jueves, 3 de abril de 2025

CONFIDENCIAS


Desde que cumplió los doce sentí que su mirada me traspasaba. Dejó de mirarme con la pureza de un río cristalino que se desborda a intentar escudriñar en mi alma con una tácita interrogativa muy turbia. Lo sentía y a la vez notaba con placer como ganaba volumen mi culpa.
A los trece ya con cuerpo de hombre, Sebastián me saludaba con un abrazo muy estrecho que yo correspondía sintiendo cada centímetro de su cuerpo fundido al mío. Siempre le besaba en el cuello al lado de su oreja y acusaba su estremecimiento. Me fijaba en la manera que abrazaba a su abuela y lo hacía cuidando de no entrechocar cuerpos como si hacía contra el mío.
Alguna vez me reprochaba tener esa pulsión hacia Sebastián, mi nieto, pero me tranquilizaba pensar que la primera mirada sucia, típica de urinario público en cruising, fue la que antes expliqué. 
A medida que iba cumpliendo años y las pesas y el gimnasio le iban esculpiendo su cuerpo sentía más como sus abrazos eran más intensos, no en fuerza, en cercanía. Notaba que él disfrutaba de una forma perversa de sus abrazos y ya la mirada de sus ojos pasó de turbia a descarada, casi sarcástica. No podía evitar ensoñar que tras aquella mirada venía una lubrica bofetada y un obligarme a arrodillar para olisquear su bragueta primero y posteriormente atragantarme con su carne.
Con catorce años me contó en confidencia que un compañero de colegio, con fama de maricón le había hecho una mamada, y que no sólo a él, a otros también. Me preguntó si a mí me lo había hecho algún compañero y le dije que lo había hecho yo obligado por un chico mayor que yo. Aquello parece que le frenó en seguir profundizando en ese tema y no volvió a mencionarlo. Pero sus miradas cómplices menudeaban aunque yo hacía caso omiso. Muchas noches rememorando aquella confidencia fantaseaba en que me colocaba su trasero sobre mi cara y se derramaba sobre mi pecho. Si, me tenía maniatado con su figura y sus pretensiones de las que yo no tenía duda alguna a falta de verbalizarlas.
Y llegó el día de su mayoría de edad.
- Abuelo, podrías llevarnos a mi amigo Mateo y a mí a Jerez, que hay una obra de teatro que nos gustaría ver. Es que mi padre va a estar trabajando y mi madre ya tenía el día comprometido.
- Naturalmente. ¿Habrá entrada para mí?
- ¿Nos acompañas? Estupendo. Así no tenemos que molestar a nadie para recogernos.
- ¿A qué hora os recojo? ¡Espera! Que tal si nos vamos temprano, os invito a comer y luego nos vamos al teatro.
- ¡Estupendo! Se lo digo ahora mismo a Mateo.
- ¿Sois muy amigos, verdad?
- Si. Claro. Creo que te he hablado de él alguna vez. Nos conocemos hace unos cuatro años, aunque compañeros de insti desde que entramos. Al principio fue la cosa regu, pero al final conectamos.
- Venga, vale. Mañana me lo presentas.

Mateo era un rapaz nervioso, de ojos vivos y expresivos, largas pestañas, nariz ligeramente aguileña y labios carnosos y brillantes. La sonrisa permanente instalada en su cara para poder ver unos dientes blanquísimos aderezados de los consabidos braques, que a él por lo visto no le apocaban en absoluto. Era de pómulos prominentes salpicados de unas pocas pecas que le daban un aire travieso.  Y una amplia frente camuflada bajo una espesa mata de pelo color fuego. No pude evitar imaginar cómo sería el incendio que ocultaba tras la ropa algo más abajo.
Anchos hombros, pecho fuerte y ausencia total de barriga. Supuse que bajo la camisa El Ganso que llevaba, rosa palo, se escondía una electrizante tableta y no de chocolate precisamente. Remataba su outfit, como decían ellos, unos chinos beige claros y unos náuticos sin calcetines.
- De manera que éste es Mateo del que tanto hablas. Guapo chico. Debes tenerlas a todas rendidas a tus pies, chaval.
- Bueno, no tantas.
Y al decirlo no pudo controlar el rubor en sus mejillas mientras miraba con sonrisa nerviosa a Sebastián, mi nieto.
- Bueno Mateo, que alguna si que anda oliéndote el culo todo el día..., y alguno, que todo hay que decirlo.
- No es de extrañar que tengas también algún que otro enamorado. Sin ir más lejos, aquí me tienes a mí que me has ganado nada más verte.
Al decir esto y viendo el entripado en que estaba metiendo al crío, Alejandro echó su mano a la nuca de Mateo atrayéndolo con fuerza a su pecho. Sebastián cómo activado por un resorte le echó a su amigo el brazo por la espalda y apoyó la mejilla en su hombro.
- No te cortes Mateo - le soltó dejándole que se separase de él - lo he dicho de bien.
Los ojos de Mateo empezaron a licuarse sin por eso abandonar su sonrisa nerviosa.
Sebastián concluyó el abrazo que había iniciado. Los dos se fundieron estrechamente.
- No hagas caso a mi abuelo, es un guasón.
- Bueno, pareja ¿vamos a comer. Donde queréis que os lleve? Elegid.
- Donde quieras abuelo. Donde nos lleves estará bien.
Habían deshecho el abrazo pero sus manos permanecían fuertemente unidas. Alejandro los miró a los ojos, luego a sus manos entrelazadas y sonrió.
- Sebastián, me gusta quien has elegido. Me gusta mucho. Venga, a comer. Vamos a ir a un alemán. Se llama el Bundegstat. Netamente teutón. Vamos a comer codillo estilo berlinés, el Eisbein, con puré de patata.
Los chicos relajaron el ambiente y ambos dejaron escapar una lágrima.
- Te quiero, abuelo.
- Y yo también. Desde ahora mismo.
El paseo hasta el Bundesgtat fue relajado y agradable. Sin la tensión de tener las cartas boca abajo ya se podían todos producir y manifestar libremente. Sebastián y Mateo tenían una sonrisa de oreja a oreja y habían eliminado cualquier tipo de protocolo. Alejandro, zorro viejo, aprovechó la oportunidad que le daban la inocencia de la pareja.
- Desde cuándo sois pareja, chavales.
Por el retrovisor Alejandro observó como se besaban antes de responder. Además de observar el beso húmedo de los adolescentes sintió como despertaba su entrepierna. Todo iba bien.
- Un año antes de salir del instituto. La verdad es que no nos podíamos ver. Yo esperaba una hostia de Mateo en cualquier momento. Siempre rodeado de las niñas más guays del insti yo miraba y, él, me imagino que cara a la galería, me miraba desafiante. Y en alguna ocasión, ¿te acuerdas, Mateo en los váteres del patio aquel dia?
- Que si me acuerdo. Estuve a punto de morirme de deseo, pero tenía que hacerme el machito, compréndelo.
- Es verdad, nunca hablamos de aquello.
- Que fue lo que pasó. Contadme, estoy en ascuas. ¿Allí fue donde empezó todo?
- Si, don Alejandro.
- Déjate de tratamientos. Desde ahora mismo eres como mi nieto. Así que, o abuelo Alejandro o daddy, como prefieras.
Sebastián y Mateo se miraron sorprendidos a los ojos. Hacerse llamar daddy significaba que ellos, que eran twinks, estarían sexualmente a su disposición. Hubo un silencio en el coche que rompió Alejandro.
- Vamos. ¿Qué pasó en aquel váter? Ya os contaré yo cosas que me han pasado en váteres públicos. De risa. Pero, ahora vosotros.
- Pues verás..., daddy.
Mateo miró a su novio con complicidad y una sonrisa pérfida en la cara a la vez que se acariciaba el pantalón haciendo resaltar con los dedos su pujante virilidad.
- Estaba con unos colegas y unas tías cuando vi que Sebastián entraba en la casita, que era como llamaba todo el mundo a los váteres del patio. Tú nieto me traía a mal traer. Me gustaba buscarle la mirada para desafiarle y que la gente viera que de mariconeo, nada. Un cobarde era. Así que pensé que quizá si entrase en el urinario con él podría provocarle para poder responder con una buena hostia y que mis colegas vieran cual era mi actitud de macho intolerante.
- Pero, Sebastián, ¿tú tenías fama gay en el insti?
- Abuelo, con catorce recién entrado se la chupé a uno de los mayores, un cotillo más maricón que yo y que para taparse extendió el rumor de que yo se la chupaba a todo dios en los váteres del gimnasio. No volví a chupársela a nadie más pero él sambenito quedó colgado. Sí, tenía fama, aunque después de tanto tiempo aquello quedó como un rumor sin confirmar, y había compañeras que sacaban la cara por mí y compañeros que se cruzaban en los pasillos y me hacían muecas de besitos para despertar la hilaridad general y quedar como muy ocurrentes.
- En mi grupito de chicos y chicas casi todos estaban porque tú nieto estaba por mi. Yo quería zanjar cualquier duda.
- Bueno, y qué.
- Al verle entrar, dije bien alto para que escucharán bien todos: "me parece que voy a mear. A ver a quien meo" Se despertó el cachondeo general y allá que fui.

- Hemos llegado. Ahora después me seguís contando. Espero que haya mesa.
Ahora vamos a cambiar el tema. Mucha gente que viene por aquí me conoce y no quisiera que alguien se fuera a escandalizar.

La comida transcurrió con buen humor. Sebastián y Mateo se miraban a hurtadillas y se rozaban las manos por debajo de la mesa. El codillo no les entusiasmó pero no dijeron nada. De postre Alejandro pidió Selva Negra para compartir y salieron de la sobremesa para dirigirse al teatro.

- Y qué, ¿measte a tu amigo?
- Que va abuelo. Yo estaba en una cabina con la puerta cerrada, sentado en la taza del váter. Mateo al entrar y no verme dijo en voz alta que si me estaba escondiendo. Yo por respuesta, salí de la cabina diciendo que me daba igual mear dentro que fuera. Me desabroché el pantalón como siempre y me la saqué para mear. Y la conversación transcurrió así. Si me equivoco, Mateo, me corriges.

- ¿Tú no venías a mear. que pasa, que te da vergüenza sacártela delante de mí?
- El peligro es que te lances a comérmela.
- ¿De verdad crees que eso sería un peligro o un privilegio?

- Ahí si que me puse nervioso porque nada más decirme eso, la polla tomó el control y se me puso dura como el granito. Y se me acababa el tiempo, porque o me la sacaba y dejaba a las claras cual era mi inclinación o me iba con las orejas gachas.
- Yo me di cuenta como se te abultaba la bragueta y en ese momento no pude evitar mi empalme total, ¿te acuerdas?

- Vaya, pues parece que para ti es un privilegio verme el paquete tan grande. Aunque tú tampoco vas mal servido.
- Pues venga, sácatela y comparemos a ver quién gana. La dureza, si quieres después la comprobamos. Pero no tiembles tío que no es para tanto.

- Uff, de verdad, daddy, aquel momento fue extraordinario. Sabía que no iba a poder resistirme, necesitaba cogérsela a tu nieto y liberar la mía de la cárcel del vaquero. Temblaba pero de lujuria. Necesitaba que me la metiese en la boca o en el culo, sabiendo que yo era virgen y tendría que ser una tortura, pero no me importaba. Era una piscina de hormonas hirviendo, lo que no se es como no estallé en mil pedazos.
- Cuando te la sacaste y la vi tan grande, con ese capullázo goteando yo creo que no era precum, era jizz directamente. Te estabas corriendo.
- Yo creo también que estaba eyaculando y me entró el pánico porque me di cuenta que esa situación me parecía aceptable y normal, cuando mis coleguis de fuera si la conocieran, se echarían las manos a la cabeza.
- Yo me di cuenta de lo que estaba pasando. Intentaba abrocharse los pantalones para salir de allí pero el empalme era tan brutal que no había manera de encajar en la tela vaquera aquella enormidad. Tú, abuelo, has visto la pequeña cicatriz que tengo aquí en la comisura de la boca.
- Si, si. Te da un aire interesante.
- ¿Cómo fue, Mateo?
- Tu nieto me dijo que le diera una hostia que le hiciera sangrar.
- Claro. Llevábamos allí más minutos de los que serían esperables para ir a mear. Sabía que sus amigos se iban a dar cuenta de lo que pasaba. Así que transcurrió de ésta manera.

- Tío, Mateo, yo lo comprendo. Es difícil asumirlo. Tú también me gustas, solo que yo puedo comportarme de acuerdo a mis sentimientos y tú debes disimular. Sería un terremoto que salieses ahí diciendo: 'pues el Sebas no está tan mal, a mí me gusta' , te apedrearían. Por eso, esto que te voy a decir me da igual. Otros también me han hostiado, quizá también para taparse. Dame una buena hostia que me haga sangrar y sal ahí haciéndote el machito que ha rechazado la insinuación de un maricón. Te vas a hacer aún más popular. Luego ya hablamos nosotros por snap y vamos conociéndonos mejor. Después de tí saldré yo doliéndome y limpiándome la sangre. Serás el héroe del día.

- Me dio un hostiazo que me hizo tambalear y cuando vio que me sangraba el labio, se acercó a mi, me besó limpiándome la sangre con su lengua y casi llorando me pidió perdón.
- Aún lo recuerdo y se me saltan las costuras de las meninges. ¿Cómo pude ser tan cruel?
- La sociedad pesa mucho chavales, y para enfrentarla hacen falta cojones. Los que yo no tuve cuando me casé con tu abuela. Ya era mayorcete, la treintena pasada y empezaba a llamar la atención que no sentase la cabeza. En el trabajo todo eran bromas nada inocentes, medias insinuaciones y a veces faltas de educación. Total que como uno nunca ha sido un adefesio...
- Abuelo. Es ahora en tu séptima década y estás de buen ver. Me imagino que con treinta partirías corazones a lado y lado.
- La verdad es que sí. Pero siempre he sido restrictivo con las mujeres. Tienen que ser muy delgadas, pequeñas, casi morbosas, de tetas muy pequeñas, ojos grandes. Hay en Telegram una cuenta que me flipa. Pero, claro, muchas, la mayoría no son así y en tal caso, ejem, espero que esto no os escandalize. Pues bien, cualquier cosa con rabo y ano, me vale, y si es FTM, o sea, un tío con coño, ya me muero, pero no por metérsela por delante, lo que me flipa es encular a quien tenga coño y apariencia de tío.
Los dos chicos se quedaron sin saber que decir. Se miraban entre ellos sin poder cerrar la boca y luego miraban a Alejandro que no sólo no despuntaba una sonrisa cínica del rostro sino que sin ningún pudor se recolocaba su pene a todas luces abultadísimo.
- Y bueno, después de éste despelote de abuelo, queda por contarme que pasó después.
- Yo salí de la casita muy afectado, ni me había dado cuenta que al besar a Sebastián mis labios se habían llenado de su sangre. Fue la debacle.

- Tío, que ha pasado. Se ha oído una especie hostia.
- Si, si, se ha querido sobrepasar conmigo y le he partido la boca.
- Y él a ti, ¿no?
- No, no, el muy nenaza se ha quedado ahí llorando.
- Y entonces, la sangre que tienes en los labios ¿es que le has morreado después de zumbarle?

- Y ahí, de repente, pasó toda mi vida en un instante por delante de mis ojos. Como dicen que les pasa a los que van a morir. Me vi espiando a mi hermano mayor cuando se pajeaba, yo tenía cinco años nada más, deseando tocarle. A mí padre en la ducha calibrando el tamaño de su aparato cuando empalmase. A mí mirando escandalizado a Sebastián el día que nos conocimos, deseando con locura sus besos. Las pajas que me he hecho mirando las fotos que le robaba en cuanto podía. Alguna en las cabinas del váter subido a la taza haciendo videos de cómo se pajeaba. Si. En ese momento murió el Mateo de careta y nació el Mateo que ahora conocéis. Me encaré con todos los chicos que esperaban espectántes y les dije que Sebastián era un tío con dos cojones que me había dicho que le zurrase para así yo disimular mis mariconeos. 

- Es verdad, le he besado. Me ha dolido verle sangrar porque estoy coladisimo por él desde que le vi. Ya estoy hartísimo de tanta mariconadas. Si, me gustan los tíos. Lo siento Marta, no quería hacerte llorar, pero cuánto más dure la mentira más voy a pudrirme por dentro. Me ardían ya las entrañas de tanto disimular. Estoy enamorado de él y me importa una mierda lo que penséis.

- Y en ese momento salía tu nieto de los váteres, limpiándose la sangre de los labios. Me fui hacia él y delante de todos le comí la boca. El beso más dulce de mi corta vida. 

- Ahora entendéis porque tengo manchados los labios de su milagrosa sangre. Es la que me ha hecho quitarme de encima las toneladas de mierda que arrastraba desde que le vi el rabo duro a mi hermano mayor por primera vez.

- Nadie dijo ni esta boca es mía. Me sorprendió la verdad. Esperaba un aluvión de insultos, en plan, bujarrón, huelebraguetas y eso, pero no.
- Tuviste un par bien puesto.
- Que querías, ¿Qué dijese lo típico?: "no es lo que parece" Si ya me ha salpicado, por muy fría que esté el agua, pues me tiro de cabeza y ya me secaré o me quedaré empapado, pero con la cabeza alta. De repente comprendí que era gay y por eso no hay que pedir perdón. Más que comprenderlo, lo acepté, como el que tiene orejas de soplillo y se niega a aceptarlo y se las pega con loctite y sufre las consecuencias. 
Poco a poco, uno a uno y con la cabeza gacha, como si les diese vergüenza por lo que vieron y les pusiera frente a un espejo, fueron desfilando a las clases. Ni una mirada torva, ni un desprecio. Eso me confirmó en que había actuado bien. Cogí de la mano a tu nieto, y así de la mano entramos a clase.
- No veas abuelo, estaba acojonado de verdad.
- En días siguientes, al menos tres de los compañeros que era de los más bocazas con las tetas y los culos de las chicas, se me acercaron a confesarme que ellos no tenían huevos para hacer lo que hice yo y que eran como yo, pero que la palabra les aterrorizaba. Solo les dije que cuando tuviesen algo de lo que lamentarse o de lo que regocijarse ahí estaría yo. Y hubo uno que me preguntó si dolía mucho cuando te la metían, porque él lo estaba deseando y no sabía si cuando sucediera podría soportarlo.
- Joder Mateo, no solo te libraste de una pesada carga sino que aliviaste la de otros que no sabían cómo llevar. Y ahora a callar que comienza la obra.

Cuando baja el telón y se encienden las luces, los intérpretes de Los Chicos de la Banda salen a saludar y recibir los aplausos. Alejandro aplaude sin mucho entusiasmo mientras que Mateo y Sebastián se despellejan las manos aplaudiendo y dejando caer lágrimas de emoción.
Ya en la calle, Mateo pregunta a Alejandro por esa aparente falta de entusiasmo.
- No te ha gustado, ¿verdad? Demasiado explícita en los sentimientos para tí.
- No. Que va. Asistí a Los Muchachos de la Banda cuando se estrenó en Ciudad de México de segundas en 1982 en el Teatro de la Ciudadela. Se estrenó con mucha oposición en 1974 pero no fue hasta el 82 cuando pudo destacar. Yo tenía treinta y dos y me comisionó mi empresa para entablar contactos con otra empresa con vista a una fusión-compra. Corría él 82, estaba recién casado y tu abuela Sebastián preñada de tu tío Pedro. Luego nacería tu madre María del Consuelo. Bueno a lo que iba. Me fue a recibir al aeropuerto mi contraparte en México. Gabriel se llamaba. Un tipo espléndido, más o menos de mi edad, moreno de ojos verdes y una mirada que de primeras me desarmó. Y él se dio cuenta, además. Se me coló tan dentro el tío que era incapaz de dejar de mirarle extasiado ni de soltarle la mano del saludo.

- La verdad, Alejandro era tú nombre, ¿no? que darse la mano está padrísimo, pero me temo que la voy a necesitar para más adelante.

- Se me quedó mirando muy fijamente con esa mirada caliente y una sonrisa leve, entreabriendo los labios y humedeciendo los con la lengua de una manera casi pornográfica.

- ¡No mames! Incluso tú podrías necesitarla hoy mismo para ayudarte en alguna actividad.
- Perdona, deben ser las horas de viaje, no se, no se. Lo siento.
- Nada que sentir. Muy agradable tomarte la mano. Incluso, como dicen ustedes, más agradable sería cogerte..., la mano naturalmente. Quizá después de tantas horas necesites aliviar la vejiga. Te digo donde.

- Entramos en unos servicios que había en la zona VIP y ahí se acabó toda corrección. Entró él primero en el servicio, abrió todas las cabinas para comprobar que estábamos solos y con el último empujón a la última puerta se me abalanzó a comerme la boca. Fue una locura.
- ¿Fue tú primera vez? Que emocionante. Y estabas esperando a la tía Consuelo. Bueno ¿y que pasó?
- No, no. La primera, que no fue la primera tampoco, aunque si seria y formal, duró un par de años, con veinte años en la Uni, después de un examen muy duro unos compañeros hicieron en su piso una fiesta. Alcohol sobre todo, las drogas circulaban por otros ambientes. Un colega, Agustín, compañero de piso además, feúcho, muy largo, bebió más de lo recomendable y yo le seguí. Acabamos pedo del todo y nos fuimos a casa. Caímos los dos, rotos en su cama y nos quedamos dormidos tal como llegamos. Cuando me desperté estaba desnudo y miré para la otra cama, mi cama, y allí estaba Agustín boca arriba, roncando, tan desnudo como yo. Me noté algo raro en el culo, me llevé la mano y me dolió al tocarme y luego los dedos algo manchados de entre sangre y mierda. De un salto me quedé sentado en la cama, no queriéndomelo creer. Me acerqué a mi amigo y miré de cerca. Tenía el capullo manchado de sangre y mierda. Me entró el pánico. ¡Agustín me había dado por el culo!
Me eché instintivamente mano al ano otra vez y lo tenía además de manchado, gordo, como hinchado. Me palpé y no se porqué me oli los dedos. No solo olía a mierda, olía a algo más, algo que me costó reconocer.
- Semen de tu amigo, ¿no?
- Claro, enseguida lo deduje. Pero en lugar de cabrearme, sin explicación posible, reconocer que Agustín me había preñado hizo que mi rabo se pusiera duro. A partir de ese momento se disolvió mi voluntad en un lago de lujuria que tenía dentro, no se donde, y pasó de todo. Limpié la polla de Agustín de mi mierda con mis propias manos y sin ninguna repulsión me la metí en la boca. Rápidamente creció y se puso dura. Mientras chupaba una idea se fue abriendo paso en mi imaginación. Con esa polla tan dura y estando ya desvirgado sin conciencia, ¿Qué sentiría si volviese a entrarme en el culo, dolería, me correría de gusto? Y no lo pensé me senté sobre las polla de Agustín.
- ¿Te dolió, daddy?
- ¿Te ha follado alguien, alguna vez, Mateo?
- No. Soy top. Tú nieto es bottom. Yo creo que a él no le duele, yo gozo mucho metiéndosela. ¿A ti te duele, Sebastián cuando te la meto?
- Ya no. La primera vez, mucho, pero el placer de saber que Mateo me tiene a su merced y que me hace lo que me hace y disfruta tanto es suficiente. Ahora ya lo único que deseo es que me la meta el mayor tiempo posible. A ti, abuelo ¿te dolió cuando te la clavaste? porque está claro que de la primera no te acuerdas.
- Me dolió, sí, pero no era capaz de dejarlo, era una especie de reto. Necesitaba que me entrase entera. Poco a poco fue entrando y cuando la tenía casi toda dentro, Agustín se despertó.
- Y que dijo.
- Que siguiera que estaba a punto de correrse. Cuando estuvo desperezado del todo se le puso enorme y dudé de que pudiera meterla entera.

- Vaya, parece que no tuviste suficiente con lo de ésta noche. Me costó algo, pero no tanto como lo que esperaba de un virgen, ni te despertaste ¿Te la habían clavado ya? Me dio la impresión de que sí
- Tienes un rabo muy listo. Fue hace muchos años. Tenía yo diez años.
- Sigue contándomelo pero no pares de cabalgar, me estás dando mucho gusto. ¿Qué te pasó con diez años, algún familiar? lo típico.
- Fuimos a un retiro de la parroquia un finde. Uno de los catequistas, tendría veinte años o menos me llevó a meditar al bosque y allí me trajinó..., y me dolió, aunque me gustó, la verdad. Pero fue esa vez y después se me olvidó. No tenía idea de que eso fuese algo común entre hombres. Me creí un bicho raro, y ya te digo, me olvidé.
- Estabas desvirgado, pero bueno disfruté follándote y ahora también lo estoy haciendo. ¿Se lo vas a decir a tu novia?
- ¿Solucionaría algo que se lo confesara o la haría sufrir sin razón?
- Entonces tengo tu culo a mí disposición. No hay nada que más cachondo me ponga pensar que esa polla que se balancea a impulsos de mis embestidas se mete en un coño caliente y siente como su culo se queda vacío y triste, lo que le hace añorar una vez más mi rabo.

- Aquello nos duró un par de años hasta que terminamos las carreras. No he vuelto a verle.
Con Gabriel en aquellos servicios del Benito Juárez fue otra cosa. Los mexicanos son muy ardientes. En sus manos me sentí otra vez en manos de Agustín. Deseaba que la dilatación conseguida con él en esos dos años no se hubiese revertido. Gabriel me desnudó, literal. Me quedé con los pantalones en los tobillos y la americana y la camisa por los suelos. Fue casi una violación. Emocionante. Me dió un poco de saliva, apuntó y de un golpe de caderas, seco, me la clavó. Yo mismo fui el sorprendido de que el dolor no me hiciese desmayar. Veréis, si me dolió, pero fue soportable y cedió rápidamente para dar paso a un placer prostático que no he vuelto a tener. Nunca me expliqué como lo consiguió pero me corrí dos veces. La primera, nada más metérmela por estimulación de la glándula y la segunda en cuanto arremetió con más fuerza aún porque se venía él.
- Daddy, no te dijo nada de lo fácil que te la metió.
- Me dijo algo al oído, mientras me mordisqueaba la oreja, que creo que fue lo que precipitó el primer orgasmo.

- Mi mariconcito vicioso, que calladito lo tenías. Venías para ser mi hembra complaciente y resulta que estabas ya corrida, putita.

- Hembra, mariconcito, putita, tuvieron una resonancia tan placentera en mi cabeza que me mareé de placer.
Estuve en México, una semana, y me follaba por lo menos tres veces al día. Yo estaba loco de contento. Un día me llevó a una sauna para que me follase otra gente mientras el miraba. No se puede disfrutar más. Yo no sabía de la existencia de ese recurso de las saunas, aquí no había o era algo muy subterráneo y le pregunté sobre si  locales de esos habría aquí. Me dijo que claro. Y en cuanto volví, los busqué. Desde entonces no he perdido la elasticidad y algunas veces, cuando hay suerte hago hasta dobles. ¡Claro! no es lo mismo que cuando tenía los treinta y tantos. Ahora mi sexo es solo mi ano.
- ¿Cómo, cómo? abuelo que es eso de que "solo"
- Os parece que vayamos a casa, a seguir charlando, pedimos comida y quizá veamos una peli o algo.
- Daddy, perfecto.
- ¿Sabes, Mateo? Esa forma de llamarme daddy, me pone cachondísimo.
- A mi también, abuelo, me lo imagino..., bueno, uff, que calentadero...
- Que conste para los dos, abuelo y nieto. Lo digo con toda la intención para ver por dónde va la aguja de marear y parece que lleva la derrota esperada. Vámonos.
En el coche, Sebastián y Mateo son ninguna reserva ni pudor estuvieron a brazo partido hasta que Mateo le dijo a Sebastián que si no dejaba la lengua quieta se corría en la boca. Alejandro por el retrovisor vio la cara de éxtasis de Mateo y a su nieto levantándose del regazo de su novio relamiéndose los labios.
- Ahora, imagino que en mi casa jugaremos al parchís.
- Que va abuelo, este recupera en minutos y yo estoy que me salgo ya.
Alejandro enfiló una rampa de garaje y accionó un mando. La puerta, obediente, se abrió y el coche entró a la penumbra del aparcamiento.
- Pero abuelo, ¿Dónde vamos? ésta no es tu casa.
- A mi casa especial. Ahora la veréis. Es..., distinta. Un piso de diversión diría, sin complejos ni casi normas. Por no tener no tiene ni tabiques ni puertas ni nada. Todo es diáfano, un ático perfectamente aislado del resto de vecinos.
- Que clase de casa es esa, ¿una nave como de una fábrica?
- Es una clase de casa que me parece que os va a encantar.




lunes, 10 de marzo de 2025

EL TRASTERO

 

Querido mío:
Voy a escribirte esta carta, que espero que no leas jamás, pero que ruego a cualquier dios, real o fingido que los hados se confabulen para que llegue a tus pupilas y llores de deseo, asco y desesperación.
¿Cuando fue la ultima vez que rozamos con contenido ardor nuestros sexos y vimos...? da igual, se que recuerdas el reguero de precum que alcanzaba nuestras bolsas colgantes y gruesas y goteaba sobre nuestros pies desnudos. Yo si recuerdo tu fruición lamiendo mis dedos bañados de ambrosía de macho y aún tengo en mi memoria tu olor andrógino en tu dedo gordo. Chuparlo lentamente, con delectación me hacia volar a esos mundos intangibles, pero no menos reales, en los que el tiempo se detiene y placer es la única palabra que existe en su vocabulario.
Pero dejémoslo. Quizá lo olvidaste. Yo no puedo hacerlo. El buquet de tu precum me obligaba a una ascensión morosa y difícil por tus farallones de pura musculatura de hombre cuidado, hasta alcanzar la cumbre origen de esa cascada de néctar. Me mareaba deseando consumirla en modo infinito, pero no podía ser suficiente con eso. Tenía que volver a explorar con mi olfato y mi aliento de saliva espesa tu umbría. El tesoro que escondías entre tus pliegues y muslos, esos insobornables centinelas de la puerta más secreta de tu cuerpo.
¿Recuerdas? Nos conocimos aquel día. Yo estaba en el andén y tú bajabas apresurado para no perder el convoy. Te clavé con mi mirada, tu ensartaste la mía y no hubo marcha atrás. "Llego tarde al trabajo" pero no te contesté, la vida se detuvo a nuestro alrededor, no había ya mundo, solo una nube malva que nos envolvía y nos empujaba. No pude dejar de mirarte y permití que el inexistente tren se marchase. Llegabas tarde y no habías tenido tiempo de nada. Pero nadando en mis deseos comprendiste que no hacia falta ya ese trabajo. Yo era en ese momento tu trabajo. Fue solo un "acompañame" dicho como un ruego o una orden o una sugerencia que yo estaba deseando aceptar. Resonó en mi como un acorde del Imagine de Lennon. 
Cuando escuche en el 72 esa canción por primera vez y me la tradujeron lloré. En ese momento en aquel andén se hacía realidad aquel ¿porqué no? un mundo sin prejuicios, sin guerras, sin divisiones entre heteros y no. ¿Porqué no podría yo besar a aquel ángel sin que nadie tuviera que enarbolar un reproche?
Recuerdo como me condujiste fuera del metro, sobre nuestra nube, hasta una calle. No supe que calle, ni siquiera si lo era. Iba enlazado a ti como por magnetismo, donde me llevaras estaría bien.
Aquel trastero desordenado con cachivaches y ropa vieja amontonada fue nuestra suite nupcial. Yo si recuerdo aún con temblor cuando me lancé como una fiera a tu puerta más secreta y casi gritaste: "hoy no me he duchado" ¿Recuerdas aquel mi rugiente: "mejor" más lujurioso que nunca podrías volver a escuchar? Y te relajaste. Fue tu olor, tu sabor lo que me desencadenó el ansia de que me habitases y en tí la contrapartida en forma de sesentaynueve inédito para los dos. Perdiste, no, perdimos la conciencia de ser y fuimos una sola conciencia, y cuando el deseo nos aplastaba te cabalgué consciente de lo que hacía, si, lo deseaba. El dolor, lo suponía, sería el peaje, siempre un regalo por ser contigo. Tu cara era de estupor. Yo tenía dieciocho cumplidos y era virgen, pero me empeñe y me diste la razón, entraste en mi con un dolor insoportable para cualquiera que no hubiera bebido de tu parte más secreta, pero, hoy ya lo sé, el dolor es siempre el umbral del placer, solo hay que atreverse a pasar bajo ese dintel mágico y experimentar las estrellas estallando en tu cabeza. Pero de pronto te retiraste y con estupefacción me enseñaste como mi propia hez envolvía tu delirio. Pusiste cara de decepción, pensabas que habías sido arrojado a la tierra desde las alturas del Olimpo por el pecado más oscuro cometido. Hasta que abracé tú deseo con mi boca haciendo que la lengua te hiciese reencontrarte con la eternidad. Te dejaste hacer, no podías rechazar más el cielo. Yo empecé a derramarme sabiendo el placer que encontrabas en que yo me comportase como el cerdo que soy, hasta que el sabor acre de mi boca se tornó dulzón por tu licor espeso. No me quería retirar hasta que tú con delicadeza me empujaste. Te sorprendió la limpieza de tu virilidad, me miraste a los ojos y me besaste de la forma más delicada, explorando con tu lengua todo resquicio de mi boca. Con un "me gusta tu sabor" se acabó la magia. Tenías que irte a trabajar. Nos despedimos para nunca volver a vernos.
Creo que ya sabes quién soy, por eso está carta es para contarte que desde aquel día solo quiero ser ese cerdo que se entregó. Ese coprófago que se vació sabiendo que el vehículo de la lujuria desatada era tuyo. Pero nadie me entiende, todos me rechazan. Nadie me quiere besar ya después de la culminación.
Nunca nos dijimos nuestros nombres. No he vuelto a verte. A la misma hora que me esclavizaste y en la misma estación he estado multitud de veces. No volví a verte. Ahora pienso en tí como una ensoñación pero sé que lo que sucedió en aquel trastero fue muy real.
Escribo esta carta mes a mes y la echo en cada buzón que veo del barrio, aquel en el que las mujeres se afanan en limpiar sus portales, los críos juegan al balón en la calle y los granujillas adolescentes sueñan cada día en llevarse a su vecina al huerto, y quien sabe si al vecino mejor.
Entre carta y carta se fue derramando mi vida y dócil me dejé llevar en el rebaño. Cuando tocó, me casé como todos, me resigné sin ti a mí lado a lo que él severo común me exigía. Tuve hijos, nietos y ya me ves, sigo mes a mes volviendo a cumplir aquellos dieciocho años sin haberte olvidado un solo día.
Me despido otro mes más. Y hace ya..., ni me acuerdo de los años. Fíjate que mis nietos rondan ya los dieciocho, la edad que yo tenía cuando me convertiste en el hombre más feliz del cielo. Porque, ahora lo he comprendido, aquel espacio no era un trastero, era el cielo por obra y gracia de tu  dulzura. Y tuve el privilegio de tocarlo con mis dedos y besarlo con mis labios.

viernes, 17 de enero de 2025

HETEROS


- De verdad, tío no comprendo cómo puedes.
- La pasta hace mucho. Yo me he llevado quinientos y tú la mitad. Joé, tío, cierro los ojos y me imagino a la Juani
- Y mira que me hace falta la pasta, que mis padres, parados los dos, están tiesos, Jonathan. Pero no puedo, que más quisiera yo, que me pasase como con la Yoli, que siempre está quejándose, que si soy un conejo, que siempre la dejo a dos velas. Pero con un tío, aunque seas tú, se me hace una pared y no puedo, bastante es que se me quede tiesa, pero correrme, joe, Jonathan, que no puedo.
- Bueno, y a mí también, tío, que él griego lo pagan doble. Se pasa un poco chungo al principio pero enseguida se quita, piensas en el par de "moraos" que te caen y hasta te gusta. Sobre todo cuando llego en ca la Juani y le digo: "¿Y ahora que?" La llevo donde el sushi ese que le flipa y me dice: "Que a mi no me importa que te trabajes el ojal mientras me traigas sabanas de esas amarillas o morás, mejor y luego me comas la pipa y eches a nadar la nutria" 
pero tío es que contigo no hay manera, y mira que no digo ni mu, cuando me la clavas, que al principio ¡joder! Luego, la verdad a ti no te voy a engañar, empieza a entrarme un gusto y me encantaría que me morreases ¡Joder Kevin, un boquete es un boquete! a ti que más te da que sea el de la Yoli o el mío. Cierra los ojos y echa a volar tu imaginación. No voy a pedirte que me explores la boca con tu lengua, que en ese momento ya me gustaría. Acabaré por buscarme otro colega que sea más cachondo. Además, te tengo dicho que la Juani me pone una lavativa y me afeita el ojete antes de venir. Que de mierda no te vas a llenar.
- Joder Jonathan, es que tú y la Juani sois muy apañados, pero a la Yoli alguna vez le he dicho que a lo mejor algún día tenía que ponerme mirando a Tarifa y no veas, que si encima que la dejo a la luna de Valencia ahora quiero pasarme de acera. Imposible, Jonathan. Y lo pienso muchas noches, tío me toco por ahí, intento meterme el dedo, a ver, a ver, y alguna vez he notado que el rabo despertaba, pero en cuanto empujó para dentro el dedo se me baja. A veces me imagino, como vemos allí antes de rodar, que me comen el ojete..., bueno, que me lo comes tú y me empalmo, pero bien.
- ¿Quieres que pruebe a comértelo? Te vienes a mi casa ahora, te duchas, te lavas bien, te pongo la lavativa y así pruebo yo también que alguna vez se me ha ocurrido, solo que no he tenido cojones de proponertelo.
- Tío, no se. La Yoli, que quiere que vaya de paseo con ella.
- Mira Kevin, voy a decirle a la Juani que se trajine a la Yoli. Que le explique cómo empecé yo, y que yo de julandron nada de nada, vamos que eso lo sabes tú.
- No, si ya. Hombre Jonathan, pero la verdad es que cada vez te empalmas más deprisa. No voy a decir que julay, pero que para cuando nos despelotamos, cuando dice el gordo ese maricón de la cámara, tú ya vas de rucho y yo como un abuelete de putas. Y yo noto como se te pone dura cuando la tengo en la boca. Que esa es otra, puta manía del Ernesto ese que te corras en mi cara y caiga algo en los labios. ¡Coño! que pasé por lo de morrearte. Bueno no está tan mal, y te digo que mueves la lengua y morreas mejor que la Yoli. Que eso es verdad, casi siempre lo que hace que me empalme es el morreo. 
- Joder Kevin, vamos a morrear más. A mí la verdad, si te me corres en la cara me va dar igual, pero sacarías tú más pasta.
- Y tú, no te jode que el maricón ese, el Ernesto, dice que dobla pasta si entra leche en la boca.
- Bueno, pues vamos a medias con esa pasta. Si te corres en mi boca, por lo menos te corres.
- ¿Tú has probado tu leche alguna vez Jonathan?
- No tío. Pero todo es probar, como lo del ojal. Vente para mi casa Kevin que mi madre está currando, nos corremos y probamos a ver.
- Ahora no puedo, la Yoli me está esperando que quiere ir al Leftis que se va a comprar algo para el finde.
- Bueno tío, Kevin, me voy yo a ver cómo me lo monto.
Mientras caminaba a su casa Jonathan fue repasando mentalmente las escenas que grabaron Kevin y él. Era cierto, le molaba cuando su amigo iba abriendo la boca con prevención para que él se la colase y sentirse dentro de la boca con la mirada de su amigo como de disculpa y súplica a la vez le ponía a doscientos. Y más cuando soñaba que se vaciaba en la boca y Kevin sin dejar de mirarle se lo tragaba todo. Luego le morreaba para compartir lefa y saliva y Kevin le follaba a saco después. Pero parecía que no iba a convencerle por muchos billetes que le agitase delante de las narices. Si hubiese accedido a ir a su casa, a lo mejor, comiéndole el culo y metiendo lengua dilataba algo y a ver. Lo que estaba claro es que de solo pensarlo ya estaba empalmado y con ganas de chorrear lefa. No sabía si cuando le comiese el culo iba a poder aguantarse de clavar rabo en el culo de Kevin.

- Tía de verdad, tía, el Jonathan me lleva a cada sitio que no veas, tía. Y ayer se presentó en casa con un bolso de Loewe, de esos de los chinos, clavaito que parezco la concejala de juventud, que es muy enrollada y lleva un bolso como ese, solo que ella se lo compró de los de verdad de Serrano, que, tía, cuando me vio con el mío me miró como diciendo "tu que te habrás creído" pero yo, ni caso.
- Tía pero es que tú Jonathan le da demasiado bien a eso del porno de julais, que me ha dicho el Kevin que algunas veces el está convencido de que está disfrutando. Como cuando el otro día se lo tuvieron que hacer con uno de Pakistán o por ahí de la India y a tu Jonathan se la metieron por el culo como si fuera un coño, y el Kevin me dijo que gemía como cuando el me la mete a mi y estoy a punto de correrme.
- Hombre, claro, tía, el Jonathan me lo cuenta todo y ya me ha dicho que el prefiere una polla de carne a la vela que yo le meto cuando me folla para que se le ponga bien gorda. Que ojalá le metieran un rabo a él mientras me folla a mí. Si, le ha cogido el gusto a la puerta de atrás. Y me dice que lo que más le gusta es cuando le preparo para la grabación. Tía que le hago la cera en el culo y chilla como una rata y luego le pongo las lavativas.
- Yo es que tía, no me lo he planteado con Kevin. Alguna vez le he dicho que me follase el ojal y me ha dicho que si entraba por ahí lo mismo un día no le importaba quien era el dueño del boquete, y que prefería por donde siempre.
- Pues tía tu no sabes el dineral que coge mi Jonathan. Yo creo que el Kevin lo que está es perdiendo su oportunidad. Tía, ¿porque no pruebas con la vela? Primero una finita. No hay tío que no le guste que le folle el culo la misma tía a la que se folla. Además, cuando tú no tienes muchas ganas, ellos se corren volando y luego poco a poco será él quien te diga que tan delgada no le da el mismo gusto que la primera vez. Yo, al Jonathan le meto ya una polla de silicona que compré en AliExpress, le gusta más. Ahora ya si no se la meto le cuesta un triunfo correrse. Yo creo que el se pajea ahora con la polla metida. 
- Tía, no te da miedo que tú Jonathan se cambie de acera si le coge el gusto.
- A mí me da igual porque me folla bien y me trae mucha pasta. No seas tonta Yoli, la próxima vez mientras te folla pasale la vela por el ojete, verás como te lo pide el que se la claves.
- Te voy a hacer caso Juani, tía.
- Pero ten bien untada de crema la vela, tía, que entre sola y verás como te pide más.

Jonathan llegó a su casa y pensando que Kevin podía haberle acompañado. Le hubiera trabajado el ojal con la lengua y con el cacharro ese que se compró del Aliexpress que le da gusto a la próstata. Casi no se nota cuando te entra pero luego te vuelve loco, que él se acordaba muy bien como enseguida deseó que le entrase algo más gordo. "Que vicio es lo del ojal" se dijo en voz alta. Y no por eso no molaba metérsela a la Juani, pero cuando le metía a él, el consolador que le trajo aquel día el gustazo que le dió solo le hacía pensar en como sería una polla gorda de verdad mientras se follaba a la Juani. Aunque la polla llevase un tío pegado detrás.
- ¿Kevin?
- Dime tío. Aquí estoy aparcado que la Yoli se ha venido con su hermana a comprarse algo.
- No seas muermo, tío. Vente para mi casa. Dile a la Yoli que te necesito, que estoy depre. Ella ya tiene quien le dé cuerda y tú ahí tocándote los cojones..., podías tocarme los a mí y así entrenabas, jajajaja.
- No juegues con eso Jonathan que sabes que me como el tarro mucho. Mira que si acabo maricón cómo el Javi, ¿te acuerdas? aquel chaval un curso por debajo que nos la meneaba a todos.
- Bueno, a mí me la mamaba. Y a tí, tío, acuérdate, que una vez en el patio, detrás de los contenedores, yo le parti el culo mientras a ti te la mamaba.
- Es verdad, que me corrí en su boca y se tragó el lefazo.
- Y yo me corrí de morbo cuando me percaté, que le hice un preñazo de muerte. Luego, tú ya habías empezado con la Yoli, yo me le follé en su casa unas cuantas veces, que sabes que su padre siempre andaba borracho y su hermano mayor se metía a su cuarto a ver porno.
- No me lo habías dicho nunca julandron.
- Bueno venga, vente para mi casa. Me he bajado una peli de FTM que te va a flipar. Unos coñitos rosaditos y uno en especial con una pipa como una polla pequeña que el tío la mama cómo tú me la mamas a mí en el plató.
- Vale, cojo el bus y en cuarto de hora estoy ahí. Prepara la lavativa, a lo mejor mejor me decidí.
- Venga tío, nos tomamos unas birras y vamos a gozar de lo lindo.
Kevin cogió el 13, que iba casi vacío y se sentó al fondo del todo. Iba observando a la gente por la calle pero sin mirarla, con la mirada perdida recordando todos los detalles de cuando con su amigo se follaron aquel maricón del instituto, Javi. Era la primera vez, aquello fue el paraiso. Nunca la Yoli le hizo gozar tanto. Y hasta ese momento no se había permitido admitirlo. Se palpó la entrepierna y se notó tan excitado que sintió la humedad en el muslo. Entrecerró los párpados y "vio" a Javi tomando de Jonathan mientras hacía un uso magistral de labios, lengua, saliva y manos con su aparato hirviente. Tuvo que dejar de imaginar, rememorar y solazarse porque iba a coronar con éxito la cima del placer.
Casi se le pasa la parada de su amigo y tuvo que aligerarse para abandonar el bus.
- ¡Tío, que te pasabas!
Jonathan, impaciente por ver a su amigo había bajado hasta la parada a recibirlo. Le echó el brazo por el cuello y le atrajo hacia él. Kevin sintió la calidez del abrazo de su amigo y correspondió pasando su brazo por la cintura de Jonathan y completando y aceptando la muestra de cariño.
- Te quiero, Kevin, joder. Me gusta incluso follar contigo para el porno. Aunque el dinerito tiene su importancia, no te vayas a confundir.
- Tenemos que hablar, amigo. Estoy algo confundido.
- Vamos a casa, anda, allí nos confesamos.
Y agarrados por cuello y cintura echaron a andar hacia casa de Jonathan.

miércoles, 25 de septiembre de 2024

INCESTUOSO (VI)

 

Aprovechando el relato del padre de Javier, Jerónimo se fue acercando a Galatea disimuladamente. Galatea escuchando todo lo que su marido contaba se notó mojada y sintió la necesidad de pellizcarse los pezones y manosearme los pechos. Jerónimo se le acercó susurrante al oído y le sugirió que se desnudase como estaban los demás. Y diciéndolo deslizó una mano bajo la falda de ella alcanzando la braga. Javichu pendiente de los manejos de su padre le animó a su exmujer a despojarse al menos de la ropa interior.

- Si sigues, querida, con la costumbre de llevar el coño tan bien rasurado deberías quitarte la falda también y enseñarnos tu sexo. Seguro que disfrutaríamos todos y así además, a tu hijo se le antojaba rememorar antiguas hazañas y tú ibas a disfrutar de la audiencia. Porque no lo niegues, sigues siendo una exhibicionista, como yo y como creo que todos los presentes menos mi querido Honza.

Galatea sintió los dedos en las bragas y dio un respingo pero no se movió. Jerónimo lo consideró permiso y metió los dedos por la pernera de la braga alcanzando el clítoris de su nuera lo retorció con saña lo que no pudo evitar que la mujer lanzase un grito agudo de dolor y a continuación un "Siii" profundo y ronco. Jeronimo saltó a la cueva húmeda de su nuera y metió sin misericordia tres dedos profundamente. Galatea estaba ya entregada. Con agilidad terminó de desnudarse y se pinzó los pezones mientras disfrutaba de los manejos del suegro.

- Venga, tú, mariconazo del perrazo, sigue con tu cuento. ¿Que te hicieron esos salvajes? Espero que fuese algo tan degenerado y excitante, al menos tanto como el pollazo que le va a meter por el culo tu hijo a su madre.

Javier empezaba a escurrirsele por la comisura de la boca la saliva por la excitación. Su polla tensa y de brillante capullo destilaba precum que Marta observaba golosa. Se acercó por detrás a su madre y se limpió el capullo en su espalda al tiempo que se acercaba a su oído y le susurraba algo que hizo que la mujer no pudiese reprimir un quejido de lujuria. Su suegro profundizó aún más con sus dedos lo que la obligó a levantar el culo momento en el que su hijo le metió su virilidad entera de un solo y violento golpe de cadera.

- Mamá, hacia tiempo que no sentía esta emoción. Aún me acuerdo de la primera vez que te porculé, ¡que estrechez, que placer! Yo creo que ahí decidí que prefería un culo a un coño.
- ¡Follame fuerte hijo, follame! como cuando casi no tenías vello, con doce años y hacías que tuviera un orgasmo interminable.
- Ahora, folló mejor, mamá. El culo de Marta es estrecho como el tuyo y la follo a diario. Y ella a mí, cuando el follar ya no me sacia la lujuria. No tenéis el culo como él de estos dos, padre e hijo, que parecen coños de yegua.
- Bueno venga. Follate a tu madre mientras sigo contando lo que sucedió. Por cierto, que bonito ver a madre e hijo intimar sin ningún tipo de prejuicios.
Os sigo contando. Se detuvo el coche, ya caía la tarde. Calculo que anduvimos como veinte minutos a buen paso por una pista muy bacheada. Se abrió el maletero del coche y tuve que guiñar los ojos porque a pesar de que la tarde moría, aún había destellos del sol en el horizonte. Vi al hombre que me sacó del tren y a su rubiasco hijo a su alrededor suplicando algo a su padre. Se acercó desde un granero proximo una especie de espectro muy delgado, casi caquectico, con las costillas perfectamente delineadas. Era un cadáver andante. Pero me llamó la atención algo. Si, era un varón, casi calvo pero con leznas grisáceas que le daban aspecto a su cabeza de fantasma en una serie B de miedo. Barba blanca muy rala y como úlceras en ambas mejillas. Pero no había nada entre las piernas. Lo que pasó a continuación se me quedó grabado. Creí que allí acababa mi aventura y mi puta vida. Y pensé que lo merecía. Habría sido justo.

- ¡Tú, sacó de huesos! marrano, lleva al nuevo al granero y lo encadenas. Mi padre me ha dado permiso para azotarlo. Untale la piel de grasa y sal. Va a saber lo que disfrutamos por aquí viéndole retorcerse. Hoy me quedo seco de leche.
- No te deben dar comida, pero ¿marrano?
- No habrás visto tres sauces a la entrada de la finca porque venías en el maletero. Tú serás el cuarto. Por cada incautó como tú que cazan, después de gozar de él hasta matarlo lo usan de abono para nutrir un sauce que plantan sobre la tumba.
- Pero tú..., estás vivo
- Claro. Mírame la polla, no hay, ni huevos, me los comieron los cerdos. Si. Después de azotarme, colgarme del cuello para que me corriera y beber mi leche y follarme con polla y manos, me creyeron muerto y me echaron a los cerdos a que me comiesen. Un cerdo hizo presa en mis partes y me las arrancó. Eso me sacó del desmayo. Yo aunque ahora me ves así, era fuerte. Me encandiló en el vestuario del gym el jefe cuando éramos jóvenes. Me trajo aquí y ya ves. Conseguí saltar, mutilado y todo, dejando un reguero de sangre y me desmayé bajo una higuera. Me desperté al día siguiente a manguerazo limpio y como era fuerte me recuperé a pesar de que me dejaron para hembra de un borrico muy salido. Me destrozó el culo. Mira toca lo que tengo. Se me cae la mierda, por eso me matan de hambre para que no cague. Siempre apesto a cochinera. El borrico murió, yo sobreviví pero compraron un pony para que me follase y ellos divertirse. Les fui más útil como payaso de feria que como abono para sauces. Por eso sigo aquí. Ahora, a ti, me gustas, tu cuerpo, tu cara, tan bonita. Deberías escapar.
- Me merezco que me capen los cerdos. Encadename, que me azoten, que me folle ese caballo tuyo y me reviente. He gozado de sexo con mi hijo de dos años. Soy una bestia. Todo lo que me pase es poco.
- Te encadenaré, si es lo que quieres y que te despellejen estos monstruos, pero, mírame a mi. ¿Que culpa tenía yo? que me encandiló el sinvergüenza ese de amo, y ya ves, túve otra oportunidad quizá para ayudarte a ti ahora. Tienes un cuerpo bonito y tu polla es preciosa. ¿Puedo tocartela? Tendría que pedir permiso y no me lo darían. Disfrutan del mal ajeno. 

- ¿Y te la tocó, papá?

Javier pendiente del relato había dejado de arremeter el culo de su madre, aunque Jerónimo no cesaba en dilatar el sexo de su nuera, torturandole a la par el clítoris lo que le arrancaba gritos de deseo y lujuria.

- Si me la tocó. Y me la mamó. Y tú, Javier, deberías dejar que Honza se follase a tu madre, que supiese el placer extremo que yo siento cada vez que me lo hace a mí.
- ¡Y yo se la chupo cuando la saqué! Porfi Javi, soy tu novia y tienes que darme caprichos. Quiero chuparsela a Honza, parece muy buen perrito.
- ¡Honza! Follate a la mujer. Tú, Galatea, a cuatro patas. Papá deja espacio a mi Honza, que se la folle bien.
- Que va, hijo. Yo le como el coño a tu ex mientras tú novio perruno se la folla y que tú hijo me la chupe que lo hace como los ángeles. Sacar fotos, esto es para cualquier Onlyfans.
- Bueno, Javichu que me folle el perro como te folla a ti, pero, ¡joder! dinos que pasó, te azotaron, te follaron, ¿Queee? de una puta vez
- Sois todos unos putos salidos. Yo, como podéis imaginar, estaba muy deprimido por lo sucedido. Me merecía todo lo que me pasase y me dejé que me la mamase, me encadenara a un cabrestante del techo y me alzase hasta dejarme con las puntas de los dedos de los pies rozando apenas el suelo.
Entró entonces Sergio, el hijo del tío que me sacó del tren. Lo que siguió a continuación fue surrealista.
- Pero ¿qué? Papá.
- Lo voy a contar tal como lo recuerdo.

- ¿Ya le has metido la trola que acostumbras, cura? Supongo que te la habrá chupado también. El rollo ese suyo que tanto rédito le da de los cerdos y eso.
- ¿No es cierto lo de los cerdos y que le comieron los huevos?
- Anda, cura, dile al chaval como fue de verdad. ¿Quién te rebanó los huevos y la polla con una tijera de podar? Bueno te lo voy a contar yo que a él aún le da vergüenza,  Tendría unos diez años cuando mi padre trajo a un tío desnudo, sangrando aún como un cerdo por la entrepierna. Decía mi padre que no sabía cómo no se desangró. Estaba en una cuneta medio muerto. Debió ser el polvo del camino donde le tiraron que le cuajó la sangre e impidió que la perdiese toda. Al cabo de las semanas, ya recuperado más o menos nos contó que era el cura de un pueblo aledaños. Se le metió entre ceja y ceja un monaguillo rubito y se lo trajinó. El chaval no pudo ocultarlo porque su madre al parecer le vio sangre en la ropa interior y lo confesó todo. El padre junto a sus hermanos no se anduvo por las ramas. Fueron a su casa lo pillaron, lo llevaron a un descampado y con unas tijeras de esas grandes de podar se lo rebanaron todo y se lo metieron en la boca. Así lo encontró mi padre buscando una oveja perdida. Lo trajo, lo curamos...
- Y en cuanto me enteré de lo que había hecho, lo primero, me lo follé hasta que me cansé. Lo até desnudo en la cuadra hasta que "currito" un borrico que teníamos se encaprichó de él y se lo acercamos. Se lo folló hasta dejarle el culo como lo ves ahora. Tú por hacerle eso a tu hijo te mereces al pony.
- ¡Si por favor! Que se lo folle el pony y que Sergio haga de mamporrero. Luego, si me lo permiten yo le curo el culo con la lengua y que me cague sangre y mierda.

- Y me folló el caballito. Me destrozó el ano y me lo dejó preparado para el resto de mi vida. Pero a medida que el pony me follaba una y otra vez, era incansable, más disfrutaba yo. Me colocaban sobre un cercado dando el culo al bicho que en cuanto me veía en posición me montaba, apoyaba sus remos en la cerca y su verga quedaba a mi altura. 
- Y no te mató. No me lo creo papá. ¿Como va a follarte un caballo por muy pequeño que sea?
- Mírame el ano. Aún se ven las cicatrices del desvirgué. El hijo, Sergio, esa primera vez hizo de mamporrero y llevó la cabeza de la verga a mi ano. Sentí como entraba esa parte más dúctil y luego la puñalada de la verga entera. Se corrió el bicho enseguida y se retiró. Mi cuerpo chorreaba sangre y semen y allá que fue el cura capao a meter la boca. Yo estaba casi desmayado. Me sostenía el padre de Sergio hasta que me dejó, caí al suelo y me tiraron sobre un montón de paja
- Y quien te curó Javichu, hijo.
- El cura. Era muy atento, aunque tenía su motivación, meter boca y lengua después de cada polvo. Porque el pony en cuanto me veía se agarraba unos empalmes bestiales, momento en el que me cogían me ponían contra el pretil, el bicho ya sabía que hacer, saltaba sobre mi espalda y me follaba. Llegó un momento en que yo soñaba con que trajeran al pajar al caballito. Y en cuanto Sergio se dio cuenta de mis empalmes cada vez que me follaba el jaco el me sacaba la leche con la boca. Le acostumbró su padre cuando con doce años le pilló chupandosela al cartero. Le condenó a mamarsela a él cada día y a tragar la lefa sin desperdiciar una gota. Se conoce que se aficionó al sabor. Decía que mi leche sabía mejor que la del padre, más dulce, porque yo no fumaba, según él y el padre era una chocolatera siempre echando y apestando a humo.
- ¿Y así cuanto tiempo? Javier, empuja más fuerte y pellizcame la pipa, me voy a correr.

Galatea escuchaba atentamente el relato de su ex que le calentaba y añadía morbo a la sodomización del hijo. Se pellizcaba ella misma los pezones mientras el viejo lamía y ensalivaba el coño y la polla del nieto que entraba y salía. De vez en cuando la polla de Javier se escapaba del ano de su madre y ahí estaba esperando la boca del abuelo para que no se perdiese una gota de lefa en caso de que en ese preciso momento se corriese. Javier echó mano al clítoris de su madre y lo pellizcó con saña al punto de que Galatea dió un grito y voceó "Me corro, cabrón. Que bien me follas, hijo"

- Así, no hay forma de contar nada cariño. Acaba ya de correrte y escucha. Y tú Javier que te limpie el rabo tu abuelo con la boca y escuchar todos de una puta vez.
Continúo. Total que acabé por hacerme uno de la familia. El cura y yo siempre en bolas porque teníamos que estar dispuestos para lo que fuese. Los días de frío cerca del fuego y con la canícula buscando la sombra, aunque sudar siempre me pareció erótico. De vez en cuando recibíamos, bueno, el dueño recibía gente. La primera vez, yo no sabía dónde meterme, desnudo, pero vi al cura capao que se comportaba con naturalidad y me solté. Aunque me empalmaba estar en presencia de extraños en bolas. Cuando el dueño o Sergio quería amenizar la visita con una de bestialismo presenciando como me follaba el bicho y Sergio me la mamaba a mí me relajaba mucho. 
Aquella visita fue la que marcó mi destino y casi la causante de que hoy pueda volver a estar aquí. El tío era un francés con un título y viñedos. Tenía hasta un castillo donde vivía. Perdió a su mujer a los pocos meses de casarse y a los dos años, intentando recuperarse, conoció uno de su edad que le recordaba a ella en sus ojos. Y se liaron, me dijo el cura que era un cotilla y se las sabía todas. El de los ojos de esposa fallecida al ver cómo me follaba el pony dio la idea de que yo se la chupase al bicho. Lo hice. No es tan malo de verdad, una polla grande, nada más, pero él muy pervertido me metió su polla en el culo mientras yo se la chupaba al caballo. Tanto le gustó que convenció al dueño de la casa y al francés del viñedo para que les acompañase a su castillo. Así fue y cuando llegué me encontré que ya había un pony en la finca.
Y..., no creéis que podíamos levantar el campo, ponernos algo y salir a comer cualquier basura de comida rápida.
- Y porqué no nos quedamos aquí, pedimos comida y mientras me folla mi novio Javi y ustedes se follan o charlan o se pelean como buenos adultos convencionales.


sábado, 7 de septiembre de 2024

INCESTUOSO (V)

 

- Os quedaríais muy sorprendidos cuando visteis a Klaus derrumbado y fiambre.
- Los gemelos intentando quitarse a Klaus de encima que pensaban que el intentaba aplastarles con su humanidad, que Klaus era un auténtico oso de más de cien kilos. El viejo, huroneando el culo del gemelo follado para chupar el polvo que Klaus se suponía le había preñado y Honza que parecía que era el único que sabía lo que estaba sucediendo. Me estaba follando como el sabía que a mí me gustaba, daba tres o cuatro embites suaves y al siguiente me la clavaba hasta la bola lo que me hacía sentir que me reventaba y esa alarma de dolor intenso me excitaba mucho. Cuando de sopetón se detuvo y empezó a llorar yo ya supe que algo grave le pasaba a Klaus. Honza dejó de follar, se me salió del culo y se lanzó a la cara de Klaus, llorando y lamiéndole la cara. Me puse en pie y me acerqué. Le toque el cuello y no había latido, apoyé la oreja en la espalda y ni un ruido. Klaus estaba muerto. Ayudé a los gemelos a quitarse el muerto de encima y le quité la llave que llevaba perennemente al cuello. Uno de los pelirrojos me preguntó que para que era esa llave.
- En que hablabais Javichu. Nunca se te dió muy bien los idiomas.
- Chapurreabamos en alemán con Klaus. El viejo, nunca ha hablado en nada. Entendía lo que se le decía en alemán. Pero cuando yo les contaba a los gemelos lo que yo sentía cuando me follaba Honza o cuando me daba lametones en mi botoncito lo hacía en inglés. Verás, en mi inglés, que no es el de Oxford, pero su inglés australiano llevando años sin escuchar el inglés ortodoxo tampoco era el de Shakespeare. Bueno, pues cuando hablábamos, al viejo se le caía la baba.
- Venga. Sigue. Lo de la llave del oso.
- Le dije que para la caja fuerte. De golpe nos habíamos quedado huérfanos de alguna manera. Klaus subvenia a nuestras necesidades, de agua, comida y poco más. Entrábamos a la jaula a las once de la noche y salvo que Klaus tuviera orgía con amigos nos abría la jaula a las ocho, nueve o diez. Que nos daba agua, nos sacaba y con una manguera a presión nos limpiaba la jaula. Allí cagabamos y meabamos y por la mañana se limpiaba. Nos esposaba a la espalda y nos echaba de comer sus sobras del día anterior. El viejo no solía mostrar interés. Se alimentaba de lo que salía de nuestros culos cuando nos follaban. Porque por ejemplo a mí me follaba Honza pero yo era capricho de muchos amigos de Klaus. Alguna orgia me han follado hasta doce tíos. Y el viejo se lo comía todo. Estaba hecho a eso.
- Papa. Tienes que tener el culo tremendo. Tantos años y tanta polla.
- Mirame, Javier. Puedes comérmelo. Me gusta. Mete la lengua, entra de lejos entera.
- No te vayas por las ramas. Lo de la llave, ¿qué?
- Mete la mano Javier y trabajate mi ojal, enseguida te entrará la mano. Y mientras, sigo.

El padre de Javier se sentó de lado para facilitar la labor a su hijo y levantó ligeramente la pierna para que se abriesen  los cachetes y poder exponer el ano. Con mano temblorosa Javier intentando no tocar el cachete de su padre, lo metió hasta localizar el ano. Puso cara de sorpresa al tocar unos labios gruesos que median de largo lo que sus dedos. Insinuó los dedos de la mano entre ellos y pudo entrar casi sin oposición. Su padre emitió un leve quejido y elevó aun más la pierna. Hizo el intento y pudo meter los cuatro dedos menos el pulgar. Javichu echó su mano al ano y tomó la muñeca de su hijo empujando hacia dentro. Javier de forma instintiva llevó su pulgar a la palma de su mano y notó como se le perdía la mano dentro del cuerpo de su padre. Sintió la punzada en su verga que se le endureció al instante. Si padre con la sabiduría que da la experiencia buscó la entrepierna de su hijo mientras daba explicaciones sobre la llave de Klaus y se la agarró con fuerza. Interrumpió su relato y se dirigió a él mirándole a los ojos.

- ¿Quieres follarme en privado o no te importa hacerlo delante de todos? Yo prefiero el público. La costumbre.
- Bueno, Javier, follatelo o no te lo folles pero déjale que cuente. Estábamos en que los gemelos australianos preguntaban sobre la llave.
- Efectivamente. Tú Javier metela ya. Sigo. Los gemelos preguntaban que para que servía. Por toda respuesta me dirigí a una especie de cómoda casi de un metro sesenta de alto, caoba pura. Tenía unas molduras en los laterales que manipulé recordando cómo se lo vi hacer más o menos a Klaus. Al cabo de unos cuantos intentos lo que parecían cajones se abrieron hacia la izquierda, como la puerta escamoteada que era en realidad, sobre unas bisagras hurtadas a la vista y dejaron ver una caja de caudales de color verde oscuro. Los gemelos quedaron con la boca abierta. No lo sabían. Enseguida demostraron frustración. Si tenía la llave, pero ¿Y la combinación? Cuando les dije que sabía la combinación no podían creerselo. El viejo no hizo ni un solo gesto, todo aquello no le importaba.
Al abrir la caja, con respiración contenida por nuestra parte, el viejo tampoco hizo ningún aspaviento. Y lo que había allí era para hacer aspavientos y dar saltos mortales.
Yo sabía que pasta tenía que haber lo que fue una sorpresa mayúscula fue ver la documentación de todos nosotros. Así el viejo se llama Dennis, franco-belga. Su contrato de sumisión lo firmó con treinta y dos años. Llevaba con Klaus treinta y cinco años. En el pasaporte la fotografía parece de otra persona.
Estaban los pasaportes de los gemelos. Neil y Peter Dawson con su contrato de sumisión de unos meses antes que el mío. Ni idea de cómo conoció a los tres. A Denis tuvo que conocer con poco más de dieciocho. Increíble.
Además estaban varios, bastantes paquetes de los que recibía semestralmente. Supimos que eran de su madre..., hiiijo, hiiijo, sigue, sigue...
- ¿Que te pasa hijo, que te pasa?
- Que..., queeee tu nieto me ha encontrado, ahhh, la próstata y me voy a morir de placer, papá.
- Javier deja de ser tan incestuoso con tu padre, ya tendrás tiempo y deja que termine con lo de la caja fuerte.
- Noo, acaba hijo mío, acaba que me estoy corriendo ya, ahhhh, que placer que te lo haga tú propio hijo.

De lo que albergaba la jaula que llevaba Javichi empezó a manar líquido blanco espeso. Honza estaba plácidamente tumbado y de repente alzó su cabezota y enseguida identificó la fuente de su desasosiego. Se levantó de forma ágil y pronto metió su lengua en la entrepierna de Javichi lamiéndolo todo. Javier no pudo por menos que acariciar los huevos al perro que se volvió a ver quién le estimulaba. Vio a Javier y con la lengua llena del semen de su padre le dio un lametón de agradecimiento en cara y boca. Javier quedó sorprendido y al darse cuenta que tenía en los labios parte del semen que él había conseguido provocar se relamió los restos con una sonrisa de niño travieso en la cara.

- Estarás contento, hijo, éste es también digno hijo tuyo como tú lo eres mío. Pero venga, sigue. Que había además de vuestros papeles en esa misteriosa caja, que nos tienes a todos en ascuas.
- Vaya, pues parece que he caído en la familia adecuada, con el novio llevo de regalo al padre y al abuelo. Por cierto, no salimos de aquí sin que yo vea ese ano, Javichu. Me parece que sin haberlo tocado ya tengo una envidia de muerte.
- Bueno, niña o lo que seas, calla ya que ya no me aguanto más. ¡Habla joder, hijo!
- Había muchos paquetes sin desenvolver todavía, pesados, como de cuatro o cinco kilos con el remite de la madre de Klaus. Y luego bien ordenados lingotes de doscientos gramos de oro. Abrimos los paquetes y eran también de lingotes de oro. En total contamos sesenta y dos kilos.
- WoW, papá, ¡Eres rico!
- Espera, no he terminado
- ¿Hay más?
- Uno de los paquetes sin abrir, pesaba menos y me intrigó. 
- ¿Que era, hijo?
- Bonos al portador de la empresa del padre de Klaus. Nada menos que quinientos millones de dólares.
- ¿Que son bonos, papá?
- Dinero contante y sonante, niño. Deja a tu padre que siga. ¿Había más, hijo?
- Había más. Si. Bastante. Papel moneda. Dolares, Euros y Libras esterlinas.
- ¿Cuanto?
- Eran todos billetes grandes. Billetes de 50£, 100$ y de 500€. En total contamos 125000£, 245000$ y 185000€. Como algo más de medio millón de euros.
- ¿Como lo repartisteis? Y oye, papá. No estaban tus papeles, pasaporte o carnet. No has dicho nada.
- Yo no tenía papeles. Recuerda, Klaus me rescató de una paliza que me estaban dando cuatro cabrones después de chuparsela. Yo estaba desnudo del todo. Nada llevaba encima.
- Bueno, pero en algún lugar te desnudarias, porque no ibas a ir en pelotas por ahí.
- Tenía un colocón de hierba tremendo. No se cómo llegué ni como se la chupé ni como los ligué. 
- Entonces ahora, ¿como vas sin documentos por ahí?
- Yo no he dicho que nos los tuviera. Con dinero, nada es imposible.
- Bueno, remata la faena. Como fue el reparto.
- Neil y Peter dijeron que ellos se llevaban los billetes que lo de los bonos y el oro era un engorro. El oro pesaba mucho y no sabían cómo iban a acarrear lo. Querían volver a Australia y los bonos no tenían idea que hacer con ellos. Dennis no litigó, siguió mudo sin un solo aspaviento. Quedé con los gemelos en que yo me quedaría con el oro y los bonos y ellos se llevarían los billetes.
- Pero, joder, hijo. Esto me suena raro. O sea, que estás desde hace cinco años de puta esclava de un degenerado desnudo siempre y de pronto sabes de mercado de metales preciosos, de mercado de valores, bonos y toda esa mierda. Venga joder Javichi cuenta la verdad.
- Es que todo es más enrevesado de lo que se puede contar. Son cinco años de experiencias, de ser follado a diario por un perrazo y ser objeto de las sevicias por toda clase de gentuza. Klaus organizaba todas las semanas algún tipo de orgía, a veces dos. Era agotador. Uno de los asiduos, un individuo bajito, gordito, calvo y baboso era Zbynda un abogado de Ostrava al norte de Republica Checa muy cerca de Polonia. De hecho sus padres eran polacos que emigraron por trabajo a las minas de carbón de Silesia y el nació allí. Me lo contaba todo, como si fuera su novio. Estudió derecho en Brno en una prestigiosa universidad. Tuvimos mucho tiempo para charlar. Le gustaba acariciarme la jaula y ver cómo me follaba Honza mientras yo le chupaba un rabito pequeño y enterrado en grasa. Se corría, yo me tragaba su polvo y él creía que estaba colado por él. Estaba casado. Hacía tiempo que me tenía dicho que cuando quisiera él me podía echar un cable si tenía algún problema legal. Podéis imaginar que fue en quien primero pensé al ver a Klaus fiambre. Y ya cuando vi lo que tenía la caja de caudales no me cupo duda que había que llamarlo.
- ¡Un momento! Papá. Están abriendo la puerta.
- ¡Tú madre! Javier. Claro, llevamos aquí hablando más de tres horas. Pues, nada, tranquilos. Esto es lo que hay. A afrontarlo.

Los pasos de la madre avanzaban por el pasillo. De alguna forma Honza se puso nervioso y empezó a gemir.

- ¿Javier, hijo, te pasa algo?

Y entró en el salón donde se encontraban. Abrió y cerró la boca varias veces intentando articular alguna palabra, pero no emitía ni un sonido. La cara viró del blanco papiraceo al rojo indignación. Los ojos se le desorbitaron y lo primero que tuvo a mano, un anuario judicial, lo arrojó en medio del aquelarre. Honza gruñó y ladró comedidamente y el resto intentó protegerse como pudo.

- ¡Maria, mi Galatea, soy yo!
- Pedazo de cabrón, mariconazo de mierda. ¿Tú que haces en mi puta casa? Ahora mismo llamo a la policía.
- Tranquila mamá. Espera. Papa, que acabo de conocer ha venido hace un rato preguntando por nosotros. Se ha identificado ¿que querías, que le echase? De cualquier forma y por muy cabrón que sea es mi padre..., y no es peor que tú. Que conste.

Y en aquel salóncito de medio pelo se hizo el silencio de los pudrideros del cementerio.
A Galatea se le escapó la sangre de la cara y los ojos del resto se dirigieron hacia Javier interrogando como cualquier policía de serie B. Todos, sin hablar, parecía que hasta Honza, esperaban impacientes una explicación. "NO ES PEOR QUE TÚ" y eso que coño quería decir.

- ¡Javier, cállate! Soy tu madre y tú no sabes nada.
- Vale, yo no sé nada, pero a los siete años ya sabía lo que pasaba y recuerdo todo: olores, sonidos, texturas, sabores, que para que lo sepas, que nunca pudimos hablarlos me encantaban.
- ¿De que hablas Javier? Es tu madre y yo aunque ausente sigo siendo su marido. Nunca firmé un papel, ni ella me lo pidió.
- ¿Que no quise pedirlo? Serás cabrón. Te disolviste, perdí tu pista. ¿Donde iba a pedir nada. Donde has estado? porque incluso pedí al abogado que te buscara, por si estabas perdido o amnésico y no podías contactar. Nada. La tierra se lo tragó, lo que me dijo el abogado. Pensé que estarías muerto, devorado de alimañas en cualquier barranco dios sabe de que lugar. Y ahora de repente apareces así como un hippy con perro y todo.
- E inmensamente rico, nuera.
- ¡Que banco habrá atracado o a que viejo carroza se habrá follado?
- Mamá, ya está bien. No quieras que empiece a hablar que al fin y al cabo eres mi madre, me has criado y te quiero. Y que sepas que te perdono cualquier desliz.
- Hijo, cuando hablas de desliz de tu madre, ¿te refieres a que ha tendido sus amistades peligrosas? Me resultaría extremadamente chocante que mi Galatea tuviera amantes.

La madre de Javier se encendió como amapola en agosto y sus ojos incendiaron a su hijo con los rayos que despedían. Javier aceptó sin parpadear la reprimenda visual de su madre, miró a su padre y con gesto de misericordia, le tendió la mano a su madre.

- Lo tengo que contar. Ahora he sabido que mi padre se fue porqué me dio a mamar su rabo y bien satisfechos los dos nos quedamos dormidos, situación en la que nos encontraste y razón por la cual mi padre se perdió. Le he estado echando de menos toda mi vida. Creo que se merece saber la verdad. Yo, con dos añitos le mamé la polla y no tengo memoria. Con siete años ya recuerdo como tú mamá me la chupabas a mi hasta que una sensación tremenda me hacía desfallecer y me quedaba dormido.
- ¡Cállate ya, sinvergüenza!
- No mamá, no me voy a callar. ¿Como no voy a recordar que ya más mayor me metías entre las piernas y yo me calentaba y te la metía en el coño hasta que empecé a eyacular y me dijiste que mejor por el culo que me daría el mismo gusto y ningún disgusto. Si, yo no me negué nunca. Me gustaba meterla en caliente, hasta que Matías entró en mi vida y supe por que vereda debía encaminarse mi existencia. Ya no quise culearte más porque prefería que Matías me culease a mi, pero claro, tú no lo sabías y dejaste de preocuparte de mi. Si, mamá, si. No tenía a quien contarle lo de mi profesor de gimnasia y tú empezaste a no aparecer muchas noches por casa. Nunca te pregunté, aunque lo imaginaba, por donde navegabas.
- Eres un desagradecido. ¡Y ese perro, echarlo de mi casa!
- Este perro tiene nombre, se llama Honza y es mi pareja. Quién me folla, vamos.
- No mamá, no. No te escandalices de que a mí padre se lo beneficie un perro, es solo el escándalo de tí misma. Yo ya no me escandalizó de haberte follado. Al principio, cuando tome conciencia de lo que hacía se me pusieron los pelos como escarpias. No tenía a quien contárselo y me consumía el remordimiento. Hasta que llegó Matías, me ensanchó los horizontes y comprendí la necesidad de los tabúes. Follar con él era torear otro tabú. Y vendrán más. Créeme, lamento no recordar cómo era la leche de mi padre, pero seguro que me gustó. Ahora, ya ves la saborea un macho de otra especie.
- Sois unos degenerados.
- ¡Ah! vale mi adorada Galatea. Tú no estás a nuestro nivel, lo tuyo es elevación a modo del "Lacrimosa" de Mozart. Déjate de cuentos y desnudate como nosotros, ábrete de piernas y deja que tú suegro te coma el coño mientras tú hijo te porculea y así reverdeces viejos laureles. No, querida, no. No es momento de ser hipócrita. Déjanos ver tú precioso y decadente cuerpo e ilustranos sobre tu vida desde que me fui de vuestra vida.
- A mi papá me encantaría saber, si es que te acuerdas, que hiciste para llegar a Düsserldorf desde que me diste de mamar por última vez.
- A mi también me interesaría hijo. Contraté hasta a un detective, que me sacó la pasta para nada. Sencillamente, como me dijo el detective, tú existencia eran pavesas de un incendio forestal: nada.
- Cuando comprendí la trascendencia de lo hecho la primera intención fue quitarme de enmedio de la vida, pero recordé la dulzura de tus labios, chaval, y tú sonrisa, antes de dormirte sobre mi vello del pubis, con la boca pringada de semen, y supe que eras feliz. Para ti no había más que placer satisfecho. Para mí seguía existiendo ese placer hecho realidad, pero modulado a base de remordimientos para sujetarme al sitio que las relaciones humanas me atornillaban. Lo pasado sería horrible para mí, pero para ti un logro: obtener un placer inalcanzable. 
Por eso me fui, para que tú madre con su dueño no te hiciera asumir parte de la culpa, que de existir, era solo mía.
El destino. Solo el destino. Me fui con lo puesto. Con el poco dinero que llevaba, la cartera con todo se quedó por aquí, saqué un billete para el primer tren que saliese hasta donde alcanzase.
Es curioso. Quizá como purga a mi atropello en el tren se empezó a escribir mi futuro. Me senté frente a un hombre de mediana edad, con las mejillas azuladas de lo cerrada que tenía la barba. Me taladró con su mirada negra y me sonrió. Se acomodó su paquete sin ningún disimulo y me asaltó. Lo agradecí, yo tenía que hablar, explicarme, exculparme y rogar un castigo que me liberase del dolor de haber tenido sexo con mi hijo de dos años.

- ¿Escapas de alguien o de algo?

Y mis ojos estallaron. No tenía manera de dejar de llorar. Lo confesé todo.

- Soy un degenerado. He follado con mi padre, con los empleados de mi padre y con cualquier cosa que tuviera polla, y cuando enderezo mi vida, me caso con la mujer más maravillosa y tengo un hijo, le doy a mamar mi polla..., y lo disfruto y no sólo eso, ahora mientras se lo cuento hago una erección explosiva.

- Y mientras se lo decía me marque el rabo bien duro por el pantalón.
No esperaba lo que pasó a continuación. Me sorprendió y recuperó. Me hizo sentir libre.
Se levantó de su asiento, se puso delante de mí y me dió la bofetada más fuerte de mi vida. Luego se agachó hacia mí, me agarró con fuerza la mandíbula de la misma forma que lo hacía una tía lejana que se dejaba caer por casa cada cierto tiempo y lo hacía para inmovilizarme la cabeza y poder peinarme a su antojo. Pues bien, este hombre me inmovilizó la cabeza y me susurró algo al oído que tuvo la virtud de relajarme y excitar al tiempo una sensación que no recordaba desde que Gabriel me cogía de la oreja y me susurraba al oído: "van conmigo mariconcito que tengo un regalo para ti" y me conducía al pajar.

- Si, si, eres un degenerado que mereces un castigo muy severo y yo te lo voy a aplicar. Coge lo que tengas y vamos. Nos paramos en la siguiente. ¡Y ni se te ocurra despistarte, cerdo!

- Esperamos en la plataforma hasta que paró el tren, en un apeadero en medio de la nada. Había un coche esperando con un chaval joven al volante. Su hijo, me dijo y yo, no se porqué no le creí. Pero si, lo era. Su hijo mayor. Sergio le llamaba.

- ¿Y éste nota, papi?
- Un tipo degenerado que se folla a sus hijos y necesita una absolución y un castigo. Nosotros se lo vamos a proporcionar. ¡Tú! por cierto, ¿como quieres que te llamemos?
- Basura
- Mejor TRASH, WASTE, suena como más asqueroso, y el tipo da asco. ¿Le puedo azotar yo primero, papi?
- Venga trash, desnudate, tira esos harapos y metete en el maletero. Los desperdicios nunca los metemos donde van las personas. Vas a poder descansar de culpa. Vas a pagar y con colmo.

- ¿Estuviste secuestrado? pedazo de gilipollas. Yo pensaba que tuve un marido pederasta y resulta que lo que era, ¡Un Imbécil integral! No se cómo no me di cuenta.
- ¡Estaba devastado, Galatea!

Javichu empezó a llorar convulso, sin poder terminar la explicación. Javier por solidaridad empezó a llorar también abrazándose a su padre. Honza empezó a impacientarse y a llorar, se acercó a padre e hijo y les bañó en babas a base de lengüetazos.
- Bueno, venga, vale de sentimentalismos. Que eres muy grande ya, y encima de pareja tienes un perrazo, de buena polla por cierto. Pero ya está bien de monsergas de vieja  Cuentanos ya lo divertido. ¿Te azotaron, te follaron, te mataron a besos? Vamos, hijo, que nos tienes en vilo.