sábado, 24 de agosto de 2024

INCESTUOSO (IV)

 

- Venga chaval, un rimming a tu novia como cabría esperar de tí después de que tu abuelo la haya preñado como dios manda.
- Por cierto Javier, tu abuelo folla mucho mejor que tú. Tiene esa curva milagrosa en el rabo que cada vez que entra, alegra cualquier próstata. Y él sabe cómo hacer que cada embolada sea como si fuese la primera sin desvirgar. ¡Que sabiduría!

Javier se enfrentó al ano de Marta, su novia provista de rabo, a unos centímetros. Miró el capullo de su abuelo Jerónimo, levemente manchado de mierda y aún goteando los últimos restos de semen y luego el ojal de Marta que le animaba a limpiarle con la lengua la sustancia blanquecina que le destilaba el cuerpo. Marta le instaba ya quejosa de lujuria a que se metiese con la cara entre sus carrillos y su abuelo daba palmas como elevando la apuesta de que no tenía cojones de hacerlo. Javier miró los dos objetivos, sonrió suficiente de determinación, fijó la vista en los ojillos del abuelo y le guiñó un ojo.

- Abuelo, antes de limpiarle el culo a Marta, creo que mi abuelo se merece toda la atención a su polla aún manchada de la mierda de ésta. ¿Que creías que tú eras el único en saltarte el todo y ponerte el mundo por montera? Pues mira, querido abuelo.

Javier con la rapidez de una cobra se lanzó sobre la polla de Jerónimo y procuró que penetrase en su garganta lo más profundamente posible. Se la tragó toda y el viejo empezó a gemir. Javier chupó y chupó hasta dejar la polla limpia de cualquier rastro de mierda y semen y cuando se sintió satisfecho de un salto elástico se enganchó al cuello de su abuelo besándole profundamente. El abuelo volvió a empalmarse con dureza. Javier se volvió entonces y con destreza y agilidad atrapó con su cuerpo el rabo del padre de su padre.

- ¡Venga! Sácame a mi también la mierda, viejo cabrón mientras me preñas.

Jerónimo se excitó tanto que apretó profundamente para taladrar a su nieto que gemía de entre dolor, placer y deseo. Le pasó los brazos bajo los de Javier e hizo presa salvaje en los sonrosados y minúsculos pezones del chico. Javier se estiró de dolor verdadero, pero Jerónimo le tenía taladrado y sujeto con firmeza. Javier lloraba y gritaba de dolor pero no por eso le decaía la erección. Marta, golosa, aplicó la boca al sexo de su novio y los gritos de dolor se transformaron en aullidos de placer. Finalmente, corriendose en la boca de Marta, Jerónimo anunció entre espasmos que estaba preñando al nieto.
Y en ese momento el timbre de la casa acabó con la magia del momento.
Se detuvieron en la posición que tenían como si hubiese sido Miguel Ángel el que hubiese dado vida a un bloque de mármol. Fue un instante infinito en el que ninguno de los tres se movió hasta que otro timbrazo deshizo la composición y Jerónimo urgió a Marta a que se pusiera algo y fuese a ver quién era. Su nuera, Galatea, imposible que fuera ella, estaba trabajando, así que seguramente sería un paquete o los Testigos esos que predican por las casas.

- Marta, si son mormones y están ricos que entren que les vamos a contar lo pecadores que somos.

Marta tomó el albornoz de Jerónimo y fue a la puerta goteandole él culo la lefa de Jerónimo. Iba por el pasillo enjugándose con el albornoz expandiendo el olor a mierda.
Miró por la mirilla y vio a alguien con la cara llena de piercings y la cabeza erizada de rastas, rastas de aspecto sucio. Le excitó el aspecto. No veía más. De haber sido alguien sin tanto adorno habría pensado en un mendigo, pero el aspecto tan extravagante la intrigó y abrió la puerta.
Lo que vio la excitó aun más. Además de las rastas y tantos abridores en nariz y orejas llevaba anillos en labios y al hablar se dejaban ver al menos dos de lengua. Una camisa muy ligera como de gasa, multicolor abierta hasta el ombligo que presentaba otro piercing. Las perforaciones de pezones eran interesantes, tanto que Marta se quedó como hipnotizada mirándolos. Eran unas espirales que perforaban por tres veces cada pezón a modo de tornillo.
El extraño se percató de la sorpresa y le tomó con soltura una mano y le animó a que lo moviera para que el perforante entrara y saliera de sus agujeros. Los pezones gracias a estas caprichosas perforaciones eran gruesos, carnosos y largos y el extraño no pudo evitar mientras Marta manipulaba los piercings, ahora ya a dos manos, entrecerrar los ojos y gemir débilmente. De placer supuso Marta, aunque le daba igual. Manipular de esa forma unos pezones le hizo empalmarse súbitamente.

- Aquí vive Javier con su madre, Galatea ¿me equivoco?

La voz era radiofónica. Grave pero cálida, susurrante, acariciadora pero clara y acompañaba las frases de una sonrisa de ojos grises azulados, vivos, expresivos. Los enmarcaban unas arrugas de expresión que daban confianza a quien los miraba. Dirigió las pupilas a la entrepierna de Marta que presentaba un notorio bulto y él mismo se llevó la mano a sus genitales que se velaban tras unos pantalones afganos de color morado sucio y muy ajustados a los tobillos. En los pies unas sandalias de cuero de factura artesanal dejaba ver una piel sucia y encallada con talones agrietados.

- Esos pantalones son muy chulos, aunque un agüita no les vendría mal
- Son unos Sarouel, muy cómodos, sobre todo para los huevos si no llevas ropa interior.

En ese momento, de un lateral escondido a los ojos de Marta surgió una cabeza enorme de belfos babeantes y color gris azulado. Marta se sobresaltó paralizada pero el rostro confianzudo del extraño y la caricia que le hizo a la cabeza del animal la atornilló al suelo. El perrazo de forma lenta pero nada dubitativa acercó su hocico a la entrepierna de Marta apartando los pechos del albornoz y llegando hasta el sexo que empezó a lamer lo que arrancó gemidos placenteros a la novia de Javier.

- ¿Y bien, vive o no vive aquí mi hijo?
- Si, aquí vive un chico que se llama Javier con su madre. Y ahora con su abuelo Jerónimo que viene de una convalecencia.  Yo soy la novia de un Javier 
- Dirás el novio.
- ¡Soy una chica!
- Lo que tú digas y lo que los demás quieran engañarse, pero los animales hace milenios que abandonaron el raciocinio y exploraron mejor el campo de los instintos que no engañan. Honza. Perdón mi perro, o quizá debería decir que yo soy su humano y él mi dueño, desde que fue cachorro le educaron en el gusto por el sexo masculino. Le vuelve loco el olor de una polla, y sabe cómo darle gusto. Por eso te ha metido el hocico. De haber tenido coño te habría ignorado. Y cuando te huela el culo, querrá montarte, como a mí.
- ¡Entonces..., entonces..., usted es el padre, el padre de mi novio!
- Exactamente, no sé cómo lo habrás deducido, pero si. Soy el papá de Javier.
- ¡Javier, Javier. Jerónimo, Jero...!

Marta gritaba como una condenada al despelleje reclamando la presencia de su novio y el abuelo. A los gritos desde la otra parte donde se escondía Honza apareció más asustado que la propia Marta una cabeza  de aspecto enjuto, apergaminado, muy moreno de rasgos angulosos con dos ojos muy pequeños hundidos en las cuencas y unos labios gruesos y carnosos que contrastaban con el resto de la cara. Completamente calvo, vestía una túnica de aspecto bereber en tonos marrones y descalzo.

- ¿Y este?
- Ya os contaré. Sobre él y sobre Honza.
- ¡Hijo! ¿Porque eres tú, verdad, pero cómo?
- ¿Tú eres mi padre, el cabrón que me abandonó siendo un enano? Espero que puedas explicarte.
- Bueno, vale, pero ¿podemos pasar los tres?
- Claro hijo, claro. Adelante.
- Pero nos tenemos que desnudar también. A mí me encanta. Llevamos, éste mudo y yo una vida entera desnudos. Es nuestra normalidad.
- Si así os sentís mejor, venga. Me gustaría saber si mi polla se parece a la de mi padre. Y tú Marta, quítate ya ese ridículo albornoz. Si, no me mires así, papi, estábamos follando, el abuelo, mi novia y yo. Si váis a incorporaros, venga. Aunque él perro es tuyo. Ese que te folle a ti.
- Porque tú no lo has probado, hijito.
- Venga, pasar. Tú ex, hijo, no vendrá hasta por lo menos tres horas. Y bueno, cuenta. Lo del perro
- Honza, por favor 
- Honza, vale, lo sabía y supongo que tú callado acompañante es el viejo que era compañero. Pero, ¿los gemelos?
- Los pelirrojos se han largado. Bueno. A ver. Tú cómo cojones sabías lo del viejo, los gemelos y tal.
- Estuve hace ya un tiempo con un amigo en el Club X de Dusseldorf, y allí una amiga suya, una tal Darita.
- Una pieza buena, la tal Darita.
- Nos contó lo de Klaus y lo de sus esclavos, el viejo, los gemelos pelirrojos, su perro y tú. Me dió pelos y señales y supe que eras tú. Se lo conté a tu hijo. Ya lo sabe todo.
- Te los has follado, como a mí 
- Te recuerdo que fuiste tú el que vino a mi despacho a tiro hecho. Si, soy muy debil en aspectos de bragueta, lo reconozco y te tenía en el punto de mira desde que con un año, cuando te cogía en brazos, no se porqué, te encantaba pellizcarme los pezones y cuando veías mi reacción de gusto te meabas de risa y te empalmabas. Cuando te vi tan lanzado lo agradecí. Y aún no me he arrepentido de aquellos polvos que echábamos. Ahora con tu hijo he rememorado viejos laureles y me han dado vida. Por cierto, tanto piercing en tu cuerpo, me ha puesto a tope.
- Bueno, padre, esos topes, luego. Ahora las explicaciones. Klaus de ilustre y mil millonario apellido, no voy a mencionar nombres era hijo de un tal Konrad y una tal Gabrielle. Está última coleccionista y tratante de arte a niveles estratosféricos, de familia de marchantes de arte de toda la vida. En suma, Klaus era de familia de pasta. Pero Klaus tenía otros intereses. No le gustaba nada lo de los negocios de la familia y si las fiestas, las juergas y una interpretación bizarra de lo que era la sexualidad. Klaus era el ojito derecho de Gabrielle y un terrible dolor de muelas para Konrad. Lo desheredó, algo con lo que su madre no estuvo de acuerdo, así que se lo dejó todo lo suyo a Klaus al morir. Pero mientras moría o no le dejo la casa donde vivía con sus esclavos, una renta anual sobrada y antes de morir le entregó los bonos al portador que poseía del negocio del marido. Cada seis meses recibía un paquete por mensajería que guardaba en una enorme caja fuerte de Krupp. Una de las veces que me estaba follando Honza fue una de las entregas semestrales. Cuando Honza hizo el nudo y se quedó quieto pude fijarme en la combinación y como usaba la llave que nunca se quitaba del cuello. 17 a la derecha, 28 a la izquierda, 9 a la derecha. Hace tres meses mientras Honza me follaba. Por cierto, Honza me folla a diario, él lo necesita y yo lo necesito. Pues Honza me hacía gozar y Klaus hacia lo que le encantaba, follarse a uno de los gemelos, después de azotarlo mientras el hermano se colocaba con su gemelo en plan 69. De vez en cuando la sacaba del culo y la metía en la boca del otro. A veces la polla le salía manchada y eso si que lo disfrutaba viendo cómo el hermano comía la mierda del otro. Hace tres meses Klaus en pleno orgasmo dio un ronquido raro y se desplomó sobre los hermanos. Le daría un infarto, no se.
- ¿Has dicho que disfrutas de como te folla Honza?..., papá.
- Si..., hijito, y deberías, deberíais probarlo todos. Es un delicia, ¿verdad, Honza?

Acarició la cabeza del perro que inmediatamente hundió el hocico en el sexo de Javier padre, o Javichu como le llamaba cariñosamente su madre en su lecho de dolor. El pene de Javichu encerrado en su jaula reaccionó hinchándose tras los barrotes y dejando bien patente su príncipe, su frenum, ampallang y resto de ferretería que llevaba. De inmediato la verga del perro salió de su funda de pelo y el animal empezó a gemir y ponerse nervioso.

- Me quiere follar. Hoy no lo ha hecho y reclama su derecho. Me folla a diario hace años. Debías probarlo tú Javier. Es algo diferente. Es más te animaría a que se la chupases primero. El color así tan como ensangrentado puede echarte para atrás pero te resultará increíble su dureza y textura, recuerda que lleva un hueso dentro que le da rigidez. Con cuidado porque un animal tan grande si te hace el nudo dentro de la boca puede ser un problema. En el culo se aguanta bien, incluso si pilla próstata de lleno el goce es perfecto. Eso sí es bastante lechero este Honza y te iba a atragantar de su semen si no tragabas con rapidez. Venga, estamos desnudos, échate aquí en la mesa, Honza, en cuanto vea el culo dispuesto te montará y yo haré de mamporrero por ser la primera vez. Venga, anímate.
- Si Javier, que yo vea como te monta y luego si hay ocasión que me monte a mi.
- Si nieto, estoy muy interesado en ver cómo esa bestia te destroza tu ojal.
- Ponte, hijo, que te folle mi pareja. Ni Honza ni yo somos celosos.
- Pero yo ahora no le hago una mamada a tu perro, con que me folle me conformo.
- ¡Por favor! papa de Javier, puedo chuparsela yo si él no quiere. Me apetece hacerlo. Me pone cachonda pensar que se la mamo a un perro.

Javichu acarició a Honza su funda de pelo y luego su verga roja, susurrándole que le iban a chupar antes de follar. El perro gimió y abrió un poco los cuartos traseros. El padre de Javier advirtió a Marta que le gustaba que entrase por detrás y le lamiese los huevos peludos antes de tocarle la verga, que era muy sensible y así el perro sabía lo que venía. Marta se acercó a cuatro patas por detrás y Javichu levantó el rabo de su pareja. Marta se acercó al ano del perro, lo olió por morbo y se estremeció pensando que le metía la lengua, pero se dirigió algo más abajo y lamió los huevos del animal que emitió un gruñido bajo y sostenido, luego Marta se acercó a la verga y la lamió primero, sorprendiéndose de lo caliente que estaba, fue haciendo los lametones más intensos hasta que se la metió entera en la boca. Honza de pronto inició un ladrido suave, como gimiente y Javichu avisó de que la corrida era inminente. Marta se incorporó empujó a Javier y dijo, con desesperación que se la tenía que follar a ella. Se echó encima de la mesa con las piernas bien separadas y Honza saltó sobre ella. Javichu con destreza dirigió la verga al ano que perdió dentro de él la polla perruna dura. Honza empezó a bombear como solo lo hace un animal hasta que emitió un gemido profundo final.

- No os mováis. Ya ha hecho el nudo, no puede irse. Su capullo se ha hinchado monstruosamente porque la eyaculación no se ha producido.
- ¡Ahhh! Es brutal, me va a reventar, no sé si me estoy meando o corriendo pero el placer no es nada parecido a lo que haya experimentado nunca. Quiero que siempre ya me encule Honza o alguien similar.
- La verga de Honza, muchacha o muchacho o lo que seas, es mía y solo mía. Es mi pareja y el único que hace que sienta placer con la jaula puesta. No se cómo me lame pero hace que me corra en medio de un caleidoscopio de placer.
- ¿Cuanto tiempo hace que la llevas, papá?
- Creo que los años que llevaba con Klaus, unos cinco, creo. Honza tenía seis meses cuando me folló por primera vez, un cachorro que no sabía cómo hacer y por poco no me arranca el intestino. Quería salir corriendo con nudo y todo. Klaus pudo sujetarlo, pero yo estuve una semana sangrando. Entonces ya Klaus me había condenado la polla. Para siempre, me dijo. Ahora, ya ves que lo que tengo es un botón pequeño. Hay clítoris más grandes.

De pronto, Honza, soltó un quejido pero como de dolor y se salió de Marta que no paraba de gritar porque no soportaba tanto orgasmo seguido. Cayó exhausta al suelo. El viejo inmediatamente se tiró al culo de Marta, que intentó rechazarlo sin saber que pasaba, pero Javichu le dijo con alarma que le dejara que le limpiase el culo con su boca que es lo único que hacía o quería hacer. El viejo se aplicó a chupar lo que saliese del culo de Marta, mientras Jerónimo lo miraba como hipnotizado.

- Yo quiero que me lo hagan a mí, pero no sé si querría que tu chucho me follase. Quisiera que me follases tu, pero ya he visto que va a ser imposible. Me conformaré con que me folle mi nieto y a ver cómo me limpia tu amigo cerdo. Oye, tú perro, ahora ¿donde va?

Honza, fue a refugiarse en la entrepierna de Javichu que avisó que le tocaba a él. Honza empezó a lamerle el botón enjaulado y al poco el hijo de Jerónimo empezaba a espasmar de placer. Cuando acabó, Honza lamió escrupulosamente cualquier gota de semen que salió de la jaula y se tumbo a, aparentemente a dormir.

- Pues estamos apañados los tres, Honza, Marta y yo. Solo quedan mi padre y mi hijo. Sería muy reconfortante ver a los dos disfrutar de sus sexos.
- ¿Quieres que te folle abuelo?
- Prefiero que tú padre nos explique cómo coño apareció en Alemania y porqué se largó dejándote con dos añitos.
- No tengo idea como llegué al Hofgarten en el centro de Dusseldorf. Eso sí, estaba desnudo con cuatro chavales.
- No. Espera. Porqué te largaste de casa y nos dejaste a mamá y a mí. Venga dinosló.

El padre de Javier hundió la cabeza entre los hombros y sorbió por la nariz.

- ¿Estás llorando, papá?
- Que va, que va. Debe ser alergia o algo. No se.
Desde antes que nacieras ya te quería. Había normalizado mi vida con tu madre y estaba feliz. Naciste y creí dejada atrás mi otra vida, en la que me engolfé con tu abuelo, el cabrero, Gabriel y más gente que tú abuelo intuirá, pero no sabe. Había un sotillo algo alejado del pueblo donde iba al anochecer gente del pueblo y alrededores a buscar compañía. Yo tenía dieciséis años y me escapaba de noche. Cogía la bicicleta y me acercaba al soto. Me desnudaba, escondía ropa y bici en un arbusto y me metía en la espesura. Allí, chupaba, tragaba, lamía y me follaba todo bicho viviente. Cuando volvía de madrugada me metía en la cama de mi padre a que me follase y así me podía dormir. Encontrar a tu madre y serenarme fue todo uno. Tenías dos años y tu madre se había ido a trabajar. Te despertaste y te cogí y te metí en la cama. No estaba premeditado hijo. Aún no sé cómo fue. Pero el contacto de tu piel con la mía me descontroló. Tuve un empalme colosal. Rocé tu cuerpo con el capullo y tú me lo agarraste con la mano. Me dejé llevar. Me destapé y te puse sobre mi barriga. Tú seguías jugando con mi polla que destilaba preseminal en abundancia. Lo tocaste y te llevaste la mano a la boca. Debió gustarte porque de inmediato te inclinaste sobre el capullo y te lo metiste en la boca. Debí apartarte, si, lo sé. Pero no lo hice y al poco me estaba corriendo en tu boca. Tragaste mi leche y nos quedamos dormidos tal como estábamos. Así nos descubrió tu madre por la mañana cuando regresó del trabajo. El resto, la tragedia posterior te la voy a ahorrar. Ese mismo día me fui. Me estuve drogando y prostituyendo años. No se cómo sigo vivo. Se que aparecí en aquel parque de Dusseldorf chupándole la polla a cuatro chavales que cuando se aliviaron me apalizaron por maricón. Supongo que para poder sobrellevar su homosexualidad negada y poder reconocerse como machos dominantes. Pobres desgraciados. Me salvé de la muerte porque Klaus andaba por allí de cruising.

miércoles, 14 de agosto de 2024

INCESTUOSO (III)


- ¿Que tu mataste a la abuela?
- Bueno, no exactamente. La matamos entre los dos un poco.
- ¿Mi padre?
- Te tengo que poner en antecedentes. Yo tonteaba con tu abuela, pero la cosa no pasaba de acompañarla al cine o llevarla a misa de doce y luego despedirla en la puerta de su casa. Todo muy correcto y social. Mis amigotes de farra, ya te contaré, siempre estaban de coña que si éramos la pareja perfecta, que lo nuestro apestaba a boda. En fin, el destino tallado en granito.
Cuando mi padre me pilló con el cabrero, antes que un escándalo prefirió un castigo silencioso con desenlace en altar con seis testigos de chaqué riguroso.
Mi padre, tu bisabuelo y el padre de ella, el boticario de la villa apañaron enseguida el enlace porque parecía, dijo mi padre, que entre los dos jovenzuelos hubo más que palabras y antes de dar un escándalo estruendoso a bombo sobre todo era mejor la boda. No era cuestión de rebelarse. A los dos nos venía bien. Tú abuela tímidamente adujo que había sentido la llamada del Señor y su padre le cruzó la cara.
Hubo boda por todo lo alto. Vino el gobernador y el Rey mandó una felicitación oficial. Un éxito. Al día siguiente salió en los Ecos de Sociedad.
- Ecos de ¿qué?
- El Insta de la época. Que todo el mundo se enterase que ya había otra collera de ringo rango en la alta sociedad.
Y llegó la noche de bodas.
- ¿Donde fuistes de viaje de novios?
- A Mallorca. Un viaje interminable a Valencia, de allí el barco y tras dos días llegamos a Palma. Pero eso fue tres días después de la boda. Los transportes no eran como ahora, aquí te pillo aquí te mato.
De manera que mi padre nos cedió su alcoba a la que el servicio engalanó como correspondía el evento 
A tu abuela nadie le había puesto en antecedentes y solo que se quitase las bragas ya me costó media noche. ¡Estaba dura! como una castaña pilonga. Ni una barrena entraría atornillando. Y cuando me vio mi cacharro, tú ya sabes bien como es.
- Maravilloso, Jerónimo, maravilloso. No se la experiencia de su nieto, pero la mía aunque escasa me faculta para decir que excepcional.
- Se puso a llorar, ¡pero llorar!
Me decía que iba a matarla. Imposible el desflore. Lo intenté una y otra vez hasta que se me despellejó el capullo. Tenía yo edad, fuerza y ganas. Le dije que me hiciese una mamada ya que no podía follarla y se negó. La obligué y vómito en cuanto tocó la polla su lengua. Le expliqué como pajearme pero estaba como ausente. Le palpé bien por abajo y estaba como el esparto. Finalmente me masturbé delante de ella y la obligué a mirar. Después le hice probar mi lefa y volvió a vomitar.
- Entonces mi padre, ¿que es, adoptado?
- Espera. Que hay más.
Los tres días que estuvimos en mi casa antes del viaje lo intenté a todas horas, sin éxito. Estaba desesperado y finalmente la puse a cuatro patas. Me dijo que eso tenía que ser pecado, que era algo que yo había aprendido en las casas de mala nota. Pero la puse. Volví a intentarlo y nada. Por más saliva que ponía, hasta aceite de oliva, nada era un desfiladero del desierto. No entraba. Ya desesperado le dije que por el culo. Por ahí no había duda. Se negó llorando, que eso era condenación eterna, pero me embadurné el capullo de aceite, apunté y de un golpe seco de caderas se la clavé. Dió un grito terrible de dolor y se desmayó. Por mi parte, no sé si por el grito o porque al fin entró en algún sitio según se desmayaba ella de dolor, me corría yo. Fue impresionante. No se me bajaba dentro de su culo a pesar de la corrida y sentí necesidad de volver a empujar, primero lentamente porque el capullo estaba muy sensible y luego con fiereza. Ella se despertó y empezó a gemir, y no era de dolor. Eché la mano a su coño y estaba empapado. La saqué del culo y apunté al coño. La desvirgué en ese momento y deposite la semilla de lo que luego sería tu padre, Javier.
- Pero no tuvisteis más.
- No hubo mucho más. Solo quería culo. Ya estaba preñada. Yo empezaba por el culo y le volvía loca y acababa en el coño. Me las prometía muy felices hasta que el quinto mes de embarazo el tocólogo dijo que sin relaciones porque podría tener un parto prematuro. Le pregunté con toda la discreción posible si por el culo habría problema.
- ¿Que le dijiste?
- Si podrían explorarse otras opciones compatibles con un ayuntamiento marital, pero "in vaso impropio"
- ¡Que dices del vaso!
- Él lo entendió. Es latín. Que si podía echar el polvo por el culo.
Se le encendieron los ojos como carbones incandescentes y me echó de la consulta acusándome de degradar a mi mujer. Pero, pasaban las semanas y ella me lo pedía. Se envició de culo. Llegó un momento que la pillé metiéndose hortalizas, como calabacines y pepinos. Parecía poseída. Intentaba tranquilizarla y la sodomizaba a veces, se tranquilizaba y se dormía.
Al fin, parió a tu padre, bien. Y el tocólogo me llamó aparte. "Lo hizo a pesar de todo, degenerado. Ha estado sodomizando a su mujer. Al parir ha tenido un prolapso rectal. Ahora va al quirófano a que el cirujano intente arreglarlo. ¡Sinvergüenza!"
- ¿Que fue lo que le pasó a la abuela de este? Eso es algo del culo. Es que a mí a veces, cuando éste me mete el puño se me sale una cosa roja y yo me la meto para dentro.
- Eso es. Es como si el intestino se diese la vuelta como un calcetín. Bueno, eso, que la llevaron al quirófano la arreglaron, pero jamás pude volver a metersela. Le dejaron demasiado estrecha de culo. Y se encerró en su misma. Años. El médico dijo que depresión posparto, y a mí me pareció que era depresión de ojal.
Total, que hubo que contratar a una nodriza que criase a tu padre. Yo me apañaba con lo que podía, porque criadas no faltaban, ni mozos de campo complacientes con el amo. Con cinco años tu padre me pilló con una cocinera metida en carnes con un sexo jugoso y me dijo que él también quería. Le convencí de que eran cosas de mayores y a los once me descubrió en el pajar con el cabrero, que tenía un buen culo, vaya si lo tenía. Pero él muy zorro no me dijo nada.
Esa noche estaba yo leyendo un libro en la sala y el viendo unos dibujos. De reojo vi como se frotaba y amasaba la bragueta. Hice como que no me enteraba, pero el siguió con la provocación. Con el rabillo del ojo vi como empezó a quitarse el pantalón y como el bulto que tenía era respetable. La primera intención fue la de levantarme iracundo y abofetearle, pero me pudo la lujuria. No pude evitar empalmarme. De súbito se bajó el calzoncillo se plantó delante de mi vuelto de espaldas agachado separándose las cachas del culo: "Papá, ¿Que tengo yo de menos que el cabrero para que no me la metas en el culo a mí?"
Le contesté que era un muchacho aún pequeño y además hacerlo con un hijo estaba mal y se castigaba con la condenación eterna. Me contestó volviéndose de cara a mi agarrándome la polla, que tenía dura como hierro: "¿Y si está tan mal porqué tienes tú la polla tan preparada?" Y me dejó sin palabras. Inmediatamente se puso de rodillas y me hurgó la bragueta hasta hacer emerger el capullo que se metió de golpe en la boca sin más dilación. Iba a correrme y le retiré la cabeza. Me preguntó preocupado si no lo sabía hacer y le contesté que lo hacía demasiado bien: "Me enseñó el Gabriel, el mozo de cuadra y me dijo que lo hacía tan bien como una puta" pensé para mí que tendría que hablar con el tal Gabriel y en ese momento mirándome a los ojos me preguntó con la mayor de las inocencias, que resultan las más eróticas: "¿Me vas a follar ya?" Le dije que yo tenía una verga de adulto muy grande y que no le iba a entrar y lo que me contestó me dejó desarmado: "el Gabriel la tiene más o menos como tú y ya me la mete sin que me duela. Bueno, un poquito al principio, pero enseguida me viene el gusto" y mientras decía esto me desabrochaba el pantalón y echaba abajo el calzoncillo: "Siéntate en la silla y te cabalgó, así lo hago con Gabriel y es como más profundamente entra. Como más me gusta. Además estamos frente a frente y él me escupe en la boca. Si tú quieres y te gusta puedes hacerlo. A mí me pone muy caliente".
Aquello fue la gloria. No pude resistirme más. Ver los rictus de la cara de tu padre de entre placer y tortura mientras el orgasmo me ascendía desde lo más profundo de mí lujuria desatada fue como un opio insalvable. No sabía vivir sin sentir el cuerpo de mi hijo abrazando y mimando mi verga. Sentía sin saber cómo la semilla pujante y espesa ascendía por el caño ardiente y salía tumultuosa en lo más profundo del cuerpo de tu padre. No te creas que no tenía mis remordimientos. Para cuando estábamos en toda la efervescencia yo únicamente tenía sexo con mi hijo. No era capaz de resistir la tentación de tirarme de la cama abajo cuando la erección me despertaba y enfilar la alcoba de tu padre. Me metía en su cama desnudo y percibia su calor adolescente, me ahogaba saber que estaba cometiendo incesto con mi único hijo, pero la naturaleza que no entiende de moral, solo de instintos me guiaba la mano a su ano y enfilaba mi miembro. Le decía hijo mío y el se desperezaba, sentía mi verga dura y empujaba para que le encajase entera. Me susurraba entonces: "Me gusta como me lo  hace mi padre. Te quiero papá" y en ese momento, en el que era consciente, pero a nivel de inmoralidad de estar follando a mi hijo, me corría sin remedio. Finalmente nos engolfamos de tal forma mutuamente que perdimos todo sentido de la medida. Nos parecía que era algo habitual y por eso nos enganchabamos donde la excitación soliviantada nos alcanzase.
Y sucedió.
- ¡Qué! Abuelo, aterriza y sigue, que estamos en ascuas.

Jerónimo miraba al infinito con ojos liquidos y de forma automática se amasaba las bolsas haciendo que los testículos resbalasen el uno contra el otro dentro de su confinamiento. Quería contar a su nieto como sucedió. Como el padre de Javier desapareció durante unos años para volver a aparecer con una novia, la madre de Javier. Los recuerdos fueron amontonándose en su memoria y bajó finalmente a la realidad.

- Si. Verás, hijo, bueno, nieto. Decía. Por cierto Marta que pechos más bonitos te pusieron. ¿Que cirujano fue?
- Al grano Don Jerónimo que tiene a su nieto en vilo.
- Follábamos tu padre y yo en cualquier parte. Fue un domingo. El servicio salía por la tarde después de servir la comida. Quedábamos solos, tú abuela, tu padre y yo. Había ido con mi hijo a misa de doce a la colegiata. Luego, el cura nos acompañaba con el Santísimo hasta casa para dar la comunión a mi mujer. A mí, la verdad, ver a tu padre delante de mi con las manos juntas dirigiéndose a comulgar me disparaba el deseo. No sólo cometíamos pecado de incesto sino que con toda nuestra suciedad de conciencia cometíamos sacrilegio cada domingo y eso me ponía tan cachondo que necesitaba rápidamente dar por el culo a tu padre. Y yo sabía que él también lo necesitaba. Así qué llegamos a casa...
- Un momento, abuelo. Si teníais, sobre todo tú que eras el mayor, esa certidumbre de pecado, algo que no entiendo, tú no forzaste a mi padre, casi que te llevó al huerto él. Bueno, entonces ¿A que coño ibais a misa y encima comulgabais?
- Yo era un prócer del pueblo, además Juez de Paz. Tenía que dar ejemplo. ¿Que respeto me habría tenido la gente de no haber sido parte activa en las ceremonias litúrgicas? Tenía que hacerlo.
Estaba en que llegamos y el servicio había dejado la comida para tu abuela para dársela tras la comunión y nuestro almuerzo en el comedor. En cuanto se fue el cura tu padre y yo nos enzarzamos en otra de nuestras coreografías lúbricas, allí mismo en el comedor. Se conoce que la abuela tuvo un percance con la comida, no se, el caso es que tocó la campanilla para que fueramos a atenderla, pero en nuestra fiebre de lujuria ninguno de los dos la escuchó. Ella, después de años, se levantó sola y fue en nuestra busca. Nos encontró besándonos como dos faunos mientras yo se la tenía metida entera en el culo.
- ¡Madre mía que marronazo Javier! Tú abuela en medio del polvazo. ¿Y que pasó? Cuenta, cuenta.
- Te puedes imaginar. De pronto se le quitó la apatía y el dejarse ir la poseyó Hera, la mujer de Zeus en pleno ataque de celos. A mí me quería matar por follarme a su hijo, y al hijo se lo quería comer porque le arrebataba la polla que la sodomizaba.

- ¡Cabrón, hijo de quince putas! No podías follarme el culo ya nunca porque el cura te había convencido. ¡Nieto de mil putas! Y te follas a mi hijo sin querer encularme a mi. Y tú maricón, esposo de la lujuria que bien aprovechas MI polla, ¡que es mía, solo de mi culo! que te concebí desde el culo por error, ¡Quimera de la naturaleza! Te engendre desde el culo y te cagué por el coño. ¡Malditos seáis los dos! que la vida que me quitáis os depare una existencia sustentada en el culo.

- Y ahí acabó todo, se vació de rabia, indignación y vida. Volvió a su cama y no volvió a abrir la boca ni para maldecirnos ni para comer, beber o siquiera vomitar. Se apagó. Duró una semana. Tú padre fue a su cama le rogó, suplicó, lloró y se lamentó. No movió un milímetro su actitud. Se suicidó de quietud. Cuando expiró, tu padre estaba junto a ella y le oí gritar de dolor. Me acerqué y le consolé como pude, pero el único consuelo que quería era que le amase desde detrás. Le follé allí mismo, en el lecho de muerte de su madre y cuando me corrí me dijo muy serio: "Ha sido la ultima vez. Se acabó"
Al día siguiente fui a su alcoba para hacerle entrar en razón y ya no estaba.
Se fue. Creí que para siempre. Hasta que pasados cinco años apareció diciendo que tenía novia y que se casaba. Quise que entrara en razón y como respuesta fue en busca del cabrero. Me dijo: "Ya sé cuál es mi razón. Se lo que quiero y lo que me gusta. Y no voy a renunciar a lo que me gusta por lo que quiero. Normalmente es la misma cosa en el común, pero he comprendido que yo soy especial. Quiero casarme y tener estabilidad emocional y quiero que me follen, chupar y que me chupen que nada tiene que ver con lo otro"
Esas navidades me trajo a casa a tu madre, ya embarazada de tí. Esa misma Navidad se casaron sin pompa ni boato. Estábamos el cura, ellos y yo de padrino. De madrina la cocinera y por expreso deseo de tu padre fueron testigos Gabriel y el cabrero. Toda una declaración de intenciones.
Cuando naciste, esto me lo confesó él, lo primero que hizo fue confirmarte en tu sexo. Te lamió toda tu zona pudenda hasta ano y a fuerza de saliva y trabajo de lengua consiguió descapullarte. Él me dijo que tuviste un orgasmo, yo siempre pensé que fue un grito de dolor, aunque tú padre siempre mantuvo bien hibridados dolor y placer. ¿Porqué crees que tengo yo tanto piercing en los pezones? Se empeñó el día que le acompañé a hacerse su príncipe y acabé haciendome el mío. Aquel día hicimos rico al perforador.
- Yo quiero hacerme un Apadravya o un Ampallang. ¿Dolerá mucho? El príncipe lo tiene mucha gente ya. ¿Te dolió mucho tu príncipe?
- Te sangrará mucho y tarda mucho más en curar. Tú padre se los hizo: TODOS, Lorum, frenum, dydoe, giche, TODOS. Tú padre siempre fue excesivo.
- Mmmm, abuelo, me encantaría follarmelo. Podíamos follar los tres..., y bueno, Marta si tú quieres, también, no creo que a él le importase. ¿Donde está ahora?
- Mi última noticia, antes de que me ingresarán es que estaba de esclavo doméstico de un motero alemán, que según me han dicho en el ambiente es un salvaje con sus pupilos.
- ¿Tiene más de uno?
- Me dijeron que además de tu padre, que..., bueno ya os contaré luego, ya te he dicho que tú padre es muy excesivo. En fin, además de tu padre, tiene una pareja de gemelos idénticos, australianos pelirrojos de unos veinticinco y un viejo en las últimas que tiene para..., bueno, luego entraré en interioridades. Todo esto me lo contó una mujer muy salvaje que conocí en Munich que había estado en una fiesta temática del Club X de Dusseldorf y allí se enteró de todo. Porque lo de Klaus es de traca. Y tu padre es famoso en esos ambientes
- Venga, abuelo, cuenta, cuenta, no nos tengas en ascuas.
- ¡Es tan excitante y a la vez tan salvaje y asqueroso que os váis a correr de gusto!
- La tía ésta, Darita edita una revista bajo suscripción en la que no se respeta ni un tabú cultural y claro se conoce vida y milagros de cualquiera que haga por sexo barbaridades. Y claro Klaus es de esos bárbaros. Me enseñó fotos de su cuadra, la de Klaus. Tiene a cada uno en una jaula. Los gemelos una para ellos solos. Desnudos, en el sótano de su casa. No les falta el agua que a veces es el meao de Klaus, y la comida, bueno, cuando le da algo, que suelen ser sus desperdicios, pero antes de dárselo les esposa las manos a la espalda. Dijo que para Klaus son sus perros. Aunque él perro que tiene, un gran danés de ochenta kilos, color ceniza vive y duerme con él.
Cuando tú padre respondió a un aviso en el tablón de contactos de un sex-shop en el que un amo muy severo, Klaus,  necesitaba un esclavo, se encontró al llegar con que después de arrodillarse, humillarse y lamerle la suela de las botas, éste Klaus le preguntó que hasta donde llegaría por obedecerle y tu padre, según cuenta ésta Darita, por toda respuesta metió la cabeza en los hijares del gran danes y comenzó a chuparle la verga. El perro se excitó, se puso en pie y buscó el culo de tu padre que al darse cuenta se lo ofreció como si fuera una perra, a cuatro patas, el bicho lo montó y le echó un polvo en toda regla. A Klaus le encantó y le asignó para su esclavitud atender sexualmente a su perro. "A partir de este momento eres su perra, a cualquier hora y donde a él le apetezca. Con tu polla por otra parte, olvídate, llevarás castidad sondada y te ordeñarás tú mismo en mi presencia una vez al mes.
- Abuelo, si yo veo eso, empiezo a correrme de gusto y no paro.
- Dímelo a mi que tal como me lo contaba Darita me chorreaba la leche de la polla. Menos mal que la tía tuvo la gentileza de prestarme su culo para poder terminar de gozar de mi orgasmo.
Pero yo creo que ya está bien de hablar de mi hijo. Quiero probar el coño de Marta, si a ti no te importa, reina y quiero ver cómo se la clavas a mi nieto. Después ya variaremos y nos cambiaremos fluidos. Quiero ver cómo Javierito te come el culo después de haberme yo corrido dentro. Al fin y al cabo él ya está acostumbrado al sabor de mi lefa.
- Pero después abuelo tienes que seguir dándonos norte de mi padre. Me encantaría ver cómo se lo folla el perro. Le acercaría el rabo a la boca a ver cómo reaccionaba.
- Pues comiendotelo nieto, y más sabiendo quien eras.

martes, 6 de agosto de 2024

INCESTUOSO (II)

 

Aún conservaba el regusto amargo en la garganta y resonaba en su memoria la casi promesa de su abuelo y amo de que le cagarían en la boca. Un escalofrío le recorrió el cuerpo estando en su cama, horrorizado de la imagen que se le formaba en la cabeza, tumbado boca arriba, con una venda que le velara la vista, que añadiese incertidumbre a la amenaza de ser el albañal de quien quisiera que fuese e impidiese que en el ultimo segundo se arrepintiese y retirara la cara aún a riesgo de lastimarse con una de las patas de la silla sin asiento en la que se sentaba el que iba a aliviarse dentro de su boca. Imposible desconectar la potente imagen de un zurullo grueso y humeante entrando en contacto con su lengua mientras su semen salpicaba a distancia sin que nadie le hubiese tocado.
No sabía porqué tipo de vericuetos emocionales o psicológicos esa misma ensoñación a la que tanto temía y rechazaba le provocaba unas erecciones instantáneas y dolorosas como nunca había tenido, desde que con nueve años los gamberros aquellos le obligaron una y otra vez, durante tres años a chuparsela y tragarse la lefa.

¡Javier, joder!, ¿estás tonto? Están llamando a la puerta. Será tu putita, o sea tú Martita. A ver cómo se nos da.

Javier salió de golpe de su ensoñación. Mantenía la dolorosa erección y destilaba mucho precum. Se limpió como pudo con la sábana, se puso el pantalón a la carrera sin ropa interior y salió a la puerta. 
Efectivamente era Marta. Le ponía cachondisimo que su abuelo le llamase putita lo mismo que cuando le llamaba a él mariconcito, y no pudo evitar al abrir la puerta que se recrudeciese la erección que ya traía de la cama.
La miró como si fuera la primera vez con los ojos espantados porque sabía que tendría que descubrir la relación morbosa y deleitosa que tenía con su abuelo. Tenía la mano izquierda levantada de la que colgaba una llavecita. Sabía lo que eso significaba y se estremecía de lujuria pero lo que no sabía era cómo se tomaría Marta lo de su abuelo aunque a tenor de lo viciosa que era suspiraría por una buena tortura de pezón a cargo de un viejo mientras él la sodomizaba. Él sabía que la forma de dominarla en la cama, o en la tapia o en los váteres sucios de cualquier lugar consistía en hacerla sentir el dolor de un buen mordisco o un pellizco inmisericorde, se derretía al instante y ya era tuya. Podías pedirle lo que fuera que te lo entregaría en bandeja.

- Bueno, chavalín, me vas a dejar entrar o te morbosea ahora que follemos en el descansillo de la escalera.

Por si no estuviera ya suficientemente fuera de si, si no podía tener una erección mas intensa ahora Marta le salía con esa. Se imaginó en un segundo levantándole la falda a Marta en el descansillo mientras los vecinos subían o bajaban y todos hacían algo mientras él le comía el culo a Marta que se desesperaba porque quería que ese ímpetu lo desarrollará por la delantera. La volvió a repasar de arriba a abajo y pensó en lo que diría su abuelo cuando le viese los pezones pugnar por atravesar el delicado raso casi trasparente de la camisa.

- Claro, claro. Pasa. Con esos pezones como no iba a querer que entrases. Por cierto ¿has traído ropa interior o llevas puesto...?
- Lo llevo puesto. Se que te da morbo, luego me lo quitas mientras me porculizas para que yo pueda entrar en acción como sabes que me gusta.
- Otra cosa, Marta. Verás, a ver cómo te lo digo...
- ¿Quién es? tu novieta, verdad. Venga que pase.
- ¡Javier!

Marta tenía los ojos espantados. Sin abrir la boca interrogó muy enfadada a su novio. Echaba fuego por los ojos y los labios apretados. Levantó el puño con clara intención pero desistió y se dió media vuelta para irse. Javier la sujetó con firmeza por el brazo, ella dió un tirón pero no consiguió soltarse.

- Espera, por favor. Por favor, espera. Deja que te explique. Es mi abuelo. ¿No te dije que tenía un abuelo ingresado que estaba en las últimas? Pues no se murió. Se mejoró mucho, le han dado el alta y mi madre se lo ha traído. De su hijo hace siglos que no sabe nada, pero le da pena dejar solo a su suegro, fíjate. Antes de ingresarlo se había comprado una casa en medio del campo, pero claro había vendido la suya y no podía dejarle solo. Ven a conocerle. Es un poco borde pero tiene su gracia.
- ¡Joder con el viejo!
- Y hay más..., no se cómo decirlo...
- ¿Que me vas a decir, que te lo has follado, mariconazo?
- No. Pero él a mi si. Y lo hace muy bien.
- ¡¡CON TU ABUELO!!
- Si, con su abuelo, señorita. Y eso ha sido lo que me a salvado. ¿Verdad, Javier?
- No sé abuelo, yo solo te hice una mamada aquel día.
- Y a partir de...
- ¡Bueno, ya está bien! ¿Podemos pasar o es preferible que se enteren todos los vecinos?
- Perdona Marta. Venga, pasa, pasa, es que mi abuelo es como es.

Marta iba pasillo adelante detrás de Jerónimo escoltada por Javier, que a pesar de las circunstancias no pudo evitar meter la mano por detrás a su novia para alcanzar el regalo que tenía por delante. Ella en lugar de protestar caminó con las piernas un poco más abiertas para dar espacio a la mano de su novio.
Así estimulada por detrás Marta se fijó en la figura del viejo. A pesar de su hábito senil tenía un andar garboso moviendo las caderas de forma estimulante. Además el pantalón corto de pijama hecho de hilo de algodón permitía ver cómo el escroto bamboleante y descolgado se movía al ritmo de la marcha. Ellos sumado a la mano de Javier hizo que Marta casi si querer se desabrocharse la camisa ligera que llevaba y se pellizcaste los pezones arrancándole un gemido de placer. Jerónimo no fue ajeno, se detuvo entrando al salón y se dió la vuelta. Marta al verse así sorprendida lejos a achicarse recrudeció los pellizcos y de la forma más lujuriosa se contoneó delante de Jerónimo. No se lo pensó el abuelo de Javier. Con la rapidez y decisión impropia de un anciano se apoderó de los pezones de Marta y los retorció sin ninguna piedad, ella se quejó crispando la cara pero sacando pecho en lugar de encogerlo aceptando el castigo y pidiendo más. Jerónimo se envalentonó y acercó la boca a uno de los pezones para mordisquear lo mientras con la mano que dejó libre intentó acceder a su entrepierna. Pero estaba la mano de su nieto que le negaba el espacio.

- ¡Tú, perra! deja a tu amo que coja lo que es suyo.
- Esto es mío abuelo, y de nadie más.
- Eh, eh, ustedes dos, mi zona de recreo y cualquier otra zona de mi cuerpo es solo mía, ni tuya, zorrita de tu abuelo. ¡Seréis degenerados incestuosos!

Para cuando Marta insultaba sardónica a Javier y Jerónimo, éste ya tenía el pantalón de pijama en el suelo y la chaqueta había salido por su cabeza sin desabrochar siquiera, con la agilidad que lo haría un adolescente antes de tirarse al agua. 
Exhibía orgulloso una erección de juventud a la que solamente delataba la edad los huevos, enormes y colgantes. Los pectorales eran dos senos de lactancia vacíos pero disimulados por los piercings en unos pezones monstruosos. Marta no lo dudó un minuto y se lanzó a engullir la erección hasta donde pudiera sin asfixiarse. Cohibida una y otra vez la nausea para no dejar ir aquel regalo de la naturaleza. 
Javier al ver cómo Marta se tragaba el rabo del abuelo soltó la presa del sexo y empitonó por el culo a la chica que sin sacarse la polla de la boca gimió de placer. En ese momento fue cuando Jerónimo buscó con su mano el sexo de Marta para pellizcarle con rabia el clítoris y escucharla dolerse del castigo. Entonces sucedió. Se echó hacia atrás, empujó a la chica contra Javier dando con ellos en el suelo y se puso a vociferar con los ojos echando fuego de indignación.

- ¡Pandilla de maricones! ¿Esto que es. Creíais que me la podíais colar porque soy viejo? Hijos de puta. Tú, nieto estúpido, sabes que me da igual polla que coño, ¡Pero odio las mentiras, lo sabes, y has salido al mentiroso de tu padre! Me da igual que tengas novia, novio o perro y que se vista como le salga del culo, pero llevar castidad para que no se le vea el rabo, es el colmo.
- Abuelo, abuelo. Calmate, por favor. Marta es trans y no se quiere quitar el rabo porque lo que más morbo y placer le da es tener la jaula, pequeña además, puesta y que yo tenga la llave por si me apetece chuparsela o que me folle.
- ¡Venga! los tres al salón y en pelotas todo el mundo. No quiero más engaños. Y tú, imbécil, libera el rabo de tu novia o novio o lo que coño sea eso.

Javier se descolgó el cordón con la llave del candado y se acuclilló para liberar el sexo de su novia de la jaula que lo aprisionaba. El pene dentro de la jaula había pugnado por desembarazarse de su prisión sin conseguirlo únicamente dejarse las marcas de los barrotes bien marcadas en la piel por el efecto de la erección imposibilitada. Al liberar la jaula el pene pudo crecer en longitud quedándose enganchado únicamente por el tubo de sondaje de unos dos centímetros que se introducían por la uretra para imposibilitar aún más la remoción del castigo.
El abuelo tomó en su mano el sexo ya engrandecido de Marta y lo sopeso, se agachó y se lo metió en la boca. Marta de pronto dio un respingo hacia atrás sacando de la boca de Jerónimo su verga.

- ¿Lo has notado, no, perra?
- ¿Que has hecho? cabronazo.
- Tengo una lengua sabía. Te he metido la punta por tu boquete que ya está bien dilatado por el sondaje. Te ha sorprendido, pero, reconócelo, te ha gustado.
- Hazlo otra vez pero con más cuidado.
- Luego nos ponemos a ello. Ahora vamos a sentarnos con tranquilidad mientras echamos a volar la imaginación y nos calentamos como el diablo manda. A ver, tú, ¿Cual es tu nombre de verdad? nada de fantasías ni sainetes de opereta.
- Marta, abuelo, Marta. No hay otro. Marta es una tía.
- ¿Con polla? Os habéis vuelto locos.
- Si, con rabo. Con un rabo increíble además y unas tetas que le han puesto que flipas. Cuando Marta me folla y me dan sus tetas en la espalda me corro de gusto. Además por tener polla en origen sabe que siente un macho cuando le follan y lo hace como nadie. Es lo ideal, una novia que puede follarte y te la puedes follar. ¡Increíble!
- Por muchos años que viviera no lo llegaría a entender jamás. Supongo que como mi padre nunca entendió que faltando días para casarme con tu abuela ya preñada de tu padre, me encantase que el cabrero de la casa me la mamase cada vez que estaba cachondo y no lo ocultaba. A él  le gustaba y a mí más. 
Ahora comprendo de dónde te viene conociendo a tu padre.
- ¿A mí padre? Por cierto porqué dijiste antes que mi padre era un mentiroso y otra cosa que nunca me aclaró mi madre, ¿Porqué se fue, porqué me abandonó?
- Tu padre, tu padre... De no haber tenido polla habría sido una fuerza de la naturaleza. Pero no supo sujetarse. Inteligente, habilidoso, brillante y listo, pero la lujuria le pudo. Desde que era un púber. Pero era mi hijo y le cubrí. Verás.
Yo tengo o tenía, no se, quizá esté muerto ya aunque era mas joven que yo. Decía, tengo un hermano más pequeño, unos cinco años o así. Tú tío abuelo era un bohemio, siempre entre artistas, gente farandulera, borracho, adicto a la nieve y decía él un espíritu libre. Yo le decía que era un sinvergüenza con balcones a la calle. El se reía. El caso es que pasaba temporadas en casa, supongo ahora que cuando estaba tieso, pero no por eso él se amilanaba. Él actuaba como si le respaldase una cartera de títulos en la bolsa de Londres. Por supuesto, yo financiaba con la espectativa de una pronta devolución con intereses. Yo, ¿que decir? le tenía mucha ley, era el típico sinvergüenza gracioso, siempre riendo sin dar importancia a nada salvo a sus vicios.
Tú padre, la ultima vez que vino mi hermano, por cierto, Bernardo, que no lo había dicho, eso, tu padre tenía nueve años pero muy desarrollado para su edad, aparentaba doce o trece. Mi hermano Bernardo desde que llegó se hizo muy de tu padre. Iban a pescar, a poner lazos para los conejos y liga para los pajaritos. Pasaban mucho tiempo juntos y eso a mí me satisfacía, que tú padre tuviera con quién entretenerse. Tú abuela desde el parto con la depresión ni estaba ni se la esperaba, según el loquero que la visitaba.
- Me la estoy viendo venir abuelo.
- Eres listo como él. Fue en otoño. Bernardo vino a la casa del campo, si, donde el cabrero, a pasar la canícula y a bañarse en la alberca o el río. Tú padre pasó un verano de aventura y diversión. Cuando ya las tardes menguaban y la luz se tamizaba de ocres y nostalgia, me desperté de mi cabezada de después del café de la tarde y me extrañó no escuchar el alboroto de tío y sobrino. Todo estaba calmado como el claustro de un convento antes de vísperas. Me puse a buscar por las habitaciones y no encontraba nada. Nadie. Y me dió un vuelco el corazón. Mis devaneos con el cabrero eran en un sobrao del pajar donde se guardaba grano para ponerlo a salvo de las ratas. Me temí lo peor y a la par sentí un pellizco en la boca del estómago que me dejó sin respiración y me hizo estallar un calambre en el capullo. La misma sensación de cuando iba al encuentro del cabrero. La puerta estaba entreabierta y se escuchaban murmullos, pero no se veía nada. Entré con sigilo y me imaginé donde tendría que buscar. Subí con sumo cuidado la chapera que daba acceso al granero. Desde que tenía mis encuentros con el cabrero sabía que escalones crujían y cuales eran discretos. Me gustaba sorprenderle metiéndose el astil de cualquier azada por el culo mientras gemía de lujuria. En cuanto llegaba se lanzaba como una jauría de lobos a exprimirme el rabo de hasta la última gota de leche.
Llegué al borde del sobrao y los vi. Por poco no me caigo. Tú padre con su corta edad, le faltaban días para alcanzar los diez.

- Sueño con tu polla tío desde que te conocí a los seis. Desde entonces he ido metiéndome cosas en el culo para que me follases en cuanto yo pudiera convencerte.
- Tengo treinta, pequeño. Si me gusta el sexo y he hecho de todo con tías, tíos y hasta animales, en aquella orgia en Praga, pero nunca he tocado un crío.
- Yo no soy un crío, soy una perra que te va a comer el rabo para que me preñes el culo como a una puta.

- ¿Mi padre a los nueve hablaba así? ¡Joder! menos mal que se largó si no a estas alturas tendría el ojal como un vomitorio del Bernabéu, porque seguro que me folla cada vez que me cambia el pañal. ¿Y viste como tú hermano se lo follaba?
- Todo. Y no sólo eso. Me excitó tanto la escena de la sodomización de tu padre que pedía a gritos que le empalase con más fuerza que no pude evitar sacarme la polla y con poca estimulación correrme como nunca. Pero debí hacer ruido corriéndome que Bernardo se detuvo y aunque tú padre le instaba a seguir, él no pudo. Se levantó a toda prisa empezó a vestirse y yo aproveché para escabullirme.
Después de la cena en la que Bernardo y yo anduvimos muy serios y parcos en palabras, tu padre no hacía más que mirarnos a hurtadillas y reprimir la risa, como si él ya supiera el vendaval que arreciaba y le divirtiera. Después de la cena digo, le dije a mi hermano que pasase a mi despacho. Tú padre vino detrás muy festivo pero le fulminé con la mirada, me la sostuvo y no sé si sería mi imaginación o que fue real pero se llevó la mano al paquete y se marcó el bulto, pero se detuvo y cerré la puerta dejándole fuera.

- Siéntate Nardi.

Mi hermano de chico era un muñeco, bello como un nardo, de la belleza de mi madre. Y rompió entre la familia como Nardi, porque Nardo era demasiado grande para él.

- ¿Qué pasa Jero?
- Explicame lo del sobrao del pajar de hoy.
- No sé, Jerónimo ¿de que hablas?
- Si lo sabes. ¿Te entra entera en el ojal de tu sobrino? Hasta ahí no me alcanzaba la vista, pero por lo que decía el niño, quería más.
- Fue él Jerónimo. El puto niño ese que es como una ninfula. Desde que llegué me persigue, me pregunta que como de grande se me pone, que si le cabría entera en la boca, que a que sabe la leche. Jero, joder, tú niño es un pervertido. Y si, me pilló con una revista pajeándome en la huerta, tras el nogal grande que sembró el tatarabuelo. No me dejó ni pensármelo se lanzó como una hiena a la polla y se tragó todo lo que eché. Luego no ha dejado de perseguirme. ¡Joder Jero! si se me ha metido de noche en la cama a chupármela. Si, en cuanto te duermes, que roncas como un búfalo afónico se me cuela y que se la tengo que meter, que se la tengo que meter. Hasta que hoy lo ha conseguido.
- Y tú, ¿no has podido negarte, verdad?
- Es muy bueno Jero, de verdad, es un demonio. No se de dónde se ha sacado el que comer el culo da gusto. Pues si, da gusto, es muy placentero y el lo hace como nadie. Tiene una lengua sabía.
-¿Sentías como le entraba en el culo, verdad?
- Eres un puto salido. Siempre lo fuiste. ¿Que crees, que porque decías que era un juego en el que yo era un pirata y tu el oficial de SM, no me daba cuenta que tú tortura era la paja que me hacías y que luego te corrías tu restregándote contra mi polla? Tenías trece y yo siete para ocho. ¿Desde cuándo te aprovechabas de mi? A quien tenía que salir tu hijo. Anda, niégame que te corriste como una perra mientras nos mirabas. Y ahora lo que vas buscando es el morbo de que te cuente la cara que ponía mientras me lo follaba o lo estrecho que estaba.
- ¿Ponía cara de dolor, le hiciste daño? No escuché que le azotases el culo mientras la metías. Si, me puso muy salido y lamenté haber provocado el crujido que os alertó. Pero, dime, ¿te corriste dentro?
- Si, Jero, me corrí a pesar de tu imprudencia. Preñé a tu hijo y el me lo agradeció. Me dijo que no lo echaría para sentirse más guarra aún. Y que quería más cada día, a todas horas.
- ¿Tú crees...?
- Si lo creo. Seguro que lo está deseando. Hacérselo con los dos, uno por arriba y otro por abajo, para que sea un incesto bien completo, sería para él la culminación de su lujuria. Y para tí también, me juego el virgo.

- Y os lo follasteis los dos. ¡A mí padre! Su propio padre y su puto tío.
- Tienes cojones, Javier, de las cosas que habláis nieto y abuelo.
- Y que lo digas Marta. Y bueno ¿qué, os los follasteis? Joder, di algo.

Jerónimo dejó caer los hombros en señal de derrota. Efectivamente se lo habían follado y su hijo había sido un entusiasta compañero de sexo. Él quiso comentarlo con su hermano, pero a la mañana siguiente de haber tenido una orgía desenfrenada Bernardo se marchó. Jerónimo no pudo sustraerse a la tentación de su hijo y follaba con él cada vez que se le antojaba y su hijo siempre estaba dispuesto. A veces la madre del niño llamaba desde su lecho de postración para saber que hacían o donde estaba. Incluso en alguna ocasión Jerónimo acudió al reclamo de su mujer en albornoz con un priapismo inasequible para comprobar únicamente que solo quería saber que no estaba sola. Quiso acceder a su sexo pero ella comenzó a llorar una vez más: 
"Solo quieres preñarme otra vez para sumirme en la peor desesperación. Te estás haciendo otra paja, mira como estás tú, eres un degenerado" 
Jerónimo se iba de la alcoba buscando el sexo de su hijo que le esperaba ansioso de par en par para recibir su semilla necesariamente estéril en su cuerpo de adolescente varón.

- Si, Javier, me lo follé aquella vez con mi hermano y seguimos y seguimos. Cuando tú padre tenía dieciséis años, no solo me lo follaba yo. Había un gañan joven en la propiedad que le caló de inmediato. El se lo follaba cuando yo no podía o no tenía ganas. Tú padre era insaciable a esa edad.
Y si. Creo que yo fui el responsable de la muerte de tu abuela. Nunca debí acceder a hacer un trío en mi despacho, tan cerca de la alcoba de tu abuela.

- ¿Cómo se llamaba mi abuela?
- María Galatea. Aunque ella prefería que le llamasen como a la Nereida, Galatea a secas. A tu madre, aunque se llame Gloria, tu padre siempre le dijo, mi Galatea. Le recordaba a su madre.


 

sábado, 20 de julio de 2024

INCESTUOSO (I)


- ¿Que tal la guardia?
- Psst, ya sabes, una guardia. Un coñazo, la gente ha perdido el sentido del bienestar, como si la vida tuviera que ser un páramo sin dolor, como si la existencia no fuese un bello bosque en el que vivir es una excitante sucesión de colores, olores, sonidos y rasguños que duelen pero te comunican que vivir es tener alegría por resistir por muy doloroso que sea el avance por el bosque.
- ¡Caramba, Javier, hijo! que filosófico vienes tú de la guardia.
- Va, mamá. Me voy a echar un rato. He quedado con Marta luego para tomar algo.
- ¡Ah! por cierto, mañana le dan el alta a tu abuelo. Está mucho mejor. Me ha dicho el médico que tú visita le hizo mucho bien. Va a quedarse con nosotros una temporada, mientras terminan de acondicionarle su casa nueva. Que tambien vaya capricho, en medio del campo. El vecino más cercano a dos kilómetros, yo no sé...
- Mamá, el abuelo es raro, tú lo sabes. Bueno me voy a echar. Si llama Marta me despiertas.

Echado sobre la cama quiso cerrar los ojos para dormir algo, pero la imagen del abuelo apretándole los huevos, provocándole un dolor que le excitaba cada vez más solo conseguía acelerarle el corazón y que el capullo le doliera de tanta congestión. Se tuvo que sacar el calzoncillo y destaparse porque sabía que cualquier roce, por leve que fuera iba a provocar la catarata desbocada de leche. Y ahora le iba a tener en casa. No sabía hasta que punto Marta lo comprendería y aceptaría. Ya no era solo su abuelo del alma, era su mentor en sexo, lo que había aprendido sobre el placer total había beneficiado a Marta que disfrutaba de su aprendizaje.

- ¡Abuelo, te veo mucho mejor!
- No me extraña, la leche que me sacaste con la boca la semana pasada me estaba matando. Se me estaba pudriendo dentro, y tengo más, estaba soñando con que vinieras a verme. ¿Que tal te ha ido la semana? Quedamos que ibas a contarme en detalle cómo te partió el virgo tu profe de gimnasia. Matías ¿verdad? que cabrito, con la parienta a punto de parir y buscando culitos para estrenar. Pero bueno, acércate un poco, hoy estoy más libre, sin gotero ni nada, que el matasanos me ha dicho que no se lo explica, pero que he mejorado muchísimo. Y claro yo tampoco sé lo voy a explicar. Acércate, así. Mmm, que buena la tienes. Estoy deseando salir de aquí para montarnos un sesenta y nueve. Pues venga, cuenta como fue.

- Llegó el lunes siguiente y allí estaba yo, como un clavo, a la puerta del pabellón. A los pocos minutos apareció Matías, como nervioso le noté y la misma operación del día anterior. Una figura espléndida, abuelo, para perder la chaveta, yo creo que con la lycra encima mejor que desnudo. Se le insinuaba el rabo descapullado, muy tieso y grande que si hubiera querido se habría salido por la pernera. Me quedé extasiado mirando. Me quité yo mi chándal y fui a la cuerda, levanté los brazos para agarrarme cuando Matías me tomase por la cintura y me aupase. Me puso una mano en el culo y otra delante justo donde tenía mi polla a reventar de excitación, imposible que no se diera cuenta, sentí la presión de su mano pero sin el impulso para saltar. Así durante unos segundos interminables hasta que me soltó, se acuclilló delante de mi y puso sus manos en mis costados: "Mira Javier, esto es absurdo. Luchar contra la naturaleza es una batalla perdida antes de empezarla. Tú estás deseándolo y yo lo deseo desde que te vi el primer día de clase" y se me abrazó poniéndome su cara contra mi pecho. Yo le rodeé el cuello con mis brazos.
Permanecimos en esa posición una eternidad de dulzura y pasión. Ahí fue donde yo deseé besarle en la boca por primera vez. Desear besar a alguien, solo ese impulso ya remunera. Debió ser mutuo porque al tiempo levantó la cara y rozó sus labios con los míos y yo de forma espontánea, sin saber que se hacía así a las primeras de cambio, abrí la boca. Las lenguas se encontraron y me derretí, como un polo de limón en la playa un día de julio.
- Tu primer beso. Vaya. El mío fue con un trabajador de la finca de mi padre. Yo tenía unos doce años y sorprendí pajeandose a un bracero que yo calculé que tendría como cuarenta años, dada mi edad podría haber tenido veinticinco. A mí me pareció muy mayor. En vez de cortarse se expuso aún más y me reclamó para que me acercara. Me excitó muchísimo. Con miedo pero me acerqué. Me cogió la mano y me la llevó a su miembro. Me volvió loco su calor, su dureza elástica y su tamaño. Él me animó a que lo sacudiera y en un momento me tomó por el cuello y se acercó a mi boca. Me llegó la lengua a los talones y sentí como empezaba a echar leche con fuerza y en ese momento no sé que me pasó pero me desfallecí y el me soltó. Cuando recobré el conocimiento no estaba y yo sin embargo me había meado encima. Eso pensé yo. Fue mi primera eyaculación y ya fue abundante, porque me empapó hasta el pantalón. Pero bueno. Tú. Lo tuyo, que pasó después de aquella epifanía.
- Con él acuclillado ante mi, abrazándome y con la cabeza apoyada en mi pecho le acaricié la cabeza y me pareció que lloraba aunque no lo sabría decir con seguridad. Cuando alzó la cabeza para mirarme, se levantó él también y me echó el brazo por el hombro después de revolverme el pelo en un gesto de cariño "Estás hecho ya todo un hombre" me halagó, la verdad. Nunca tuve en mi vida un hombre cerca en quién fijarme. Cómo tu hijo nos abandonó cuando yo era pequeño no tengo memoria, así que cuando Matías me despeinó cariñosamente con la mano me sentí cerca de él.
- No me hables de mi hijo. No tengo puta idea de donde estará. Siempre me dió pena de tu madre, de cómo la engañó, pero eso da ya para otra conversación. Ahora a lo tuyo, venga, ¿Como te taladró el ojal ese tal Matías?
- Me dejé llevar. Sentía el calor de su brazo y luego, cuando me cogió por la nuca con su manaza me estremecí de emoción. Me encontraba muy a gusto con él y lo que me pidiese que hiciera, lo haría. Estaba deseando poder comerle la polla y tragarme su leche. Con su mano calentándome la nuca me iba guiando hasta que llegamos a la escalera que subía a la zona de oficinas. Siempre pensé que iríamos a vestuarios, pero no, subimos y entramos en la sala de masaje. "Javier, desnudate y súbete a la camilla de rodillas con los codos apoyados y la cabeza baja, quiero verte por detrás" Ya está, me lo va a hacer, me la va a meter por el culo. Que no me duela mucho, dios, que no me duela. Así pensaba mientras esperaba la arremetida. Tenía los ojos cerrados esperando lo peor. Y sucedió.
- Te la clavó el muy salvaje a lo bestia, sin prepararte.
- No. Verás. Sentí un golpe fuerte en el culo, sin dolor, y eso me despistó, pero enseguida supe que pasaba, porque sentía placer en el ano, ¡me estaba chupando el ano! y era muy placentero. Pero enseguida recordé que había cagado justo antes de llegar allí y me había limpiado a la carrera y sin toallitas húmedas. Y me agobié.
- Imagino la emoción de ese Matías cuando olió y saboreó tu culo sucio. Estoy convencido que casi se habría corrido de gusto. No hay nada como el culo sucio de un twink.
- Yo me volví temeroso de que al comprobar que estaba sucio se echase para atrás y no quisiese seguir follando, tenía hecho el corazón a que me la iba a meter y me iba a doler, y lo aceptaba. Él me dijo cabreado "¿Que haces? vuelve a darme el culo que te lo coma. Es el mejor culo de alumno que me he comido", pero es que acabo de cagar, y me contestó con tono de rabia: "ojalá me hubieses cagado en la boca, y ahora, déjame que disfrute, luego disfrutarás tú cuando te la clave"
- ¿Y te volviste?
- Si, claro. De repente encontré un placer extraño en saber que Matías se estaba comiendo mi culo sucio.
- Acababas de derribar el tabú del culo.
- No solo eso, abuelo. Después de comerme a fondo, que yo sentía como metía la lengua dentro con el ano ya bien dilatado, por lo menos por fuera y gozaba pensando en cómo sería que me metiese la polla. Pues bien, cuando se hartó de trabajarme por ahí se levantó y me hizo darme la vuelta para que le chupase. Me la metía con fuerza, hasta dentro, pero yo ya sabía cómo era eso. Empezaron las nauseas pero estaba acostumbrado a reprimirlas y empezó a salir la baba lubricante. Me dijo: "Ahora sí" recogió bastantes babas y me lubricó bien el culo y él se la dió en su verga y me apuntó con el capullo.
- ¿Que fue, un golpe de cadera salvaje para destrozarte o se lo hizo con cuidado?
- Sentí como apoyaba el capullo y la presión sin dolor hasta un punto en que algo duro le costaba más entrar. El capullo es más blandito pero el fuste de la polla es bronce. Ahí empezó el dolor, pero él me hizo volver la cabeza y me besó metiendo lengua a tope. Le sabía la boca a culo, a mí culo y eso me excitó tanto que fui yo el que apretó a pesar del dolor. Dolía bastante pero era más la necesidad de que me entrase entera. El dolor a los pocos minutos cedió y pensé que no había podido ser, la tenía muy grande y yo era virgen, y él había desistido. Eché la mano atrás a ver cómo se me había quedado el culo, si había sangre o qué y me sorprendí tanto que le dije que me follase más duro. Cuando me toqué el culo lo que toqué fueron los huevos de Matías, la tenía entera dentro. Moví un poco las caderas a ver qué se sentía y empecé a correrme. 
Matías al darse cuenta inició una carrera sin control bombeandome el culo con fuerza, hasta que en nada de tiempo dio un ultimo golpe de cadera que me llegó hasta el alma, un impasse más largo, otro golpe y otro y otro emitiendo un gemido casi y sin casi, animal hasta que cayó sobre mi espalda y me dijo jadeante: "¡que gustazo! te he preñado" tenía toda su leche dentro, y abuelo, nunca me había sentido más satisfecho sabiendo que se me había corrido dentro.
- Uy, uy, chico. Eso tenía toda la pinta de una relación estable. Supongo que no sería la ultima vez.
- Que va. Estuvimos liados hasta que salí del instituto. Su mujer tuvo el niño de cesárea, el niño tuvo algún problema y ella quedó muy débil y se fue a pasar una temporada a casa de su madre. Te puedes imaginar, follábamos a todas horas. Fue una temporada increíble. Yo me llegaba a correr dos y tres veces seguidas. Sobre todo cuando un día me dijo que tenía la responsabilidad de ahormarme el ojete porque había por ahí pollas enormes que tendría que encontrar y quería que disfrutase de ellas. Y me enseñó una especie de suplemento de silicona que se ponía en el rabo y le hacía el doble de gordo. Aquel día volví a sentir el dolor de la primera vez y me excitó tanto que me corrí sin tocarme. Cuando me dejó de doler, Matías follaba con furia y yo sabía el tamaño de ano que me quedaba y con el semen de la primera corrida me froté el capullo y volví a correrme. La tercera fue cuando Matías me metió un vibrador de próstata después de correrse él para darme más gusto a mi. Esa tercera me corrí entre placer y calambres en el capullo. Me encantó. El cacharro de la próstata me lo regaló. Me lo ponía a veces para ir a clase, por morbo. Como ahora que lo llevo puesto.
- Joder, Javier, me he puesto cachondo perdido. Acércate que te toque el culo y compruebe lo de ese estimulador. ¿No te irás a marchar sin sacarme la leche? Sabes que eso me mejora mucho. Y a ti, seguro que te alimenta.
- ¡Buenas Don Jerónimo! Y usted...
- Soy Javier, su nieto. Vengo a verle de vez en cuando.
- Su abuelo a mejorado milagrosamente.
- No tan milagrosamente doctor. Desde que viene mi nieto a verme, que parece que me saca lo que me envenena, he remontando.
- Por lo que sea, ya se verá. El caso es que está usted ya prácticamente recuperado y podremos darle el alta muy pronto. En cuanto vea las ultimas analíticas y los TAC. Ahora les dejo con su conversa. 
- ¿Lo ves, Javier? Sácame ya la leche como tú sabes para poder salir de aquí lo antes posible.

Javier se fijó en el bulto que hacía la sabana sobre la entrepierna de su abuelo y sintió ya la nausea tan gratificante anticipando el choque del anillo del capullo contra la garganta. Entrecerró los ojos y sonrió levemente entregándose al deseo libidinoso del incesto.
Salió de la habitación del hospital relamiendo aún alguna gota de la saliva que Jerónimo le había escupido en la boca cuando, tras correrse le ordenó que le enseñase el producto en la boca.

- Hoy no quiero que te lo tragues aún, quiero ver cómo lo atesoras en tu boca y lo tragas junto a mi saliva que yo te escupa para que sepas que es humillación.
- Creo que me correré de gustó abuelo.
- Ni se te ocurra. Tú te correrás cuando yo te lo diga. Eres mío y me obedecerás o sabrás que es un castigo.

En el ascensor, camino de la calle, no pudo evitar tener que acomodarse la impaciente erección que reclamaba su alivio. La médica de mediana edad, que bajaba con él, a la que no se le pasó la escena miró alternativamente a su bulto y a su cara y supo que tenía una oportunidad. Él, muy cortado miró como los números de las plantas se sucedían mientras la mujer se le iba acercando. Deseaba que la erección cesase y que llegase la planta baja, pero el ascensor era desesperadamente lento.

- ¿Vienes de ver a alguien, o eres estudiante de la escuela?
- No, no. Mi abuelo está ingresado y..., y..., he venido a verle.
- ¿Y tu abuelo te pone así?

Javier sintió el roce de la mano de la medica en su paquete y justo en ese momento el ascensor se detuvo y la voz impersonal de la maquina cantó "planta baja". Javier vio el cielo abierto y sin responder ni volver la cabeza salió del ascensor casi a la carrera.

- Ya tenemos a tu abuelo aquí. Vino está mañana. Le he puesto en tu antigua habitación de cuando eras pequeño. Vete a saludarle. Comeréis juntos, tengo que ir a trabajar. Os he dejado lasaña en el horno. Bueno, estate pendiente de él.
- Descuida mamá, pasaremos la tarde juntos. Y luego vendrá Marta.

No sabía cómo Marta se iba a tomar lo de su abuelo. Marta era muy sensual, le gustaba mucho el flirteo y las miradas equivocas, los meneos de cadera incitantes y las palabras de doble sentido. Pareciera que quisiera follar con todo el que se cruzase en su camino y de hecho era de las cosas que más excitaban a Javier, que follase con todo aquel que se le antojara mientras él desacaradamente de masturbaría delante de ellos. Pero cuando se enterase que se alimentaba de la leche de su abuelo quizá se incomodase..., o pudiera ser que soñase con tener la polla anillada de un carcamal dentro de su cuerpo mientras pugnaba por arrancarle los pezones retorciendo los piercings. Marta era la que le había hecho tomar conciencia a Javier de que tenía pezones. Los de Marta eran gruesos como cerezas y sabía disfrutarlos, los suyos eran cónicos y aún pequeños para poder hacerlos protagonistas de un encuentro sexual. Marta sabía cómo pellizcarlos para llevar su sexo a otro nivel. Después de todo, cuando viese el soberbio Príncipe del abuelo quizá se le antojase que él tuviese uno. Desde que vio el de su abuelo pensó en hacerse uno, aunque solo imaginar que le perforaban el capullo le producía escalofríos. Aunque estaba seguro que si Marta se lo pedía él se entregaría al dolor esperando la remuneración del placer.

- Hola abuelo. ¿Ya estás instalado?
- ¡Perra! ¿Así es como te diriges a tu amo? ¡Agáchate ahora mismo y hunde tu puta lengua en mi ano, dame placer, zorra!

La bofetada que dió a su nieto reverberó en toda la casa. La nuera de Jerónimo ya se había ido y Javier cayó de rodillas ardiendole la mejilla y temblando de lujuria. La erección que tuvo fue explosiva, pero el abuelo no le permitió desnudarse. Mientras estaba arrodillado con la vista humillada Jerónimo se desnudo y abrió las piernas sobre su cabeza. Javier levantó la cara y lo que vio, le hizo estremecer. Se había hecho una idea de cómo era el ano de su abuelo al palparselo en el hospital pero verlo ahora le encogió el corazón. Era una boca de labios anchos llenos de arrugas dentro de la que sin dificultad cabría la cara entera. Colgaban los huevos de una forma escandalosa y la verga fláccida con el anillo acompañaba a las bolsas. Con suavidad, casi reverencia acarició el sexo de su abuelo y se acercó con la boca abierta a su ano. Fue un descubrimiento. Se enganchó a la succión, mordisqueando los márgenes escuchando los quejidos de placer del abuelo. Jerónimo empujó su sexo a hacía la boca de su nieto para que se dedicase a toda la zona. Cuando se metió el capullo ornado en la boca sintió como se iba endureciendo. Cuando creyó que ya se iba a correr, de pronto se retiró lo que sorprendió a Javier.

- Venga, mi mariconcito, dame el culo, te voy a follar.
- Pero, abuelo ¿Te vas a quitar el piercing?
- La gracia está en follarte con él. Te voy a destrozar, para que sepas lo que es que te folle un macho.

Javier a toda prisa se deshizo del pantalón, que no llevaba ropa interior y de un salto se colocó en la cama como Matías le dijo la primera vez esperando la arremetida del abuelo. No sabía porqué, pero se sentía plenamente feliz. Deseaba que su abuelo entrase con todo dentro de él. Se sentía cosa en manos del dueño y eso le transportaba.
Cuando el abuelo sintió estar a punto del éxtasis sacó el miembro tumbando de espaldas a Javier le exigió la boca. El chico miró horrorizado el capullo adornado del anillo envuelto en su propia mierda.

- Abre la boca y traga, perra.
- Pero, pero abuelo está toda la polla llena de mierda.
- Así es, mierda de un guarro que viene a satisfacer al amo sin haberse lavado bien. La hostia que te voy a dar va a ser chica si no abres la boca ¡YA! que estoy a punto de correrme.

Jerónimo levantó la mano amenazante y Javier cerró los ojos y abrió temeroso la boca. El sabor le sorprendió. Era como el del beso de Matías pero muy intenso, seguía siendo su propio culo, pero muy amargo. Creyó que vomitaría pero la nausea no llegaba y de pronto la boca se le inundó de la leche de su abuelo que mitigó el amargor y cambió la amargura de ser así violentado por la dulzura del placer de saber que tenía la boca llena de mierda y leche de su abuelo que había sabido sacar de él al Javier más vicioso que ni sabía que llevaba dentro. Cuando acabó de tragarlo todo, Jerónimo sacó su verga fláccida y Javier pudo comprobar que quedaban restos marrones atrapados en el anillo y el reborde del capullo y sin pensarlo volvió a atrapar en su boca la verga del abuelo para con su propia lengua limpiar hasta lo más pequeño que pudiera manchar. Cuando acabó el abuelo le tomó los huevos y los apretó en su puño y con ese estímulo tan doloroso surgió su fuente de semen. Cuando acabó de correrse entre espasmos de placer, el abuelo le miró sonriente.

- Tengo unos buenos amigos que disfrutarían cagando en la boca a un vicioso como tú.


domingo, 14 de julio de 2024

INCESTUOSO

 

- Debes ir a ver a tu abuelo.
- Se está muriendo, mamá. ¿Que coño pinto yo allí? Ni me reconocerá.
- Siempre te quiso mucho. Cuando eras un bebé nada más, se quedaba contigo, cuando yo me tenía que ir a trabajar. Luego ya de más mayorcito te llevaba a la playa, y se bañaba contigo. Y eso que ya era mayor, pero tú te divertías mucho con él. ¡Cuantas veces fue a recogerte al gimnasio donde dabas clases de yudo y al salir te invitaba siempre a lo que tú querías.
- ¡Mamá! Yo no tengo ganas de ir ahora al hospital a ver a un moribundo.
- Ten más respeto, es tu abuelo. Acuérdate cuando te defendió de aquellos gamberros y a él le costó quince puntos en la cabeza, y tenía setenta años.
- Y yo nueve. Ya me acuerdo. Menudo palo le metieron en la cabeza y menos mal que llegó más gente que metió baza, porque vino una policía local y dijo que eran cosas de chiquillos que no tenía más importancia, pero el abuelo sangraba como un cochino y los chicos aquellos salieron a escape.

Javier se acordaba perfectamente del incidente. Eran los mayores de trece o catorce años. No se explicaba porqué querían pegarle si él nunca se había negado a chuparles el rabo, incluso tragándose la leche, que al principio le daba asco. Cuando se los encontraron en el parque al primer ¡Maricón! que le insultaron, el abuelo Jerónimo de una bofetada rápida tumbó al primero, pero eran jóvenes, fuertes y rápidos y uno de ellos con un palo que llevaba le abrió la cabeza. 
Javier no entendía el porqué de tanta  agresividad. Se la chupaba detrás de los setos del campo de voley casi a diario, tanto, que ya no hacía ni falta que le llevasen de la oreja como las primeras veces, iba él y se ponía de rodillas a esperar que llegasen, y eso le excitaba, se acordaba perfectamente, pero le avergonzaba que le gustase la espera. Todos, los cinco se le corrían en la boca y a veces le daban cachetadas mientras chupaba. A Javier, no sabía porqué eso también le excitaba. Una de las veces el Rodri se la metió tan dentro que empezó a vomitar babas y a la vez un calambre le estalló en la punta de su polla con tal placer que él mismo quiso que el rabo del Rodri volviese a provocarle esa nausea. "Esa baba que echa el niño es muy buena para no despellejarte el capullo cuando follas culo" el Dani siempre lo decía mientras le follaba la boca, que un día habría que probar el culo del maricón y Javier no entendía a que podría referirse. Por la boca la polla entraba bien, pero por el culo ¿Cómo? por ahí no podía entrar nada. Salir si, que menudos zurullos le salían todos los días, pero dudaba que pudiera entrar nada, pero le intrigaba.

- Está bien mamá, iré esta tarde a ver al abuelo Jerónimo.

El abuelo Jerónimo, cuando después de los puntos en la cabeza una vez recuperado el sentido de los acontecimientos y en la sala de espera aguardando que viniera la madre de Javier a recogerlos preguntó a su nieto.

- Y bueno, Javier, hijo, ¿Porqué esos gamberros te han llamado maricón, así, sin ton ni son, es que les has dado motivos o es que te han tomado manía?

Javier hundió la barbilla en el pecho y empezó a llorar. El abuelo le abrazó inmediatamente y le consoló.

- Ea, ya está, se acabó de eso no se vuelve a hablar. Va a ser un secreto entre tú y yo. Cuando venga tu madre solo va a ser que esos chicos quisieron meterse contigo, que ni les conoces, yo te defendí y el palo. Nada más. Ven conmigo, vamos a esperar a tu madre fuera, nadie tiene porqué enterarse de nada que hay ahí una mujer que tiene la oreja puesta y no me da la gana.

Caía ya la tarde, el ambiente estaba algo cargado pero la temperatura daba cuartelillo. Empezaron a pasear lentamente, arriba y abajo por la acera.

- Me va a dar igual si lo eres o no. Me va a dar igual lo que te hayan pillado haciendo esos salvajes o no, y me va a dar igual si te encantaba hacerles lo que fuera o lo que te hicieran. Si haciéndolo has disfrutado, enhorabuena, pero si ha sido una tortura para tí lo que te han hecho u obligado a hacer, se las van a tener que ver conmigo y ésta vez me van a pillar preparado.
- Abuelo, y dicen que me van a meter la picha en el culo, ¿A qué eso es imposible? en la boca vale, cabe bien, aunque si llega muy profundo da arcadas y luego eso que les sale al final, aunque ya me he acostumbrado, pero por detrás.. , además tiene que doler muchísimo. ¿A mí también me va a salir eso? Eh abuelo. ¿A tí te sale?
- Si, Javier si, me sale, y doler por detrás, duele, mucho. Muchísimo.

En una habitación acogedoramente impersonal, Jerónimo permanecía medio sedado entre sábanas impolutas con la sinfonía de fondo de los aparatos que medio bien le mantenían, si no vivo, vigilado.

- Está inconsciente, ¿No?
- No hijo. ¿Quien es, tu abuelo?

Javier estaba impresionado. Allí estaba su abuelo Jerónimo, en la cama ortopédica de hospital, inmovil, nariz afilada, boca entreabierta, respirar trabajoso y ojos hundidos en sus cuencas y cerrados. La impresión era de ser un cadáver a no ser por el rítmico movimiento del tórax subiendo y bajando de forma casi imperceptible. A duras penas Javier reconocía en aquella momia al abuelo que durante los veranos le cogía en brazos arropado por una toalla cuando salía del agua, fuera piscina o el mar. La sensación de confort y seguridad que le daba. Aún con cinco años mamar de sus enormes pezones a pesar de no sacar absolutamente nada. Su madre hacía meses que le había negado la teta "eres ya muy mayor, Javi, ¿no te da vergüenza buscarme la teta? Y cuando el abuelo Jerónimo le acurrucaba en su regazo estando de bañador no le negaba el pezón al que previamente habia quitado el piercing. Chupaba y chupaba hasta quedarse dormido, y en sueños, a veces, mordía el botón carnoso y el abuelo lejos de alejarlo, apretaba los dientes de dolor y acercaba aún más al niño a su pecho. Se preguntó Javier si seguiría teniendo los pezones tan desarrollados y si por estar en el hospital le habrían quitado los anillos.

- Abuelo. Usted cree que me oye.
- Seguro que si. Lo que ocurre es que está muy débil y no tiene fuerzas casi para nada. Pero acércate y cogele la mano, verás como te la aprieta. Yo me tengo que ir, voy a seguir mi ronda. Tú quédate con él, seguro que se alegra.

Nada más salir la enfermera el monótono pitido del electrocardiograma se aceleró un poco. Javier se acercó a la cama de su abuelo casi de forma reverencial, temiendo importunarle o hacer algo fuera de lugar. Cuando estuvo al borde de la cama el pitido del monitor se volvió a acelerar. Javier le tomó la mano como le había indicado la enfermera y Jerónimo respondió apretándosela. Pasaron unos momentos en los que Javier no sabía que hacer, si desembarazarse del apretón o apretar a su vez él. Y en esas estaba cuando su abuelo abrió un ojo y susurró algo.

- ¿Que dices, abuelo?
- ¡Que si estamos solos!
- Si, si. Nos ha dejado la enfermera solos.
- A ver. Deja que te vea bien. ¡Joder que guapo estás, y que cuerpazo tienes! En pelotas tienes que estar de revista.
- Abuelo. Me ha dicho mi madre que estás en las últimas.
- Con la edad que tengo no sería de extrañar. Me hago el medio muerto para que me dejen en paz, pero no te creas. Una prueba de que no estoy mal es que aún empalmo por las mañanas.
- ¿Te han quitado los piercings de los pezones?

Jerónimo no respondió se quedó mirando fijamente a su nieto y esbozó una sonrisa malévola, luego se quitó la sabana que le cubría y dejó al descubierto todo su cuerpo. Efectivamente en cada pezón, aún más grandes de los que recordaba Javier había dos; una barra que perforaba la base del pezón y un anillo que lo hacía justo en la punta. Eran de acero negro, salvo el del pezón izquierdo el anillo que era de oro. Eran gruesos y eso llamaba la atención al punto de apetecer tocarlos.

- ¿Te acuerdas cuando salías de la piscina y me los mamabas..., y mordías que a veces se me saltaban las lagrimas.
- Aún recuerdo la sensación tan placentera de tener ese trozo de carne en la boca, duro pero elástico y la emoción que me provocaba morderlo. Recuerdo eso como la cosa más gratificante que he tenido hasta ahora en la vida.
- Lo que tú no sabes es que cuando me mordías tan fuerte yo me corría de gusto por el dolor. Te apretaba contra mi pecho para que no dejases de morder y que el orgasmo fuera prolongado.
- O sea, que me llevabas a bañar para que yo..., ¡joder! que pedazo de degenerado estabas hecho.
- Estaba, no, estoy hecho. ¿Puedes hacerme un favor, Javier?
- Claro, claro.
- Yo con el gotero no puedo. ¿Quieres hacer el favor de quitarme el calzoncillo? Está conversación contigo debo tenerla completamente desnudo. No te sorprendas, solo rememorar lo que hemos hablado me ha puesto mi pobre rabo de piedra.

Javier, como si la sabana diera calambre, con mucho cuidado la retiró del cuerpo del abuelo. Tenía el bajo vientre delgado pero ajado por la edad. El calzoncillo de algodón le quedaba algo grande. El tiempo en el hospital y la mala comida le habría hecho adelgazar, pero el bulto era bien evidente. Sin querer tocar a su abuelo más de lo necesario Javier tiró hacia abajo de la cinturilla elástica y saltó hacia adelante un soberbio pene, operado, capullo orgulloso y grande, según le pareció a Javier, para lo que él estaba acostumbrado. Tendría unos dieciocho centímetros y grueso. Destilaba líquido trasparente por un considerablemente grande agujero del que salía una anilla brillante y gruesa y entraba desde la parte izquierda del frenillo. A Javier la estampa le hipnotizó, no podía quitar la vista de semejante verga anillada. El escroto que albergaba los huevos estaba distendido, caía entre los muslos de Jerónimo, cubierto de escasas canas con una piel que se antojaba muy lisa y suave, con los testículos dentro muy grandes. Javier deseó poder perder el tiempo haciéndolos deslizar entre sus dedos, pero se reprimió. Sin concurso alguno de la voluntad comenzó a jadear, algo a lo que no fue ajeno su abuelo.

- ¿Tú también te has empalmado, nieto, no te hacías idea de que mi entrepierna pudiera guardar este tesoro? A ver, acércate bien que yo pueda apreciar esa dureza. Lo estás deseando, lo aprecio en tu respiración agitada.
- Abuelo, pero..., pero es que..., no se, me parece...
- Estás empalmado o no. Que pasa, que es incesto, ¿es eso? Lo más excitante. Pero tú ya has tenido incesto conmigo, tú no lo sabías, de acuerdo, pero yo he gozado sexualmente de tu boquita. Y anda que no me corrí veces. Venga, acércate, no te voy a morder y ya verás como no se hunde el mundo.

Javier estaba atornillado al suelo, incapacitado para acercarse a la cama, donde su abuelo quería apreciar la dureza de su deseo. Recordaba, si, aquella sensación de frío al salir del agua y como su madre le decía que diese cuatro carreras para calentarse, pero el prefería refugiarse en los brazos del abuelo y saborear la dulzura y suavidad de sus pezones, la elasticidad entre los dientes y aquella tirantez que ocurría al tiempo entre sus piernas y que tanto le gustaba. Ahora sabía que no sólo su abuelo era incestuoso, él también lo era. Provocaba la tiritona quedándose quieto en el agua para poder fundirse con el abuelo y sus pezones. Ahora que estaba accediendo a tantas claves de su vida comprendió que con aquellos cinco años habría deseado no sólo chuparle los pezones al abuelo, habría dado cualquier cosa por atragantarse con aquel piercing del capullo. Deseaba tocarlo en ese momento, acercarse, olerlo, chuparlo y provocar una eyaculación que le impactase en la garganta. Le había costado acostumbrarse al sabor extraño del semen, pero ahora no sabría vivir sin el. Como por arte de magia, sin proponérselo se despegó del suelo y dió un corto paso hacia la cama. El abuelo Jerónimo sonrió satisfecho y comenzó a hurgar en la bragueta del nieto.

- Así me gusta, Javier, a ver, a ver. Uff, buen tamaño y durito, durito..., y los huevos, bien apretaditos. A ver, abre un poco las piernas que pueda llegar a tu ojal. ¿Has cagado hoy, y luego has usado toallitas húmedas o me vas a dar la satisfacción de oler tu culo con restos de mierda? ¡Ah! pues si, al fin te taladraron. Todavía recuerdo tu inocencia preguntando si por el culo duele. Te contesté que muchísimo y no se te ocurrió preguntarme que cómo lo sabía. ¿Te follaron aquellos energúmenos que me apalearon la cabeza o fueron otros?

Javier disfrutaba de la destreza de los dedos de su abuelo manipulando su ano y los huevos. A través de la bragueta era difícil hacerlo, pero el abuelo tenía dedos de cirujano, largos y delgados, a pesar de lo cual, Javier, para facilitar la labor que tanto placer le estaba proporcionando se desabrochó el pantalón y entonces si, el abuelo pudo acceder al ano de su nieto sin dificultad. Sacó la mano, se la llevó a la nariz, aspiró el aroma de su nieto y luego se metió la mano en la boca para ensalivarla, luego con soltura volvió a meter la mano en su nieto insinuando en su ojal un dedo primero, luego otro y otro lo que le hizo gemir.

- Más, más abuelo, por favor, más, me voy a correr.
- No. Correrte sería acabar con la magia y eso si que no. Abróchate, recompón tu figura y cuenta. Quién te desabrochó ese ojal que ahora está tan prácticable, ¿aquellos zagalones? Cuéntamelo. Tienen que estar a punto de entrar para darme la medicación, cúbreme con la sábana, ya tendremos tiempo de seguir con nuestros incestuosos manejos. No me voy a morir sin comerte ese sucio culo tan abierto ni sin hacerte vomitar con mi príncipe Alberto.
- No, aquellos asquerosos no. Por cierto, me los encontré en un bar BDSM años después. Quisieron disculparse, los mandé al carajo.
- Bien hecho, chaval. Entonces, ¿quien?
- El profesor de gimnasia. Tenía yo trece años y la verdad nunca se me dió bien eso de los aparatos. Para salvar aquel curso tenía que subir la cuerda sin nudos. No podía o no sabía o no ponía interés. El caso es que el profe me dijo que o subía la cuerda o repetía y se ofreció a ayudarme a hacerlo fuera de clase. Quedamos en el gimnasio a las seis de la tarde todos los días lectivos. A esas horas en el colegio solo había seminarios, música, talleres de escritura, total, todo alejado del gimnasio que se encontraba fuera del edificio principal.

- ¡Don Jerónimo! Vamos, abra los ojos, su medicación antes de la cena. Luego podrá seguir charlando con su nieto. Es que se hace el dormido, ¿sabes? para no tomarse lo que le ha puesto el médico para que descanse. Mira lo dejo aquí, comprueba que se la toma..., tu nombre dijiste...
- Javier, pero no he abierto la boca.
- Era solo una convención Javier, que se tome las pastillas. Hasta luego Don Jerónimo.

La auxiliar salió de la habitación dando un portazo como solía.

- Prefiero cuando viene el auxiliar a darme la medicación. Le digo que me arregle un poco la cama y a veces puedo rozarle el paquete. El se da cuenta y me dice: "que sinvergüenza está usted hecho" yo sonrió y le digo que estoy en las últimas y no se a que se refiere. Yo creo que le gusta. Por lo menos le halaga y yo disfruto sintiendo e imaginando un rabo enorme para mí consuelo. ¡Ah! y las pastillas esas para dejarme tonto, ni hablar. Deshazte de ellas. Nunca me las tomo, son todos unos cabrones. Venga, sigue con lo del profe de gimnasia. Y acércate que pueda rozarte el nabo.

Javier se estaba dando cuenta que lo que estaba sucediendo en aquella habitación le producía una sensación de bienestar y de lujuria que no conocía hasta ese momento. Deseaba acercarse y que la mano enjuta y temblorosa de su abuelo le rozase en un acto de deseo imposible, de ruptura de tabú que le permitiese gozar de su abuelo, también, de esa manera. Estaba enfocado en la desbordante juventud y descaro del que derrochaba energía sodomizandole sin piedad de la forma más violenta, pero acababa de encontrar una extraña forma de placer y deseo en ser objeto en manos de la fragilidad de la vejez que sin duda, intuía iba a ser un viaje extremo a lo más peligroso de la fantasía humana.
Se acercó, temblando de pasión, deseando que su abuelo le destrozase el pantalón y se hiciese dueño de su sexo y de su ano.
El abuelo, rozó suavemente el bulto palpitante de Javier una y otra vez sintiendo con delectación como el crío temblaba de deseo. Sabía que quería que rebuscase en las entretelas su carne pero también sabía que el deseo de placer y consumación es más, mucho más que la consumación misma que es un instante y muere.

- Y qué, ¿Como te entró ese chulazo antes de entrarte en el cuerpo?

- Yo estaba en la puerta del pabellón esperando, vestido con un pantalón corto de gimnasia, la camiseta del colegio y el chándal del colegio también. Llegó Matías. Es el nombre de mi desvirgador, muy sonriente y sin más abrió la puerta. Entramos y me dijo: "venga, ponte cómodo, no pretenderás aprender a trepar cuerda con el chándal" y al tiempo él se sacó el suyo, uno de lycra, parecía por lo ajustado y que le marcaban su definición. Pero sin chándal la cosa fue diferente. Un pantalón ese si, de lycra, negro, supercorto, que le entraba por la raja del culo, parecía un leggins de los que usan las chicas para marcar coño y culo. Era su segunda piel. Y una camiseta de asas multicolor que si te fijabas podía ser un arco iris desdibujado, también de lycra. Le marcaba exactamente, pectorales, serratos, rectos abdominales y oblicuo mayor. De haber sido de color carne habría engañado de ir desnudo.
- Más claro, el caldo de un asilo, Javier. Toda una declaración de intenciones. Y de bulto ¿que tal andaba?
- No podía apartar la mirada, abuelo. Le marcaba hasta el capullo porque me pareció hasta que iba medio empalmado. El se dió cuenta que miraba muy fijamente el bulto y no dijo nada, únicamente hizo como intención de colocarse el paquete sin ningún disimulo y lo que consiguió fue que pareciera aún más grande. E inmediatamente se fue a la cuerda y quiso enseñarme como era la técnica. Con una facilidad apabullante dio un salto agarró la cuerda con las manos y entrelazó con los pies la cuerda y empezó a ascender. En un momento llegó a lo más alto y llamó mi atención para que viese cómo bajaba, sujetándose solo con las manos y las piernas estiradas en ángulo recto. Bajó hasta quedar sentado en el suelo con la piel brillante del primer sudor y muy sonriente. Me dijo: "Ahora tú. Acuérdate de como he hecho yo, verás como puedes"
Sin muchas convicción agarré la cuerda, pero Matías me sujetó por las caderas y me elevó como medio metro, "tienes que dar un salto para poder hacer la presa con los pies y empezar a subir". Con las manazas que tenía cogiendome por las caderas sus dedos llegaban a rozarme la polla, y me empezó a crecer. No me soltó, cada vez más lo que era un roce se convirtió en tacto franco. Era imposible que no se diera cuenta. Pasaron unos segundos eternos hasta que me dijo: "sujétate bien con las manos que te colocó la cuerda entre los pies para que aprendas". Y aprendí. Le cogí el tranquillo y con más, menos dificultad, subí, pero a mitad de cuerda hice como que no podía y me solté. Me recogió él y me soltó enseguida. Y me dijo que volviera a intentarlo, pero está vez en lugar de cogerme por las caderas puso una mano en el culo y otra por delante abarcandome toda la polla. Y me corrí, y él se dió cuenta, me soltó le miré a los ojos, luego a su paquete que estaba a reventar y me dijo: "venga, vamos a dejarlo. El lunes a la misma hora nos vemos aquí" en todo momento evitando mirarme a los ojos. Cuando estaba saliendo del gimnasio me llamó, "Javier, estoy casado, mi mujer embarazada, casi para parir. Esto se me hace difícil, no me lo pongas tú más aún. Hasta el lunes"
- Me has puesto muy cachondo, nieto. Tú haciendo perder la cabeza a un recién casado. Eres un matahombres, mírame la polla, no me digas que no se te apetece, dame ese gusto.

Jerónimo tenía la polla tan tiesa que parecía mentira que el peso del anillo del capullo no la venciese. El anillo estaba brillante del precum que destilaba.

- ¿No te apetece probar mi esencia? Te aviso, siempre he sido muy lechero y si te atreves no creo que seas capaz de tragarla toda.
- Desde que te he visto el piercing he deseado saber cómo es que se estrellé contra mi garganta. No me la voy a sacar de la boca hasta que no me tragué hasta la última gota.
- Mientras me mamas, mi mariconcito, explorame el ojal, quiero que palpes el coño que tengo. ¿Aún no has practicado fisting?
- Me atrae mucho cuando lo veo en las pelis, pero soy joven y no me apetece que se me vaya cayendo la mierda mientras camino.
- ¡Que va! Al contrario, cuesta cagar. Además al ejercitar esos músculos dominas a voluntad abrir o cerrar el ano. El placer del fisting es otro nivel, no hace ni falta estar empalmado para disfrutar.

Javier metió la mano entre los muslos caídos del viejo, su abuelo, que abrió un poco las piernas para facilitarle la operación y apoyándose todo lo que sus fuerzas le permitían en los talones, levantó un poco el culo. Javier pudo meter la mano y asombrarse del tamaño. No parecía un ano, era como una boca grande en el culo, desdentada, de labios carnosos. Intentó meter un par de dedos pero le cabía la mano. En ese momento sintió la urgencia de meterse toda la polla de su abuelo en la boca. Fue muy rápido. Javier pensó que es que estaría muy falto, pero ni treinta segundos después de metersela en la boca, sin tiempo casi de sentir una nausea se le empezó a llenar la boca de un fluido que el conocía en su boca a la perfección desde los nueve años. Salía bastante y el abuelo no paraba de gemir y Javier de tragar. Cuando terminó de eyacular Javier aún se entretuvo jugueteando con el anillo utilizando la lengua y finalmente, con la polla del abuelo ya muy detumescente, la edad no ayuda a mantener erecciones, Javier se acercó a la cabecera de la cama y selló la nueva relación con su abuelo con un beso en la boca utilizando la lengua como juguete que disfruta de la otra lengua.

- En realidad, supongo que ya conocías el sabor de tú lefa pero he querido que al compartirla contigo se selle una relación íntima y viciosa que deseo que no se acabe aquí. Me tengo que ir ya. Ni se te ocurra morirte, me tienes que comer el culo y trabajarlo hasta tenerlo como el tuyo.
- Y tú me tienes aún que contar con pelos y señales como fue la follada de Matías. Bueno y otras muchas que espero puedas relatarme. Te avisaré con el alta. Tienes que conocer mi casa nueva.