domingo, 7 de junio de 2026

¿AMIGOS O ALGO MAS? (2)

 

- ¿Lo has decidido ya? - Pedro, con el manos libres conectado y guiñando un ojo a María que escuchaba la conversa,  preguntó con cierto tonillo de aburrimiento - es que si no, voy a tener que buscar a alguien.
- Mi padre dice que no está muy convencido, porque dice que si no me he dado cuenta quien eres tu.
- Ya, claro, que soy maricón y tu padre no está muy convencido si tu también lo serás, pero convenientemente oculto y yo soy un corruptor que te va a llevar a la ruina. Vale, entonces, ¿me busco a alguien con el que compartir.
- No, espera - hubo un silencio tenso en la línea abierta - venga, vale, que si, que me importa un carajo todo, joder, te conozco, y me conoces, seguramente mejor de lo que yo me conozco. A mi padre, mal que le pese no va a tener mas remedio que tragar.
- ¡Con dos cojones! los que tanto me gustan de mi niño. Te quiero, pedazo de cabrón - María estaba entusiasmada.
- ¡Ah! ¿estabas ahí? Yo ya no se que pensar. Pedro, no te estarás tirando a mi novia y estoy yo aquí con mas cuernos que un canasto de caracoles.
- Mira, Abelito, cariño mío, de la pareja que hacéis los dos me quedo con el otro cincuenta por ciento y no es el cincuenta femenino, Entendido? - hizo una pausa para dar lugar a Abel a replicar y ante el silencio en la línea, continuó - Entonces le digo a mi madre que ya está y confirmado que son trescientos al mes.
- Ok - contestó muy seguro Abel.


- ¿Qué hora es tío? - Abel levantó la cabeza de la almohada guiñando los ojos por las agujas de luz que se le hincaban en las pupilas.
- Anda, tomate un café que tienes que estar desfallecido y ahora vamos a que el Chema de los cojones nos invite a desayunar. A ti por lo menos te lo debe.
- ¿Desayunar? habrá que cenar o comer o lo que sea antes - dijo confundido Abel - porque ¿Qué día es hoy? Y además al Chema ese, no quiero volver a verlo ni en pintura.
- Hoy es mañana. Ayer viniste de hablar con Chema hecho una braga sucia rebozada en huevo, no quisiste comer y te echaste a dormir porque te dolía la cabeza. No sin antes confesarte conmigo. Y hasta hoy.
- ¿Confesarme? ¡ah! ya - Abel hundió la cabeza entre los hombros - ¡Qué miseria de vida! ¿Para que cojones habré tenido que venir yo a esta playa? Y a ver que le digo yo cuando vuelva a María.
- Que te conoces un poco mejor y que pase lo que pase, la seguirás queriendo, pero más conscientemente, más sabiendo a lo que renuncias. Vamos siendo mayores y estás experimentando en tu propia carne lo que significa elegir. Hace poco te gustaba una tía o a mi un tío y no había mas opciones, ese era todo el mundo. Ahora ya con nuestra edad, que tampoco es tanta, sabemos no solo lo que elegimos, junto a ello sabemos a todo lo que renunciamos. Nosotros, humanos luminosos o de mierda, si vamos al norte, tenemos que renunciar al sur. Vivir, es eso Abelito, y me estoy poniendo cachondo explicándote la vida y ya se que no tengo chance contigo y prefiero parar. Venga, joder, tomate el café, despéjate y vamos al Azul que nos inviten a tostadas con jamón. Chema te lo debe. Y de paso a mi, que te voy a arrastrar a ti hasta allí.
- ¡Qué cínico eres, maricón, un autentico perro! Si no fuese porque me gustan las mujeres, te preñaba aquí mismo.
- Yo no pierdo la esperanza de que algún día te conozcas sin escandalo y cumplas tu deseo por muy  imposible que ahora te parezca - miró a su amigo con impostada expresión cínica - y venga. vamos que a mi también me ruge el estomago.
- ¿Y Marisa?
- Se ha ido hace media hora. ¿Está buena la cabrona, eh? Su padre le ha llamado angustiado porque no había pasado la noche en su casa. Va a ir ahora, si su padre la deja, al chiringuito cuando le he dicho que vamos a ir a desayunar allí.
- Pues venga, me tomo ese café y a ver al Chema ese.
- No es mala persona, de verdad.
- ¿Te ha follado ya, no?
- Alguna vez que otra, sabe hacerlo de puta madre y no se corre y ya. Que va, sabe dilatar el momento y te hace disfrutar como un cerdo en un charco y cuando te tiene al limite, entonces te preña. El tío sabe latín. Bueno, vamos. Además no tienes de que preocuparte, tu eres hetero, Abel, pero dale chance. Te tocó la puerta trasera y no lo puedes negar, te excitó, Chema, tiene mano y sabe usarla. Le dices que no y él es respetuoso.

Mientras caminaban rumbo al Azul, en silencio, Abel rememoró el instante álgido de la noche pasada en que estuvo a un paso de ser taladrado por un maduro de buen ver. Si, Pedro tenía razón, no podía negárselo, ese masajeo del ano le volvió loco y deseó que ese dedo acariciador entrase dentro de su cuerpo, con temor, si claro, recordaba perfectamente esa sensación de miedo asumido a que de un momento a otro le perforase el ano y la disposición a soportar el dolor que tuviese que ser. Un escalofrío le recorrió toda su columna y le hizo temblar, algo a lo que no fue ajeno Pedro. Y ahora iba a ver a Chema otra vez, pero ¿Cómo le decía a su amigo que esa noche el tío ese le abrió una puerta a algo desconocido y muy estimulante? 

- ¡Tío! que te pasa.
- Nada, nada, que tengo el cuerpo cortado aún. A ver ahora cuando coma algo.

- ¡Anda, que bien os cuidáis! - Marisa acababa de llegar al chiringuito encontrando a sus amigos desayunando - voy a pedir yo también.
- Marisa, que guapa estás hoy - Pedro se volvió a la chica con el requiebro mientras le hacía una seña para que se interesase por Abel.
- Muchas gracias, cariño, pero hubiera preferido que me lo dedicara este - dijo apoyando la mano en el hombro de Abel - porque los tuyos, Pedro, y siento decirlo, son como flores sin olor.
- Estás radiante, Marisa - dijo en voz baja algo agobiado.
- ¿Qué te pasa Abel? te veo muy apagado.
- Que tu amigo me ha traído aquí y ver otra vez al Chema este me da mal rollo, con lo que ocurrió la otra noche.
- Porque fuiste muy terco y rígido - Marisa se le acercó al oído y fue susurrante - te ofrecí mi bonito culo y te negaste - y levantando la voz continuó - Pedro, ¿Qué te parece si nos vamos a la playa del fondo esta mañana?
- ¿Vamos? Abel, ayer no se te dio tan mal y si te hace falta te vuelvo a prestar mi rodilla - rematando con una carcajada corta.
- Y si no voy, ¿Qué hago? y que conste que voy porque viene Marisa.
- Bien, bien - palmoteo dando saltos Marisa y se le acercó al oído otra vez - no te olvides de mi culito.
- Pues venga, terminar de desayunar que vamos por las toallas y los bañadores a casa y ya estamos tostándonos al sol - remató Pedro.

- Vamos Abelito, aligera, la toalla, la cremita - Pedro estaba eufórico y acelerado y de pronto se quedó parado - ¿Mamá? - levantó la voz.
- Si, estoy aquí en mi cuarto, Pedro, ven.
- Nos vamos a la playa. Luego.
- No, no. Te necesito. Ven a mi habitación.

- Chicos - Pedro volvía de hablar con su madre en su dormitorio con habito derrotado - ir marchándoos a la playa vosotros, luego cuando yo vuelva ya me acerco. ¿Dónde vais a estar, en la textil o en la marchosa.
- Vamos a tomar el sol desnuditos ¿Verdad Abel? allí te esperamos. ¿Tu no puedes?
- Tengo que ir al pueblo con mi madre que le tengo que ayudar que va a comprar algo, no se...
- ¿Pero tus padres no se iban a quedar unos cinco días? - preguntó confundido Abel.
- Si, pero va a ser más, así que mi madre se ha venido en el Panamera porque lo de mi padre va a ir para mas largo. Venga irse a la playa en cuanto pueda os alcanzo.
- ¿Sabes Marisa? - empezó en tono confidencial cuando llevaban unos pasos alejados de la casa - me alegro que podamos ir solos a la playa. De alguna manera, no se cómo, me intimida la presencia de Pedro. Me da la impresión de que está siempre al acecho y me siento vulnerable. Y lo que te voy a decir ahora, por favor, por favor, no se lo comentes nunca.
- ¿El qué? 
- No estoy seguro de que si Pedro me abordase..., tu sabes, me, me...
- Si te metiese mano, Abel, lo he entendido.
- Es que solo verbalizarlo me da escalofríos.
- Bueno, qué.
- Si..., eso que me metiese mano no se si me quedaría quieto y lo aceptaría.
- Pues si te liases co0n Pedro, no me parecería mal, Abel, Pedro es un buen chaval y tu le gustas un montón y por lo que he podido ver en estas horas que nos hemos conocido tu aún no tienes muy definido cual es tu rol. Pero no te preocupes, lo vamos a averiguar. Que resulta que al final eres bi, pues como yo. No veas los lotes que me pego yo con Rosa, la de la heladería. Nadie me ha tocado los pezones como ella. Y come el coño como ningún tío lo ha hecho hasta hoy. A lo mejor descubro que tienes tu una lengua prodigiosa para el clítoris.
- ¿Pero entonces...?
- ¡Ay! joder Abel, que pareces mi abuela. Espabila que estamos ya en el segundo cuarto de siglo. ¿Tu porque sabes que no te gusta comerte un rabo y si un coño? si nunca te has metido un rabo en la boca.
- Bueno. Ya, Marisa vamos a dejarlo.

Llegaron a la zona no textil y se desnudaron. Marisa indicó a Abel una zona detrás de una roca vestida de esmeralda en sol y sombra. Ahí tendieron las toallas sobre la arena y se despojaron de sus bañadores. Abel lo hizo de espaldas a Marisa que a su vez lo hizo con toda naturalidad.

- Me voy al agua a refrescarme. Cuando se te pase el empalme o pierdas esa vergüenza estúpida a enseñar tus poderes vienes. Ya te he visto el rabo duro, ¿no te acuerdas? entonces ¿de que te escondes? además solo un poco más allá otra pareja y dos tíos enzarzados detrás de aquella roca grande. ¿A quien te crees que le importa tu empalme. 
- ¡Cómo no voy a empalmarme, joder! Tu es que no te miras al espejo, tía estás de muerte - Y diciendo esto y olvidando que seguía palote se volvió para acompañar a Marisa a agua.
- Mmmm, por favor, Abelito, que cosa más bonita, ese trozo tan orgulloso. ¿terminaré por acogerlo dentro de culito?
- Y dale, con el culito. ¡Qué asco!
- ¿Seguro Abel, seguro? yo siempre lo tengo limpito - y se volvió hacia el rompiente corriendo hasta meterse dentro del agua.
- Espera Marisa - y salió corriendo detrás de ella hasta sumergirse del todo, sacó la cabeza del agua, detrás de Marisa y la abrazó desde detrás abarcándole el tronco acariciándole los pezones.
- ¿Tu que eres, un calientacoños? Ya que estás ahí aprovecha y métela en caliente, cariño - y diciéndolo movía su posterior acariciando bajo agua el sexo de Abel que enardecido con sus manos intentaba encontrar el sexo de Marisa que la chica rechazaba y dirigía a su amigo hacia la puerta trasera.
- Me voy - se dio la vuelta muy mosqueado y se dirigió a la arena.
- ¿Te has cabreado, Abel? - Marisa llegaba donde Abel, ya tumbado boca abajo, ¿no entiendes lo que es un juego? No se si lo sabes, pero acabaras por encularme. Soy joven, como tu, pero tengo más mundo. No ha habido un tío...
- ¡Ya vale! no te la voy a meter por ahí
- ¿Reservas para Pedro tu descorche? - y soltó una risotada ahogada mientras se arrodillaba y empezaba a acariciar el trasero de Abel dirigiéndose poco a poco hacia la encrucijada de muslos y pliegue de glúteos.
- ¿Qué pretendes? - Abel levantó el tronco girando la cabeza hacia atrás.
- Qué sepas de forma practica el gusto que da cuando te trabajan por ahí detrás - y diciéndolo empezó a insinuar sus dedos entre los muslos de Abel, que de forma refleja relajó los músculos y separó imperceptiblemente las piernas para que Marisa alcanzase las bolsas de los testículos.
- Por favor, Marisa, me vas a hacer perder la compostura - dijo entre un débil gemido de excitación al tiempo que se daba la vuelta del todo presentando la verga enhiesta apuntando al cielo - estamos muy a la vista - dijo muy apurado cuando Marisa se inclinó para lamer el glande de Abel - Vamos a buscar un refugio que esté menos a la vista.
- No es momento de perder la magia de este instante - y diciéndolo se colocó encima del chico cabalgándolo e iniciando movimientos muy acompasados.
- Si, por favor - suplicó Abel enfebrecido.
- Claro que si tonto, claro que si - y al tiempo tomaba la verga del muchacho y con maestría la apuntaba a su ano haciendo que se introdujera profundamente en ella.
- ¡No, no, por dios, no, por ahí no! - se había dado cuenta de donde estaba introducido, pero ya Marisa se movía con dulzura haciendo que Abel olvidase el sitio y que empezase a gemir presagiando la tormenta sensual que se avecinaba - no, si, si, por favor mas deprisa, Marisa, ya, ya, ya - y dejó de hablar mientras convulsionaba a impulsos de su eyaculación.
- ¿Lo ves. Cual era el problema? - dijo Marisa mientras se agachaba sin salirse de Abel y le rozaba los labios con los suyos mientras él terminaba de recuperarse del orgasmo.
- Uff, ¡Increíble! Nunca había tenido un orgasmo tan intenso ni tan largo, creí que me moría y no se acababa nunca. ¡Que placer, tía! Menos mal que me convenciste, y sin el agobio de la marcha atrás que da un plus al placer. Soy alérgico al látex y no me sirve cualquier gomita
- Voy al agua a soltar tu polvo - dijo con toda naturalidad Marisa - y mírate el nabo, ¿Dónde está la mierda? te lo dije, siempre estoy limpia y eso se lo tengo que agradecer a Chema, que me enseñó la forma de hacerlo.
- Si, pero tu no te has corrido - le respondió como preocupado Abel.
- ¿Ah, no? por lo menos tres veces. Y seguidas en el tiempo que tu te preparabas para preñarme, y es ahora y sigo sintiendo. En eso, las tías somos un poco más. Si queremos, sabemos no ser escandalosas como vosotros, y no por eso disfrutamos menos. Tu la metes por el recto que es como si llenases la vagina desde fuera, la sensación es inmensa e intensa, y como tu dices sin el agobio de que te preñen de verdad.
- ¿Se lo vas a decir a tu amigo? - le gritó mientras se alejaba corriendo al agua.
- Y porqué no - contestó sin dejar de correr y girando la cabeza atrás.

Abel se quedó con los ojos cerrados tumbado bañado por el sol paladeando aún el placer que Marisa le había proporcionado. "lo que yo tenía", pensaba, "solo era un prejuicio; las tías tienen culo para usar y con mucha más tranquilidad. Y al fin y al cabo la sensación de masajeo y calorcito y humedad es la misma. ¡Vaya descubrimiento!"  De forma refleja se acariciaba su pene fláccido pero aún voluminoso haciendo resbalar su dedo, utilizando los restos de semen para lubricar su frenillo. En su cara, con los ojos aún cerrados, se dibujó una sonrisa de satisfacción mientras su miembro comenzaba a tener consistencia otra vez. Y de pronto se detuvo en su autoestimulación, como si le hubieran alertado de una presencia. Abrió los ojos y como impulsado por un resorte se sentó en la toalla tapándose su sexo con ambas manos.

- ¡Sigue, sigue! por favor, no te cortes, ¡es tan bonito verte haciéndolo! Me llamo Marcos y esta es mi chica Mariola.
Un muchacho espigado y rubio quemado de sol excesivo, pelo largo enmarañado, con aspecto surfero ciñendo con su brazo la cintura de una morena de pelo abundante y ensortijado, miraba divertido, como su pareja, los manejos autosensuales de Abel. 
- No, ¡joder!, que susto me habéis dado - se levantó como impulsado por un resorte, se quedó sentado en la toalla protegiéndose su zona pudenda - vosotros sois los que estabais un trecho mas allá... - dejando la frase en suspenso.
- Si. Follando, como vosotros. Pero vosotros habéis acabado enseguida. Me imagino que como ha sido con Marisa ha sido por detrás y - mirando a su novia Mariola - por ahí es que los tíos nos corremos rápido ¿verdad?
- Uy, no sabes. Cuando este me convence de hacerlo por detrás es que es meterla y ya está. ¿Tu ya habías dado por culo antes. Eres amigo de Pedro. A él o a otra tía? 
- Yo no soy maricón, ¡joder...!
- Perdona chico, ¿Cómo te llamas?
- Abel. Perdona tu. Coño, es que hasta los padres de Pedro me han tomado por su novio. Solo soy un compañero de insti. Y no, no he porculeado ni a Pedro ni a nadie. Ni lo haría nunca, salvo que me volviera loco.
- Y conmigo de milagro. Estaba saliendo del agua y he escuchado parte de la conversación. Es que el chaval es un poco de primeros del XX - dijo Marisa sacudiéndose el pelo llegando donde estaba la reunión - quiso algo la noche de la fiesta del Azul y cuando le dije que yo solo lo hago por el culo, se agobió y me dijo algo así como que eso es cosa de maricones.
- ¿De maricones? - le contesto sonriendo al mismo tiempo que besaba a Mariola en el cabello - yo no soy maricón ¿verdad cariño? y he tenido mis cosas con tu amigo, Marisa, antes de comprometerme con Mariola.
- ¿Y a ti no te importa? - preguntó sorprendido Abel.
- ¡Que es sexo, tío!, solo sexo. Y además desde que éste está conmigo no ha vuelto a tener nada con tu amigo ¿verdad que no Pedro?
- ¿Verdad que no, qué? - Pedro se acercaba a la reunión dando un beso a Mariola y otro a Marcos.
- Que desde que Marcos está conmigo no ha vuelto a tener nada contigo.
- Efectivamente. Tu novio está muy bueno pero una vez que apareciste tu es su vida es que ni me saluda - se echó a reír y abrazó con cariño a Marcos - que no, que si me saluda. Yo le quiero mucho y creo que él a mi lo mismo ¿no?
- Si Pedro. Joder, es verdad, es un gran tío. Que tuviéramos sexo esporádico, fíjate, los veranos, no ha tenido, ni tiene ninguna trascendencia. Nada de romanticismos desde luego. El es gay y yo no y como buenos amigos nos ayudamos cuando nos hizo falta. ¿Te acuerdas de aquella noche de hace dos veranos que me pillé con aquella alemana? Estaba histérico y menos mal que te tenía al lado y te hiciste cargo y me prestaste el culo. Fue inspirador. Me hizo ver el mundo de otra manera. Que yo también estaba en la incertidumbre de la identidad, no te creas que eres el único, Abel, pero esa noche me permitió ver muy claro que follar el culo a un tío no tiene más recorrido que la de hacerse un pajote pero mucho más placentero.
- Y acuérdate Marcos del año pasado, sin ir más lejos, que yo estaba taciturno, porque este cabronazo - señaló a Marcos - me traía de cabeza y me sacaste del hoyo con unos polvazos que me dejaste el culo tiritando. Y se, hoy te lo voy a decir, que una vez al menos, fue a costa de perder a aquella madrileña, medio tonta, todo hay que decirlo, pero que era caliente como una barbacoa.
- A mi me parece que esto es una puta conspiración, hostia, estáis intentado convencerme para que me acueste con Pedro. ¡Y no! despídete amigo - dijo muy serio apuntando con el dedo a Pedro - he sodomizado a Marisa porque prácticamente me ha llevado al huerto. Y ahí se ha acabado todo. ¡Joder, joder! si en mi casa me escuchasen hablar así de algo tan, tan, no se...
- ¿Tan guarro? Pero tío, ¿tu que edad tienes. A ti quien te ha comido el coco? Tu, ¿tienes novia entonces?
- Si, claro. Y follo con ella muy a gusto - se detuvo como pensándose que iba a decir -  Bueno muy a gusto regu, porque soy alérgico al látex y la marcha atrás me arruina el momento.
- Pues utilizad el culo, seguro que a tu novia con un buen lub no le importa. Entonces ¿Cuándo le comes la almeja nunca has derivado a la puerta trasera. Les vuelve locas ¿verdad cariño?
- Uff, a mi por lo menos me pone a mil.
- ¿Que le chupas el culo? - preguntó horrorizado Abel.
- ¡Venga ya, Abelito! - Marisa contestó en tono desengaño - ¿tu ves como te puso que Chema te acariciará el ojal con el dedito? pues imagina la suavidad de una lengua intentando introducirse por ahí.
 ¡Es sublime!
- ¡Que! - dijeron al unísono Marcos y Mariola - o sea que era todo postureo. Y nada menos que con Chema. Tío, deja ya de tomarnos el pelo.
- Bueno, bueno. Vamos a ver, hay un error de interpretación - Abel se levantó de un salto indignado y Pedro salió al quite - Abel estaba intentando echar un martinete con Marisa detrás de la cocina de Azul y ella convenciéndole de que por delante nada y al lio de voces salió el Chema y al ver a este con los pantalones en el suelo y en presenten armas, y media lagartijera, como todos la teníamos esa noche, le metió mano. Abel con los vapores del alcohol y el salimiento que tenía, se dejó querer y - dirigiéndose a su amigo - te gustó, reconócelo, que a nadie le amarga un dulce. Como Marcos puede reconocer, que yo soy experto en esa zona, ¿verdad Marcos? No es que tuviese un lío con el Chema.
- Hostia, es verdad. Que lengua tiene el cabrón este - señalando con el pulgar y el puño cerrado a Pedro.
- Bueno. Ya está bien de extravagancias - dijo como aburrido Abel - me voy a bañar de una vez que ya estoy de playa un poco agobiado.
- Espera, chaval - le sujetó por el brazo Marcos - ¿no te apetece surfear un rato y nos dejamos de halar de sexo? que una tablita y unas olitas también molan.
- No he surfeado en mi puta vida ¡joder, ya! - y las lágrimas afloraron a los ojos.
- Eso tiene solución, Abel - Marcos le echó el brazo por el cuello atrayéndole hacia su pecho ante lo que Abel emitió un sollozo irreprimible - venga, te vienes conmigo ahora mismo y dejamos a estos salidos hablar de pollas y culos. Vamos, Abel, no pasa nada. ¿No te habrás empalmado con el cariñito? - y soltó una carcajada mientras empujaba a Abel de su regazo que cambiaba el sollozo por risa en ese momento.
- Lo que me faltaba, empalmarme por un cariñito de un tío.
- Abel, coño - se acercó Marisa - tranquilízate que aquí no ha pasado nada. Marcos es un pedazo de tío, ve con él que te va a enseñar a cabalgar en una tabla.
- Marcos, cariño - se le acercó Mariola y le besó en la mejilla - vete con Abel que me quedo yo con esta gente.
- Bueno, esperar un poco - Marisa iluminó la cara con lo que se le acababa de ocurrir - esta noche mis padres van a una fiesta al chalé de unos amigos. ¿Porqué no pedimos comida y nos montamos la fiesta nosotros en mi casa? Antes de las cuatro de la madrugada mis padres no van a aparecer. ¿Qué me decís?
- Por mi, perfecto - asintió Pedro - y por Abel creo que también.
- No, tío, yo me quedo en el apartamento con tu madre viendo una serie, no te jode. ¡Pues claro! pero solo si viene este novio nuevo que me he echado - y se dobló de la risa que le entró.
- ¡Ni se te ocurra! - Mariola aparentó enfado - ese Marcos es mío y nada más.
- Entonces, si. Luego no nos vemos a las diez en mi casa - sentenció Marisa.-

Marcos y Abel se alejaron con sus bañadores en la mano camino de la playa textil cogidos por el cuello como viejos amigos comentando el lance anterior y riendo como si nada hubiera pasado.

- Tío, Marcos, ¿de verdad has enculado a Pedro? - el tono de Abel había pasado de compungido a có9mplice - pero, ¿Cómo fue, se te ofreció, te cogió la hora tonta?
- Fue hace dos años y como siempre con los gintonic por medio. Y fue en su casa. Sus padres habían salido y como hoy, que hemos quedado en casa de Marisa, quedamos unos cuantos en su casa. Todo bien, lo típico, las pamplinas, primero el penúltimo con las cervezas, luego la ginebra con lo que fuera, que eran tónicas que era lo que había y acabamos jugando a la botella, acabamos prácticamente en bolas todos y sonó el timbre. Pedro se puso un bañador a la carrera y fue a ver. Era el padre de Mariola. Se nos fue la hora y venía por ella. Menos mal que medio nos vestimos y cuando entró el padre estábamos presentables. Ya se nos cortó el rollo y la gente se fue yendo viendo además la hora. Total que nos quedamos Pedro y yo. A mi Mariola me había puesto muy burro y le dije a Pedro que iba a hacerme una gayola al cuarto de baño y con la mayor naturalidad del mundo me ofreció su culo. Me descolocó. Yo estaba deseando vaciarme y le puse como condición que nada de mariconadas, meterla, correrme y se acabo. Y sin más preámbulos se  quitó el bañador me mando que me tirara al suelo boca arriba, me cabalgó sin problemas. La verdad que cerré los ojos y la sensación fue de meterla en un coño.
- Joder, Marcos, es verdad, con Marisa antes, si no es porque se que ella no folla por delante me lo habría tragado. Es más, al estar más apretado, el placer creo que fue más intenso. 
- Es que es mas intenso. Yo estoy enganchado al ano, de verdad, prefiero meterla por detrás y no se la meto más a Mariola por no dar el cante, pero el coño me parece que es muy flojo y me cuesta correrme. Ahora por el ojal es meterla, dos zumbidos y es que me deshago.
- Bueno. Te cabalgó la polla, te corriste y ¿él?
- El no se corrió y cuando le dije que si no le apetecía correrse me dijo que me acababa de hacer un favor y que se lo debía, que para él el sexo era otra cosa. Que a él le daba más placer un morreo lento y prolongado, con mucha lengua y babas por toda la cara antes que eyacular en un instante y todo se acabó.
- Deduzco de ese debito que tenías, o tienes con él, que no fue la última vez.
- Abel, tío, me pareces legal, de verdad y no se porque estoy hablando de esto. Si se enterase Mariola, sería el final y te juro que me tiro por el acantilado de la Torre del Pirata.
- Ha habido más con Pedro, y además sospecho que mucho más.
- El año pasado. Lo que te acabo de decir de un morreo lento y salivoso. Pues eso. Y tío - se detuvo llegando a la playa para ponerse el bañador. Abel hizo lo propio - acabamos en un sesenta y nueve bestial, de polla y culo. Mira, me empalmo solo de rememorarlo ¡Joder! me había jurado y perjurado que me lo llevaría a la tumba. Pero es que a alguien se lo tenía que decir; ¡me gustó! fue bestial. Pero no soy maricón. A veces admiro la valentía de tu amigo, hace lo que le gusta y lo mantiene y lo defiende. Ahora se que a mi también me gusta pero me da terror que se sepa. De verdad, sigo sin saber porque te lo he dicho, pero por favor.
- Confidencia, por confidencia, Marcos. Esto me va a resultar difícil escuchármelo de mi propia boca, pero tampoco me lo puedo aguantar. 
Cuando quise echar un polvo con Marisa que salió Chema y me tocó el ojal y ¡me gustó, joder, me gusto! cerré los ojos e imaginé que era Pedro y por poco no me corro allí mismo. Cuando le veo en el patio del insti con mi novia charlando y riendo y haciéndose confidencias me entran celos, pero no de él, de mi novia. Quisiera que tuviera esa intimidad conmigo y cuando me invitó a venir con su familia, te juro que me empalmé. ¡Y te juro también que tampoco soy maricón, joder!
- A lo peor es que tenemos un concepto equivocado de lo que es ser maricón. Lo he pensado muchas veces. Después del polvo en toda regla que echamos en el que cuando le avisé que le preñaba se coordinó perfectamente y nos corrimos al tiempo. Tío, Abel, de verdad, te lo juro, toque el cielo. Como nunca. ¡Y con un chico!
- Entonces ¿Habéis follado después de ese polvo más veces? a que si.
- Si, y siempre a petición mía. El verano pasado dos veces más y este año te he odiado, porque has venido tu y eso va impedir volver a hacerlo. Y quiero a Mariola, pero, no me lo explico, me ha sorbido el seso. No hay paja que no me haga que no sea con la imagen de su cara frente a mi susurrando: Préñame.
- Bueno. Marcos - le tendió la mano franca para estrechar la suya - ya se que tengo un amigo de verdad aquí. De los amigos a los que se da munición letal en la seguridad de que nunca se va a utilizar en contra de uno. Participamos de un secreto y eso nos une, choca esos cinco  Ahora vamos a ver que tan difícil es eso de surfear.
- Sin coña Abel. Pedro no puede saber que te lo he dicho.
- Tu secreto está a salvo. El mío espero que esté en la misma situación.
- No lo dudes.
- ¿Tu tienes dos tablas?
- Tengo la mía, pero la tengo en casa, y no voy a ir ahora por ella, pero al principio de la playa está la tienda de Flavio, un italiano muy creído pero es amigo. Alquila tablas y neoprenos, pero cuando le diga para lo que es me va a prestar un par de tablas. Luego se lo cobra, no te creas. Cuando nos vemos por ahí siempre tengo que invitarle.
- Si te va a suponer un compromiso lo dejamos, de verdad Marcos.
- ¡Flavio, tío!, ya está aquí tu amigo Marcos - a medida que se acercaba a la tienda levantó la voz.
- ¡Marcos! joder, que caro te vendes - gritó el italiano con su reconocible acento dándose un caluroso abrazo.
- Mira, Flavio, este chaval es Abel, ha venido con Pedro, es compañero del instituto, y quiere probar con el surf. Préstanos un par de tablas, le doy un par de indicaciones y si le gusta le vas a tener aquí un día si y otro también.
- Pasa a la trastienda Marcos, a elegir las tablas - se perdieron por una puerta que daba a la parte de atrás de la tienda - cabronazo, Marcos, de dónde has sacado a un pedazo de tío como ese - dijo en voz baja Flavio - ¿te lo has tirado ya? que se que eres un goloso.
- Calla, joder, Abel no es así, aunque está aquí con Pedro, no es Pedro al que te follas cada vez que quieres.
- Como tu, ¿no? que no le vaya este rollete tipo hetero curioso solo quiere decir que aún nadie se lo ha planteado bien.
- Bueno venga, las tablas. ¿nos las dejas?
- Cógete las que quieras. Pero ya sabes, el que rompe paga.
- ¿Los inventos?
- Fuera te los doy.
- Por favor, Flavio, ni una mínima insinuación a Abel. Por favor.
- Vamos, coge tus tablas y fuera.
- Habéis  estado mucho rato ahí dentro. El Flavio ese es un tío extraño. Me miraba como si me hubiese quedado con algo - le hablaba Abel cargando cada uno con su tabla rumbo a la orilla.
- Es lo que podíamos llamar un sinvergüenza simpático. No te fíes de él.
- ¿Qué no me fíe, en que sentido?
- Que ni en broma dejes que te toque. Es más peligroso que un chimpancé con un kalasnikof - Ese es el peligro con este Flavio, con ese acentillo tan simpático, que cuando tomas conciencia ya te la ha metido.
- ¿Otro Pedro?
- Ya quisiera Flavio ser como Pedro. El dice que es hetero curioso, nada más, pero la verdad es que le gusta un rabo mas que a un tonto un palo. Diga él lo que diga.
- ¿También se ha beneficiado a Pedro?
- ¿Tu que crees?
- Será hijo de puta. Me jode, oye, me jode que se aprovechen de Pedro, porque es buena gente, mejor que muchos machos estúpidos. ¿Y contigo? 
- Venga, va. Alguna borrachera a destiempo y hemos terminado de pajeo mutuo. Nada más. Bueno, venga, al agua. Te digo como tienes colocarte en la tabla.

Marcos braceando sobre la tabla, al lado de Abel en la suya iba charlando con él explicándole las bondades de surfear para el moldeo de una buena figura.

- Mejor que el gym, tío, que te hace crecer los músculos de una forma inarmónica. El surf te hace desarrollar unos músculos más fusiformes mas bonitos de ver, no tan explosivos pero más atrayentes.
- Pero no siempre hay mar a mano - Abel contestó con dificultad por tener la atención completa en mantenerse a flote.

Cuando superaron el rompeolas y tocó sentarse en la tabla, Abel lo hizo manteniéndose rígido mientras Marcos le decía a su lado que relajase los hombros y se echase unos grados hacia adelante para tener buena dinámica a la hora de levantarse sobre la tabla. Pero Abel estaba tenso y no encontraba la manera de ser ortodoxo. Marcos se bajo de la tabla y se acercó a la de Abel para intentar colocarle tomándole por las caderas y forzándole a echarse un poco adelante. Luego le abarcó con su mano el muslo para obligarle a relajarse dejándosela un segundo más de que sería prudencial. Y ahí Abel sintió un escalofrío que formaba parte del juego de enseñanza a colocarse sobre la tabla que estaban protagonizando. Sin decir nada Abel clavo sus ojos en la mano de Marcos y a continuación, en los ojos de su nuevo amigo cuando Marcos levantó la vista para cruzarla con la suya.

- ¿Te molesta que tenga la mano en tu pierna?
- Ese es el problema, y esto se está convirtiendo ya en un enigma para mí, creí que me conocía y la realidad me esta quitando la razón; que no me molesta y que me parece que a ti es que te gusta. Se suponía que de quién no tenía que fiarme era de Flavio. ¿Y de ti, puedo fiarme?
- Si, tío, claro. Yo nunca voy a ir con malas intenciones. ¿Qué me gustas? pues mira, si. Tío Abel, ¿Tu no te miras al espejo? Estás buenísimo, y el que no lo vea, es que es ciego o mentiroso. Le apeteces a cualquiera. ¿Si me gustaría medirte el nabo con la boca? si, sería interesante. Pero claro, eso es algo que pone la pelota en tu tejado.
- Vale Marcos. Anda, súbete a tu tabla y vámonos ya, que como sigamos, te acabo follando aquí mismo.
- Nunca lo he hecho sobre una tabla. Sería excitante. Pero no, vámonos ya. Habrá otras oportunidades - y lo ultimo lo dijo entre dientes.
- ¿Cómo has dicho?
- Que ya tendremos otra oportunidad de probar la tabla.


- Al parecer le has cogido el gusto a la tabla, y mira, has hecho un nuevo amigo. Con Marcos te llevas fenomenal. Bueno, y otra cosa; que pasa con el piso, ¿Porque tu si va a ir a la ciudad a estudiar? 
- Si, claro, pero lo que mi padre no tiene claro aún es si que vaya a un residencia o a un piso. Mi madre dice que el primer año, mejor una residencia, que voy a estar mejor atendido y más vigilado.
- Tu padre sigue pensando que si esas cerca de mi te voy a violar, por lo menos.
- Que no, de verdad. Te conoce de cuatro años y siempre has sido un buen compañero y amigo diría yo. Se lo pensó un poco cuando le dije que si me venía contigo, pero enseguida me dijo que si. No te creas, mis padres tienen buen concepto de ti. La verdad, si se enteran que tus padres me han tomado por tu novio, no les habría hecho maldita la gracia. ¿Y Marco, también va a la ciudad a estudiar?
- Marco, vive en la ciudad, con sus padres y eso. El piso de mi abuelo está muy bien, con dos habitaciones y no está nada lejos del Campus. Deberías decidirte.
- Tengo que volver a decirlo. trescientos mes era, ¿no?
- Si. Nos vamos la semana que viene, me ha dicho mi madre, así que en cuanto lleguemos procura hablarlo.
- ¡Abrir! Cualquiera de los dos - el timbre repiqueteaba repetidas veces. 
- Voy yo - Abel se levantó de un salto alcanzando la puerta.
- ¿Vas a venir esta tarde a surfear? - Marcos y Mariola estaban en la puerta con cara sonriente. Se acercó a la puerta Abel.
- Pasar si queréis los dos o ¿te vas ya con ellos? yo ayudo a mi madre a recoger los cacharros de la comida y os sigo.
- Vamos a ir a surfear en bolas, así que vamos a la no textil - dijo Marcos cogida por la cintura su novia.
- Pues venga, iros y ahora me acerco yo. Pasaréis por Flavio para la tabla de Abel antes ¿no?
- Claro, claro Pedro. Si te aligeras todavía nos alcanzas antes de llegar. 

A Pedro le entretuvo mas de la cuenta su madre y para cuando llegó a la playa ya estaban allí. Mariola tumbada en la toalla y Abel y Marcos en el agua intentando, sobre todo Abel, ponerse de pie para cabalgar alguna que otra ola decente, siempre acabado en fiasco, chapuzón, tras chapuzón. Marcos si conseguía deslizarse algunos metros para luego seguir el mismo camino que Abel. Después de muchos intentos por parte de los dos, decidieron descansar un rato charlando sentados en la tabla.

- ¿Le has comentado algo a Mariola? - preguntó Abel con cierta preocupación.
- No me he atrevido. Después de todo..., tampoco es para tanto. Hombre yo siempre he mamado pollas con Mariola delante, contigo es la primera vez que lo hago sin que ella esté delante, por eso me da apuro decírselo, por si le molesta.
- ¡Joder, Marcos! ¿no es para tanto que a la primera oportunidad que tienes me la mamas? y lo peor de lo peor, es que me gusta, la chupas mejor que Mariola y que María, que siempre mete dientes. Hostia tío, haber tenido que venir de supuestas vacaciones para hacerme maricón. No paro de darle vueltas a la cabeza a ver como le digo yo esto a María. No se que será peor, que me mate o que me deje. ¿Pedro no sabe nada, verdad? Se lo diría a María con menos apuro que a Pedro, y se supone que Pedro lo entendería mejor. No se como he podido dejarme convencer.
- Reconócelo, Abel, te he llevado al huerto. Claro con Mariola de coartada. Pero te has enganchado - y diciéndoselo le dio una palmada en la espalda y soltó una risotada de satisfacción.
- Desde luego, Marcos, no se que eres más, si maricón o sinvergüenza.
- ¿Maricón? ¡Nunca! me cuadra y me resulta mas aceptable lo de sinvergüenza.

 


No hay comentarios:

Publicar un comentario