lunes, 2 de agosto de 2021

TODO QUEDA EN FAMILIA (1)

 

"Cuando Martita tenía cinco años no había cosa que más le gustase que cuando su padre estaba sentado con las piernas cruzadas, empernacarse sobre el pie de su padre y decirle que caballito, caballito. Su padre movía el pie arriba y abajo y la niña cómo que se desmayaba. Consultamos al médico y nos dijo que su niña tenía orgasmos y eran de tal intensidad que la niña se desmadejaba. Ya sabiendo de que se trataba a su padre le gustaba proporcionar placer a Martita. Así hasta los once años. A mi me excitaba ver cómo Martita se corría ¿Verdad Martita? hasta que llegó un momento en que Marta con doce años se metía en la cama con nosotros y mientras su padre me follaba estimulaba el clítoris de Marta con la lengua y nos corríamos los tres. Un día, con catorce años Martita se plantó y quiso la verga de su padre para ella. Fue cuando yo le dije que si quería perder la virginidad con su padre adelante y entonces ella dijo 'y por el culo no se puede' y a base de lubricante y paciencia su padre la sodomizó. Tanta era la excitación de todos al hacerlo que le presente mi sexo a Martita y succionó mi clítoris de una forma tan delicada que me corrí como nunca y su padre hizo lo propio en su culo. Luego el padre le comió a ella mientras yo le estimulaba los pezones y se corrió. Después de aquello ya no pudimos parar. Por aquel entonces, se nos estropeó el sistema de aspersores del jardín y nos recomendaron al Rubio, un chico despierto que poco a poco nos fue siendo imprescindible. Un día, manejando el limpiafondos que Marta estaba a horcajadas sobre su padre los dos se pasaron de rosca y el pobre Rubio sin querer y sin poder quitar la vista del espectáculo cayó al agua. No sabía nadar el pobre y mi marido se tiró a sacarlo. El empalme de mi marido no había cesado y al tocar el culo con su rabo el chico tocó y le preguntó. Mi marido le dijo que con un culo tan duro y una piel tan morena y tan tersa se había excitado. Cuando salió el chico empapado, se secó y le llevé a la ducha en mi dormitorio para que se cambiase. Me lo dijo a la cara 'Su marido es maricón, me ha puesto el rabo, y lo tenía duro' Le contesté que no era maricón, estaba excitado porque su hija le estaba estimulando y me contestó que a él no le importaría follarse a quien fuera" Y en ese momento entró de la calle el padre de Marta. Saludó a todos y preguntó que hacíamos allí todos. Su mujer le dijo que yo llevaba un estimulador prostático porque había visto a Martita follada por el perro y estaba masturbándome muy excitado con  mi dedo en el ano. El marido preguntó por el mando a distancia y le afeó a su mujer que no le dejase el mando al chico "Dáselo, cariño, y que el se controle. Pero quiero verlo. ¿Que hacemos vestidos? Venga, a desnudarse" Yo no sabía qué hacer, estaba arrasado y con un empalme como nunca había tenido. Deseaba todo. No sabía que pasaba pero deseaba tanto follarme a Marta cómo que me follase a mi su padre. Tenía todos los nervios de mi cuerpo a flor de piel. Toda mi piel era sexualmente activa. Me desnudé con fruición, disfrutando de enseñar mi cuerpo excitado. Canela apareció en escena y lo primero que hizo fue venir a conocerme. "Déjale que te huela y te lama la polla" la madre esperó un rato a que el perro me lamiese mis partes bien y luego le dijo a Marta que lo encerrase. El padre de Marta me dio el mando del estimulador: "Controla tú el orgasmo, chico, verás qué bien. Es otro mundo. Deberías sodomizar a Marta, o a mi, con el estimulador a tope, vas a flotar. Después de eso vas a querer una polla de carne. Espera. ¿Llamamos al Rubio?" No había terminado de lanzar la pregunta y la madre de Marta ya tenía el teléfono en la mano. "Dice que hoy imposible, que mañana tiene todo el día" el padre de Marta, le dijo que los chicos estábamos de vacaciones que si "Si, ¿verdad Alex? te va a encantar. Además no vas a tener muchas oportunidades de ver una verga como la del Rubio, luego si te decides, te la mete, es increíble, pero si no te decides, tienes el estimulador, que ya es tuyo, te lo regalo, por lo competente que eres" Yo estaba sobrepasado, no sabía cómo actuar y como tenía el mando del estimulador empecé a apretar el botón. Empecé a destilar abundantemente y el padre de Marta se abalanzó sobre mi polla "Es pecado mortal desperdiciar esa ambrosía" dijo después de sorber todo lo que echaba. Seguí apretando el botón y sentí un placer mareante. Entonces Marta se acomodó sobre mí y con facilidad pasmosa mi pene entró profundamente en su culo. La madre de Marta le dijo a su esposo que hiciese lo mismo con ella. El padre se sentó en una silla y la madre le cabalgó por el culo. Se pellizcaba los pezones y gemía como su hija. Marta se movía y yo no quitaba el dedo del botón, el orgasmo iba y venía y yo sentía el llenarse mi uretra de semen aborbotonada pugnando por salir. Era un placer intenso pero que no solo sentía en el capullo, era el ano, los pezones la boca, el culo, era mi cuerpo entero hecho orgasmo. Cuando se agotó el placer, mi respiración era trabajosa y todo mi deseo era dormir. Tenía muchas manos encima tocándome todo el cuerpo. Se que la polla del padre entró en mi boca por el sabor que tenía y porque me rebosaba las comisuras el semen. Olía, y ahora sabía a qué sabía, pero yo no era consciente de haberlo hecho. Mi yo completo fue sexo y todo placentero. Sabía que ya no sabría vivir sin eso.

Cuando me recuperé, me vestí a duras penas. "¿No te vas a extraer el estimulador?" Yo ya no le acordaba que tenía ese cacharro en el culo. El padre de Marta me metió la mano en la entrepierna y con delicadeza sentí como me salía algo parecido a un zurullo grande. Luego con una toallita húmeda me limpió y me dijo que hiciese contracciones para cerrar el esfínter. "Estás dilatado, Alex, ya no tendrás problemas para sodomizarte, por muy gruesa que sea la polla. El primer intento parecerá imposible y a los quince segundos y al segundo intento ni te lo podrás creer" Se llevó el aparato y me lo trajo en una bolsa "Está limpio. El mando va dentro también, que lo disfrutes. Procura que tus padres no lo vean, no todos los padres somos tan abiertos"

Cuando me iba, estaba tan abrumado que intenté salir por una puerta aledaña a la puerta de la casa. "Esa puerta está condenada, no se puede abrir, cariño" la madre se apresuró a llevarme hasta la puerta principal. Le dije a modo de disculpa que en mi torpeza había intentado meterme en el sótano. Me abrieron la puerta y la madre dijo como de pasada "Mañana te esperamos, recuerda, conocerás al Rubio" Yo contesté que al día siguiente era Nochebuena y me dijo, que eso era por la noche, que ellos tenían una fiesta, pero era para mayores, "Vente sobre las once, dará tiempo de sobra".

Caminando a casa sentía el ano grande entre las cachas del culo y la sensación era agradable y empezaba a tomar conciencia de lo que acababa de suceder en casa de Marta. Llevaba en la mano la bolsa con el estimulador. No se porqué, la abrí y olí su contenido, esperaba que oliese a mierda, mi mierda y de una forma lejana olía a mi mismo entremezclada con el perfume del jabón que empleó el padre de Marta la lavarlo. Era curioso pensar en que ese cacharro estuvo manchado de mi propia mierda me excitaba. Lo saqué de la bolsa y lo pude observar con detenimiento. Tenía un tacto agradable, como aterciopelado terso y las curvas que dibujaba eran suaves y atrayentes. No se cómo se me ocurrió pero me vi oprimiendo el mando a distancia y sintiendo la vibración de alta frecuencia tanto de la punta como del anillo que rodeaba y oprimía la bolsa de los testículos, no era de extrañar la sensación que provocaba trasmitiendo a la punta del capullo y permitiendo la emisión de semen abundantemente. Mi intención fue volver a metérmelo y probarlo yo a solas, pero en la calle, no era el sitio más adecuado. En lugar de volverlo a meterlo en la bolsa lo abarqué con mi mano y se adaptaba bastante bien, era anatómico, si era cómodo dentro del cuerpo también lo era fuera. Volví a meter el la bolsa el mando y entonces me percaté que había algo más, unas especie de cápsulas, habría diez o doce con un pitorro como para vaciar las y en cada una unas letras: LUB. El padre de Marta sabía que yo iba a querer volver a probarlo y sabía también que no iba a tener lubricante, por eso me entrego de esa forma tan discreta el producto. Pensé en qué tamaño tendría el Rubio y sentí que mi ano empezaba a destilar. ¡Me estaba volviendo maricón, deseaba que me follase el Rubio! Me asusté. Pero no, joder, Marta me volvía loco el que me intrigase que ese Rubio pudiera o no metermela en el culo nada tenía que ver con qué me llamase la atención un tío, que nunca me lo había llamado. No sabía ya como manejar tantas emociones. Me llevé la mano al ano por dentro de los pantalones y estaba húmedo, era agradable tocárselo, luego me llevé la mano a la nariz y olía a mi, me reconocía en ese extraño olor, ni bueno ni malo. Deseé poder lamermelo. Estaba descendiendo una pendiente de la que me parecía que no iba a poder frenar. A pesar de todo chupé mis dedos y volví a recoger más del ano para volver a saborearlo. Era el colmo del egotismo, pero no me importaba. Estaba muy duro y deseaba volver a correrme. Estaba ya completamente pillado. Sin pensármelo saqué el teléfono y marqué el número de Carmelo. 
Carmelo se extrañó de que yo le llamase sobre todo después de lo que pasó en los vestuarios. "No me digas que te he tocado el corazón, que lo que yo quiero es comerte la polla" y se reía sin poder parar. Yo intentaba explicarle "no te entiendo nada Alex. Vente esta tarde a mi casa que estoy solo y me cuentas" y en ese 'estoy solo' quise ver una encerrona, pero necesitaba hablar de ese deseo y placer anal que acababa de descubrir con alguien que no se escandalizase.
Casi no comí ese mediodía, me fui a mi cuarto esperando que diese la hora de ir a casa de Carmelo. Me senté frente al ordenador con la bolsa de estimulador delante. Busqué en la red próstata y estimuladores, lo vi todo. Los estimuladores los usan tanto gays como heteros, lo que no encontré por ningún lado es si los heteros daban el salto al estimulador sin pilas, de carne caliente y dura. Pero me llamaba mucho la atención ver si era capaz de acoger un trozo grande. De repente me desnudé de cintura para abajo, rompí un par de ampollas de lubricante, me las apliqué en el culo y me senté sobre el estimulador, controlando la entrada del aparato y antes de darme cuenta lo tenía dentro, sin ningún tipo de molestia, es más, me vi ajustándome la anilla al escroto con cierta soltura. Luego tomé el mando y le puse a tope, empecé a sentir un orgasmo irrefrenable, la polla se me puso a tope y la mente se me fue a la supuesta polla del Rubio. Apagué el estimulador y me lo dejé dentro. Me vestí y me dirigí a casa de Carmelo. Era agradable caminar con el estimulador dentro, a cada paso de forma mecanica el aparato masajeaba la prostata de forma suave y yo sentía  una punzada suave en el capullo. No me hacia estar totalmente empalmado pero vaharadas de placer me inundaban y sentía  un orgasmo inminente que nunca terminaba de llegar. Estaba disfrutando del paseo

domingo, 1 de agosto de 2021

TODO QUEDA EN FAMILIA

 

La verdad es que no tengo idea de que forma contar este hecho, prolongado hecho en el tiempo sin que se me malinterprete, porque las cosas contadas así en frío y sin dar más detalles del paisaje puede al que lee hacerle pensar que las personas a las que se refiere son monstruos horribles, casi con cuernos y rabo.
Era a los quince un chico normal, tirando a tímido. Me ponía como un tomate cuando una chica se dirigía a mi de forma amistosa y reaccionaba con chorros de testosterona cuando otro chaval intentaba medirse conmigo en plan gallo de corral. Que yo no quería ser el gallito, que conste, pero a algunos compañeros parecía que les molestaba mi mera presencia y a ellos me refiero. Más específicamente a Carmelo, un chulito pelirrojo, con la cara llena de pecas y una sonrisa malévola en los labios cuando me decía cada vez que me veía: "Que no me enteré yo que ese culito pasa hambre, que no me enteré yo" Martita la chica que tenía la habilidad de sacarme los colores me decía: "No le hagas caso Alex, no ves que lo que quiere es provocarte" Otras veces cuando iba él con su corte de chupaculos nos cruzábamos y me guiñaba un ojo y me ponía morritos como de beso. Cuando yo estaba de mala hostia a veces le decía que cualquier día le iba a partir los morros. Y lo peor es que Carmelo y yo éramos parte del equipo de atletismo y nos veíamos casi a diario en los vestuarios. En el vestuario, sin embargo siempre se mantenía a distancia, y yo lo achacaba a que no tenía a sus corifeos. Yo, si me dejaban en paz me alegraba, iba a lo mío y listo.
Martita, bueno, Marta tenía mi edad y raro era el día que no me pajeaba evocandola, y si forzaba un poco y la veía comiéndome el rabo, la paja duraba un suspiro. Pero no me atrevía a decirle que si íbamos al cine o dar una vuelta, solo pensar que pudiera rechazarme, algo seguro en mi imaginario hacía que me echase para atrás. Ese verano lo pasé mal; no pudimos ir de veraneo, mi hermano mayor entraba en la Uni y eran muchos gastos decía mi padre. Así que lo pase con los colegas del barrio, viendo el porno que podíamos en el teléfono de uno que su padre, divorciata, le tenía con gigas ilimitados para que le dejase en paz. Yo en cada chica veía a Marta y me era difícil disimular el empalme, aunque la verdad todos estábamos igual y casi todos con las manos perdidas en los bolsillos, cuando no descaradamente con la polla fuera y machacando. Un día como otro cualquiera ya cerca de setiembre vi a Marta con un perro, color canela, cachorro. Se lo habían regalado por las notas. "Se llama Canela. Es un labrador muy bonito, ¿verdad?"
Era un perro precioso, pero lo que me dejaba sin aliento era ella. Y cuando me dijo que porqué no la acompañaba todos los días a pasearlo, creí morir de felicidad. Y así cada día. Me olvidé del teléfono del colega y de los colegas, porque a cuenta del chucho empecé a entrar en casa de Marta, Martita para sus padres. Muy liberales. Desde el primer día, su madre nos dijo que al cuarto de Martita que es donde más intimidad podíamos tener, "a charlar o escuchar música, no vayáis a joderos la vida con un embarazo y si llega el momento, si no tenéis para condones, me lo pedís" y en ese momento me morí. Me quedé como la mujer de Lot, "venga muchacho, Alex, ¿no? que tampoco he dicho nada raro, anda iros al cuarto" 
Ya en el cuarto Marta me preguntó que me había pasado y le respondí que ni en mil años podría yo escuchar a mi madre decir nada parecido. "Mis padres son muy libres en ese aspecto, muchas veces les tengo que decir que follen más bajito que no me dejan dormir" Ya eso me dejó sin respiración y no sé porqué me empalmé con una libido tal que creía que me corría solo con desearlo. Pero es que Marta siguió: "y desde luego si algún día decidimos follar, será por el culo, por el coño ni hablar. El coño, quien sea me lo comerá, pero follar, por el culo. Da igual de gusto" Yo ya estaba descolocado y pensé en irme de allí, pero me picó la curiosidad y le pregunté que cómo sabía ella que gusto daba por el culo, a no ser que ya la hubiesen follado por detrás. Se sonrió y me dijo que tonto era. Se bajó de la cama, se subió a una silla y rebuscó en el altillo hasta que sacó con gesto triunfante un consolador un poco flexible, como de silicona de unos veinte centímetros con una ventosa al otro extremo. "Ves, mi madre no lo sabe. Este se lo cogí a mi padre de su armario. No sé si es para él o para mi madre, pero desde luego no me iban a decir 'Martita, tú has cogido el dildo de papá' Yo es lo que uso. Lo pego con la ventosa y me lo meto y una de las veces en lugar de apuntar a vagina se escurrió y empezó a entrar en ano. Me intrigó que sentiríais los tíos cuando os follan y me lo metí entero y me dio un gustazo salvaje. Con el dedo ataqué clítoris y casi me desmayo del gusto. ¿Nunca te ha picado la curiosidad o es que ya lo sabes?"
Le dije que no, que nunca me había dado por ahí y que era momento de irme a casa. En ese momento entró en el cuarto su madre a preguntar si me quedaba a cenar. Di las gracias lo mejor que pude, me disculpé con todo el apuro del mundo y me fui.
Ya en la calle sentí como si me hubiera quitado el mundo de encima de los hombros. Marta sabía latín. De pronto la imaginé desnuda pellizcandose los pezones y metiéndose el dildo por el culo y me puse duro como el pedernal y por primera vez en mi vida fui consciente de que tenía ano. No el boquete por el que se caga, no. Tenía un orificio por el que podía entrar un objeto y que según Marta proporcionaba un placer salvaje. Instintivamente me metí la mano por el pantalón y casi con veneración me palpé el ano. Luego me ensalivé el dedo y volví a hacerlo resbalar por los márgenes. No sentí nada especial, pero si es verdad que cuando pasé a tocarme el capullo estaba pringoso de tanto lubricante. Me saqué la mano, me olisquee los dedos y luego con cierta prevención los puse al alcance de mi lengua. No sabía a nada, quizá algo salado. Me refugié en un portal, me la saqué y me la exprimí sacándome un borbotón trasparente y viscoso, lo recogí con los dedos y me lo llevé al ano, no sabía muy bien para qué, me dejé llevar por mi instinto lubricando en ano hasta que me entró un dedo entero y lo reflejó la polla segregando más sustancia que recogí con el mismo dedo que me había metido y me lo llevé a la boca. Lo saboree hasta donde se puede saborear algo insípido, pero saber de qué se trataba y que venía directamente de mi culo me excitó como nunca antes, ni Marta, me había excitado y allí mismo, aquel portal dejé mi firma de ADN en forma de masiva corrida que se fue a estrellar contra la pared. Con atropelladamiento me subí el pantalón y salí a la calle. El hecho de haber estado en peligro de ser sorprendido añadió un plus de placer a la paja.
Camino a casa me reproché haberme comportado de esa manera. Algo así debían hacer los maricones y yo no lo era. Empecé a comprender eso que me decía siempre Carmelo "Que no me entere yo que ese culito pasa hambre" la sensación de tensión sin dolor, el hecho de romper el tabú de que por el culo ni un pelo de conejo y conservar para siempre el recuerdo de, como decía Marta, era un placer extraño y llegué a la etapa que hoy supongo que es la primera por la que pasa cualquiera que tiene su ano como punto mágico para destapar todos los placeres escondidos de la vida. ¿Si mi dedo había conseguido eso, que no conseguiría una polla? Me desembaracé de la pregunta cómo pude y me reproché haber caído en una trampa tan tonta.
Seguí acompañando a Marta con el perro que crecía rápidamente, intentaba evitar cualquier tema escabroso y cuando llegábamos a su casa achacaba que me esperaban en la mía. No quería pisar más el dormitorio de Marta porque sabía que una forma u otra acababa con el dildo en el culo.
Y empezó el nuevo curso. Carmelo seguía en sus trece "¡Ay ese culito que pena tiene!" y el corifeo le reía la gracia, y yo en lugar de pillarme el rebote, ahora, después de lo sabido y de la cantidad de veces que me metía el dedo para masturbarme, me entraba un escalofrío de terror, porque estaba sospechando que de verdad mi culito estaba triste y tenía hambre. El dedo me entraba ya con mucha facilidad y di cancha al segundo. Dos dedos hacían que me corriese de una forma explosiva pero más prolongada y no sé qué pasó que una vez, metí los dedos tan bruscamente que el capullo empezó a echar semen sin que el orgasmo se agotase. No sabía lo que había hecho y no pude repetirlo. Busqué por internet pero no conseguía datos que me explicasen que había sucedido. 
Carmelo siempre estaba con las indirectas relacionadas con mi culo. Tendría que ser astuto y en una de las ocasiones que Carmelo y yo nos quedasemos solos en los vestuarios le abordaría e intentaría averiguar qué sabía de esa forma de estimulación.
Se acercaban las vacaciones de Navidad y los campeonatos de atletismo de Secundaria eran en Enero a la vuelta de vacaciones, con lo que los entrenamientos tenían que menudear. Los dos éramos de la milla, y muy buenos. Entrenamos juntos en donde una vez hacía yo de liebre y otra hacia él. 
Uno de los entrenamientos antes de Nochebuena el entrenamiento había sido muy productivo, habíamos bajado la marca en casi dos segundos. Hacía frío era ya casi de noche. Las luces de la pista se apagaron, lo que quería decir que eran las siete de la tarde. Carmelo me dijo: "Venga Alex, vamos a la ducha o se nos congelarán los huevos" El vestuario estaba desierto y al poco de entrar el vigilante se acercó a decirnos que se iba, que cuando acabaramos apagasemos bien la luz y saliesemos que la puerta se quedaba cerrada por fuera sola.
Carmelo me miró y sonrió levemente. Me felicité de que las duchas no fueran corridas, sino cabinas con el tabique a la altura del tórax. Nos veíamos ducharnos pero no nos veíamos el cuerpo. Cuando empezamos Carmelo volvió a la carga: "Has dado por fin de comer a ese culito" y soltó una carcajada. Le contesté que se preocupase de que el suyo no tuviera hambre aunque lo dudaba con la cantidad de corte de tíos que llevaba siempre detrás. "Mi culo no tiene nunca hambre, pero a mí polla le encanta dar de comer a los culos hambrientos" y en ese momento sin poderlo remediar me empalmé. Recordé perfectamente esa sensación tan enorme que me hizo correrme con ese placer inextinguible y deseé poder repetirlo. Me planté delante de él, empalmado y todo como iba y le dije, que sin bromas, estábamos solos y de esas duchas no iba a salir Carmelo. Me miró muy serio, nunca le había visto ese rictus de gravedad en la cara. Me di cuenta que poco a poco su polla cobraba vida y crecía. Cuando le pregunté directamente si había follado un culo de tío o le habían follado a él, le vi palidecer bajo el agua de la alcachofa. "Y a ti" le contesté que yo había preguntado primero pero que no me importaba decírselo, que nadie me había follado nunca, aunque me reservé lo de los dedos. Le expresé mi malestar porque siempre anduviese con la misma broma y le expliqué que la causa de mi pregunta era que él si tuviese experiencia sodomita y por eso preguntaba tanto. Cerró la ducha y terminó de empalmar del todo. "Fijate, Alex, dos tíos de dieciséis años, desnudos, solos, frente a frente y empalmados. Yo no sé porqué estás tan tieso tú, pero sé porqué lo estoy yo, Alex, porque me gustas, cabrón, pero no sabía cómo entrarte. Además se te ve tan pillado con Marta que no sabía. Y si, si me la han metido por el culo. A los nueve años me desvirgó uno de dieciocho en un campamento al que me mandaron mis padres por gandul. Eso fue una violación en toda regla, y me dolió como no te puedes imaginar, pero me gustó sentirme a merced de un hombre, y a la semana le busqué yo a él. Y todavía nos vemos. Tiene veinticinco, novia y se va a casar el muy maricón, pero me encanta que me folle" Ante tan tremenda confesión le conté lo del dildo de Marta y como yo probé, sin pensarlo mucho con el dedo y como por casualidad me pasó aquello pero no sabía cómo volver a reproducirlo. Carmelo dio un paso al frente, me puso su mano en el cuello y me dijo: " Joder, Alex, la has liado. Dicen que si la coca, el crack o las pastillas, y no, Alex, no, lo más adictivo que hay es el culo, ya lo verás, y si para colmo has estimulado tu punto 'P' ya no hay vuelta atrás" Le dije que no era mi intención tener sexo con él ni con ningún otro tío y que su confidencia se iría a la tumba conmigo, pero que me preocupaba eso del punto "P" que quería volver a experimentarlo. Tanto a él como a mí con la charla se nos habían bajado las pollas, ya no estaban duras, me cogió ya por el hombro como viejos amigos y me invitó a que nos vistiesemos para irnos pero dijo: "Hay dos formas de volver a estimularte, que te metan un rabo como mínimo como el mío o que te compres un estimulador de próstata, si es vibrador mejor. Incluso si follas con Marta con el puesto sentirás tu rabo más grande y los orgasmos tremendos, al punto de dejarte sin respiración tanto placer. Y otra cosa Alex puedo besarte los labios, sin lengua ni nada, por favor" le dije que en vista de nuestra nueva amistad le dejaría, pero que yo cerraría los ojos, no quería verlo. Cerré los ojos, sentí el calor de su mano en mi nuca y el aliento de su respiración en mi cara. Luego sus labios húmedos sobre los míos durante un instante en el que sentí que volvía a empalmarme y me retiré. Intenté excusarme por mi nueva erección. " Tranquilo Alex, son labios, es sensualidad y a nuestra edad nos empalmamos con un polvorón. Tío, me has hecho muy feliz. Venga, vámonos de aquí que no respondo de mi, estoy que me salgo"
Salimos del estadio y cada uno tiro para su lado con un "hasta mañana"
Me quedé cavilando con lo que me había dicho y me cuadraba. El hecho de ser tan beligerante, metiéndose conmigo era porque no sabía cómo asaltar mi fortaleza. ¡Estaba pillado por mi, un tío! y entonces recordé su roce de labios y el calor de su mano en mi nuca. Tenía que ser sincero conmigo mismo, me habría gustado abrir la boca y rozar mi lengua con la suya, ¡Joder! Me habría gustado, ¿Y porqué no me dejé llevar? Llegué a casa me hice un bocadillo de salchichón y me fui a mi habitación. Mi madre me preguntó y le dije que el entrenamiento había sido duro y que sólo tenía ganas de dormir.
A la mañana siguiente, vacaciones, después de desayunar fui a ver a Marta. Me abrió su madre muy apresurada diciendo que en su habitación, que ella estaba en medio de una teleconferencia de trabajo. Subí las escaleras y escuchaba a Marta hablar como en cuchicheo, estaría con alguna amiga pensé, pero al llegar a la puerta entornada escuché claramente: "Sigue, sigue, canela, sigue" me acerqué a la rendija y vi a canela darle lametones en el coño a Marta que como con sordina gemía con los ojos cerrados. Solo ver la imagen hizo que se me disparase la polla. De forma inconsciente me saqué la polla y empecé el trabajo de paja lentamente. El mundo ya no existía, en mi cabeza había una mescolanza mareante de Marta, Carmelo, canela, ano y consolador. Sentía que todo mi cuerpo era sexo. Dejé caer mis pantalones y con la otra mano empecé a acariciar me el ano. Me ensalivaba el dedo y me lo metía, así una y otra vez hasta que Marta de un salto se puso de rodillas y vi perfectamente como llevaba puesto una especie de dildo en el culo que no se salía y como canela saltaba a la cama y comenzaba a follarla con rapidez mientras ella ya gemía sin recato. Y en esas estaba cuando una mano me acarició el culo. Del sobresalto se me bajó la polla. La madre de Marta me dijo al oído: "Vamos a dejar a Marta tranquila con canela. En cuanto acaben bajarán. Tú si quieres terminar puedes hacerlo en el cuarto de baño. Si necesitas un estimulador de próstata, te dejo uno de mi marido, están lavados y desinfectados" Me la quedé mirando con cara de descolocamiento absoluto y en algún lugar de mi cabeza o de mi polla, que sabía yo dije que si al estimulador: "¿Lo has utilizado alguna vez?" y la seguía mirando como el que se encuentra a un esquimal en un safari en Kenia y no sabe muy bien quién de los dos es el que está en el lugar equivocado. "Ven al dormitorio, te lo voy a insertar y yo manejaré el mando a distancia cuando estemos abajo en el salón mientras Martita acaba" y lo dijo con la naturalidad del que te dice que en cuanto se terminen de gratinar los canelones podemos comer. Me llevó, creo que flotando escuchando los gemidos de Marta y los gruñidos de canela que se iban alejando. Yo llevaba los pantalones desabrochados con los calzoncillos a medio subir, la polla fuera y sujetándome la cinturilla para que no se fuesen al suelo los pantalones. "Venga Alex, tu con la mayor naturalidad, quítate los pantalones y los calzoncillos y túmbate en la cama boca arriba, levantas las piernas y las abres en uve. Primero un poco de lubricante y ahora, relájate, que no duele" tenía en la mano una especie de dedo gordo de la mano nada más que más grande y remataba con un anillo como de goma. "Mira ves, esta parte superior cuando está colocada se pone en contacto directo con la próstata y cuando con el mando la hago vibrar la estimula y produce a los hombres un placer especial. Si en lugar de este artilugio te meten una polla gorda y el que la mete sabe lo que hace, como El Rubio, hace un efecto no tan mantenido pero si muy intenso. A mi marido le vuelve loco y no he sentido dentro de mi un miembro tan grande y duro como cuando El Rubio le sodomiza" Mientras me hablaba así me había insertado con facilidad el artilugio y luego el anillo que llevaba al extremo lo colocó en la base de mi escroto haciendo pasar los testículos por el ojo, recogiéndolos. La sensación de tener los huevos aprisionados era muy agradable. Luego cogió una especie de mando de garage y oprimió un botón "¿Notas algo?" sentí por dentro un cosquilleo y negué con la cabeza a lo que ella apretó el botón tres veces más y en ese momento sentí lo que aquella vez con mis dedos pero de forma intensa y a continuación surgió un géiser de semen que fue a caer sobre mi cara. "Bien Alex, ya se por donde vamos, ahora levántate, vístete y vamos abajo, tengo algo que contarte"
No habíamos hecho más que sentarnos y apareció Marta. Al sentarme el artilugio se hundió un poco más en mi cuerpo y la sensación de replecion con la conciencia de tener el esfínter dilatado me hizo empalmarme con más intensidad. "Mi marido prefiere sentarse en una silla dura cuando lo lleva, le da más placer y cuando es así se mueve circularmente sobre el culo y destila mucho preseminal y a mi me encanta lamerle el capullo, ¿Verdad Marta?" No pude por menos que dar un respingo. Le pregunté a Marta si ella participaba del sexo de sus padres, pero me contestó su madre: "Ya era mayorcito, Alex, para saber ciertas cosas"

domingo, 25 de julio de 2021

ZURICH


- Bueno Astrid - hizo una pausa por el nudo de lágrimas en la garganta - perdona, es que no me lo creo. N'dogo ayer me sonreía y - tuvo que volver a callar - no quiero volver a hablar más de eso. Cuéntame tú. Pero te divorciaste.
- No. Esa misma noche, casi sin quitarme la ropa de boda cogí el maletín
- ¿Que maletín?
- Ah, ¿no te he dicho lo del maletín?
- No, me has dicho que su ¿Maestro?
- Si, Máster prefiere llamarle, un turco vejestorio, que no me explico yo como un tío de su formación, su estatus social de treinta y nueve años puede rendirse..., en fin, el maletín. Cuando salimos del banquete y fuimos a la suite para nuestra noche, me dijo que tenía un regalo especial, que esperaba que le comprendiese y compartirse sus aspiraciones, y me dió un maletín de cuero repujado con incrustaciones de plata y mi nombre en letras de oro. Supuse que sería alguna prenda comprada en Faubourg St. Honoré encargada a Channel, un negligeè de seda y pedrería, no sabía. Lo abrí y me quedé de una pieza. Lo primero que vi, que reclamó mi atención fue un consolador rojo sangre enorme me pareció pero estaba unido a unos correajes que no entendía. Además había una especie de látigo corto tipo disciplina de varias colas con el mango adornado de azabaches incrustados en el cuero. Le miré temiéndo haberme casado con un sádico, y fue cuando encendió el portátil y en pantalla había un viejo de mal aspecto que en un inglés rudimentario ordenó que empezase el castigo. Le preguntó por la castidad y entonces mi ya marido se desnudó. Llevaba debajo de los pantalones un liguero blanco con más encajes de Valenciennes que el mío y unas medias de rejilla blancas. Y lo remataba con una braguita toda de encaje de bolillos muy fino y a través del encaje se veía un aparato en su pene. Contestó arrodillándose dándome el culo, abriendo las piernas y diciendo "Si Sir. En cuanto se ponga el Strap-on procederá a darle gusto en sus deseos Sir" y entonces comprendí que el consolador con correas era para que yo me lo pusiera y sodomizarle bajo la atenta mirada del viejo aquel.
Entonces fue cuando agarré el maletín y entré hecha una furia en la suite de su padre, que madre, menos mal, pobre mujer, no tenía y grité "Que coño es esto" el hombre dormía y se despertó sobresaltado. Cuando se hizo cargo de la situación y le expliqué, el hombre mudó el semblante, pareciera que se acabase de morir, se le puso la cara papiracea y me dijo "Acompañame".
Ya en nuestra suite le pidió explicaciones a su hijo. Llevaba con ese individuo, al que había entregado ya una fortuna veinte años. Desde los diecinueve. Le conoció en un viaje a las islas griegas con sus padres, al fondear en Miconos. Tenía cincuenta y cinco años y le cautivó. El padre lo recordó entonces, era un supuesto armador que les invitó a su yate a una fiesta privada. Su mujer y él perdieron de vista a su hijo buena parte de la noche y ahí tuvo que captarlo.
Charles, mi marido, estaba de rodillas delante de la pantalla del ordenador pidiendo perdón al viejo. El padre cerró el ordenador y le conminó a levantarse y a dejar de hacer el ridículo "al menos, recuerda tu apellido, Esto se acaba ahora mismo aquí. Ese hombre no volverá a molestar. Nuestro apellido y la importancia de nuestros negocios para la economía occidental no pueden verse empañados por un escándalo de esta magnitud" Luego se dirigió a mi y me dijo "Tente en tus ansias de revancha, ni hablar de divorcios ni escándalos" Me miró con unos ojos de hielo y entonces comprendí muchas cosas. La muerte de su mujer fue una sorpresa para todos, Charles, me lo dijo, su madre no sabía que tuviese nada, pero le expresó el deseo de divorciarse de común acuerdo y al día siguiente la madre amaneció muerte. La autopsia certificó que fue un ictus masivo.
- Pero que poder tiene esa familia.
- Según me dijo Charles su apellido venía por línea directa desde Carlomagno y ni él sabía hasta donde llegaban sus tentáculos. Le dije entonces al padre, que de acuerdo y aparecería cuando fuera imprescindible. Se filtraría que yo era infértil y todo lo que yo necesitase se me daría. Su padre me dijo a todo que si. Por eso vas a tomar ese avión. En Zurich te esperará un automóvil a pie de escalerilla. En el aeropuerto te van a entregar un pasaporte diplomático. No vas a tener problemas. Allí Charles te hará una propuesta muy interesante. Hasta que encuentres una casa vivirás en la casa, bueno, el palacio familiar.
Llegaron a Freetown y se dirigieron, no sin algo de miedo porque en los últimos compases sufriese algún tipo de agresión. Llegaron a la zona de acceso de privados. Un funcionario armado les dió el alto. Astrid dio el número de vuelo al que tenían que abordar. El agente consultó con su walkie y les franqueó el paso. El avión estaba efectuando el acercamiento a pista. Esperaron hasta que el avión se detuvo. Astrid acompañó a Dazen hasta el avión y le dió un abrazo. Un auxiliar de vuelo le urgió a subir. Les estaban dando pista de despegue. Ya sabían a que iban a Freetown y porqué. Dazen se quedó sorprendido cuando el auxiliar le dió el pésame.
- Suba usted ya. Salimos inmediatamente, repostaremos en Dakar y parada técnica en Sevilla.
- ¿Porqué no repostar aquí? - preguntó intrigado.
- Por su seguridad y la nuestra, claro. Usted es target para siempre en este país, es lo que me han comentado y debemos sacarle cuanto antes. Su pareja debía ser alguien importante para querer tanta revancha. Tenemos pista, abrochesé el cinturón que nos vamos.
N'dogo nunca se lo dijo pero era un mandinga de estirpe real. Su familia por siglos era la responsable de los designios de la tribu y él era el heredero. Mientras no hubiese escándalo podía hacer lo que quisiera, era un príncipe, una vez que salió a la luz no se podía consentir y él lo sabía. Cuando aceptó ir a Cabo Verde con Dazen, sabía que si se quedaba en su país de una forma u otra antes o después, rey o no rey recibiría esa sanción de su pueblo y lo asumió porque el amor que tenía a Dazen justificaba cualquier sacrificio. Cuando Dazen lo pensaba no podía evitar la congestión de ojos y nariz. Al principio dijo que era alergia pero después se revolvió contra sí mismo; hacía el duelo del amor de su vida. Contandoselo a Victorio lloraba él y lloraba su jefe.
- No me imagino un amor así - dijo Victorio - no he tenido la suerte de que alguien consintiese en entregar su vida por alguien. Es que deberías estar llorando le a todas horas.
- No. Recuerdo su amplia sonrisa y sus chispeantes ojos de felicidad con su cara a centímetros de la mía mientras me follaba profunda pero delicadamente y pienso que él no hubiera querido que yo lloraste, hubiera querido que fuese feliz.
- Y bueno, ¿que pasó al llegar a Zurich?
- Fue mejor lo del vuelo. Es increíble. Al aterrizar en Sevilla para hacer comprobaciones técnicas, un par de horas, fui al servicio a orinar y me siguió el auxiliar de vuelo. Bueno, pensé, también tendrá el hombre derecho a mear. Se me pone al lado y me dice el tío: "gastas buen número, ¿el negro lo tenía más grande? Eso es lo que se dice". No dije nada. Le eché mano a su sexo con una caricia y cuando más en la gloria estaba le metí los huevos en mi puño y apreté con la intención de arrancarselos y muy bajito le susurré al oído que de mi amor nadie hablaba si yo no quería y que fuese la última vez que hablase del "el negro" se llama N'dogo y no se llamaba porque está vivo en mi corazón. Le solté, me abroché y me fui. No volvió a dirigirme la palabra. Cuando descendí en Zurich del avión, me dijo "lo siento y me alegro de haberle conocido". No le respondí más que con un gracias congelado.
Me esperaba a pie de escalerilla un Rolls, el chófer me abrió la portezuela y subí al coche. Dentro estaba Charles el marido, es un decir, de Astrid. Un fulano muy, pero que muy bien parecido, elegante y cordial.
- ¿Dazen, supongo? - dijo parafraseando al explorador Stanley.
- Claro. ¿Quién podría ser?
- Lo suyo está en todas las portadas y cerca como estamos del mes del orgullo todas las subvencionadas han puesto el gritó en el cielo, claro, un grito modulado, que los diamantes de Sierra Leona son una parte muy importante de la cartera de los que como sabrá parten el bacalao. Vamos directamente a Lausana, allí tengo una finca impenetrable a los medios en la que esperaremos a que las aguas se calmen. Luego tengo que hacerle una propuesta. Su perfil es muy especial. Mientras allí en Les Chênes Argentès podrá, jugar golf, montar a caballo y vivir en libertad sabiendo que si se acerca a menos de dos kilómetros de la cerca le avisarán con el intercomunicador que debe llevar siempre encima mientras esté en la finca. De momento - y al decirlo le puso la mano en el muslo - que planes tenía usted. Ya verá que aburrirse el Les Chênes es francamente difícil. Tenemos fiestas privadas y privadisimas a las que espero que nos regale su presencia..
- Con la mano en el muslo intentaba usted sugerirme algo, Charles. Pretende que sea su Máster o tiene al turco aún.
- Mi maestro turco sufrió un infarto al día siguiente de mi boda, ya sabe, cosas de la edad. Y de momento - se le empezó a agitar la respiración, no he tenido ocasión. Ya sabe, los dedos de mi padre, aunque ya mayor, llegan donde otros no pueden.
- Puede cerrar el habitáculo para que el chófer no vea que hacemos.
Charles, pulsó un botón negro de la puerta y una mampara se levantó de detrás de los asientos delanteros.
- Perro - y acompañó el epíteto de una sonora bofetada - ¿llevas castidad?
- No
- No, Sir - y le dio otra bofetada.
- No Sir - dijo Charles con cara de emoción
- Desnúdate, perro.
- Si, Sir - atropelladamente se desvistió.
- Saca lub o te fisteo en seco.
- Si, Sir - hizo descender el brazo del asiento y de un compartimento extrajo un tubo grande.
- Si, Charles eres una perra. ¿Tienes Máster, ahora? Venga, vístete, no querrás que el servicio de Les Chênes te vea así. ¿Tienes?
- Varios. En las fiestas que doy..., Ya verás. Ahora tengo muchos dueños y es más excitante.
Al llegar a la puerta dos empleados de librea les atendieron y le condujeron adentro.
La mansión, a pesar de encontrarse en Suiza era una copia de una mansión en la campiña inglesa de la aristocracia rural del siglo XVII.
Todo era absolutamente rutinario y solo llamó la atención de Dazen el que la mayoría de los sirvientes eran de aspecto adolescente.
Cuando fue llevado a sus habitaciones, eran tres piezas, dormitorio, vestidor, sala de lectura y baño. El empleado anuncio:
- En el vestidor hay ropa de todo tipo. Esta noche hay una fiesta especial con disfraces. Todo será grabado, para su información. La cena en el comedor privado del barón. Esta invitado con otros cuatro residentes que ya conocerá. A las ocho. La fiesta a las diez.
La cena con el barón es de etiqueta. En el vestidor encontrará de todo lo que necesite. A las ocho cuarenta y cinco vendré a buscarle para llevarle a las habitaciones privadas del barón. Buenas tardes.

lunes, 19 de julio de 2021

INCESTO

 

No sé muy bien si debería, pero creo que debo contarlo.
Somos dos hermanos. El mayor viva imagen de mi madre tiene el carácter bronco, tosco, punta de lanza de mi padre. Típico carácter testosteronico. Deportes de choque (el tenis ese deporte que debería jugarlo todo dios con la faldita de Steffi) "los hombres debes chocar y olerse la violencia que irradian en el cuerpo a cuerpo. El frontón a mano era, según mi padre y mi hermano un deporte de hombres y de choque. Sangre vasca en sus venas, no entendía, nunca lo entendió, simuló que se hacía cargo, pero en otro siglo me habría arrancado los huevos con sus propias manos y me habría ahogado con ellos. No entendía como decía, que con diez años me diese por hacer trenes de palabras que yo llamaba versos, ripios de barracón de feria. Para él, escribir era necesario para poder redactar contratos con los que joder al prójimo. Era abogado y un bestia. Cómo mi hermano.
Cumplí los once y un día me llevó a un club de lucha grecorromana. Que le fuese perdiendo el miedo al contacto físico, me dijo. Yo pensaba, con estos cuerpazos vengan a mi contactos. Me dieron tres nociones de agarre y defensa y tres llaves y mi padre dijo "a luchar" Y vino a luchar conmigo José María un tipo de doce años que me sacaba la cabeza y yo le sacaría la polla si me fuese a dejar. Empezamos el forcejeo y con toda intención le agarré por la pernera metiendo bien arriba los dedos. Toque piel sensible y dejé que cayera sobre mi permitiendo que mis hombros tocaran tatami, pero con su sexo sobre el mío lycras mediante. Notó mi dureza contra la suya y dio un bote. Mi padre que hacía de árbitro reprochó a José María que no dejase pasar el tiempo reglamentario para ganar la competencia.
José María de malos modos dijo que conmigo no volvía a luchar. Conocía a Rubén un chico de dieciséis, bastante brusco y eliminado de competiciones por juego sucio que cada vez que en el colegio coincidiamos meando juntos me decía que yo no tenía picha, tenía clitoris, que para polla la de él y se la agitaba y se agrandaba. Me hipnotizada ese pollón tremendo y me decía que los maricones como yo, solo la probaban en el culo. Mi padre ordenó: Rubén ven a luchar con Pedro. Rubén me miró con rictus de revancha y yo que me importaba un carajo la lucha vi mi oportunidad. De hecho en cuanto nos enzarzamos le cogí por los huevos de forma suave y sentí crecer su pene. Fue un segundo porqué enseguida me trabó, me puso los hombros sobre el tatami y se terminó la lucha pero fue suficiente para poder abarcarle el pene ya duro y decirle muy bajito. "Te cogí el rabo, y está duro" Me soltó enseguida y mi padre me dio una patada en el culo diciéndome que no valía para nada.
Yo le había tocado los huevos a José María y él ya sabía cómo se me ponía de dura, y a Rubén, pedazo de rabo se la había cogido.
Mi hermano mayor de quince años practicaba lucha desde los ocho. Mi padre ordenó: Joaquín, que te presten una malla y enséñale algún truco a Pedrito, que es de mantequilla.
Me froté las manos. Me encantaba Joaquín. Me metía el rabo tanto en el culo como en la boca (que sorpreson el día que traía regalo) desde que yo tenía siete para ocho y el de once para doce. Mi hermano era muy caliente y estaba yo casi para cumplir los ocho cuando una noche de estas tórridas de Agosto desnudos sobre la cama me dijo si yo podía dormir por el calor. A mi me daba igual el calor, me jodía no verle bien la polla con la poca luz de la luna que entraba por la ventana. "Vente a mi cama Pedro, que entra más fresquito" y me faltó tiempo. Tan cerca si le veía el rabo duro y sin encomendarme ni a Dios ni al diablo le agarré la polla tiesa, que se puso más tiesa aún. Él me dijo que le diese para arriba y para abajo suavito y que cuando el dijese me la metiese en la boca. Y así fue. A mi se me puso dura, dura también y se lo dije a ver si me la cogía, pero me dijo que otro día. Cuando me avisó me la metí en la boca, el me sujetó la cabeza y me atragantó hasta que se quedó lacio y me dijo que a mí cama, que daba mucho calor. Eso ya eran todas las noches, directamente me metía en su cama y en una de esa le salió el líquido espeso y blanco que me tragué. Al día siguiente me dijo que el culo. Me lubricó con su saliva y me la metió. Me dolió mucho al principio, pero luego me encantó saltar sobre su polla hasta que el tomó el mando y me echó toda la leche dentro. Y así fue ya todas las noches. Una noche le perdí el respeto a la mierda. Después de follarme la sacó manchada de mierda y me dijo que los maricones como yo limpiaban el sable a los machos y no me dió opción. Estaba amargo, pero no me importó y además hizo que me excita se tanto que empecé a masturbarme y tuve un orgasmo como nunca. Después de aquello rezaba porque le saliese la polla sucia pero eso pasaba en pocas ocasiones.
Así que ahora, luchar con Joaquín delante de mi padre me daba mucho morbo. Nos demoramos en la lucha a propósito para poder rozarnos bien. 
Joaquín dijo que no, para mí fue que si. Que mi padre se dio cuenta de que trataba aquel simulacro de lucha. De hecho yo hacía denodados esfuerzos, y Joaquín simulaba que contrarrestan, por tener mi boca cerca de su periné, oler su raja y poder evocar el sabor de su ano bien sudado cuando en alguna ocasión, pillandome de sorpresa levantaba las piernas en una "V" bien abierta y me decía que le follase el ojete con lengua, cosa que a mí en alguna ocasión que él me tenía los pezones bien currados, consiguió que me corriera antes de que me la metiese, y metiéndomela y castigandome los pezones sin piedad volviese a correrme. Ese olor a culo con el recuerdo del olor me enardecía y creo que eso fue lo que mi padre detectó porque de repente gritó: "a la ducha"
Ya en vestuarios y yo desnudo para entrar a ducharme mi padre me pellizcó con intención de joderme un pezón: "mira niño mariconcito, como vuelvas a estimular de esa manera a tu hermano, tan macho, te voy a cortar los huevos" y con la otra mano me tomo los huevos y sintió la polla dura. Apretó más la presa del pezón y retorció y en ese momento, empecé a gemir de placer y mi pene a palpitar aunque sin echar aún nada. "Lo que yo pensé siempre, un degenerado. "Te prometo que mañana hablaremos tú y yo de esto, a ver si también te corres. De momento, prohibido salir de la habitación hasta que tú y yo tengamos una plática".
Me dejó el pezón dolorido pero peor fue comprobar que el otro se sentía huérfano de castigo y también lo merecía.
Joaquín, cuando salió de la ducha me dijo que lo había escuchado todo y que conocía a nuestro padre y sabía que al día siguiente le iba a arrancar los huevos si no le decía si había algo entre ellos. "Y como se te ocurra decir algo, o menos aún que una vez te la mamé, te arranco la cabeza"
Yo esperaba un broncazo, alguna hostia bien dada, como las que me daba mi hermano cuando consideraba que no me la tragaba todo lo dentro que debía, quizá el cinto y eso me hacía ponerme duro, pero no podía imaginar lo que se venía encima. Ni él tampoco si no fijo que no hubiera llegado a mi habitación con intención de enmendar mi conducta.
La casa familiar, era un caserón grande de dos plantas. Desde la habitación de Joaquín y mía se veía quien subía las escaleras. Eran más de las doce del mediodía y por la rendija de la puerta escuché a mi madre rogar a su marido que lo dejase correr, pero yo escuché los pasos subiendo la escalera. Miré. Mi padre con un pantalón de camping de pernera ancha que el usaba sin ropa interior era su única indumentaria y en la mano llevaba un vergajo que era de su padre cuando tenía la finca de ganado, y ahí ya supe que iba a ser muy duro. Me quité de detrás de la puerta y la abrió de una patada. "Aquí está el mariconcito de mi niño" me tomó de un brazo, me quito el calzoncillo y me dejó desnudo "como todas las putas, desnudas" y sin dejarme el brazo empezó a zurrarme en el culo con el vergajo de toro. El primero me dio entre los los carrillos y la punta del zurriago me besó las bolas. Mi gritó de dolor se preñó de la angustia del placer que se teme por el dolor que acompaña. Fue instantáneo el que mi pene que ya se adornaba con algo de vello se disparase y se endureciese tanto. No sé si mi padre lo vio o no, pero me preguntó, retórico, claro, si le había salido un sádico que disfruta del dolor. Naturalmente con mi otro brazo intentaba protegerme del castigo y mi padre intentaba sujetarme de un solo brazo en uno de los lances mi cabeza quedó a la altura de sus muslos y por una de las perneras vi asomar su capullo, tenso y reluciente, y mientras me pegaba en el culo y gritaba de dolor, que era real, pero pensé en que  aprovechando la situación en uno de los movimientos me agarré al elástico del pantalón y se lo bajé. Su polla, de la misma forma que la mía pero mucho más grande, saltó hacia adelante con unos enormes huevos que colgaban bamboleantes. Se detuvo por un instante y se desembarazó del pantalón del todo. Estábamos los dos desnudos y los dos empalmados. Se sentó entonces en la cama, me puso sobre sus rodillas y empezó a golpearme el culo. Yo abrí las piernas y obtuve el resultado deseado. Vio mis huevos y los cogió por su inserción en la polla y apretó tirando hacia arriba. Al mismo tiempo con la otra mano empezó a golpearme los huevos. Sentí que iba a correrme y procurando que no se escuchase dije: "Papá, me voy a correr" me tiró sobre la cama y se lanzó sobre mi, se comió materialmente la polla y mientras me corría y experimentaba un placer poco común el hacía movimientos afirmativos con la cabeza y musitaba como afirmando. Cuando acabó, me miró sonriendo y abrió la boca, pude ver mi primer semen y luego se lo tragó y me dijo que eso no me libraba de su polla. "Tu hermano ya me ha contado que te folla, ahora te voy a follar yo. ¿Quieres que suba Joaquín?" Le dije entusiasta que sí y al tiempo que Papá llamaba a mi hermano para que subiese yo levanté las piernas bien abiertas exponiendo el ano y separandome los cachetes del culo. Le decía, follame ya Papá, lo tengo bien abierto. Joaquín me folla hace años y me gusta. En ese momento entró Joaquín y nada más vernos, se desnudó, le besó en los labios a Papá luego le chupó un poco y me dijo: "Cabroncete, creía que no iba a suceder nunca" cogió el vergajo de mi padre me sujetó una pierna mientras le decía a Papá que esperase un poco antes de follarme y sujetase la otra pierna. Y empezó a azotarme. Yo volví a empalmarme y en un momento dado soltó el látigo se subió en la cama y empezó a Patearme los huevos. Yo estaba muy dolorido pero cada vez más excitado. Mi padre entonces se acercó a mí me dijo que abriese la boca y me escupió dentro. Me iba a volver a correr y así lo avisé. Entonces mi padre me metió los cuatro dedos de la mano, menos el pulgar en la boca intentando llegar lo más dentro posible. Sentí que vomitaba y eso me cortó el orgasmo. Entonces Joaquín se acercó y cuando mi padre sacaba la mano el empezó a escupirme, volví a avisar que me corría y Joaquín se lanzó sobre mi polla al tiempo que mi padre me la metia en el culo. Me corría yo y se corría mi padre. Creía estar en el cielo y cuando mi padre me terminó de preñar solo dijo: "Joaquín" y este se avanzó de cómo me chupaba hasta el ano y empezó a chupar el polvo de nuestro padre al tiempo que Papá hacia correrse a Joaquín. Finalmente se intercambiaron sus semen y me preguntaron si quería. Me levanté de un salto y me tiré por sus bocas. Lo compartimos.
Tengo treinta, Joaquín treinta y cuatro, estamos casados y cada uno tiene tres hijos y Papá vive ya solo. No falta ni una semana que vayamos a su casa y disfrutemos y nos contemos cómo vamos con nuestros chicos. El abuelo siempre nos dice que no le gustaría morirse sin perderse el sabor del semen de sus nietos. De momento se conforma, nos conformamos con los nuestros.

jueves, 15 de julio de 2021

N'DOGO

 

Dazen volvió a empezar a llorar. Se le rebosaban las lágrimas en una cara inexpresiva y rodaban las gotas saladas hasta las comisuras de la boca.
- No puedo mantener contacto como no sea con una güija. Lo desollaron vivo. Después de lo de Cabo Verde poco a poco fuimos abriendo nuestra relación. Un día a los tres meses de pasar nuestra luna de miel en Isla de Sal otro trabajador, también mandinga como N'dogo le escupió a los pies. N'dogo se encaró con él por el insulto y se enzarzaron en una pelea. Al final les tuve que separar yo y me acusaron de preferencia por N'dogo ya que éramos pareja. Astrid además salió en defensa de su laborante y finalmente fue voz populi que éramos pareja. ¿Tú ves mi pene?
- A ver - Victorio levantó la sábana dejando expuesto el sexo de Dazen.
- Ponmela dura, Victorio. Si quieres, claro.
- ¡Cómo no voy a querer! - le dijo Víctorio hundiendo la cabeza entre sus piernas.
Tal como tenía la verga, entraba casi entera en su boca. Dazen emitió un típico quejido de placer cuando el piercing de la lengua de Victorio golpeaba la zona de frenillo.
- ¡Tienes un piercing en la lengua!
- Me lo he colocado al llegar, por si acaso. Y no has llegado tocar el Frenum.
Dazen tocó el pene fláccido de Victorio y por abajo del frenillo lo tocó. Retiró la sábana y lo miró. Lo tocó, tironeó y acarició ante lo que Victorio se estremeció de placer. Dazen le miró a la cara sonriendo y con un gesto le preguntó si podía meterselo en la boca.
- Con toda libertad Dazen, como si quieres no sacartela de la boca en toda la noche.
Dazen jugueteaba con el pendiente del frenillo utilizando la lengua y haciendo llegar la punta hasta su garganta cohibiendo la nausea y consiguiendo que el pene de Victorio adquiriese la dureza de la juventud. Victorio acariciaba con cariño la cabeza de Dazen acompañando el movimiento de biela de la cabeza. De pronto Dazen no pudo cohibir la nausea y dejó salir el pene de la boca llorando con auténtica pena. Victorio le acogió en su regazo desnudo abrazándole la cabeza.
- Me veo ahora claramente de niño y la asquerosa polla de mi padre atragantandome - explicaba Dazen secándose las lágrimas levantando la cabeza y enfrentando la cara de Victorio - ¡Cabrón! era solo un bebé, ¡Cabrón! le tenía que haber desnucado mi madre - miraba directamente a los ojos de Victorio tan cerca que percibía el aliento de Dazen.
De repente se calló sin dejar de clavar sus ojos en los de su protegido. Estuvieron unos segundos aguantandose la mirada hasta que como impelidos por un estímulo común se lanzaron el uno contra el otro fundiéndose en un beso. Y ya no pudieron parar. Fue una simbiosis de deseo, pasión y necesidad de compañía.
- ¿Quién me iba a decir a mi - dijo sorprendido Victorio - que a mi edad iba yo a dar la talla con un treintañero como tú que eres una fiera?, ¿Y cuántos años, o lustros hace que no me corro dos veces en el mismo polvo? Tengo setenta y tres pero me siento, ahora mismo como un adolescente. Ya me pasará factura mañana, pero.. 
Y Victorio cerró los ojos quedándose profundamente dormido.
Dazen le dejó reposar la cabeza en la almohada y le echó la sábana por encima. Miró el reloj, eran las dos de la madrugada y él necesitaba ya, algo más que sexo de entrega mutua y caricias de amor. Desde los once años el aprendió que el sexo es violento, rudo y despectivo y si provoca dolor insoportable que te lleva al umbral de la conciencia el placer es el que se busca. Placer-tanatos, no Placer-eros, ese era para el común, sexo en el que tu vida pende de un hilo era el que conocía Dazen y era el que quería. Recordaba una vez muy especial con quince años que le llevaron a una fiesta en un castillo a las afueras de Praga. Había otros dos chicos como él, y cuando vieron entrar el asno comenzaron a llorar, pero él se lanzó a los hijares de la azemila a lamerle los huevos, el bicho reaccionó con una erección intensísima y rebuznos de deseo de eyaculación y como sin pensarlo le abarcó el capullo con la boca y sintió los embates del burro. Él aguantó como pudo y se bañó en semen que le rebosaba de la boca y le resbalaba por el cuerpo desnudo. Con ese semen se lubricó el ano y ya con el bicho algo fláccido se apuntó su verga y se la metió en el culo entre los aplausos de las parejas vestidas de etiqueta que presenciaban el espectáculo. Uno de ellos le retiró del asno y lo uso para sodomizarlo empezando a pasárselo y él a chupar y recibir. Él sabía que podía pasarle lo que le ocurrió al otro. Eran carne nada más. Entraron un Mastín  enorme y obligaron al crío a arrodillarse tirando de la cadena de su collar. El perro le montó sin preparación alguna, como Dazen se la preparó para que el asno no lo reventase. El Mastín, reventó al chico, con cada embestida salía un borbotón de sangre del culo, los gritos de terror del muchacho se entremezclaban con los jaleos del público que aplaudía la violencia, hasta que el chico se desmadejo y se convirtió en un guiñapo que arrastraron dejando un rastro de sangre que rápidamente limpiaron y entraron un pastor belga para el otro chico que me imitó y se fue a él y le sacó la verga a chupetones que el mismo se clavó en el culo ayudando la insistencia del perro. El perro se vacío, hizo el nudo y al poco se soltó. A Dazen le empujaron a comerle el culo al chico y él lo agradeció. Le comía y muy bajo le decía que se entregase a esa gente y saldría vivo, no como su compañero que arrastraron como a un toro muerto en la lidia.
Ahora necesitaba sexo de verdad. Se vistió y salió a la noche barcelonesa. El Berlín Dark sería el adecuado para sus intereses.
- Me dejaste solito, canalla. ¿Qué horas son estas de venir?
- Se quedó usted..., perdón, te quedaste dormido como un bebé. Fue una noche gloriosa y me dejaste el cuerpo en suerte para algo más que un descafeinado. Mira - se desnudó del todo y se giró para enseñar el cuerpo entero.
- ¿Te han azotado?
Tenía el culo, la espalda y el pecho lleno de líneas azuladas y otras rojizas o negras. El culo estaba morado de golpes con objetos contundentes y cuando Victorio le pidió que enseñase los genitales, el escroto estaba negro e inflamado y el pene tenía múltiples puntos de rotura de venas.
- ¿Has gozado?
- No todo lo que yo necesitaba. Eché en falta un falo equino, de burro o caballo que me asustase, que me atragantase de semen animal. Una de las bases de la aventura del sexo es el miedo. El miedo te despierta los sentidos, baja el umbral del placer y sube la intensidad de cada estímulo. Miedo a que te descubran tu secreto, a perder tu fama, miedo a que te contagien, miedo a que te retengan. Miedo a perder la vida y con ella su capacidad de gozar del sexo. El temor es el sustrato sobre el que el hombre afianza sus conquistas. Y yo he sentido poco de eso. Si, me han azotado, pero como parte de un juego, no como si con cada azote me arrebataran la vida; y menos mal que hubo un tipo con un suspensorio y perforaciones en pezones dos en cada una que me comprendió y me pateó los huevos con saña, mira como me los ha dejado. Ahí si disfruté. Me vi la cara de pánico en los espejos de la barra y supe que ahí iba a empezar lo bueno. Me dió la primera patada y me arrodillé dándole el culo con las piernas abiertas para facilitarle. Me dió la segunda patada y animó a su acompañante que llevaba calzado militar a que le imitase, lo hizo tan bien que caí de lado vomitando de dolor, sin respiración y corriéndome. El otro le dijo: "que bestia eres, se acabó el espectáculo, se ha corrido, gilipollas. ¿no veías cual era el juego?"
Me tomé la última copa mientras el resto de parroquianos me miraban con veneración, con envidia de que yo hiciese lo que ellos deseaban y no atrevían; ¡burgueses!.
Cuando me fui el camarero un treintañero como yo me ofreció su mano y se felicitó por haber conocido un hombre de los pies a la cabeza. Cuando ya me iba me pregunto en voz alta "eres gay" el local se quedó en silencio, me detuve y sin volverme contesté, que eso que importancia tenía, era un cuerpo contra un látigo y una bota, no sabía que nombre darle. Me vestí fuera en el guardarropa por llamarlo de alguna manera y me vine.
- Por cierto, Dazen, cómo llegamos a ese punto en que perdí el oremus y me quedé dormido. Recuerdo que me dijiste que te tocase y ya...
- Solo quería que te hicieses idea del tamaño que tenía N'dogo. N'dogo era mandinga y no sé si sabes que esa etnia se caracteriza por el tamaño de sus genitales. Ahora ya sabes el tamaño de la verga de mi amigo. Me tenía hipnotizado. Consiguió metermela entera, treinta centímetros y seis y medio de diámetro. Estuvimos toda una tarde con parte de la noche intentando que me llegase hasta medio colon descendente. Ya sé que es una colonoscopia con una manguera gruesa. Cuando me toqué justo por debajo de la parrilla costal izquierda y me dijo que no apretase que se corría supe que había encontrado mi pareja sexual perfecta. A la tercera vez ya recolocados mis organos digestivos entró a la primera, sin dolor y me sentí parte de él y él como un apéndice mío. Yo estaba más delgado que ahora así qué cuando quiso correrse le masajee su capullo pellizcandome suavemente el costado. Al correrse sentía su capullo crecer dentro de mi y eso me volvía absolutamente loco. Nadie ha vuelto a darme tanto placer, físico, pero sobre todo emocional. Me hacía llorar de emoción cuando estaba dentro de mi. Había días que sentado sobre él y sintiéndole tan dentro permanecimos así horas acariciándonos y abrazandonos. Alguna vez yo me corría, pero me daba igual seguía sintiéndole y al poco volvía a estar duro otra vez.
Pero su etnia no tolera la homosexualidad. Cuando ocurrió el incidente de la mina empezaron a mandarle mensajes intimidatorios. La religión mandinga es un 99,9% musulmana sunita. Se tolera entre las mujeres la homosexualidad, pero entre hombres es una aberración imperdonable. No se cómo lo  hicieron, yo estaba siempre alerta, pero un día me despertaron a las cuatro y media de la madrugada con urgencia. Pensé en un ataque de alguna mafia local para robar, pero me dijeron que corriera, que peor. Al llegar a la entrada del complejo minero me desmayé. Cuando recobré la conciencia estaban descolgando a N'dogo de la viga que remataba la puerta de entrada. Le habían emasculado y rajado el ano para meterle los genitales, luego le habían rajado la barriga y la garganta, para que no gritaste y le habían colgado boca abajo. Todas las tripas y órganos se le salieron y colgaban hasta el suelo formando un charco inmenso de su sangre y sus tripas.
Cuando llegó Astrid al laboratorio y le contaron, fue a buscarle rápidamente.
- Dazen, tienes que salir de aquí. N'dogo me tenía de confidente. Yo le hacia mis confidencias y él a mi las suyas. Era una de esas personas que no se vuelven a dar en mil años. Te amaba locamente. Lloraba cuando hablaba de ti y lo que tuviste que soportar. Dazen, el sabía lo que le iba a pasar. Su familia le dio un mes para irse del país de lo contrario pasaría esto.
- ¿Y no le ayudaste, no le dijiste nada?
- El solo quería verte a diario. Era feliz viéndote, dedicándote una sonrisa aunque por tu trabajo no pudieras corresponder. Él sabía, porque me lo aseguró, que tu corazón saltaba de alegría dentro de tu pecho cuando le veías. Te amaba hasta unos límites que yo nunca podré imaginar. Y me dió el encargo de que cuando le pasase esto te sacase de aquí, porque su muerte sería el pistoletazo de salida para la tuya. Y da igual como te defiendas o pretendas creer que puedes evitarlo. Mira lo que han hecho con él y tú ni siquiera te has despertado.
Ya he llamado a mi marido para que mande el jet privado del banco a Freetown, y tú y yo nos vamos ahora mismo porque el avión llega en cinco horas. Con lo que llevas puesto, no te detengas a llevar nada. Tus enseres los enviará la empresa a mi dirección en Zurich.
- ¿Un Jet privado del banco? Pero ¿Quién es tu marido y que poder tiene?
- Mi marido..., N'dogo lo sabía todo. Vamos a dejarlo ahí. Es consejero de un banco importante y varias empresas más, desconocidas para el gran publico, pero si se supiera lo que yo sé..., sería un escándalo, así que, si pido un avión ya, el avión viene ya. Y este es para ti. En cinco horas con escala técnica en Sevilla aterriza en Freetown. Te montas en el Ranger ya, con lo puesto te he dicho. Yo conduzco.
- Pero voy a mi barracón...
- Al coche. Por el camino te haré un bosquejo. Mi marido se casó conmigo con permiso de su Máster, pero no le permitió quitarse el cinturón de castidad con el que se casó en toda la noche. Yo le tenía que azotar y su Máster verlo en streaming. Me negué. ¿Porque crees, siendo el degenerado ese quién es, que me vine a trabajar al culo del mundo? Un Jet privado. ¡La luna que le pidiese me la tendría que dar o verse involucrado en un escándalo que provocaría una catástrofe financiera!
- Pero en el tiempo que salisteis no te diste cuenta.
- Nos acostabamos, ahora se que con el permiso del Máster, un turco de cerca de ochenta años que vive en la Capadocia. ¡Nunca le ha visto!
- Y N'dogo lo sabía todo.
- Todo, era mi paño de lágrimas. Os envidiaba a los dos. Tanto amor.
Continuó conduciendo camino a Freetown mientras se secaba las lágrimas con las mangas de la camisa.

lunes, 12 de julio de 2021

GUARDAESPALDAS

 

- ¡Que niño más incompetente!, Dazen. Si ese tío suyo se cree que tiene un diamante en bruto, en lo que no se equivoca es en lo de bruto, pero de diamante no tiene nada.
Dazen arrancó el Bentley en cuanto Julián se bajó del coche.
- Entonces los dos mil que dijimos.
- Anda, chaval, vete a jugar al Fortnite y deja a los mayores con sus aburridas manías - le contestó Victorio - date con un canto en los dientes que no te pido que me devuelvas los quinientos. Comprate una XBox, está de oferta.
- Bien dicho Don Victorio.
- Dazen, se acabó el tratamiento. De alguna manera soy tu jefe también por mi participación en tu empresa y te digo que se acabó. Ya soy Victorio para ti.
Al llegar al hotel y subir a la suite Dazen se dirigió a su habitación para descansar, pero Victorio le reclamó.
- Dazen, no me puedes dejar así. Dijiste que lo de guardaespaldas era gracioso como fue. Tenemos ya la suficiente intimidad como para meternos en la cama, pedir algo de beber y que me cuentes. 
- Don..., perdón, Victorio, pensaba que querrías descansar.
- Te metes conmigo en la cama y así me tienes bien protegido - le dijo mientras se reía de su propia gracia.
Dazen se desnudó y fue por su pijama cuando Victorio le dijo que no.
- Nada de trapos, sabiendo ahora lo que se, nos metemos desnudos en la cama, ¡Que emoción! Solo el hecho de pensar que podemos tomarnos me estimula tanto como cuando era un adolescente y estando de acampada en una canadiense de dos pensaba que quizá me rozase con mi compañero cuando de noche le escuchaba pajearse. Pero nunca pasó eso. Voy a llamar al servicio de habitaciones. Si, por favor a la suite una botella de malta de 21 años vasos y hielo. También agua con gas Perrier y almendras o avellanas.
Enseguida llamaron a la puerta y salió Dazen con su albornoz.
- Yo me llevo la camarera - dijo Dazen.
Desde dentro se escuchó a Victorio levantar la voz "que te deje el nombre" el camarero visiblemente nervioso y con voz temblorosa dijo "Antonio Ariza" a lo que contestó Victorio desde dentro "baja a recepción y que te den 500€ de propina de mi parte, yo llamo ahora".
Cuando Dazen entró la camarera con el whisky y los vasos Victorio le dijo.
- Se lo merece más que el tontaina de Julián y seguro que si le metemos en la cama es más competente que él.
- El chico de unos veinte años, estaba muy nervioso y no podía apartar la vista de la rendija del albornoz.
- Seguro - cogió el teléfono - si, recepción, abonen contra mi cuenta una propina de 500 euros para un servicio de habitaciones llamado Antonio Ariza, ha dicho. Gracias. Ahora va a bajar a recogerlo en cash, nada de nóminas, se lo dan ahora, ese es mi interés.
Colgó el teléfono y con un gesto muy hogareño mientras palmeaba la ropa de cama Victorio indicó a Dazen que entrase en la cama.
- Desnudo naturalmente, pero antes sirveme uno doble con un cubito de hielo nada mas y tú como quieras.
- Yo solo, Victorio.
- ¿Me dejas que me acurruqué contigo mientras me cuentas tu vida en la mina de Sierra Leona?
- Encantado. Ojalá mi padre me hubiera dispensado alguna muestra de cariño, y tú podrías serlo.
Victorio se acercó a Dazen le pasó su brazo derecho por debajo del izquierdo del operativo de seguridad y apoyó la cabeza en su hombro.
- ¡Joder, Dazen, que bien hueles a hombre! Venga, empieza.
- Gracias Victorio. Pues resulta que gracias a que le rebané el cuello a aquella mujer se abrió una investigación y salió a la luz una trama que robaba desde hacía tiempo las piedras que por su impureza se destinaban a la industria y por tanto no tenían tanta vigilancia. Lo hacían de muy en muy poco y aún no se había detectado. En suma que me ascendieron a supervisor. Me encargaba de establecer vigilancia sobre la vigilancia. Por ejemplo, me cercioraba que el edificio de entrada a la mina estuviese sellado cuando no funcionaba el trabajo en superficie, porque en profundidad era el día y la noche en tres turnos. También de que los barracones del personal que no se iba estuviese cerrado y apagado. Por aquellos días, vino una geóloga al laboratorio llamada Astrid, danesa, casada con un banquero suizo.
- Ya lo veo venir, Dazen.
- No. Espere. ¿Quiere más whisky?
- De momento voy bien y mejor contra tu hombro y sintiendo tu pierna rozar la mía, y oyendo tu voz tan cerca. Me estoy poniendo cachondo.
Dazen alargó la mano y tocó la entrepierna de Victorio. Se bebió su trago de golpe y siguió el relato sin apartar la mano del sexo de Victorio.
- Debo estar en el cielo, Dazen.
- Continúo. Una noche haciendo mi ronda vi luz en el pabellón de duchas. Me acerqué con cautela y oí la cascada de agua de una ducha. Alguien, pensé, se la ha dejado abierta, con lo escasa que está. Entré y vi de espaldas uno de los paisanos dejar caer el agua sobre su cabeza. Di con la defensa un golpe contra la jamba de la puerta y se volvió. Era N'dogo uno de los laborantes del laboratorio de geología que llevaba ahora Astrid.
"Que haces aquí a estas horas" le pregunté, se me quedó mirando de arriba a abajo y noté que su pene empezaba a crecer, pero no por eso él intentó esconderse o protegerse. "Tú eres el maricón que le cortó el cuello a la mujer. Tú lo dijiste. ¿De verdad lo eres, o era un ardid?" El pene le había seguido creciendo y era ya una manguera de al menos nueve pulgadas. Yo no pude evitar sentir mi crecimiento y tirantez y de forma refleja intenté colocarmela. "Ah, ya veo, que era verdad, pues ya somos dos" me dijo. Y se acercó y me tendió la mano. Cómo dudé a la hora de ofrecerle la mía me dijo muy festivo, "Puedes cogerme la polla si quieres, yo te lo agradecería"
- Y se la cogiste - Se cargó de razón Victorio - con un aparato de esas características quién podía negarse.
- No. Estoy muy acostumbrado al autocontrol y yo sabía que en mi trabajo yo no podía meter la pata - con su mano no dejaba de masajear los genitales de Victorio que por cómo se comportaba debía estar en la gloria - así que esperé mi momento. Y ese momento era cuando librabamos un fin de semana de cada ocho que podíamos ir donde quisiéramos siempre que el lunes estuviéramos en nuestro puesto a las seis de la mañana. Esos fines de semana eran de miércoles a las 2000 h hasta el lunes 0600 h.
En el poblado donde solíamos ir a esparcirnos cuando podíamos me hice el encontradizo con N'dogo. Le pregunté que donde se metía que no le veía "como no has vuelto a ducharte a deshoras. Tómate algo, invito yo, por el susto" se mostró sorprendido pero mi tono era tan cordial que me preguntó "que quieres. Ya te has sacado el paraguas que te tragas cuando estamos allí" y decidí ir al grano sin más espera, "sabes, me quedé con unas ganas, que no puedes hacerte una idea, ¿no estás casado?" Se me volvió como el que ha visto una aparición "dímelo ya, ¿que quieres, echar un polvo? Aquella noche era ideal, nadie se iba a percatar, pero eres un puto estrecho" yo le comprendía su postura, pero mi trabajo era muy especial.
- ¿Cómo de especial? Dazen. Puedo tocarte. Por favor, tú me acaricias y es el cielo divino, pero me muero por saber que tienes ahí.
Dazen miró a Victorio y se fue acercando muy lentamente. Victorio no se quería creer que estuviese sucediendo lo que iba a suceder hasta que los labios de Dazen chocaron con los suyos. Un leve intercambio de saliva y la sonrisa más perfecta que nunca hubiese visto en un rostro habitualmente tan duro y ajeno a emociones.
- Tócame todo lo que quieras. Con suavidad, hazme gozar como debería haberlo hecho mi padre en lugar de hacerme sufrir.
- Cuando le daba carta blanca a tu hermano, ¿no?
- Lo de mi hermano no era nada. Yo quería a mi hermano, y mentiría si no reconociese que me gustaba que Mijail me follase. Gozaba de verdad.
Mi hermano empezó a masturbarse con mi culo cuando yo tenía ocho años - se detuvo y empezó a temblar, Victorio le miró y estaba llorando, dejó de tocarle y le preguntó.
- Debía tener cuatro años, quizá tres, no lo sé. Lo tengo como en una nebulosa. Recuerdo la manaza de mi padre apretar mi manita para que no me escapase. Yo no quería ir con él. No sé dónde ni cuánto tiempo pasaba pero había un momento en que veo a mi padre con los pantalones bajados y sus manos empujándome la cabeza y metiéndome algo grande en la boca. Recuerdo vomitar y mi padre zarandearme muy enfadado, luego me cubría la cara con algo como papilla clara, luego supe que era semen. Eso sucedía cada semana y me decía que si contaba algo, se lo haría también a Mijail. Y me callé. Cada semana igual. Yo dejé de comer sin que hubiera razón para ello. Lloraba constantemente y adelgazaba y adelgazaba. Mi madre me preguntaba y yo lloraba. Mi madre debió olerse algo y a la siguiente vez que mi padre me cogió de la mano, mi madre nos siguió y vio lo que mi padre hacia. Nunca volví a ver a mi madre así. Era una loba defendiendo su camada. Con un palo atacó a mi padre que cayó al suelo. Mi madre me cogió en brazos y cuando mi padre se recuperaba le dijo que si me volvía a tocar le mataría mientras dormía y recuerdo esto: "a mi me la metes por el  culo que es lo tuyo, a mi hijo, no vuelvas a mirarlo"
Yo creo que por eso me tenía tanta manía. Y ahora cuando una persona, que podría ser mi padre se ha comportado tan dulce y cariñoso, me he derrumbado.
Victorio abrazó a Dazen y le besó como lo haría un padre. Así estuvieron unos minutos hasta que Dazen recobró su presencia de ánimo. Pudo volverse a vestir con su traje inexpugnable y continuó como si nada hubiera pasado.
- Le dije a N'dogo apurando la copa: el próximo fin de semana que tienes, lo he mirado, es el que viene. No tienes más que decírmelo y lo pasaremos en Isla de Sal, Cabo Verde. Sale un vuelo de Freetown al Amílcar Cabral a las cinco de la mañana del jueves. A las siete de la mañana podemos estar allí y conocernos mejor, como tú querías. Yo corro con todos los gastos. Estuvo un rato callado, finalmente me miró, sonrió y me dijo: "Siempre me gustaste, cabrón, pero eras tan frío, tan distante, tan inaccesible que cuando te vi en las duchas pensé que ya estaba hecho, pero volviste a ser un cabrón. Si, cabrón, si, estoy deseando llegar. Puedes hacer las reservas" Nada más terminar, sonreí muy sobrado y le dije. Están hechas las reservas desde la semana pasada. Me agarró el cuello con su brazo y no paraba de decir cabrón. Yo le dejaba explayarse. Comprendía su sorpresa.
- Muy seguro estabas de que te iba a decir que si
- Victorio, debido a la vida que he llevado he aprendido a perfilar comportamientos y el de N'dogo no podía ser más elocuente.
- Os lo pasasteis bien. Cuatro días follando como locos.
- Es verdad. N'dogo era un experto amante. Yo también y no nos reducimos a corrernos. Eso era lo de menos. Comíamos una vez al día, a la hora que nos apetecía en el buffet permanente y seguíamos explorandonos sin dejar de gozar. Unas veces me follaba él a mí y a veces era N'dogo el que me rogaba que le poseyera. Fue algo imposible de reeditar.
- Mantenéis contacto ¿Verdad?


domingo, 11 de julio de 2021

MERCENARIO

 

- ¿No comes Julián? - preguntó con muchas segundas Victorio.
El chico miró a su mentor, miró a Dazen implora te y no contestó.
- Julián, siempre que te ofrezcan comida y gratis, come. No sabes cuándo podrás volver a comer o lo que te verás obligado a comer. ¿Y si fuese hígado humano?
Julián dió una arcada.
- Vomita y te verás en el arroyo, en un canal lleno de ratas en Bangkok, desnudo y sin saber que hacer - Victorio en la rudeza de su tono no admitía duda de que podía hacerlo y lo haría.
Y cuenta, Dazen, como te viste en esta empresa suiza.
- Di mucho dinero a ganar a Riga y eso me salvó la vida.
Llevaron a la casa a una niña española de once años que unos gitanos de feria raptaron. Era rubia como el sol, tenía los ojos azul turquesa, rictus de espanto en su cara de terciopelo y unos labios carnosos, brillantes y escarlata. Era una ninfa de bosque mitológico. Se le desprendían ya unos pechos blancos rematados por pezones fresa y las caderas le iban ganando terreno a la cintura. No cesaba de llorar ahora sé que llamando a su madre. Día y noche y Riga me encomendó consolarla y prepararla para que ganase dinero. Yo con dieciséis era un experto en sexo ya, con hombres, aunque pensé que las mujeres no serían muy distintas. Me acerqué a ella sin violencia, sin tocarla, estando, nada más, en silencio hasta que al cabo de una semana, apoyados en una pared sobre el suelo sentados dejó reposar su cabeza en mi hombro. La tenían a propósito desnuda con solo una camisola amplia. Ya que ella dio el primer paso le rodeé los hombros con mi brazo y la consolé sin decir ni una palabra. Cuando me llamaban para algún servicio me dijeron que no consentía que se le acercase nadie, era una fiera.
Un día que estuve de servicio completo para una orgia de cinco hombres en la que me follaron, me azotaron, me ataron y me dejaron exhausto llegué a la casa y caí en mi cama medio muerto y me dormí. A media noche o media mañana, no sabía qué hora era sentí que alguien entraba en mi cama o algo, un perrillo quizá buscando calor. Me di la vuelta y unos cabellos finos me acariciaron y cosquillearon en la boca. Al abrir los ojos los suyos buscaban los míos y de súbito, Don Victorio, sucedió un milagro. Nunca he sabido explicarlo, es como si yo fuese una titella, una marioneta sin vida a la que el ventrilocuo le mete la mano por dentro y cobra vida. Sentí por dentro un impulso irrefrenable que me hizo estrechar a la niña en mis brazos. Ella se abrazaba a mí con la respiración entrecortada y me pasaba sus piernas por la cintura entrecruzandolas por la espalda. Mi miembro me lo sentía más grande que nunca y el deseo de masturbarme era irrefrenable pero las manos prefería entretenerlas acariciando sus pechos y retorciendo suavemente los pezones. Ella cogió mi pene y lo apuntó a su sexo, me retraí y me retiré. Era una niña virgen que podría suponer el millón de coronas rubia, ojos azules. Me jugaba la vida. Pero la determinación de la niña era superior. Me empujó boca arriba en la cama y se sentó a horcajadas sobre mi. Emitió un quejido al sentirse penetrada y un grito ahogado cuando mi polla salvo un obstáculo que tenía y de momento me tomó las manos me las llevó a sus pechos mientras cabalgaba mi sexo salvajemente hasta que en pocos segundos eyaculé con un placer que no imaginé que pudiera existir. Pero mi pene no perdió dureza y la niña no cesó de gemir. Volví a moverme lo que la animó a ella a continuar cabalgandome. Volví a correrme otra vez y dos veces más sin desconectarnos hasta que terminanos dormidos con mi pene fláccido dentro de ella.
Con ningún cliente o no cliente había yo sentido tal cosa. El sexo de esa niña me cautivó. Tuviese trabajo o no cada día teníamos sexo los dos cada vez de forma más consciente.
Estaba a punto de cumplir los diecisiete cuando una madrugada me desperté a base de golpes, gritos y patadas. Ya repuesto me di cuenta que Riga me tenía metido el cañón de un Magnum en los huevos. A voces, desaforado, echando espuma por la boca me preguntaba qué cosa había hecho, que quien le daba a él el millón que valía. No te mato, cabrón, porque me has dado mucho. ¿No eras tan maricón? Mentiroso.
Me dejó sin trabajar y sin poder ver a la niña dos días. Recluido en mi cuarto sin poder salir, me estaba volviendo loco, hasta que uno de sus sicarios vino a buscarme para llevarme a su presencia. Me temí lo peor.
En su despacho había un hombre bajo, regordete y calvo que me miró con curiosidad.
"Desnúdate menos calzoncillo y haz una demostración"
Hice una tabla de suelo a medida del despacho, como las que hacía en el gimnasio para demostrar mi fuerza y mi elasticidad. Luego entró  el que me llevó, con un puñal que sin previo aviso me agredió. Le desarmé con facilidad y el filo del cuchillo empezó a morder el cuello y a resbalar la sangre hasta que Riga dijo "basta" y le dijo a aquel hombre que yo era una ganga y podía usar mi culo como si fuera un coño, "pero no le dejes una mujer a su alcance". Treinta mil coronas, no te arrepentirás.
El regordete contraofertó veinticinco mil y te lo quito de tu vista.
"Hecho, y llévate a este cabrón antes de que me arrepienta"
El hombre que me dijo que se llamaba Donaldson me dijo que lo siguiera, salimos a la calle y me dijo que saltara a la pick-up que había. El se montó en un Range Rover y partimos.
En el pick-up había otros tres más mayores que yo. Uno de ellos intentó tocarme el culo y sonó un crack seguido de un aullido de dolor. No dije nada pero les miré con cara de pocos amigos. Nadie me volvió siquiera a dirigir la palabra.
- ¿Pero que le hiciste? - preguntó inocentemente Julián.
- Romperle el brazo. Hasta ahora has vivido entre algodones. Eres carne de hamburguesa, niño. Tienes que espabilar o acabarás protagonizando una peli stuff y en la que triunfarás antes de que te metan en la procesadora y acabes de comida para perros.
- Olvida a este suflé de mierda y sigue con tu relato. Ese gordo calvo que te compró ¿Quién era?
- Meses más tarde me enteré. Un exOAS argelino que se dedicaba como enseguida pude comprobar a organizar un ejército mercenario que vendía sus servicios al mejor postor.
En el pick-up en el que nos metieron llegamos a Marsella en menos de 12 horas. Paramos dos veces a repostar y ahí nos dieron unos minutos para nuestras necesidades y un paquete de galletas y una botella de agua a cada uno. Llegamos a Marsella y metieron el pick-up con nosotros dentro en un contenedor. Al cabo de interminables horas y medio muertos nos desembarcaron en Tánger y nos llevaron a una casa donde nos aseamos y nos dieron ropa de faena con unas siglas. DPSM, que significa Defensa y protección de minería sensible. Íbamos a proteger minas de Cobalto en el Congo. Después de dos días comiendo y descansando nos dieron armamento, AK-47, Glok, Cuchillos de Montería y una navaja Suiza. Unas gafas de visión nocturna, unos walkis y gafas de sol Ray-ban por supuesto. Esta vez nos montaron a todos en un Chevy como los de la CIA y empezamos el viaje. Estuve allí once meses hasta que cumplí los dieciocho y me enviaron a entrenar gente del país para custodiar sus minas de diamantes.
- Donde, Dazen. Tengo intereses en alguna mina de esas.
- Sierra Leona. Me asignaron diez paisanos para adiestrar. Yo por entonces tenía ya fama de ser perspicaz, hábil y terrible si se trataba de matar.
Los civiles asignados eran indolentes, vagos, sin interés en aprender nada. Su único interés residía en averiguar cómo hacerse con un pedrusco de esos de aspecto lechoso y despreciable.
Les capté rápidamente la atención. Yo tenía aspecto aniñado, aunque mi sempiterna falta de sonrisa diese escalofríos hasta mis jefes. Cualquiera que no me conociera creería que me podía chulear.
Una noche de Sábado les invite a beber algo y relajar la disciplina, si es que no estaba ya suficientemente relajada. Me habían dado el soplo que uno del grupo tenía entre sus objetivos acabar conmigo en mi turno de guardia y arramplar con la cosecha diaria, unos cien kilates, la mina era pequeña.
En cuanto llegamos al poblado creado exprofeso para los trabajadores, ya se sabe PAD, putas, alcohol y drogas, marqué el contacto del individuo con una puta de buen cuerpo y peores intenciones. Enseguida se me pegó y me metió mano, le contesté en inglés que todos entendían más o menos "I'm faggot, I don't like women, I love men". Se hizo un silencio y la mujer en su dialecto se dirigió a su compinche reprochandole y dándole bofetadas. Él le dijo algo y ella se revolvió blandiendo una especie de estilete curvo, rechacé su ataque con facilidad al tiempo que con mi cuchillo de monte le abrí el cuello de oreja a oreja, miré a su cómplice y dije "faggots we know how to do this too. Bebida para todos" me acerqué al paisano que se había puesto gris en lugar de pálido como nos ponemos los blancos, le eché el brazo por el cuello y le dije que si iba a querer follar conmigo esa noche ya que se había quedado sin coño. Salió corriendo y la sección paso a tener nueve miembros nada más. Al día siguiente mi jefe me preguntó, le expliqué mis razones y se calmó.
Al mes siguiente vino el gordito calvo que me compró a Riga a decirme que había saldado la deuda. Cobraría ya el sueldo completo como todos los instructores y podría promocionar.
- Esa era entonces la mujer a la que no le costó trabajo cortar el pescuezo - dijo embobado Julián - joder Dazen me hubiera gustado ser como tú, ¿Pero tú eres maricón?
Victorio hizo ademán de hacer desistir a Dazen de contestar pero éste hizo gestos con la cara de que le dejase contestar.
- Mira Julián, no soy como tú, que en realidad no sé si eres tonto, ambicioso o maricón o las tres cosas a la vez. Esta vida enseña muchas cosas que normalmente nos parecen inservibles o indignas, pero a todo hay que saberlo encontrar uso. A mi, por las razones que sean me enseñaron el sexo de la manera que ya dije. La relación sexual era esa porque así la aprendí, hasta que un día me topé con otra forma de relación, aquella niña, de la que no volví a tener noticias. Y esa forma de entender el sexo me deslumbró, lo que no quiere decir que yo reniegue de lo que mi hermano me enseñó, no duele, no quema, no mata y me gusta, pero para determinados momentos prefiero una mujer. Para mi una cosa no excluye la otra. Ahora tengo dos oportunidades de disfrutar de mi sexo. Tengo un pene para penetrar y un ano entrenado para ser penetrado, ¿Y qué? Tú quieres llamarle a eso maricón, de acuerdo, no me molesta. Debería molestarte a ti que no sabes cómo relacionarte sexualmente con una mujer, estás tan condicionado como cualquier heterosexual que se vanagloria de serlo.
- A mi - dijo ruborizandose Julián - en realidad no me la han metido por el culo nunca. Es mi tío que dice que voy a ser rico vendiendo mi virgo. Lo que yo hago bien es mamarla.
- ¿Te gusta tragar el semen y paladearlo? - preguntó Dazen con malicia.
- No, que asco, antes de que se corra me retiro. Una vez en la sauna un hombre me dio cien euros por mamarsela y cuando se iba a correr me sujetó la cabeza y se corrió en la boca. Estuve un día entero vomitando. El hombre me pegó porque quería los cien euros, pero el de seguridad le echó.
- Don Victorio, ha hecho usted un negocio redondo.
- Ahora cuando salgamos de cenar le llevamos a la sauna y que su tío se las arregle y tú y yo nos vamos al hotel que aún me tienes que explicar cómo llegaste a la empresa de seguridad de Suiza.
- Fue un directivo de la empresa que se encaprichó de mi. Es muy gracioso. En el hotel le cuento.