sábado, 20 de julio de 2024

INCESTUOSO (I)


- ¿Que tal la guardia?
- Psst, ya sabes, una guardia. Un coñazo, la gente ha perdido el sentido del bienestar, como si la vida tuviera que ser un páramo sin dolor, como si la existencia no fuese un bello bosque en el que vivir es una excitante sucesión de colores, olores, sonidos y rasguños que duelen pero te comunican que vivir es tener alegría por resistir por muy doloroso que sea el avance por el bosque.
- ¡Caramba, Javier, hijo! que filosófico vienes tú de la guardia.
- Va, mamá. Me voy a echar un rato. He quedado con Marta luego para tomar algo.
- ¡Ah! por cierto, mañana le dan el alta a tu abuelo. Está mucho mejor. Me ha dicho el médico que tú visita le hizo mucho bien. Va a quedarse con nosotros una temporada, mientras terminan de acondicionarle su casa nueva. Que tambien vaya capricho, en medio del campo. El vecino más cercano a dos kilómetros, yo no sé...
- Mamá, el abuelo es raro, tú lo sabes. Bueno me voy a echar. Si llama Marta me despiertas.

Echado sobre la cama quiso cerrar los ojos para dormir algo, pero la imagen del abuelo apretándole los huevos, provocándole un dolor que le excitaba cada vez más solo conseguía acelerarle el corazón y que el capullo le doliera de tanta congestión. Se tuvo que sacar el calzoncillo y destaparse porque sabía que cualquier roce, por leve que fuera iba a provocar la catarata desbocada de leche. Y ahora le iba a tener en casa. No sabía hasta que punto Marta lo comprendería y aceptaría. Ya no era solo su abuelo del alma, era su mentor en sexo, lo que había aprendido sobre el placer total había beneficiado a Marta que disfrutaba de su aprendizaje.

- ¡Abuelo, te veo mucho mejor!
- No me extraña, la leche que me sacaste con la boca la semana pasada me estaba matando. Se me estaba pudriendo dentro, y tengo más, estaba soñando con que vinieras a verme. ¿Que tal te ha ido la semana? Quedamos que ibas a contarme en detalle cómo te partió el virgo tu profe de gimnasia. Matías ¿verdad? que cabrito, con la parienta a punto de parir y buscando culitos para estrenar. Pero bueno, acércate un poco, hoy estoy más libre, sin gotero ni nada, que el matasanos me ha dicho que no se lo explica, pero que he mejorado muchísimo. Y claro yo tampoco sé lo voy a explicar. Acércate, así. Mmm, que buena la tienes. Estoy deseando salir de aquí para montarnos un sesenta y nueve. Pues venga, cuenta como fue.

- Llegó el lunes siguiente y allí estaba yo, como un clavo, a la puerta del pabellón. A los pocos minutos apareció Matías, como nervioso le noté y la misma operación del día anterior. Una figura espléndida, abuelo, para perder la chaveta, yo creo que con la lycra encima mejor que desnudo. Se le insinuaba el rabo descapullado, muy tieso y grande que si hubiera querido se habría salido por la pernera. Me quedé extasiado mirando. Me quité yo mi chándal y fui a la cuerda, levanté los brazos para agarrarme cuando Matías me tomase por la cintura y me aupase. Me puso una mano en el culo y otra delante justo donde tenía mi polla a reventar de excitación, imposible que no se diera cuenta, sentí la presión de su mano pero sin el impulso para saltar. Así durante unos segundos interminables hasta que me soltó, se acuclilló delante de mi y puso sus manos en mis costados: "Mira Javier, esto es absurdo. Luchar contra la naturaleza es una batalla perdida antes de empezarla. Tú estás deseándolo y yo lo deseo desde que te vi el primer día de clase" y se me abrazó poniéndome su cara contra mi pecho. Yo le rodeé el cuello con mis brazos.
Permanecimos en esa posición una eternidad de dulzura y pasión. Ahí fue donde yo deseé besarle en la boca por primera vez. Desear besar a alguien, solo ese impulso ya remunera. Debió ser mutuo porque al tiempo levantó la cara y rozó sus labios con los míos y yo de forma espontánea, sin saber que se hacía así a las primeras de cambio, abrí la boca. Las lenguas se encontraron y me derretí, como un polo de limón en la playa un día de julio.
- Tu primer beso. Vaya. El mío fue con un trabajador de la finca de mi padre. Yo tenía unos doce años y sorprendí pajeandose a un bracero que yo calculé que tendría como cuarenta años, dada mi edad podría haber tenido veinticinco. A mí me pareció muy mayor. En vez de cortarse se expuso aún más y me reclamó para que me acercara. Me excitó muchísimo. Con miedo pero me acerqué. Me cogió la mano y me la llevó a su miembro. Me volvió loco su calor, su dureza elástica y su tamaño. Él me animó a que lo sacudiera y en un momento me tomó por el cuello y se acercó a mi boca. Me llegó la lengua a los talones y sentí como empezaba a echar leche con fuerza y en ese momento no sé que me pasó pero me desfallecí y el me soltó. Cuando recobré el conocimiento no estaba y yo sin embargo me había meado encima. Eso pensé yo. Fue mi primera eyaculación y ya fue abundante, porque me empapó hasta el pantalón. Pero bueno. Tú. Lo tuyo, que pasó después de aquella epifanía.
- Con él acuclillado ante mi, abrazándome y con la cabeza apoyada en mi pecho le acaricié la cabeza y me pareció que lloraba aunque no lo sabría decir con seguridad. Cuando alzó la cabeza para mirarme, se levantó él también y me echó el brazo por el hombro después de revolverme el pelo en un gesto de cariño "Estás hecho ya todo un hombre" me halagó, la verdad. Nunca tuve en mi vida un hombre cerca en quién fijarme. Cómo tu hijo nos abandonó cuando yo era pequeño no tengo memoria, así que cuando Matías me despeinó cariñosamente con la mano me sentí cerca de él.
- No me hables de mi hijo. No tengo puta idea de donde estará. Siempre me dió pena de tu madre, de cómo la engañó, pero eso da ya para otra conversación. Ahora a lo tuyo, venga, ¿Como te taladró el ojal ese tal Matías?
- Me dejé llevar. Sentía el calor de su brazo y luego, cuando me cogió por la nuca con su manaza me estremecí de emoción. Me encontraba muy a gusto con él y lo que me pidiese que hiciera, lo haría. Estaba deseando poder comerle la polla y tragarme su leche. Con su mano calentándome la nuca me iba guiando hasta que llegamos a la escalera que subía a la zona de oficinas. Siempre pensé que iríamos a vestuarios, pero no, subimos y entramos en la sala de masaje. "Javier, desnudate y súbete a la camilla de rodillas con los codos apoyados y la cabeza baja, quiero verte por detrás" Ya está, me lo va a hacer, me la va a meter por el culo. Que no me duela mucho, dios, que no me duela. Así pensaba mientras esperaba la arremetida. Tenía los ojos cerrados esperando lo peor. Y sucedió.
- Te la clavó el muy salvaje a lo bestia, sin prepararte.
- No. Verás. Sentí un golpe fuerte en el culo, sin dolor, y eso me despistó, pero enseguida supe que pasaba, porque sentía placer en el ano, ¡me estaba chupando el ano! y era muy placentero. Pero enseguida recordé que había cagado justo antes de llegar allí y me había limpiado a la carrera y sin toallitas húmedas. Y me agobié.
- Imagino la emoción de ese Matías cuando olió y saboreó tu culo sucio. Estoy convencido que casi se habría corrido de gusto. No hay nada como el culo sucio de un twink.
- Yo me volví temeroso de que al comprobar que estaba sucio se echase para atrás y no quisiese seguir follando, tenía hecho el corazón a que me la iba a meter y me iba a doler, y lo aceptaba. Él me dijo cabreado "¿Que haces? vuelve a darme el culo que te lo coma. Es el mejor culo de alumno que me he comido", pero es que acabo de cagar, y me contestó con tono de rabia: "ojalá me hubieses cagado en la boca, y ahora, déjame que disfrute, luego disfrutarás tú cuando te la clave"
- ¿Y te volviste?
- Si, claro. De repente encontré un placer extraño en saber que Matías se estaba comiendo mi culo sucio.
- Acababas de derribar el tabú del culo.
- No solo eso, abuelo. Después de comerme a fondo, que yo sentía como metía la lengua dentro con el ano ya bien dilatado, por lo menos por fuera y gozaba pensando en cómo sería que me metiese la polla. Pues bien, cuando se hartó de trabajarme por ahí se levantó y me hizo darme la vuelta para que le chupase. Me la metía con fuerza, hasta dentro, pero yo ya sabía cómo era eso. Empezaron las nauseas pero estaba acostumbrado a reprimirlas y empezó a salir la baba lubricante. Me dijo: "Ahora sí" recogió bastantes babas y me lubricó bien el culo y él se la dió en su verga y me apuntó con el capullo.
- ¿Que fue, un golpe de cadera salvaje para destrozarte o se lo hizo con cuidado?
- Sentí como apoyaba el capullo y la presión sin dolor hasta un punto en que algo duro le costaba más entrar. El capullo es más blandito pero el fuste de la polla es bronce. Ahí empezó el dolor, pero él me hizo volver la cabeza y me besó metiendo lengua a tope. Le sabía la boca a culo, a mí culo y eso me excitó tanto que fui yo el que apretó a pesar del dolor. Dolía bastante pero era más la necesidad de que me entrase entera. El dolor a los pocos minutos cedió y pensé que no había podido ser, la tenía muy grande y yo era virgen, y él había desistido. Eché la mano atrás a ver cómo se me había quedado el culo, si había sangre o qué y me sorprendí tanto que le dije que me follase más duro. Cuando me toqué el culo lo que toqué fueron los huevos de Matías, la tenía entera dentro. Moví un poco las caderas a ver qué se sentía y empecé a correrme. 
Matías al darse cuenta inició una carrera sin control bombeandome el culo con fuerza, hasta que en nada de tiempo dio un ultimo golpe de cadera que me llegó hasta el alma, un impasse más largo, otro golpe y otro y otro emitiendo un gemido casi y sin casi, animal hasta que cayó sobre mi espalda y me dijo jadeante: "¡que gustazo! te he preñado" tenía toda su leche dentro, y abuelo, nunca me había sentido más satisfecho sabiendo que se me había corrido dentro.
- Uy, uy, chico. Eso tenía toda la pinta de una relación estable. Supongo que no sería la ultima vez.
- Que va. Estuvimos liados hasta que salí del instituto. Su mujer tuvo el niño de cesárea, el niño tuvo algún problema y ella quedó muy débil y se fue a pasar una temporada a casa de su madre. Te puedes imaginar, follábamos a todas horas. Fue una temporada increíble. Yo me llegaba a correr dos y tres veces seguidas. Sobre todo cuando un día me dijo que tenía la responsabilidad de ahormarme el ojete porque había por ahí pollas enormes que tendría que encontrar y quería que disfrutase de ellas. Y me enseñó una especie de suplemento de silicona que se ponía en el rabo y le hacía el doble de gordo. Aquel día volví a sentir el dolor de la primera vez y me excitó tanto que me corrí sin tocarme. Cuando me dejó de doler, Matías follaba con furia y yo sabía el tamaño de ano que me quedaba y con el semen de la primera corrida me froté el capullo y volví a correrme. La tercera fue cuando Matías me metió un vibrador de próstata después de correrse él para darme más gusto a mi. Esa tercera me corrí entre placer y calambres en el capullo. Me encantó. El cacharro de la próstata me lo regaló. Me lo ponía a veces para ir a clase, por morbo. Como ahora que lo llevo puesto.
- Joder, Javier, me he puesto cachondo perdido. Acércate que te toque el culo y compruebe lo de ese estimulador. ¿No te irás a marchar sin sacarme la leche? Sabes que eso me mejora mucho. Y a ti, seguro que te alimenta.
- ¡Buenas Don Jerónimo! Y usted...
- Soy Javier, su nieto. Vengo a verle de vez en cuando.
- Su abuelo a mejorado milagrosamente.
- No tan milagrosamente doctor. Desde que viene mi nieto a verme, que parece que me saca lo que me envenena, he remontando.
- Por lo que sea, ya se verá. El caso es que está usted ya prácticamente recuperado y podremos darle el alta muy pronto. En cuanto vea las ultimas analíticas y los TAC. Ahora les dejo con su conversa. 
- ¿Lo ves, Javier? Sácame ya la leche como tú sabes para poder salir de aquí lo antes posible.

Javier se fijó en el bulto que hacía la sabana sobre la entrepierna de su abuelo y sintió ya la nausea tan gratificante anticipando el choque del anillo del capullo contra la garganta. Entrecerró los ojos y sonrió levemente entregándose al deseo libidinoso del incesto.
Salió de la habitación del hospital relamiendo aún alguna gota de la saliva que Jerónimo le había escupido en la boca cuando, tras correrse le ordenó que le enseñase el producto en la boca.

- Hoy no quiero que te lo tragues aún, quiero ver cómo lo atesoras en tu boca y lo tragas junto a mi saliva que yo te escupa para que sepas que es humillación.
- Creo que me correré de gustó abuelo.
- Ni se te ocurra. Tú te correrás cuando yo te lo diga. Eres mío y me obedecerás o sabrás que es un castigo.

En el ascensor, camino de la calle, no pudo evitar tener que acomodarse la impaciente erección que reclamaba su alivio. La médica de mediana edad, que bajaba con él, a la que no se le pasó la escena miró alternativamente a su bulto y a su cara y supo que tenía una oportunidad. Él, muy cortado miró como los números de las plantas se sucedían mientras la mujer se le iba acercando. Deseaba que la erección cesase y que llegase la planta baja, pero el ascensor era desesperadamente lento.

- ¿Vienes de ver a alguien, o eres estudiante de la escuela?
- No, no. Mi abuelo está ingresado y..., y..., he venido a verle.
- ¿Y tu abuelo te pone así?

Javier sintió el roce de la mano de la medica en su paquete y justo en ese momento el ascensor se detuvo y la voz impersonal de la maquina cantó "planta baja". Javier vio el cielo abierto y sin responder ni volver la cabeza salió del ascensor casi a la carrera.

- Ya tenemos a tu abuelo aquí. Vino está mañana. Le he puesto en tu antigua habitación de cuando eras pequeño. Vete a saludarle. Comeréis juntos, tengo que ir a trabajar. Os he dejado lasaña en el horno. Bueno, estate pendiente de él.
- Descuida mamá, pasaremos la tarde juntos. Y luego vendrá Marta.

No sabía cómo Marta se iba a tomar lo de su abuelo. Marta era muy sensual, le gustaba mucho el flirteo y las miradas equivocas, los meneos de cadera incitantes y las palabras de doble sentido. Pareciera que quisiera follar con todo el que se cruzase en su camino y de hecho era de las cosas que más excitaban a Javier, que follase con todo aquel que se le antojara mientras él desacaradamente de masturbaría delante de ellos. Pero cuando se enterase que se alimentaba de la leche de su abuelo quizá se incomodase..., o pudiera ser que soñase con tener la polla anillada de un carcamal dentro de su cuerpo mientras pugnaba por arrancarle los pezones retorciendo los piercings. Marta era la que le había hecho tomar conciencia a Javier de que tenía pezones. Los de Marta eran gruesos como cerezas y sabía disfrutarlos, los suyos eran cónicos y aún pequeños para poder hacerlos protagonistas de un encuentro sexual. Marta sabía cómo pellizcarlos para llevar su sexo a otro nivel. Después de todo, cuando viese el soberbio Príncipe del abuelo quizá se le antojase que él tuviese uno. Desde que vio el de su abuelo pensó en hacerse uno, aunque solo imaginar que le perforaban el capullo le producía escalofríos. Aunque estaba seguro que si Marta se lo pedía él se entregaría al dolor esperando la remuneración del placer.

- Hola abuelo. ¿Ya estás instalado?
- ¡Perra! ¿Así es como te diriges a tu amo? ¡Agáchate ahora mismo y hunde tu puta lengua en mi ano, dame placer, zorra!

La bofetada que dió a su nieto reverberó en toda la casa. La nuera de Jerónimo ya se había ido y Javier cayó de rodillas ardiendole la mejilla y temblando de lujuria. La erección que tuvo fue explosiva, pero el abuelo no le permitió desnudarse. Mientras estaba arrodillado con la vista humillada Jerónimo se desnudo y abrió las piernas sobre su cabeza. Javier levantó la cara y lo que vio, le hizo estremecer. Se había hecho una idea de cómo era el ano de su abuelo al palparselo en el hospital pero verlo ahora le encogió el corazón. Era una boca de labios anchos llenos de arrugas dentro de la que sin dificultad cabría la cara entera. Colgaban los huevos de una forma escandalosa y la verga fláccida con el anillo acompañaba a las bolsas. Con suavidad, casi reverencia acarició el sexo de su abuelo y se acercó con la boca abierta a su ano. Fue un descubrimiento. Se enganchó a la succión, mordisqueando los márgenes escuchando los quejidos de placer del abuelo. Jerónimo empujó su sexo a hacía la boca de su nieto para que se dedicase a toda la zona. Cuando se metió el capullo ornado en la boca sintió como se iba endureciendo. Cuando creyó que ya se iba a correr, de pronto se retiró lo que sorprendió a Javier.

- Venga, mi mariconcito, dame el culo, te voy a follar.
- Pero, abuelo ¿Te vas a quitar el piercing?
- La gracia está en follarte con él. Te voy a destrozar, para que sepas lo que es que te folle un macho.

Javier a toda prisa se deshizo del pantalón, que no llevaba ropa interior y de un salto se colocó en la cama como Matías le dijo la primera vez esperando la arremetida del abuelo. No sabía porqué, pero se sentía plenamente feliz. Deseaba que su abuelo entrase con todo dentro de él. Se sentía cosa en manos del dueño y eso le transportaba.
Cuando el abuelo sintió estar a punto del éxtasis sacó el miembro tumbando de espaldas a Javier le exigió la boca. El chico miró horrorizado el capullo adornado del anillo envuelto en su propia mierda.

- Abre la boca y traga, perra.
- Pero, pero abuelo está toda la polla llena de mierda.
- Así es, mierda de un guarro que viene a satisfacer al amo sin haberse lavado bien. La hostia que te voy a dar va a ser chica si no abres la boca ¡YA! que estoy a punto de correrme.

Jerónimo levantó la mano amenazante y Javier cerró los ojos y abrió temeroso la boca. El sabor le sorprendió. Era como el del beso de Matías pero muy intenso, seguía siendo su propio culo, pero muy amargo. Creyó que vomitaría pero la nausea no llegaba y de pronto la boca se le inundó de la leche de su abuelo que mitigó el amargor y cambió la amargura de ser así violentado por la dulzura del placer de saber que tenía la boca llena de mierda y leche de su abuelo que había sabido sacar de él al Javier más vicioso que ni sabía que llevaba dentro. Cuando acabó de tragarlo todo, Jerónimo sacó su verga fláccida y Javier pudo comprobar que quedaban restos marrones atrapados en el anillo y el reborde del capullo y sin pensarlo volvió a atrapar en su boca la verga del abuelo para con su propia lengua limpiar hasta lo más pequeño que pudiera manchar. Cuando acabó el abuelo le tomó los huevos y los apretó en su puño y con ese estímulo tan doloroso surgió su fuente de semen. Cuando acabó de correrse entre espasmos de placer, el abuelo le miró sonriente.

- Tengo unos buenos amigos que disfrutarían cagando en la boca a un vicioso como tú.


domingo, 14 de julio de 2024

INCESTUOSO

 

- Debes ir a ver a tu abuelo.
- Se está muriendo, mamá. ¿Que coño pinto yo allí? Ni me reconocerá.
- Siempre te quiso mucho. Cuando eras un bebé nada más, se quedaba contigo, cuando yo me tenía que ir a trabajar. Luego ya de más mayorcito te llevaba a la playa, y se bañaba contigo. Y eso que ya era mayor, pero tú te divertías mucho con él. ¡Cuantas veces fue a recogerte al gimnasio donde dabas clases de yudo y al salir te invitaba siempre a lo que tú querías.
- ¡Mamá! Yo no tengo ganas de ir ahora al hospital a ver a un moribundo.
- Ten más respeto, es tu abuelo. Acuérdate cuando te defendió de aquellos gamberros y a él le costó quince puntos en la cabeza, y tenía setenta años.
- Y yo nueve. Ya me acuerdo. Menudo palo le metieron en la cabeza y menos mal que llegó más gente que metió baza, porque vino una policía local y dijo que eran cosas de chiquillos que no tenía más importancia, pero el abuelo sangraba como un cochino y los chicos aquellos salieron a escape.

Javier se acordaba perfectamente del incidente. Eran los mayores de trece o catorce años. No se explicaba porqué querían pegarle si él nunca se había negado a chuparles el rabo, incluso tragándose la leche, que al principio le daba asco. Cuando se los encontraron en el parque al primer ¡Maricón! que le insultaron, el abuelo Jerónimo de una bofetada rápida tumbó al primero, pero eran jóvenes, fuertes y rápidos y uno de ellos con un palo que llevaba le abrió la cabeza. 
Javier no entendía el porqué de tanta  agresividad. Se la chupaba detrás de los setos del campo de voley casi a diario, tanto, que ya no hacía ni falta que le llevasen de la oreja como las primeras veces, iba él y se ponía de rodillas a esperar que llegasen, y eso le excitaba, se acordaba perfectamente, pero le avergonzaba que le gustase la espera. Todos, los cinco se le corrían en la boca y a veces le daban cachetadas mientras chupaba. A Javier, no sabía porqué eso también le excitaba. Una de las veces el Rodri se la metió tan dentro que empezó a vomitar babas y a la vez un calambre le estalló en la punta de su polla con tal placer que él mismo quiso que el rabo del Rodri volviese a provocarle esa nausea. "Esa baba que echa el niño es muy buena para no despellejarte el capullo cuando follas culo" el Dani siempre lo decía mientras le follaba la boca, que un día habría que probar el culo del maricón y Javier no entendía a que podría referirse. Por la boca la polla entraba bien, pero por el culo ¿Cómo? por ahí no podía entrar nada. Salir si, que menudos zurullos le salían todos los días, pero dudaba que pudiera entrar nada, pero le intrigaba.

- Está bien mamá, iré esta tarde a ver al abuelo Jerónimo.

El abuelo Jerónimo, cuando después de los puntos en la cabeza una vez recuperado el sentido de los acontecimientos y en la sala de espera aguardando que viniera la madre de Javier a recogerlos preguntó a su nieto.

- Y bueno, Javier, hijo, ¿Porqué esos gamberros te han llamado maricón, así, sin ton ni son, es que les has dado motivos o es que te han tomado manía?

Javier hundió la barbilla en el pecho y empezó a llorar. El abuelo le abrazó inmediatamente y le consoló.

- Ea, ya está, se acabó de eso no se vuelve a hablar. Va a ser un secreto entre tú y yo. Cuando venga tu madre solo va a ser que esos chicos quisieron meterse contigo, que ni les conoces, yo te defendí y el palo. Nada más. Ven conmigo, vamos a esperar a tu madre fuera, nadie tiene porqué enterarse de nada que hay ahí una mujer que tiene la oreja puesta y no me da la gana.

Caía ya la tarde, el ambiente estaba algo cargado pero la temperatura daba cuartelillo. Empezaron a pasear lentamente, arriba y abajo por la acera.

- Me va a dar igual si lo eres o no. Me va a dar igual lo que te hayan pillado haciendo esos salvajes o no, y me va a dar igual si te encantaba hacerles lo que fuera o lo que te hicieran. Si haciéndolo has disfrutado, enhorabuena, pero si ha sido una tortura para tí lo que te han hecho u obligado a hacer, se las van a tener que ver conmigo y ésta vez me van a pillar preparado.
- Abuelo, y dicen que me van a meter la picha en el culo, ¿A qué eso es imposible? en la boca vale, cabe bien, aunque si llega muy profundo da arcadas y luego eso que les sale al final, aunque ya me he acostumbrado, pero por detrás.. , además tiene que doler muchísimo. ¿A mí también me va a salir eso? Eh abuelo. ¿A tí te sale?
- Si, Javier si, me sale, y doler por detrás, duele, mucho. Muchísimo.

En una habitación acogedoramente impersonal, Jerónimo permanecía medio sedado entre sábanas impolutas con la sinfonía de fondo de los aparatos que medio bien le mantenían, si no vivo, vigilado.

- Está inconsciente, ¿No?
- No hijo. ¿Quien es, tu abuelo?

Javier estaba impresionado. Allí estaba su abuelo Jerónimo, en la cama ortopédica de hospital, inmovil, nariz afilada, boca entreabierta, respirar trabajoso y ojos hundidos en sus cuencas y cerrados. La impresión era de ser un cadáver a no ser por el rítmico movimiento del tórax subiendo y bajando de forma casi imperceptible. A duras penas Javier reconocía en aquella momia al abuelo que durante los veranos le cogía en brazos arropado por una toalla cuando salía del agua, fuera piscina o el mar. La sensación de confort y seguridad que le daba. Aún con cinco años mamar de sus enormes pezones a pesar de no sacar absolutamente nada. Su madre hacía meses que le había negado la teta "eres ya muy mayor, Javi, ¿no te da vergüenza buscarme la teta? Y cuando el abuelo Jerónimo le acurrucaba en su regazo estando de bañador no le negaba el pezón al que previamente habia quitado el piercing. Chupaba y chupaba hasta quedarse dormido, y en sueños, a veces, mordía el botón carnoso y el abuelo lejos de alejarlo, apretaba los dientes de dolor y acercaba aún más al niño a su pecho. Se preguntó Javier si seguiría teniendo los pezones tan desarrollados y si por estar en el hospital le habrían quitado los anillos.

- Abuelo. Usted cree que me oye.
- Seguro que si. Lo que ocurre es que está muy débil y no tiene fuerzas casi para nada. Pero acércate y cogele la mano, verás como te la aprieta. Yo me tengo que ir, voy a seguir mi ronda. Tú quédate con él, seguro que se alegra.

Nada más salir la enfermera el monótono pitido del electrocardiograma se aceleró un poco. Javier se acercó a la cama de su abuelo casi de forma reverencial, temiendo importunarle o hacer algo fuera de lugar. Cuando estuvo al borde de la cama el pitido del monitor se volvió a acelerar. Javier le tomó la mano como le había indicado la enfermera y Jerónimo respondió apretándosela. Pasaron unos momentos en los que Javier no sabía que hacer, si desembarazarse del apretón o apretar a su vez él. Y en esas estaba cuando su abuelo abrió un ojo y susurró algo.

- ¿Que dices, abuelo?
- ¡Que si estamos solos!
- Si, si. Nos ha dejado la enfermera solos.
- A ver. Deja que te vea bien. ¡Joder que guapo estás, y que cuerpazo tienes! En pelotas tienes que estar de revista.
- Abuelo. Me ha dicho mi madre que estás en las últimas.
- Con la edad que tengo no sería de extrañar. Me hago el medio muerto para que me dejen en paz, pero no te creas. Una prueba de que no estoy mal es que aún empalmo por las mañanas.
- ¿Te han quitado los piercings de los pezones?

Jerónimo no respondió se quedó mirando fijamente a su nieto y esbozó una sonrisa malévola, luego se quitó la sabana que le cubría y dejó al descubierto todo su cuerpo. Efectivamente en cada pezón, aún más grandes de los que recordaba Javier había dos; una barra que perforaba la base del pezón y un anillo que lo hacía justo en la punta. Eran de acero negro, salvo el del pezón izquierdo el anillo que era de oro. Eran gruesos y eso llamaba la atención al punto de apetecer tocarlos.

- ¿Te acuerdas cuando salías de la piscina y me los mamabas..., y mordías que a veces se me saltaban las lagrimas.
- Aún recuerdo la sensación tan placentera de tener ese trozo de carne en la boca, duro pero elástico y la emoción que me provocaba morderlo. Recuerdo eso como la cosa más gratificante que he tenido hasta ahora en la vida.
- Lo que tú no sabes es que cuando me mordías tan fuerte yo me corría de gusto por el dolor. Te apretaba contra mi pecho para que no dejases de morder y que el orgasmo fuera prolongado.
- O sea, que me llevabas a bañar para que yo..., ¡joder! que pedazo de degenerado estabas hecho.
- Estaba, no, estoy hecho. ¿Puedes hacerme un favor, Javier?
- Claro, claro.
- Yo con el gotero no puedo. ¿Quieres hacer el favor de quitarme el calzoncillo? Está conversación contigo debo tenerla completamente desnudo. No te sorprendas, solo rememorar lo que hemos hablado me ha puesto mi pobre rabo de piedra.

Javier, como si la sabana diera calambre, con mucho cuidado la retiró del cuerpo del abuelo. Tenía el bajo vientre delgado pero ajado por la edad. El calzoncillo de algodón le quedaba algo grande. El tiempo en el hospital y la mala comida le habría hecho adelgazar, pero el bulto era bien evidente. Sin querer tocar a su abuelo más de lo necesario Javier tiró hacia abajo de la cinturilla elástica y saltó hacia adelante un soberbio pene, operado, capullo orgulloso y grande, según le pareció a Javier, para lo que él estaba acostumbrado. Tendría unos dieciocho centímetros y grueso. Destilaba líquido trasparente por un considerablemente grande agujero del que salía una anilla brillante y gruesa y entraba desde la parte izquierda del frenillo. A Javier la estampa le hipnotizó, no podía quitar la vista de semejante verga anillada. El escroto que albergaba los huevos estaba distendido, caía entre los muslos de Jerónimo, cubierto de escasas canas con una piel que se antojaba muy lisa y suave, con los testículos dentro muy grandes. Javier deseó poder perder el tiempo haciéndolos deslizar entre sus dedos, pero se reprimió. Sin concurso alguno de la voluntad comenzó a jadear, algo a lo que no fue ajeno su abuelo.

- ¿Tú también te has empalmado, nieto, no te hacías idea de que mi entrepierna pudiera guardar este tesoro? A ver, acércate bien que yo pueda apreciar esa dureza. Lo estás deseando, lo aprecio en tu respiración agitada.
- Abuelo, pero..., pero es que..., no se, me parece...
- Estás empalmado o no. Que pasa, que es incesto, ¿es eso? Lo más excitante. Pero tú ya has tenido incesto conmigo, tú no lo sabías, de acuerdo, pero yo he gozado sexualmente de tu boquita. Y anda que no me corrí veces. Venga, acércate, no te voy a morder y ya verás como no se hunde el mundo.

Javier estaba atornillado al suelo, incapacitado para acercarse a la cama, donde su abuelo quería apreciar la dureza de su deseo. Recordaba, si, aquella sensación de frío al salir del agua y como su madre le decía que diese cuatro carreras para calentarse, pero el prefería refugiarse en los brazos del abuelo y saborear la dulzura y suavidad de sus pezones, la elasticidad entre los dientes y aquella tirantez que ocurría al tiempo entre sus piernas y que tanto le gustaba. Ahora sabía que no sólo su abuelo era incestuoso, él también lo era. Provocaba la tiritona quedándose quieto en el agua para poder fundirse con el abuelo y sus pezones. Ahora que estaba accediendo a tantas claves de su vida comprendió que con aquellos cinco años habría deseado no sólo chuparle los pezones al abuelo, habría dado cualquier cosa por atragantarse con aquel piercing del capullo. Deseaba tocarlo en ese momento, acercarse, olerlo, chuparlo y provocar una eyaculación que le impactase en la garganta. Le había costado acostumbrarse al sabor extraño del semen, pero ahora no sabría vivir sin el. Como por arte de magia, sin proponérselo se despegó del suelo y dió un corto paso hacia la cama. El abuelo Jerónimo sonrió satisfecho y comenzó a hurgar en la bragueta del nieto.

- Así me gusta, Javier, a ver, a ver. Uff, buen tamaño y durito, durito..., y los huevos, bien apretaditos. A ver, abre un poco las piernas que pueda llegar a tu ojal. ¿Has cagado hoy, y luego has usado toallitas húmedas o me vas a dar la satisfacción de oler tu culo con restos de mierda? ¡Ah! pues si, al fin te taladraron. Todavía recuerdo tu inocencia preguntando si por el culo duele. Te contesté que muchísimo y no se te ocurrió preguntarme que cómo lo sabía. ¿Te follaron aquellos energúmenos que me apalearon la cabeza o fueron otros?

Javier disfrutaba de la destreza de los dedos de su abuelo manipulando su ano y los huevos. A través de la bragueta era difícil hacerlo, pero el abuelo tenía dedos de cirujano, largos y delgados, a pesar de lo cual, Javier, para facilitar la labor que tanto placer le estaba proporcionando se desabrochó el pantalón y entonces si, el abuelo pudo acceder al ano de su nieto sin dificultad. Sacó la mano, se la llevó a la nariz, aspiró el aroma de su nieto y luego se metió la mano en la boca para ensalivarla, luego con soltura volvió a meter la mano en su nieto insinuando en su ojal un dedo primero, luego otro y otro lo que le hizo gemir.

- Más, más abuelo, por favor, más, me voy a correr.
- No. Correrte sería acabar con la magia y eso si que no. Abróchate, recompón tu figura y cuenta. Quién te desabrochó ese ojal que ahora está tan prácticable, ¿aquellos zagalones? Cuéntamelo. Tienen que estar a punto de entrar para darme la medicación, cúbreme con la sábana, ya tendremos tiempo de seguir con nuestros incestuosos manejos. No me voy a morir sin comerte ese sucio culo tan abierto ni sin hacerte vomitar con mi príncipe Alberto.
- No, aquellos asquerosos no. Por cierto, me los encontré en un bar BDSM años después. Quisieron disculparse, los mandé al carajo.
- Bien hecho, chaval. Entonces, ¿quien?
- El profesor de gimnasia. Tenía yo trece años y la verdad nunca se me dió bien eso de los aparatos. Para salvar aquel curso tenía que subir la cuerda sin nudos. No podía o no sabía o no ponía interés. El caso es que el profe me dijo que o subía la cuerda o repetía y se ofreció a ayudarme a hacerlo fuera de clase. Quedamos en el gimnasio a las seis de la tarde todos los días lectivos. A esas horas en el colegio solo había seminarios, música, talleres de escritura, total, todo alejado del gimnasio que se encontraba fuera del edificio principal.

- ¡Don Jerónimo! Vamos, abra los ojos, su medicación antes de la cena. Luego podrá seguir charlando con su nieto. Es que se hace el dormido, ¿sabes? para no tomarse lo que le ha puesto el médico para que descanse. Mira lo dejo aquí, comprueba que se la toma..., tu nombre dijiste...
- Javier, pero no he abierto la boca.
- Era solo una convención Javier, que se tome las pastillas. Hasta luego Don Jerónimo.

La auxiliar salió de la habitación dando un portazo como solía.

- Prefiero cuando viene el auxiliar a darme la medicación. Le digo que me arregle un poco la cama y a veces puedo rozarle el paquete. El se da cuenta y me dice: "que sinvergüenza está usted hecho" yo sonrió y le digo que estoy en las últimas y no se a que se refiere. Yo creo que le gusta. Por lo menos le halaga y yo disfruto sintiendo e imaginando un rabo enorme para mí consuelo. ¡Ah! y las pastillas esas para dejarme tonto, ni hablar. Deshazte de ellas. Nunca me las tomo, son todos unos cabrones. Venga, sigue con lo del profe de gimnasia. Y acércate que pueda rozarte el nabo.

Javier se estaba dando cuenta que lo que estaba sucediendo en aquella habitación le producía una sensación de bienestar y de lujuria que no conocía hasta ese momento. Deseaba acercarse y que la mano enjuta y temblorosa de su abuelo le rozase en un acto de deseo imposible, de ruptura de tabú que le permitiese gozar de su abuelo, también, de esa manera. Estaba enfocado en la desbordante juventud y descaro del que derrochaba energía sodomizandole sin piedad de la forma más violenta, pero acababa de encontrar una extraña forma de placer y deseo en ser objeto en manos de la fragilidad de la vejez que sin duda, intuía iba a ser un viaje extremo a lo más peligroso de la fantasía humana.
Se acercó, temblando de pasión, deseando que su abuelo le destrozase el pantalón y se hiciese dueño de su sexo y de su ano.
El abuelo, rozó suavemente el bulto palpitante de Javier una y otra vez sintiendo con delectación como el crío temblaba de deseo. Sabía que quería que rebuscase en las entretelas su carne pero también sabía que el deseo de placer y consumación es más, mucho más que la consumación misma que es un instante y muere.

- Y qué, ¿Como te entró ese chulazo antes de entrarte en el cuerpo?

- Yo estaba en la puerta del pabellón esperando, vestido con un pantalón corto de gimnasia, la camiseta del colegio y el chándal del colegio también. Llegó Matías. Es el nombre de mi desvirgador, muy sonriente y sin más abrió la puerta. Entramos y me dijo: "venga, ponte cómodo, no pretenderás aprender a trepar cuerda con el chándal" y al tiempo él se sacó el suyo, uno de lycra, parecía por lo ajustado y que le marcaban su definición. Pero sin chándal la cosa fue diferente. Un pantalón ese si, de lycra, negro, supercorto, que le entraba por la raja del culo, parecía un leggins de los que usan las chicas para marcar coño y culo. Era su segunda piel. Y una camiseta de asas multicolor que si te fijabas podía ser un arco iris desdibujado, también de lycra. Le marcaba exactamente, pectorales, serratos, rectos abdominales y oblicuo mayor. De haber sido de color carne habría engañado de ir desnudo.
- Más claro, el caldo de un asilo, Javier. Toda una declaración de intenciones. Y de bulto ¿que tal andaba?
- No podía apartar la mirada, abuelo. Le marcaba hasta el capullo porque me pareció hasta que iba medio empalmado. El se dió cuenta que miraba muy fijamente el bulto y no dijo nada, únicamente hizo como intención de colocarse el paquete sin ningún disimulo y lo que consiguió fue que pareciera aún más grande. E inmediatamente se fue a la cuerda y quiso enseñarme como era la técnica. Con una facilidad apabullante dio un salto agarró la cuerda con las manos y entrelazó con los pies la cuerda y empezó a ascender. En un momento llegó a lo más alto y llamó mi atención para que viese cómo bajaba, sujetándose solo con las manos y las piernas estiradas en ángulo recto. Bajó hasta quedar sentado en el suelo con la piel brillante del primer sudor y muy sonriente. Me dijo: "Ahora tú. Acuérdate de como he hecho yo, verás como puedes"
Sin muchas convicción agarré la cuerda, pero Matías me sujetó por las caderas y me elevó como medio metro, "tienes que dar un salto para poder hacer la presa con los pies y empezar a subir". Con las manazas que tenía cogiendome por las caderas sus dedos llegaban a rozarme la polla, y me empezó a crecer. No me soltó, cada vez más lo que era un roce se convirtió en tacto franco. Era imposible que no se diera cuenta. Pasaron unos segundos eternos hasta que me dijo: "sujétate bien con las manos que te colocó la cuerda entre los pies para que aprendas". Y aprendí. Le cogí el tranquillo y con más, menos dificultad, subí, pero a mitad de cuerda hice como que no podía y me solté. Me recogió él y me soltó enseguida. Y me dijo que volviera a intentarlo, pero está vez en lugar de cogerme por las caderas puso una mano en el culo y otra por delante abarcandome toda la polla. Y me corrí, y él se dió cuenta, me soltó le miré a los ojos, luego a su paquete que estaba a reventar y me dijo: "venga, vamos a dejarlo. El lunes a la misma hora nos vemos aquí" en todo momento evitando mirarme a los ojos. Cuando estaba saliendo del gimnasio me llamó, "Javier, estoy casado, mi mujer embarazada, casi para parir. Esto se me hace difícil, no me lo pongas tú más aún. Hasta el lunes"
- Me has puesto muy cachondo, nieto. Tú haciendo perder la cabeza a un recién casado. Eres un matahombres, mírame la polla, no me digas que no se te apetece, dame ese gusto.

Jerónimo tenía la polla tan tiesa que parecía mentira que el peso del anillo del capullo no la venciese. El anillo estaba brillante del precum que destilaba.

- ¿No te apetece probar mi esencia? Te aviso, siempre he sido muy lechero y si te atreves no creo que seas capaz de tragarla toda.
- Desde que te he visto el piercing he deseado saber cómo es que se estrellé contra mi garganta. No me la voy a sacar de la boca hasta que no me tragué hasta la última gota.
- Mientras me mamas, mi mariconcito, explorame el ojal, quiero que palpes el coño que tengo. ¿Aún no has practicado fisting?
- Me atrae mucho cuando lo veo en las pelis, pero soy joven y no me apetece que se me vaya cayendo la mierda mientras camino.
- ¡Que va! Al contrario, cuesta cagar. Además al ejercitar esos músculos dominas a voluntad abrir o cerrar el ano. El placer del fisting es otro nivel, no hace ni falta estar empalmado para disfrutar.

Javier metió la mano entre los muslos caídos del viejo, su abuelo, que abrió un poco las piernas para facilitarle la operación y apoyándose todo lo que sus fuerzas le permitían en los talones, levantó un poco el culo. Javier pudo meter la mano y asombrarse del tamaño. No parecía un ano, era como una boca grande en el culo, desdentada, de labios carnosos. Intentó meter un par de dedos pero le cabía la mano. En ese momento sintió la urgencia de meterse toda la polla de su abuelo en la boca. Fue muy rápido. Javier pensó que es que estaría muy falto, pero ni treinta segundos después de metersela en la boca, sin tiempo casi de sentir una nausea se le empezó a llenar la boca de un fluido que el conocía en su boca a la perfección desde los nueve años. Salía bastante y el abuelo no paraba de gemir y Javier de tragar. Cuando terminó de eyacular Javier aún se entretuvo jugueteando con el anillo utilizando la lengua y finalmente, con la polla del abuelo ya muy detumescente, la edad no ayuda a mantener erecciones, Javier se acercó a la cabecera de la cama y selló la nueva relación con su abuelo con un beso en la boca utilizando la lengua como juguete que disfruta de la otra lengua.

- En realidad, supongo que ya conocías el sabor de tú lefa pero he querido que al compartirla contigo se selle una relación íntima y viciosa que deseo que no se acabe aquí. Me tengo que ir ya. Ni se te ocurra morirte, me tienes que comer el culo y trabajarlo hasta tenerlo como el tuyo.
- Y tú me tienes aún que contar con pelos y señales como fue la follada de Matías. Bueno y otras muchas que espero puedas relatarme. Te avisaré con el alta. Tienes que conocer mi casa nueva.

miércoles, 26 de junio de 2024

BI (2)

 
- Tío, John, que nos ha pasado.
- ¡Joder! aclararos, que es que me dejáis flipada del todo. Os veo muy acaramelados y ya no se si seguir comiendo rabo o tirar arroz y gritar "Vivan los novios" joder es tan evidente lo vuestro. Me da hasta pena tener coño. Y tú Carlos, tanto reclamar profesionalidad a John. De verdad buscaros un rincón y disfrutar.
- John te lo aseguro no disfrutaba tanto de un momento así desde que, adolescente, fui a casa de una amiga y me tenía de sorpresa un amigo suyo absolutamente gay y me enseñó, pues casi todo lo que se hoy. Me hizo tomar conciencia de los pezones, del ano, los huevos, aprender a disfrutar de olores, texturas y sobre todo me hizo saber la importancia de la piel como sentido tan importante como la vista. Hoy, John me has hecho revivir todo aquello. ¡Que felicidad!
- Pues olvídate del país de Oz y baja a la tierra, que está tarde tengo yo una sesión lésbica con una tía que no me hace mucha gracia y quiero acabar con esto lo más rápido posible para relajarme un poco.
Carlos dejó perderse la mirada mientras se recordaba de inocente adolescente en manos de todo el que quisiera usarlo en su beneficio, desde sus tíos a sus compañeros de instituto.

Carlos era el típico caso de niño bueno de padre incapaz de tener la bragueta cerrada si olía braga de mujer. La madre de Carlos llegó preñada al altar y a partir del parto el niño solo escuchaba broncas, reproches, llantos y voces. Y así hasta los cinco años en que de mutuo acuerdo Carlitos fue adoptado por la tía Mercedes y el tío Facundo. Mercedes era hermana del padre y amiga de la madre desde el colegio. El padre pudo seguir con su afición y la madre cultivar determinadas amistades conseguidas a través de chats especializados.
Mercedes y Facundo eran un encanto, todo lo contrario que los padres biológicos. Y buena gente. Con ellos convivía un tío soltero de Mercedes a quién su madre en el lecho de muerte encomendó su cuido, el tío Marcial, un hombre enjuto y callado que se pasaba el día haciendo solitarios, salvo cuatro horas diarias que dedicaba a pasear. Desde el primer momento, el matrimonio acompañó a Carlitos en su nueva vida, colegio, fines de curso, salidas a cine y merienda, santos, cumples y fiestas de compañeros del cole. Mercedes y Facundo estaban presentes en cada minuto de la vida del crío. Tío Marcial era como otro mueble más de la casa, no hacia ruido, pero se echaba en falta cuando no estaba porque había salido a su paseo.
En los baños, Mercedes y Facundo tenían al niño al lado igualmente. Cada día se bañaban los tres juntos en una enorme bañera de hidromasaje que tenían en el sótano. Cada baño era una fiesta en la que Facundo siempre acababa follandose a Mercedes mientras el muchachito jugaba con los pezones de su tía como si fueran su fuente de alimentación. El tío Facundo se sentaba y la tía Mercedes encima de su marido. Siempre que lo hacía a Carlitos le entraba la risa floja porque su tía emitía unos quejidos como si le doliera algo y el tío Facundo ponía los ojos en blanco como si le pasase algo, no malo, raro.
A medida que Carlitos creía le iba creciendo todo, al punto de que tita Mercedes, cuando el crío tenía diez años se fijó en el entoldado del niño.
- ¡Mira Facundo! el niño tiene una sombrita de pelusilla ahí abajo.
- A ver, Carlitos, ven aquí. Vaya, pues es verdad, Mercedes, y no sólo eso. Tiene peso ya y volumen, está mucho más grande todo y que pegaditos los huevecillos a la cola.
Con el manoseo, en el que Mercedes no podía ser ajena, el volumen y largo del crío se engrandecian. A Carlitos le daba cierto apuro, sobre todo cuando tío Facundo tiraba hacia atrás del pellejo y aparecía para sorpresa del chaval una parte casi granate y que le dolía al tocarla, aunque era un dolor de alguna forma deseable. Siempre cuando aparecía ese trozo, él echaba instintivamente el culo atrás y se restablecía la normalidad, pero sirvió para que le picase la curiosidad y cada vez más él se sacase ese trozo y explorase hasta que punto podía bajarse el pellejo. En una de esas expediciones el ímpetu púber le hizo tirar más de la cuenta y el pellejo abrazó eso que más tarde supo que se llamaba capullo y lo estranguló. Lo que en principio producía placer empezó a generar una cantidad de dolor inasumible. Iba a cumplir doce años y salió gritando del baño pidiendo ayuda. En casa estaba tío Facundo que acudió de inmediato.
- Mira, tío, mira. Me duele, me duele mucho, llévame al médico, me duele, me duele.
Facundo lo llevó a la cama y lo tumbó. Quitó el calzoncillo que todavía conservaba en las rodillas y para sorpresa de Carlitos se abalanzó sobre su entrepierna y se comió literalmente su cola. En un momento dejó de sentir dolor y sin solución de continuidad, placer, mucho placer, hasta que le inundó un estremecimiento que le cortaba la respiración y le dejó sin fuerzas después de haberle tensado todo el cuerpo.
- ¿Que ha pasado, tío, porqué te la has metido en la boca y luego, lo otro, que ha sido?
- ¿Nunca te has hecho una paja, Carlos?
- No sé. ¿Que es eso?
- ¿No has hablado con tus compañeros de colegio de esto?
- No. Bueno, ellos hablan de cosas en voz baja se ríen mucho, pero a mí me da vergüenza preguntar.
- Pues lo que yo te he hecho con la boca para quitarte la ligadura del pellejo en el capullo y luego seguir chupando, se lo hace cada uno con la mano. Solo que si te lo hace alguien con la boca, da más gusto. ¿Quieres hacérmelo tú ahora a mí?
Facundo al tiempo que daba la explicación se desabrochaba la bragueta y dejaba salir un pene grande, orgulloso de reluciente capullo.
- Déjalo tío, otro día, de verdad, ahora no puedo.
- No importa, tu tía lo hace muy bien. Ya lo verás luego cuando nos bañemos.
Carlos ya en su cuarto llamó a su amiga Noelia que le tenía dicho que le llamase si tenía alguna duda de algo de alguna asignatura.
- Carlos, abre Skipy y hablamos cara a cara mejor.
- No hace falta Noelia, de verdad. Que tengo que decirte una cosa nada más.
- Que si. Abre o cuelga. Uff, hijo, para tino hay más que estudios.
A regañadientes Carlos abrió el ordenador y abrió la aplicación. En la pantalla apareció Noelia desnuda de torso sujetándose las tetas con las manos y pellizcandose los pezones con los dedos pulgar e índice de cada mano.
- ¡Noelia, que haces, tía, tapate!
- Carlos, si no te gusta, voy a tener que pensar que prefieres otras cosas. Si quieres te doy el Skipy de Morgan, a lo mejor él te enseña otras cosas que te hacen reaccionar.
- Que no, de verdad que no. Es que me has dejado flipando. Que peras más guays, tía.
- Y tú, ¿no tienes nada que enseñarme?
- Noelia, joder, mi tía puede entrar en cualquier momento. ¿Y que pasa con el Morgan?
- ¿No lo sabes? Si yo creo que no hay polla en el insti que no haya visitado su boca o su culo. Es un vicioso de la hostia. Y tú nunca te enteras de nada. ¿Quieres saber qué me ha enseñado Morgan?
- ¿A tí? Pero si me acabas de decir que prefieres las pollas.
- Pero tengo culo como él, y nos gustan las pollas a porfía. Me regaló un consolador que a él se le había quedado pequeño y me enseñó a usarlo. Mira.
Noelia se dió la vuelta y enfrentó a la cámara el año. Estaba ocupado por una especie de joya brillante azul. Hizo fuerza para sacársela con la mano y el ano se le dilató monstruosamente dejándolo abierto durante unos instantes. Carlos se quedó hipnotizado.
- ¿Y entonces, por delante, nada?
- Joder, Charly, eres un auténtico inútil. Por delante tengo está cosita aquí que es como si fuera vuestro capullo, me lo froto así deprisa y me corro una vez detrás de la otra, algo que los chicos no podéis.
La chica se volvió para dar a cámara su sexo que tenía abierto, humedo y enrojecido. Empezó a masturbarse emitiendo gemidos parecidos a los que hacia su tía cuando se sentaba sobre su tío.
- No me digas que esto no te pone la polla bien dura y te gustaría metermela. En el coño no, que no quiero que me hagas una barriga, pero por el culo o la boca, cuando quieras.
- De eso te quería hablar.
Carlos le contó con todos los pormenores que supo y pudo lo que le había pasado cuando el pellejo se bajó tanto que le estranguló el capullo.
- No podía soportar el dolor, Noelia, si en ese momento me dicen que me la tienen que cortar no me habría importado. Por eso cuando mi tío se la metió en la boca y chupó y chupó apretando hasta que con la saliva se puso deslizar el pellejo me entró un alivió que quería gritar de alegría y fue en ese momento que me entró una cosa por todo el cuerpo y sentí como me crecía el capullo, pero sin dolor y sin querer agarré la cabeza a mi tío para que no dejase de chupar. Que gusto me dió y que bien me sentí Noelia.
- Y se lo tragó o lo escupió.
- ¿El qué?
- ¡Joder, Carlos! Que va a ser, lo que echáis los tíos cuando os entra el gusto y nos preña el coño a nosotras.
- Yo no echo de eso. No se, creo que no.
- Pero, vamos a ver Charly ¿tú te pajeas?
- Yo no. Se me pone tiesa y luego se baja. Lo de la boca de mi tío ha sido la primera vez que me ha dado gusto, pero no sé...
- Ahora, como tienes el rabo ¿tieso?
- Bueno, si, de verte a ti las tetas y eso, un poco.
Noelia salió de cámara y regresó al poco con algo en las manos. Enseñó unas pinzas de la ropa a cámara y luego se las colocó en los pezones y el clítoris. Puso cara de quedarse traspuesta y empezó a mover nerviosamente la pinza del clítoris.

- Uff, me acabo de acordar de la pinza en el clítoris que se puso Noelia. Estoy acostumbrado al piercing de Lena, pero aquello del clítoris y la pinza fue muy heavy, que yo no tenía ni los trece.
- Cómo fue eso. Cuenta, cuenta.

- ¡Me corro, joder, Carlos, me corro! méteme tu polla en el culo, maricón, Follame el culo, tío, yaaa.
- ¿No te duele eso?
- Ahora al quitármelo un poquito, pero el gustazo que da no tiene parecido con nada. ¿Cuando vas a venir a "estudiar" a mi casa. Un día que esté yo sola y además a lo mejor invito a Morgan. Para que pruebes de todo.

- Está bien John. Verás. Ganemonos el dinero que nos dan y ya está noche, sin afeites ni pastillas azules para que no se  arruine una escena, vamos a mirarnos a los ojos y a ver donde podríamos llegar. Ya, ya se lo de tu novia, pero también se que la eternidad es cosa de religiones y esto no lo es. Tío esos minutos que hemos olvidado lo de que estábamos en un set ha sido glorioso. ¿Intentamos que no se quede en un espejismo?
- Vale. Pero tienes que explicar cómo fue, si es que llegó a ser esa visita para estudiar a casa de tu amiga..., ¿cómo era? si, Noelia y si al final hubo pirata o no.
- ¿Pirata?
- Si hombre el Morgan ese del que hablaste.
- Eres un puto morboso, John. Vamos a rematar las escenas que faltan y os lo cuento.
- A mi no. Ya os he dicho lo del lésbico está tarde. Ya mismo si nos demoramos un poco.
- ¿Y ese lésbico?
- Para una despedida de soltera, hijo, pero pagan de puta madre las muy zorras.
- Entonces quedamos esta noche en el Leather y os lo cuento todo. ¿Hace John, hace Lena?
Ambos colocaron el pulgar hacia arriba y enfilaron el camino al set de rodaje.
- ¡Venga! todos prevenidos. Tú, el cámara autónoma, procura que no se te vean los pies, ni la polla, que siempre estás salido. Vosotros tortolitos, espero que estéis ya listos y hecha la pedida de mano. En sus marcas y...¡Acción!

miércoles, 19 de junio de 2024

BI

 
- Ni se te ocurra volver a hacerlo.
- Estaba en el guión John. A mí tampoco me hace una ilusión tremenda morrearte, pero vamos, es nuestro trabajo, tampoco debía sorprenderte, ¿o es que no te lees el guión? Ponía claramente que mientras Lena te hacía la mamada y yo la sodomizada, 3', nos morreabamos sin lengua 22"
- Lo hablé con el director, la maricona esa, y le dije que de morreo con tíos nada.
- Ah, que simpático, pero que te la mame el otro tío de puta madre, porque tú te limitas a tocar así como de pasada y alguna palmada en culo pero de mamar rabo, nada. Mucho bi y mucha leche, pero eres un cara.
- Joder, Carlos, luego ve mi novia la maqueta y me abronca porque me he morreado con un tío. 
- Claro hombre, porque en los cuartos oscuros del Leather no hay cámaras ni maquetas que visionar. Pero dime, John le has contado a tu novia lo que se cuece ahí. ¿Le has enseñado tu ano alguna vez? ¡Joder! que en este mundillo nos conocemos todos tío. No te quieres morrear, pero el puño no te importa.
- Eso a ti te trae sin cuidado. Y como se te ocurra ir con el cuento a mi chica, te arranco la cabeza.
En ese momento el script asomó la cabeza por la puerta del estar para anunciar que en un minuto en el set de rodaje para la escena dos.
- Mira tío, no soy ningún chismoso. Allá tú con tus líos de pareja, pero no me vengas más con estrecheces de morreos ni mierdas. Y por cierto, espero que te hayas leído el guión de la dos. Cuando me follas mientras Lena me la mama, me vuelvo y nos tenemos que morrear con lengua 15"
- Ni hablar.
- Ya lo sabía yo que no te leías el guión. Tío, es trabajo, no tengo interés en tu boca, pero me pagan por eso y por comerte el culo en la escena cuatro antes de que Lena te meta el dildo de perro. Y he de reconocer que tendré que hacer esfuerzos por no correrme cuando te sodomice. Porque si. En la escena cuatro después de lo del dildo, yo te lo saco, te como el culo y le la clavo mientras tú se la clavas a Lena, luego cambiamos y al revés, y siempre en el ano.
- Eso yo no lo hago. Ahora mismo voy a producción.
- Joder. Eres tonto. Tampoco lees los contratos. Los firmas después de ver la cantidad sin mirar nada más. Si tío 1500 eran tentadores por un día de rodaje y un par de corridas, pero no leíste la cláusula de rescisión unilateral. El que la provoque debe indemnizar con el doble. Tres mil te va a tocar soltar.
- Y la escena dos ¿de que va, Carlos? No, no he leído nada. Necesitaba pasta rápida y firmé. ¿De que vamos ahora?
- En esencia, me follas mientras como coño y luego yo follo coño mientras tú comes polla. Dura 14' así que hazte a la idea y no te rasgues las vestiduras. Vete pensando que estás en el Boy y se la chupas a un crío de quince que acaba de salir del instituto. Si hombre, si lo sabe todo el mundo te molan los adolescentes cabrones que hostian a los maricones, antes de follarselos mientras graban un only4fans.
Camino del set se le unió Lena, una bielorrusa traída para puta por una mafia y que liberada por la policía encontró en el porno su medio de vida.
- Y a vosotros ¿que os pasa? joder, yo preferiría comerle el coño a una tía pero me pagan por polla, por donde sea que pueda entrar. Se masca el rechazo. Si no os va el rollo gay dejarlo y buscaros algo hetero, aunque ya se que cada vez vende menos, pero que menos que profesionalidad.
- A mi no me mires Lena. John que le da mucho apuro que la gente sepa que le gusta un rabo y el tío que lo lleva. Tiene una especie de homofobia interiorizada que le hace reaccionar mal.
- No está mal, John, que muestres placer. A la gente le gusta y el placer se consigue con unos y otros si sabes entregarte en cada momento a lo que toque. Mira yo. De puta obligada tres años, hasta que la poli me libró y no se, si por agradecimiento o por deseo me enamoré como una tonta de la poli que me encontró encadenada desnuda y llena de moratones. Me trató bien y me prendé. Pero gozo de una polla como la tuya y me da igual que por delante o por detrás. Si está dura y sabe moverse me da placer. ¿Que la gente sepa que el gran John disfruta de un buen tío? Les trae al pairo, de verdad. Se tú, disfruta, y cuando en la escena cuatro, Carlos te la meta, gozalo.
- Vaya, Lena, tú si te has leído el guión. Dile lo de la escena seis.
- No, no me lo digas. Prefiero ir paso a paso. Una torpeza mía no leer el contrato ni el guión. Ayudarme un poco los dos. Intentaré estar a la altura.
- Tu hazte a la idea que estás con un lampiño grabando para el only4fans.

John nació y creció cerca de Topeka de Kansas. Su madre, Carmen, sevillana conoció a John Malcolm III destinado en Morón, piloto de B-52 y se enamoraron perdidamente. Se casaron en San Miguel Arcangel, la llamada catedral de la Sierra Sur, iglesia emblemática de Morón aunque John era presbiteriano y el cura hizo la vista gorda. A los quince días licenciaron a John Malcom III y se llevó a Carmen y su embarazo a Kansas a una finca que se extendía en una amplia hoz que hacía el arroyo de las seis millas, Six miles creek, una finca de su familia que explotaban de siempre y en la actualidad utilizaban como inmersión en cultura agraria de los turistas que quisieran volver a los origenes.  Cuando Johnny entró en la secundaria lo fichó rápidamente el entrenador del fútbol americano. Con catorce años medía casi 6 pies y medio y musculado.
Enseguida quiso dedicarle tiempo porque le veía tipo de quarter back. Por las tardes después de las clases se quedaba en las instalaciones haciendo pesas para muscular y ensayando tiros y recepciones. A las tres semanas de este régimen de trabajo cuando acabaron las rutinas el entrenador le pidió que fuese a su despacho para discutir un tema. La intuición de John le hizo sospechar algo inusual, pero a la vez la curiosidad por lo que de brumoso pudiera existir le empujaba. Le invitó el entrenador a sentarse en el sofá del despacho y él a su lado. Le pasó el brazo por detrás y le apretó el hombro atrayéndole hacia él, tanto que llegó a sentir su aliento en la mejilla.
- Tu y yo hemos conectado, chaval. De alguna forma eres como el hermano pequeño de Connor. Serías el perfecto quarter back. ¿Te gustaría?
- Me encantaría entrenador.
- Me recuerdas a mi hijo, a Connor. Parece que te tengo en brazos, de meses, bañándote, tan perfecto, tan precioso, y como se estremecía entre mis manos cuando le lavaba la entrepierna y el culito. A veces se le ponía dura la colita. ¿A tí se te pone dura la colita?
- Entrenador, esto, esto, me parece inadecuado.
John estaba muy nervioso. Efectivamente se le había puesto dura la verga al imaginar la colita de Connor dura y tiesa. Cuando llegó al instituto, de las primeras veces que entrenó y Connor sustituía a su padre se duchó con él y se fijó en su entrepierna, grande, morcillona, casi dura. Le impresionó tanto que ni pudo evitar tener que mirar ni que su propio rabo adquiriese consistencia de piedra. Se dió cuenta que Connor se había percatado, como le había mirado y sonreído. 
- Si John, le sorprende a mucha gente, lo grande que la tengo. Tú tampoco la tienes pequeña.
Se cortó muchísimo pero aunque no le gustaba reconocerlo hubiera deseado tenerla entre las manos y compararla con la suya. ¿Quizá rozarsela? Sabía que lo deseaba, pero no sé lo consentía, habría sido de gay y él no lo era, o eso deseaba que fuera. Ahora que el entrenador le preguntaba, muy a su pesar, sentía que estaba más duro que nunca, incluso más que cuando hablaba por videoconferencia de noche en la cama, con Gladys, ésta le enseñaba como se masturbaba metiéndose a la vez un dildo por el culo. Deseaba decirle que si que lo estaba pero prefirió intentar desactivar la situación diciendo que era inadecuado. Lo que no esperaba era lo que iba a suceder a continuación.
- ¿Inadecuado? Inadecuado sería que te quedases sin probar esto.
Con una destreza digna de alguien más joven, el entrenador se echó abajo el pantalón del chándal y dejó en libertad un soberbio pene de grueso capullo rematado por un príncipe Alberto y un frenum los dos de color negro acero.
- Venga John. Te he observado como miras el paquete de Joe, te lo comerías y Connor me dijo lo que pasó  en la ducha, cómo le mirabas y como te pusiste. Ahora tienes esto aquí. Aprovecha, está dura y apostaría lo que fuera a que nunca habías visto un adorno así. ¿Has chupado polla, alguna vez? o, solo han sido pajitas entre colegas. Ah, no, no eso. Metetela en la boca y disfruta. Lo estás deseando. 
El entrenador colocó la mano en la nuca de John para inclinarle hacia su sexo. John giró la cabeza con gesto en los ojos de implorarle misericordia y al tiempo tensando su cuello para oponerse al deseo. Odiaba desear dejarse llevar y sentir una erección dolorosa y tan placentera. Sabía que su capullo estaba destilando precum de excitación y sentía que su voluntad iba disminuyendo y rapido, de seguir la presión de la mano caliente del entrenador en la nuca iba a entregarse. Deseaba que la polla del entrenador le taladrase la garganta pero no quería que sucediese. Empezó a llorar de rabia, momento en el que el entrenador cedió en su obligar a bajarse al sexo y le sujetó la cara con las dos manos y acercó sus labios a las mejillas para beber sus lágrimas.
- Mi niño. Estás sufriendo. Entrégate, acaba con la tortura. Esto no es malo, es solo placer entre hombres, sin compromiso.
Y poco a poco fue resbalando los labios por la mejilla de John hasta alcanzar los labios. John sabía lo que iba a pasar, pero ya no podía seguir luchando contra su naturaleza. El entrenador alcanzó los labios de John y éste como si de un automatismo se tratase los abrió, momento en el que el entrenador hizo lo mismo y sus lenguas se tocaron. Ya no hubo marcha atrás.
Suavemente, haciendo mínima fuerza, la mano del entrenador condujo la cabeza del chico hasta su sexo. John tenía los ojos cerrados pero al llegar cerca del sexo enhiesto destilando precum percibió el olor penetrate a excitación y pudo contemplar muy de cerca el capullo grande con su anillo y la gota de lubricación natural resbalando por el frenillo hasta empapar el frenum. Se detuvo un momento, pero la mano que le guiaba a su destino hizo presión. John se abandonó, abrió la boca y allí empezó su tortura y su paraíso.
Después de aquello, pasadas unas semanas, Connor invitó a una barbacoa a John y otros chicos del equipo, no estaban todos. El entrenador pidió permiso al padre del chico para pasar la noche con los demás en su casa. El entrenador era una vieja gloria de la NFL, no había de que temer.
La barbacoa tenía como protagonista a John y en realidad fue un bukkake en toda regla. Los otros tres jugadores del equipo ya habían sido trajinados por Connor y su padre.
- Esto, John, es tu bautismo de sexo. Eres el centro, el protagonista. Déjate llevar y disfrutaremos todos.
Connor fue el que introdujo al chico en la habitación. Estaban los tres compañeros de equipo, el entrenador y cuatro tíos más que nunca había visto. Connor siempre estuvo a su lado animándole y borrando miedos y derribando censuras culturales. Tragó leche por arriba y por abajo y ya al final, con el ano superdilatado Connor consiguió meterle el puño. John se volvió loco de lujuria. Connor era experto y sabía cómo estimular la próstata del chaval que empezó a correrse una y otra vez sin poder parar. Pedía a gritos que siguiese y que parase. Cuando exhausto se desmayó amaneció en una cama que no conocía y la sensación de tener un balón de fútbol en el culo. Se tocó y recordó todo lo ocurrido. Tenía el ano muy dilatado, pero tocarselo le provocaba más placer. Se asustó. Buscó su ropa, se vistió y se fue.
Se lo contó todo entre lágrimas a su madre que se lo trasladó a John Malcom III que no se creyó una palabra. Preguntaron a los otros tres que estaban allí y lo negaron todo. Pero Carmen sabía que su hijo decía la verdad. Expulsaron una semana del instituto a John por falso testimonio y a partir de ese momento fue el calvario. Tanto así que ni su padre ni nadie le dirigía la palabra y los insultos constantes que un día que su marido había ido a otro condado a jugar un partido, Carmen cogió cuatro cosas y a su hijo, se fueron a Topeka y volaron a Nueva York desde donde volvieron a España. El divorcio lo solventó Carmen a través de consulado.
John con ayuda fue superándolo aunque, a su pesar, no olvidando aquella noche de bukkake. De hecho no conseguía correrse cuando tenía sexo con una chica si no traía a su mente el episodio del puño. Deseaba una mujer, pero el orgasmo venía de la mano de un hombre que le taladraba el culo con su puño. Pero era mejor meter la cabeza en un boquete, como avestruz y no enfrentar el problema. Pero él sufrimiento iba en aumento. Su novia se lo aclaró.
- Johnny, cariño, no pasa nada, eres bisexual, te gustan los dos sexos, como a mí. Otra cosa es el amor, como el que yo te tengo y el que tú me tienes a mi. ¿Te gusta el fisting? perfecto, yo puedo ayudarte, como si te pone usar mi culo. Yo me acostumbraré, te quiero y terminaré por encontrar placer en ello. De vez en cuando seré mujer para ti y a veces, tío y te doy mi culo. Y no llores más.
El alivio de John fue inimaginable. De ahí en adelante no volvería a tener problemas, hasta que llegó la noche. Fueron a una disco. En un reservado a brazo partido con su novia y llegó otro tip.
- ¿Éste es tu tronco, Claudia? A veces flor, a veces cardo. No está mal.
- ¿Quién es éste Claudia?
Joaquín era un sinvergüenza de los que sin escrúpulos, por un billete hacen una pirueta. Tenía veintiséis años y una vida en la calle. Padre en la cárcel por pederasta y madre prostituta por vocación. Follado por padre y madre desde su más tierna pubertad, nada le espantaba. Por eso, cuando Cláudia, vecina de bloque, le ofreció un buen polvo a tres con su novio, no se lo pensó.
- Un amigo, cariño. Lo mismo se come un coño que morrea un tío, te pone el culo que preña una tía. Otro bi, como tú. Si te parece, vamos a su casa y nos lo montamos de puta madre. Me va a gustar ver cómo te parte el culo. Ahora, eso sí. Un poquito de vez en cuando vale. Morreos de entrega a pareja esos son míos. Con los tíos se morrea otro tío, que es gay y se acabó. Que se la chupas o te atraganta de lefa la garganta y te parte el culo, eso es sexo libre, pero nada de emociones desatadas con el tío, esas son para mí.
Y John después de mucho tiempo volvió a tener entre sus manos un rabo y a entusiasmarse con sentir la nausea que provoca la colisión de un capullo duro con la garganta, esa arcadas que tiene la habilidad de relajar el culo y permitir disfrutar de una entrada brava a saco por la retaguardia.
Los tríos con Claudia y Joaquín menudearon hasta que un día el tal Joaquín le habló a John de un dinero fácil haciendo lo que le gustaba y dejándose grabar.

- Escena 2, cuadro 1, toma 1
- Acción.
John, no paraba de pensar en que iba a tener que morrear con lengua y entrega a Carlos. Se contrajo y la polla se le vino abajo. Lena ya estaba con la mamada y Carlos tuvo que improvisar, coger la cabeza a Lena, darle un beso profundo para después volverse a John y hacerle una garganta profunda que le revitalizarse.
- No sé a qué viene este cambio de guion pero no va mal. Seguir a ver qué tal.
El director dejó seguir la intuición de Carlos a ver en qué paraba.
Cuando John recuperó consistencia, rápidamente Carlos se volvió y el mismo se la metió. John se envalentonó con la sodomización y olvidó tabúes. Carlos se volvió entonces y reclamó la boca de su compañero. John se entregó y disfrutó del beso. No duró quince segundos. Iba por un minuto de beso, Lena miró de reojo al director para preguntar si seguía felando a Carlos y de repente, John se estremeció y empezó a eyacular dentro de la pareja. Al sentir Carlos que le preñaba John empezó a correrse también, Lena se retiró porque no tenia en contrato derrames en boca.
- Corten, joder, corten. ¿Que coño ha pasado? Se puede saber si ya sois novios, es lo único que se me ocurre. Venga largaos media horita a recuperarse y volvemos a ajustarnos a guión. ¡Y quiero leche en la corridas, joder!

martes, 4 de junio de 2024

AGONÍA

 

- Menos mal que has llegado a tiempo, Jaime.
- Tenía un examen abuela y no podía dejar de presentarme. Me salió bien. Tuve suerte, eran setenta y dos temas y cinco de ellos los dejé sin tocar. En el histórico de cinco años nunca salió una pregunta de esos temas, y acerté. Creo que he terminado derecho.
- Felicidades hijo. Lástima que tu abuelo no pueda enterarse. ¿Vas a entrar a verle? Y a despedirte, desgraciadamente.
- Claro, abuela, para eso he venido. ¿Puedo entrar ahora?
- Entra ahora, a ver si hay suerte y te reconoce.
La habitación de Guillermo estaba en penumbra rosa merced a un estor rojizo que pendía de la ventana. "Una atmósfera cálida, colores cálidos, relaja y cierto aroma a café recién hecho flotando en el aire hace que el paciente terminal se encuentre más confortable". El médico de paliativos había sido muy específico en las circunstancias del entorno del paciente.
Guillermo hacía muy poco bulto en la cama, una de esas articuladas y electricas de hospital que Cándida, su mujer, hizo poner en la alcoba para que su marido pasase lo más confortable posible sus últimos días. De alguna manera, Cándida, se alegró de que se llevasen la cama del deshonor donde años atrás había sorprendido a su marido siendo taladrado por el culo a cargo de su sobrino Sebastián. Recordaba Cándida cómo se quedó paralizada como la mujer de Lot hecha sal amarga. Su marido y el sobrino no se percataron de su presencia y pudo escuchar el escarnio hecho veneno en las palabras de su marido: "Preñame, Chano, preñame el culo", aunque lo peor fue el vergonzoso "te lo puedo explicar" con el culo aún rezumando semen familiar. Cándida quiso morir y matar a Guillermo. Ya nunca compartieron cama, él se quedó con la cama adultera y ella ocupó la habitación de invitados. Todo fue civilizado y correctamente violento. Luego el tiempo fue depositando polvo de olvido sobre las heridas y casi todo volvió a la normalidad. Cándida sabía que Guillermo y su sobrino y no quería saber si muchos más, seguían con sus sodomías, pero no bajo su techo. Cuando el infarto sin posible recuperación y el regreso a su casa, ella saboreó el triunfo de ver perdida de vista aquella cama.
- Pasa. Tocale un poco la mano o el hombro a ver si reacciona. Yo me quedo fuera.
Jaime se acercó con reverencia a la cama como si se tratase de una ermita a la que se acude en peregrinación. Estaba boca arriba respirando con cierta dificultad, las manos una sobre la otra y las dos sobre su pecho entrelazadas por un rosario de nacar. Jaime le tocó el hombro y luego las manos. Guillermo abrió los ojos para ver de quién se trataba y se le iluminaron. El corazón se alarmó y el enfermo abrió la boca como para tomar aire.
- Mi niño. Dame un beso.
Jaime se inclinó sobre la mejilla de su abuelo para darle un beso y en el mismo momento Guillermo giró la cabeza para que sus labios chocarán con los de su nieto. Al principio fue vacilación por parte de Jaime pero Guillermo hizo un poco de fuerza y entreabrió los labios. Jaime se dejó llevar, cerró los ojos y relajó su labios. La lengua del abuelo buscó la del nieto y rememoraron antiguas hazañas.
- Hazlo.
Guillermo abrió la boca todo lo que sus mermadas fuerzas le permitían y Jaime escupió varias veces. Luego volvieron a sellar sus labios una vez más.
- ¿Te has empalmado Jaime?
- Cómo no, abuelo. Desde que me fui a estudiar la carrera no había vuelto a besar,  a un tío. Tengo novia y me apaño muy bien, abuelo.
- Acercate más a mi mano y dejame que palpé tu dureza. Hace no se el tiempo que no toco carne dura y arriesgada. Me estoy muriendo, nieto, pero me has dado un poco de vida. Toca por encima de las sábanas. No recordaba ésta dureza desde que mi sobrino y tu me hicisteis una doble en la sauna de mi viejo amigo Linares.
Jaime se acercó y la mano del viejo pudo alcanzar la bragueta del chico que mientras tanto tocaba el paquete del abuelo a través de las sábanas.
- Si la tienes dura. Por cierto, que sabes de Sebastián. El fue el último que me folló. Hace ya casi seis años que el culo solo me sirve para cagar. Follaba bien y comía el culo mejor.
- El muy maricón te echó el ojo y te trajinó a mis espaldas. Perdona, me canso de hablar, pero soy feliz recordando. Hazme un favor. En el segundo cajón de la cómoda, al fondo hay una cajita de plata. Traemela.
Guillermo después de una conversación tan larga estaba agotado pero aún le quedaron fuerzas para destaparse del todo. Jaime, llegó a su lado con la cajita de plata.
- Jaime, ayúdame a quitarme este camisón absurdo, quiero quedarme desnudo. Y abre la caja. Saca las pinzitas que tienen dentro.
Dentro de la caja habia seis pinzas de electricista de las que tienen dientes afilados para garantizar las conexiones, con unos muelles fuertes.
- Son las que yo llamo pinzas cabronas, muerden con saña la delicada carne de los pezones y sacan sangre. Ponme las seis, tres en cada pezón.
- Abuelo, tienes los pezones enormes y la polla muy tiesa. Me dan ganas...
- A su tiempo. Ponme las pinzas y vas a saber lo que es una polla muy dura. En cuanto muera, quedate con ellas y empieza a practicar para que vayan participando los pezones cada vez más en tu sexo. Deja que me corra por ultima vez en la boca de mi nieto más querido. ¿Que edad tenías cuando nos pillaste a Sebastián y a mí follando en la arboleda de la finca?
- No sé. Ocho o nueve tendría. Recuerdo que se me puso la pichita que tenía como un palo.
- Y ahí fue donde por primera vez y sin que nadie te lo pidiera me la chupaste mientras que mi sobrino me follaba.
- Es un recuerdo grato. Casi no me cabía en la boca pero me esforcé y cuando te corriste y me dijiste que tragase no me importó. Me gustó abuelo.
- Y el cabrón de Sebastián te enseñó todo lo demás.
- Todo. Sin que lo supieras. Decía que te enfadarías. Me trabajó el culo muy bien y recuerdo la primera follada con cariño. Tenía ya casi los diez. Fuimos al cine y me sentó sobre sus rodillas me bajó un poco en pantalón y se la sacó. Durante toda la película poco a poco, poco a poco, bien de saliva y me entró bastante, pero no toda. Cuando salimos del cine, en un solar cercano se bajó el pantalón, me quitó el mío y me sentó sobre aquel mástil. Con el trabajo que llevaba hecho del cine fue ya coser y cantar, hasta que me entró entera. Se levantó conmigo sujetándome por la barriga en vilo ensartado por su rabo y empezó su baile. Al principio dolía pero enseguida el dolor cedió y el placer que sentí fue tremendo. Al poco se estremeció y arremetió más profundo y se quedó quieto. Me había echado el polvo dentro. Me explicó como cagarlo, me dio papel para limpiarme y luego nos buscábamos las vueltas para hacerlo casi a diario. Tenía un vicio de culo brutal. Y ahora, seguro que me he cerrado después de todos estos años perdidos.
- Ponme las pinzas. Necesito el dolor para volver a sentir placer antes de morir. Bajate un poco el pantalón a ver cómo va ese ojal.
A cada pinza que Jaime ponía en los enormes pezones de su abuelo, éste emitía un gemido indistinguible de placer o dolor. Cuando túvo las seis puestas comenzó a agitarlas para provocar más dolor. La cara se le iluminó de placer.
- Mírame el capullo como destila precum. Ahora, si me quieres hazme un último servicio. Con la cuerda que hay en la caja amarrarme los huevos fuerte y luego golpearlos con fuerza. Luego te la metes en la boca. Tienes tú coño tan divino como siempre. Te va a entrar lo que tú quieras que te entre. Me gustaría comertelo. Súbete en la cama y mientras te como tu ojal tu me sacas la leche con la boca. ¡Ahora, que me voy a correr.
Jaime se quitó pantalón y calzoncillos a la carrera y de un salto se encaramó sobre su abuelo poniéndole el culo sobre la boca al tiempo que él se metía la polla del abuelo hasta la garganta. Pasaron segundos y la verga del viejo empezó a escupir lefa que el nieto tragaba hasta que la polla se puso fláccida de golpe. Jaime de un salto bajó de la cama y se vistió. El abuelo había quedado dormido o muerto o en coma, él no lo sabía. Le volvió a colocar el camisón de enfermo y le volvió a tapar. Permaneció un rato a su lado observando alguna señal de vida. Parecía respirar levemente. En ese momento se fue de la habitación.
- ¿Has podido despedirte?
- Casi nada. Un momento que ha recobrado la conciencia, luego se ha sumido en un profundo sueño.
- Es la agonía hijo. Horas le deben quedar.

jueves, 30 de mayo de 2024

EL DIRECTOR (III)

 
- Vamos Clint.
La comida había sido animada como siempre, los muchachos alborotaban pugnando por hacerse oír por encima de los gritos de los demás y la algarabía tenía que ser sofocada de vez en cuando por unas palmas dadas desde el centro del comedor por alguno de los vigilantes. El director se había acercado por la mesa de Pedro y Clinton a citarlos a su despacho después de la cena.
- ¿Hemos hecho algo malo Don Jacinto? Clint y yo procuramos hacerlo todo según las reglas.
- Después de la cena hablaremos. Ahora sigan con su almuerzo.
- Peter, why?
- No sé Clint, no se. Siempre tengo la impresión de que nos espía. ¿Sabrá lo nuestro? Somos muy cuidadosos y siempre que vamos a los váteres del patio trasero lo hacemos con todas las garantías de seguridad.
Pedro se quedó callado mirando al vacío rememorando como fue esa primera vez. Siempre que lo recordaba se quedaba como en suspenso, el mundo alrededor anulado, solo existían él y sus recuerdos.
Había sucedido dos meses atrás. Clint aún no se expresaba bien y la comunicación era principalmente a base de gestos. Pedro continuaba con su fantasía de meterse en una cabina de váter, dejar la puerta abierta y bajarse pantalones y ropa interior simulando que orinaba a ver si sucedía otra vez. Prefería pensar que era el director el que le penetraba como aquella primera vez, sentir la tirantez del ano dilatándose y luego los violentos embites hasta culminar con unos últimos brutales que le provocaban náuseas y un placer indefinible. Luego el resbalar de fluidos por las piernas, cuando ya solo, se tocaba su ano y lo sentía abierto. Entonces se masturbaba con la misma intensidad que, quien fuese, le violaba.
Pedro aquel día le dijo a Clint que esperase en el cuarto mientras él iba a hacer algo, y ese algo era satisfacer su libido del deseo, de la fantasía, de ser penetrado de forma anónima. Al parecer los gestos de Pedro no fueron los adecuados y Clint concluyó que debió querer significar que esperase un poco y luego le siguiese.
Pedro salió de la habitación y al poco, poniendo cara de no comprender porqué su amigo se ausentaba solo y con la discreción de un gato lo hizo él, siguiendo a distancia a su compañero. Pedro llevado de la lujuria que precisaba alimentar con la fantasía de ofrecer su culo al que quisiera no reparó que Clint le seguía con mucha curiosidad.
Cuando el escocés llegó al servicio y fue mirando las cabinas se quedó frente a la que Pedro enseñaba se prieto culo redondo con una sonrisa pintada en los labios.
Se acercó y al rozarle con la mano por el pliegue de los cachetes sintió el estremecimiento de su amigo, que permaneció inmóvil esperando el castigo que debía merecer.
- Why did not you tell me? I had also been wanting it for a long time.
La frase trémula rozando la oreja de Pedro lanzó como por resorte, sin volverse, la mano hacia el paquete de Clint. Éste comenzó a mordisquear la oreja mientras que con destreza Pedro abría la bragueta de su amigo y le liberaba la verga.
- Amigo, wake-up, espabile. ¿Pasa otra cosa?
- No, no, Clint perdona. Me he quedado absorto recordando nuestra primera vez, ¿Te acuerdas?
- Fue very exciting. Metí solo punta pero mucho placer.
- Y lo de los pezones no me lo podía ni imaginar, cuando me metiste las manos por bajo la camisa y me los pellizcaste creí que me moría de gusto. Pero para gusto ahora que ya me la clavas entera y eso si que es un placer. Me tienes que dejar que te la meta yo.
- Ah! no, yo top, tú bottom, yo no mete nada, yo hago todo pero mi culo no. Duele mucho. Hermano de madre ya quiso y no pudo, mucho dolor. Chupar y eso, ok, pero culo no.
- Cuando podamos tener tranquilidad, con lub bastante y relajados lo intentaremos. A ver si vienes a mi casa en vacaciones que mis padres se largan al trabajo y tenemos la casa para nosotros. Entonces.
- Well, y tú conoces mejor Don Jacinto. En seriedad, que crees tú que el quiere.
- Ni idea Clinton. Está noche nos enteraremos. Ahora hay que ver a Martín y a ver dónde está tu revista.
Fueron para su cuarto para demandar a Martín la revista pero solo estaban Nicolas y Rubén tumbados juntos en la cama de Rubén. Nada más abrir la puerta Rubén dió un respingo que le hizo ganar un golpe en la cabeza con la cama de Pedro. Nicolás al tiempo se recomponía la ropa.
- Venga Rubén que no pasa nada. Te va el rollete con Nicolás. Estaríais haciéndoos una gayola. Estupendo. O una mamada, ¿no Nico? porque no vas a creerte que nos tragamos lo de que la mamada a Martín fue una sola vez. Que bien, tíos. Mira, a mí Clint me folla hace un par de meses. Seguir con lo vuestro y ya está. Veníamos a ver a Martín, pero no está y la revista no aparece. Y además ¿donde están sus cosas?
- Martín se ha ido. Han venido a buscarle sus padres. Me lo ha dicho Nico que estaba aquí cuando vino Martín a llevárselo todo.
- Si. Y me dijo al irse, así con mucha mala leche "Como se te ocurra decir algo de que me mamas el rabo te rajo, maricón"
- Pero ¿cómo, se la has mamado mas veces?
- Casi todos los días y algunos días dos veces. Era difícil negarse, me ponía muy guarro cuando me obligaba y a veces me hostiaba. Un día hasta me corrí de gusto.
- Claro, claro, pero el maricón eres tú. ¡Que cerdo! Pero, ¿no dejó la revista de Clint?
- Que va. Yo me acordé pero como tenía esa mala leche no me atreví. Era capaz de matarme.
- Vale. Seguir follando vosotros. Nosotros vamos al servicio del patio trasero a follar también, a mí me da mucho morbo que éste me folle allí y a él también le gusta.
- Joder, Pedro, Nicolás es un genio, la mama de muerte y siempre se lo traga.
- Venga, os dejamos a lo vuestro. Hasta luego.
A medida que nos acercábamos a los servicios de la parte de atrás sentía como empezaba a destilar por delante y por detrás. Clint sabía cómo follarse a un tío. Desde la primera vez que se me corrió usando la raja sin metermela mientras hacía que el dolor de los pezones me descubriese una intensa forma de placer, ya solo utilizó mi ojal. Le rogué la segunda vez que me taladrase el culo y me destrozase los pezones, que dolieran más los pezones que el culo y lo hizo con una sabiduría que me dejó sorprendido. Aquella primera vez que me follaron y que yo estaba convencido de que fue el director, me dolió mucho, creía que me rajaba, luego fue decayendo el dolor y en mi alma fue abriéndose paso el deseo de ser solo un agujero estrecho por el que debería colarse cada polla del colegio. Luego de aquello nada hasta que Clint atendió mis deseos y me abrió la puerta trasera. Me gustaba, y temía y deseaba, que me lo hiciese con la puerta de la cabina abierta para que nos pudieran sorprender y viese, quien fuera, que era un objeto propiedad de Clint. Salvo él nadie más me había follado, pero estaba seguro que nadie podría hacerlo mejor. Primero se agachó y yo no pude saber que pretendía. Supuse que un blow job e intenté darme la vuelta, pero con firmeza, casi violencia, me lo impidió y luego me obligó a agacharme. Me puse a temblar, me embargó el miedo a que me hiciese algo malo y de repente sentí el impacto de su cara en mi ano. Fue el placer más dulce que se pudiera conocer. Identifiqué como su lengua intentaba horadarme una y otra vez y sentí correrme. Se lo dije y me estrujó los huevos para que no lo hiciera. Después de un buen rato chupándome el ojal e inyectandome saliva, se levantó y con exasperante lentitud me metió sus dieciocho centímetros sin hacerme sentir otra cosa que placer. No tuvo más que dar media docena de emboladas y susurrarme al oído que se corría y ese susurro permitió que yo me corriera también. Desde aquel día siempre me comía el culo. Alguna vez le decía que no estaba bien limpio y me decía que mejor que mejor "Better than better, my friend" cuando me besaba después el sabor levemente amargo de su boca me excitaba todavía más.
Estábamos al final de un pasillo que giraba a la derecha y daba a los servicios. Le detuve al girar la esquina.
- Follame aquí en el pasillo, Clint. No suele venir nadie, pero el peligro es emocionante.
- Mejor dentro, right?
Me bajé el pantalón del chándal que llevaba por la parte de atrás lo suficiente para dejar al descubierto el ano y le bajé el suyo para que saltase fuera su verga de acero, me di la vuelta, apunte su capullo a mi ano y de un golpe de cadera hacia atrás me la metí entera.
- Lo ves. Follame ahora aquí en medio de pasillo. Échame todo el polvo dentro, yo seguramente ni me correré. Quiero que goces de mi sin que yo lo haga, eso me dará más placer.
Se corrió en cuanto le dije eso, la sacó algo manchada y rápidamente me agaché y se la limpié con la boca. Luego le besé.
- Esto tu haces excita mucho. Otra vez quiere que mi dick sucia, tu limpia con boca y luego besar y seguir otra vez fuck.
En otras circunstancias pensar solo en acercarme a la mierda aunque fuese mía me habría devastado. Plantearme meterme en la boca mi caca que embadurnaba el miembro tieso de Clint me hacia desear comérmelo, mezclar en la boca el sabor acre de las heces con el sabor meloso y algo soso del semen me llevaba a un campo en el que se mezclaban, dolor, asco, placer, deseo, esclavitud y tortura. Y sabía que Clint sentía y deseaba exactamente lo mismo que yo. Gozaba mientras me provocaba dolor con sus pellizcos en mis sensibles pezones y yo sentía su deseo de hacerme suyo. Me habría encadenado a Clint sin dudarlo.

Después de la cena, a la salida del comedor, Don Jacinto se acercó a Pedro y le dijo que quería verlos a los dos a las once en su despacho. Antes no podía ser, tenía otros asuntos que atender.
- A ti que te parece Clint. Las once. Ya están apagadas las luces y silencio. ¿Nos acostamos, no quedamos levantados, que hacemos?
- Fuck and wait, right?
- ¿Váis a follar aquí en la habitación? Nicolás se va a despertar y va a querer, y ya puestos, por lo menos, ¿Me dejáis mirar?
- Rubén, si quieres, nos acompañas. Y así pruebas la polla de Clint, que esto si que es follar, y de paso de desvirga ese culo asqueroso que tienes.
- Yo folla Rubén, but, you eat ass, Pedro. Yo quiero ver culo Rubén, si sucio mejor morbo. Come tu, culo Rubén, Pedro y yo drill Rubén.
El culo de Rubén olía a no habérselo lavado en días y habérselo limpiado a la carrera cada vez. Clint, me empujaba la cabeza para que hundiese la boca en su ano. Preferí cerrar los ojos para no ver la mierda seca que le adornaba la raja y me rendí al deseo de Clint de que le chupase el culo a Rubén. No fue muy diferente a cuando le limpiaba el sable a Clint nada mas follarme. Es más, saber que ese sabor un poco dulzón y amargo no era él mío me enloqueció y me entregué haciendo de la lengua una broca que entrase lo más profundo posible en el ano de Rubén.
- Es hora, Péter, hoy no puede yo fuck you, Rubén, sorry, another time.
Cuando salían del cuarto, camino del despacho de D. Jacinto, Nicolás despertó preguntando a Rubén que pasaba.
- ¿Que qué pasa? Nada que tú puedas arreglar, no puedes ser ya más bottom y mira que yo me paso de pasivo. Anda, duérmete, mañana te cuento.
- Clint, joder, sigo hecho un palo, se me va a notar cuando entremos.
- Poner manos delante, aguanta regañina que sea y yo luego pajeo en váteres, en pasillo con más emoción. Llama ya, joder.
- Adelante. Pasen y cierren la puerta. Se preguntarán que horas son éstas pero el asunto es grave y había que tratarlo con mucha discreción. ¿Que es ésto?
El director echó sobre la mesa del despacho la revista que Clint había echado en falta con la pagina central abierta en la que se veía una penetración doble por parte de dos musculosos ejemplares a un adolescente que mirando hacia atrás a la cámara tenía cara de dolor y lujuria desmedida. Clint dio un paso al frente para coger lo que consideraba suyo y el director con una fusta que llevaba en la mano le cerró el paso.
- Sabrán que un alumno se ha ido del colegio escandalizado de estas porquerías, y su padre exige una reparación.
- Martín. Ya lo sabemos director, él fue el que le quitó la revista a Clint que tenía guardada entre sus cosas para darse gusto y en eso implicó a Nicolás que tuvo que hacerle una mamada. Pregunté a Nico, verá como no mentimos. Clint es gay y le gusta ver y excitarse con cosas así, pero fue Martín el que lo hizo mal.
- Pero esto ha ido demasiado lejos y hay que darle carpetazo. El padre de Martín quiere presenciar el castigo y me ha parecido justo, pero también me lo ha parecido que estén presentes vuestros padres. Clint el tuyo está de viaje y no puede venir, pero el tuyo Pedro, está aquí también. Vamos al sótano, a la habitación de sanciones.
El director abrió el armario del material de oficina metió la mano bajo una de las estanterías y sonó un ruido seco, como de resorte y el armario entero crujió. Después de eso Don Jacinto empujó hacia un lado el mueble dejando al descubierto un hueco oscuro por el que se accedía a una escalera de caracol de madera que se quejaba a cada peldaño que se pisaba. Pedro miró a Clint y éste a su amigo como interrogándose y cierta jocosidad en la mirada.
- Bajad ya por las escaleras. Abajo os esperan los padres. A partir de ahora se han acabado las bromas. Todo esto es serio.
Con cuidado los dos amigos fueron descendiendo por aquella vetusta escalera. En las paredes, una vez que se entraba se veían titular unas velas que daban suficiente luz para poder bajar. La vista se les fue acomodando a esa oscuridad y pudieron ver las paredes de piedra y una tenue luz al final del trayecto. A mitad de escalera escucharon otro chasquido a sus espaldas y se estuvieron.
- Seguid bajando, es solo el armario que ha vuelto a su posición.
Pedro se volvió al escuchar la voz del Director y le pareció ver que vestía entre los hombros desnudos y el pecho una especie de correaje. Tocó el hombro a Clint que se volvió y miró detrás de ellos.
- Pedro, esto muy serio. El director lleva un arnés. Tú prepara culo y boca. I have been in orgies like these. Tú y yo toys.
- ¿Orgía? Verás mi padre cuando se entere.
- Seguid, no tenemos toda la noche.
El director golpeó mientras les conminaba a seguir con una especie de palmeta en el trasero a Pedro que se quejó. Clint se volvió hacía su amigo y le hizo la señal de que callase.
Al desembarcar al fin en la estancia debilmente iluminada vieron tres sombras refugiadas en la misma sombra. El director tras ellos les tomó con sus manazas por la nuca y le obligó a arrodillarse. Luego se puso delante de ellos y pudieron ver si figura. Efectivamente llevaba un arnés en la parte superior del pecho y bajo la barriga peluda un suspensorio que a duras penas contenía su sexo. Calzaba unas botas de militar. En la mano derecha llevaba una especie de palmeta de cuero con la que golpeó a Pedro mientras bajaban la escalera.
- Aquí están el padre de Martín, tu padre Pedro y alguien más que ya se presentará. De momento deberíais tener miedo de lo que aquí va a suceder, aunque tú ano, Pedro, ya sabe lo que es el dolor de alguien como Clint. Un dolor que has deseado una y otra vez. Aquí te vamos a satisfacer. Y tú Clint, deberías cagarte de miedo porque ésta noche vas a poder decir que tú ano es visitable. Miedo deberíais tener, así que venga, mearos de miedo. Cagaros de miedo ya.
Los chicos empezaron a desnudarse y Don Jacinto los detuvo.
- Yo no he hablado de desnudarse. He dicho que os meeis y cagueis ya, como estáis.
En ese momento se encendieron dos focos intensos que iluminaron a los chicos.
- Mucho mejor haz say them. Mea y caga.
- No voy a poder Clint. No se cómo hacerlo.
En ese momento dos de las figuras en la sombra se adelantaron. El padre de Pedro y el de Martín. La tercera sombra permaneció velada.
Los dos padres iban vestidos como el director, con una correa ancha en la mano para azotar.
- Pedrito, cariño, deberías hacer caso a Jacinto, deberías tener miedo.
- Pero papá.
- Aquí no soy solo papá, soy además tú amo y te exijo que te mees encima y te cagues.
El pantalón de Clint empezó a empaparse de su orina. Tomó la mano de Pedro y la llevó a su pantalón para que viese que el había empezado. A la vez Pedro empezó a oler a mierda que venía de su amigo. Pedro agachó la cabeza y pudo abrir su grifo. Sintió un placer dulce y extraño al sentir la humedad cálida en su entrepierna y se le pasaron las objeciones a abrir el ano. Empezó a cagar y a relajarse. No estaba tan mal. Y en ese momento sintieron tanto él como Clint que les llovía algo. Cuando levantaron la vista su padre y el de Martín le estaban meando encima y empapandoles en orina. Intentaron levantarse pero el director con sus manazas de acero le obligó a permanecer arrodillados y recibiendo la lluvia dorada.
- Ahora sí. Ahora podéis desnudaros y ayudarse el uno al otro a quitarse la mierda. Ahí tenéis papel para lo gordo, para el resto solo tenéis la boca. Queremos veros como os acercáis, os oleis y poco a poco váis quebrando tabúes. Los mismos que quebrasteis para dejarse horadar el culo tu Pedro o meter tu verga Clint en un culo. Lo hicisteis por morbo, por placer. A llevaros la mierda a la boca también le encontraréis su punto de placer. 
Vuestros padres os azotaran con sus cintos hasta que os decidáis a hacerlo. El que se salta una linde está obligado a saltarse cualquier linde. Y no os creáis que los padres no van a encontrar placer en azotaros. Si no lo creéis no tenéis más que mirar los bultos que tienen sus suspensorios.
- Siempre he deseado hacer ésto hijo, desde que vi como sombreabas tu sexo con vello. Azotarte porque te pajeabas a todas horas y no podía beberme tú lefa ni yo podía darte la mía cuando te espiaba y te veía desnudo.
- Siempre deseé hacer lo mismo con mi hijo Martín, hasta que le pillé masturbándose, se lo reproché pero iba en calzoncillos y no pude reprimir el empalme instantáneo. Siempre fue un descarado y tras la regañina en lugar de achicarse me apuntó con el rabo tieso y me ordenó que se lo mamase. Después de eso fue el culo una y otra vez. Tenía Martín doce. Soy su puta ahora y es él quien me azota a mí. Yo deseo hacérselo a él pero al no poder me encantaría azotarte a tí Clinton. Y te azotaré pero antes queremos ver cómo os quitáis la mierda el uno al otro y cómo disfrutáis comiéndonos el culo.
- Si hijo, Pedro. Espero no correrme de gusto viéndote comerle el culo sucio a Clint, y cuanto con más intensidad se lo comas más flojos serán los latigazos y lo mismo vale para Clint. Disfrutar de vuestros cuerpos.
Yo no sabía cómo iba a acabar aquello. Ver a mi padre delante de nosotros medio desnudo con una tira de cuero fuerte, amenazante y su suspensorio muy abultado me excitaba. El primer recuerdo del sexo de mi padre lo tengo de los siete años. Mi padre acostumbraba a bañarse de noche en la piscina de casa completamente desnudo. Era un Julio infernal. Oí el chapoteo del agua y salí de la cama y fui a ver. Me quedé en el borde observando a mi padre al otro extremo que se quejaba como si le doliera algo al tiempo que en torno a su cuerpo el agua se agitaba. Le llamé, se volvió y nadó hacia mí. Se puso de pie y me dijo que le acompañara desnudo como él. Me quité el pijama y él me tomó en brazos y me estrechó contra su pecho. Fui resbalando por su cuerpo hasta quedar apoyado entre las piernas en algo duro. Quise indagar con la mano a ver qué era ello y toqué su carne dura. De súbito la mía también tomó consistencia. Yo no sabía porqué pero me gustaba tocar aquella dureza elástica de mi padre y entonces me dijo: "Es mejor que me dejes de tocar eso. Eres aún pequeño. Si cuando seas mayor encarta, ya veremos. Y esto Pedrito, olvidalo. Ahora venga, a secarnos y a la cama". Siempre el 'cuando seas mayor encarta' me golpeaba y no sabía interpretarlo. Ahora, de pronto, todo se hizo meridiano. Acababa de encargar, con algo más de barriga mi padre, pero el mismo de la noche de la piscina.
Por suerte no Clint ni yo teníamos problemas digestivos y los dos, al desnudarnos delante de aquella gente lo que sacamos fue dos zurullos grandes que casi ni manchaban. El director trajo una especie de tatami para que nos tumbasemos.
- No me cabe duda que sabéis lo que es un sesentaynueve, pero en esta ocasión de culo. Empezad.
Clint miro a Pedro y se encogió de hombros.
- Tu sabes taste mierda. Tú chupa mi dick, pero yo first time this way.
- Pues sabe así como amargo, como el hígado que ponen a veces de comida, pero nada especial. Empieza despacito. Tú a veces me has comido el culo antes de follarme, tío. Pues lo mismo un poco más intenso.
Los padres dieron un primer azote para señalarles que debían empezar. Se tumbaron como el director había dicho y el primero en hundir la cara en el culo del otro fue Pedro. Clint se resistía y el padre de Martín empezó a azotar con fuerza lo que quitó las dudas a Clint. Tras una primera vacilación se aplicó a chupar culo con deseo. Cuando consideraron todos que estaba bien el director dijo alto.
- Estáis preparados. Cada uno ha puesto en suerte al otro.
Se encendió una luz en un ángulo de la estancia y se iluminó una especie de potro de gimnasio. Colocaron a cada uno por un lado con las piernas abiertas encadenadas a las patas del potro y los brazos lo mismo por el otro lado de manera que quedaban flexionados hacia delante con la barriga pegada al potro con sus cabezas enfrentadas.
- Cuando salgáis de aquí los dos podréis presumir de tener un culo por el que entra cualquier cosa. Quizá un puño. Os vamos a sodomizar todos, los cuatro.
De entre las sombras y ataviado con un arnés rojo salió Martín.
- Mi hijo, será el primero. Así se resarcirá del follón que habéis montado en torno a él con la mierda de revista.
Martín tomó el cuero de su padre.
- Me gusta follarme un culo bien caliente.
Y empezó a azotar sin piedad los culos de Clint y Pedro. El padre de Pedro acercó un escabel hasta el potro y se subió a él dejando su verga al alcance de la boca de su hijo.
- Metela en la boca y chupa, hijo, te aliviará el placer del castigo de los azotes.
- Así me gusta, pedazo de maricona chupase la a tu padre, que es más maricón que tú mientras te azoto.
Martín golpeaba con saña y Pedro chupaba con ansia la polla de su padre que ya sentía que se corría y agarró fuerte por los pelos a su hijo para evitar que rechazase cuando empezase la eyaculación. Pedro no tuvo otro remedio que tragar lo que pudo y toser y atragantarse.
- Mi hijo la chupa de miedo Jacinto. Ven y clavasela en la garganta, que tragué lefa y vaya aprendiendo a que va a tener que darnos juego. Y tú Martín, deja de zurrarlos ya y follatelos, que luego vamos nosotros.

Serían las cuatro de la madrugada cuando Don Jacinto dio por terminada la sesión.
- Espero que hayáis aprendido la lección. Habéis bebido meaos, comido mierda y tragado mucha lefa por arriba y por abajo. Tenéis el culo bien abierto. Disfrutarlo. Y dejarnoslo disfrutar a nosotros cuando nos apetezca. Sois dos buenas putitas. Ahora, coger vuestra ropa mojada de meaos y mierda y largaros. Despacito y sin hacer ruido a vuestro cuarto. Que mañana a las siete hay que levantarse.