miércoles, 8 de abril de 2015
BIZARRO HIJO DE PUTA.
Has tragado lefa de mil poyas
Te han follado el culo cien mil veces
Has dejado el coño virgen para él
Y solo empalma por detrás.
Disimulas cobrando y te engañas
Te gustan los azotes si te enculan
Añoras pinzas chinas de pezón
Sueñas que te perfora el clitoris.
Vomitas cuando te folla si te cagas
Te hierve el coño de su ausencia
Chorreas mientras solo huele a mierda
Pero te excita su jadeo en tu nuca.
A solas te perforas el ano con el plug
Imaginas que es su nabo apabullando
Lloras de la pena con un dildo yerto
Pero te corres como una perra salida.
Lloras lágrimas de sangre
Mientras la lluvia dorada te asusta
Tragas orina salada y acre
Queriendo que te atragante su polla.
Pero tu alma es blanca como la nata
Tierna en las caricias que deseas dar
Sumisa a un amor que solo usa
Tu cuerpo es solo letrina de su lujuria
Sola, con paciencia infinita de esclava
Con entrega de ajustada puta de malecón
Esperas a que las fuerzas le fallen
Y te ame como recurso a su impotencia.
viernes, 3 de abril de 2015
LA VIDA, NUESTRO DESPERDICIO
Penes como obeliscos,
Vaginas como cavernas,
Anos que se imaginan
Como agujeros de gusano para flotar;
Viajar a otra vida de estremecedor infierno,
Arrodillarse ante si y besarse los sexos,
Poder adorar un virginal clítoris,
Extasiarte incrédulo en bosque de Pan,
Soberbios y orgullosos lingam en erupción,
Todos guardianes de la puerta a un paraíso.
Cada uno tiene su vida en un recuerdo
Hay recuerdos que son sueños
Y sueños que solo son temores,
Deseos que producen vértigo,
y terror panico orgasmico,
Anhelos inconfesables de otros amores
Y realidades rutinarias repugnantes.
Siempre a nuestro alcance,
Siempre inalcanzables como gemas
Frenando con lagrimas de vitriolo
Quedando siempre al borde
Con la lujuria temerosa como aguijoneo,
Deseando el reverso del dolor
Cambiándolo por el latón del pesebre,
Suspirando por ese cuerpo imposible
Sin saber que eres suspirado a tu vez,
...y desdeñando displicente...
Mientras te quemas en la hoguera de tu dios.
¿Que has hecho de tu Apolo?
¿Quien lo consuela, Mercurio o Atenea?
Has olvidado a Ceres
Has olvidado sus bienes
Sigues; sigo solo entre fantasmas
A tientas;
Ya no hay más que siestas de angustia,
Noches de espanto,
Despertares de frío sin amor.
Perdimos la realidad de la piel
Ya solo queda el fuego, la tierra,
El olvido,
Sin haber llegado nunca a recordar,
Vaginas como cavernas,
Anos que se imaginan
Como agujeros de gusano para flotar;
Viajar a otra vida de estremecedor infierno,
Arrodillarse ante si y besarse los sexos,
Poder adorar un virginal clítoris,
Extasiarte incrédulo en bosque de Pan,
Soberbios y orgullosos lingam en erupción,
Todos guardianes de la puerta a un paraíso.
Cada uno tiene su vida en un recuerdo
Hay recuerdos que son sueños
Y sueños que solo son temores,
Deseos que producen vértigo,
y terror panico orgasmico,
Anhelos inconfesables de otros amores
Y realidades rutinarias repugnantes.
Siempre a nuestro alcance,
Siempre inalcanzables como gemas
Frenando con lagrimas de vitriolo
Quedando siempre al borde
Con la lujuria temerosa como aguijoneo,
Deseando el reverso del dolor
Cambiándolo por el latón del pesebre,
Suspirando por ese cuerpo imposible
Sin saber que eres suspirado a tu vez,
...y desdeñando displicente...
Mientras te quemas en la hoguera de tu dios.
¿Que has hecho de tu Apolo?
¿Quien lo consuela, Mercurio o Atenea?
Has olvidado a Ceres
Has olvidado sus bienes
Sigues; sigo solo entre fantasmas
A tientas;
Ya no hay más que siestas de angustia,
Noches de espanto,
Despertares de frío sin amor.
Perdimos la realidad de la piel
Ya solo queda el fuego, la tierra,
El olvido,
Sin haber llegado nunca a recordar,
viernes, 13 de febrero de 2015
GUÍA DEL AMANTE TRIUNFAL
Como vendaval ardiente,
Como simún del desierto
Entra a saco;
Derriba torres y murallas,
Sorprende las defensas
A retaguardia, y altivo,
Con orgullo de campeón
Desdeña fosos y escalas
Y golpea.
Penetra hasta la torre
Llega hasta la última sala,
Sin piedad, sin cuartel;
Y acampa,
Que la doncella te asista,
Te sirva y venere con dolor,
Tus sollozos te enardezcan
Sus lágrimas te empujen
A los aposentos,
Roba su bien preciado,
Derrama tus tesoros y vete.
Esquiva puentes levadizos
Ignora barbacanas de fuego
Aspilleras de saetas hirientes,
Bordea sus engaños,
Y asalta la entrega;
No te detengan súplicas,
Oídos sordos a perdones
Persigue la conquista vibrante,
Deseo enfurecido de asedio
Esa es tu guía,
Y rendición sin queja.
Envuélvete en sus pendones,
Se pinte el triunfo en tu rostro
Se te rinda la plaza sitiada,
Y retírate desdeñando los honores,
Reclamos de sumisión.
Da la espalda
Deja anhelo y añoranza,
Abandonando la conquista;
Así serás considerado rey.
viernes, 9 de enero de 2015
MAS FRUSTRACIONES
"Lo siento, me tengo que marchar" visiblemente irritado cerró la carpeta y se dirigió hasta el coche que les esperaba, motor en marcha, para llevarles a su centro de operaciones. Seguía a la chica entradita en años, enteca, que a grandes trancos ganaba el vehículo que les esperaba. La chica que se monta en la parte delantera impreca de malos modos a Ricky para que se monte de una vez. De lejos, una chica rellenita observa la escena, con rictus de ansiedad en los labios y habito corporal de resignación.
"¿Te ha jodido, no, Berta?" en la voz de Ricky había, reproche, violencia. Se había fijado en los ojos miel de Petrola (le habría gustado saber su nombre) y le había besado con su mirada, le había rodeado con sus pupilas y le había acunado en silencio cómplice. "Me ha jodido que te olvidases de tu obligación...", sabía que estaba mintiendo pero la iracundia que le invadió al ver como Ricky se hacía con la muchacha rellenita le hizo llamar al chofer de la furgo para que le viniese a recoger al punto de captación. Berta la vio venir, era su tipo, se relamió para sus adentros, parecía algo pavita y sería presa fácil para su experiencia; le gustaban gorditas y jovenes, pero Ricky se le adelantó y la captó antes. Iba a explotar de rabia y por eso llamó al coche que les viniese a recoger dando por terminada la jornada de captación.
"Es tu tipo, tía, lo he sabido desde el primer momento, he visto por el rabillo del ojo que enrojecías de desesperación. Pues te jodes, y porque no soy de esos, pero debería irle con el cuento a Mara, verás que gracia le iba a hacer saber que su Bertita se pone cachona con las gorditas" Berta se revolvió como un escorpión en el asiento y se encaró con Ricky faltandole poco para echar espumarajos por la boca. "No sigas por ese camino, cabrón de mierda" levantó el dedo indice amenazador. Jimmy en ese momento bajó la velocidad del coche y gritó; "Ya está bien de coñas los dos, que os bajo aquí mismo, Si, nos hemos acostado Ricky y yo ¿que pasa?" Callaron los dos y Jimmy continuó indignado "No se como te habrás enterado, no por mi, habrá sido de este bocazas que ni follar sabe. Y tú, si te gustan las tías para que coño me tiraste los tejos, joder, porque sabías que era gay y no me iba a negar; me acosté contigo, porque creí que ibas de un rollo legal, aunque ya me di cuenta que no era más que vicio y morbo, cabrón, aliviarte como un perro callejero, y ahora dejar de tirarse los trastos a la cabeza"
Berta asesinó una vez más a Ricky con la mirada y volvió la vista al frente malhumorada.
Ricky en el asiento trasero recordó cómo Jimmy aquella noche de guardia le miró con descaro sonriendole mientras le ofrecía una copa y se pensó 'porqué no', se dejó llevar y no quiso decirle que aquello no iba con él después de probarlo, para no dañarle en su moral, pero nunca más lo hizo, le era desagradablemente placentero; nada a repetir.
Volvió a recordar a Petrola ('cuanto me hubiera gustado saber su nombre') y sintió la tirantez en la bragueta. Volvería a aquel punto de captación más o menos a esa hora en cuanto pudiera.
"Sin rencores, Berta, Jimmy, lo siento" Berta se volvió sería y después de sonreirle amigablemente le escupió un "Cabronazo" y Jimmy sin apartar la vista de la calle "Desde luego si uno cosa sé es que no eres gay, en este mundillo no tendrías ningún futuro"
Rieron los tres y continuaron su camino.
"¿Te ha jodido, no, Berta?" en la voz de Ricky había, reproche, violencia. Se había fijado en los ojos miel de Petrola (le habría gustado saber su nombre) y le había besado con su mirada, le había rodeado con sus pupilas y le había acunado en silencio cómplice. "Me ha jodido que te olvidases de tu obligación...", sabía que estaba mintiendo pero la iracundia que le invadió al ver como Ricky se hacía con la muchacha rellenita le hizo llamar al chofer de la furgo para que le viniese a recoger al punto de captación. Berta la vio venir, era su tipo, se relamió para sus adentros, parecía algo pavita y sería presa fácil para su experiencia; le gustaban gorditas y jovenes, pero Ricky se le adelantó y la captó antes. Iba a explotar de rabia y por eso llamó al coche que les viniese a recoger dando por terminada la jornada de captación.
"Es tu tipo, tía, lo he sabido desde el primer momento, he visto por el rabillo del ojo que enrojecías de desesperación. Pues te jodes, y porque no soy de esos, pero debería irle con el cuento a Mara, verás que gracia le iba a hacer saber que su Bertita se pone cachona con las gorditas" Berta se revolvió como un escorpión en el asiento y se encaró con Ricky faltandole poco para echar espumarajos por la boca. "No sigas por ese camino, cabrón de mierda" levantó el dedo indice amenazador. Jimmy en ese momento bajó la velocidad del coche y gritó; "Ya está bien de coñas los dos, que os bajo aquí mismo, Si, nos hemos acostado Ricky y yo ¿que pasa?" Callaron los dos y Jimmy continuó indignado "No se como te habrás enterado, no por mi, habrá sido de este bocazas que ni follar sabe. Y tú, si te gustan las tías para que coño me tiraste los tejos, joder, porque sabías que era gay y no me iba a negar; me acosté contigo, porque creí que ibas de un rollo legal, aunque ya me di cuenta que no era más que vicio y morbo, cabrón, aliviarte como un perro callejero, y ahora dejar de tirarse los trastos a la cabeza"
Berta asesinó una vez más a Ricky con la mirada y volvió la vista al frente malhumorada.
Ricky en el asiento trasero recordó cómo Jimmy aquella noche de guardia le miró con descaro sonriendole mientras le ofrecía una copa y se pensó 'porqué no', se dejó llevar y no quiso decirle que aquello no iba con él después de probarlo, para no dañarle en su moral, pero nunca más lo hizo, le era desagradablemente placentero; nada a repetir.
Volvió a recordar a Petrola ('cuanto me hubiera gustado saber su nombre') y sintió la tirantez en la bragueta. Volvería a aquel punto de captación más o menos a esa hora en cuanto pudiera.
"Sin rencores, Berta, Jimmy, lo siento" Berta se volvió sería y después de sonreirle amigablemente le escupió un "Cabronazo" y Jimmy sin apartar la vista de la calle "Desde luego si uno cosa sé es que no eres gay, en este mundillo no tendrías ningún futuro"
Rieron los tres y continuaron su camino.
martes, 6 de enero de 2015
FRUSTRACIÓN
No podía con el cabreo, me habían vuelto a denegar el acceso a la prestación; en que hora pondría mi padre la casa a mi nombre. Pero no había vuelta atrás, otros seis meses de trabajos precarios y a malvivir. Si al menos hubiera tenido algún papel de la impresentable de mi pareja, podría haberle sacado algo de pensión, pero yo siempre sin darle importancia a la vida real, la que existe en papeles y oficios timbrados que certifican que realmente sigues vivo.
Ni cuenta de que una especie de ser semidivino se me acercaba, carpeta en mano. "Me permites un minuto" precisamente en ese momento tenía algo más que un minuto para desperdiciar y más atendiendo a esa especie de ser increíblemente bonito.
A mi edad, nadie está rematadamente mal, los veintinueve años siempre dan un grado de lozanía y yo no era una mujer exactamente fea. Mi nombre no ayudaba (que culpa tendría yo de que la abuela de mi padre se llamase Petrola) pero llamarse "Petri" tampoco era un horror. "¿Cómo? " el chico de no más de treinta años y ojos sonrientes de un color increíblemente turquesa me hablaba de algo de solidaridad y la obligación de los más favorecidos ("favorecida, ¿yo?") para con los desheredados. Estaba hipnotizada, por aquellos bucles desordenados que le caían sobre la frente, negros de brillante antracita, azuleando al sol para dejar paso a esas dos turquesas saltarinas bajo unas cejas perfectamente delineadas. De los labios, uff, yo le habría recomendado que los prestase para la pantalla; aún hoy dudo si no llevaría brillito dado. "Perdona, estaba algo despistada" intenté esgrimir la sonrisa más cautivadora. Fije la vista en su carpetita y no pude evitar mirar más abajo, (por diossss, no había derecho a esa forma inequívocamente dura de esa parte del pantalón) "Y..., de qué ONG..." y la vista me derivó a su dedo gordo de la mano mensurando su tamaño y calculando las medidas de otras partes de la anatomía y me estremecí; sentí como se me humedecían los muslos y fue imposible no hacer resbalar uno sobre otro e iniciar algo parecido paladear un trozo de gloria. "Refugiados..., ¿me estás escuchando? intentamos concienciar del problema..." Le tenía clavados los ojos en sus labios mientras hablaba; su carnosidad, su lengua rosada y ágil (dios sabe que otros usos podría dársele) articulando las palabras y en sus dientes ligeramente separados y blanquísimos. Me tenía sumida en el estado de estupidez más intenso. "Mira, lo mejor es que dejemos la carpeta a un lado y hablemos de otro tema" y de repente sentí que me estrechaba entre sus pupilas, me acariciaba con su aliento y hacia espacio en el silencio para crear un mundo privado para los dos. Acabábamos de iniciar una relación tan especial, cuando..., "Ricky, acaba ya, que nos vamos" una delgaducha, con leznas grasientas por pelo y vestida de esa forma especial que sólo saben vestir las que no conocen el jabón le reclamaba con urgencia. "Tenemos que dejarlo" pintó en su cara contrariedad y me quedé esperando el beso, ese beso que estaba segura que él se quedó con ganas de darme.
Ni cuenta de que una especie de ser semidivino se me acercaba, carpeta en mano. "Me permites un minuto" precisamente en ese momento tenía algo más que un minuto para desperdiciar y más atendiendo a esa especie de ser increíblemente bonito.
A mi edad, nadie está rematadamente mal, los veintinueve años siempre dan un grado de lozanía y yo no era una mujer exactamente fea. Mi nombre no ayudaba (que culpa tendría yo de que la abuela de mi padre se llamase Petrola) pero llamarse "Petri" tampoco era un horror. "¿Cómo? " el chico de no más de treinta años y ojos sonrientes de un color increíblemente turquesa me hablaba de algo de solidaridad y la obligación de los más favorecidos ("favorecida, ¿yo?") para con los desheredados. Estaba hipnotizada, por aquellos bucles desordenados que le caían sobre la frente, negros de brillante antracita, azuleando al sol para dejar paso a esas dos turquesas saltarinas bajo unas cejas perfectamente delineadas. De los labios, uff, yo le habría recomendado que los prestase para la pantalla; aún hoy dudo si no llevaría brillito dado. "Perdona, estaba algo despistada" intenté esgrimir la sonrisa más cautivadora. Fije la vista en su carpetita y no pude evitar mirar más abajo, (por diossss, no había derecho a esa forma inequívocamente dura de esa parte del pantalón) "Y..., de qué ONG..." y la vista me derivó a su dedo gordo de la mano mensurando su tamaño y calculando las medidas de otras partes de la anatomía y me estremecí; sentí como se me humedecían los muslos y fue imposible no hacer resbalar uno sobre otro e iniciar algo parecido paladear un trozo de gloria. "Refugiados..., ¿me estás escuchando? intentamos concienciar del problema..." Le tenía clavados los ojos en sus labios mientras hablaba; su carnosidad, su lengua rosada y ágil (dios sabe que otros usos podría dársele) articulando las palabras y en sus dientes ligeramente separados y blanquísimos. Me tenía sumida en el estado de estupidez más intenso. "Mira, lo mejor es que dejemos la carpeta a un lado y hablemos de otro tema" y de repente sentí que me estrechaba entre sus pupilas, me acariciaba con su aliento y hacia espacio en el silencio para crear un mundo privado para los dos. Acabábamos de iniciar una relación tan especial, cuando..., "Ricky, acaba ya, que nos vamos" una delgaducha, con leznas grasientas por pelo y vestida de esa forma especial que sólo saben vestir las que no conocen el jabón le reclamaba con urgencia. "Tenemos que dejarlo" pintó en su cara contrariedad y me quedé esperando el beso, ese beso que estaba segura que él se quedó con ganas de darme.
jueves, 25 de diciembre de 2014
CASTIGO
CASTIGO
Degenerado, no se si se le acercaría más degenerada, quizá hasta delictivo, suicida, pero sobre todo, ¡¡estúpido, estúpido, estúpido!! y porque mi posición y mi propia autoestima, me impedían gritarlo más alto. Y ahí estaba entre sombras, de madrugada, buscándole, no sabía bien para qué, si para salvarle o para justificarme.
Hacía tanto tiempo que ya no recordaba los recovecos que podían tener aquellos muelles, (pero aquello era ya otra vida, las putas para un ardiente y educado chico eran la única forma de explotar civilizadamente; quizá aquella vida ni existió) Entre tanto almacén vacío, rimeros de objetos rotos y sucios, tugurios polvorientos y basura maloliente. Pero no había que volver atrás, había que encontrarle y exigirle una explicación, la última quizá o la penúltima, pero algo que dejase descansar mi conciencia. ¿Hasta que punto, hasta donde llegaba mi responsabilidad en esa actitud?
Debí imaginarlo cuando a sus nueve años en medio de la celebración del fin de año me avergonzó en medio de mis amistades y familia presentándose cuando ya todos tomábamos relajadamente nuestra copas y algunas parejas bailaban en la biblioteca al abrigo de miradas indiscretas. La verdad es que iba magníficamente caracterizado de Rita, aunque yo debí levantarme de inmediato y hacer de Glenn, hostiandole allí mismo, quizá entonces, los derroteros habrían sido otros. Todos le rieron la gracia, su madre la primera que le había mandado hacer el disfraz de mujer fatal con larga boquilla y todo.
Y ahora..., en una noche heladora, parecida a aquella otra de la Hayworth, fin de año, estaba empeñado en encontrarle. El jardinero me contó con no poco apuro que le reconoció en un lance de putas, cuando atragantado de absenta, se entregaba a todo el que quisiera probar a hacer cualquier cosa inimaginable con un cuerpo, que en cabeza pudiera entrar. Le azotaban con cintos y él animaba a intensificar la crueldad del castigo; era la degeneración hecha jirones, después se dejaba destrozar con todo aquello que a aquella chusma del figón se le ocurría meterle, hasta vaciarse dentro chorreándole la sangre mezclada con esperma por la piernas; "nauseabundo, señor, yo tenía ya una lumia, ajustado el precio, pero tuve que echarlo atrás; allí, delante de todo el mundo, como una perra salida, una lástima".
Aquellas palabras me escocían el apellido. No podía ser que mi sangre, remontada a los fundadores, se prostituyese de esa forma por mano de mi primogénito. Estaba dispuesto a todo.
En la oscuridad de los estrechos pasillos entre montañas de mercancías me llama la atención una brasa que ilumina como un foco sucio un pequeño entorno. Un entorno de labios carnosos y sensuales y un brillo extraño bajo unas espesas pestañas. Me trajo a la memoria el suave roce de unos labios de seda sobre mi piel más sensible y como me provocaban la efusión inmediata, seguida de una más a renglón seguido, pero, claro, eran los dieciocho años de un vigoroso muchacho deseando conquistar cualquier mundo, por muy difícil que fuese de doblegar. Me despertó el recuerdo la entrepierna y las polillas empezaron a revolotearme la boca del estomago. Olvidé la razón que me había llevado hasta los muelles y después de estar detenido unos interminables segundos, observando la brasa encendiéndose y apagándose, ésta dio un paso hacia adelante hasta que la débil luz de un fanal, iluminó furtivamente una esbelta figura de mujer. Me acerqué y con arrojo que creía olvidado le acaricié unos pechos firmes y sedosos; introduje los dedos por el pronunciado escote y alcance sin dificultad un pezón duro y elástico pinzandole entre mis dedos y arrancando un quejido de placer profundo, denso y exigente. Bajé una ansiosa mano acariciando a través del satén rojo del ajustado vestido, un vientre plano hasta intentar alcanzar la rosa, que aunque suponía ajada del uso, era para mi en ese momento la más deseada.
Con una firmeza que me sorprendió, me apartó la mano; "El coño, amigo, es de mi chulo, pero tengo un culo que siempre me dicen que es mejor que cualquier coño, pero si quieres la boca, es mi especialidad, según dice el que frecuenta estos barrios" y ya tenía su diestra mano hurgándome en la bragueta y sacándome el dragón de la cueva. Me acariciaba el pene con una maestría sorprendente y me exprimía el capullo para extraer precum con el que lubricar frenillo y las zonas más sensibles. "La boca" dije presintiendo que la eyaculación era inminente; "y si te lo tragas todo te doy el doble" notando ya la punzada del del impetuoso avance del semen buscando la libertad. Ella sin dejar de acariciar con la lengua hizo un gesto de aceptación con la cabeza e inmediatamente vacié todo mi contenido entre espasmos de placer en su boca. Le coloqué la mano en el cuello y percibí como deglutía sin soltar el pene, no había escupido el semen. Se había tragado todo el polvo.
Cuando me repuse y mientras me recomponía la ropa pregunté por una especie de travesti que se llamaba Sebastián y se hacía llamar 'La Chani'. "He oído algo, creo que murió hace tiempo, ahogado en absenta, aunque también he oído que se operó y se puso vagina, ¿quien sabe?" No supo decirme por donde podría encontrar a mi oveja descarriada, el hijo primogénito en el que tantas esperanzas había depositado.
"Bueno, guapa, dime cuanto te doy y lo que sea, el doble"
Me cogió por los hombros entre sus manos y atravesándome con su mirada me sonrió de una forma que vagamente me resulto familiar, luego se acercó lentamente a mi labios y me dio un beso tierno y suave. Percibí como le brillaban los ojos de emoción.
"El precio..., no es nada, a mi padre nunca le cobraría"
25.12.14
domingo, 21 de diciembre de 2014
24 HORAS RUTINARIAS
Suena el despertador; las 6 y media, ¡ que horror! hay que levantarse.
Estoy empalmadisimo y pienso que será que me estoy meando, pero la cercanía de mi mujer hace que me olvide de orinar. "Ni cinco minutos, total" pienso, e introduzco con soltura los dedos entre los muslos de mi mujer que de forma refleja separa la piernas. Estimulo unos segundos y se la calzo. A los pocos embites, la cosa decae y tengo que desistir. Mi mujer ni se despierta, tan acostumbrada está a los gatillazos matutinos.
Afeitándome vuelvo a empalmar y siento irreprimibles deseos de mear otra vez y el deseo no consumado minutos antes hace que se me ocurra la maldad de mearme en el lavabo y afeitarme con esa mezcla de agua tibia y tibia orina. Mientras paso la cuchilla por la cara resbalándome las gotas con sabor a orina hasta los labios me excito con la porquería al punto de masturbarme furiosamente eyaculando sobre el agua del afeitado. De inmediato me entran arcadas solo de pensar que he de terminar de afeitarme y tengo que cambiar el agua del lavabo para poder acabar.
Mientras conduzco hasta el hospital me reprocho haberme pajeado de esa forma tan absurda; un frenazo del gilipollas de delante hace que me olvide y mire el reloj. Llegaría tarde.
¡¡Me cago en la hostia!! otra vez un imbécil, seguro que residente, me ha ocupado la plaza de aparcamiento.
Paso por la cafetería y me tomo el corto de leche para poder empezar. Luego al vestuario. En calzoncillos para ponerme el pijama entra en el vestuario un chaval con una procesión de hormigas en unas mejillas morenas, como conato de barba. La verdad que feucho, pero con "algo". El muy descarado se me queda mirando de arriba abajo y detiene la vista donde no debiera, y para colmo me corto y me hace recordar aquellas épocas en las que eramos tan modernos y tan tolerantes que alguna vez que otra acabábamos en la cama de quien no debiéramos (aunque no me desagradase) solo por dárnoslas de estupendos -no sería la primera vez que saliendo de la cama de algún compañero, buscaba ansioso la de Verónica, con la que me llevaba más que bien y nunca se explicó que hacía yo en la cama de otro tío, "con lo bien que follas tú" y me abofeteaba cuando le respondía, que precisamente por eso, tal era mi grado de estúpido narcisismo.
Tras pasar un eterno segundo de halago al sentirme observado; "¿Se te ha perdido uno como yo?", borde a propósito, pregunto (seguro que era el residente que me había quitado la plaza de aparcamiento); y el chaval, " Uno como tu, pero con menos barriga, aunque no estás nada mal", tras lo que me guiña un ojo, abre su taquilla y parsimonioso se cambia al pijama de marrón claro, de infeccioso. Me quedo sin palabras me hago el remolón y salgo detrás de él.
"Has visto ya al nuevo fichaje de infeccioso" me saca del medio mosqueo la voz de Maribel, la administrativa del Departamento y le espeto que si es gay o así y ese "¿ya te ha tirado los tejos?" me pone fuera de mi (al tiempo que siento en la boca del estomago el vértigo del salto al vacío y la aventura) pero aterrizo de repente cuando continua "se tira a todo lo que tenga dos patas y bombee sangre, pelo o pluma, versátil que es el chaval" y me la quedo mirando de tal forma que le saco una carcajada abierta y sincera. En su momento con Maribel tuve mis más y mis menos, cuando ella tenía menos carnes y yo aguantaba las guardias sin dormir. Eramos dos fieras ciegas de hambre, ¡¡que tiempos!! Pero ya se sabe, cuando la confianza es tanta que uno pasa a la categoría de amigo de verdad, el sexo deja de ser excitante y pasa a segundo plano.
Llego al Servicio y me voy a mi despacho a ver que me han ingresado esa guardia. Paso por la 102 y veo a esa limpiadora menudita que cuando se agacha para remeter las sabanas, como va tan corta, se le ve el tanga y no puedo evitar resoplar y ver como ella con descaro se vuelve y me sonríe. Y ya tengo yo la mañana hecha, con un calentón de muerte.
Me enfrasco en el hojeo de las historias hasta que llega Marta, mi supervisora - que yo no sabía que las momias trabajaban tanto; unos doscientos años - muy eficiente por cierto.
Me dice que si pasamos sala ya, le digo que si y por el pasillo me cruzo con la limpiadora, la menudita, que me guiña un ojo y me hace trastabillar. 'Me voy a cagar en todo lo que se mueve' pienso, tiene narices, a mi edad comportándome como un adolescente. Paso sala, aburrimiento total, pero muy profesional. Vuelvo a mi despacho. Entra la menudita, dice que tiene que pasar el suelo y noto como el cuerpo se me rebela. La muy..., se agacha delante de mis narices y me enseña el culo y justo, cuando ciego de todas las cegueras voy a tirar la espita al callejón e iniciaba el movimiento para palpar cacha, entra Marta, mi eficiente momia y dice que recuerde que tengo comisión de ética en un cuarto de hora.
Un tostonazo de dos horas. Sesteo. Virginia, la psicóloga, comienza con su vehemencia a defender un final digno para los enfermos terminales, sin prolongaciones estériles de las constantes vitales. Se que es lesbiana, pero es una treintañera pequeñita, de pechos medianos y ademanes certeros. Le clavo los ojos y ella me fulmina con los suyos "sabe que me la quiero follar" pienso y eso me complace. A medida que la veo desnudándose con furiosa decisión más me excito y cuando ya la veo a cuatro patas exigiéndome la presencia impulsiva en su físico no puedo soportar más la erección..., y en ese momento mi teléfono vibra. Miro y leo: "Cariño, voy con Elena, Rosa y Mercedes de tiendas, luego al cine y cenaremos cualquier cosa por ahí. Tú hazte algo. Besos." Como si fuese una novedad; es la costumbre. Se me ha bajado la erección pero noto que me he mojado de esmegma. Acaba la reunión y me lanzo a la psicóloga pero antes de que pueda abrir la boca me escupe "Ni se te ocurra, salido, que te conozco mejor que tu puta madre", que lejos de molestarme me pone más cachondo aún.
Llego al Servicio, doy unas cuantas ordenes de tratamiento y le digo a la supervisora que me llame al móvil si pasa algo, "algo es algo, no me vayas a joder con monsergas" y decido ir al club a comer con algún colega, que siempre hay alguno jugando al golf, despistadillo de su destino.
Me cambio y voy por el coche y de forma automática me dirijo a mi plaza y me topo con el jodido coche okupa. En eso escucho "Ya te lo quito, tío", me vuelvo y veo al del conato de barba con una amplia sonrisa, vestido de calle. "Ya me voy que me deben horas, ¿a ti también te deben algo...", le digo que yo también me voy, pero porque me da la gana, para eso soy el Jefe de Servicio. Se me acerca, me tiende la mano y me dice que se llama David, "Sin rencores..., no sabía..." le acepto la disculpa y me sonríe enseñándome una perfecta hilera de dientes blanquísimos mientras me invita a unas cervezas para firmar el armisticio. "Porque no" pienso, al fin y al cabo lo que tengo es tiempo. "Invito yo" me dice y al tiempo veo en sus ojos un rayo de información que dice algo más en ese 'invito yo'. "Este chaval, es un puto seductor" me digo y me retrotraigo a mis veintidós años cuando aquel chaval de un curso inferior, Jorge, me miró de una forma..., no se, vamos que aunque acabé consolándome con Veronica, antes toqué nabo en su cama, y nunca supe muy bien porque, me dio un morbo raro.
Fuimos dando un paseo por el centro hasta una bodeguita muy animada, en los bajos de un edificio centenario. Nos sentamos en un extremo de la barra y nos sirvieron la primera, la segunda y a la tercera ya eramos viejos amigos. Charlábamos animadamente cuando nos sirvieron la quinta y me levanté a mear, David siguió mis pasos y entramos los dos al urinario. Un lavabo y una cabina con el inodoro. Nos quedamos mirándonos y le digo "Lo siento pero me meo" me contesta que vale encogiéndose de hombros y se mete en la cabina conmigo; con mucho desahogo se desabrocha su vaquero para dejar salir su pene, "¿No usas calzoncillos?" y comprendí en ese momento que acababa de cometer un tremendo error mientras me abría el pantalón. "Me resulta muy sexy, sentir que practicamente voy desnudo, y si alguien me lo dice es que me empalmo, ¿ves?" Efectivamente ya tenía entre los dedos un miembro digno de cualquier actor porno. Y con todo el descaro, mientras un potente chorro de orina le emergía de la punta me dice "Toca, toca, verás lo dura que se me pone", acabé de orinar, casi me la pillo con la cremallera y salí de allí dispuesto a largarme, hasta que sentí que me sujetaban del antebrazo. "Venga, D. Fernándo, no se me enfade, que no era más que una broma" y encarando sus chispeantes ojos a los míos me sonríe de esa forma extraña, "Sin malos rollos..., aunque si quieres te hago una mamada y en paz" y muerto de risa se inclina hacia atrás y me señala con el dedo indice. Me tengo que reír de su juvenil descaro.
Quiero seguir la broma y: "pues nada, la mamada, con arcada, claro, y en paz" pero noto que se le pone serio el rostro, con rictus de ansiedad, se me acerca y me dice que en la bodeguita no, que en su casa o si prefiero en la mía, "y esto ya no es ninguna broma. Desde que te he visto en el vestuario no se me ha quitado de la cabeza mi imagen atragantándose de ti a la vista de tu dotación"
Me quedo frío con su declaración. Sin decir palabra me giro y encamino la salida. Escucho a mis espaldas: "La oferta continuará en pie hasta que reconozcas que lo estás deseando"
Vuelvo a casa indignado, no tanto por la proposición sino porque la verdad es que me habría gustado. Me ducho, no tengo ganas de comer, pero estoy desazonado. Bajo al garaje, cojo el coche y voy en busca de una puta de carretera. La primera que encuentro, una senegalesa probablemente, me pide veinte euros por la mamada y cuando me la está haciendo se me viene la sonrisa del cabrón ese de residente y se me baja. Despido a la negra, le doy otros veinte por el mal rollo y me vuelvo a casa.
Me siento en pijama en mi sillón favorito y pongo a bastante volumen una sonata de Leclair. Noto como de forma mansa las lagrimas resbalan por mis mejillas.
Aún suena el violín de Leclair cuando mi mujer me despierta. "Venga, señor aburrido, a la cama; ¿no te cansas de oír maullar a ese gato siempre?
Otro día rutinario más.
Llego al Servicio y me voy a mi despacho a ver que me han ingresado esa guardia. Paso por la 102 y veo a esa limpiadora menudita que cuando se agacha para remeter las sabanas, como va tan corta, se le ve el tanga y no puedo evitar resoplar y ver como ella con descaro se vuelve y me sonríe. Y ya tengo yo la mañana hecha, con un calentón de muerte.
Me enfrasco en el hojeo de las historias hasta que llega Marta, mi supervisora - que yo no sabía que las momias trabajaban tanto; unos doscientos años - muy eficiente por cierto.
Me dice que si pasamos sala ya, le digo que si y por el pasillo me cruzo con la limpiadora, la menudita, que me guiña un ojo y me hace trastabillar. 'Me voy a cagar en todo lo que se mueve' pienso, tiene narices, a mi edad comportándome como un adolescente. Paso sala, aburrimiento total, pero muy profesional. Vuelvo a mi despacho. Entra la menudita, dice que tiene que pasar el suelo y noto como el cuerpo se me rebela. La muy..., se agacha delante de mis narices y me enseña el culo y justo, cuando ciego de todas las cegueras voy a tirar la espita al callejón e iniciaba el movimiento para palpar cacha, entra Marta, mi eficiente momia y dice que recuerde que tengo comisión de ética en un cuarto de hora.
Un tostonazo de dos horas. Sesteo. Virginia, la psicóloga, comienza con su vehemencia a defender un final digno para los enfermos terminales, sin prolongaciones estériles de las constantes vitales. Se que es lesbiana, pero es una treintañera pequeñita, de pechos medianos y ademanes certeros. Le clavo los ojos y ella me fulmina con los suyos "sabe que me la quiero follar" pienso y eso me complace. A medida que la veo desnudándose con furiosa decisión más me excito y cuando ya la veo a cuatro patas exigiéndome la presencia impulsiva en su físico no puedo soportar más la erección..., y en ese momento mi teléfono vibra. Miro y leo: "Cariño, voy con Elena, Rosa y Mercedes de tiendas, luego al cine y cenaremos cualquier cosa por ahí. Tú hazte algo. Besos." Como si fuese una novedad; es la costumbre. Se me ha bajado la erección pero noto que me he mojado de esmegma. Acaba la reunión y me lanzo a la psicóloga pero antes de que pueda abrir la boca me escupe "Ni se te ocurra, salido, que te conozco mejor que tu puta madre", que lejos de molestarme me pone más cachondo aún.
Llego al Servicio, doy unas cuantas ordenes de tratamiento y le digo a la supervisora que me llame al móvil si pasa algo, "algo es algo, no me vayas a joder con monsergas" y decido ir al club a comer con algún colega, que siempre hay alguno jugando al golf, despistadillo de su destino.
Me cambio y voy por el coche y de forma automática me dirijo a mi plaza y me topo con el jodido coche okupa. En eso escucho "Ya te lo quito, tío", me vuelvo y veo al del conato de barba con una amplia sonrisa, vestido de calle. "Ya me voy que me deben horas, ¿a ti también te deben algo...", le digo que yo también me voy, pero porque me da la gana, para eso soy el Jefe de Servicio. Se me acerca, me tiende la mano y me dice que se llama David, "Sin rencores..., no sabía..." le acepto la disculpa y me sonríe enseñándome una perfecta hilera de dientes blanquísimos mientras me invita a unas cervezas para firmar el armisticio. "Porque no" pienso, al fin y al cabo lo que tengo es tiempo. "Invito yo" me dice y al tiempo veo en sus ojos un rayo de información que dice algo más en ese 'invito yo'. "Este chaval, es un puto seductor" me digo y me retrotraigo a mis veintidós años cuando aquel chaval de un curso inferior, Jorge, me miró de una forma..., no se, vamos que aunque acabé consolándome con Veronica, antes toqué nabo en su cama, y nunca supe muy bien porque, me dio un morbo raro.
Fuimos dando un paseo por el centro hasta una bodeguita muy animada, en los bajos de un edificio centenario. Nos sentamos en un extremo de la barra y nos sirvieron la primera, la segunda y a la tercera ya eramos viejos amigos. Charlábamos animadamente cuando nos sirvieron la quinta y me levanté a mear, David siguió mis pasos y entramos los dos al urinario. Un lavabo y una cabina con el inodoro. Nos quedamos mirándonos y le digo "Lo siento pero me meo" me contesta que vale encogiéndose de hombros y se mete en la cabina conmigo; con mucho desahogo se desabrocha su vaquero para dejar salir su pene, "¿No usas calzoncillos?" y comprendí en ese momento que acababa de cometer un tremendo error mientras me abría el pantalón. "Me resulta muy sexy, sentir que practicamente voy desnudo, y si alguien me lo dice es que me empalmo, ¿ves?" Efectivamente ya tenía entre los dedos un miembro digno de cualquier actor porno. Y con todo el descaro, mientras un potente chorro de orina le emergía de la punta me dice "Toca, toca, verás lo dura que se me pone", acabé de orinar, casi me la pillo con la cremallera y salí de allí dispuesto a largarme, hasta que sentí que me sujetaban del antebrazo. "Venga, D. Fernándo, no se me enfade, que no era más que una broma" y encarando sus chispeantes ojos a los míos me sonríe de esa forma extraña, "Sin malos rollos..., aunque si quieres te hago una mamada y en paz" y muerto de risa se inclina hacia atrás y me señala con el dedo indice. Me tengo que reír de su juvenil descaro.
Quiero seguir la broma y: "pues nada, la mamada, con arcada, claro, y en paz" pero noto que se le pone serio el rostro, con rictus de ansiedad, se me acerca y me dice que en la bodeguita no, que en su casa o si prefiero en la mía, "y esto ya no es ninguna broma. Desde que te he visto en el vestuario no se me ha quitado de la cabeza mi imagen atragantándose de ti a la vista de tu dotación"
Me quedo frío con su declaración. Sin decir palabra me giro y encamino la salida. Escucho a mis espaldas: "La oferta continuará en pie hasta que reconozcas que lo estás deseando"
Vuelvo a casa indignado, no tanto por la proposición sino porque la verdad es que me habría gustado. Me ducho, no tengo ganas de comer, pero estoy desazonado. Bajo al garaje, cojo el coche y voy en busca de una puta de carretera. La primera que encuentro, una senegalesa probablemente, me pide veinte euros por la mamada y cuando me la está haciendo se me viene la sonrisa del cabrón ese de residente y se me baja. Despido a la negra, le doy otros veinte por el mal rollo y me vuelvo a casa.
Me siento en pijama en mi sillón favorito y pongo a bastante volumen una sonata de Leclair. Noto como de forma mansa las lagrimas resbalan por mis mejillas.
Aún suena el violín de Leclair cuando mi mujer me despierta. "Venga, señor aburrido, a la cama; ¿no te cansas de oír maullar a ese gato siempre?
Otro día rutinario más.
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