martes, 28 de abril de 2026

CRUISING DE MADRUGADA

 

Y a las seis de la mañana, ¿Dónde coño iba a ir?
Me senté perezosamente al volante del Ranger, me ajusté el cinturón y engrané la marcha atrás. De forma automática saqué el coche del aparcamiento y me encontré en plena calle débilmente iluminada. ¿Por dónde voy?
El día anterior tomé la circunvalación. Quería pensar en el fulano con el que ligué. Estaba bueno, joder, tenía buen rabo, pero no sabía tocar pezones. ¡lástima! No tenía un vientre muy plano y ese poquito de barriga me impedía llegar hasta el final. Para que el capullo me llegara a la garganta, era preciso que ladease la cabeza de una forma incomoda y así esquivar el michelin. ¡que asco de barrigas!
Mientras esperaba que una moto - joder que eróticas son las motos, con ese tío cabalgándola, trasunto perfecto de la follada de culo que venía persiguiendo hacía semanas - se saltase descaradamente un STOP he hiciese que con ese descaro mi polla empezase a palpitar inútilmente porque la castidad que llevaba lo impedía. ¡Que morbo, joder! y a estas horas, de noche aún, más morbo. Pues eso, que mientras esperaba falsamente indignado a que se saltase el STOP, deje volar la imaginación al día anterior.
Solo esperaba que el dueño del michelin grasiento se corriera cuanto antes y evitase que tuviera que retirarme sin terminar, porque ya estaba empezando a no controlar la nausea
Recordando mientras recomenzaba el camino, como el primer chorro de semen me impactaba la garganta me reconcilió con el recuerdo. Pero ¡hostia! el tipo del barrigón fumaba y la lefa estaba asquerosa. Con desconsuelo, la escupí.
- Dijiste que te la tragabas
- Joder, fumas, además seguro que habanos y te sabe la leche a rayos. Por poco no poto.
Bueno, pensé, espero que el de hoy, si es que había un hoy, no tuviera barriga y no fumase. El meco de un chaval que no fuma ni bebe, es dulzón y delicado y cuando la tragas al fin no se repite y deja un bouquet en paladar que te hace desear otro cuanto antes.
Tuve que frenar en un cruce cuando vi otro coche que quería incorporarse a la vía en sentido contrario al mío, y al pasar despacio junto a mi ventanilla miré y era un soberbio macho que estoy seguro que me sonrió. Entorné los ojos y quise fantasear con que llevaba el rabo en la mano y se pajeaba lentamente.
Y sin solución de continuidad, me pregunté porque me gustaba que se me derramasen en la boca y que placer tan exquisito encontraba en enseñar el contenido de la boca antes de tragarlo. Era un placer intimo, como de sometimiento. que me tragase el semen de alguien me rebajaba en dignidad ante el que se me corría en la boca y el placer de ser una puta basura hacía que mi verga quisiese, ella misma, eyacular. 
- Peor es el felching y no encuentras el momento de practicarlo - me dije en voz alta mientras sonaba en la radio la Consagración de la Primavera.
Rescaté de la memoria las imágenes del felching que vi la noche anterior en un Sketching Sex. Una orgía desenfrenada en la que todo era humedad, anos desmesurados y prolapsos rectales en casi adolescentes.
Me sonreí feliz, ensoñando que una de esas lenguas que acariciaban anos chorreantes era la mía.
- Es verdad - asentí en voz alta, para escuchármelo decir - me seduce ser cosa en manos de alguien. Sentir que mi vida es una bagatela en manos de alguien que me desprecia me provocaba una erección dolorosa imposible por la castidad que había querido ponerme de madrugada. Noté la lubricidad entre mis piernas del precum que empezó a destilar la verga imposibilitada de crecer. El plug de cinco centímetros que me había insertado en el culo empezó a tomar protagonismo.
- ¡Efectivamente! - grite desaforadamente sobreponiendome a los acordes salvajes de Stravinski. ¡Ahora el ojal es mi principal órgano sexual!
Se me pasó por la cabeza que pudiera suceder que no hubiera nadie que quisiera poner al servicio de mi culo, su polla, pero rápidamente lo deseché, porqué experimenté falta de presión en la jaula de castidad. 
- Seguro que hay alguien, joder, no seas aguafiestas. Hostias, piensa en positivo - suelo hablar conmigo solo y me recrimino cosas que pienso. Las pollas me tienen medio loco.
Estaba llegando al pinar del cruising. Era noche cerrada. Cuando tomé la desviación al carril que conducía al bosque, recé porque mis faros delatasen algún catadioptrico de uno - Por favor que sean varios - o más coches.
- ¡Nada, joder, nada! - golpee varias veces el volante. 
Ni un reflejo ni una señal de presencia me desesperé y de un frenazo me detuve en seco. apagué el motor y las luces y me quedé dentro de coche. Mi actitud era absurda. Llegaba a creer que mi deseo se convertiría en realidad solamente porque ese era mi deseo. ¿Quien iba a ser tan estúpido de ir a esperar una pareja ocasional cuando debería estar en su casa?
Estaba rendido a la evidencia de mi chaladura cuando como a cincuenta metros de donde yo estaba, una luz, como de una linterna se encendió y apagó un par de veces. Me quedé sin aliento, e inmediatamente la jaula del pene quiso estallar sus barrotes de plástico. El capullo me dolía y los huevos aprisionados por el anillo de sujeción se hincharon. Empecé a hiperventilar y me despojé de la malla que llevaba por pantalón. 
¡Joder! ¿porqué enfermizos vericuetos me parecía la opción mas normal, salir de cruising de madrugada y desnudo? No lo sabía pero al desembarazarme de la camiseta note que la lefa pugnaba por alcanzar la punta del capullo. Esa luz como de linterna, podía ser de un atracador, en espera de presa, la policía buscando imbéciles como yo para detenerlos por escandalo publico, o sencillamente un psicópata con ganas de cortarme los huevos. Si efectivamente yo barajaba todas esas posibilidades, pero no puede detener la mano accionando la manija de la puerta para abrirla. me sujeté la llave del coche a la muñeca con el coletero que le había distraído a mi novia y salí del coche. Me sentí muy reconfortado al sentir la brisa fresca nocturna de primavera acariciarme el sexo encerrado. Me pasé la mano por el ano para comprobar que el plug rematado por un cristal malva seguía en su sitio y me dirigí al lugar de donde brilló la luz. Me castañeaban los dientes, pero no de frío, de excitación. Me llevé la mano instintivamente a la jaula y estaba chorreando de secreción pringosa. Solo se me ocurrió sacarme el plug del culo y llevármelo a la boca. El sabor amargo de restos de mierda me excitó tanto que levanté la voz.
- ¿Dónde estás? enciende la luz que me oriente y que veas que voy desnudo para que hagas conmigo lo que quieras. Soy una perra a tu servicio.
Y mientras voceaba esto una parte de mi me decía que estaba absolutamente loco, que lo más probable sería que alguien con ganas nada mas de que le hiciesen una simple paja o como mucho una mamada al verle como su madre lo trajo se asustase del demente que va en busca de polla desnudo como un mono. No todos eran unos degenerados como yo y tan parafílico que no se excitaba mas que con guarradas.
- Guarradas, de acuerdo - me dije entre temblores - pero si quien ahí manejando esa luz me dice que me va a cagar en la boca, me corro directamente, y no iba a quejarme ni oponerme.
Guarradas, cochinadas, excitante todo. Soñaba con que quien estuviese ahí me mease en la boca y me hostiase si dejaba derramar una gota. Me iba a correr, si seguía con esas reflexiones y entonces a pocos metros volvió a encenderse la luz y no se apagó esta vez. La saliva empezó a rebosarme por la comisura. Los labios del ano empezaron a resbalar el uno contra el otro. Me toqué y efectivamente el ojal estaba muy relajado dejando salir secreción. No iba a necesitar lubricante que por otra parte había quedado en el coche.
Temblando de lujuria y deseo me acerco y con la penumbra que provoca la fuente de luz empiezo a ver una silueta. Es alguien delgado y la impresión es la de que no lleva nada de cintura para abajo, pero claro, pienso,  estoy tan salido que vería hasta un demonio con tal de que exhibiera polla. Cuando estoy a dos metros del dueño de la luz deja de iluminarme y se ilumina él, primero la cara y después la entrepierna. ¡Cielos! se me cayó el mundo encima.
- Pero, ¿estás loco? No se quien eres, pero, si, estas loco.
- Estaré loco pero voy a comerte el rabo hasta el final.
- Pero, pero..., ¿sabes la hora que es?
- Lo se lo mismo que tu. Y no, en mi casa no hay nadie a estas horas. Mi padre se fue hace tiempo y mi madre aún no ha vuelto. Y cuando vuelva, borracha, como suele, dudo que se de cuenta de que su hijito no esté en su cama.
- ¿Qué tienes? catorce años. Y con la bicicleta.
- No se conducir. No he tenido tiempo de sacarme el carné. Y tengo quince, bueno, casi dieciséis en dos meses. Y tu, ¿Qué haces en pelotas, también? Tienes buen rabo. Me lo comería ahora mismo, aunque por el culo no creo que me cupiera.
Me toma mi verga con su mano y la sopesa con suavidad, sin terminar de agarrarla y me cobra vida.
No podía ser. Si, me gustan,  pero siempre he evitado menores, aparte de que todos son eyaculadores precoces y unos inexpertos, que están genitalizados y aún no han entendido que el sexo no es la polla. Fantaseo con que los enseño para que cuando cumplan los veinte aprecien y gocen de una buena tragada de leche, sientan lo que es un orgasmo de pezón y se enorgullezcan de tener un ano permanentemente  dispuesto como el mío, pero a los veinte, no en la cuarentena larga como yo, que tengan toda una eterna juventud para disfrutar en lugar de ansiar una corrida tras otra acumulando tantas parejas ocasionales como remordimientos posteriores. Pero no, lo último que yo necesitaba ahora era un orgasmo judicial.
- Y, oye ¿Has venido en la bici clavándote el sillín en el culo, o tienes un bañador, o una calzona por ahí? y otra cosa, chaval..., ¿Cómo te llamas?
- Martin, como el cabrón que se largó.
- Martin, suéltame el rabo y respóndeme, ¿Las pollas te gustan desde siempre o has visto mucho porno en el teléfono?
- Mi padre se piró cuando yo tenía ocho. Un novio que se echó mi madre, me enseñó bien. Yo echaba de menos a mi padre y éste me colegueo de tal manera que una noche que mi madre estaba borracha como siempre y le echó de su cama, se metió en la mía. Mi padre también lo hacía cuando mi madre lo echaba de la cama. Se venía a la mía y me abrazaba y lloraba. cuando me abrazaba llorando yo notaba en el culo algo duro, pero nada más. Cuando se quedaba dormido dejaba de sentirlo. El novio que te digo me hizo lo mismo, pero sin llorar y cuando sentí aquella sensación dura en el culo no desapareció al dormirse, al contrario, me bajó el pantalón del pijama y la verdad es que tengo que confesar que la combinación de calor y dureza en la nalga, me gustó. Se me puso dura.
- Bueno, Martin, tienes algo que ponerte, o no.
- Si, tengo un pantalón corto, aunque no tengo calzoncillo
- Ni yo tampoco, pero tengo una malla de gym y camiseta. Ponte el pantalón ese, yo lo mío, metemos tu bici en la caja de mi Ranger y vamos a una venta que ya está abierta yo a tomar café y tu ¿un Cola-Cao?
- ¿Cola-Cao, te parezco un crio? yo tomo manchado de hace tiempo.
- Pues un manchado. Vamos.

Conducía con Martin en el asiento de al lado y me felicité de tener como coche casi un camión. Era imposible engañarme a mi mismo haciendo un cambio de marcha y rozándole la rodilla, porque era físicamente imposible. Por mucho que hubiera querido estirar el brazo derecho apenas habría conseguido rozarle.
Al tiempo me recriminaba porque habría sido feliz utilizándolo como un muñeco y haberlo taladrado una y otra vez y sin embargo ser menor me producía nauseas, lo que no quitaba ni un gramo de deseo y para colmo era un chaval delgado de nariz grande y ojos vivos, labios carnosos y melena enmarañada, justo lo que más me erotizaba.
-Y el novio ese de tu madre ¿Cómo te trasteó?
- Después de ponerme la polla dura en el culo, me quedé muy quieto. De alguna manera, no se de que manera pero sentí que volvía a tener padre. Me gustaba tener padre y me gustaba la sensación de dureza en el culo. Apreté y el debió interpretar que lo deseaba.
- Pero, si eres pequeño ahora...
- No soy pequeño, puedo follar y me pueden follar ¿O crees que en el instituto me limito a atender en la clases. ¡Joder! si los urinarios hablaran. A mi edad seguro que me han follado mas que a ti.
- Si, joder, eres pequeño. Hasta que no cumplas los dieciocho seguirás siendo un mierda. Así que calcula con ocho años lo chico que serías, gilipollas. Y bueno, sigue. ¿Cómo se lo montó el cabrón ese?
- Bueno..., como me apreté contra él, creyó lo que yo no quería y deslizó su mano por mi cintura, hasta alcanzarme los huevos y me los acarició, la verdad que de una forma que me gustó y mi pollita creció. Inmediatamente me colocó su pedazo de carne entre los cachetes del culo y me siguió gustándome y más cuando empezó a moverse arriba y abajo hasta que de forma abrupta se detuvo y me sentí húmedo.
Me quedé dormido y cuando desperté ya se había ido.
Yo no paraba, después de aquello, de recordar la sensación de mi verga tan dura que desapareció cuando el vaivén se acabó. Así que esa misma noche, cenando, le pregunté si iba a estar en la cama conmigo otra vez, como hacía mi padre. Mi madre ni se inmutó y él me dijo que naturalmente.
Cuando llegó a mi dormitorio, él se desnudó por completo y pude verle la polla enhiesta, y me gustó. Me preguntó si yo llevaba puesto el pantalón y al decirle que si, me dijo que me lo quitara
- ¿Te gustó lo de anoche? Pues esta noche, vamos a hacer otra cosa que te va a gustar mas.
- ¿Pero porque de pronto me measte el culo y te paraste?
- No fue una meada Martin, es que me corrí
- ¿Qué es eso?
- ¿Te gustó cuando te toqué los huevos y la colita dura?
- Si
- Pues los hombres sentimos ese gusto mucho mas grande y al sentirlo echamos una cosa blanca y espesa que es lo que hace que las mujeres tengan niños.
- Eso si lo se, pero yo creía que eso lo echaban con las mujeres no con los niños.
Se metió en la cama, yo le di el culo pero dijo que me volviera y le tocara.
Al tocarle, la impresión era de ser más grande de lo que apreciaba a simple vista. Me gustó y me sorprendió el capullo que yo no sabía que tenía. por la punta le salía un liquido pegajoso y le pregunté si ya había tenido el gusto, y que si a mi de mayor me saldría ese capullo. Me dijo que yo lo tenía, echando atrás el pellejo.
- Pero yo he intentado bajarlo y no puedo, me duele.
- Yo te lo voy a bajar y no te va a doler, es mas, te va a gustar mucho.
- ¿Cómo se llamaba ese cabrón sin alma que te trajinó?
- Jacinto. Yo le tenía que llamar tío Jacinto, me decía mi madre.

Cuanto hijo de puta arrastrando chavales por caminos intransitables. Si, de acuerdo, me gustaba el chaval, pero no iba yo a meterle por ningún otro espinar para destrozarle la poca piel sana que le quedara.  Me miré a mi y recordé, con dolor, como siempre que lo recordaba. El hecho de que tuviera que llamar a su corruptor, tío, fue el fulminante.

Aquel verano del ochenta y nueve. Yo tenía diez años y fuimos a la playa, a casa del tío Valerio. El tío Valerio. El hermano preferido de mi madre, el pequeño, el que se había hecho a si mismo, el triunfador de la familia. Un chalet cuya cancela por la parten de la playa se abría directamente ahí, a la playa. Sencillamente, cogías la toalla, o no y salías por la cancela, siempre abierta y ya estabas en la playa. El tío Valerio, como decía mi madre, era un sinvergüenza simpático. Nunca casado pero con infinitas amigas. Mi madre al decir lo de las infinitas amigas se relamía, como si lo de su hermano fuera la meta a la que cualquier hombre tuviera que aspirar. "Mejor que no se hubiera casado, la pobrecita no habría podido cargar con tanto cuerno" y se caía de la risa o se resbalaba de la baba. Era su ojito derecho y todo se le perdonaba.
Lo recuerdo perfectamente. faltaban dos semanas para acabar nuestras vacaciones y vinieron unos familiares de mi padre a visitarnos. Yo había desobedecido a mi madre en lo de las horas después de comer para bañarse por la mañana y me castigaron sin playa por la tarde. Y por la tarde, todos, menos mi tío Valerio salieron para la playa. Yo me quedé cabreadísimo deseando que un maremoto como poco hiciese desaparecer a todo dios. El tío Valerio, al parecer, tenía trabajo pendiente y se quedaba a ponerlo al día.

- Estás muy callado. ¿Pasa algo?
- Nada Martin. Me has hecho recordar. Tu tienes, o has tenido, no se. ¿El cabrón ese Jacinto sigue en tu vida?
- De vez en cuando viene a comer a casa...
- ¿Y?...
- No quiero hablar de eso.
- ¿Te sigue poniendo cachondo que se meta e tu cama? Es normal Martin, no te lo recrimines. A tu edad se empalma uno con un bocata de mortadela. Te apetece sentir el rabo de ese cabrón en el culo. Disfrútalo, no te tortures y cuando tengas veinte años le das una buena paliza. Aunque, estás envenenado ya. Vete aceptando que de una forma u otra, antes o después, tu culo te pedirá su parte del pastel. ¿Te la ha clavado ya o solo se frotaba con tu raja?
- ¡No quiero hablar de eso, joder! Dime tu, que es lo que te he hecho recordar. Y aún no me has dicho como te llamas.
- Pablo. Bueno es algo mas cursi, Pablo Enrique. Cosas de una abuela aficionada a los culebrones colombianos.
- Y venga, deja de hablar de mi y dime lo tuyo.
Martin quería validación. Escuchar que alguien más tenía su mismo problema y descargar la conciencia del "pecado" por dilución en un magma formado por mucha mas gente con su mismo problema de violación.
- ¿A ti también te violaron?
- No se. Creo que si. Lo cierto es que me inocularon el veneno, que para que voy a negarlo, me entusiasma y gozo sintiéndome envenenado. No siempre ha sido así. Me ha costado muchas lágrimas reconocer que el veneno es dulce para mi.
Mi tío Valerio se quedó en su despacho, supuestamente trabajando. Lo cierto, de eso me enteré años después, es que mi tío no se llevaba nada bien con los familiares de mi padre. Yo me quede en el salón viendo un programa de televisión popular en aquellos días, Los Caballeros del Zodiaco, en un televisor inmenso para aquellos días de treinta y dos pulgadas, que se había hecho traer de Estados Unidos. Y de pronto la pantalla fue a negro y me quedé sin dibujitos. No sabía que hacer y fui al despacho de mi tío a pedir ayuda. Valerio estaba sentado de espaldas a la puerta con una pantalla de televisión como la que a mi se me había apagado, pero esta funcionaba y no estaba viendo Los Caballeros del Zodiaco. por encima de los diálogos, que no entendía, escuchaba a mi tío jadear ruidosamente el sillón en el que estaba se agitaba como si hubiese un terremoto.
Me acerqué despacio y las imágenes que fui comprendiendo me hipnotizaron. Eran tres hombres desnudos, uno de ellos tendido como sobre una camilla que colgaba del techo con cadenas, otro que le hacía entrar una y otra vez su polla por el culo y el tercero que cada vez que el otro sacaba la verga metía la boca y le chupaba el culo. Me sentí como un extraterrestre. Todo me era ajeno, pero sentí mi sexo crecer y me gusto esa sensación, no voy a mentir con falsedades sobre escándalos. Seguí avanzando hasta quedar a la altura del sillón en el que mi tío estaba desnudo, hoy se que masturbándose con algo que me hizo estremecer, no se si de lujuria que se abría paso en mi corazón o de rechazo por lo que suponía de dolor. Llevaba en los pezones una pinzas extrañas que parecía que apretaban mucho. Yo instintivamente me llevé las manos a mi entrepierna y me gustó sentir la polla dura como un palo, pero ahora no dejaba de mirar alternativamente a la pantalla y a mi tío y su enorme rabo que agitaba suavemente. Una de las veces que le miré, él me miró y sonrió sin por eso dejar sus manejos.
- ¿Te gusta, eh, chavalin? Dime que te gusta más ¿lo de la pantalla o lo que tengo yo entre las manos?
- ¿No te duele? - le pregunté yo por los pezones, y acerqué mi mano para rozar una de las pinzas. 
Emitió un quejido, un gemido mas bien.
- Siii, por favor, hazlo pero con las dos manos, una en cada pezón.
Yo estaba flotando, no era yo, era alguien que parecía yo. Obedecí su orden y mientras lo hacía él soltó su verga y me metió la mano en la entrepierna. Me sobrevino un escalofrío intenso y muy, muy placentero y Valerio con mucha destreza me bajó en bañador que llevaba puesto todo el tiempo y me acarició. Me rendí. Me cogió entonces en vilo y me sentó, después de sacarme del todo el bañador, a horcajadas sobre él. Su verga entre los cachetes de mi culo.
- Ahora, Pablito, coge bien las pinzitas y agítalas todo lo que puedas sin  quitarlas.
Tomándome por las caderas empezó con mi cuerpo un movimiento arriba y abajo hasta que exhaló un grito y sentí humedad en el culo. 

Como verás, Martin, más o menos lo que te pasó a ti. 
Así me envenenó el cabrón de mi tío Valerio, como a ti ese cabrón de supuesto tío Jacinto.
- ¿Y esa fue la única vez?
- Estamos llegando. Ya hablaremos. Ahora vamos a tomar algo caliente y luego te llevaré a tu casa. La próxima vez que ese cabronazo quiera aprovecharse de ti, dile sencillamente que no. respóndele "Las pollas me las busco yo, si yo quiero pollas, y no sigas por este camino o te vas a ver entre rejas" No volverá a molestarte. 

Entrando a la venta, Pablo echó la mano a Martín por los hombros y le atrajo hacia él.
- No se si estoy mas encantado de haberte conocido o de no haber sucumbido a follar contigo.
Se acercaron a la barra que a esa hora estaba atestada de gente que iba a trabajar y se despertaban con un buen vaso de café y pidieron al camarero
- A mi me pones un café, largo de café y al crío un café largo de leche. Ya es un hombre.



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