sábado, 30 de julio de 2022

CONSULTA

 

- Vaya por delante Leo, que he venido obligado. Condición de mi mujer para consentir que vuelva a casa. No creo yo que tenga nada que ver que haya tenido una aventura como para que la  psiquiatría sea la que de con la clave de porqué he tenido una aventura extramatrimonial.
- Venga Pedro. Tú cuéntame qué ha sucedido. Nos conocemos hace muchos años y nunca he sospechado que pudieras tener un problema de mi especialidad. Supongo que una mujer, la tuya en este caso, despechada al saberse engañada por su marido con una amiga, intente dar explicaciones de lo sucedido debido a patología psiquiátrica.
- Una aclaración, Leo - se quedó mirando a su compañero con una expresión neutra durante unos segundos. Se removió en el asiento y sin cambiar ni tono ni volumen lo soltó - una amiga, no, un amigo, Leo, un amigo íntimo.
- ¿Un amigo? - en la retórica pregunta de Leo se podía leer incredulidad, diversión, sorpresa y hasta regocijo - un amigo. Pedro nunca lo hubiera imaginado de tí. Nunca te vi el menor atisbo de homosexualidad..., bueno, supongo que en este caso de bisexualidad. Y, dime, algo ocasional, más serio. Joder tío no entiendo cómo se puede encontrar a otro tío para follar si no vas a locales al uso. ¿Tú vas?
En ese momento, Pedro, pensó en explayarse ya que acababa de salir del armario con su colega pero inmediatamente recordó aquel consejo de el inefable Kowalsky, amigo inseparable de su padre: "Nunca des información que no se te hayan pedido. La información es poder"  el tal amigo de su padre trabajaba con él en un sistema secreto de comunicaciones militares junto a la US Army y siempre sospechó que era un espía asignado a su padre para vigilarle y que no diese noticia a nadie de la famosa Red Territorial de Mando.
Aquel consejo siempre le resonaba en la memoria cada vez que tenía entre manos una revelación.
- Fui un par de veces, siendo un chaval asustado a ver qué se cocía allí. Pero no. Desde que me casé nunca más.
- Y entonces, ¿donde?
- Leo, ¿Tu sabes dónde conseguir alcohol en cualquier momento que lo necesites? para tí, simple, ¿no? - fue un golpe bajo, él sabía que Leo era alcohólico, pero le estaba jodiendo ya que empezase a apreciar morbo en sus preguntas - pues yo no tengo más que poner atención por la calle para encontrar lo que busco. Una mirada, un fugaz giro de cabeza, una estúpida parada en un escaparate junto a un roce inocente del propio paquete, y luego arrojo para el abordaje. Te expones, como me ha pasado ya, a que te den un corte - apreció en su mirada que le había afectado la pregunta sobre el alcohol y quiso darle un poco de cuartelillo para rebajar el ambiente - verás, hace un par de semanas estábamos en nuestro bar de referencia un par de amigos con sus mujeres y la mía naturalmente. Y sentí que alguien acariciaba mi nuca con su interés. Con todo el disimulo del mundo fui cambiando de postura hasta afrontar al que, del brazo de su novia, como a dos metros no paraba de marcarme. Le crucé mis pupilas con las suyas y nos lo dijimos todo en una milésima. Un rápido giro de ojos hacia la localización de los servicios y un pestañeo casi sugerido por parte de él y en menos de un minuto estábamos los dos caminando hacia los servicios. Dos urinarios, uno ocupado, y el chico que ocupa el libre. Yo simulo lavado de manos, mientras acaba el que estaba de más. Enseguida ocupo el urinario, una rápida mirada un señalamiento de la cabina y en treinta segundos ya tenía el semen del chico en la boca. Salimos como si nada, el chico muy satisfecho besó a su novia y pidieron otra ronda. Yo besé a la mía y continuamos departiendo. 
- Así de sencillo - contestó sorprendido Leo.
- Parece sencillo. Hay que estar muy seguro, por las dos partes, del lenguaje corporal, el hábito, los parpadeos y los pases de lengua por los labios. No todo el mundo se atreve. Hace falta cierta dosis de espíritu aventurero. Siempre hay un porcentaje de errores, hay que asumirlo y tener preparado un plan B por los patinazos.
- Pero, ¿puedes hacer correrse a un tío en treinta segundos? Y con el semen en la boca ¿que haces?
- Lo único que se puede hacer si has consentido que entre en tu boca. Tragartelo. Normalmente se le enseña al propietario su semen dentro de tu boca y sin dejar de mirarle a los ojos te lo tragas, luego abres la boca y se la vuelves a enseñar. Algunos están tan excitados cuando ven que te humillas y te tragas lo suyo que te escupen en la boca. Si no quieres que eso pase, cuando tragas no vuelves a enseñar boca, te levantas y te vas.
- Pero, ¿Porqué no lo escupes?
- En está actividad, como en cualquier otra actividad humana hay determinada ética. Si no te lo vas a tragar no dejes que entre en la boca. Admitirlo y luego escupirlo es como una bofetada sin manos, es decir, que asco de tí, no me ha gustado nada tú compañía. Cuando admites el polvo del otro en tu boca, te lo quedas tragandolo.
- O sea, verás - en las palabras de Leo había vacilación y cierta vergüenza - no quiero darte una impresión equivocada. Si tu me la mamases ahora, ¿dejarías que me corriera en tu boca. Te lo tragarías?
- Si esa situación se diera, Leo, intentaría hacer todo lo posible porque no fuera un polvo robado, como el del chaval del bar. Querría que fuese algo más relajado, que durase más tiempo y en esa tesitura no me tragaría tu lefa por la boca, porque preferiría que me echases el polvo en el culo. Lo que en nuestro argot se llama preñar, dejar el semen dentro de lo que entre los tíos podría asimilarse a un coño. Pero, claro, eso, ya se que no se daría nunca contigo que eres, hasta donde se, un heterosexual puro.
- Imagínate, que con esta conversación me ha entrado curiosidad por como será una relación sexual con otro tipo. ¿Que tendría que hacer?
- Empezar a pensar que eres lo que en nuestro mundillo se llama hetero curioso. El hetero curioso se limita a prestar su cuerpo para hacer con él lo que podría hacer con una mujer, pero con un hombre. Un hetero curioso no besa, hasta que le da curiosidad de cómo será la lengua de un tío. Un hetero curioso no cruza mirada de deseo, hasta que no le es suficiente con meterla por el culo sino que tiene que dejar bien claro quién manda en esa relación y eso se ordena con la mirada. Un hetero curioso no toca ni chupa polla hasta que llega un momento que se impone un sesenta y nueve y piensa que al fin y al cabo una polla no es más que un clítoris enorme.
Un hetero curioso es solo la denominación que damos al gay que no soporta la idea de serlo, pero tampoco soporta no relacionarse nunca con otro tío.
- ¿Tu crees que yo podría ser un hetero curioso?
- Se valiente, Leo, joder, me he abierto contigo. Dime qué quieres que te la chupe y yo te diré que quiero que me la claves en el culo. Incluso podemos hacer las dos cosas si nos damos tiempo.
- Está bien. Dile a tu mujer que pase.
Pedro se levantó, fue a la puerta, la abrió e invitó a su mujer a pasar a la consulta.
- Bueno, doctor, ¿Puedo tener esperanza de que mi marido reconduzca su camino?
- Muy buenas perspectivas. De verdad. Tendremos que tener terapia al menos una vez a la semana, aunque le he dicho a Pedro, que estaríamos más cómodos en la consulta de mi casa, lejos de los horarios que impone la sanidad pública - y dirigiéndose a Pedro terminó al tiempo que se levantaba del asiento dando por terminada la consulta - pasado mañana a las cinco de la tarde en mi consulta ¿te viene bien? No hará falta que venga usted, señora, necesitaremos al menos un par de horas para hacer la regresión.
Cuando Leo salía de detrás de su mesa echó el brazo sobre el hombro de Pedro acercándose a su espalda haciéndole sentir su dureza al tiempo que se dirigía a su mujer.
- Pedro es un buen compañero y creo que después de estas sesiones seremos algo más.
Pedro sonrió malévolo casi imperceptible apretando su cuerpo contra la dureza de Leo.
- Hasta pasado mañana, Pedro - cerró la puerta y se apoyó contra ella mientras se acariciaba su bulto.

domingo, 24 de julio de 2022

SIBLINGS

 

Cuando nació mi hermano, yo tenía año y medio. De repente todas las atenciones eran para Drew. Yo no llegaba al borde de la cuna, intentaba auparme agarrándome agarrandome fuerte pero no conseguía la ansiada dominada para mirar. A veces mi padre me veía y me ayudaba a atisbar. Y lo que veía no me parecía que fuese para tanto. Yo era mejor. Había aprendido a decir papá y mamá y tata que no se que quería decir pero mis padres lo celebraban mucho. Mi hermano en la cuna no hacía nada. Ni lloraba y sin embargo todos le prestaban una atención sin igual. Yo había dejado de usar pañales justo un mes antes de que trajeran al hermano a casa y mi madre se pusiera mala por esas fechas. Me hizo ilusión que se le pusieran las tetas gordas, quizá me dejase volver a chupar de ese trozo de carne duro y caliente. Eso lo echaba de menos. Pero no. Las tetas eran para el niño que trajeron a mi casa, mi hermano. Me produjo tanta desazón que todos, hasta la tía Carmen, se olvidarán de mí que volví a mearme y tuvieron que volver a ponerme pañales como el recién llegado. 
Recuerdo un día que estaba mi madre vistiendo a Drew sobre la cama. Yo me colé en primera fila a mirar y me sorprendió la picha tan grande y tiesa que tenía y de pronto ese trozo de carne blanca empezó a soltar un chorro de pis que fue a darme en toda la cara. Mientras reía a gusto y mi madre gritaba alarmada por el desavio yo paladeaba la orina de mi hermano que estaba saladita. Me encantó. Desde aquel día buscaba el momento en que pudiera pescar algo de su orina. Empezaba mi tendencia depravada. Por cierto, me pusieron Jerónimo, por un tío mío, pero para todos hizo fortuna, Jero.
Los fines de semana venían a casa las hermanas de mamá y con ellas, mi primo Rubén. Yo estaba crónicamente cabreado por no recibir las atenciones que recibía habitualmente. Rubén tendría unos siete años y hacía mucho conmigo. Uno de los finde que vino, se celebraba algo que yo no sé que era, pero había tarta y jolgorio. En medio de la barahúnda Rubén me dijo que le acompañara a hacer pis. Me hizo ilusión. Lo que tuviera que ver con la picha y la orina me llamaba extraordinariamente la atención. Di palmas y todo y Rubén me cogió de la mano y fuimos al váter. Con la edad de mi primo llegaba bien. Se bajó pantalón y calzoncillos hasta los tobillos y la picha que parecía dura se remataba por dos bolas pequeñas. Tenía la punta cerrada así que hizo algo que me sorprendió. Luego lo hice yo y me gustó. Se tiró para atrás del pellejo y apareció como una cabecita rosa fuerte. Y empezó a orinar. No me lo pensé dos veces, acerqué la boca, saqué la lengua y recibí el chorro. Estaba salado también, como el de mi hermano. Rubén me preguntó que si me gustaba, le dije que si con la cabeza y sin encomendarse ni a dios ni al diablo me metió la picha en la boca. Me atragantó la orina, me entraron muchas arcadas y vomité. En ese momento irrumpió mi madre en el cuarto de baño y como una loca nos increpó por las porquerías que hacíamos. Yo al parecer estaba libre de culpa, por la edad y toda la bronca se la llevó Rubén que era ya muy mayor en palabras de mis tías. Se llevó el correspondiente pescozón de su padre y a mi que estaba de meaos y vomito hasta la bandera me metió mi madre directamente al baño.
Nunca lo había contado, pero cuando le vi a mi tío Jerónimo la ferretería que llevaba en la polla (ver entrada: Tatoo) solo podía pensar en cómo le saldría el chorro con el piercing príncipe del capullo.
Mira que a mi edad, aunque corta, había visitado urinarios y había bebido orina de gente, pero nunca había puesto la boca en una polla con ferralla. Una vez en el viaje de fin de curso que hicimos a Madrid estuve en los servicios de la Puerta del Sol. De esto hace años ya. Yo debía tener doce años, quizá ya trece. Me puse al lado de un tipo raro, con barba y calvo que tenía un rabo tremendo, una anilla en la base, de donde le salían los huevos y un chorro más tremendo aún. Le miré a la cara descaradamente, y cuando conseguí su atención, dirigí la mirada a mi picha puse la mano en el chorro, recogí algo y me lo llevé a la boca. El tío raro se sonrió y dijo algo de depravado y vicioso. Cortó su chorro como por arte de magia, me tomó violentamente del cuello y me metió la cabeza en la taza donde estaba meando él. A continuación siguió meando pero en mi cabeza. Yo también seguí meando pero en el suelo. Me dijo que bebiese de la taza del urinario y que luego le limpiarse el capullo. Ya estaba yo de por sí excitado con el sometimiento al que me obligó y encima el olor, el sitio donde tenía la cabeza y el chorro cayéndome en la cabeza que cuando me metió el capullo en la boca sin querer me corrí. El cabrón se dió cuenta y me dijo que él también. Me atragantó de forma parecida a como lo hizo Rubén años atrás y antes de que me diese cuenta se me llenó la boca de otra cosa que no era orina. Me tapó la nariz el fulano y me dijo que tragase. Me lo tragué, él se guardó su polla y se fue. Yo como pude me lavé la cabeza y la cara y al salir todos me dijeron que si tenía cagalera. Yo estaba flotando. Me había tragado el primer polvo de mi primera mamada propiamente dicha, porque lo de Rubén nunca lo consideré una felación en regla.
Pero bueno, me he ido por las ramas. Yo con añito y medio y un hermano mamón ya era adicto a la lluvia dorada, aunque no supiera que los mayores la llamaban así para evitar el tabú de mentar caca, pis o leche de polla, que siempre es de muy mala educación y propio de gente que no tiene cuna. 
Cuando mi hermano, Drew, que no se si lo había dicho, tenía año y medio, a mi me debieron castigar por lo del pis (me volvía loco mearme encima si estaba vestido y cuando lo hacía se me ponía la cola muy dura y lo disfrutaba) porque mi madre cada vez que meaba los pantalones le gritaba a mi padre y entonces él me bajaba el pantalón y me daba en el culo con la palma de la mano, lo que si bien me dolía añadía dureza a mi cola. Está bien, me castigaron y me echaron de la casa para llevarme a otra casa donde otros padres cabreados con sus hijos también los llevaban. Yo debí asumir que esa era mi pena por mearme cuando no debía y me dejé llevar. Muchos niños y niñas lloraban alarmados por el abandono pero al poco todos nos olvidamos y empezamos a conocernos. Con las niñas, que tanto me llamaban la atención, no me llevaba porque no me dejaban ver cómo tenían la cola y se mostraban despectivas. Con los niños si. Nos abrazabamos y nos enseñabamos lo que fuera preciso. Me llamó la atención un niño, con el pelo rojo, muy blanco de piel y la cara llena de pecas. En seguida me arrimé. Tenía una mirada que hoy se que era perversa y simpática a la vez. Le reían los ojos enmarcados por esas pestañas espesas y rojas. Me enamoró. Le seguía donde el fuese. Creo que era algo mayor que yo. Le preguntaba cosas o le decía otras y el solo me abrazaba y fruncía sus ojos trasparentes. Hasta que una mujer que había por allí me dijo que Jonás, que así se llamaba era escocés, ni idea de lo que era eso, y que no entendía nuestra forma de hablar. Lo tomé en consideración y desde entonces solo le hacía señas. A media mañana la mujer mayor que había preguntó que qué niños querían hacer pis. Levantamos la mano los siete u ocho que habíamos y nos mandó de dos en dos al cuarto de baño que tenía dos urinarios a nuestra altura. Me quedé hipnotizado con el tamaño del rabo de Jonás, era por lo menos el doble de largo que el mío y grueso en relación. Además no tenía pellejo en la punta, solo la cabeza rosa fuerte de la que salía el chorro. No me lo pensé, metí la mano y me mojé. Él no pareció inmutarse, dijo algo que no entendí y como yo tenía el pantaloncito también desabrochado el pudo meter una mano por la cinturilla del pantalón y el calzoncillo buscándome la raja del culo. Esa sensación era nueva y me produjo tan impresión de bienestar que me acerqué más a él para darle facilidades. Me encontró con sus deditos el ano y empezó a trabajarmelo. Me derretía de gusto y deseaba que me metiese un dedo dentro. En un momento de delirio, me agaché y busqué su chorro con la boca. Fue la consumación de nuestra relación, Jonás en ese momento me metió un dedito en el ano y creí morir de placer. Y en ese momento crucial escuchamos venir chillando a la mujer mayor que parecía decir que no se explicaba porque tardabamos tanto. Abrió la puerta de golpe y nos pilló a los dos terminando de abrocharnos los pantalones. Se le cambió el tono de voz y muy condescendiente nos anunció que es que éramos muy pequeños, lo que nos absolvió de cualquier otra culpa. Cuando volvíamos a nuestro sitio, Jonás me dijo algo al oído mientras me abrazaba y luego me dio muchos besos. Desde aquel bendito día ya no nos separamos. La mujer mayor que estaba a nuestro cargo les dijo a nuestras madres que habíamos hecho muy buenas migas, que éramos inseparables, y ellas se hicieron amigas. De esa forma no solo estábamos juntos en la guardería sino que o yo estaba en su casa o él en la mía. Aprendimos una especie de híbrido de los dos idiomas y enseguida nos entendimos, con la ventaja de que nadie acertaba a entender lo que nos deciamos. Jonás vivía con su madre en una casa con jardín y su padre a veces iba a verlos. Se llevaba a Jonás a otra casa que tenían y a veces yo me iba con ellos.
En una de esas ocasiones, el padre de Jonás recibió a una mujer en su casa y se metió con ella en su dormitorio, tendrían sueño los dos y Jonás y yo nos quedamos solos jugando. Le dije que porqué no íbamos a hacer pis y él me contestó entusiasmado que si. Estábamos solos y el padre de Jonás en el dormitorio con la puerta cerrada. Nos metimos en el cuarto de baño y nos desnudamos. Fue la experiencia más alucinante. Nunca había estado desnudo delante de nadie que no fuera mi madre. Verme desnudo delante de Jonás, desnudo también hizo que la cola se me pusiera tiesa y dura, lo que me impulsó, como si fuera la cosa más natural del mundo a palpar la cola de mi amigo. La agarré en mi mano. Era gruesa, dura y elástica, caliente y palpitante. Le sopesé los huevos y se estremeció lo que le llevó a tocarme a mí y a renglón seguido abrazarme haciéndome sentir su sexo contra mi cuerpo. Al abrazarme fue descendiendo las manos hasta dar la raja del culo y luego el ano. En esta ocasión no intentó probar, me metió directamente un dedo dentro y yo no pude reprimir un gemido de sorpresa y placer. Yo también le busqué el ano pero él se defendió, me dejó bien claro que a él no le gustaba que le metieran nada. Finalmente me dijo que quería mearme en la boca. Nos metimos en la bañera y por primera vez en mi vida supe lo que era estar sumiso a los pies de otro humillandome con su orina. Era sencillamente feliz viéndome a merced de Jonás y no sé porque vericuetos del inconsciente, subconsciente o infrayo supe que debería inclinarme y chuparle los pies mientras me meaba la espalda. Después de un rato, que ya había terminado de orinarme me hizo levantar y me metió su cola dura en la boca. Chupé como cuando mamaba de mi madre hasta un punto en que Jonás me agarró la cabeza con fuerza y se estremeció y gimió muy fuerte. Luego se le quitó la dureza de la cola y me dijo que teníamos que vestirnos ya. Me sequé con una toalla y me vestí. Sin parar de mirar y arrimarme a Jonás que a duras penas me lo consentía. Le pregunté si iba a querer volver a hacerlo otro día y me dijo que lo estaba deseando ya. Eso me llenó de esperanza y emoción. Esperaría a que su padre se lo llevase a la otra casa para irme con él y poder chuparle los pies mientras me meaba, quizá algún día hasta quería hacerme caca encima. Y solo pensarlo me provocaba una dureza en la cola que hasta me dolía.
Al año siguiente ya con cuatro años largos al volver a la guardería busqué ansioso al pelirrojo, pero no estaba. Y al día siguiente, y al otro y al otro, hasta que le pregunté a la mujer que nos cuidaba, por Jonás. Resulta que Jonás se había marchado con su padre durante ese curso muy lejos por el trabajo, porque su madre estaba muy enferma y no podía hacerse cargo de él.
Se me hundió el mundo. Estuve medio vagando, como ausente, echándole mucho de menos, hasta que un día en casa que mi madre nos dejó bañando a los dos solos, Drew y yo, para atender a alguien en la puerta. 
La bañera tenía poca agua y Drew se puso en pie y empezó a orinar. Yo me interpuse en el chorro y bebí su orina, él se rió, le hizo gracia y empezó a regarme con su pis, yo me puse de rodillas, agaché la cabeza, quité el tapón de la bañera y empecé a chuparle los pies a mi hermano, que dejó de reír y empezó a gemir de gusto. Le pregunté si le gustaba, me dijo que mucho y me alcé y me metí su cola en la boca y su naturaleza reaccionó. Me agarró la cabeza y me hundió su colita tiesa en la boca. Me atragantó y me retiré y en ese momento llegó mi madre que se enfadó por haber quitado el tapón a la bañera y remató sacándonos y vistiendonos. Cuando volvimos a quedarnos solos le dije si le había gustado y me dijo que yo era un guarro, pero que sí. Me alegró la vida que me llamara guarro. Pero no volví a tener ocasión de gozar con Drew porque mis padres se separaron siempre estábamos o en una casa o en otra y no teníamos forma de coincidir para volver a hacerlo. Luego, al parecer, Drew tenía necesidades educativas especiales y cerca de dónde vivía mi padre había un colegio adecuado. Total, me veía muy poco con mi hermano.
Hasta que no tuve nueve años, en el colegio, no tuve oportunidad de cumplir con mis deseos guarros. Creía que todo estaba olvidado hasta que coincidí un día en los urinarios con uno de los mayores. Felipe era espigado, catorce años, pelo rapado y cara de sinvergüenza, lo que en realidad me excitaba. Para ser sinceros, creo que fui yo quien le provocó a él. Bueno no sé. El caso es que, casi al final de curso, cuando ya nadie va al colegio, después del último recreo, veo que Felipe, acalorado, sudoroso de jugar al balón con otros tres que se despiden se dirige a los servicios  del patio y allá que voy yo detrás. Cuando entré el estaba desabrochandose el vaquero para sacársela y me puse en el urinario de al lado. Me reprochó que tuviera que ponerme justo al lado y yo le contesté mirándole a la polla con descaro inocente que no llevaba calzoncillos. Fue decirle eso y empezar a crecerle el rabo y a renglón seguido, crecer el mío que le acababa de sacar para hacer pis. Con su rabo tieso y todo empezó a orinar y yo a hipnotizarme con su fuerza y su olor a váter sucio. Me preguntó sonriendo si me gustaba su rabo y le dije que me gustaba meando. Me tomó mi mano izquierda y me la llevó a su polla y automáticamente me sentí autorizado a prestar mi boca. Me agaché y apunté el chorro, metiendo la cabeza en el urinario a mi boca. Él durante un segundo intentó impedirmelo hasta que comprendió el morbo que me movía y entonces me empujó la cabeza hasta el fondo del urinario y siguió orinando sobre mi cabeza. Mientras me decía que era un vicioso, un demonio de lujuria y que merecía algo más. Y en ese instante, cuando me estaba empujando para obligarme a arrodillarme y chuparle sus deportivas una voz a nuestras espaldas nos sobresaltó. Era Crescencio el bedel. Crescencio tendría, yo no sé, a mis nueve años todos los mayores de quince son viejos, tendría entre cuarenta y cincuenta, aunque podrían ser treinta y cinco. Da igual, el caso es que Crescencio fue a la puerta del servicio y la cerró con llave. Le afeó que se lo hiciera con chicos tan pequeños aunque dijo que le había puesto a tope el numerito de la orina en la cabeza. Luego se dirigió a mi para decirme que en unos años más tomase nota de cual iba a ser mi destino. Felipe sin que nadie le dijese nada, se sacó el pantalón y la camiseta y se quedó desnudo, se apoyó contra el urinario donde me había metido la cabeza y separó las piernas. Crescencio se abrió la bragueta y dejó salir lo que a mí me pareció una monstruosidad de gordura. Tenía aspecto de estar dura. Me dijo a mí sí quería catarla con la boca porque si la cataba por el culo me reventaría y me lancé. ¡Que sensación más increíble sentir la boca llena de carne suave! Me cabía el capullo pero deseaba que me entrase entera. Después de eso me dijo que hiciese lo mismo con el culo de Felipe, que le diese bien de saliva para que entrase mejor. Felipe con voz temerosa rogaba que se lo hiciese despacito. Al acercar la cara al ano del chico percibí el olor a ese sudor especial de cuando se corre mucho o se hace mucho ejercicio entreverado de un sutil olor a mierda. Me enardeció. Metí la boca con fuerza y saqué la lengua. El sabor levemente amargo me excitaba y procuraba que la lengua taladrase. El agujero lo tenía Felipe bastante abierto y sentir como entraba me hacía marear de placer hasta que Crescencio me retiró con cajas destempladas diciendo que le tocaba a él. Vi, estando de rodillas, como apuntaba el capullo al ano hundiéndose en el cuerpo. Con un quejido, no supe determinar si de placer o dolor, el chico dijo que toda y el bedel con un golpe seco de cadera entró totalmente en el culo. Me quedé absorto mirando la magia de ver desaparecer esa cantidad de carne dentro de otra carne. Deseé que alguna vez el culo fuera mío. Felipe dió un grito cohibido y Crescencio le mandó callar llamándome puta. Le agarró por los pelos le echó la cabeza atrás y empezó a bombear, cada vez más rápido, con la misma velocidad que se producían los jadeos y gemidos de Felipe, hasta que con un último y brutal golpe de caderas Crescencio se quedó muy quieto haciendo como que intentaban  metérsela aún más. Luego me dijo que me acercara al culo del chaval a recoger la miel más dulce que él le acababa de regalar. El ano estaba muy abierto y salía de dentro una cosa, como pus, blanquecino. No me atrevía a meter la boca hasta que el bedel me empujó con violencia la cabeza diciéndome que me comiera lo que salía. Salía lo que él le había dejado más lo que Felipe ya tenía y mi boca estaba ahí. Pero la violencia de la escena, el bedel insultandome llamándome perra guarra y empujandome con tanta intensidad al culo de Felipe que se masturbaba furiosamente hizo que me entregase. Me acordé de cuando pensé que quizá algún día Jonás me cagase y supe que ese era el momento y no iba a ser en la espalda, iba a ser en la boca. Estaba a veces amargo y a veces grumoso dulzón soso. Me entregué a consumirlo todo, notando que mi cola cada vez estaba más dura y con ganas de atención. De pronto Felipe se volvió hacia mi, me metió su rabo en la boca y se vació dentro. Me sentí pleno y realizado. Yo quería que Crescencio me la metiera a mi en el culo. Cuando Felipe terminó, el bedel le echó el brazo por el hombro y le dijo que cada vez estaba más abierto y Felipe le preguntó por el puño. El otro le dijo que tranquilidad que todo llegaría a su tiempo y que el nuevo que se había buscado, por mi, iba a dar mucho juego. Nos adencetamos después de lo hecho, Crescencio abrió y nos fuimos.
Mientras iba para casa fui rememorando lo sucedido y volví a ponerme muy duro. Veía los embates del bedel contra el cuerpo de Felipe y me cambiaba en mi imaginación, me veía sintiendo el dolor de ser violentado y más duro me ponía. Después de todo yo no me había masturbado y estaba fuera de mi. Estaba deseando llegar a mi casa para contárselo a mi hermano. Drew tenía cerca de los ocho. Cada noche que se encontraba nervioso o disgustado se metía en mi cama y se rozaba desnudo conmigo. A veces sin abrir la boca me empujaba la cabeza a su entrepierna para que le chupase. Estaba seguro que en cuanto se lo contaste todo iba a querer que le hiciese lo del culo. Se lo conté todo durante la siesta y se excitó mucho y como yo me imaginaba quería el beso negro. Me hizo acompañarle al cuarto de baño para, como hacíamos desde siempre, mearme en la boca solo que en esta ocasión me dijo que era más guarro de lo que él creía y que después de mear tenía que cagar. En lugar de sentarse en la taza se puso en cuclillas y me exigió que recogiese el zurullo con las manos. Me entró una gran inquietud, como si tuviese que cruzar un precipicio por un cable. Era vértigo deseable. Se puso cara a la cisterna para darme espacio para recoger su mierda según salía. Era emocionante ver cómo se le abría el ano hasta quedar imposiblemente abierto y un cilindro de mierda comenzó a salir. Según salía lo iba recogiendo con las manos y deseando que me obligase a llevarmelo a la boca. Temblaba de miedo ante la orden. Cuando me dijo que lo lamiera me mareé y creía que me correría. Cuando me dijo que le limpiará el culo y cogí el papel me dijo que lo soltara. Que le limpiará con la lengua. Se lo había hecho a Felipe y él era mi hermano. Quería masturbarse mientras yo le comía el culo sucio. Con la lengua sabiendo a mierda no tuve más que sacudirme unas pocas veces la picha para sentir el gusto. Drew me dijo que le había encantado, ya siempre que tuviese que cagar me llamaría. Le puse alguna objeción pero me dijo que era un guarro y que me gustaban esas porquerías. Que mi hermano pequeño me ordenase y sujetase a su voluntad me hacía sentir feliz. Hubiese querido una bofetada o una patada para dejar clara su postura, pero tendría que pasar algo de tiempo para hacerse mi máster y yo convertirme en su esclavo 24/7.

jueves, 21 de julio de 2022

TATOO

 

- ¡Tío, por favor! convence a tu hermana. Tengo ya quince años, joder, yo creo que ya puedo decidir sobre mi cuerpo. Además solo quiero uno pequeñito y donde no se vea.
- Yo, sabes que no soy santo de devoción de tu madre, y falta que yo intente convencerla para que se encone más y no te lo permita. En menos de tres años eres mayor de edad y te lo haces.
- Todos mis amigos tienen uno y el David, dos, ¡joder! y yo, como un crío. Se cachondean de mi. Tú tienes uno que me lo ha dicho mi madre. ¡Convéncela! por favor.
- Si tengo uno y a la postre causa de mi separación. En realidad fue el detonante de que nos separaramos.
- Nunca me lo has enseñado.
- Ni el piercing tampoco. No están en un sitio digamos muy visible.
- ¿Tienes un piercing? Yo quiero uno en un pezón pero mi madre por poco me mata. Se puso como loca, no entendía porqué.
- Mi hermana tiene mala experiencia. El piercing me lo hice con tu padre en un finde de juerga al poco de casarse. Tú tendrías no más de dos años. Teníamos tal tajada que hicimos unas cuantas locuras y entre ellas el piercing.
- Yo a mi padre en la piscina nunca le he visto un piercing. Ni siquiera en la lengua, que alguna vez se lo habría visto..., espera, tío, no. No puede ser. Lo tiene..., ¿Ahí? Y tú también. Pero, ¿dónde?
- Tu padre se hizo un frenum y yo un Ampallang. Supongo que yo estaba más borracho que él.
- Y eso ¿Que es, os dolió mucho?
- Lo de tu padre no fue tanto. Es una barra que atraviesa el frenillo de lado a lado. Yo me lo hice, ya después, precisamente cuando el tatuaje y la verdad es que me cicatrizó rápido y prácticamente no me dolió. El mío, el Ampallang me tardó tres meses en curar. Tres meses sin follar, y si, si me dolió. Lo cierto es que ahora da mucho morbo, junto con los otros.
- ¿Otros, tienes más?
- Si, tres más. Dos Didoe y un Príncipe Alberto.
- ¡Joder, tío! Enseñamelos por favor, enseñamelos. Y el tatuaje, ¿Que es? ¿Dónde lo tienes?
- Mira Jero, ¿sabes que te llamas así por mí? Soy tu padrino. Jerónimo. Tienes quince años para dieciséis y no sé cómo vas a llevar empaparte de lo que te voy a enseñar. Y tengo aún un piercing más del que no tiene noticia nadie. Uno anal.
Jero se le cambió la cara. De pronto la faz de crío al que todo le emociona y todo le parece bien se demudó. El semblante jaranero de adolescente se trocó en oscuridad y dureza.
- Anal, ¿Como?
- Cómo el de los ombligos. En uno de los márgenes abarcando el músculo orbicular externo, que al fin y al cabo se hace incompetente en un momento. 
- Entonces, ¿Que pasa, que se te cae la mierda?
- No Jero. Hay dos músculos que impiden que se salga, el externo que se puede volver incompetente y el interno que es el que siempre funciona y entre uno y otro un trocito de unos dos centímetros, el canal anal.
- ¿Y cuando cagas? ¡joder, con la conversación!
- Después de cagar, bidé o toallitas húmedas y listo. Hay que conservar la higiene.
- Menos mal que no te tienen que dar por el culo porque pobre polla toda despellejada.
- Si túvieran que follarme..., o, cuando me follan. ¿Tú que sabes de mi vida? Piénsalo. Me lo quito. Tiene un clip, es fácil, quitárselo y ponérselo. El morbo que le da a tu pareja vertelo a veces le anima a dar un lengüetazo.
- ¿En el culo? Joder, tío. ¿Que tía le chupa el culo a un tío?
- Muchas y más tíos. ¿O es que ni por curiosidad has visto nunca porno gay?
El chico se quedó callado y humilló la mirada, cómo sintiéndose cogido en falta.
- Pero fue solo una vez. Con el primo que me dijo que la viéramos y no supe decirle que no.
- ¿Y qué? Os pajeásteis ¿Verdad?
- Te lo ha dicho el primo. Será maricón. Él me la chupó. Me dijo que no pasaba nada que todas las bocas son iguales.
- Y tu a él. Me juego el bigote a que tú también. Aunque solo fuese por no parecer un retrógrado.
- ¡Joder, de verdad, tío! Ya está bien - Jero empañó los ojos de lágrimas. 
- Venga, Jero ya está. Mira. Te voy a enseñar mi tatuaje. Los piercings otro día. Te prometo que intentaré convencer a mi hermana de lo de tu tatoo.
Jerónimo empezó a desabrocharse el pantalón y se lo bajó hasta los tobillos. El chico puso cara de sorpresa y se levantó como un resorte del asiento 
- Tranquilo, chico, que no me la voy a sacar. Pero es que el tatuaje lo tengo aquí, en la ingle y para que lo veas bien tengo que exponerlo bien, mira - Jerónimo se bajó el calzoncillo justo hasta el arranque del pene para que pudiera verse en todo su esplendor el tatuaje.
- Tío, es el sol, ¿No? Pero que tiene dentro un ojo mira adelante y el otro de lado - Jero acercó su dedo índice al centro del tatuaje y apoyándolo débilmente en la piel dibujó el perfil de la luna que estaba insertado en la cara del sol.
- Jero, por favor, hijo, quita ese dedo de ahí, está demasiado cerca de dónde no debería estar. Y creo que lo puedes comprobar a simple vista - el chico se quedó mirando con sorpresa el calzoncillo de su tío que crecía a una velocidad respetable y quiso cambiar el tema.
- Y ese tatuaje - retiró su dedo a gran velocidad - porqué tiene ese perfil dentro del sol.
- Es el sol y la luna, Jero.
- ¿Y eso, porqué?
- Ya eres mayorcito para saberlo. Soy bisexual, Jero.
- ¿Bisexual? Y eso significa...
- Que me gustan sexualmente tanto las mujeres como los hombres.
- Entonces, ahora lo comprendo todo. Has follado con tíos.
- Últimamente más que con chicas. Los coños que por tu edad tendrás a tu alcance son realmente apetecibles. Los que por mi edad podrían estar a mi alcance, son para follarlos, no para meter la boca. Y yo soy bocón, me gusta follar con la boca y para eso una polla es mucho más apetecible. Tú lo sabes que ya te ha entrado una en la boca. Dando estás explicaciones el pene de Jerónimo continuó creciendo hasta asomar medio capullo exhibiendo orgulloso su Príncipe Alberto. 
- Mira, ya sabes otra cosa, esto es un Príncipe. Entra por el agujero de mear y sale por el frenillo y si bajas un poco el elástico del calzoncillo..., Vamos, lo estás deseando, baja un poco el elástico y verás el Ampallang y los didoe.
Jero, tragaba saliva y de forma completamente refleja se llevó la mano a la bragueta y se manoseó.
- Lo ves, chico. Te estás empalmando. Bajame ya el calzoncillo y date el gustazo de ver lo que quieres.
- Bajatelo tu, tío Jerónimo - el chico empezaba a transpirar aunque no hacía calor - es tuyo. A mi me da igual.
- Te da igual - empezó a decir Jerónimo subiéndose el elástico y recogiéndose los pantalones de los tobillos - pero tú te has empalmado. Dime qué es mentira - y diciendolo su mano como el rayo se lanzó a la bragueta del sobrino y agarró el trozo de carne dura, dio un par de halones y soltó - que soy muy viejo ya para ti y me he fijado en miles de braguetas. Y la tuya me dice que le encantaría estar abierta dejando al pájaro suelto. Anda. Ya has visto más de lo que te correspondía, el tatoo y el príncipe y no has visto más porque no has querido.
- Tío. ¿Te la han metido por el culo?
- Muchas veces, y para mi gusto, menos de las que me deberían haber metido. Sobre todo con vuestras edades, las de tu primo y la tuya, que tuve oportunidad de dilatarme entonces y por cortedad, miedo o vergüenza o un mix de todo me eché para atrás.
- Eres maricón, entonces 
- ¿Qué coño es ser maricón? Tu también lo serás porque te has metido una polla en la boca y además te acabas de empalmar viéndome el capullo.
- Pero nadie me la ha metido por el culo.
- Date tiempo y a ver, porque por lo que yo he podido observar tienes muchas papeletas.
- El culo es para cagar. Eso es lo natural.
- Y la polla para mear. Y el tiempo que no los usas, ¿Podríamos encontrarle otra utilidad? De hecho se la encontramos. Hay más culos follados que pelos en la cabeza.
- Pero eso tiene que doler una barbaridad. La dirección es de dentro hacia afuera.
- En las mujeres la vagina es de fuera adentro y a veces de dentro afuera con un tamaño que te cagas. El ano se dilata en las dos direcciones y las dos pueden ser placenteras. A mi me desvirgó un hombre ya cincuentón cuando yo tenía diecinueve. No sé ni cómo me fui con él. Era fortachón con bigote y tenía una mirada penetrante y diría que hasta violenta y me subyugó. Tenía como magnetismo. Me fijó con la mirada. Estábamos en un bar de carretera, iba yo a la uni y me había parado a tomar algo. Estaba atardeciendo ya.
- Pero antes de eso, ¿Tú habías tenido ya algún rollo con alguien?
- Con amigos de la pandilla, siempre con borrachera por medio y amnesia matutina por parte de los dos. Nada importante, mamadas mutuas, pajitas y poco más. Salvo uno que amanecimos en el coche solos los dos a la mañana siguiente, no era habitual de la pandilla, que le pregunté que qué había pasado la noche anterior y me contestó que me dejase de hostias que la mamaba muy bien y le jodió que apartase la boca cuando se corrió. Que mi polvo fue directamente a su estómago y que si había próxima vez me iba a amarrar la cabeza y atragantarme de leche. Quedamos para esa noche en un motel y echamos el polvo de mi vida, la primera vez que tragué leche. Y él también se la volvió a tragar, le gustaba y yo le cogí el gusto. Tú le conoces, alguna vez estaba aquí cuando tú has venido; Rosendo. No perdimos el contacto y seguimos follando, sin rollos emocionales ni compromisos. Es lo que más me gusta de follar con un tío.
- El Rosendo ese si me acuerdo. Imposible olvidar las miradas que me echa, y eso que no le habré visto más que un par de veces. Bueno, tío Jero. El camionero. Cuenta.
- Estás que te corres, eh, canalla. Estás babeando - se echó a reír feliz con su ocurrencia - se te nota el empalme y seguro que si te la sacas está destilando precum.
- No te vayas por las ramas, tío - se sonrió condescendiente mirándole de forma cómplice - y dime cómo fue lo del camionero.
- Yo no he dicho que fuera camionero.
- ¿No lo era? En un bar de carretera, fortachón con bigote he deducido que era camionero.
- Si. Era grandote, con una camisa de leñador, lo típico, abierta hasta casi el ombligo enseñando una mata de pelo negro abundante. Brazos morenos y potentes y algo de barriga. Me clavó la mirada, me hizo un gesto con la cabeza para que le siguiera. Y no se porqué, le seguí, temblando, con la polla que me saltaba las costuras del vaquero. Tenía la respiración acelerada pero no podía evitar seguirle un par de pasos detrás. Es la sensación más emocionante que he sentido nunca. Entró en el servicio y yo detrás. Se fue a uno de los urinarios y yo me detuve nada más entrar, como paralizado, el corazón en la boca. Giro el hombre la cabeza y volvió a ordenarme, porque ese movimiento de cabeza era una orden en toda regla. Me encantaba que me lo hiciese, me encantaba obedecerle, me daba placer obedecerle. No conocía hasta ese momento esa emoción. Me puse en el urinario de al lado y me saqué la picha para mear. El la tenía fuera, morcillona y meando. Un chorro grueso y fuerte. Me cogió la mano más cerca de él y me la llevo a su polla. Se la sujeté y él me llevó la mano al chorro y me dijo que le cogiera el capullo y me empapase la mano de su orina. "Para que te mee en la boca me lo tienes que rogar, perra"  Creí que me corría de gusto allí mismo. Nunca se me habría ocurrido que alguien pudiera mearme en la boca, ¡Que asco! pero en esa situación el asco se me cambió por deseo de que se materializase. Deseé en ese instante que me empapase de su orina. Cuando acabó de orinar se la guardó y se limitó a decir "Sígueme guarra"  efectivamente, lo era, me producía placer considerarme una guarra y que él me lo recordase. Le seguí y llegamos a un Mack enorme. Abrió el camión subió y me ordenó que le siguiera. Subí al camión muy nervioso. Dentro de la cabina podía hacerme lo que quisiera y barajar la opción de que quisiera hacerme daño me excitaba aún más. Deseaba entregarme a aquel tío.
Jerónimo con el relato no se había dado cuenta de que su sobrino se había desabrochado el botón del pantalón y con la mano metida por dentro de la ropa interior se acariciaba la polla.
- Te la puedes sacar si quieres. Estarás más cómodo, a mi no me va a importar.
- No, déjalo, así estoy bien - le contestó sacándose la mano de la entrepierna - sigue, ¿Que pasó en la cabina, te trató peor aún?
- Descorrió una cortina a espaldas de los asientos y detrás había una cama. Me hizo pasar y me ordenó que me quitase la camisa. Se me quedó mirando y me pellizcó los pezones. Me dolió y me quejé intentando eludir el castigo y me calzó una hostia que me hizo saber de qué iba aquello. Me sometí no por miedo, me escocía la bofetada pero la polla no podía estar más dura. Me excitaba que me pegase, no lo entendía. Siguió pellizcandome los pezones, yo estaba encogido intentando minimizar el castigo y empecé a llorar, "La perra tiene mucha pena" me soltó los pellizcos y me cogió con las manazas la cara, se acercó a mí con la boca abierta, sacó la lengua y me lamió las lágrimas. Eso me excitó sobremanera y le eché mano el paquete. Me la apartó de un manotazo y me dijo que yo tenía que hacer lo que él me dejase hacer. Se sacó la polla y me dijo que abriera la boca, me escupió dentro y me dijo que ese era mi premio, luego me cogió la cabeza y me clavó la polla en la boca. Me atragantó, las náuseas no paraban, yo seguía echando lágrimas pero no era pena lo que tenía, estaba a punto de correrme. No he vuelto a sentir tanto placer nunca. Cuando se cansó de destrozarme la garganta, él mismo me arrancó prácticamente el pantalón y el calzoncillo no me lo quitó me lo rasgó con su manazas en la parte del culo. Supe que me iba a reventar, tenía una polla respetable, pero estaba tan excitado que estaba dispuesto a resistir lo que fuera. Me daba igual que me rajase o me reventase: lo deseaba. Temblaba de miedo y deseo a la vez. Le dije en el clímax de la lujuria que me follase una y otra vez, que me diese a sus amigos como su puta que era.
- ¿Te hizo mucho daño, te dolió mucho?
- Nada. Fue todo un descubrimiento. Me hice adicto al ano. Nada da más placer. No me dijo ni cómo se llamaba. Quizá mejor. No le volví a ver. Y mira que volví unas cuantas veces a diferentes horas por ver si podía volver a verle. Pero nada.
- Bueno, y como es que no te dolió. No me lo explicó - no se había dado ni cuenta, pero tenía la polla tiesa en la mano.
- No tan grande como la del camionero, pero tú polla tampoco está mal.
- Tío, joder deja mi polla en paz y déjame que disfrute de tu película. Estabas que te rasgó el calzoncillo y te dejó el ojete al aire.
- Sacó de una alacena un tarro grande lleno de algo que cuando lo estiraba hacia hilos. Un lubricante para puños. Me embadurnó toda la raja y empezó con los dedos. En menos de lo que se santigua una monja me tenía metidos cuatro de sus dedazos. Sentía presión y dilatación pero no dolor y antes de que me diese cuenta me la había clavado. ¡Dios, Jero! Que placer sentir entrar y salir ese pedazo de  carne en barra. Y la sensación de placer suave e infinito cada vez que la sacaba y la metía como el que clava un piolet en un bloque de manteca. En una de esas embestidas, sin ni siquiera tocarme me salió un géiser de leche y casi me desmayo. Entonces él se detuvo con la polla dentro y con un largo gruñido, me preñó. La sacó y me dijo que me largara que se tenía que marchar. Arrancó el camión y casi me tuve que tirar del camión. Ese fue mi desvirgue. Y me encantaría que el tuyo fuese parecido.
- Ya has dado por hecho que me van a abrir una puerta trasera.
- Ya la tienes solo que no la sabes usar.

miércoles, 20 de julio de 2022

TRAGADA

 

- Corta, corta, corta. ¡Joder, tío, esto no es!
El cámara, con una camiseta raída, sin pantalón y medio empalmado, apagó la autónoma, dejó caer la mano con la cámara y le dedicó atención a su pene, recogiendo el precum y llevándoselo a la boca.
- No seas guarro, tío, que no estamos grabando - imprecó al chico de la cámara autónoma - Tú, Sergio, ven aquí, joder, tenemos que hablar. Y tú, figura del lefazo, si el tío vuelve la cabeza cuando te vas a correr, se la sujetas. ¡Esa leche se la tenía que tragar! Ahora, vuelta a empezar, esto tiene que quedarse para edición, ¡hoy!
- Yo ya me he corrido, Román, ¡joder! ¿Ahora, qué?
- Pues te vas a la sala de vídeo y le dices a Juanito que te ponga una de las tuyas y te calientas otra vez, que de Sergio me ocupo yo.
Vamos a ver Sergio - Román estaba realmente contrariado - ¿Qué parte de te tienes que tragar el polvo no has entendido? Porque lo de los seiscientos euros si lo entendiste, ¿No?
- No puedo Román, tío, vomito, de verdad, vomito, podría sentir esa mierda en los labios y haciendo de tripas corazón soportaría, pero pensar que me entre en la boca, de verdad tío...
- A ver, Sergio. Cierra los ojos y piensa en tu novia. La cara que va a poner cuando te la lleves de finde con esa pasta. Y te recuerdo que llevas el tres de las ventas brutas porque te conozco desde la barriga de tu madre. Si el vídeo queda creíble, pero claro, si Jeremy se corre y tú quitas la cara, como comprenderás, eso no es muy comercial.
- Me da mucho asco, joder, Román.
- Sergio, vas a salir al set de grabación y cuando Jeremy se corra, vas a abrir la boca como la plaza mayor y con una sonrisa te lo vas a tragar y para finalizar le vas a relamer el capullo, y sin una puta arcada. Esta es una oportunidad que te doy por la amistad que me unía a tu padre.
- A ese, ni le nombres. Nos abandonó cuando yo tenía once años. Y hago esto por el dinero, ni mi novia ni hostias. En mi casa hace falta.
- Y por eso te lo propuse Sergio. Esta tragada de hetero nos va a dar pasta. Tu polla está constantemente en pantalla para que se vea que mamar un nabo no te gusta. Cuando tragues sin empalmar, las tomas se van a vender como pan caliente. La gracia no es que te tragues el polvo, es que realizas el deseo imposible de todo maricón, que es poderse trajinarse un hetero que lo sea de verdad. Venga, y además si lo haces y con convicción y sale bien te cuento la razón por la que tu padre desapareció de la noche a la mañana. 
Román se quedó mirando el cuerpo de Sergio y no pudo por menos que decir un "No me extraña"
- ¿Que es lo que no te extraña, Román?
- Nada, Sergio, nada. Luego, cuando te diga lo de tu padre te lo aclaro. Ahora, venga, al rodaje. Recuerda, no me importan las arcadas cuando Jeremy entre profundamente en tu garganta, ni el vómito de moco, eso le da tinte sado a la filmación y tiene recorrido. Como los ojos llorosos mirando hacia Jeremy en señal de aceptación y sumisión a su rabo. No te me vayas a empalmar, por favor. Luego cuando acabemos, te pongo algo hetero para hacer unas tomas de empalme tuyo por si al montar se me ocurre hacer una versión en la que al tragar descubres que te encanta y te corres tú. No lo pienses. Limítate a arrodillarte y abrir la boca. Jeremy hará el resto. Las manos a la espalda, nada de sujetarle para que no empujé. Las náuseas antes de tragar dan bien en la cámara. Y al final ya sabes frenillo contra la lengua para que se vean bien los disparos de lefa. Enseñas la leche llenandote la boca y cubriéndote la lengua, tragas y vuelves a enseñar boca vacía. Si hace falta alguna toma adicional, al final.
- Yo estoy listo y después de esa cinta que me has puesto, a punto de correrme otra vez - Jeremy venía de la sala de vídeo con ganas.
- Y ¡Acción!
Sergio se arrodilló delante de Jeremy con cara de circunstancias con las diez pulgadas duras y rectas rozándole los labios. Puso su mirada de astrónomo para cruzarse con la que le dedicaba su compañero de grabación y abrió la boca despacio, permitiendo que el enorme pene le entrara. Nunca antes de ese día le habían metido una polla en la boca y la verdad es que ocupaba espacio pero no sabía ni olía especialmente. Era una textura suave y elástica no desagradable. Pensó en la dureza del clítoris de las mujeres con las que había estado y la única diferencia era el tamaño. Incluso eso no era desagradable hasta que tomaba contacto con la campanilla que provoca la primera náusea que había que reprimir, haciendo que se saltasen las lágrimas y apareciese una tos de timbre muy ronco. Al cabo de unos minutos parecía que la garganta se desensibilizaba y las arcadas eran más escasas. Los veinticinco centímetros de verga se acomodaban dentro de la garganta y por las exclamaciones de Jeremy, con evidente placer. Después de varios vómitos de un moco muy lubricante que sorprendió a Sergio por lo abundantes, el pene de Jeremy entraba hasta permitir besar los huevos con el labio inferior y en una de esas Jeremy mirando a Román le dijo que no aguantaba más.
- Ahora tranquilo Sergio - Román estaba nervioso, todo se desarrollaba bien - ya se acaba, vas bien. Saca la lengua que Jeremy te apoye el capullo y que empiece el baile. ¡Fuerza Sergio!
El pene tieso de Jeremy empezó a escupir semen. Sergio con los ojos cerrados, se sorprendió de que fuese peor el olor que el sabor. Estaba como soso y lo podía tolerar. Era increíble la cantidad de lefa que tenía ese tío hasta que paró y volvió a meter como media polla dentro de la boca. Y en ese momento sin enseñar el semen almacenado a cámara tragó y sintió la necesidad de seguir chupando, deseaba chupar y chupar. No sintió náuseas ni asco. De forma instintiva sacó una mano de la espalda y exprimió la polla de Jeremy que le regaló una gota gruesa de semen que el recogió con la punta de la lengua y abriendo ya los ojos y sin dejar de mirar a los de Jeremy se la tragó. Luego dió dos o tres chupetones más y Román gritó el "corten"
Todos, desde Román, el cámara y hasta Juanito que se había llegado a mirar aplaudieron y le dieron los parabienes a Sergio.
- Bueno, Román, ya está. Ahora lo de mi puto padre.
- No va a ser fácil, Sergio. Vístete y vamos a tomar algo. Será mejor.
Sergio se calzó su superestrechos y elasticos jeans que marcaban paquete escandalosamente y una camiseta de asas de lycra para poder marcar tableta y las Hoss blancas, que se compró con el adelanto de Sergio por la tragada.
Se sentaron en la terraza de la cafetería que había en el local del piso donde estaba el plató de grabación, un piso reformado exprofeso.
- Tienes un cuerpo diez, Sergio.
- Ya lo sé, no hace falta que me des jabón. Mi padre, ¿Qué?
- A eso iba. Ese cuerpo se te empezó a notar ya con siete años y tu padre que se dio cuenta te puso a esculpirlo con un entrenador. Recuerda que desde pequeño, hacías rutinas, levantabas pesas y aparatos, sentadillas y tal. Por eso tienes ese cuerpo. Y ahora para seguir tengo que irme hacia atrás. Cuando tu padre ni pensaba en tener familia.
Éramos unos golfos. Tu padre es cuatro años más mayor que yo. Éramos chicos de la calle. Yo tenía diez años y tu padre iba para quince. Yo era muy echado para adelante, como tu padre y enseguida conectamos. Teníamos empuje y agallas. ¡Joder, que tiempos! Un día entramos a un bazar de un pakistaní y a tu padre se le antojó un reloj y yo con toda mi cara lo robé para él. Salimos corriendo y el tío detrás nuestra. Nos metimos al doblar una esquina por un boquete en la tela metálica en un edificio abandonado y despistamos al pakistaní. Pero nosotros, cagaditos de miedo tiramos escaleras arriba un par de pisos. Allí, cuando recuperamos el aliento, tu padre, que se llama como tú me pidió el reloj y yo por juguetón, joder, tenía sólo diez años le dije que era mío, que él no había tenido cojones porque era maricón. Intenté escapar, para seguir con el juego, pero me alcanzó. Hubo conato de lucha y acabé con la espalda en el suelo y tu padre a horcajadas sobre mis caderas y sus manos sobre mis brazos. Y así, inmovilizado vi un reflejo en su mirada y una especie de sonrisa rara en su cara. Me di cuenta como no apartaba sus pupilas de las mías y la sonrisa se hacía más franca, relajando el rictus de la boca, "Con que soy maricón, ¿No?" me dijo y vi como se inclinaba sobre mi cara y cuando estaba a dos dedos sobre ella, selló mis labios con los suyos. Soltó entonces la presa de mis brazos y me sujetó la cara con sus manos y sentí como la lengua me abría los labios, y me gustó. Si, me gustó y me asustó también. Aprovechando que él se había relajado me desembaracé de su llave y con agilidad salí corriendo. Él se quedó allí quieto, me paré, le tiré el reloj y le grité que era un maricón.
Estuve unas semanas evitandole, aunque no podía quitarme de la cabeza su beso. Y cada vez que lo evocaba me ponía duro como un palo. Un día en una de nuestras raterías en la que no participé aunque la seguía a distancia, la verdad es que me gustaba verle, le pilló el dueño de una tienda donde robó y yo al verlo me entró una rabia que me acerqué corriendo y le di una patada en la espinilla al tío y Sergio pudo escapar. Yo salí corriendo detrás de él y atravesando un solar con una caseta medio derruida, nos refugiamos. "¿Ya no soy maricón, o qué?" Me le quedé mirando a la cara y me dió pena y me eché a llorar refugiándome en su pecho, tu padre me abrazó y me cubrió la cabeza de besos, luego me besó la cara hasta que llegó a los labios y me entregué. Dejé que mi instinto volase y que el suyo me dirigiese.
- Entonces, ¿Mi padre es maricón?
- Espera que aún no llego al final. Aquel día en aquella caseta medio derruida, llena de mierda y escombros, hicimos un poco de sitio a patada limpia, nos desnudamos y tu padre me desvirgó el ojete. Me dolió pero me gustó que él disfrutará de lo que hacíamos. Cuando terminamos, me dijo que no sabía si era maricón "Me gustan las chicas, pero los críos de tu edad o así me vuelven loco, y no sé si eso es ser maricón" yo no creo que sea maricón le contesté, pero me ha gustado chuparte el rabo y haberte tenido dentro. Estuvimos como tres años teniendo relaciones hasta los trece míos en que me dijo que había preñado a su novia, de tí precisamente, y teníamos que dejarlo, además de que yo ya era mayor para su gusto.
- ¿Estuvisteis tres años liados?
- Bueno, si. Después cada uno tenía sus rollos. Nunca me dijo si tuvo otros críos con los que follaba. Yo sí estuve liado con más tíos, llegué a la conclusión que gozaba más con que me follasen a mi que follando yo a una chica.
- Y una vez que preñó a mi madre de mí, se olvidó de tí.
- Sexualmente si. Estaba muy pillado por tu madre y cuando naciste no tenía ojos más que para tí. Se cabreaba si llegaba de trabajar a casa y tú madre te había bañado, por ejemplo. Pasaba todo lo que podía contigo.
- ¿En que trabajaba?
- En la refinería de peón. Era muy salvaje trabajando. Hacía turnos dobles para que tuvieras de todo. Cada vez fue apartándose más y más hasta que prácticamente dejamos de vernos. Cuando yo tenía casi los veinte años y ya hacía mis pinitos en esta industria me llamó. Tú tenías siete años. Me dijo que quería que viese el cuerpo tan perfecto que tenías. Te hizo desnudar delante de mí. Te quedaste con un suspensorio mínimo, completamente desnudo. Fue una gozada contemplar a un crío tan pequeño marcando tan bien sus rutinas de diferentes grupos musculares. Tu vientre bajo era toda una sinfonía de armonía y plasticidad. Después de admirarte te vestiste y nos quedamos solos. "Le veo a mi niño y te veo a ti cuando te desvirgué, y le deseo, Román, le deseo"  y rompió a llorar. "No sé que voy a hacer Román, cada vez me resulta más difícil reprimirme. Cuando hay alguna exhibición y le tengo que dar el aceite en la piel, me vuelvo loco. La semana pasada dándole el aceite por la espalda, no sé si queriendo o sin querer le roce con la polla el culo y me dijo que qué era eso tan duro" volvió a romper a llorar y ya no hubo forma de consolarlo. 
- Pero ¿Llegó a hacerme algo o..., yo que se?
- Si lo hizo, a mi no me lo dijo. Eso sí, cada vez que tenías una competición de culturismo infantil me llamaba para que te aceitase yo y no tener él que tocarte. En los cuatro que transcurrieron entre aquella vez que me lloró desesperado por su inclinación y la llamada que me hizo anunciando que desaparecía, no sé a qué se dedicó o si se buscó algo..., no se...
- ¿Que te dijo en esa llamada? Si se puede saber.
- Me llamó casi sin poder hablar "Ya no lo aguanto más. Ayer vi a mi Sergio desnudo en el baño y estaba empalmado. Rompí el espejo del lavabo con la cabeza para poder resistirme y me herí. Tengo unos puntos. Y ya me voy"
- Ahora que lo dices, ¡Es verdad! mi padre rompió el espejo de un cabezazo y se le llenó la cara de sangre. ¡Lo había olvidado! Bueno, ¿y donde se fue?
- Me llamó a los tres meses. Estaba en Méjico, allí conocía a alguien que pasó un tiempo en su refinería. Al año me volvió a llamar, trabajaba en una plataforma en el Golfo de México. Seis meses en la plataforma y tres de asueto. Lo gana bien y no sé si tiene pareja, hombre o mujer. No se. Ahora, ya lo sabes. A tu padre le gustan los chavales desde que era un zagalón, y le siguieron gustando hasta que el sujeto de su lujuria fuiste tú. Por eso se fue.
- Román - Sergio miró al suelo y se encogió, como si quisiera esconderse - tengo algo que decirte, pero, no sé cómo hacerlo.
- Yo se cómo se puede hacer, para que no te resulte tan duro. Espera voy a pagar - fue al local y volvió en un momento - vamos. Subamos al estudio otra vez. Ahora está vacío.
Subieron al piso-estudio de grabación y después de asegurar la puerta le puso la mano a Sergio sobre el hombro y le condujo a su despacho.
- Desnúdate Sergio.
Sergio se quedó perplejo ante la solicitud de Román y ver que él empezaba a hacerlo.
- ¿Pretendes follar conmigo, estás loco?
- No, Sergio, no. Cuando se está desnudo frente a alguien desnudo se tiene menos tendencia a ocultar cosas. Desnudo, te va a ser más fácil contarme eso que tanto te avergüenza.
- ¿Cómo sabes que me avergüenza?
- Tengo más edad que tú, aunque no soy viejo, cuatro años menos que tu padre, treinta y tres y este negocio da mucha sabiduría en comportamiento. Venga, desnúdate y empecemos.
- ¿Sabes porqué he soportado la tragada de leche de Jeremy?
- No me asustes, Sergio. 
- Tenemos un vecino, Elías, un chaval muy simpático, de madre soltera. Desde que aprendió a caminar me seguía a todos lados. Yo le daba volteretas, le acunaba, le levantaba en vilo y me encantaba estar con él. Con seis años le cogí un día para jugar, le metí la mano desde detrás entre las piernas y me cupo en la mano su paquete. Mi empalme fue fulminante y solté al niño como si fuera un hierro al rojo. A raíz de aquello me despegué del niño, le huía como al diablo, pero me perseguía a todos lados y tenía suficiente estatura para llegar a mi bragueta y en cuanto podía se me abrazaba al muslo y me metía la cara en la entrepierna y como un resorte me empalmaba. Se dio cuenta de la dureza y lo provocaba y cuando estaba dura me la besaba a través del pantalón, a veces se demoraba y yo me corría. Me odiaba por ello, pero llegó un momento en que provocaba el encuentro para imaginar que me la sacaba y se la tragaba hasta hacerme correr. Estaba enganchado.
Esta mañana pude tragar porque cerré los ojos y vi a Elías sentado sobre mi boca metiéndole la lengua en el ano. No sé si te diste cuenta, pero al final acabé empalmado.
- Ya. Como ahora mismo, que vaya pedazo de rabo gastas, Sergio. Ese final tendré que poner un scroll de tu polla flácida.
- ¿Será hereditario lo de que me gusten pequeños?
- Ni idea, Sergio. Bueno, cambiando de tema. ¿Harías mañana otra tragadita?
- No tío, de verdad, no se...
Esta vez sería tragada y desvirgue de ojete, con lágrimas, cara crispada del dolor y los insultos pertinentes. Mil quinientos estaría bien.
- ¿Por mi culo? Ni hablar. 
- También decías que nada de tragar y al final, oreja y rabo, nunca mejor dicho - y Román se rió de su ocurrencia - ven a la sala de vídeo, te voy a enseñar algo -
Román se metió en la sala de control y conectó un disco, volvió donde Sergio, se sentó a su lado y le echó el brazo por los hombros - disfruta y luego me dices si estarías dispuesto a poner el culo.
En la pantalla apareció un granjero muy grande y coloradote con un peto vaquero sin camisa que dejaba ver un tórax peludo. En off una voz le llamaba "tío, tío" mientras se dirigía a la cuadra. Un traveling y se veía venir corriendo al encuentro del hombre un niño de, parecían unos diez años. Alcanzaba al hombre, se le abrazaba a la pierna y le apoyaba su cara sobre el paquete que crecía y crecía. El crío pugnaba por hacerse con el bulto hasta que el granjero se desenganchaba de su peto y el pantalón caía al suelo, momento en que el crío miraba a su tío con sonrisa de felicidad y se metía su pene en la boca. Al cabo del rato el hombre levantaba en peso al chico le arrancaba los pantalones y dejaba libre una polla más grande que la suya, ponía al sobrino cabeza abajo y se montaban un sesenta y nueve. Finalmente el hombre subía sobre unas cajas al chico, se daba la vuelta y ofrecía su culo a la sodomía. El chaval se follaba al hombre hasta correrse. Una vez preñado el hombre el chico lamía su semen que resbalaba por el ano del granjero.
Sergio estaba más que empalmado.
- ¿Cómo es posible que un chico tan pequeño haga eso? - no paraba, mientras preguntaba, de estimularse el capullo con el precum que destilaba.
- ¿Te gustaría estar en la situación del red neck? Se te ha puesto el rabo a reventar.
- ¡Joder, si! no me importaría. Esa cara de inocencia y esa mirada final al comerle el culo de vicio. Puff, no sé qué hacer, ahora mismo.
- Toma - le entregó un plug corto de tres centímetros - y ahí hay lubricante, vete entrenando, el "niño" calza ocho pulgadas y media y una y setenta y cinco de diámetro. Voy a ver si puedo contratarle, es caro, pero le gusta conocer gente nueva. Su agente es duro, pero la pasta abre cualquier puerta. ¡Ah! y tiene solo veintitrés años. Genética pura, no quieras saber la pinta que tenía con dieciocho, daba grima. Y es vicioso que te cagas.
- ¿Se le puede follar, para luego cumplir mi fantasía de que me cague en la boca un chaval?
- No se si estará en su rol profesional, todo es hablarlo. A ver qué dice su agente. Ahora vamos. Te llamaré.

sábado, 21 de mayo de 2022

DURA REALIDAD (VI)

 

- ¿A qué hora llegaste anoche, Óscar?
- Tarde mamá, se me hizo tarde - se sentó como con cuidado, despacio y al hacerlo puso un gesto de incomodidad.
- ¿Te has caído o algo? Por cierto, ayer, tarde ya te llamaron Cristina y Javier en ese orden, que si estabas o sabíamos donde estabas. Al parecer habías quedado con Javier y no apareciste.
En ese momento Óscar se tocó la bragueta y notó la dureza de la jaula de acero que confinaba su pene. El saber que estaba prisionero de sexo hizo que su pene creciera y se estrellara contra los barrotes de la funda provocándole un dolor en el capullo que le llevaría al orgasmo cómo sucedió la pasada noche cuando Conrado delante de sus seis amigos le aprisionó el pene para luego excitarlo y ver como el capullo intentaba desbordar la cúpula de alambres duros que coronaba el dispositivo. Conrado siguió estimulando los segmentos de capullo que intentaban escapar de su prisión hasta que le hizo correrse ayudado por un tal José María que hábilmente le pellizcaba los pezones con suavidad. Volvía a tener ante la explicación de su madre las mismas sensaciones y se le hacía presente el tapón anal que sentado en esa silla le comprimía la próstata y le hacia gozar sintiendo el capullo aprisionado.
- Me dijo Cristina que la llamases. Que ya había hablado con Carolina y que quería verte. Llámala hijo. Es muy buena chica y te conviene.
Óscar salió de su ensoñación de placer y esclavitud y empezó a diseñar el relato de lo que diría a la chica para no quedar demasiado pringado. Debería ser algo que justificase de alguna manera su comportamiento y la aceptación de esas condiciones de sometimiento tan extremas. Finalmente llegó a la conclusión de que la mejor forma era abrirse en canal y contar a Cristina todo lo sucedido. Cómo le asustó la declaración de Javier, cómo se arrepintió inmediatamente de su espantada y como un tío de aspecto no muy conveniente le llegó hasta el hueco más lóbrego y oscuro de su alma y le encadenó quitándole cualquier atisbo de libertad de elección. Seguía sin explicarse que le había sucedido, pero tampoco quería que se lo explicasen no fuese a ser que se rompiese el encantamiento en el que estaba inmerso y cayese en el erial de su realidad en la que todo era gris y brutalmente real.
Cerró los ojos visualizando a Cristina con los ojos cerrados y cara de gozo infinito con su pene enorme rellenando toda su vagina y sabiendo que ya no podría volver a ser. El coño de Cristina llena de otras vergas mientras el suyo mendigaba alguna polla que quisiera despertar todo el placer que llevaba dormido en su ano desde siempre. Volvió a empalmarse viéndose follado por Conrado y Cristina masturbándose lentamente disfrutando de la vista.
- Cristina, soy Óscar, tengo que hablar contigo.
- Y yo contigo, Óscar. He hablado con Caro y quiero que sepas que tu no tienes nada que ver. Lo que sienta Javier y hacia quién lo siente no es responsabilidad tuya. ¿Quedamos esta tarde?
- Prefiero que sea ahora, Cris. Lo que tengo que decirte no tiene demora. Voy para tu casa.
- Iba a salir ahora para un seminario.
- Pues no salgas, esto es más importante, tan importante como nuestra vida.
A medida que Óscar avanzaba hacia casa de Cristina se le hacia más presente la cadena de acontecimientos que desembocaron en el mal trago por el que iba a tener que pasar. De no haber ido en busca de dinero con el que poder acompañar a las chicas a Niza nunca habría consentido que Javier le hiciese una mamada y él no habría abierto la caja de los truenos que le despertó de forma tan traumática al universo de placer más extremo y adictivo, que se le quisiera etiquetar de homosexual formaba parte del reduccionismo con el que la masa acostumbraba a dar explicaciones sencillas a problemas muy profundos. ¿Porqué ver a dos chicas de su edad más o menos sodomizadas por las mismas pollas que él tuvo y quiso chupar no le despertó más interés sexual que el que le produjo verle el culo desnudo al mayordomo bajo los rabos del chaqué?  No había vuelta atrás. Estaba como estaba porque quería estarlo, gozaba sintiendo el plug, las erecciones imposibles y gozaba pensando que llegaría el día que ya no tendría polla que meter en ningún lado y solo soñaría con que se las metiese a él bajó todos los focos posibles. Lo había intentado todo a su alcance, había puesto toda la voluntad en negar la evidencia pero al final se había tenido que rendir a un mundo que le ofrecía una panoplia de placeres exquisitos, y aún solamente atisbados que serían imposible de alcanzar con una relación de pareja convencional. Si la noche anterior hubiera querido rendirse a lo que su corazón le indicaba respecto a Javier, en la actualidad no llevaría puesto ningún adminículo de lujuria desenfrenada. 
Pensando en la noche anterior, la felación a Matías, el rasurado ceremonial y ritual antes de colocarle la castidad y el tapón anal que portaba también no pudo por menos que estremecerse de placer y sentir una violenta erección, la enésima,  férreamente contenida por la jaula. El dolor por el impedimento de la verga y el roce del tapón por la marcha contra la próstata hizo que según se acercaba a casa de Cristina, se afirmase en su decisión. Peor, imaginó, sería decírselo a Javier que no se explicaría como le había rechazado a él para elegir la opción más extrema y con un perfecto desconocido.
Cristina estaba esperándole en la puerta para ir a dar una vuelta mientras hablaban. Óscar insistió en quedarse en su habitación porque la explicación completa exigía cierta confidencialidad. Cristina no estaba muy conforme pero cedió.
- Bueno Óscar, ya me ha dicho Caro que Javier es gay. Que te hizo una mamada esperando para hacer una peli porno. ¿Cómo coño te dejaste? supongo que porque es tu amigo, pero, tío, ¿hasta ahí? Y otra cosa, en confianza, ¿la mama mejor que yo? 
- De verdad Cristina, esto no es para tomártelo a broma. Es serio. No estoy en disposición de volver a tener relaciones contigo. De hecho mi virilidad ya no lo es. Solamente es el órgano que tengo para orinar. Dentro de un año me han asegurado que solo me quedará un pequeño botón parecido a un clítoris pegado al cuerpo. El cuerpo del pene ya se habrá atrofiado. Y lo habrá hecho de no utilizarlo. En este momento y para siempre vivo en castidad.
- ¿Estas loco, Óscar? La mamada de un tío te ha vuelto loco. Y me imagino que ahora me dirás qué vas a ingresar a un convento de clausura.
Y diciendo esto acercó su mano a la entrepierna de Óscar. Empezó a tocar intentando coger entre los dedos el pene de su novio.
- ¿Que es esto, que llevas Óscar, que has tomado? Bajate el pantalón ahora mismo, enséñame la polla, cabrón, ¿Que has hecho?
Óscar con parsimonia, casi con orgullo empezó a desnudarse. Encontraba un placer inédito en quedarse desnudo y presumir de su imposibilidad. Se quitó primero la camiseta y lo primero que Cristina vio le hizo llevarse las manos a la boca. En cada pezón Óscar llevaba el instrumento que Conrado le colocó la noche pasada como signo de sumisión. Un cilindro con cuatro tornillos prisioneros que colocado en torno al pezón se apretaba más o menos con una herramienta dependiendo del dolor que el amo quisiera que sintiese su esclavo. Óscar los llevaba moderadamente apretados haciendo que los tuviera muy congestionados. Cristina llevó la mano a uno de los pezones y al roce su novio gimió, no supo Cristina si de dolor o de placer, pero Óscar no hizo intención de retirarse. Cerró los ojos y empezó a jadear rememorando la noche en que se los colocaron y las manos de seis personas, las de Conrado y cinco más le acariciaban, golpeaban o pellizcaban con intención de hacerle sentir que solo era un objeto para el disfrute de sus amos, Conrado sobre todo.
- Quítate eso. ¿Estás tonto? Te tiene que doler.
- No puedo, Cristina. Tengo amo. No es algo que se pueda racionalizar. Sencillamente es así. Soy su esclavo y eso me hace sentir feliz. He experimentado la felicidad por primera vez en mi vida, y esto que llevo - se desabrochó el pantalón y se bajó los calzoncillos - es mi premio, es el talismán que me recuerda donde está la felicidad. Mira este dispositivo de castidad, solo pensar que no puedo disfrutar sexualmente hace que lo intente sin querer. Mira como crece la polla dentro de la jaula, y me duele sentir el capullo así aprisionado pero me hace sentir feliz. Y mira por detrás. Tengo el culo ocupado por un plug de trescientos gramos, me presiona la próstata constantemente y la polla me destila semen constantemente produciéndose un placer dulce e inextinguible que me hace sonreír de felicidad. Se que en cualquier momento me llamará mi amo para usarme o darme a usar por otros y eso me hará sentir que soy algo, entregado a algo. En unas semanas me perforan los pezones y la lengua para poder dar placer a quien me manden. Tiemblo pensando cuando a mí amo se le ocurrirá azotarme para disfrutar con mi dolor o cuando me derramaran cera líquida sobre el escroto y los pezones. También he firmado que no rechistaré cuando me azoten las plantas de los pies o cuando a alguno del grupo se le ocurra que merezco ser un retrete sumiso. No sé cuándo pasará algo de eso pero me hace vivir cada segundo como el último feliz que de paso al dolor. Se que llegará el día que entre un puño en mi culo y hasta un pie. Bien lo temo, pero al tiempo deseo que suceda ya y saber cuál es el límite de la entrega al amo. No sé qué pasará si algún día aparece en el salón solemne un perro o un asno, no sé qué pasará, pero si sé que Conrado disfrutará con mi dolor o mi placer.
- ¿Quién es Conrado, Óscar? - Cristina estaba impactada por el discurso de su novio.
- Mi amo. El que de una forma magistral me sacó de mi absurda desesperación por negarme a hacer lo que mi cuerpo entero deseaba hacer. Me mostró un camino sin alternativas. Éste. Y en este camino, en el que llevo horas soy plenamente feliz y desearía que Conrado me exigiese permanecer confinado en la finca a la disposición de quien quisiera. Y ahora con la libertad que me da ser esclavo de mi amo y sabiendo que cuando se lo diga me va a castigar te tengo que decir que querría utilizar mi boca para darte placer. Además la polla sufrirá una erección explosiva imposible, me torturará y aprenderé a espigar el placer entre tanto dolor. 
- Óscar. Ni Caro ni yo hemos sido sinceras con vosotros. Esta confesión cruda y real me ha hecho ver lo cínicas que hemos sido las dos.
- ¿A qué te refieres? No te sigo.
- En el viaje que finalmente hicimos solas a Niza, nos lo pasamos muy bien. Si. Pero no exactamente como vosotros disteis por hecho.
- Os enrollasteis con alguien. Nos lo imaginamos. Pero, que fue ¿magreo, mamadas o polvos en toda regla?
- Te lo voy a contar desde el principio.
Nos sentimos las dos muy frustradas de que no vinierais. No entendíamos que vuestros padres no os hubiesen dejado el dinero, aunque llegó a nuestros oídos que os distanciasteis y ahora ya sabemos porqué. La mamada que te hizo Javier te removió todo tu fondo y seguramente te horrorizaste de tus sentimientos.
- Fue demasiado, Cristina. Quizá si hubiese sido menos dramático y hubiese aceptado lo que surgía de mí que era que la mamada de Javier fue algo más, en mi corazón no se hubieran desarrollado los acontecimientos de esta manera. Pero venga, sigue.
- Fuimos en tren hasta la frontera. Allí, pensamos que no sería difícil encontrar un transporte a Niza. Pero si, fue difícil, porque no había ni buses ni trenes, había que llegar casi a Lyon y luego allí enlazar otro tren. En la estación conocimos a una chica en nuestra misma situación, Beatriz. Nos tiramos toda la tarde en la entrada de la autopista haciendo dedo hasta que se hizo de noche y decidimos buscar una pensión o algo para pasar la noche. Al final lo único que encontramos fue una habitación en una casa con cama de matrimonio. A la mujer no le importó que durmieramos las tres. Imagínate, nos contamos nuestras vidas, hablamos de novios, de ropa, de sexo y ahí Beatriz preguntó si habíamos tenido algo entre nosotras o habíamos experimentado a ver.
- Les diríais que no. ¿O es que si?
- Y si las hubieramos tenido, ¿qué? Vosotros por la razón que sea, las tuvisteis y os hizo temblar la tierra. Pero no, no las túvimos. Hasta esa noche. Beatriz nos hizo ver que no hay diferencia entre una piel de chico y una de chica, "habéis cerrado los ojos y os habéis acariciado los pezones" nos dijo. Nos quedamos calladas sin saber que contestar. "Empezad por desnudaros del todo. Que sepáis las dos que estáis desnudas. Y entonces cerrad los ojos y acariciarlos los pezones la una a la otra como te habría gustado que te los acariciaran a ti" Con mucha prevención lo hicimos y te puedo hablar por mi, el placer fue inmenso. Y como estábamos en la cama y desnudas nos rozamos los muslos y se desató la tormenta. Tú sabes cómo me pongo yo cuando estoy caliente como una perra. Pues así. Pasamos de la caricia a los pellizcos, el magreo y finalmente nos dimos la boca y ya no supimos parar. Beatriz metió baza y se bajó al pilón de Carolina que empezó a correrse una y otra vez y en su frenesí ella me lo hizo a mi. Nos corrimos todas las veces que quisimos y no paramos de follar en toda la noche descubriendo el mundo nuevo. Algo dormiríamos porque a las diez de la mañana la mujer nos dijo que fuéramos aligerando que tenía clientes a las doce. La mujer nos dijo que su hijo iba para Niza y les preguntó si nos llevaría y el muy cabrón dijo que si sí le pagábamos la gasolina. Total que nos llevó. Cuando llegamos al camping del festival le dijimos a Beatriz si se quedaba con nosotras y como estaba sola dijo que si. Comentamos lo de la noche anterior y Carolina preguntó si ya éramos lesbianas. Beatriz dijo que si solo íbamos a tener sexo con chicas y no nos llamaban ya la atención los chicos, pues si. Pero que si los tíos seguían poniéndonos cachondas, como mucho, bisexuales como ella.
- Entonces, Cristina, ¿somos bisexuales?
- No lo sé Óscar. Es cierto que con Carolina y Beatriz me encontré muy bien, disfruté. Creo que no he tenido tiempo para poder fijarme en otra chica y desear besarla o tocarla o entrechocar nuestros cuerpos desnudos. No he tenido fantasías con mujeres, pero es cierto que si volviese a tener sexo con Carolina me encantaría. Tú, te negaste al parecer el digamos institucionalizar tu relación romántica y sexual con Javier y sin embargo sin buscarlo te has echado en brazos de otro tipo de relación lo más alejado de lo romántico pero sexualmente bizarra en la que consientes negarte el sexo habitual para sumergirte en sexo especial adoptando roles que te asignan tus parejas. No sé si eres bisexual o un degenerado - Cristina se dio cuenta de la perorata que le había colocado a Óscar y se echó a reír.
Su novio no dijo nada. Se le quedó mirando fijamente a los ojos y se movió en el asiento lo que estimuló su próstata con la pieza insertada en su recto y entornó sus ojos paladeando el placer obtenido.
- Levántate Óscar y tumbate en el suelo boca arriba. Pero quítate el pantalón y la ropa interior.
Óscar no rechistó, le obedeció y sintió un profundo placer en obedecer sin preguntar. Entonces Cristina se quitó las braguitas y se agachó con las rodillas a cada lado de la cabeza. Luego se dejó caer sobre el cuerpo de Óscar, buscando con su boca la jaula que encerraba su pene. Alargó las manos y comenzó a manipular el tapón anal lo que provocó que su pene pugnase por salir estrellándose contra los barrotes de la jaula y además hiciese que se sobreestimulase la próstata. Con su lengua acariciaba las partes de capullo sobre todo que intentaban escapar de su cárcel. A la vez la vulva de Cristina caía directamente sobre la boca de Óscar. Éste succionó, lamió, mordisqueó y masajeó con la lengua el clítoris de Cristina. La estimulación de la próstata, los lametones de la chica sobre los trozos de capullo que sobresalían y la sensación de tener el clítoris de Cristina en su boca consiguió el orgasmo que Óscar tenía severamente prohibido. El semen comenzó a efusionar de la jaula y la chica a recogerlo en su boca intentando que no se perdiese nada. Cuando ella creyó tener todo el semen en la boca se dio la vuelta y enfrentó la cara de Óscar mientras rozaba su sexo contra el pene prisionero de su novio. Enseñó lo que tenía en la boca y Óscar abrió la suya para recibir su semen directamente de su novia mientras ella se rozaba cada vez con más intensidad con la castidad de Óscar hasta que con una exhalación y un grito tuvo su tremendo orgasmo que selló con un beso en la boca llena de semen de Óscar.
- No me extraña que Javier se enamorara de tí. Siempre pensé que tú leche me haría vomitar, pero lo que ha hecho ha sido ponerme a cien - Cristina estaba eufórica cuando pudo recuperarse del éxtasis.

Volvían de la cabaña y Javier no tenía claro si iba a querer ser esclavo e hijo.
- Papá
- Dime hijo, que te pasa
- Cuando me coloquen la castidad y tenga el culo para que me lo folles, los demás de ese grupo que dices, ¿también me lo hará?
- Antes de eso, tienes que saber algo más.
- Que, papá. 
- Te van a perforar los pezones y la lengua. Te ordeñaremos cada dos meses y toda eyaculación será castigada con quince días de jaula y comida de perro, porque perros son los que violentaran tu culo. Lo siguiente será el aislamiento sensorial, con traje de látex, manoplas y antifaz con permanente arnés de bola y se te dejará de ordeñar. Te reventará la próstata e irás destilando semen a base de incómodos calambres. Y si, te follaremos todos y beberás nuestro semen.
- A tu amigo Carlos...
- Carlos no es mi amigo - Herman interrumpió brusco a su hijo - es mi sumiso. Que ibas a decir de mi sumiso.
- Que parecía que le tratases como a un hijo.
- Tu me viste follarle. ¿Como tenía tu padre el rabo? como una columna de mármol caliente ¿no?
- A tu hijo, o sea a mi, ¿me vas a follar igual?
- Tú como hijo no me la pones dura. Como sumiso te follaré una y otra vez. Y cuanto más entregado te vea, más dura se me pondrá.
- Cuando estabas clavando a Carlos, vi esas diez pulgadas de carne - y diciéndolo le echó mano a la bragueta del padre - y no entendí porqué no me follaba a mi que gracias a Carolina estoy bastante abierto.
- Todo a su tiempo, Javier. Y has conseguido ponerme duro. No te voy a follar hasta que no tengas tú castidad y el culo taponado, pero una felación ahora mismo si te voy a consentir. Pero tu no vas a enseñar ni un centímetro de piel. Voy a parar ahí delante que hay un apartadero y ahí será. De una vez y hasta el final. Nada de escupir.
- Papá, Germán te la ha mamado o le has follado?
- Tu hermano no tiene capacidad para entender lo que hacemos. Es mejor dejarle como una bestezuela con sus redes sociales y sus drogas que le hagan sentir que vuela.
- Sabes que siempre deseé saber cómo era su polla tiesa para saber cómo sería la mía cuando fuese mayor.
- ¿Se la viste, bueno o tocaste?
- Nunca. Le escuchaba de noche hacer ruidos que más adelante supe que se estaba masturbando pero me daba miedo que quisiera hacerme algo y me quedaba muy quieto, como para que se le olvidase que estaba allí.
- ¿Nunca te masturbarte con tu hermano cómo imagen?
- No. No me interesó nunca. Fue con Óscar la primera vez y hoy puedo decir sin miedo a ser etiquetado que cuando Carolina me metía la vela en el culo porque no terminaba de correrme pensaba que la vela era la polla de Óscar y me corría inmediatamente. Hasta que no estuve desnudo al lado de Óscar con aquel fulano mirando y sabiendo que para nada nos iba a juzgar fue cuando me admití a mi mismo que cada vez que estaba con Carolina y me metía la vela, aparecía Óscar y todo era plenitud.
- Pues verás en cuanto te rasuremos, te coloquemos la castidad y el plug anal y te acostumbres a humillar la mirada, no hablar y obedecer vas a querer que no acabe nunca y cada vez que te sodomicemos no comprenderás cómo has podido vivir sin eso tus años de vida. Te costará más acostumbrarte a la perforación de la lengua, porque la de los pezones será inmediatamente una fuente constante de placer.
- Lo estoy deseando papá. Mamá no sabe nada de esto, por supuesto.
- Tu madre con la novia que tiene, que ella cree que mantiene muy discretamente, tiene suficiente.
- ¿Mamá es lesbiana?
- No hijo, como tú, como yo y como cualquiera es una persona que busca la felicidad sin frustraciones, y el matrimonio y los hijos son una fábrica de felicidad..., frustrante, porque siempre tiene una cara desagradable que es difícil de aceptar. Vosotros los sumisos conseguís con entrenamiento aprender a transformar esa cara desagradable de la felicidad en más felicidad aún, por eso el sumiso aceptado nunca tendrá mala cara. Me encanta que pueda transformarte en alguien así, lamento no poder hacer lo mismo con Germán.
Pasada una curva había una especie de expansión de la carretera en lo que fue en su momento la antigua curva más cerrada. Herman puso la intermitencia, se apartó de la carretera y se detuvo. Paró el motor y se quedó esperando. Javier no sabía qué hacer pero estaba deseando tocar a su padre que solo permanecía serio a su lado. Pasado un rato y sin quitar la vista del frente empezó a hablar.
- Un sumiso esclavo de un amo severo como yo, tiene que saber cómo complacer a su dueño. He dicho antes que deseaba una felación y por eso he parado. Y tú no te has movido. No sé cómo voy a tener que decir las cosas. Sal del coche.
Javier no sabía a qué atenerse. Ese tono de voz nunca se lo había conocido. Salió del coche y cerró la puerta. 
- Vete desnudando, y deja la ropa dentro del coche.
Herman, mientras se desnudaba Javier abrió el maletero y extrajo algo. Javier estaba ya desnudo y no se atrevía a mirar. Su padre abrió las dos  ventanillas del lado del acompañante, hizo meter una mano por cada ventanilla y una vez dentro las sujetó con unos grilletes. Javier ya no podía huir, estaba a merced de su padre o de su amo, no lo sabía. Herman se desabrochó el cinturón de cuero y se lo sacó de las trabillas del pantalón, lo dobló y Javier supo en ese momento lo que le esperaba.
- Va a ser tu primera disciplina. Aprenderás a estar atento a los deseos de tu señor. Me apetecía que mi nuevo esclavo me hiciese una felación y él, tú, no lo has hecho. Cuando acabe con el castigo te aseguro que sentirte el culo hervir de dolor te animará a provocarme el mejor orgasmo. A cada azote tienes que darme las gracias o empezaré de nuevo. Van a ser diez azotes de dolor.
Cuando recibió el primer azote, el dolor, la sorpresa y el desconcierto hizo que olvidase dar las gracias.
- Volveré a empezar, perra. Tienes que estar agradecido a tu amo por hacer que progreses en tu camino a llegar a ser solo algo que me haga gozar.
Volvió a recibir el primer azote y contestó con un lastimero gracias. Después del quinto azote dado con furia el gracias era dicho entre lágrimas. Cuando Herman le quitó los grilletes y volvió a ponerselos con las manos a la espalda y se sacó un orgulloso pene largo y grueso, Javier se tiró sobre él a extraerle hasta la última gota de semen.
- Vas a tener arcadas, la tengo muy grande, y eso a mí me da igual, puedes tenerlas, y vomitar incluso, pero no quiero ver mi polla fuera de tu boca hasta que yo lo diga. No hay ni que decir que no me fío de ti y por eso te he vuelto a esposar. El único contacto que quiero en boca-polla, nada de manos a la defensiva.
Fueron los diez minutos más angustiosos en la vida de Javier. Su padre pugnaba por llegar lo más profundo posible y él iba de ahogo en ahogo, tosiendo, llorando pero sin consentir que la polla de su amo saliese de la boca. Finalmente, Herman, hiperextendió la cabeza pronunció entre dientes un "YA" y a Javier se le empezó a llenar la boca de la leche viril.
- ¡Tragalo todo perra! Si no, sabes lo que te espera.
Con el último espasmo y la última gota de semen, Herman se retiró y se guardó su pene. Le retiró las esposas a Javier y se sintió magnánimo.
- Ahora puedes pajearte, que yo te vea.
- Me he corrido mientras te tragaba, amo.
- ¡Perfecto! - su padre estaba sorprendido - a ver levantaté que te vea.
La polla de Javier aún goteaba semen.
- Bien, bien. Tienes gran futuro. Vamos, vístete que tenemos que llegar a casa. Por cierto, que bien tragas polla. A mis amigos les vas a encantar.

Cuando llegaron a la casa, antes de cualquier otra cosa, la madre de Javier muy excitada le comunicó que Carolina quería hablar urgentemente con él.
- Me ha dicho Caro que por favor la llames, que es muy importante, que no hagas nada sin hablar con ella.
- ¿Y eso? No sé que supone ella que podría hacer yo que me pudiera perjudicar.
La cara de su madre era de absoluta felicidad diciéndoselo. La miró Javier sonriendo porque la imaginó lamiéndole el clítoris a otra mujer y no comprendía como pudo reaccionar de una forma tan virulenta cuándo él quiso salir del armario.
- Bueno, niño, llámala ya ¿no? Ah, y que tal en la cabaña con tu padre.
- Maravilloso mamá me ha abierto los ojos a la realidad. Papá es un tío increíble, de verdad.
- Ay hijo, que bien, no sabes lo que me alegro.
- Voy a mi cuarto a llamar a Carolina.

miércoles, 18 de mayo de 2022

DURA REALIDAD (V)

 

Cuando vieron las luces parpadeantes en azul se quedaron los dos quietos.
- Venga, documentación y las manitas donde se puedan ver - el agente era de edad indefinida, algo de barriga y aspecto de no ser la primera vez que se enfrentaba a algo así - Óscar, vaya, menor de edad y al lado de un sitio de esos, y tú Conrado. ¿Te estaba agrediendo este tipo, chico?
- No, no. Me estaba ayudando - Óscar estaba asustado y sabía que estaba en un lío. Era menor y comprendía que al final le llevarían a su casa y explicarían a sus padres donde le encontraron.
- Miré usted agente - Conrado adoptó otra postura muy profesional, al tiempo que le tendía una tarjeta - iba con la moto y he visto a este chico en este callejón. He supuesto que necesitaba ayuda y me he prestado a dársela. Como ve usted trabajo en fiscalía de Menores y soy sensible a estos casos. Nada más. Si quiere yo puedo llevarle a su casa y así no entorpezco su ronda, y aquí no ha pasado nada. De todas formas mañana a las ocho estaré en mi despacho por si quiere usted interesarse.
- Quédense aquí y no se muevan - el agente fue al coche a comprobar que Conrado era quien decía que era y regreso - bien don Conrado, nos haría un favor si llevase usted al chico a su casa. Y tú, Óscar, que no vuelva yo a verte por estos sitios. Hoy has tenido suerte que un fiscal de menores pasaba cerca, pero por aquí lo normal hubiera sido que te encontrases con un degenerado y quién sabe que podría sucederte.
- Buenas noches agente. Buena ronda.
- Gracias don Conrado.
El coche de la policía salió despacio con sus luces de servicio apagadas y Conrado y Óscar le siguieron con la vista hasta que desapareció. Entonces Conrado volvió a pellizcar con brutalidad los pezones de Óscar que gimió de dolor, pero no pudo reprimir la erección.
- Eres un cabrón, Conrado o como coño te llames, me haces daño.
- Y te mueres de deseo además, mariconcito - y al tiempo le cogía la verga dura a través del pantalón - o este palo que significa, entonces. Ahora te voy a presentar a mis amigos y a colocarte la castidad, luego te llevaré a tu casa y estarás a nuestra disposición las veinticuatro horas del día los trescientos sesenta y cinco días del año. Eres nuestro, mariconcito. Vete olvidando de novio, novia o lo que puedas tener, solo tienes un dueño y somos nosotros. Ya irás conociendo al resto de perras de la cuadra. Piénsalo y te correrás de gusto.

- Papá, ¿esto qué es? da la impresión de que tú y Carlos...
- Si, Javier, Carlitos es mi sissy. Venga perra - se dirigió a Carlos y acompañó su orden de una bofetada - desnudate ya y enséñale a mi hijo la ropa interior que tanto me gusta.
Javier estaba helado. Esa actitud mandona no era de su padre. Nunca le había visto tratar a nadie así, y el tal Carlitos parecía haber aceptado con gusto el bofetón. El chico empezó a desnudarse y para Javier fue sorprendente ver que llevaba puesto un sujetador rosa de encaje y al quitarse el pantalón una braguita también de encaje rosa, pero no parecía que tras la ropa interior hubiese un paquete de hombre. Si se apreciaba un bulto pequeño pero para nada parecido a un pene.
- Venga, perra, quítate la braguita y enséñale a mi hijo la ruina de picha que tienes. Para perder los huevos ya queda poco ¿eh, sissy?
- No veo el momento de que me arranquen esas bolas asquerosas - y al decirlo se deshizo de las braguitas.
- Ya prácticamente tienes solo un clítoris que te vale para mear. Cuando no puedas ni empalmar por mucho que te usen el coño entonces adorarás el elastrator y en una ceremonia especial las perderás definitivamente, como siempre has querido. Mirale el culo Javier, lo que lleva te tiene que gustar.
Cuando Javier pasó los dedos por la raja del culo de Carlos y se detuvo a nivel del ano poniendo cara de sorpresa.
- Si hijo, si, un tapón anal. Te vendría bien. Sácaselo e intenta ponértelo, es un poco grande para ti pero te gustará. Te dilatará y podré metertela yo - y tal como lo decía le guiñó un ojo al tiempo que levantaba sus pulgares.
- ¿Me follarías de verdad, papá?
- ¿Que si te follaría tu papi? no se lo digas dos veces, tu papi se folla a todo lo que se menea.
- Anda Javier, sácale el tapón a Carlos.
Carlos se agachó para exponer el ano y Javier pudo ver una piedra facetada en azul ultramar que remataba el plug que llevaba puesto. Metió los dedos entre la carne y el metal e hizo tracción.
- Despacito cariño, que no está en la pared y este es de dos y media. Tú verás como se dilata mi coño hasta que salga.
Javier empezó a aplicar fuerza y el ano de Carlos comenzó a abrirse hasta que el cono que era el plug pasó su diámetro más ancho y en ese momento lo expulsó. El ano quedó abierto un momento hasta que Carlos hizo fuerza y lo cerró.
- ¿Quieres que te lo ponga? - mientras lo decía miraba a Herman como pidiendo permiso.
- Lo está deseando, Carlos, le meten cosas desde hace tiempo - se acercó a un aparador y sacó un bote grande - toma el lub y trabajaselo tú.
- Venga cariño - Carlos era dueño de la situación pero en todo momento pedía permiso tácito a su amo - en pelotas y boca arriba las patas por alto. Y relajado. Herman, que bien dotadito está tu niño.
En cuanto Javier se puso en posición delante de la chimenea empezó a empalmarse sin poderlo remediar. Su padre se arrodilló a su lado y le acarició con suavidad. El pene empezó a destilar precum y su padre lo utilizó para acariciar suavemente el capullo de su hijo. Carlos empezó a lubricar con el contenido del bote y a medida que le iba metiendo los dedos Javier empezó a jadear. Con el jadeo su padre ralentizó las caricias para que no se corriese.
- Ahora, respira hondo, concentrate en tú ojete y relajalo.
Carlos empezó a empujar el plug haciendo giros a derecha e izquierda y a medida que el músculo orbicular se iba dilatando la cara de Javier iba reflejando miedo y deseo a la vez. Con sus manos intentaba que Carlos se detuviese, pero en ese momento su padre se inclinó sobre la  entrepierna de su hijo y abarcó su verga en la boca acariciándole el capullo suavemente con la lengua. Eso fue suficiente para distraerle un momento, el necesario para que Carlos de un último empujón consiguiese que el plug entrase del todo y presionandole la próstata hacerle eyacular en la boca de su padre. Fue glorioso, Javier no creía que se pudiera gozar más. El culo perfectamente ocupado y su padre haciéndole una felación dulcísima. Pero aún no habia visto lo mejor. Su padre, reteniendo el semen de su hijo en la boca se inclinó sobre su cara y no hizo falta que le dijese que abriese la boca, el sabía que tenía que hacerlo. La abrió  y Herman dejó caer toda su corrida en la boca de su hijo. Javier tragó su propio semen como tragó el de Óscar. Se acordó de él por ello y pensó que si estuviese allí no podría negar su naturaleza.
- Después de este aperitivo, nos vendrá bien una birritas, ¿eh, chaval? - el padre de Javier estaba de muy buen humor.
Cuando el chico se levantó con su plug puesto se sintió cómodo con él y se volvió a Carlitos y entonces vio lo que llevaba puesto.
- A ver, a ver, Carlos. ¿Que es eso? - Javier se intrigó por una chapa metálica ligeramente convexa que ocultaba el pene de Carlos. No se había percatado con tanta sensación nueva que túvo que manejar - joder, ¿dónde has metido la polla, Carlos?
- Está ahí hijo. Lleva un año con castidad y ya lo que le queda es un capullo pequeñito pegadito al cuerpo. Hay clítoris más grandes. Los huevos que le cuelgan sirven para sujetar el aparato que atrofia el pene, que como buena sissy, no le vale de nada - sacó su llavero y de él una llavecita dirigiéndose a Carlos. Abrió un candadito que llevaba sobre la chapa y la retiró - mira Javier ven. Ésta es la ruina de pene de Carlos. Él está muy orgulloso de que sea así. Presume de coño. Miraselo bien, Javier, lo cierto es que me gusta, bueno, nos gusta a todo el grupo follarselo. Tocaselo, y besaselo, mete lengua si te apetece y luego te lo follaras. ¿Contento, Carlos?
- Me encantaría una doble de papi y el nene. 
- ¿Doble? - preguntó extrañado Javier
- Que me la claváis los dos a la vez. Yo lo disfruto mucho.
- Papá, Carlos y yo  estamos en pelotas y tú...
- Ahora cuando me desnude no te sorprendas, tengo algunos adornos propios de nuestro grupo, grupo al que pertenece Carlos cómo nuestra guarra sissy. 
Cuando Herman se quedó desnudo Javier se quedó sin palabras. Tenía en la punta un grueso anillo. Cuando Javier se acercó a su padre con el pene congestionado, pero colgante por el peso del anillo y lo levantó vio otro anillo que perforaba el frenillo y luego una serie de ocho anillos más, uno tras otro como formando una escalera por todo el vientre del pene.
- Papá y así le metes el rabo a Carlos, si pareces una ferretería - y entonces se fue a Carlos a mirarle el ano - agachate Carlos que te vea ese coño.
Javier se puso de rodillas detrás de Carlos y le separó las cachas del culo dejando a la vista una raja de bordes engrosados de unos tres centímetros de largo. Paso los dedos con delicadeza por los bordes y luego con suavidad los insinuó dentro de su cuerpo. Carlos emitió un gemido de placer y se contoneó y entonces Javier hizo lo que su padre le había insinuado. Con lentitud hundió la cara en el ano de Carlos, sacó la lengua y la introdujo todo lo que pudo dentro de su cuerpo.
- ¿Te gusta el beso negro, verdad niño? - el tono de Herman era diferente, era otra persona la que hablaba y a Javier eso le excitaba sobremanera, era la voz de un chulo controlando a su puta, de un amo dando cuerda a su esclavo - Pues no hay nada que más me guste que me limpien bien el ano. ¿Te gustaría hacermelo, hijo?
- Si luego me follas con toda esa chatarra, si, papá - y al escucharse a sí mismo decirlo se estremeció de deseo y lujuria. Y ahora era algo más que su hijo, era para lo que él quisiera su esclavo.
Javier al sentir esa emoción tan intensa de sometimiento y pertenencia miró fijamente a los ojos a su padre rindiéndose como si fuera otro Carlos. Le deseaba. Se fue hasta él, se arrodilló delante y se agachó hasta poder lamerle los pies. Y lo que parecía que era una reunión de tres amigos que están de juerga se convirtió en algo más serio. El silencio se hizo como el que atrona antes de una catástrofe. Carlos miró muy serio a Herman y éste hizo una imperceptible seña a Carlos que se dirigió a una alacena al lado de la chimenea y extrajo un pequeño zurriago de varias cintas gruesas de cuero. Se lo tendió a Herman y entonces de un empujón con el pié hizo rodar a su hijo por el suelo. Luego se agachó le agarró por los pelos y le llevó hasta el sofá donde le dejó caer sobre el brazo.
- Ya veo que te gusta ser otro Carlos, guarra. Pues vas a saber lo que necesitas. Primero soportar mis caprichos y el que tengo ahora es el de verte el culo morado del castigo.
Empezó a azotarle el culo sin ninguna piedad. Javier desde el primer azote gritaba de dolor, pero no sé retiraba. Carlos fue a sentarse al sofá, a su lado para animarle y consolarle del castigo.
- Papá, te quiero - Javier decía entre sollozos - te quiero, y me merezco el castigo.
- Yo ya no soy tu padre, puta, soy tu amo y como a un amo te ditigirás a mí.
- Si, amo. Te quiero, pegame, soy tuyo, me honra tu castigo. 
Cuando tenía el culo sangrando en algunos puntos, Herman dejó de sacudirle tomó un poco de lubricante del bote y se lo untó en el capullo y sin más preámbulo le extrajo el tapón que Carlos le había colocado y se la metió en el culo. La cantidad de metal que llevaba con el movimiento de pistón rozaba con violencia la próstata de Javier que acusó el placer.
- Me estoy corriendo, vaciate en mi.
- Me voy a vaciar en tu boca. Ya he visto lo que te gusta.
Javier con mucha habilidad se volteó y abrió todo lo que pudo la boca. Tres chorros de semen impactaron en su cara y algo entró en la boca. Cuando su padre terminó, el chico le terminó de lamer el capullo y al pasar la lengua por el frenillo se detuvo.
- ¿Que te pasa, perra? sabe a mierda, ya lo sé, te he follado sin prepararte y al fin y al cabo es tu mierda. Límpiame bien la polla y no te detengas.
Javier siguió pensando que vomitaria pero el sabor amargo mezclado con el del semen le excitó aún más y la limpieza la hizo exhaustiva.
- Carlitos, este te va a quitar el sitio. Quiere más. Venga, perra, date la vuelta otra vez voy a volver a metertela, para que disfrutes luego.
- Está bien - dijo relajadamente Herman - hacía tiempo, Javier, que no disfrutaba tanto. El próximo finde te voy a llevar al grupo y te vamos a colocar una castidad. De esa forma quedarás vinculado como esclavo sexual a nosotros. Nuestra vida continuará como siempre, pero además de mi hijo, ese aparatito como el que lleva Carlos te recordará que me perteneces y por extensión al grupo. Una vez al mes te ordeñaremos sin que tú participes. No volverás ni a masturbarte ni a follar sin nuestro consentimiento. Carlos, dile a Javier qué tal se vive de esclavo.
- Yo Javier - Carlos hablaba completamente en serio - nunca he sido más feliz. La polla dejó de preocuparme y el ano empezó a tomar protagonismo. Ahora es mi órgano sexual y lo tengo siempre a disposición de tu padre y su grupo. Ahora hace un año me colocaron la castidad y cada dos meses me cambiaban el dispositivo por uno más pequeño, hasta este último que prácticamente plano, con sus cinco centímetros de sonda para orinar. Me medía hace un año en reposo unos doce centímetros, ahora llega escasamente a uno. Como dice tu padre en realidad un clítoris, lo que yo necesito y merezco. Espero que no dentro de mucho me quiten ya estás bolas asquerosas y pueda ser quien me siento, un tío al servicio de los demás tíos.

- Vamos mariconcito, sube a la moto. Vas a conocer al grupo.
Óscar se estremeció de lujuria. No sabía que había sucedido dentro de él, pero la actitud de Conrado, soberana sobre su persona le hacía perder todo principio moral. Se sentía con la libertad del esclavo que se ajusta a sí mismo los grilletes. Era increíble pero deseaba ser sodomizado en presencia de espectadores. Que le azotasen y le viesen llorar pidiendo merced. Abominaba de cualquier dignidad que no viniese de su relación con Javier, deseaba a Javier, que le poseyera como Conrado iba a poseerlo en pocos minutos. Estaba tan duro que sentado detrás de Conrado era imposible que no le sintiese. Sentía vértigo por incapacidad de imaginar las procacidades a las que sería sometido. Y lo deseaba. Pensaba en Cristina y le daba absolutamente igual. Hace pocas horas era nada más que su guía y futuro y en ese momento no significaba nada.
En ese momento quiso sacramentar su entrega a aquel hombre y le rodeó la cintura con sus brazos reposando su cara sobre la espalda estrechándose, dándose a él y comunicandoselo con ese gesto
- Eres mío - dijo Conrado para si, sabiendo que Óscar no sé enteraría. Una obra maestra. Cuando le vio en el callejón llorando y gritando supo que aquel adolescente tenía que ser suyo. Pasaban por sus manos tantos niños desesperados, desgraciados, apaleados, violados que le hacían tragar saliva y en alguna ocasión salir del despacho a masturbarse. Ver a ese chico menesteroso y desamparado le despertó toda la lujuria que llevaba reprimiendo años. Óscar podría ser su hijo dentro de unos años y deseaba con ganas que alguien como él, le iniciase en el sexo más abierto y liberador. Al menos su hijo ya tenía en su memoria, aunque no fuera consciente de ello, el sabor del semen, el suyo, cuando con pocos meses pudo mamar de donde era impensable. Y no se arrepentía, sabía que llegado el momento aquella experiencia le serviría para abrir horizontes, ensanchar la mente y beberse la libertad.
Óscar no sabía que pensamientos bullían muy dentro del cuerpo que abrazaba mientras el viento le alborotaba el cabello con la marcha. No lo sabía pero estaba seguro de que él ya representaba algo para ese hombre, algo querido y que ya no se iba a desenganchar.
El viento se volvía cada vez más frío y las luces cada vez eran más escasas hasta que llegaron a una puerta completamente ciega que franqueaba una valla de unos cuatro metros de alto. Tras unos segundos delante de la puerta y sin más señal, se encendió un foco que iluminaba el umbral Y se abrió. Conrado recorrió un camino serpenteante hasta un caserón vetusto y algo tétrico débilmente iluminado. Dejaron la moto y Conrado le ordenó a Óscar que se esperase. Él entró por la puerta principal y Óscar se quedó allí sin saber que hacer hasta que pasados unos minutos, de detrás de la casa salió un hombre muy delgado de edad indefinida que le ordenó que le siguiese. Óscar se sintió bien allí y siguió al hombre sin miedo.
Una vez dentro de la casa el hombre se presentó.
- Soy Matías el mayordomo. Nunca rechistes ni preguntes, haz todo lo que se te ordene y no mires a los ojos a ninguno de los señores. Solo hablarás cuando se te pregunté. En el momento que quieras que este juego acabe solo puedes decirme "me voy" se te devolverá la ropa que traías y se te dejará por fuera de la puerta.
Matías era curioso. Vestido de chaqué impecable cuando se agachó una vez las colas del chaqué cayeron a lado y lado dejando el culo al aire. El pantalón era tipo zahonas y se abrochaba por delante.
- Desnúdate y deja la ropa en una de esas taquillas. Desnudo por completo. Descalzo. En la sala los señores te afeitaran y te colocarán la castidad. El plug te lo pongo yo ahora.
- ¿Que?
- Te lo vuelvo a repetir. No hables o serás castigado. El primer plug es de pulgada y lo llevarás todo el día, estés donde estés y cada día al acostarte te lo quitarás. Por la mañana cuando evacues el vientre te lo volverás a colocar. Recuerda que eres propiedad de don Conrado y el tapón garantiza que tu coño es suyo. Has dejado de tener ano, a partir de ahora mismo tienes coño. Cuídalo.
Óscar se desnudó delante de Matías sin ningún pudor, es más, se sentía bien quedándose desnudo, exhibiéndose.
- Una buena elección la de don Conrado, tienes un cuerpo precioso. Tienes un bonito pene, en un año solo quedará de él un capullo pequeñito pegado a tu piel. Agachate, te voy a lubricar y a insertarte el plug. Lleva una colita porque eres su perra.
Mientras le lubricaba el ano, Matías le acariciaba la verga y el escroto. Óscar se empalmó rápidamente y empezó a suspirar y a gemir.
- No es casualidad esto, mariconcito, te tengo que ordeñar, son las normas. Cuando te coloquen la castidad no deberías empalmarte.
Óscar estaba muy excitado y eyaculó enseguida. Matías le llevó su mano embadurnada de su propio semen a la boca.
- Venga chupa, tienes que irte acostumbrando, mariconcito.
Óscar chupó los dedos de Matías y le miró suplicante mientras le acariciaba el culo y le buscaba la entrepierna. Matías estaba acostumbrado ya.
- ¿Necesitas más verdad?
Volvió a masturbarle otra vez, está vez con dedicación, alejado de la profesionalidad de la primera paja.
- ¿Quieres chuparme el rabo a mi? Va a ser muy poco tiempo y te entrenará.
Óscar asintió con la cabeza y se arrodilló. Matías se sacó su pene y Óscar le chupó como lo había hecho horas antes con Conrado. No hizo falta que le sujetase la cabeza. Recogió el semen en la boca según lo eyaculaba Matías y se lo tragó. Después el mayordomo le masturbó por segunda vez. Le volvió a dar a chupar los restos del semen y luego le colocó un collar de perro con su cadena. Después le puso unas manoplas de cuero parecidas a los guantes de boxeo para que no pudiera tocar, o acariciar o agarrar y Matías lo llevó a la sala.