resaca del otro día y temió ahogarse. Nada más.
- Si Chema - asintió la madre - ha pasado unos días malísimos, pero hoy ya se encuentra mejor, ¿no le ves la cara tan bonita que tiene?
- Un mal trago Chema - se metió Abel remarcando con dureza las palabras - y desde luego nada que ver con la fiestecita aquella en la que me dejé llevar y me bebí hasta el agua de los floreros, comprendes.

La tarde la pasaron los dos con su madre yendo al mercadillo que se montaba en un lado de la playa dónde estuvieron dando vueltas y comprando cosas inútiles que se tirarían sin remedio al terminar la temporada estival. Cenaron en la casa unas pizzas que pidieron y salieron por la noche a tomar algo en los locales de la playa.

- Deberíamos irnos a la cama - anunció Abel después de la segunda copa - me gustaría levantarme al alba para ver la amanecida. Hace años que no veo el cielo teñirse de colores a medida que el sol saca la cabeza del mar.
- Perfecto - dijo Pedro - además tienes razón, yo tampoco he visto una amanecida hace años y me apetece.
- Pedro - dijo grave Abel.
- Dime Abel, ¿te pasa algo?
- Quería decirte nada más que no creo que pueda yo volver a tener un amigo como tu. Solo lamento no ser gay como tu para poder agradecértelo con todo el cuerpo.
- No hombre. Yo tengo amigos gays y no me he acostado con ellos. No es obligatorio. Y además, deja ya de pensar en eso.
- ¡Que pronto habéis vuelto! - dijo extrañada la madre que estaba viendo una serie en la televisión.
- Si mama, es que mañana nos vamos a levantar al alba para ver amanecer, que nos apetece.
- ¡Uy! que romántico. Porque se que Abel tiene a María sino pensaría en algo mas profundo.
- Mamá, no empieces, que Abel se corta. Venga chaval, a la cama - y tomó por el brazo a su amigo y se dirigieron al dormitorio.
- Hace un calor de muerte esta noche, verdad Abel. Yo en pelotas, no soporto ni el calzoncillo.
- A mi me da apuro por si entra tu madre.
- ¡Anda hombre! despelótate y duerme mas fresco.

Transcurrieron los minutos y Pedro escuchaba a Abel moverse una y otra vez incapaz de conciliar el sueño. Abel sudaba en la cama de abajo y no sabía como colocarse para poder descansar.

- Abel, ha pasado casi una hora y no podemos dormir. ¿porqué no salimos a la terraza y nos echamos en una tumbona? seguro que estaremos mejor que aquí.
- ¿A tu madre no le importará?
- Nos plantamos el bañador y porque le iba a importar. Vamos.

Allí en la terraza, bajo las estrellas y con una brisa marina que le aliviaba el calor de la piel se dejaron caer en las tumbonas mirando la negrura lechosa del cielo. 

- Aquí se está mucho mejor - respiró aliviado Pedro - vaya diferencia. No se como no hemos hecho esto antes.
- Ya - fue una respuesta casi inaudible de Abel.
- Es que dan ganas de quedarse aquí para siempre.
- Si - Abel no era capaz de hilar dos palabras.
- ¿Qué te pasa Abel, te he molestado. No querías salir aquí? 
- No, no - contestó después de un silencio más que prudencial - es que no se como decirte esto que te quiero decir.
- Pues se empieza por la primera palabra y se van diciendo una detrás de otra como salen las cerezas de una cesta cuando tiras de la primera que las demás se van enganchando y al final salen todas. Y recuerda, te considero mi amigo de verdad. Digas lo que digas, me haga daño o no, no te lo demandaré jamás. Venga, habla.
- Aunque parezca que se me ha olvidado lo de Marcos, no, no se me ha olvidado. Fue una traición en toda regla y así se salió con la suya, chuparme el rabo, que vale, de acuerdo, no lo puedo negar, el tío está doctorado en mamadas y la lengua que tiene es todo un descubrimiento. El dirá que no es gay y lo respeto pero no creo que haya un gay que coma pollas mejor que él. Yo no sabía lo que era una felacion sin dientes, porque María no sabe que hacer con ellos cuando la tiene en la boca y yo he optado por renunciar a que me la chupe porque me corta el rollo. Y ahora esto me ha enganchado.
A lo que iba que pierdo el hilo - hablaba mirando muy fijo a la bóveda celeste sin querer volver la cabeza para enfrentar a Pedro - quiero, si tu estas de acuerdo, claro, siempre contando contigo, que tu me la chupes si quieres, porque si el cabrón ese me la ha chupado, igual derecho tienes tu. ¡Ea! ya lo he dicho. De verdad que apuro, no sabía como soltarlo.
- Voy a apostar fuerte Abel. Aguanta el tirón y no me cortes hasta que acabe.
De acuerdo, pero no solo, voy más allá. Un sesenta y nueve y aquí mismo, bajo las estrellas. Saltamos a la playa y sobre la fría arena de esta madrugada nos revolcamos en mutua felación hasta corrernos los dos en nuestras respectivas bocas para finalizar compartiendo nuestras lefas en un interminable beso. ¿Que tal así?
- ¡Pedro, hostia ya, te has vuelto rematadamente loco! Estás muy confundido. Te he ofrecido mi cuerpo para que puedas disfrutar de un deseo largamente albergado en tu corazón como ofrenda a nuestra amistad, no un deseo de iniciación en homosexualidad rematadamente extrema, y asquerosa para mí. ¿Cómo has podido pensar, ni siquiera imaginar algo así? Has perdido el oremus Pedro, por favor.
- Bien, bien, bien - Pedro lo dijo muy lentamente mientras se incorporaba y se sentaba en la tumbona enfrentando a su amigo al tiempo que aplaudía con mucha lentitud - no te doy un beso en los morros porque se que no te iba a gustar nada, pero María debería estar aquí para dártelo ella y un buen revolcón. Amigo mío has cumplido completamente las expectativas. De verdad te habías creído que siendo tu nova mi mejor amiga, una amiga impagable, iba yo a traicionarla. Ni aunque esto fuese un virus que se inoculase y tu te hubieras infectado y me persiguieses por los rincones para follar conmigo no lo consentiría, no al menos hasta que hablases con María y le dijeses que no había ya nadie más maricón que tu y nadie a quien deseases más en el mundo que yo, y así y todo yo tendría que pedir su placet, porque María será tu novia, pero es mi amiga.
- Tío, de verdad - Abel ya se había sentado en la tumbona con la cabeza entre las manos y se mesaba los cabellos - me habías dejado fuera de juego. No me explicaba como después de mi ofrecimiento, que no me cabía ninguna duda que tu valorabas porque me conoces, podías salirme por la vía Tarifa pidiéndome un imposible absoluto. No sabes el peso que acabas de quitarme de encima - se levantó de su tumbona, se sentó en la de Pedro y le abrazó dándole un casto beso en la mejilla - te quiero, tío, pero de verdad, y sin polla, como no hace falta aclarar.
- Cuando me lo has propuesto, y por favor vuélvete a tu sitio, que yo soy muy fiel a mis amigos y amigas de verdad pero mi cuerpo nada sabe de eso, y que estés tan cerca pues la verdad; mira - señalándose un inmenso paquete que se cogía a través del bañador - como iba diciendo cuando has hecho la propuesta, mi cabeza ha iniciado un viaje a la velocidad de la luz a los acontecimientos que sucederían de decir que de acuerdo, venga vale, sácate el rabo que voy a disfrutar. Me he visto contándoselo a María, la he visto sufrir, mandarte a la mierda a ti y luego a ti mismo hecho un trapo arrastrando la pena de haber perdido a tu novia. Y la solución se me ha presentado como una reducción al absurdo, a ver por dónde salías. Si era un sacrificio por darme un gusto a mí o es que la boca de Marcos te había inoculado el virus y solo querías repetir utilizando una burda añagaza. Y si, has reaccionado como yo me imaginé en esa milésima de segundo, que reaccionarías.
- Joder Pedro, pues a la siguiente ocasión, si llega a haberla,  pregunta antes, porque yo creía que se me iba a salir el corazón por la boca de la indignación.
- Ahora, entonces, tienes una carta más a mi favor para venirte conmigo al piso. Sabes que no voy a intrigar ni a ponerte trampas para que caigas en mis redes. No hay redes, Abel. Que me gustas desde aquel primer día, lo sabes tu y todo el que no fuese sordo, porque el cabronazo aquel del diplomático, ni me acuerdo como se llamaba, ya se encargó de levantarte los pies más altos que la cabeza.
- Y por poco no le arranco la cabeza yo al muy imbécil por ir propalando bulos. Y menos mal que se solventó solo con unas hostias.
- Y una semana de expulsión.
- Y que María y tu me sujetasteis, porque de verdad que iba a arrancarle la cabeza. Las habladurías me sacan de quicio, y si encima no son verdad, pierdo el sentido.
- Bueno, en lo que estaba, que pierdas todo cuidado, Abel, joder, tío, voy a ser un roomie perfecto. Eso si, si me entero que te llevas a la casa otra tía se lo canto a María. Si es un tío, eso te lo aseguro - soltó una carcajada - te lo quito y asunto terminado - y con esto se echo a reír del todo satisfecho de la ocurrencia - y venga, a dormir, que aquí fuera si se puede. 


- ¡Que no, María, que no! Lo has interpretado mal. Mira que le dije que no fuera tan trasparente, que eso solo fue un puto accidente. María - bajó la voz - por favor, recapacita. Deja que yo te lo explique.
- ¡Ah! también estabas tu por medio. En ti no podía imaginármelo.
- ¡Que no hostia! - tomó por los hombros a María zarandeándola - ¡escúchame!
- Venga, vale - María se recompuso, Pedro la soltó de los brazos - pero no te creas que por mucho que te esfuerces voy a cambiar la postura. Ese cabrón se va a ir a tomar por culo con su Marquitos - e imprimió un tono burlón a su frase.
- Si vas a dejar a Abel, déjale por dejársela chupar por Mariola. Si. Yo no fui ese día hasta más tarde, y entre Marcos y su novia le tendieron una trampa. Desde que los conozco, a Mariola le encanta ver como su novio le chupa el rabo a otros tíos heteros, tienen que ser heteros, y Abel era lo más parecido a la joya del Nilo para ellos y lo montaron de tal manera que el pobre Abel no pudiera escabullirse. A Abel le podrás reprochar en todo caso que le gusten las tías y sabes como son estos machitos, y con su edad, no pueden sustraerse a una tentación de este jaez.
- Si ha mi no me importa que se deshaga por una tetas, porque yo sabría como luchar contra otra mujer, pero dime, ¿Cómo lucho contra un tío? no tengo armas ante un tío que sepa como seducir otro tío, por eso estoy tan cabreada. Que una tía se la chupe; se la van a chupar tantas, no me cabe duda, pero será una mamada esporádica, esa polla es mía y solo mía, pero si un tío me la quiere arrebatar, ¿Cómo lo hago?
- Pues pierde cuidado, los días posteriores, estuvo abatido tanto, que creí que íbamos a tener que regresar para que le tratase un especialista. Menos mal que le fui convenciendo ayudado de mi madre. Estaba devastado porque no sabía como iba a poder explicártelo y justificarse y temía que por eso le dejases. Por favor, María, dale una oportunidad a Abel, es mi amigo de verdad - Pedro se quedó callado en ese momento con la mirada perdida en el vació, recordando como le ofreció su verga para que se la chupase.
- Pedro - María agitó sus manos delante de los ojos de su amigo - ¿Qué te pasa, te ha dado un pasmo?
- No, no, no se que me ha pasado. Bueno, María...,
- Que si, que vale. Pero voy a estar con la mosca...
- Conmigo no será, tu sabes que antes me la corto.
- Ya lo se, Pedro, por favor, se que contigo no tengo ningún problema.


- Se lo he dicho y me ha echado. Pedro - Abel no podía dejar de llorar - lo sabía, pero no podía dejar de decírselo, me iba a asfixiar la ocultación y ahora me voy a morir. No puedo vivir si ella, tu lo sabes.
- Que le has dicho, ¿todo? - al decirlo Pedro se quedó cortado porque en ese "todo" el incluyó la parte en la que Abel se le había ofrecido a tener un encuentro, descafeinado, de acuerdo, pero en lo más profundo de su cerebro, Pedro sabía que se albergaba el deseo de Abel, aunque no quisiera reconocerlo y temía que también por ahí María le rechazase como amigo por intentar trajinarse a su novio. Recordó la conversación de último curso que mantuvo con María en la que de forma inconsciente en uno de los recreos mirado sin cesar como Abel corría, fintaba y encestaba sin cesar, se le escapó aquel "cuerpazo, hostia" dicho en voz inaudible y que María siempre atenta a todo lo que tuviera que ver con su novio oyó como si Pedro lo hubiese gritado por megafonía.

"- ¿Te sigue gustando mi novio, verdad? pues mira, pedazo de maricón, ni se te pase por la cabeza, porque como yo me entere que le tiras los tejos voy a hacer de tu vida un lugar irrespirable.
- María, joder, ¿Qué pasa?
-¿Qué que pasa? Pedro, que escucho hasta tus pensamientos y que de la abundancia de corazón habla la boca. Tu te crees que has pensado lo de ¨cuerpazo hostia¨ pero no solo lo has pensado, lo has dicho y si me hubiera fijado en tu entrepierna habría visto hasta el empalme, cabronazo. Ya se que te gusta, te ha gustado desde siempre y ahora ya dudo si no habrás llegado un poco más allá...
- ¡María, cómo puedes...!
- ¿Qué cómo puedo? no es lo que has dicho, era la carga sexual con que lo has dicho, ¿tu no te has escuchado? no, claro, estabas demasiado ocupado viviendo ya el polvo con mi novio y te aviso...
- ¡María, hostia, déjalo ya! antes me la corto que traicionarte con Abel. Y además tu novio nunca se prestaría a algo de eso ¿no le conoces?
- Le conozco demasiado bien, si, pero también conozco a los hombres. Nunca me hubiera podido imaginar que mi padre le pudiera poner los cuernos a mi madre con otro tío, y fue. Vosotros no tenéis sexo, como nosotras, vosotros sois genitaladictos. Solo tenéis genitales, el sexo es solo un accidente fácilmente soslayable si hay suficiente placer por medio y los tíos sabéis mejor que nosotras que tecla hay que tocar para conseguir que un hetero se haga maricón por unas horas, aunque ello le haga arrastrar por años después remordimientos.
- María, por favor - Pedro empezó a derramar lágrimas y en ese momento Abel se acercó.
- ¿Qué pasa, porqué está llorando Pedro? - preguntó alarmado Abel.
- Nada - respondió quitándole importancia al asunto - un desengaño amoroso." 


Al decir Pedro aquel "todo" recuperó la conversación mantenida con María y empezó a temblar.

- ¡No!, para que hablarle de mi ofrecimiento, eso se queda en la intimidad de la relación entre dos amigos de verdad. ¿porque somos amigos, no?
- ¿Cómo puedes dudarlo, Abel? No sufras yo voy a hablar con María.

La galerna emocional se calmó finalmente y la vida transcurrió otra vez en los márgenes estrechos y civilizados que la corrección demandaba. Pero como en los temporales peligrosos, la mar de fondo seguía con su labor de zapa, aparentando tranquilidad en la superficie, pero preparando la siguiente mar arbolada que hunde hasta las singladuras más preparadas. 

 

domingo, 7 de junio de 2026

¿AMIGOS O ALGO MAS? (2)

 

- ¿Lo has decidido ya? - Pedro, con el manos libres conectado y guiñando un ojo a María que escuchaba la conversa,  preguntó con cierto tonillo de aburrimiento - es que si no, voy a tener que buscar a alguien.
- Mi padre dice que no está muy convencido, porque dice que si no me he dado cuenta quien eres tu.
- Ya, claro, que soy maricón y tu padre no está muy convencido si tu también lo serás, pero convenientemente oculto y yo soy un corruptor que te va a llevar a la ruina. Vale, entonces, ¿me busco a alguien con el que compartir.
- No, espera - hubo un silencio tenso en la línea abierta - venga, vale, que si, que me importa un carajo todo, joder, te conozco, y me conoces, seguramente mejor de lo que yo me conozco. A mi padre, mal que le pese no va a tener mas remedio que tragar.
- ¡Con dos cojones! los que tanto me gustan de mi niño. Te quiero, pedazo de cabrón - María estaba entusiasmada.
- ¡Ah! ¿estabas ahí? Yo ya no se que pensar. Pedro, no te estarás tirando a mi novia y estoy yo aquí con mas cuernos que un canasto de caracoles.
- Mira, Abelito, cariño mío, de la pareja que hacéis los dos me quedo con el otro cincuenta por ciento y no es el cincuenta femenino, Entendido? - hizo una pausa para dar lugar a Abel a replicar y ante el silencio en la línea, continuó - Entonces le digo a mi madre que ya está y confirmado que son trescientos al mes.
- Ok - contestó muy seguro Abel.


- ¿Qué hora es tío? - Abel levantó la cabeza de la almohada guiñando los ojos por las agujas de luz que se le hincaban en las pupilas.
- Anda, tomate un café que tienes que estar desfallecido y ahora vamos a que el Chema de los cojones nos invite a desayunar. A ti por lo menos te lo debe.
- ¿Desayunar? habrá que cenar o comer o lo que sea antes - dijo confundido Abel - porque ¿Qué día es hoy? Y además al Chema ese, no quiero volver a verlo ni en pintura.
- Hoy es mañana. Ayer viniste de hablar con Chema hecho una braga sucia rebozada en huevo, no quisiste comer y te echaste a dormir porque te dolía la cabeza. No sin antes confesarte conmigo. Y hasta hoy.
- ¿Confesarme? ¡ah! ya - Abel hundió la cabeza entre los hombros - ¡Qué miseria de vida! ¿Para que cojones habré tenido que venir yo a esta playa? Y a ver que le digo yo cuando vuelva a María.
- Que te conoces un poco mejor y que pase lo que pase, la seguirás queriendo, pero más conscientemente, más sabiendo a lo que renuncias. Vamos siendo mayores y estás experimentando en tu propia carne lo que significa elegir. Hace poco te gustaba una tía o a mi un tío y no había mas opciones, ese era todo el mundo. Ahora ya con nuestra edad, que tampoco es tanta, sabemos no solo lo que elegimos, junto a ello sabemos a todo lo que renunciamos. Nosotros, humanos luminosos o de mierda, si vamos al norte, tenemos que renunciar al sur. Vivir, es eso Abelito, y me estoy poniendo cachondo explicándote la vida y ya se que no tengo chance contigo y prefiero parar. Venga, joder, tomate el café, despéjate y vamos al Azul que nos inviten a tostadas con jamón. Chema te lo debe. Y de paso a mi, que te voy a arrastrar a ti hasta allí.
- ¡Qué cínico eres, maricón, un autentico perro! Si no fuese porque me gustan las mujeres, te preñaba aquí mismo.
- Yo no pierdo la esperanza de que algún día te conozcas sin escandalo y cumplas tu deseo por muy  imposible que ahora te parezca - miró a su amigo con impostada expresión cínica - y venga. vamos que a mi también me ruge el estomago.
- ¿Y Marisa?
- Se ha ido hace media hora. ¿Está buena la cabrona, eh? Su padre le ha llamado angustiado porque no había pasado la noche en su casa. Va a ir ahora, si su padre la deja, al chiringuito cuando le he dicho que vamos a ir a desayunar allí.
- Pues venga, me tomo ese café y a ver al Chema ese.
- No es mala persona, de verdad.
- ¿Te ha follado ya, no?
- Alguna vez que otra, sabe hacerlo de puta madre y no se corre y ya. Que va, sabe dilatar el momento y te hace disfrutar como un cerdo en un charco y cuando te tiene al limite, entonces te preña. El tío sabe latín. Bueno, vamos. Además no tienes de que preocuparte, tu eres hetero, Abel, pero dale chance. Te tocó la puerta trasera y no lo puedes negar, te excitó, Chema, tiene mano y sabe usarla. Le dices que no y él es respetuoso.

Mientras caminaban rumbo al Azul, en silencio, Abel rememoró el instante álgido de la noche pasada en que estuvo a un paso de ser taladrado por un maduro de buen ver. Si, Pedro tenía razón, no podía negárselo, ese masajeo del ano le volvió loco y deseó que ese dedo acariciador entrase dentro de su cuerpo, con temor, si claro, recordaba perfectamente esa sensación de miedo asumido a que de un momento a otro le perforase el ano y la disposición a soportar el dolor que tuviese que ser. Un escalofrío le recorrió toda su columna y le hizo temblar, algo a lo que no fue ajeno Pedro. Y ahora iba a ver a Chema otra vez, pero ¿Cómo le decía a su amigo que esa noche el tío ese le abrió una puerta a algo desconocido y muy estimulante? 

- ¡Tío! que te pasa.
- Nada, nada, que tengo el cuerpo cortado aún. A ver ahora cuando coma algo.

- ¡Anda, que bien os cuidáis! - Marisa acababa de llegar al chiringuito encontrando a sus amigos desayunando - voy a pedir yo también.
- Marisa, que guapa estás hoy - Pedro se volvió a la chica con el requiebro mientras le hacía una seña para que se interesase por Abel.
- Muchas gracias, cariño, pero hubiera preferido que me lo dedicara este - dijo apoyando la mano en el hombro de Abel - porque los tuyos, Pedro, y siento decirlo, son como flores sin olor.
- Estás radiante, Marisa - dijo en voz baja algo agobiado.
- ¿Qué te pasa Abel? te veo muy apagado.
- Que tu amigo me ha traído aquí y ver otra vez al Chema este me da mal rollo, con lo que ocurrió la otra noche.
- Porque fuiste muy terco y rígido - Marisa se le acercó al oído y fue susurrante - te ofrecí mi bonito culo y te negaste - y levantando la voz continuó - Pedro, ¿Qué te parece si nos vamos a la playa del fondo esta mañana?
- ¿Vamos? Abel, ayer no se te dio tan mal y si te hace falta te vuelvo a prestar mi rodilla - rematando con una carcajada corta.
- Y si no voy, ¿Qué hago? y que conste que voy porque viene Marisa.
- Bien, bien - palmoteo dando saltos Marisa y se le acercó al oído otra vez - no te olvides de mi culito.
- Pues venga, terminar de desayunar que vamos por las toallas y los bañadores a casa y ya estamos tostándonos al sol - remató Pedro.

- Vamos Abelito, aligera, la toalla, la cremita - Pedro estaba eufórico y acelerado y de pronto se quedó parado - ¿Mamá? - levantó la voz.
- Si, estoy aquí en mi cuarto, Pedro, ven.
- Nos vamos a la playa. Luego.
- No, no. Te necesito. Ven a mi habitación.

- Chicos - Pedro volvía de hablar con su madre en su dormitorio con habito derrotado - ir marchándoos a la playa vosotros, luego cuando yo vuelva ya me acerco. ¿Dónde vais a estar, en la textil o en la marchosa.
- Vamos a tomar el sol desnuditos ¿Verdad Abel? allí te esperamos. ¿Tu no puedes?
- Tengo que ir al pueblo con mi madre que le tengo que ayudar que va a comprar algo, no se...
- ¿Pero tus padres no se iban a quedar unos cinco días? - preguntó confundido Abel.
- Si, pero va a ser más, así que mi madre se ha venido en el Panamera porque lo de mi padre va a ir para mas largo. Venga irse a la playa en cuanto pueda os alcanzo.
- ¿Sabes Marisa? - empezó en tono confidencial cuando llevaban unos pasos alejados de la casa - me alegro que podamos ir solos a la playa. De alguna manera, no se cómo, me intimida la presencia de Pedro. Me da la impresión de que está siempre al acecho y me siento vulnerable. Y lo que te voy a decir ahora, por favor, por favor, no se lo comentes nunca.
- ¿El qué? 
- No estoy seguro de que si Pedro me abordase..., tu sabes, me, me...
- Si te metiese mano, Abel, lo he entendido.
- Es que solo verbalizarlo me da escalofríos.
- Bueno, qué.
- Si..., eso que me metiese mano no se si me quedaría quieto y lo aceptaría.
- Pues si te liases co0n Pedro, no me parecería mal, Abel, Pedro es un buen chaval y tu le gustas un montón y por lo que he podido ver en estas horas que nos hemos conocido tu aún no tienes muy definido cual es tu rol. Pero no te preocupes, lo vamos a averiguar. Que resulta que al final eres bi, pues como yo. No veas los lotes que me pego yo con Rosa, la de la heladería. Nadie me ha tocado los pezones como ella. Y come el coño como ningún tío lo ha hecho hasta hoy. A lo mejor descubro que tienes tu una lengua prodigiosa para el clítoris.
- ¿Pero entonces...?
- ¡Ay! joder Abel, que pareces mi abuela. Espabila que estamos ya en el segundo cuarto de siglo. ¿Tu porque sabes que no te gusta comerte un rabo y si un coño? si nunca te has metido un rabo en la boca.
- Bueno. Ya, Marisa vamos a dejarlo.

Llegaron a la zona no textil y se desnudaron. Marisa indicó a Abel una zona detrás de una roca vestida de esmeralda en sol y sombra. Ahí tendieron las toallas sobre la arena y se despojaron de sus bañadores. Abel lo hizo de espaldas a Marisa que a su vez lo hizo con toda naturalidad.

- Me voy al agua a refrescarme. Cuando se te pase el empalme o pierdas esa vergüenza estúpida a enseñar tus poderes vienes. Ya te he visto el rabo duro, ¿no te acuerdas? entonces ¿de que te escondes? además solo un poco más allá otra pareja y dos tíos enzarzados detrás de aquella roca grande. ¿A quien te crees que le importa tu empalme. 
- ¡Cómo no voy a empalmarme, joder! Tu es que no te miras al espejo, tía estás de muerte - Y diciendo esto y olvidando que seguía palote se volvió para acompañar a Marisa a agua.
- Mmmm, por favor, Abelito, que cosa más bonita, ese trozo tan orgulloso. ¿terminaré por acogerlo dentro de culito?
- Y dale, con el culito. ¡Qué asco!
- ¿Seguro Abel, seguro? yo siempre lo tengo limpito - y se volvió hacia el rompiente corriendo hasta meterse dentro del agua.
- Espera Marisa - y salió corriendo detrás de ella hasta sumergirse del todo, sacó la cabeza del agua, detrás de Marisa y la abrazó desde detrás abarcándole el tronco acariciándole los pezones.
- ¿Tu que eres, un calientacoños? Ya que estás ahí aprovecha y métela en caliente, cariño - y diciéndolo movía su posterior acariciando bajo agua el sexo de Abel que enardecido con sus manos intentaba encontrar el sexo de Marisa que la chica rechazaba y dirigía a su amigo hacia la puerta trasera.
- Me voy - se dio la vuelta muy mosqueado y se dirigió a la arena.
- ¿Te has cabreado, Abel? - Marisa llegaba donde Abel, ya tumbado boca abajo, ¿no entiendes lo que es un juego? No se si lo sabes, pero acabaras por encularme. Soy joven, como tu, pero tengo más mundo. No ha habido un tío...
- ¡Ya vale! no te la voy a meter por ahí
- ¿Reservas para Pedro tu descorche? - y soltó una risotada ahogada mientras se arrodillaba y empezaba a acariciar el trasero de Abel dirigiéndose poco a poco hacia la encrucijada de muslos y pliegue de glúteos.
- ¿Qué pretendes? - Abel levantó el tronco girando la cabeza hacia atrás.
- Qué sepas de forma practica el gusto que da cuando te trabajan por ahí detrás - y diciéndolo empezó a insinuar sus dedos entre los muslos de Abel, que de forma refleja relajó los músculos y separó imperceptiblemente las piernas para que Marisa alcanzase las bolsas de los testículos.
- Por favor, Marisa, me vas a hacer perder la compostura - dijo entre un débil gemido de excitación al tiempo que se daba la vuelta del todo presentando la verga enhiesta apuntando al cielo - estamos muy a la vista - dijo muy apurado cuando Marisa se inclinó para lamer el glande de Abel - Vamos a buscar un refugio que esté menos a la vista.
- No es momento de perder la magia de este instante - y diciéndolo se colocó encima del chico cabalgándolo e iniciando movimientos muy acompasados.
- Si, por favor - suplicó Abel enfebrecido.
- Claro que si tonto, claro que si - y al tiempo tomaba la verga del muchacho y con maestría la apuntaba a su ano haciendo que se introdujera profundamente en ella.
- ¡No, no, por dios, no, por ahí no! - se había dado cuenta de donde estaba introducido, pero ya Marisa se movía con dulzura haciendo que Abel olvidase el sitio y que empezase a gemir presagiando la tormenta sensual que se avecinaba - no, si, si, por favor mas deprisa, Marisa, ya, ya, ya - y dejó de hablar mientras convulsionaba a impulsos de su eyaculación.
- ¿Lo ves. Cual era el problema? - dijo Marisa mientras se agachaba sin salirse de Abel y le rozaba los labios con los suyos mientras él terminaba de recuperarse del orgasmo.
- Uff, ¡Increíble! Nunca había tenido un orgasmo tan intenso ni tan largo, creí que me moría y no se acababa nunca. ¡Que placer, tía! Menos mal que me convenciste, y sin el agobio de la marcha atrás que da un plus al placer. Soy alérgico al látex y no me sirve cualquier gomita
- Voy al agua a soltar tu polvo - dijo con toda naturalidad Marisa - y mírate el nabo, ¿Dónde está la mierda? te lo dije, siempre estoy limpia y eso se lo tengo que agradecer a Chema, que me enseñó la forma de hacerlo.
- Si, pero tu no te has corrido - le respondió como preocupado Abel.
- ¿Ah, no? por lo menos tres veces. Y seguidas en el tiempo que tu te preparabas para preñarme, y es ahora y sigo sintiendo. En eso, las tías somos un poco más. Si queremos, sabemos no ser escandalosas como vosotros, y no por eso disfrutamos menos. Tu la metes por el recto que es como si llenases la vagina desde fuera, la sensación es inmensa e intensa, y como tu dices sin el agobio de que te preñen de verdad.
- ¿Se lo vas a decir a tu amigo? - le gritó mientras se alejaba corriendo al agua.
- Y porqué no - contestó sin dejar de correr y girando la cabeza atrás.

Abel se quedó con los ojos cerrados tumbado bañado por el sol paladeando aún el placer que Marisa le había proporcionado. "lo que yo tenía", pensaba, "solo era un prejuicio; las tías tienen culo para usar y con mucha más tranquilidad. Y al fin y al cabo la sensación de masajeo y calorcito y humedad es la misma. ¡Vaya descubrimiento!"  De forma refleja se acariciaba su pene fláccido pero aún voluminoso haciendo resbalar su dedo, utilizando los restos de semen para lubricar su frenillo. En su cara, con los ojos aún cerrados, se dibujó una sonrisa de satisfacción mientras su miembro comenzaba a tener consistencia otra vez. Y de pronto se detuvo en su autoestimulación, como si le hubieran alertado de una presencia. Abrió los ojos y como impulsado por un resorte se sentó en la toalla tapándose su sexo con ambas manos.

- ¡Sigue, sigue! por favor, no te cortes, ¡es tan bonito verte haciéndolo! Me llamo Marcos y esta es mi chica Mariola.
Un muchacho espigado y rubio quemado de sol excesivo, pelo largo enmarañado, con aspecto surfero ciñendo con su brazo la cintura de una morena de pelo abundante y ensortijado, miraba divertido, como su pareja, los manejos autosensuales de Abel. 
- No, ¡joder!, que susto me habéis dado - se levantó como impulsado por un resorte, se quedó sentado en la toalla protegiéndose su zona pudenda - vosotros sois los que estabais un trecho mas allá... - dejando la frase en suspenso.
- Si. Follando, como vosotros. Pero vosotros habéis acabado enseguida. Me imagino que como ha sido con Marisa ha sido por detrás y - mirando a su novia Mariola - por ahí es que los tíos nos corremos rápido ¿verdad?
- Uy, no sabes. Cuando este me convence de hacerlo por detrás es que es meterla y ya está. ¿Tu ya habías dado por culo antes. Eres amigo de Pedro. A él o a otra tía? 
- Yo no soy maricón, ¡joder...!
- Perdona chico, ¿Cómo te llamas?
- Abel. Perdona tu. Coño, es que hasta los padres de Pedro me han tomado por su novio. Solo soy un compañero de insti. Y no, no he porculeado ni a Pedro ni a nadie. Ni lo haría nunca, salvo que me volviera loco.
- Y conmigo de milagro. Estaba saliendo del agua y he escuchado parte de la conversación. Es que el chaval es un poco de primeros del XX - dijo Marisa sacudiéndose el pelo llegando donde estaba la reunión - quiso algo la noche de la fiesta del Azul y cuando le dije que yo solo lo hago por el culo, se agobió y me dijo algo así como que eso es cosa de maricones.
- ¿De maricones? - le contesto sonriendo al mismo tiempo que besaba a Mariola en el cabello - yo no soy maricón ¿verdad cariño? y he tenido mis cosas con tu amigo, Marisa, antes de comprometerme con Mariola.
- ¿Y a ti no te importa? - preguntó sorprendido Abel.
- ¡Que es sexo, tío!, solo sexo. Y además desde que éste está conmigo no ha vuelto a tener nada con tu amigo ¿verdad que no Pedro?
- ¿Verdad que no, qué? - Pedro se acercaba a la reunión dando un beso a Mariola y otro a Marcos.
- Que desde que Marcos está conmigo no ha vuelto a tener nada contigo.
- Efectivamente. Tu novio está muy bueno pero una vez que apareciste tu es su vida es que ni me saluda - se echó a reír y abrazó con cariño a Marcos - que no, que si me saluda. Yo le quiero mucho y creo que él a mi lo mismo ¿no?
- Si Pedro. Joder, es verdad, es un gran tío. Que tuviéramos sexo esporádico, fíjate, los veranos, no ha tenido, ni tiene ninguna trascendencia. Nada de romanticismos desde luego. El es gay y yo no y como buenos amigos nos ayudamos cuando nos hizo falta. ¿Te acuerdas de aquella noche de hace dos veranos que me pillé con aquella alemana? Estaba histérico y menos mal que te tenía al lado y te hiciste cargo y me prestaste el culo. Fue inspirador. Me hizo ver el mundo de otra manera. Que yo también estaba en la incertidumbre de la identidad, no te creas que eres el único, Abel, pero esa noche me permitió ver muy claro que follar el culo a un tío no tiene más recorrido que la de hacerse un pajote pero mucho más placentero.
- Y acuérdate Marcos del año pasado, sin ir más lejos, que yo estaba taciturno, porque este cabronazo - señaló a Marcos - me traía de cabeza y me sacaste del hoyo con unos polvazos que me dejaste el culo tiritando. Y se, hoy te lo voy a decir, que una vez al menos, fue a costa de perder a aquella madrileña, medio tonta, todo hay que decirlo, pero que era caliente como una barbacoa.
- A mi me parece que esto es una puta conspiración, hostia, estáis intentado convencerme para que me acueste con Pedro. ¡Y no! despídete amigo - dijo muy serio apuntando con el dedo a Pedro - he sodomizado a Marisa porque prácticamente me ha llevado al huerto. Y ahí se ha acabado todo. ¡Joder, joder! si en mi casa me escuchasen hablar así de algo tan, tan, no se...
- ¿Tan guarro? Pero tío, ¿tu que edad tienes. A ti quien te ha comido el coco? Tu, ¿tienes novia entonces?
- Si, claro. Y follo con ella muy a gusto - se detuvo como pensándose que iba a decir -  Bueno muy a gusto regu, porque soy alérgico al látex y la marcha atrás me arruina el momento.
- Pues utilizad el culo, seguro que a tu novia con un buen lub no le importa. Entonces ¿Cuándo le comes la almeja nunca has derivado a la puerta trasera. Les vuelve locas ¿verdad cariño?
- Uff, a mi por lo menos me pone a mil.
- ¿Que le chupas el culo? - preguntó horrorizado Abel.
- ¡Venga ya, Abelito! - Marisa contestó en tono desengaño - ¿tu ves como te puso que Chema te acariciará el ojal con el dedito? pues imagina la suavidad de una lengua intentando introducirse por ahí.
 ¡Es sublime!
- ¡Que! - dijeron al unísono Marcos y Mariola - o sea que era todo postureo. Y nada menos que con Chema. Tío, deja ya de tomarnos el pelo.
- Bueno, bueno. Vamos a ver, hay un error de interpretación - Abel se levantó de un salto indignado y Pedro salió al quite - Abel estaba intentando echar un martinete con Marisa detrás de la cocina de Azul y ella convenciéndole de que por delante nada y al lio de voces salió el Chema y al ver a este con los pantalones en el suelo y en presenten armas, y media lagartijera, como todos la teníamos esa noche, le metió mano. Abel con los vapores del alcohol y el salimiento que tenía, se dejó querer y - dirigiéndose a su amigo - te gustó, reconócelo, que a nadie le amarga un dulce. Como Marcos puede reconocer, que yo soy experto en esa zona, ¿verdad Marcos? No es que tuviese un lío con el Chema.
- Hostia, es verdad. Que lengua tiene el cabrón este - señalando con el pulgar y el puño cerrado a Pedro.
- Bueno. Ya está bien de extravagancias - dijo como aburrido Abel - me voy a bañar de una vez que ya estoy de playa un poco agobiado.
- Espera, chaval - le sujetó por el brazo Marcos - ¿no te apetece surfear un rato y nos dejamos de halar de sexo? que una tablita y unas olitas también molan.
- No he surfeado en mi puta vida ¡joder, ya! - y las lágrimas afloraron a los ojos.
- Eso tiene solución, Abel - Marcos le echó el brazo por el cuello atrayéndole hacia su pecho ante lo que Abel emitió un sollozo irreprimible - venga, te vienes conmigo ahora mismo y dejamos a estos salidos hablar de pollas y culos. Vamos, Abel, no pasa nada. ¿No te habrás empalmado con el cariñito? - y soltó una carcajada mientras empujaba a Abel de su regazo que cambiaba el sollozo por risa en ese momento.
- Lo que me faltaba, empalmarme por un cariñito de un tío.
- Abel, coño - se acercó Marisa - tranquilízate que aquí no ha pasado nada. Marcos es un pedazo de tío, ve con él que te va a enseñar a cabalgar en una tabla.
- Marcos, cariño - se le acercó Mariola y le besó en la mejilla - vete con Abel que me quedo yo con esta gente.
- Bueno, esperar un poco - Marisa iluminó la cara con lo que se le acababa de ocurrir - esta noche mis padres van a una fiesta al chalé de unos amigos. ¿Porqué no pedimos comida y nos montamos la fiesta nosotros en mi casa? Antes de las cuatro de la madrugada mis padres no van a aparecer. ¿Qué me decís?
- Por mi, perfecto - asintió Pedro - y por Abel creo que también.
- No, tío, yo me quedo en el apartamento con tu madre viendo una serie, no te jode. ¡Pues claro! pero solo si viene este novio nuevo que me he echado - y se dobló de la risa que le entró.
- ¡Ni se te ocurra! - Mariola aparentó enfado - ese Marcos es mío y nada más.
- Entonces, si. Luego no nos vemos a las diez en mi casa - sentenció Marisa.-

Marcos y Abel se alejaron con sus bañadores en la mano camino de la playa textil cogidos por el cuello como viejos amigos comentando el lance anterior y riendo como si nada hubiera pasado.

- Tío, Marcos, ¿de verdad has enculado a Pedro? - el tono de Abel había pasado de compungido a có9mplice - pero, ¿Cómo fue, se te ofreció, te cogió la hora tonta?
- Fue hace dos años y como siempre con los gintonic por medio. Y fue en su casa. Sus padres habían salido y como hoy, que hemos quedado en casa de Marisa, quedamos unos cuantos en su casa. Todo bien, lo típico, las pamplinas, primero el penúltimo con las cervezas, luego la ginebra con lo que fuera, que eran tónicas que era lo que había y acabamos jugando a la botella, acabamos prácticamente en bolas todos y sonó el timbre. Pedro se puso un bañador a la carrera y fue a ver. Era el padre de Mariola. Se nos fue la hora y venía por ella. Menos mal que medio nos vestimos y cuando entró el padre estábamos presentables. Ya se nos cortó el rollo y la gente se fue yendo viendo además la hora. Total que nos quedamos Pedro y yo. A mi Mariola me había puesto muy burro y le dije a Pedro que iba a hacerme una gayola al cuarto de baño y con la mayor naturalidad del mundo me ofreció su culo. Me descolocó. Yo estaba deseando vaciarme y le puse como condición que nada de mariconadas, meterla, correrme y se acabo. Y sin más preámbulos se  quitó el bañador me mando que me tirara al suelo boca arriba, me cabalgó sin problemas. La verdad que cerré los ojos y la sensación fue de meterla en un coño.
- Joder, Marcos, es verdad, con Marisa antes, si no es porque se que ella no folla por delante me lo habría tragado. Es más, al estar más apretado, el placer creo que fue más intenso. 
- Es que es mas intenso. Yo estoy enganchado al ano, de verdad, prefiero meterla por detrás y no se la meto más a Mariola por no dar el cante, pero el coño me parece que es muy flojo y me cuesta correrme. Ahora por el ojal es meterla, dos zumbidos y es que me deshago.
- Bueno. Te cabalgó la polla, te corriste y ¿él?
- El no se corrió y cuando le dije que si no le apetecía correrse me dijo que me acababa de hacer un favor y que se lo debía, que para él el sexo era otra cosa. Que a él le daba más placer un morreo lento y prolongado, con mucha lengua y babas por toda la cara antes que eyacular en un instante y todo se acabó.
- Deduzco de ese debito que tenías, o tienes con él, que no fue la última vez.
- Abel, tío, me pareces legal, de verdad y no se porque estoy hablando de esto. Si se enterase Mariola, sería el final y te juro que me tiro por el acantilado de la Torre del Pirata.
- Ha habido más con Pedro, y además sospecho que mucho más.
- El año pasado. Lo que te acabo de decir de un morreo lento y salivoso. Pues eso. Y tío - se detuvo llegando a la playa para ponerse el bañador. Abel hizo lo propio - acabamos en un sesenta y nueve bestial, de polla y culo. Mira, me empalmo solo de rememorarlo ¡Joder! me había jurado y perjurado que me lo llevaría a la tumba. Pero es que a alguien se lo tenía que decir; ¡me gustó! fue bestial. Pero no soy maricón. A veces admiro la valentía de tu amigo, hace lo que le gusta y lo mantiene y lo defiende. Ahora se que a mi también me gusta pero me da terror que se sepa. De verdad, sigo sin saber porque te lo he dicho, pero por favor.
- Confidencia, por confidencia, Marcos. Esto me va a resultar difícil escuchármelo de mi propia boca, pero tampoco me lo puedo aguantar. 
Cuando quise echar un polvo con Marisa que salió Chema y me tocó el ojal y ¡me gustó, joder, me gusto! cerré los ojos e imaginé que era Pedro y por poco no me corro allí mismo. Cuando le veo en el patio del insti con mi novia charlando y riendo y haciéndose confidencias me entran celos, pero no de él, de mi novia. Quisiera que tuviera esa intimidad conmigo y cuando me invitó a venir con su familia, te juro que me empalmé. ¡Y te juro también que tampoco soy maricón, joder!
- A lo peor es que tenemos un concepto equivocado de lo que es ser maricón. Lo he pensado muchas veces. Después del polvo en toda regla que echamos en el que cuando le avisé que le preñaba se coordinó perfectamente y nos corrimos al tiempo. Tío, Abel, de verdad, te lo juro, toque el cielo. Como nunca. ¡Y con un chico!
- Entonces ¿Habéis follado después de ese polvo más veces? a que si.
- Si, y siempre a petición mía. El verano pasado dos veces más y este año te he odiado, porque has venido tu y eso va impedir volver a hacerlo. Y quiero a Mariola, pero, no me lo explico, me ha sorbido el seso. No hay paja que no me haga que no sea con la imagen de su cara frente a mi susurrando: Préñame.
- Bueno. Marcos - le tendió la mano franca para estrechar la suya - ya se que tengo un amigo de verdad aquí. De los amigos a los que se da munición letal en la seguridad de que nunca se va a utilizar en contra de uno. Participamos de un secreto y eso nos une, choca esos cinco  Ahora vamos a ver que tan difícil es eso de surfear.
- Sin coña Abel. Pedro no puede saber que te lo he dicho.
- Tu secreto está a salvo. El mío espero que esté en la misma situación.
- No lo dudes.
- ¿Tu tienes dos tablas?
- Tengo la mía, pero la tengo en casa, y no voy a ir ahora por ella, pero al principio de la playa está la tienda de Flavio, un italiano muy creído pero es amigo. Alquila tablas y neoprenos, pero cuando le diga para lo que es me va a prestar un par de tablas. Luego se lo cobra, no te creas. Cuando nos vemos por ahí siempre tengo que invitarle.
- Si te va a suponer un compromiso lo dejamos, de verdad Marcos.
- ¡Flavio, tío!, ya está aquí tu amigo Marcos - a medida que se acercaba a la tienda levantó la voz.
- ¡Marcos! joder, que caro te vendes - gritó el italiano con su reconocible acento dándose un caluroso abrazo.
- Mira, Flavio, este chaval es Abel, ha venido con Pedro, es compañero del instituto, y quiere probar con el surf. Préstanos un par de tablas, le doy un par de indicaciones y si le gusta le vas a tener aquí un día si y otro también.
- Pasa a la trastienda Marcos, a elegir las tablas - se perdieron por una puerta que daba a la parte de atrás de la tienda - cabronazo, Marcos, de dónde has sacado a un pedazo de tío como ese - dijo en voz baja Flavio - ¿te lo has tirado ya? que se que eres un goloso.
- Calla, joder, Abel no es así, aunque está aquí con Pedro, no es Pedro al que te follas cada vez que quieres.
- Como tu, ¿no? que no le vaya este rollete tipo hetero curioso solo quiere decir que aún nadie se lo ha planteado bien.
- Bueno venga, las tablas. ¿nos las dejas?
- Cógete las que quieras. Pero ya sabes, el que rompe paga.
- ¿Los inventos?
- Fuera te los doy.
- Por favor, Flavio, ni una mínima insinuación a Abel. Por favor.
- Vamos, coge tus tablas y fuera.
- Habéis  estado mucho rato ahí dentro. El Flavio ese es un tío extraño. Me miraba como si me hubiese quedado con algo - le hablaba Abel cargando cada uno con su tabla rumbo a la orilla.
- Es lo que podíamos llamar un sinvergüenza simpático. No te fíes de él.
- ¿Qué no me fíe, en que sentido?
- Que ni en broma dejes que te toque. Es más peligroso que un chimpancé con un kalasnikof - Ese es el peligro con este Flavio, con ese acentillo tan simpático, que cuando tomas conciencia ya te la ha metido.
- ¿Otro Pedro?
- Ya quisiera Flavio ser como Pedro. El dice que es hetero curioso, nada más, pero la verdad es que le gusta un rabo mas que a un tonto un palo. Diga él lo que diga.
- ¿También se ha beneficiado a Pedro?
- ¿Tu que crees?
- Será hijo de puta. Me jode, oye, me jode que se aprovechen de Pedro, porque es buena gente, mejor que muchos machos estúpidos. ¿Y contigo? 
- Venga, va. Alguna borrachera a destiempo y hemos terminado de pajeo mutuo. Nada más. Bueno, venga, al agua. Te digo como tienes colocarte en la tabla.

Marcos braceando sobre la tabla, al lado de Abel en la suya iba charlando con él explicándole las bondades de surfear para el moldeo de una buena figura.

- Mejor que el gym, tío, que te hace crecer los músculos de una forma inarmónica. El surf te hace desarrollar unos músculos más fusiformes mas bonitos de ver, no tan explosivos pero más atrayentes.
- Pero no siempre hay mar a mano - Abel contestó con dificultad por tener la atención completa en mantenerse a flote.

Cuando superaron el rompeolas y tocó sentarse en la tabla, Abel lo hizo manteniéndose rígido mientras Marcos le decía a su lado que relajase los hombros y se echase unos grados hacia adelante para tener buena dinámica a la hora de levantarse sobre la tabla. Pero Abel estaba tenso y no encontraba la manera de ser ortodoxo. Marcos se bajo de la tabla y se acercó a la de Abel para intentar colocarle tomándole por las caderas y forzándole a echarse un poco adelante. Luego le abarcó con su mano el muslo para obligarle a relajarse dejándosela un segundo más de que sería prudencial. Y ahí Abel sintió un escalofrío que formaba parte del juego de enseñanza a colocarse sobre la tabla que estaban protagonizando. Sin decir nada Abel clavo sus ojos en la mano de Marcos y a continuación, en los ojos de su nuevo amigo cuando Marcos levantó la vista para cruzarla con la suya.

- ¿Te molesta que tenga la mano en tu pierna?
- Ese es el problema, y esto se está convirtiendo ya en un enigma para mí, creí que me conocía y la realidad me esta quitando la razón; que no me molesta y que me parece que a ti es que te gusta. Se suponía que de quién no tenía que fiarme era de Flavio. ¿Y de ti, puedo fiarme?
- Si, tío, claro. Yo nunca voy a ir con malas intenciones. ¿Qué me gustas? pues mira, si. Tío Abel, ¿Tu no te miras al espejo? Estás buenísimo, y el que no lo vea, es que es ciego o mentiroso. Le apeteces a cualquiera. ¿Si me gustaría medirte el nabo con la boca? si, sería interesante. Pero claro, eso es algo que pone la pelota en tu tejado.
- Vale Marcos. Anda, súbete a tu tabla y vámonos ya, que como sigamos, te acabo follando aquí mismo.
- Nunca lo he hecho sobre una tabla. Sería excitante. Pero no, vámonos ya. Habrá otras oportunidades - y lo ultimo lo dijo entre dientes.
- ¿Cómo has dicho?
- Que ya tendremos otra oportunidad de probar la tabla.


- Al parecer le has cogido el gusto a la tabla, y mira, has hecho un nuevo amigo. Con Marcos te llevas fenomenal. Bueno, y otra cosa; que pasa con el piso, ¿Porque tu si va a ir a la ciudad a estudiar? 
- Si, claro, pero lo que mi padre no tiene claro aún es si que vaya a un residencia o a un piso. Mi madre dice que el primer año, mejor una residencia, que voy a estar mejor atendido y más vigilado.
- Tu padre sigue pensando que si esas cerca de mi te voy a violar, por lo menos.
- Que no, de verdad. Te conoce de cuatro años y siempre has sido un buen compañero y amigo diría yo. Se lo pensó un poco cuando le dije que si me venía contigo, pero enseguida me dijo que si. No te creas, mis padres tienen buen concepto de ti. La verdad, si se enteran que tus padres me han tomado por tu novio, no les habría hecho maldita la gracia. ¿Y Marco, también va a la ciudad a estudiar?
- Marco, vive en la ciudad, con sus padres y eso. El piso de mi abuelo está muy bien, con dos habitaciones y no está nada lejos del Campus. Deberías decidirte.
- Tengo que volver a decirlo. trescientos mes era, ¿no?
- Si. Nos vamos la semana que viene, me ha dicho mi madre, así que en cuanto lleguemos procura hablarlo.
- ¡Abrir! Cualquiera de los dos - el timbre repiqueteaba repetidas veces. 
- Voy yo - Abel se levantó de un salto alcanzando la puerta.
- ¿Vas a venir esta tarde a surfear? - Marcos y Mariola estaban en la puerta con cara sonriente. Se acercó a la puerta Abel.
- Pasar si queréis los dos o ¿te vas ya con ellos? yo ayudo a mi madre a recoger los cacharros de la comida y os sigo.
- Vamos a ir a surfear en bolas, así que vamos a la no textil - dijo Marcos cogida por la cintura su novia.
- Pues venga, iros y ahora me acerco yo. Pasaréis por Flavio para la tabla de Abel antes ¿no?
- Claro, claro Pedro. Si te aligeras todavía nos alcanzas antes de llegar. 

A Pedro le entretuvo mas de la cuenta su madre y para cuando llegó a la playa ya estaban allí. Mariola tumbada en la toalla y Abel y Marcos en el agua intentando, sobre todo Abel, ponerse de pie para cabalgar alguna que otra ola decente, siempre acabado en fiasco, chapuzón, tras chapuzón. Marcos si conseguía deslizarse algunos metros para luego seguir el mismo camino que Abel. Después de muchos intentos por parte de los dos, decidieron descansar un rato charlando sentados en la tabla.

- ¿Le has comentado algo a Mariola? - preguntó Abel con cierta preocupación.
- No me he atrevido. Después de todo..., tampoco es para tanto. Hombre yo siempre he mamado pollas con Mariola delante, contigo es la primera vez que lo hago sin que ella esté delante, por eso me da apuro decírselo, por si le molesta.
- ¡Joder, Marcos! ¿no es para tanto que a la primera oportunidad que tienes me la mamas? y lo peor de lo peor, es que me gusta, la chupas mejor que Mariola y que María, que siempre mete dientes. Hostia tío, haber tenido que venir de supuestas vacaciones para hacerme maricón. No paro de darle vueltas a la cabeza a ver como le digo yo esto a María. No se que será peor, que me mate o que me deje. ¿Pedro no sabe nada, verdad? Se lo diría a María con menos apuro que a Pedro, y se supone que Pedro lo entendería mejor. No se como he podido dejarme convencer.
- Reconócelo, Abel, te he llevado al huerto. Claro con Mariola de coartada. Pero te has enganchado - y diciéndoselo le dio una palmada en la espalda y soltó una risotada de satisfacción.
- Desde luego, Marcos, no se que eres más, si maricón o sinvergüenza.
- ¿Maricón? ¡Nunca! me cuadra y me resulta mas aceptable lo de sinvergüenza.