lunes, 27 de noviembre de 2023

LA SORPRESA (I)


Había cumplido los dieciocho hacía dos meses. Fue una fiesta increíble. Mi novia Belén, que tan bien le cae a mi madre, mis amigos del colegio, desde la guardería, Jero, Sami y Fede, con los que me he corrido la juergas más salvajes y el conjunto para animarlo todo, J/T, formado por unos chavales del instituto, que ya tenían firmados bolos para esas navidades. Eran unos cracks. Lo de J/T se lo sugerí yo. Mi tío Victorio es un fan rendido de Jethro Tull con esos solos de flauta de Ian Anderson que flipan a cualquiera. Los J/T no eran baratos de contratar, pero siempre fui el ojito derecho de mi abuelo, que no andaba mal de pasta y no tuve más que pugir un poco a su lado para que me preguntaste: "¿Es muy caro, cabronazo?"
El abuelo me decía cabronazo desde que tengo recuerdos. Desde que me costaba mantener la vertical y a pesar de ello intentaba echar a correr con grave riesgo de caída. Entonces el abuelo venía por detrás metía su manaza entre mis piernecitas y me cogía como el que mete la mano en un saco de arroz para sacar un puñado, y me elevaba en medio de mis risas haciendome sentir el vértigo de la ligereza del cuerpo sin el sometimiento a la gravedad. Me decía: "Donde vas cabronazo, no ves que te vas a partir la crisma y tu madre me va a matar", luego me metía la cara con su bigote de agujas de recia barba en la barriga y soplaba con fuerza para hacerme cosquillas. Esa era, desde siempre, para mí, la imagen de la felicidad. Ya, entonces, me cogía en brazos y seguíamos así de paseo diciéndome: "pero vamos a ver, porqué eres tan cabronazo siendo tan chico" y me comía a besos.
La fiesta de la mayoría depararía aún alguna sorpresa. Se celebró como no podía ser de otra forma en la finca del abuelo, que fue antes de su abuelo y antes del abuelo de su abuelo. En un principio estaba en el campo, pero con el paso de los años, la ciudad engulló al campo y la finca, toda una manzana, quedó dentro, dos hectáreas de remanso dentro de la ciudad.
Fue la ocasión perfecta para que presentase a la familia a Belén.
Cuando le dije al abuelo "ésta es mi novia, Belén Domesque" vi en sus ojos un reflejo de entre sorpresa y satisfacción. 
- Belén, ¿tu no serás hija de Arturo Domesque? Eres clavada, sus ojos, su sonrisa...
- Si, bueno, es mi abuelo, mi padre era también Domesque pero José. ¿Le conoce?
- Claro. Hace un siglo que no nos vemos, pero éramos..., bueno, me atrevería a decir que somos muy amigos. Dile que me encantaría volver a rememorar travesuras del colegio. Está finca, sin ir más lejos era mucho más grande y él y yo poníamos trampas y cogíamos algún conejo y alguna que otra rata de campo. Nos subíamos a los árboles, nos caíamos. Pregúntale por su brazo roto, seguro que aún le duele en los cambios de tiempo. Fue culpa mía, haciendo el loco en lo alto de un chaparro le forcé, se agarró a una rama podrida y se cayó. ¡Que susto me llevé! y que hostia me dió mi abuelo para que aprendiese. Estuvo tres meses con el aeroplano puesto. Luego nos reímos mucho. Pero, venga, ya está bien de batallitas de viejo. Divertirse. Y tú cabronazo, ve a la puerta, abre y recoge el regalo de verdad de tu abuelo.

El abuelo Alejandro nunca me llamaba Alejandro, como ya he dicho, me llamaba cabronazo. Los varones primogénitos de esta familia, desde que se recuerda se llaman Alejandro, porque el primero fue un rendido admirador del hijo de Filipo II de Macedonia. Cada cumpleaños desde que recuerdo el abuelo me preguntaba lo mismo: "¿Sabes ya quién fue Bagoas?", yo le respondía que ya tendría tiempo de profundizar en la de edad de hierro.

Fui con Belén, Jero, Sami y Fede a la cancela de la finca.
- Tu abuelo es un cachondo - Sami le tenía mucha ley a mi abuelo - verás el bromazo.
Yo sabía que mi abuelo en un día tan señalado no iba a enbromar a su "cabronazo" y por eso con el corazón acelerado y ya visiblemente nervioso me fui acercando a la puerta. Dudé antes de abrir y Belén me animó.
- Venga Ale, no creo que nadie te quiera más que tu abuelo. Verás el regalazo.
- Tu sabes que es. Dímelo, porfa.  No es nada chungo, ¿verdad?
- No lo sé, Ale, de verdad, pero se cómo es tu abuelo por todo lo que nos cuentas y en el día de tu mayoría nunca te defraudaría.
Mis tres amigos al unísono me animaron y finalmente abri.
Me tuve que frotar los ojos. No podía ser. Negra, reluciente, arrebatadora, una Honda CBR 500R con un mecánico con el mono negro de honda y un casco SHOEI negro igualmente que me pareció un GT Air. Se me saltaron las lagrimas. Por nada en el mundo podía esperar algo así. Le pedí con urgencia las llaves al del mono.
- Lo siento, no las tengo yo. Mis instrucciones son que una vez abierta la puerta empuje la moto hasta la casa, donde tendrán las llaves. Hasta entonces la moto solo puedo tocarla yo.
- ¡Venga tío, no me rayes!
Mis amigos y Belén me animaron. 
- Cariño - Belén se erigió en portavoz de todos - deja que meta el mecánico la moto hasta la casa. Querrá tu abuelo presenciar el momento en que te hagas con ella.
Asentí de mala gana y el hombre que empujaba la moto franqueó la cancela. Había un trecho hasta la casa ligerísima mente empinado por lo que mis amigos ayudaron.
- ¿Te gusta el regalo? - mi abuelo estaba pletórico, pero yo que le conocía bien, vi en sus ojos un destello de trampa - creo que este era el modelo por el que bebías los vientos.
Y al decir esto hizo tintinear colgado de su mano un llavero con las llaves de la moto. Fui a cogerlas pero las apartó con presteza de mis manos.
- Ah, ah, ah. ¿Que podrías decirme de Bagoas? Las llaves dependen de tu respuesta.
- Abuelo, ¡Joder!
- Te lo vengo preguntando desde los diez años, los mismos que tenía este personaje cuando se quedó huérfano, bueno, le dejaron huérfano, y no has tenido curiosidad. Te has quedado sin moto.
- ¡Abuelo!
Se me cayó el mundo encima. Sentía ganas de llorar. Miraba el rostro adusto, como solo él sabía poner cuando quería demostrar fastidio y sabía que iba en serio. Si, claro, cada año me preguntaba lo mismo y yo lo echaba a título de inventario como una más de las excentricidades del abuelo. Que me podría interesar a mí ese personaje de nombre tan raro. Pero ahí estaba con la moto de mis sueños delante y sabiendo que nunca la iba a montar.
- Y si yo le digo algo de Bagoas - Belén se interrumpió - ¿eh, don Alejandro, serviría? Soy su novia.
- ¿Y tú, que sabes de ese, estudias clásicas?
- Mi abuelo Arturo, desde que tengo conciencia, tiene un libro en su mesilla y me intrigaba su título.
- Que título ¿Te acuerdas?
- "El muchacho persa" que se llamaba Bagoas.
- Vaya vaya. Hija, Belén. Tu abuelo y yo fuimos compañeros de habitación durante la carrera. Ese libro se lo regalé yo. ¿Aún lo conserva?
- No sé si será el mismo. Que está muy manoseado es innegable. Le preguntaré en cuanto le vea. 
- Y bien, actúa como vicaria de mi nieto y dime, ¿que sabes del muchacho persa?
- Algo me ha contado mi abuelo. Un chico de la nobleza persa que se queda huérfano, bueno, le matan al padre delante de él y luego le hacen esclavo, le enseñan a ser juguete de poderosos y sirviendo en la corte de Darío en una de las batallas con Alejandro acaba, después de muchos avatares al servicio del joven macedonio.
- Lo que hemos disfrutado tu abuelo y yo comentando ese libro de la Renault. Se permite alguna licencia pero se podría hablar de historia. Pero bueno, me estoy poniendo nostálgico. Tú, cabronazo, ya puedes besarle los pies a tu novia, tienes la moto gracias a ella.
- Pero ese libro - Alejandro estaba realmente intrigado y sorprendido - abuelo ¿es de la marca de coches?
- ¿A qué te quedas sin moto? salvaje. Es Mary Renault, y no es francesa era londinense que acabo sus días en Sudáfrica. Que poco has aprendido. Anda coge tu moto y mátate por ahí y ten cuidado a ver si vas a tener un accidente. Belén, dile a tu abuelo que me gustaría verle y charlar un rato. Con los buenos ratos que hemos pasado juntos. Eran otros tiempos..., en fin, tu diselo, a ver.

- ¿Alejandro?
- Arturo, ¿verdad? Nunca pude imaginar esto, había perdido toda esperanza...
- Cuando mi nieta me dijo quien era su novio me dió un vuelco el corazón, ¿te acuerdas?
- Nunca lo he olvidado. Es hoy, cierro los ojos y lo huelo.
- Éramos muy jóvenes.
- Fue casualidad. En realidad yo estaba asignado a la tercera planta, pero el que iba a ser tu roommate se cayó a última hora y me recolocaron. Me caíste mal, aún me acuerdo de tu cara al verme aparecer.
- Pensaba que iba a tener la habitación para mí solo. Te vi y quise estrangularte. Porque no te vienes un día aquí a la finca y comemos, charlamos y nos volvemos a emborrachar, ¿te acuerdas de aquella primera? Te traes a tu nieta y comemos los cuatro, luego ellos que se retiren a la habitación de mi nieto, a "charlar" y nosotros nos quedamos tranquilamente.
- Hablo con mi nieta y vemos que día le viene bien.

- Abuelo, este finde venimos con tu amigo Arturo para quedarse hasta el lunes. Aquí hay habitaciones suficientes, en lugar de una comida, Belén y yo hemos planeado el finde completo. Vosotros tendréis más tiempo para desempolvar la memoria y nosotros, pues a lo nuestro.
- A lo vuestro ¿verdad? ¡Sinvergüenza! ¿Tendréis condones?
- Abuelo, toma la píldora desde los dieciséis.
- No lo digo por eso. Además supongo que te la habrás beneficiado por la puerta de atras. Es por con quien folla cada uno por su cuenta. De ti, cabronazo, no pondría yo la mano en el fuego, pasas demasiado tiempo con tus amigos en tu cuarto...
- ¡Abuelo, por favor! ni yo ni mis amigos somos gays.
- ¿Y eso que tiene que ver con darse gusto el uno al otro? Bueno, venga, va. Nos lo pasaremos bien.

- Joder, tío, lo sabe - Alejandro estaba angustiado y nervioso sin parar de dar vueltas - no sé cómo lo sabe, pero lo sabe. He buscado micros, cámaras ocultas, respiraderos camuflados, y nada, pero lo sabe.
- Sabe, ¿qué? coño Ale, no seas paranoico, sabe el qué y quién es el que sabe eso tan grave - Fede tenía cogido por los hombros a Alejandro intentando que reaccionara.
- Mi abuelo, joder, mi abuelo. Me lo dijo tan seguro, como quitándole importancia, como si fuera algo natural..., lo sabe.
- El qué - Sami dijo sin dar importancia al asunto - que follas con Belén siempre que puedes, hostia, tú, Ale, es que gastáis más en píldoras que yo en priva.
- Que no, joder, que no, lo otro.
- ¡Ah, venga ya! - Jero empezó a reírse - que nos pajeamos juntos. Y eso ¿que pasa? Que tiene de especial que nos pajeamos unos a los otros. Hombre, es verdad que eso que haces de rechupetearte la mano cuando se te llena de la lefa del otro a mi personalmente me da un poco de grima. Ya, ya lo sé, yo me como la mía, conste, pero la de otro..., no se yo... 
- Cuando empezamos con la tontería a los trece - interrumpió Fede - eso, las pajitas, las risas, a ver quién la tenía más grande y así, recordáis pues yo cuando me tocó hacerle la paja a Ale en aquel juego de la botella de cerveza, que previamente nos habíamos bebido.
- ¿Una? - se sorprendió Sami - nos bebimos un pack de cuatro cada uno, teníamos una tajada monumental. Me extraña que no acabáramos mamandonos el rabo unos a otros y nos conformaramos con la gayola.
- Vale tío - dijo Jero - déjale terminar, a ver qué chorrada nos dice ahora.
- Una chorrada para ti Jero, pero a mí me planteó un problema.
- ¿Que problema? - preguntó Alejandro.
- Pues que te hice la paja y tú me la hiciste a mi, te corriste, me corrí y..., me gustó tanto correrte como correrme y esa noche me martilleaba la cabeza una obsesión: SOY MARICÓN y a la mañana siguiente hablé con mi hermano mayor le dije lo que había pasado y me preguntó: "¿Te has morreado con tu amigo?" le dije que qué asco y me contestó que se es maricón cuando te pone cachondo morrearte con un tío - Sami cohibió una carcajada y miró a Jero que empezó a reírse.
- ¿Que os pasa a vosotros dos con esas miraditas y esas risitas. No os habréis morreado? - Jero y Sami rompieron a reír compulsivamente sin poderse aguantar, Alejandro preguntaba con una media sonrisa de mosqueo - ¿tenéis algo más que amistad entre los dos? Daros un morreo con lengua, que os veamos.
- Vale ya Ale, déjalos, que se expliquen mejor. Sami,  Jero, después de lo de las pajas de nuestra pubertad ¿habéis llegado más lejos? Vamos a ver. Alejandro no creo que te moleste que lo diga, pero nosotros hemos seguido pajeandonos hasta ayer mismo.
- Pajearse, es quedarse algo corto Fede, si vas a decir algo no lo digas a medias. Algún sesentaynueve ha caído y confieso que por mi parte beso negro incluido, ¿es o no verdad, Fede? pero estábamos en el supuesto morreo de Sami y Jero. Contarnos.
- Venga, vale, ya está bien - se puso en pie Jero - tenemos ya unos, dieciocho como tú Alejandro y otros diecinueve y es hora de poner las cartas sobre la mesa. Sami y yo tenemos nuestras cosas desde los catorce. Como me hace las pajas Sami y como la chupa, ninguna tía lo ha conseguido. Además, aunque yo no, Sami siempre llega hasta el final con la boca y la verdad, aunque os suene a cochinada, cuando nos morreamos después de correrme, me gusta sentir el saborcito ese que se que es de mi leche.
- ¿Y te has follado a Sami también, - Fede estaba sorprendido - por el culo?
- Me lo estaba planteando - dijo muy serio Sami - me echa para atrás lo que pueda doler, aunque Jero tiene un lubricante que usan sus padres y dice que si me relajo solo voy a sentir placer. Pero no sé, aunque me atrae mucho sentir a Jero como me la mete. Lo que nunca hemos hecho ha sido el beso negro. ¿Que tal es?
- Que te lo diga Ale que es el que en cuanto puede me come el culo.
- Tu nunca te has atrevido, cabrón, con las ganas que yo tengo de tener algo tuyo por ahí cerca - le reprochó Alejandro.
- ¡Hostia, hostia, hostia! ¿Quieres que te folle el ojal? Habérmelo dicho, siempre me quedo con las ganas de preñarte.
- Con razón estabas tan preocupado tu Ale con que tu abuelo lo sabía todo. Estamos deseando follarnos los unos a los otros y más callados que en misa - Sami, siempre tan reflexivo intentó ordenar la conversación - ¡Vaya pandilla de maricones estamos hecha!
- Yo sigo creyendo que no soy maricón - acotó Fede - pero que tengo un empalme a cuenta de la conversación que si Ale me pone el culo, o tu Sami si quieres probar me lo follo sin dudarlo.
- Tío de verdad - Alejandro se cogió el pene a través del pantalón - yo también me he puesto guarro de verdad, tanto que le comería el culo al que me lo pusiera mientras Fede me folla.
- Hecho - Jero se bajó el pantalón y el boxer y se puso de culo frente a la cara de Ale separándose con las manos las dos cachas ofreciendo un ano peludo a su amigo - pero no me he lavado, te advierto y he cagado antes de venir aquí a la finca.
- Y así es como más cerdo me pongo - Ale se lanzó con fuerza al trasero de Jero empezando a suspirar por lo que estaba haciendo.
- Cabrón, tú tienes experiencia en esto, metes lengua y eso da gusto. Quién quiere hacerme un mamazo mientras esté come culo.
- Yo mismo - Sami se arrodilló frente a su amigo y se tragó toda la verga.
- Pues si no es ahora, no sé cuándo va a ser - Fede se quitó la ropa, se quedó desnudo y dio una patada suave en el culo a Sami - tu, levanta ese coño que te lo voy a follar.
- Con cuidado, por favor Fede, pon bien de saliva y despacito - levantó el culo un poco más, Fede escupió y apuntó con el capullo - no había conseguido meterla entera entre quejidos de dolor y deseo de Sami, cuando la estrechez le hizo gritar.
- ¡Me corro, joder, que gusto, que gusto, cabrones, que gusto!


domingo, 15 de octubre de 2023

EL CONFESIONARIO (IX)

 

Desnudo, de rodillas recostado sobre la pierna de su padre general de la orden y embargado de lujuria no sabía que iba a ser disciplinado físicamente por el fraile de ojos azules que le recibió y parecía nervioso. Olía desde esa posición humillante el aroma a sudor de macho del padre Amado y veía como tras el escapulario que colgaba por su regazo palpitaba lo que debía ser un soberbio miembro. El padre Amado acariciaba con firmeza el trasero de Pedro insinuando de vez en cuando el canto de la mano por el pliegue en el que se alojaba el ano.
- Tienes una piel muy fina, suave y caliente, y se nota que has mancillado repetidamente tu sucio orificio. El hermano Ramón tiene permiso para hacerte sentir el castigo por tu bien. Quizá te duela, pero más ha de dolerte el haber rechazado tan violentamente a un hermano. Por cierto, ¿como evitabas que saliese eso que te metías por el culo, sucio de mierda?
- A veces - Pedro hablaba con la cabeza humillada entre las piernas de Amado - me lo sacaba manchado...,
- Y qué hacías, sigue hablando - levantó la voz como nervioso - ¿lo chupabas, eh, lo chupabas, cerdo?
- Lo olía, padre, lo olía y..., - a Pedro le daba vergüenza decirlo.
- ¡Habla, perro! - y gritando esto fray Ramón propinó el primer latigazo.
- ¡Si, lo diré! - gritó mientras daba un respingo en respuesta al castigo - lo diré.
- Di lo que hacías Pedro - y con la mano que acariciaba su trasero tomó por la nuca al chico y la dirigió a su entrepierna hasta hacerla rozar con su dureza.
- La olía y me excitaba tanto que aunque viniese de correrme en la capilla sentía deseo de correrme más veces - fray Ramón volvió a administrar castigo con la disciplina. Pedro dió otro respingo de dolor pero sintió una punzada en su capullo de inexplicable placer - y el día que se me ocurrió pasar la punta de la lengua y sentí el sabor amargo tan excitante tuve el orgasmo más intenso.
- Dime novicio pecador, merecedor de todo castigo. Fray Ramón - se dirigió Amado al poseedor de la disciplina - no deje de castigar a este guarro del diablo. ¿Porqué te lo mereces, verdad? - dijo el padre Amado aumentando la presión sobre la cabeza de Pedro para hacer un contacto más estrecho con su miembro.
- ¡Si, Padre, me lo merezco! Soy un guarro sin perdón. Y tú fray Ramón no tengas piedad y azotame para que sienta el castigo merecido - y al decirlo sintió un inexplicable placer en saber que iba a ser castigado.
Y nada más decir esto abrió la boca y busco la tersura caliente del capullo de fray Amado. Se la metió en la boca y chupó como si fuera una golosina. La primera vez que hizo una felación fue a su abuelo y él le fue indicando la mejor manera, la que más placer diese al otro. Aplicó esos conocimientos a la mamada al padre general haciendo que llegase lo más hondo posible. Al tiempo sentía los latigazos en el culo que se había insenbilizado y a cada uno que recibía le vibraba su propio miembro, de forma que no hubo necesidad de tocarse. Empezó a correrse justo en el momento que lo hacía el padre Amado. Tragó como le dijo su abuelo, saboreando el semen sin dejar de acariciar con la punta de la lengua el frenillo.
- Deja de golpear ya fray Ramón. Este novicio perverso ha puesto el suelo perdido de su asqueroso semen y tiene que recogerlo..., con la lengua. Y tú prepárate para darle después un placer celestial. Le vas a sodomizar como tú sabes hacerlo.
Amado se levantó de la silla y salió de la estancia.
- Supongo que tendrás el ano bien dilatado, yo no la tengo pequeña - se agachó fray Ramón al lado de Pedro que había quedado rendido en posición de oración postrada con el trasero en pompa - pero dime, alguna vez hiciste algo más que pasar la punta de la lengua por el instrumento con el que te sodomizabas.
- ¿Algo más? - se incorporó hasta quedar sentado al lado de fray Ramón - me obsesionaba. Un día me atreví y me lo metí entero en la boca tal como lo saqué del culo. La intensidad del placer obtenido me llevaba a retos mayores. Hubo un momento en que vigilaba quién iba al retrete y le seguía. Luego una vez se iba miraba a ver si quedaba algo, lo cogía con las manos y mientras una iba a la boca la otra daba placer al miembro. Llegó un momento que si no era así no alcanzaba ningún placer. Soñaba con limpiar el culo a algún novicio usando la lengua en lugar de papel.
- Entonces no entiendo porqué te negaste a chuparle el rabo al novicio que te lo pidió.
- Aparte de que es un gordo seboso desagradable, en ese momento yo nunca se la había chupado a nadie. Si me lo hubiera propuesto fray Roberto, el vicemaestro de novicios, no habría dudado. Es tan delgado que parece estar enfermo. Unas cuantas pajas de celda han sido a su salud
- Pues para no habérsela chupado a nadie al padre general le has dejado muy satisfecho.
- Bueno, es que ahora sí he tenido experiencia.
- Pero si llegaste del noviciado hace tres días.
- He tenido un curso acelerado. Se la he chupado a mi padre, a su novio y a mi abuelo, que es el que realmente me ha dado las claves de una buena mamada.
- ¿Quieres que me crea que has hecho incesto con tu padre y abuelo?
- Y con mi madre. Aunque es ella la que me la chupa a mi.
- Realmente eres un degenerado y un mentiroso ¿Quieres que te sodomice, de verdad?
- Si antes me ayudas a limpiar mi leche con la lengua y me dejas que pruebe contigo lo que es comerme el culo de un hombre.
- Eso, esta noche en la celda. Cagaré delante de ti mientras me la chupas y me limpiarás con la lengua el culo y ya veremos qué sucede. Me va a gustar follarte. Cuando te he visto en la cancela no se que me ha entrado. Si no es por la presilla se me sale el rabo.
- ¿Tu se la has chupado al padre Amado?
- Como todos aquí, y mira - se dió la vuelta y le enseñó el trasero a Pedro - le pone de mal humor que no sepan hacérselo y castiga con la disciplina, por eso tengo las cicatrices. Me ha extrañado que no protestase, por eso te he preguntado.
Pedro había empezado a recoger su semen con la lengua.
- Venga Ramón, ayúdame, he echado mucho y luego se hace agua.
- ¿Ya lo habías hecho antes?
- Siempre que me corro en la celda, me gusta hacerlo y me excita para seguir pajeándome. Raramente me conformo con una sola. Lo de ahora ha sido especial entre la mamada de Amado y tus azotes he disfrutado casi tanto como con la mierda.
- Eres un cerdo ¿Lo sabías?
- Si. Y eso me pone cachondisimo.
- Fray Ramón - el padre Amado acababa de regresar - ¿aún no ha sodomizado en castigo a este novicio?
- Ahora mismo. Estaba dando lugar a que recogiese lo que había ensuciado. ¡Venga, tú, cerdo, prepárate para recibir tu castigo!
Pedro se puso a cuatro patas, se dió un poco de saliva y fray Ramón no sé anduvo con florituras, apuntó y de un golpe de caderas enterró el miembro en el cuerpo de Pedro que emitió un gemido que podía ser de dolor o placer, pero a medida que el fraile bombeaba bajo la atenta mirada de fray Amado su pene iba adquiriendo firmeza y dureza. Al poco Pedro dirigió una mirada suplicante al general.
- Padre, me voy a correr si usted da su permiso y fray Ramón sigue empujando con tanto saber.
- Y yo, padre Amado, me voy a venir, por favor. Lo hago dentro, o fuera.
- No doy permiso para más porquerías. Ya está bien. Vestirse los dos y a capitulo.
- ¿A..., a capitulo? padre, ¿a..., capitulo? Padre, yo le juro - fray Ramón estaba arrasado con la voz vacilante y temerosa.
- Usted, no jure. ¿Otro pecado? Se ha entregado a la lujuria, se a atrevido a gozar por encimia de todo - hizo una pausa para dar dramatismo - a capitulo los dos, en la cripta.
Fray Ramón se arrodilló llorando sin consuelo con la frente en el piso y las manos ocultando su cabeza rogando piedad.
- Tú, niño libidinoso - se dirigió a Pedro con desprecio - ayuda a tu novio a comportarse como un hombre. Poneos el hábito de una santa vez y a la cripta.
- ¿Mi novio, padre? yo, yo...
El padre Amado se dio la vuelta y seguido por dos acólitos que le acompañaban siempre callados pero con ojos como carbones encendidos y labios brillantes de saliva desbordante salió de la habitación.
- ¿Porqué ha dicho eso de novios? Yo no soy novio de nadie. ¿Y porque te has puesto así por lo del capítulo y te has desecho cuando a mencionado la palabra cripta.
- Tu no sabes nada. La cripta para capítulo secreto - Ramón tenía la cara desencajada y la vista perdida en el vacío. La cara demacrada como el que lleva días sin comer - ese olor a humedad lóbrega, a establo sucio y ambiente irrespirable...
- Pero qué. ¿Va a ser una ejecución o algo para que te pongas así? 
- Parecido. He participado en un capítulo en cripta. Somos treinta y seis hermanos en esta casa. Los treinta y seis participamos en..., no sé cómo llamarlo. Para todos tú y yo ya somos peor que la peor mierda y nos lo van a hacer saber.
- ¿A base de insultos y castigos o así?
- Literalmente a base de mierda. Los treinta y seis bajo la atenta mirada de Amado nos van a cagar encima. En el centro de la cripta hay una especie de sumidero del tamaño de un hombre acuclillado cerrado por una reja con un orificio. A nosotros nos inmovilizarán, ya verás de que forma más cruel en ese agujero. Somos dos y estaremos más estrechos, no nos podremos librar de nada.
- Pero cagar, cagar. De caernos encima la mierda.
- Efectivamente. Ataran el escroto a una argolla en el fondo del sumidero, que no podamos levantarnos, las manos atadas a la espalda y un gancho de nariz tenso con el otro extremo al ano con un gancho de bola para obligarnos a recibir la mierda de los treinta y seis en la cara.
- Al menos no nos mearan.
- Antes de cagarnos nos mearan, uno por uno.
Pedro se imaginó la escena y sintió una vaharada de placer. Empezó a empalmar ante la atónita mirada de fray Ramón que no quería dar crédito a sus ojos.
- ¿Te excita todo lo que estoy contando? Eres un degenerado y te costará el macho cabrio. Si después de tanta agonía de mierda y castigo ven que encuentras algún tipo de placer, te considerarán una criatura diabólica infernal y te harán copular con el diablo. Un macho cabrío especialmente enseñado desde chico te follará el culo una y otra vez hasta que se canse.
- No me digas eso que me corro de gusto.
- ¡Eres el diablo! - Ramón se separó instintivamente apartando la vista de Pedro y volviendo la cara - eres el diablo - gritaba una y otra vez.
- ¿Que sucede aquí? - a las voces de fray Ramón acudió un fraile mayor, canoso - ¿Quién llama al diablo?
- No, no - Ramón, aterrorizado señalaba a Pedro - él es el díablo, es el diablo. Mirale el sexo, es un súcubo lujurioso. Le he dicho que le iban a dar al macho cabrío y me ha dicho que es lo que desea. ¡Es el díablo, hoguera con él, hoguera!

- Hijo, hijo, despierta ya, despierta, es una pesadilla, solo eso - la abuela Maite zarandeaba a Pedro para despertarlo - y tienes que ir a confesar. Mañana vas al noviciado. Despierta hijo.
- Abuela, abuela, que pasa - Pedro se sentó en la cama restregándose los ojos - que horror que pesadilla más mala.
- Hala, arriba y date una buena ducha de agua fría. Por lo grande que la tienes si, la pesadilla tiene que haber sido horrible.
- Perdón abuela, no se -Pedro comprendió que aún conservaba la dureza que adquirió durante el sueño y se tapó con las sábanas enrojeciendo de vergüenza.

jueves, 12 de octubre de 2023

EL CONFESIONARIO (VIII)

 

Tiró de la cuerda que sobresalía de la reja, con fuerza y escuchó a lo lejos el tintineo de la campana. Le pareció, al poco, percibir como se abría una puerta y después aparecer por la cancela un religioso con su hábito gris claro y el escapulario con capucha de color gris oscuro. Era su mismo hábito, solo que el suyo tenía escapulario blanco, que le señalaba como aspirante a procesar votos.
- ¿El novicio Pedro? - en el tono tembloroso  de la pregunta, Pedro adivinada ansiedad contenida.
- Si - escudriñó los ojos azules del fraile intentando averiguar las razones del nerviosismo. El religioso profeso desvío la mirada - me había citado el padre general.
- Te está esperando en sus habitaciones.
- Hermano - dijo Pedro con dulzura - el viento ha levantado el escapulario y me ha parecido ver que la túnica tenía una rotura.
El fraile se detuvo sin volverse y sin abrir la boca se retiró el escapulario con una mano y con la otra se apartó un poco la túnica por detrás dejando ver la piel blanca de las piernas.
- Eres observador. Está túnica de profeso es así. Abierta para más comodidad a la hora de nuestras necesidades fisiológicas. Las de novicio no la tienen, por eso te habrá llamado la atención - se volvió entonces y Pedro le vio dibujarse una débil sonrisa en su cara - ahora te darán una como ésta, bueno, no exactamente igual, para presentarte al general, padre Amado.
- Pero, ¿la lleváis sin pantalón? me ha parecido ver.
- Hace calor, el hábito es de estameña y abriga bien en invierno, pero en verano..., en mi caso, yo nunca uso ropa interior. Otros, se que tampoco y así es más llevadero. Te recomiendo que cuando te la den te vistas con ella sin nada debajo, te derretirás sino - y ésta vez fue Pedro el que apartó la vista y se ruborizó - no te azores por ir desnudo bajo la túnica, seguramente el padre Amado irá también así. Y ahora, no perdamos más tiempo. Te esperan.
Pedro sintió que su miembro empezaba a crecer y esperaba que se aflojase o que la túnica le disimulase.
- Eres muy joven - continuó hablando el fraile sin dejar de caminar - y la calentura te abandonará en contadas ocasiones. No sufras, la túnica es amplia y sin cordón ni correa y disimula perfectamente cualquier anomalía del cuerpo. Pero tienes que tener cuidado, la abertura que has visto por detrás la hay por delante que se sujeta con una trabilla. Comprueba la presilla con frecuencia pues se podría abrir la túnica por descuido y quedarías muy expuesto, y eso es una falta muy grave en nuestra comunidad.
- Gracias, fray..., no me has dicho tu nombre.
- Ramón, fray Ramón. Espero que seamos buenos compañeros - le dijo mientras subían los tres escalones que daban acceso al zaguán de la casa. De allí se pasaba a un patio ajardinado - ¿Ves aquella puerta de la esquina de enfrente?
- Si
- Ve allí, llama y te darán la túnica para ir a ver al padre Amado. Que tengas suerte.

- Pasa - una voz recia pero queda le indicó que podía entrar.
Era una sala cuadrada de techo altos y ventanucos en lo más alto, con muebles como de sacristía. El fraile que le hizo entrar abrió un cajón enorme y sacó una túnica gris claro, como la de fray Ramón, a la que empezó a desabrochar unos botones, algo que a Pedro le sorprendió.
- Desnúdate ahí. Deja la ropa sobre la silla y extiende los brazos de frente para que pueda colocarte el hábito. Yo te lo abotonaré. Si quieres te lo quitas todo, que hace calor.
- Pero..., ¿aquí. No hay una cabina o algún sitio...
- Nada que ocultar novicio Pedro. Y yo no me voy a escandalizar de ver un cuerpo de varón desnudo. Otro más.
Pedro recordó lo que fray Ramón le dijo de no azorarse y mirando a la pared empezó a desvestirse. Cuando le quedaban los calzoncillos dudó un momento y el fraile se le acercó y le dijo en un susurro.
- Quitatelo. Yo tampoco llevo, ni casi nadie aquí. Con este calor. Además tienes un físico bonito, no tienes de qué avergonzarte.
Comenzó con mucha parsimonia a bajarse el calzoncillo y sintió a la vez que la verga se le disparaba en una erección explosiva. Tenía ahora que volverse con su miembro rígido hacia el fraile que le ofrecía la túnica.
Se volvió lentamente con la vista humillada hacía el fraile con los brazos extendidos.
- Con esa dotación - dijo el fraile mientras le colocaba la túnica - vas a hacer muy feliz a mucha gente. No te apures.
Pedro empezó a temblar. Ese comentario no parecía muy adecuado para el sitio en el que estaba pero por otra parte sintió un deseo lujurioso que tampoco casaba con la razón por la que estaba allí.
Se puso el fraile detrás de Pedro y le abotonó la túnica. Después tomó las faldas y las hizo volar haciendo que la abertura dejase a la vista el trasero de Pedro, dejándole caer otra vez.
- Te sienta muy bien muchacho, con el culo tan respingón. Al padre Amado le va a gustar charlar contigo. Confía en él es un padre, severo, si, pero de alguna manera complaciente y tolerante y comprensivo con las debilidades humanas, de las que él participa, como no podía ser de otra manera; es humano, como nosotros. 
Entra - le señaló - por esa puerta lateral sin llamar. Ahí estará el padre Amado. Si no ha llegado te arrodillas y reza lo que quieras mientras esperas - Pedro iba entrar ya a la otra sala ya cuando el fraile le tomó por el brazo - no te he visto sujetarte la presilla de la abertura anterior. Déjame que yo te la anude, al principio si no se ha hecho nunca, cuesta, hace falta cierta maña.
El fraile se agachó delante de Pedro y buscó a la altura que debía estar la sujeción - hueles bien, chico ¿te perfumas tu carné de pecado? y sin dejarle contestar metiendo la mano por la abertura y Pedro nunca supo si adrede o por azar, le rozó la verga que seguía dura. Pedro emitió un gemido corto y ahogado. El fraile abrochó la túnica y se puso en pie.
- No te apures chico. Aquí todos sabemos porqué has venido a ver al padre Amado. Tienes la edad de ser fogoso y el padre te tendrá que escrutar por si ésta vida no fuese la más adecuada a tu personalidad. De todas formas no me extraña que el otro novicio quisiera conocer más de cerca todos tus atributos. Anda, entra ya - concluyó colocándole la mano en el confín de su espalda adoptando un tono condescendiente y apretando con la mano, en la opinión de Pedro, más de lo que hubiera sido lógico. Eso le hizo desear que le hubiese metido la mano por la abertura del hábito.
La habitación a la que entró tenía un crucifijo y varios cuadros de santos. Por mobiliario, únicamente una silla de respaldo alto y tapizada en Alcántara oscuro. La luz entraba muy tamizada por unos ventanales a bastante altura y el ambiente era de penumbra.
Pedro se olvidó que tendría que arrodillarse martilleandole en la cabeza únicamente aquello de que el padre general iba a confesarle. Y si así era, ¿tendría que contar lo de sus padres, lo de Ayante y Rogelio, lo de don Felipe y Raúl o solamente lo relacionado con el asunto que le llevaba allí? 
El tremendo empalme no le abandonaba y un sudor se le iba y otro se le venía y estaba completamente abstraído en sus contradicciones cuando escuchó una voz dulce a su lado.
- Suponía que habrías hecho caso y estarías de rodillas y rezando. Pero bueno, lo vamos a atribuir a los nervios - se sentó en la silla y le dijo a Pedro que se arrodillarse a su lado - aquí, mi lado, arrodíllate y apoya tus brazos en la pierna, yo soy el sostén de tu vocación. Me lo tienes que contar todo. Por muy escabroso que te parezca.
Vamos a ver. Otro novicio te ha acusado de actos lujuriosos e impuros durante la oración en la capilla. Cuentamelo todo, como tú honestamente sepas que sucedió.
- Padre - Pedro empezó a hiperventilar y las lagrimas se le saltaron - es difícil contar esto.
- Aún no es una confesión sacramental. Habla sin tapujos y con tus palabras.
- Soy muy perro y me gusta masturbarme. Que ya se que no..., pero como al pajearme me di cuenta que apretaba el culo supuse que introduciendome algo..., sodomía ha existido de siempre y me estimuló aquel pensamiento. Un día en la cocina vi un instrumento de mármol del que se usa para majar los condimentos. Tenía un tamaño parecido al que yo tengo y me arriesgué. Lo tomé prestado, lo probaría a ver y luego lo lavaría muy bien y lo dejaría en la cocina otra vez
- Tienes tú entonces un buen tamaño también - y al decir esto inicio una leve risa al tiempo que le ponía al chico su mano en la nuca - bien, sigue.
- Me di cuenta que las pajas eran más placenteras con eso en el culo y me aficioné a la vez que tardaba más el orgasmo si me rozaba el capullo muy suavemente y se prolongaba el placer. Ya no pude devolver el cacharro, era demasiado gozo en mi cuerpo al que no iba a renunciar. Como la oración se me hacía tan pesada, lo empecé a usar en la capilla. Me lo ponía en la celda antes de ir a capilla y con cada paso me daba más placer. Me daba mucho gusto. En el banco de la iglesia hacia movimientos y el placer iba en aumento y a través del hábito me acariciaba el capullo y me debí dejar llevar. Este chico debió darse cuenta y entró en mi celda diciendome que o le hacía una mamada o lo chivaba todo. Le pegué un empujón echándole del cuarto y fue cuando lo denunció.
- Bueno hijo - el padre Amado acompañaba esas palabras suaves y tiernas de perdón y condescendencia con palmaditas en la nuca hasta que a Pedro le pareció que el padre le hurgaba en la espalda hasta que identificó los manejos: le estaba desabrochando la túnica - no debes disgustarte, la carne es débil - y al decirlo abrió un poco las piernas dejando que la abertura anterior del hábito cayese a cada lado dejando las piernas al aire y su entrepierna solo cubierta por el escapulario y mientras el último botón que manejaba el general quedaba quitado y la túnica de Pedro caía a cada lado dejándole toda la espalda y el trasero expuesto - no te apures hermanito, desnudos nacemos y desnudos estamos siempre a los ojos de Dios. Estar desnudo es una bendición. Levanta los brazos de la pierna y deja que caiga el velo que oculta tu pecado. Sigue de rodillas como pecador que eres.
Entra hermano Ramón, entra. Nuestro pecador ha confesado y merece el justo castigo - y diciendo esto acariciaba con un dedo el ano de Pedro que no podía evitar gemir de placer.
- Novicio Pedro - le dijo fray Ramón que le abrió la puerta - vengo a disciplinar tu pecado por orden de nuestro superior, espero que aprendas la lección - y diciéndolo sacó de entre los ropajes una disciplina de siete colas de esparto.

sábado, 7 de octubre de 2023

EL CONFESIONARIO (VII)

 
- Que tarde, ¿no? Has pasado mucho tiempo con el abuelo. ¡Que bien!
Pedro se quedó con la mirada perdida, absorto en que nunca habría ni imaginado que comerle el culo a un viejo, su abuelo para máyor abundamiento, podía proporcionar un placer tan exquisito mientras Rogelio sacaba fotos. El abuelo sollozaba de placer y eso le proporcionaba y gozo añadido. A cada momento creía que iba a correrse, pero fue Rogelio en un momento dado que puso la guinda al pastel colocándole sin más preámbulo unas pinzas fuertes en los pezones. El dolor parecía irresistible. Quiso arrancarselas y en ese momento recordó que Rogelio le había puesto grilletes de policía con las manos a la espalda. En ese momento le pareció excitante y más cuando sintió que la empujaba la cabeza al culo del abuelo. Levantó la cabeza en reacción al dolor, pero Rogelio volvió a hocicarle mientras decia "come perra" y ese insulto fue como si fuese parte del mordisco de las pinzas; le invadió una vaharada de deseo y lujuria. Parecía como si se hubiese establecido una conexión entre el dolor de los pezones y el capullo. El dolor se transformó en placer de tal manera que empezó a eyacular en medio de espasmos de placer...
- Pedro, hijo, que estás ausente - le chasqueó los dedos delante de la cara - ¿en que estabas pensando?
- Nada, nada. Pensando en a ver cuándo me llaman de la casa general.
- Ah, si, por cierto. Ha llamado un tal padre Miguel, que te espera mañana en la curia a la una de la tarde. ¿Era eso lo que esperabas?
- Si, si - y al alargar la mano para coger pan se rozó un pezón, dolorido tras tanto castigo, y la erección fue tremenda - ya estaba deseando que me mandase llamar.
- ¿Que te pasa, hijo, te duele algo?
- No, no, nada - mintió recordando la sorpresa por el castigo y el dolor y placer aparejado - tengo ya ganas de ir a hablar con el padre general y volver al convento. Me voy a ir a la cama, mamá, estoy cansado.
- Vale hijo. Que descanses.
Según enfilaba el pasillo ir a su dormitorio y una erección casi dolorosa le hacía gemir sintió que los pezones le requerían. Se llevó las manos y pellizcó con saña. Deseó tener el pene de Ayante otra vez en el culo. Entró en su cuarto se desnudó y mirándose al espejo del ropero y devastando se los pezones empezó a eyacular en medio de mareos de placer. El semen impactó en el espejo y disfrutó viendo cómo los goterones se despegaban cristal abajo. Con el calzoncillo limpió como buenamente pudo el espejo y se acostó quedando dormido al instante. 
No pudo oír como su madre, como era costumbre, abría con cuidado la puerta y velaba su sueño. Vio a su Apolo adolescente desnudo sobre la cama con su miembro detumescente pero de buen tamaño reposando sobre su bajo vientre terso. Entró en la habitación engañándose a si misma con que debería arroparle, aunque su vista estaba abrochada a la verga de su hijo. Era una droga. Había degustado el sabor pecaminoso del hijo, una vez más y no podía ahora que lo tenía tan cerca desperdiciar la oportunidad. Con cuidado recogió el trozo de carne fláccido y entero en su manos y acercó su cara para olerlo. Le olía a semen fresco y eso le nubló el entendimiento. Primero fue un lametón luego otro y finalmente abrió su celda para aprisionar su deseo. En ese momento Pedro despertó y tras un instante de composición de lugar fue consciente de lo que sucedía y la erección instantánea atragantó a su madre que se tuvo que retirar. Pedro completamente duro no movió ni un músculo más y su madre que aterrorizada había iniciado la huida con el corazón desbocado se detuvo viendo que Pedro seguía dormido pero ahora con la verga grande, brillante y dura. El deseo le dio valentía y volvió a la carga. Se arrodilló ante la cama y empezó la ceremonia incestuosa más lujuriosa, felando la madre al hijo. No tardó mucho Pedro en correrse, en la boca de su madre, pero quiso darle una ocasión de cavilar. Cuando estaba eyaculando dijo en voz alta, como si estuviese teniendo un sueño: "así, así papá, trágatelo todo, papá" 
Paloma con la boca llena del semen de Pedro no pudo reprimir el inicio de la náusea y esparció sobre el vientre de su hijo una aspersión del contenido de la boca. Pedro continuaba con su paripé de supuesto sueño sintiendo como los goterones le resbalaban por los flancos. Paloma le limpió como pudo y salió del cuarto.
Pedro abrió los ojos y dibujó una amplia sonrisa calibrando el efecto de lo que dijo al correrse. Se dió media vuelta en la cama y se durmió, esta vez de verdad, profundamente.

- Que tal, hijo - en la pregunta de Paloma había un temor a punto de sobrevivir.
La mesa puesta para el desayuno, Pedro aproximó la silla para sentarse.
- Bien, mamá. ¿Y tú, que tal la noche?
- Bien. Te escuché hablar en sueños. ¿Has tenido pesadillas?
- Parece que si ...
- ¿De qué, terroríficas, divertidas?
- Vergonzosas, mamá, vergonzosas.
- ¿Se puede saber que era eso que tanta vergüenza te produce?
- Mamá. Algo que de ser real te avergonzaría a ti también.
- ¿El que? Vamos, soy tu madre, cuentamelo.
- Da mucho corte, mamá.
- Venga, te aliviará contarlo. Ya verás como cuando te lo escuches de tu propia boca no será para tanto.
- Ah, ¿No es para tanto que tu padre te chupe el rabo hasta correrte, y que te encante?
- ¿Tu padre? Era tu padre, seguro, no alguien que se le parecía.
- Juraría que era mi padre - Pedro se tuvo que acomodar su sexo que había crecido desmesuradamente dentro de su ropa interior.
Eso es porque estuviste en su casa y como tiene novio nuevo te ha impresionado.
- Seguro que es eso, mami - y le fijó la mirada de forma tan inquisitiva que Paloma la tuvo que apartar - por cierto, ayer entraste en el dormitorio cuando estaba dormido, creo, para arroparme - le sonrió cínicamente sin apartar la mirada un instante - muchas gracias, mami. Pero a ver si un día de estos me pillas en situación comprometida y fíjate tú que apuro. Para los dos.
- ¿A qué te refieres, Pedro? - Paloma puso cara de mármol esculpido, duro y arisco.
- Mamá - Pedro jugueteaba con la cucharilla en su tazón de leche - tengo casi diecisiete, una edad a la que uno se pone duro hasta con las sopas de ajo, y no quisiera que me vieses así.
- Descuida, cariño. De ahora en adelante, cuando estés en casa solo entraré en la habitación para hacer la cama, recoger trastos y limpiar y si estás acostado, únicamente si me llamas. Por cierto, ¿era a la una tu cita con el cura ese que llamó?
- Si. A la una.
- Comerás allí, supongo.
- No, no creo. De todas formas si me tengo que quedar, te aviso. Antes de ir, voy a hablar con don Felipe por si tiene algún consejo que darme.
- Perfecto. Me parece muy bien. Ese sacerdote es un santo. Hazle caso.
Un santo de lujuria, pensó el chico recordando lubricidades de hacía pocas horas. Quería ir a verle para contarle la mamada de su madre y preguntar porqué no paraba de formarse le en la imaginación la figura de su madre a cuatro patas y el sodomizandola con saña mientras ella le pedía más. Y lo más preocupante es que esa imagen le proporcionaba un inmenso placer más por saber que se lo hacia a su madre que el acto en si.
Llegó a San Dionisio a media mañana. Se dirigió a la sacristía buscando al cura, pero estaba un chico joven recostado sobre el aparador de las albas.
Hola. Buenos días. Estaba buscando a Don Felipe.
- Hola - le tendió la mano muy cordial - yo soy Raúl el que lleva el grupo adolescente de catequesis.
- Yo, Pedro. Venía en el tren y coincidí con don Felipe y trabamos algo de amistad.
- Mmm, ya, ya - automáticamente cambió tanto su hábito postural como el gesto de su rostro e inició el acercamiento físico a Pedro - Felipe me ha hablado - y al tiempo levantó su mano y con destreza le pellizcó un pezón.
Pedro sintió una punzada dolorosa que le hizo empalmar instantáneamente, entornó los ojos de placer y entrega y deseó en lo más profundo que le pinzase el otro pezón.
Raúl, como si le hubiese leído el pensamiento alargó la otra mano e hizo presa aún con más violencia, retorciendo a través de la ropa. En el momento que Pedro emitía un quejido de dolor y lujuria entró en la sacristía don Felipe.
- ¡Vaya! Veo que ya se conocen. Acompáñenme los dos a la casa parroquial. Les tengo que instruir en determinadas habilidades.
Raúl en ese momento ya evaluaba a través del pantalón de Pedro el tamaño de su dotación.
- Dejen esos manejos para cuando lleguemos a nuestro destino - y acompañó la frase con una cariñosa palmada en el culo de Raúl.
- Don Felipe, en realidad, yo no tengo mucho tiempo. Me ha citado el padre general en la casa madre para la una de la tarde y si nos liamos...
- ¿Que te parece, Raúl?
- Que vaya a sus obligaciones y ya nos veremos en otro momento. Estoy seguro que va a ser una pieza fundamental de nuestra cuadra. No muchos chavales de su edad hubiera entregado sus pezones de una forma tan cruel como el castigo al que le he sometido, y se ha puesto duro como el acero. Lo disfrutaremos, Felipe. Y él disfrutará.
- En otro momento, pequeño - y don Felipe tomó la cara de Pedro por las mandíbulas, inmovilizandolo y acercó sus labios a los suyos permitiendo que las salivas se mezclasen. Pedro sintió un escalofrío y abrió la boca permitiendo que el cura introdujese la lengua en su boca. 
Raúl tomó el relevo, tomó la cabeza de Pedro entre sus manos y le morreo sin rodeos mientras restregaba su pelvis con la suya.
- Bueno, yo me voy, que voy a llegar tarde.
Y salió secándose los labios con la manga de la camisa, acomodandose el paquete, con la cabeza baja camino de su entrevista con el general.


domingo, 24 de septiembre de 2023

EL CONFESIONARIO (VI)

 
- ¡Con tu padre, con tu abuelo y para rematar con tu madre! Vaya familia Pedro. Tienes que estar abrumado. Lo de tu madre, tiene un pase, porque me voy a creer que no eras consciente que la confesión es una cosa muy seria y no creo que te atrevieras a mentir. Pero tu padre y tu abuelo y en presencia de extraños, sumas al incesto el exhibicionismo. Mucha penitencia vas a tener que hacer. Pero recapitulemos - el cura Felipe dentro del confesionario no podía contener su tremenda erección y la saliva le desbordaba las comisuras. Se desabrochó la sotana y dejó salir su capullo - con tu padre y ese amigo suyo, ¿cuántas veces y que es lo que hicieron. Hubo derramamiento en vaso impropio?
- Eso del vaso, Don Felipe, no lo entiendo. No se derramó nada mientras lo hacíamos.
- Entiende Pedro, que en moral no se debe, ni se pueden emplear palabras soeces muchas de las cuales además son pecaminosas. Pero para que lo entiendas la vagina es un vaso, un recipiente propio el que es adecuado para recoger la semilla. Ya te puedes imaginar cuales son los recipientes impropios.
- Ah, ya. El culo o la boca, eso - vaciló un poco al seguir y asimismo sintió una tirantez gustosa en su entrepierna al sentir como su abuelo primero y su asistente después utilizaban su vaso impropio para correrse - si, en el culo y la boca, si, eso fue así.
- Y entonces - al cura le temblaba la voz, sabía que en ese momento no había nadie más que él y Pedro en el templo y su pene pugnaba por salirse completo de la sotana - disfrutaste con la penetración anal y la felación. ¿No te dolió la violación del ano, que te sodomizasen, tu abuelo, tu padre... - y no pudo continuar hablando, se sacó su verga dura como un bastón de olivo y empezó a masturbarse - te gustó?
- Yo ya estaba preparado. En el convento, durante las largas sesiones de meditación me aburría mucho y me metía una especie de dildo que me agencié y estaba bien dilatado.
- Entonces el miembro de tu abuelo y su asistente, ¿Como eran de gruesos? - Felipe estaba a punto de reventar.
- No sabría decirle, han sido los primeros que he visto - y en ese momento Pedro escuchó como el cura se levantaba de su sitial e inmediatamente se descorría la cortina de donde él se encontraba y aparecía el buen cura con la sotana abierta y su miembro tieso.
- ¿Como ésta o más gorda? Estoy a punto de estallar, con la boca chico, hazmelo con la boca. Venga chaval - y con sus manos dirigía la cabeza de Pedro a su regazo - Pedro vio una verga muy blanca con un capullo escarlata y brillante y no pudo reprimirse. Si a su padre le gustó tanto como se lo hizo una a lucirse con el cura, le haría una mamada de medalla. En menos de cinco segundos el cura estalló en su boca. Mucho más abundante que su padre. El cura le mantenía la cabeza apretada contra su verga que eyaculando y llegando tan dentro le provocaba náuseas. Sin poder reprimirse empezó a vomitar. Le salía por la nariz y desbordaba la boca por las comisuras. Pedro asfixiándose con su propio vómito empujó con todas sus fuerzas a Don Felipe y a renglón seguido un caño de vómito le impactó en la sotana.
- ¡Joder, niñato! mira lo que has hecho.
Pedro pugnaba por achicar vómito de sus vías respiratorias tosiendo de forma convulsa y acopiar todo el aire posible para poder respirar. Tras unos segundos de angustia por fin pudo tomar aire profundamente e ir espaciando las toses completamente agotado.
- ¿Te ha gustado la mamada, cabronazo? Por poco no me matas. Ya te estabas corriendo, joder, ¿que más querías?
- Que te lo tragases todo, pero si, perdona, he sido muy máster inasequible y quería verte como esclavo entregado. Vamos, sube a mi casa, tu también te has puesto perdido de vómito. Te lavas y adecentas. Así no puedes ir a tu casa.
- Tengo que ir a comer a casa de mi abuelo, se lo prometí.
- A follar otra vez ¿no? O con ese, como era, Rogelio. ¿Buen rabo? Bueno otra vez no. Tu no te has corrido. Masturbate delante de mi, ahí dentro del confesionario, donde me siento yo, que yo te vea gozar.
Pedro se excitó solo de pensar hacerlo y su pene pasó en un instante de grande fláccido a enorme diamante de duro.
- ¿Te ha gustado la idea, eh niño? Vamos, desnúdate y siéntate ahí dentro y déjamelo todo manchado de ti - la verga del cura volvió a tomar dureza - y mientras te corres yo te meo encima. Te va a gustar.
Pedro se levantó de un respingo.
- Te meas tu si quieres, a mi no me meas tu encima, guarro, cerdo.
- Ahora te parece una guarrada, niño, pero cuando estés a punto de lefar y sientas el chorro salado y caliente en tu cara abrirás la boca y lo querrás todo. Nunca habrás sentido un placer tan intenso. Pruébalo, maricón y hazme caso. Te va a enganchar - le dió un empujoncito a Pedro que se sentó en el sitial del cura - desnúdate ahora, que yo te vea cómo lo haces.
- Pero, ¿me vas a mear de verdad? - la voz le temblaba de excitación esperando con asco y deseo que sucediese lo que el cura le anunciaba.
- En cuanto te desnudes y te destroce esos pequeños pezones que tienes a pellizcos. Me vas a rogar que te mee cada vez que me veas.
- Y el chorro ¿Va a entrar en la boca? - cada vez más excitado y ya desnudo del todo empezó a masturbarse y en ese momento el cura empezó a mearle la cara. Sentía que el semen le ascendía entre espasmos de placer por su polla y sin saber porqué abrió la boca. El líquido caliente, amargo y salado le entró y en ese momento eyaculó a mucha altura un chorro nacarado y otro y otro, hasta siete chorros tatuando las paredes del confesionario. El chorro de orina que se iba agotando impactaba ahora en su pecho y Pedro no intentaba evitarlo. Estaba chorreando de orina del cura y en ese momento empezó a orinar él mojándose aún más.
- Anda, viciosillo. Has aprendido pronto placeres que se empiezan a degustar con más edad. Vas a ser una buena pieza. Ponte algo por encima - le dijo mientras se abrochaba la sotana - y vamos a subir a ducharnos.

- Pasa chico, tu abuelo te está esperando - tal como entraba Rogelio le daba una palmada en el culo prieto de Pedro luego le retuvo por el cuello y le metió la lengua en la boca hasta donde pudo - pasa - dijo susurrando - le tienes cachondo perdido.
- Hola abuelo - hizo intención de besar en la mejilla al abuelo pero volvió la cabeza y se encontró con su boca. Sintió su saliva en los labios y abrió la boca para dejarle entrar.
- Ya te has confesado con el degenerado ese, ¿no?
- Degenerado ¿porqué? - Pedro quiso meter los dedos.
- No me digas que no ha derivado la confesión por el sexto y detalles del mismo. Y me extrañaría que no hubiese llegado a más. Rogelio, por favor, vamos a comer ya.
- A más ¿como qué? - Pedro disfrutaba con esa conversación de aspecto inocente y poco a poco notaba su miembro recuperar alegría y empezar a destilar humedad.
- Joder, hijo, ¿que va a ser? A ese cura le gustan los críos como tú y me extrañaría que no te hubiera trasteado ya.
- Está bien abuelo, solo decirte por ahora que me duché en la casa parroquial - puso cara sonriente de suficiencia y brillantez del que tiene mundo a sus espaldas.
- Ya está. Lo ha hecho. ¿Y te ha gustado que te meara?
- Me ha puesto guarrisima abuelo - y se acomodó ya su verga porque volvía a tenerla a tope.
- Su nieto es un puto vicioso, Alex. A lo mejor podíamos ...
- Espera Rogelio, que nos cuente bien como fue. A ver Pedro. Empieza, desde el principio. Todo.

domingo, 17 de septiembre de 2023

EL CONFESIONARIO (V)

 
Mientras el metro traqueteaba camino de la estación en la que Pedro se apearía, iba meditando en lo sucedido. Algo muy dentro le decía que no estaba bien y a la vez sentía como rememorandolo se empalmaba.
En un momento lo decidió. Iría a ver a Don Felipe a San Dionisio. Con esa firme decisión dejó la mente en blanco y se dejó llevar hasta la estación que le dejaría cerca de su casa.
- Hola mamá.
- De dónde vienes tan sofocado, Pedro. ¿Te ha pasado algo?
- De casa de tu ex, mi padre. Por cierto, tiene pareja nueva.
- Me importa un bledo, tu padre y el amante de tu padre.
- Ya, ya, me imagino. Algún día me diréis alguno de los dos como fue la cosa. Yo era muy pequeño ¿no?
- Si, lo eras, y no es el momento de abrir ese melón. Por cierto, mi padre, tu abuelo, está maluquillo. Dice que hace mucho que no le vas a ver. Que ya que estás aquí aproveches. Está muy solo hijo, y yo con el trabajo de las casas nunca encuentro tiempo.
- Venga, vale. Me voy a duchar.
- Venga, vale, ¿que te deje en paz o que vas a ir?
- Que si. Mañana iré. Si no me llaman de la casa madre. Y me voy a duchar, repito.
Mientras se desnudaba pensó en que como la casa de su abuelo no estaba muy lejos de San Dionisio, iría a ver a su abuelo y luego a ver al cura. El incesto con su padre le atormentaba pero al verse desnudo quiso ver en el estado que Ayantes le había dejado el ojal y al mirarselo con un espejo se empalmó de una forma explosiva. Cerró los ojos e imaginó que su madre le hacía una mamada y entonces se le ocurrió.
- Mamá - avanzaba con una toalla de lavabo tapándole a duras penas su empalme, camino de la salita donde su madre leía - no encuentro mi champú - plantándose con todo el descaro haciendo gala de su atributo, delante de su madre.
Paloma levantó la vista del libro y le dió un vuelco el alma entera.
- ¿No te da vergüenza presentarte así delante de mi?
No imaginaba Pedro esa respuesta y perdió su tamaño de apariencia rápidamente. Se dio media vuelta mientras mascullaba.
- Otras cosas tendrían que darte vergüenza a ti.
- ¿Que es lo que has dicho? - gritó irritada Paloma.
- Que tendrías tu que verte sin champú - respondió Pedro sin detenerse.
Todo el día estuvieron tirantes madre e hijo.
- Bueno, y que te ha dicho tu padre - preguntó Paloma durante la cena.
- Que con el que está ahora es muy feliz. Y la verdad es que el hombre tiene un carácter fuerte pero muy agradable - imaginando a Ayantes arremetiendo contra su culo.
- Y nada más?
- Nada más. No tiene mucha historia - recordaba como el lefazo de su padre le estallaba en la garganta - Me voy a la cama ya. Quiero ir a desayunar con el abuelo y luego ir a ver al cura ese, Don Felipe.
- Si, anda, que buena falta te hace confesarte.
- ¿La que te hacía a tí?
- Si - respondió destemplada - yo tengo mis pecados, no te creas que como soy tu madre, soy una santa.
- Ni por un minuto se me pasó por la cabeza que lo fueras. Hasta mañana.
Pedro estuvo sobre la cama medio destapado y desnudo haciéndose el dormido. El corazón le latía a mil esperando que de un momento a otro su madre entrase al dormitorio a arropar le y cayese una vez más en la tentación. Con los ojos cerrados no puso evitar ver en su imaginación como su madre en esta ocasión no le felaba sino que se ahorcajaba sobre el y le provocaba el orgasmo con su culo. Temería que la preñase, se explicó a él mismo dentro de su ensoñación. Y en ese momento sintió que su madre entraba, como le arropaba gimiendo de pena o de deseo y salía. Lejos de desilusionarse sintió la pulsión de la lujuria y volvió a revivir el sabor soso dulzón del semen que le dió la vida en la garganta mientras Ayantes le inundaba con el suyo. En media docena de golpes volvió a eyacular ese día por enésima vez. Luego se durmió profundamente.
Se levantó temprano, con pereza se duchó y sin ver a su madre se despidió con "voy a desayunar con abuelo" y no llegó a escuchar como su madre le respondía, la puerta se cerró tras él.
El padre de su madre se había quedado viudo hacia muchos años, antes de que él naviera. Por lo que habia podido oír de aquí y allá sospechaba que se había suicidado con somníferos. En una ocasión escuchó a su padre a los nueve años un "hacía años que ni la tocaba" pero a esa edad no entendió a que se refería con tocar. Ya adolescente y escuchando una catequesis el cura dijo "no tocarás mujer" y todo se aclaró en su conciencia.
Él se llamaba Pedro por este abuelo, pero todos le conocían como Alex, su segundo nombre.
- Hola abuelo Ale.
El abuelo estaba con su pijama sentado a la mesa del comedor esperando que su cuidador le pusiese el desayuno.
Rogelio, un hombre de mediana edad un poco entradito en carnes, pero fuerte, miró a Pedro de arriba a abajo de tal manera que Pedro se ruborizó.
- Tu eres su nieto. Habla mucho de tí. ¿Vas a desayunar con él?
- Si, si. He venido para eso.
- Unas tostadas y café, supongo, como él.
- Si, gracias - se obligó a mirarle a los ojos abiertamente. No se explicaba que le soliviantaba de su mirada.
Rogelio le sostuvo la mirada, hizo sonreír con una rara habilidad sus ojos y le guiñó un ojo, lo que tuvo como consecuencia que Pedro apartase la vista y de forma simultánea se le hincharse el pene con rapidez. No se dió cuenta que su abuelo seguía aquel roneo subterráneo con deleite.
- ¿Que te ha pasado, hijo? te he visto incómodo.
- No, no, abuelo - y de forma inconsciente se acomodó su bulto en la bragueta.
- A mi también me provoca erecciones. No te preocupes. Es esa forma que tiene Rogelio de mirarte y hacer sonreír sus ojos.
Pedro sintió que se había expuesto demasiado y quiso cambiar la conversación.
- Me ha dicho mamá que no te encontrabas muy bien.
En ese momento entro de la cocina al comedor el cuidador. Se colocó detrás de Pedro le tomó de los hombros y preguntó a Alex.
- Me voy ya. Tengo que ir a otras casas. Vendré para la comida.
Y mientras lo decía Pedro sintió en su espalda la impronta de lo que no podía ser otra cosa que la verga de Rogelio, dura, gruesa y pujante.
- De acuerdo. Hasta mediodía.
Rogelio presionó con sus manazas los hombros de chico y aumentó la presión sobre su espalda.
- Pues nada. Ya me voy. Tú, Pedrito, ¿vas a quedarte a comer también?
- No, no creo - notaba arder las mejillas pero tenía la cara fría.
- Venga, si, hijo quédate. Rogelio guisa muy bien y así me alegras el día de hoy. Ahora llamo yo a tu madre y se lo digo. Si - continuó Alex dirigiéndose a Rogelio - está hecho, comerá aquí conmigo, es un buen chico - se levantó Alex, no sin dificultades, y se acercó a su nieto a darle un beso.
En ese momento de forma refleja Pedro giró la cabeza para corresponder al beso de su abuelo y los labios de los dos entrechocaron. Pedro sintió en sus labios la humedad de la saliva del abuelo y el cuerpo entero se le estremeció. Deseó sacar la lengua y metérsela en la boca a Alex, pero se contuvo.
- Uy, hijo. Estas cosas pasan, toma límpiate - le ofreció su servilleta.
- No importa abuelo, tengo la mía.
- Lo dicho - Rogelio se retiró de la espalda del chico y liberó su presa de los hombros - hasta el mediodía.
- Abuelo, vale, vengo a comer, pero ahora después tengo que ir a ver un cura. Con el que ayer se confesó mamá. Tengo algunas cuestiones que consultarle. Es aquí cerca, en San Dionisio.
- Ah, ya. Don Felipe, seguro.
- ¿Le conoces?
- Mejor de lo que te pudieras imaginar. Desde hace años, cuando tenía buena movilidad. Solo que yo solía visitarle en su casa, que está en el edificio anexo al templo. Una buena pieza. Si te lleva a su casa..., mejor me callo.
- Por cierto abuelo, Rogelio me ha puesto un rabo antes, cuando me ha cogido por los hombros.
El abuelo se limitó a sonreír entornando los ojos como solía.
- Rogelio tiene determinadas peculiaridades. Alguna de ellas compartida con tu padre. No sé si tu madre te contó alguna vez la razón de su separación. Pues bien, esa razón es la misma por la que Rogelio piensas que te ha puesto un rabo.
- Mi madre nunca me ha contado nada de eso. Se lo que sin querer he escuchado de su confesión.
- Y, ¿que has escuchado? chico.
- Me da vergüenza decirlo, abuelo.
- ¿Tan grave es?
- Mi madre me chupaba el rabo cuando era muy pequeño e incluso me usó junto a su amiga Elena en sus manejos lúbricos. Además - se detuvo en el relato meditando si lo decía, lo ocultaba o lo contaba dulcificandolo.
- Además, ¿qué? Has empezado Pedro, tienes que terminar. Estás cosas a mí me ponen - Alex se removió en la silla acomodándose sus atributos - me ponen burro. Sigue.
- La noche que llegué a casa del noviciado, estando dormido, me enteré también por la confesión, mi madre entró en mi dormitorio, me hizo una felación y se lo tragó todo.
- No sabía nada. Es realmente degenerado..., y excitante. Me ha provocado una erección como hacía tiempo.. 
- Y a mi contártelo, abuelo.
- A ver, Pedrito, enséñame esa colita.
- Abuelo, joder.
- Venga Pedro. Tú me la enseñas y yo te la enseño a ti. La tengo muy gorda y a lo mejor se parece a la tuya.
Pedro, con la respiración acelerada se puso en pie y empezó a desabrochar el pantalón. Se lo abrió y dejó ver un bulto notable en su calzoncillo.
- Ven, acércate, no seas tímido. Soy tu abuelo, estamos en familia. Nada malo puede pasar - mientras lo decía se pellizcaba sin pudor sus pezones.
- ¿Porque haces eso?
- El qué, ¿lo de los pezones? Es muy placentero - y mientras decía esto se levantaba la camiseta dejando ver unos pezones gruesos atravesados cada uno por un anillo de acero - y añade placer al placer de ver cómo tienes el rabo. Acércate.
- Vale - empujó con las piernas la silla y se acercó cada vez más excitado a su abuelo. De pronto sintió la necesidad de ver la verga del abuelo. Se colocó al alcance de las manos de Alex mientras los pantalones caían por efecto de los pasos que había dado.
- Bonito bulto. ¿Puedo? - y tal como lo decía metía unos ágiles dedos por el elástico del slip de su nieto y dejaba que saliera como impulsado por un resorte el pene del chico - te destila bastante líquido. Estás excitado - sin más preámbulo acercó su boca y se la metió toda en la boca. Luego de un rato de juguetear con ella en la boca la sacó - ¿Quieres ver la mía?
- Si. Me apetece chupartela.
Soy tu abuelo - iba diciendo mientras se desabrochaba el pantalón y con un rápido gesto se lo sacaba junto a la ropa interior hasta dejarlo caer a su tobillos. Hizo fuerza para separar la silla de la mesa y una enorme verga con un capullo a punto de estallar apuntó al techo - esto es incesto, tu lo sabes.
- También lo fue cuando mi madre me la mamaba siendo un crío y anteanoche cuando me corrió y se tragó el lefazo - y diciendo esto se arrodilló delante del abuelo y se la metió en la boca. Se atragantó pero no se retiró.
- Lo haces muy bien. ¿Es tu primera vez?
- Si abuelo, la primera, y me alegro que sea contigo 
- Pues traga mi pequeño mariconcito. La mamás mejor que Rogelio. Tragatela bien dentro. Ahora te voy a follar el culo, seguro que te vuelve loco que te parece. ¿Te la han clavado ya?
- Ninguna polla, solo un consolador. Creo que estoy abierto, aunque tu polla asusta un poco.
- Pues entonces quítate los pantalones y cabalgarme el rabo. Te la voy a meter entera mi niño.
En ese momento la voz de Rogelio les sorprendió a los dos. Se cerraba la puerta mientras se acercaba al comedor.
- Con la charla se me olvidaron las llaves del coche.
Al entrar en la sala y ver a Pedro a horcajadas sobre su abuelo no dijo nada, se limitó a desabrocharse el pantalón mientras Pedro cabalgaba sobre su abuelo.


viernes, 1 de septiembre de 2023

EL CONFESIONARIO (IV)

 

- Papá, soy Pedro.
- Quién se ha querido morir. No es ni tu santo ni tú cumple. ¿Cuanto me va a costar?
- No papá, de verdad, esto va en serio. Tengo que hablar contigo.
- Pero no estabas tú en un convento o algo, de esos sitios donde las pajas os las hacéis a destajo y os dais después golpes pecho.
- Mariano, papá joder. Déjate de coñas que voy en serio. Necesito hablar.
- Vale. Vente a casa. Vivo donde siempre, ya sabes.
- ¿Con tu amigo de siempre?
- Ese se largó. Ahora tengo otro. Muy simpático.
- Hasta ahora. El tiempo del metro.

Siempre había sabido, bueno, siempre, desde que con diez años vio a un hombre que le guiñó un ojo y sonreía en un centro comercial y se acercó y su madre le cerró el paso. "No puedes seguir impidiéndome verle, es mi hijo" Mi madre le dijo no sé qué de una sentencia judicial que impedía que me viese. Y así me enteré de quién era mi padre, que mi madre siempre me dijo que nos abandonó, y siempre acotaba con rabia entre dientes "pedazo de maricón"
Mi padre iba con otro hombre que seguía los acontecimientos a distancia. Le pregunté que quien era a mi madre y me contestó que mejor no lo supiera. Me quedé con la intriga y me olvidé de ello hasta que con quince años, fui al cine y un hombre que se sentó a mi lado me trasteó. Cuando llegamos a los servicios y le vi bien los rasgos, reconocí a aquel hombre que se mantuvo a distancia cuando conocí a mi padre. Até cabos. Ya estaba claro aquello de pedazo de maricón. Por lo menos, pensó, no tendré que pasar la vergüenza de ver al ligue de aquel cine, aunque tuviera que agradecerle el desvirgue (joder como dolía, pero inexplicablemente, que dolor tan rico) que le permitía disfrutar de la retaguardia.
- Soy yo, papá.
- Sube.
- No está..., tú roommate? - dijo nada más abrirle la puerta su padre.
- No, no. Es, digamos, un poco vigorexico y está en el gimnasio. Se llama Ayante.
- Y ese nombre...
- Su padre era experto en Homero. Ayante es un héroe. ¿Que más da, joder, Pedro? Venga pasa y siéntate. ¿Quieres tomar algo?
- Lo que tomes tú está bien.
- Cerveza, entonces. Espera, no eres un poco...
- ¿Pequeño? Papá prácticamente tengo diecisiete y además de lo que vengo a hablar no tiene nada de infantil.
Mariano marchó a la cocina y volvió con un retráctil de seis latas de cerveza.
- ¿Siempre estás así en casa? - Pedro señalaba la indumentaria del padre consistente en un suspensorio de elástico ancho - porque ya se te va marcando la edad en el culo. Un boxer te disimularía esas arruguitas que te hace el culo junto a los muslos.
- Ya. Eres observador. Pero me deja el ojal practicable en todo momento - y diciendo esto sacó de entre los cojines del sofá un dildo de buen tamaño.
Le ofreció una lata a su hijo y él se abrió otra. Y en ese momento se escuchó la puerta cerrarse y un "Estoy en casa, guarra, vete preparando"
Al entrar a la habitación y ver qué Mariano no estaba solo se cortó durante un instante hasta que recuperó la compostura.
- Ah, perra, ya veo que te has buscado un aperitivo, infanticida. ¡Es un crío, joder!
- Ayante - señaló a su hijo con la mano extendida - te presento a mi hijo Pedro. Pedro, esta montaña de músculos es Ayante.
- Ah, perdón, chico, tienes un polvo, que lo sepas. Pero es que tu padre es una perra salida como no te puedes imaginar y en cuanto me descuido me mete en la cama a cada modelazo. No te importará que me quedé. Me doy un duchazo y ya estoy aquí. Tenemos muchas cosas de las que hablar..., bueno, a lo mejor, no todo tiene porqué ser hablar.
Ayante salió camino de la ducha silbando exultante por ver a Pedro en su casa.
- Ahora, no voy a poder tratar lo que quería contigo, Papá - Pedro estaba contrariado soltó la lata en la mesa y se levantó - me voy. Quizá otro día.
- De eso nada. Te quedas conmigo. Ayante lo sabe todo en lo que respecta a nosotros. Tiene pinta de frívolo pero verás que en serio tiene mucho que aprovechar. Bueno, empieza.
Pedro empezó a contar la razón por la que no estaba en el convento y se disponía a entrar al meollo del tema con incestuoso de su madre cuando entró secándose el pelo Ayante completamente desnudo haciendo gala de medidas dignas de un mármol de Fidias.
- Espera, espera, niño. ¿Que en medio de vuestros rezos y cánticos te la pelabas con un consolador ocasional? - y dirigiéndose a Mariano le sentenció - este niño es un degenerado, tu hijo es una joya. Con dieciséis añitos y el ojal preparado.
- Venga Ayantes - le cortó Mariano - no se trata de eso, es incidental, el muchacho venía por algo más gordo.
- ¿Más gordo? Pues de aquí no me voy. ¿Que hacías reina, te follabas al cura mientras hacía misa o tenías un glory hole en el confesionario? Cariño, Pedro es ¿No? Enséñale a tu tío Ayantes ese culito. Me muero por ver ese pedazo de túnel que tienes que tener. Porque soy tu tío, tu padre es mi hermana.
- Ayantes, de verdad, deja al chico en paz.
- Si no me importa enseñárselo, Papá, de verdad. Además un poco exhibicionista soy, me pone más cachondo pelarmela en la capilla con todo el mundo delante que cuando estoy solo.
Pedro empezó a desnudarse con parsimonia. Mariano se removía en su asiento, incómodo, y abría la segunda lata de cerveza y Ayantes entusiasmado daba palmas y saltitos. Para cuando Pedro estuvo desnudo, insultantemente bello y con toda su dotación lista para desencadenar la tercera guerra mundial, su padre tenía su short en los tobillos y se masajeaba su miembro sin ningún pudor y Ayantes tenía los testículos de Pedro en la mano derecha mientras que con la izquierda mensura a el tamaño de su ojal. Pedro con descaro y sabiéndose dueño de la situación decidió ser arrogante sin pensar lo que pasaría.
- Mira como tiene el rabo mi padre, Ayantes, que dirías si me tragase entera ese pedazo de verga - sin contar con la respuesta de Ayantes y la de su mismo padre
- No hay huevos, Pedrito - le susurró al oído mientras mordisqueaba la oreja y sin dejar de estimular su ano ya con dos dedos insertados.
La reacción de Mariano no fue exactamente la esperada por el chico y se vino abajo cuando su padre se arrellanó en su asiento con su trozo de carne candente apuntando al techo.
- Siii, si, cometela entera. Siempre le tuve envidia a tu madre por lo que hizo, y ahora, si, hijo, si, tragatela toda que te voy a preñar la garganta.
- Mientras tu padre te preña la garganta yo te preño el culo. Todos va a quedar en familia.
Pedro era ya presa de la lujuria. Nada que no hubiese sido aquel machacador de mármol había entrado por su culo. Ahora, al fin, tenía la oportunidad de saber la diferencia y que se sentía siendo violentado por el culo.
- Clávasela entera Ayantes que disfrute mi niño de tu polla como disfruto yo a diario, yo le daré lo suyo por la boca. Espero que no se le olvide jamás el día de hoy.
- Ya tendremos tiempo después de que me expliques que era esa envidia que siempre le tuviste a tu ex.
- Te lo digo yo. Mi madre me comía el rabo y los huevos cuando aún era un bebé. Vete clavándomela Ayantes, por favor, no me puedo aguantar. Y anoche me la comió entera como se la voy a comer yo ahora a mi padre. Somos, al parecer una familia un pelín incestuosa. Y a eso es a lo que venía, aunque visto lo visto esto es mucho más excitante.
Y con la última palabra se lanzó sobre el regazo de su padre permitiendo que le golpease la campanilla y le provocase el reflejo del vómito que Pedro cohibió no sin pagar el peaje de las lagrimas que se le saltaron.
- Me tienes que explicar - intentó hablar de forma normal pero ya no podía - sigue, sigue hijo, que me voy a correr.
Ayantes al escuchar a su pareja anunció que también se corría y en ese momento Pedro con dos sacudidas conseguía alcanzar el clímax también.
Quedaron los tres repartidos por el sofá y los suelos recuperando el resuello. Pedro fue el primero en levantarse.
- Me voy a cagar el polvo de éste - señaló a Ayantes - que por cierto el primero de mi vida y no creo que se pueda superar, y a ducharme.
- Y luego nos tienes que explicar cómo fue lo de la mamada de tu madre y como coño sabías tú que te asaltaba tu madre de chico, porque mucha sorpresa no te ha producido cuando he dicho lo de la envidia a tu madre.
- Si, porque es todo un poco más enrevesado. Ahora que me duche os lo cuento todo.