martes, 6 de agosto de 2024

INCESTUOSO (II)

 

Aún conservaba el regusto amargo en la garganta y resonaba en su memoria la casi promesa de su abuelo y amo de que le cagarían en la boca. Un escalofrío le recorrió el cuerpo estando en su cama, horrorizado de la imagen que se le formaba en la cabeza, tumbado boca arriba, con una venda que le velara la vista, que añadiese incertidumbre a la amenaza de ser el albañal de quien quisiera que fuese e impidiese que en el ultimo segundo se arrepintiese y retirara la cara aún a riesgo de lastimarse con una de las patas de la silla sin asiento en la que se sentaba el que iba a aliviarse dentro de su boca. Imposible desconectar la potente imagen de un zurullo grueso y humeante entrando en contacto con su lengua mientras su semen salpicaba a distancia sin que nadie le hubiese tocado.
No sabía porqué tipo de vericuetos emocionales o psicológicos esa misma ensoñación a la que tanto temía y rechazaba le provocaba unas erecciones instantáneas y dolorosas como nunca había tenido, desde que con nueve años los gamberros aquellos le obligaron una y otra vez, durante tres años a chuparsela y tragarse la lefa.

¡Javier, joder!, ¿estás tonto? Están llamando a la puerta. Será tu putita, o sea tú Martita. A ver cómo se nos da.

Javier salió de golpe de su ensoñación. Mantenía la dolorosa erección y destilaba mucho precum. Se limpió como pudo con la sábana, se puso el pantalón a la carrera sin ropa interior y salió a la puerta. 
Efectivamente era Marta. Le ponía cachondisimo que su abuelo le llamase putita lo mismo que cuando le llamaba a él mariconcito, y no pudo evitar al abrir la puerta que se recrudeciese la erección que ya traía de la cama.
La miró como si fuera la primera vez con los ojos espantados porque sabía que tendría que descubrir la relación morbosa y deleitosa que tenía con su abuelo. Tenía la mano izquierda levantada de la que colgaba una llavecita. Sabía lo que eso significaba y se estremecía de lujuria pero lo que no sabía era cómo se tomaría Marta lo de su abuelo aunque a tenor de lo viciosa que era suspiraría por una buena tortura de pezón a cargo de un viejo mientras él la sodomizaba. Él sabía que la forma de dominarla en la cama, o en la tapia o en los váteres sucios de cualquier lugar consistía en hacerla sentir el dolor de un buen mordisco o un pellizco inmisericorde, se derretía al instante y ya era tuya. Podías pedirle lo que fuera que te lo entregaría en bandeja.

- Bueno, chavalín, me vas a dejar entrar o te morbosea ahora que follemos en el descansillo de la escalera.

Por si no estuviera ya suficientemente fuera de si, si no podía tener una erección mas intensa ahora Marta le salía con esa. Se imaginó en un segundo levantándole la falda a Marta en el descansillo mientras los vecinos subían o bajaban y todos hacían algo mientras él le comía el culo a Marta que se desesperaba porque quería que ese ímpetu lo desarrollará por la delantera. La volvió a repasar de arriba a abajo y pensó en lo que diría su abuelo cuando le viese los pezones pugnar por atravesar el delicado raso casi trasparente de la camisa.

- Claro, claro. Pasa. Con esos pezones como no iba a querer que entrases. Por cierto ¿has traído ropa interior o llevas puesto...?
- Lo llevo puesto. Se que te da morbo, luego me lo quitas mientras me porculizas para que yo pueda entrar en acción como sabes que me gusta.
- Otra cosa, Marta. Verás, a ver cómo te lo digo...
- ¿Quién es? tu novieta, verdad. Venga que pase.
- ¡Javier!

Marta tenía los ojos espantados. Sin abrir la boca interrogó muy enfadada a su novio. Echaba fuego por los ojos y los labios apretados. Levantó el puño con clara intención pero desistió y se dió media vuelta para irse. Javier la sujetó con firmeza por el brazo, ella dió un tirón pero no consiguió soltarse.

- Espera, por favor. Por favor, espera. Deja que te explique. Es mi abuelo. ¿No te dije que tenía un abuelo ingresado que estaba en las últimas? Pues no se murió. Se mejoró mucho, le han dado el alta y mi madre se lo ha traído. De su hijo hace siglos que no sabe nada, pero le da pena dejar solo a su suegro, fíjate. Antes de ingresarlo se había comprado una casa en medio del campo, pero claro había vendido la suya y no podía dejarle solo. Ven a conocerle. Es un poco borde pero tiene su gracia.
- ¡Joder con el viejo!
- Y hay más..., no se cómo decirlo...
- ¿Que me vas a decir, que te lo has follado, mariconazo?
- No. Pero él a mi si. Y lo hace muy bien.
- ¡¡CON TU ABUELO!!
- Si, con su abuelo, señorita. Y eso ha sido lo que me a salvado. ¿Verdad, Javier?
- No sé abuelo, yo solo te hice una mamada aquel día.
- Y a partir de...
- ¡Bueno, ya está bien! ¿Podemos pasar o es preferible que se enteren todos los vecinos?
- Perdona Marta. Venga, pasa, pasa, es que mi abuelo es como es.

Marta iba pasillo adelante detrás de Jerónimo escoltada por Javier, que a pesar de las circunstancias no pudo evitar meter la mano por detrás a su novia para alcanzar el regalo que tenía por delante. Ella en lugar de protestar caminó con las piernas un poco más abiertas para dar espacio a la mano de su novio.
Así estimulada por detrás Marta se fijó en la figura del viejo. A pesar de su hábito senil tenía un andar garboso moviendo las caderas de forma estimulante. Además el pantalón corto de pijama hecho de hilo de algodón permitía ver cómo el escroto bamboleante y descolgado se movía al ritmo de la marcha. Ellos sumado a la mano de Javier hizo que Marta casi si querer se desabrocharse la camisa ligera que llevaba y se pellizcaste los pezones arrancándole un gemido de placer. Jerónimo no fue ajeno, se detuvo entrando al salón y se dió la vuelta. Marta al verse así sorprendida lejos a achicarse recrudeció los pellizcos y de la forma más lujuriosa se contoneó delante de Jerónimo. No se lo pensó el abuelo de Javier. Con la rapidez y decisión impropia de un anciano se apoderó de los pezones de Marta y los retorció sin ninguna piedad, ella se quejó crispando la cara pero sacando pecho en lugar de encogerlo aceptando el castigo y pidiendo más. Jerónimo se envalentonó y acercó la boca a uno de los pezones para mordisquear lo mientras con la mano que dejó libre intentó acceder a su entrepierna. Pero estaba la mano de su nieto que le negaba el espacio.

- ¡Tú, perra! deja a tu amo que coja lo que es suyo.
- Esto es mío abuelo, y de nadie más.
- Eh, eh, ustedes dos, mi zona de recreo y cualquier otra zona de mi cuerpo es solo mía, ni tuya, zorrita de tu abuelo. ¡Seréis degenerados incestuosos!

Para cuando Marta insultaba sardónica a Javier y Jerónimo, éste ya tenía el pantalón de pijama en el suelo y la chaqueta había salido por su cabeza sin desabrochar siquiera, con la agilidad que lo haría un adolescente antes de tirarse al agua. 
Exhibía orgulloso una erección de juventud a la que solamente delataba la edad los huevos, enormes y colgantes. Los pectorales eran dos senos de lactancia vacíos pero disimulados por los piercings en unos pezones monstruosos. Marta no lo dudó un minuto y se lanzó a engullir la erección hasta donde pudiera sin asfixiarse. Cohibida una y otra vez la nausea para no dejar ir aquel regalo de la naturaleza. 
Javier al ver cómo Marta se tragaba el rabo del abuelo soltó la presa del sexo y empitonó por el culo a la chica que sin sacarse la polla de la boca gimió de placer. En ese momento fue cuando Jerónimo buscó con su mano el sexo de Marta para pellizcarle con rabia el clítoris y escucharla dolerse del castigo. Entonces sucedió. Se echó hacia atrás, empujó a la chica contra Javier dando con ellos en el suelo y se puso a vociferar con los ojos echando fuego de indignación.

- ¡Pandilla de maricones! ¿Esto que es. Creíais que me la podíais colar porque soy viejo? Hijos de puta. Tú, nieto estúpido, sabes que me da igual polla que coño, ¡Pero odio las mentiras, lo sabes, y has salido al mentiroso de tu padre! Me da igual que tengas novia, novio o perro y que se vista como le salga del culo, pero llevar castidad para que no se le vea el rabo, es el colmo.
- Abuelo, abuelo. Calmate, por favor. Marta es trans y no se quiere quitar el rabo porque lo que más morbo y placer le da es tener la jaula, pequeña además, puesta y que yo tenga la llave por si me apetece chuparsela o que me folle.
- ¡Venga! los tres al salón y en pelotas todo el mundo. No quiero más engaños. Y tú, imbécil, libera el rabo de tu novia o novio o lo que coño sea eso.

Javier se descolgó el cordón con la llave del candado y se acuclilló para liberar el sexo de su novia de la jaula que lo aprisionaba. El pene dentro de la jaula había pugnado por desembarazarse de su prisión sin conseguirlo únicamente dejarse las marcas de los barrotes bien marcadas en la piel por el efecto de la erección imposibilitada. Al liberar la jaula el pene pudo crecer en longitud quedándose enganchado únicamente por el tubo de sondaje de unos dos centímetros que se introducían por la uretra para imposibilitar aún más la remoción del castigo.
El abuelo tomó en su mano el sexo ya engrandecido de Marta y lo sopeso, se agachó y se lo metió en la boca. Marta de pronto dio un respingo hacia atrás sacando de la boca de Jerónimo su verga.

- ¿Lo has notado, no, perra?
- ¿Que has hecho? cabronazo.
- Tengo una lengua sabía. Te he metido la punta por tu boquete que ya está bien dilatado por el sondaje. Te ha sorprendido, pero, reconócelo, te ha gustado.
- Hazlo otra vez pero con más cuidado.
- Luego nos ponemos a ello. Ahora vamos a sentarnos con tranquilidad mientras echamos a volar la imaginación y nos calentamos como el diablo manda. A ver, tú, ¿Cual es tu nombre de verdad? nada de fantasías ni sainetes de opereta.
- Marta, abuelo, Marta. No hay otro. Marta es una tía.
- ¿Con polla? Os habéis vuelto locos.
- Si, con rabo. Con un rabo increíble además y unas tetas que le han puesto que flipas. Cuando Marta me folla y me dan sus tetas en la espalda me corro de gusto. Además por tener polla en origen sabe que siente un macho cuando le follan y lo hace como nadie. Es lo ideal, una novia que puede follarte y te la puedes follar. ¡Increíble!
- Por muchos años que viviera no lo llegaría a entender jamás. Supongo que como mi padre nunca entendió que faltando días para casarme con tu abuela ya preñada de tu padre, me encantase que el cabrero de la casa me la mamase cada vez que estaba cachondo y no lo ocultaba. A él  le gustaba y a mí más. 
Ahora comprendo de dónde te viene conociendo a tu padre.
- ¿A mí padre? Por cierto porqué dijiste antes que mi padre era un mentiroso y otra cosa que nunca me aclaró mi madre, ¿Porqué se fue, porqué me abandonó?
- Tu padre, tu padre... De no haber tenido polla habría sido una fuerza de la naturaleza. Pero no supo sujetarse. Inteligente, habilidoso, brillante y listo, pero la lujuria le pudo. Desde que era un púber. Pero era mi hijo y le cubrí. Verás.
Yo tengo o tenía, no se, quizá esté muerto ya aunque era mas joven que yo. Decía, tengo un hermano más pequeño, unos cinco años o así. Tú tío abuelo era un bohemio, siempre entre artistas, gente farandulera, borracho, adicto a la nieve y decía él un espíritu libre. Yo le decía que era un sinvergüenza con balcones a la calle. El se reía. El caso es que pasaba temporadas en casa, supongo ahora que cuando estaba tieso, pero no por eso él se amilanaba. Él actuaba como si le respaldase una cartera de títulos en la bolsa de Londres. Por supuesto, yo financiaba con la espectativa de una pronta devolución con intereses. Yo, ¿que decir? le tenía mucha ley, era el típico sinvergüenza gracioso, siempre riendo sin dar importancia a nada salvo a sus vicios.
Tú padre, la ultima vez que vino mi hermano, por cierto, Bernardo, que no lo había dicho, eso, tu padre tenía nueve años pero muy desarrollado para su edad, aparentaba doce o trece. Mi hermano Bernardo desde que llegó se hizo muy de tu padre. Iban a pescar, a poner lazos para los conejos y liga para los pajaritos. Pasaban mucho tiempo juntos y eso a mí me satisfacía, que tú padre tuviera con quién entretenerse. Tú abuela desde el parto con la depresión ni estaba ni se la esperaba, según el loquero que la visitaba.
- Me la estoy viendo venir abuelo.
- Eres listo como él. Fue en otoño. Bernardo vino a la casa del campo, si, donde el cabrero, a pasar la canícula y a bañarse en la alberca o el río. Tú padre pasó un verano de aventura y diversión. Cuando ya las tardes menguaban y la luz se tamizaba de ocres y nostalgia, me desperté de mi cabezada de después del café de la tarde y me extrañó no escuchar el alboroto de tío y sobrino. Todo estaba calmado como el claustro de un convento antes de vísperas. Me puse a buscar por las habitaciones y no encontraba nada. Nadie. Y me dió un vuelco el corazón. Mis devaneos con el cabrero eran en un sobrao del pajar donde se guardaba grano para ponerlo a salvo de las ratas. Me temí lo peor y a la par sentí un pellizco en la boca del estómago que me dejó sin respiración y me hizo estallar un calambre en el capullo. La misma sensación de cuando iba al encuentro del cabrero. La puerta estaba entreabierta y se escuchaban murmullos, pero no se veía nada. Entré con sigilo y me imaginé donde tendría que buscar. Subí con sumo cuidado la chapera que daba acceso al granero. Desde que tenía mis encuentros con el cabrero sabía que escalones crujían y cuales eran discretos. Me gustaba sorprenderle metiéndose el astil de cualquier azada por el culo mientras gemía de lujuria. En cuanto llegaba se lanzaba como una jauría de lobos a exprimirme el rabo de hasta la última gota de leche.
Llegué al borde del sobrao y los vi. Por poco no me caigo. Tú padre con su corta edad, le faltaban días para alcanzar los diez.

- Sueño con tu polla tío desde que te conocí a los seis. Desde entonces he ido metiéndome cosas en el culo para que me follases en cuanto yo pudiera convencerte.
- Tengo treinta, pequeño. Si me gusta el sexo y he hecho de todo con tías, tíos y hasta animales, en aquella orgia en Praga, pero nunca he tocado un crío.
- Yo no soy un crío, soy una perra que te va a comer el rabo para que me preñes el culo como a una puta.

- ¿Mi padre a los nueve hablaba así? ¡Joder! menos mal que se largó si no a estas alturas tendría el ojal como un vomitorio del Bernabéu, porque seguro que me folla cada vez que me cambia el pañal. ¿Y viste como tú hermano se lo follaba?
- Todo. Y no sólo eso. Me excitó tanto la escena de la sodomización de tu padre que pedía a gritos que le empalase con más fuerza que no pude evitar sacarme la polla y con poca estimulación correrme como nunca. Pero debí hacer ruido corriéndome que Bernardo se detuvo y aunque tú padre le instaba a seguir, él no pudo. Se levantó a toda prisa empezó a vestirse y yo aproveché para escabullirme.
Después de la cena en la que Bernardo y yo anduvimos muy serios y parcos en palabras, tu padre no hacía más que mirarnos a hurtadillas y reprimir la risa, como si él ya supiera el vendaval que arreciaba y le divirtiera. Después de la cena digo, le dije a mi hermano que pasase a mi despacho. Tú padre vino detrás muy festivo pero le fulminé con la mirada, me la sostuvo y no sé si sería mi imaginación o que fue real pero se llevó la mano al paquete y se marcó el bulto, pero se detuvo y cerré la puerta dejándole fuera.

- Siéntate Nardi.

Mi hermano de chico era un muñeco, bello como un nardo, de la belleza de mi madre. Y rompió entre la familia como Nardi, porque Nardo era demasiado grande para él.

- ¿Qué pasa Jero?
- Explicame lo del sobrao del pajar de hoy.
- No sé, Jerónimo ¿de que hablas?
- Si lo sabes. ¿Te entra entera en el ojal de tu sobrino? Hasta ahí no me alcanzaba la vista, pero por lo que decía el niño, quería más.
- Fue él Jerónimo. El puto niño ese que es como una ninfula. Desde que llegué me persigue, me pregunta que como de grande se me pone, que si le cabría entera en la boca, que a que sabe la leche. Jero, joder, tú niño es un pervertido. Y si, me pilló con una revista pajeándome en la huerta, tras el nogal grande que sembró el tatarabuelo. No me dejó ni pensármelo se lanzó como una hiena a la polla y se tragó todo lo que eché. Luego no ha dejado de perseguirme. ¡Joder Jero! si se me ha metido de noche en la cama a chupármela. Si, en cuanto te duermes, que roncas como un búfalo afónico se me cuela y que se la tengo que meter, que se la tengo que meter. Hasta que hoy lo ha conseguido.
- Y tú, ¿no has podido negarte, verdad?
- Es muy bueno Jero, de verdad, es un demonio. No se de dónde se ha sacado el que comer el culo da gusto. Pues si, da gusto, es muy placentero y el lo hace como nadie. Tiene una lengua sabía.
-¿Sentías como le entraba en el culo, verdad?
- Eres un puto salido. Siempre lo fuiste. ¿Que crees, que porque decías que era un juego en el que yo era un pirata y tu el oficial de SM, no me daba cuenta que tú tortura era la paja que me hacías y que luego te corrías tu restregándote contra mi polla? Tenías trece y yo siete para ocho. ¿Desde cuándo te aprovechabas de mi? A quien tenía que salir tu hijo. Anda, niégame que te corriste como una perra mientras nos mirabas. Y ahora lo que vas buscando es el morbo de que te cuente la cara que ponía mientras me lo follaba o lo estrecho que estaba.
- ¿Ponía cara de dolor, le hiciste daño? No escuché que le azotases el culo mientras la metías. Si, me puso muy salido y lamenté haber provocado el crujido que os alertó. Pero, dime, ¿te corriste dentro?
- Si, Jero, me corrí a pesar de tu imprudencia. Preñé a tu hijo y el me lo agradeció. Me dijo que no lo echaría para sentirse más guarra aún. Y que quería más cada día, a todas horas.
- ¿Tú crees...?
- Si lo creo. Seguro que lo está deseando. Hacérselo con los dos, uno por arriba y otro por abajo, para que sea un incesto bien completo, sería para él la culminación de su lujuria. Y para tí también, me juego el virgo.

- Y os lo follasteis los dos. ¡A mí padre! Su propio padre y su puto tío.
- Tienes cojones, Javier, de las cosas que habláis nieto y abuelo.
- Y que lo digas Marta. Y bueno ¿qué, os los follasteis? Joder, di algo.

Jerónimo dejó caer los hombros en señal de derrota. Efectivamente se lo habían follado y su hijo había sido un entusiasta compañero de sexo. Él quiso comentarlo con su hermano, pero a la mañana siguiente de haber tenido una orgía desenfrenada Bernardo se marchó. Jerónimo no pudo sustraerse a la tentación de su hijo y follaba con él cada vez que se le antojaba y su hijo siempre estaba dispuesto. A veces la madre del niño llamaba desde su lecho de postración para saber que hacían o donde estaba. Incluso en alguna ocasión Jerónimo acudió al reclamo de su mujer en albornoz con un priapismo inasequible para comprobar únicamente que solo quería saber que no estaba sola. Quiso acceder a su sexo pero ella comenzó a llorar una vez más: 
"Solo quieres preñarme otra vez para sumirme en la peor desesperación. Te estás haciendo otra paja, mira como estás tú, eres un degenerado" 
Jerónimo se iba de la alcoba buscando el sexo de su hijo que le esperaba ansioso de par en par para recibir su semilla necesariamente estéril en su cuerpo de adolescente varón.

- Si, Javier, me lo follé aquella vez con mi hermano y seguimos y seguimos. Cuando tú padre tenía dieciséis años, no solo me lo follaba yo. Había un gañan joven en la propiedad que le caló de inmediato. El se lo follaba cuando yo no podía o no tenía ganas. Tú padre era insaciable a esa edad.
Y si. Creo que yo fui el responsable de la muerte de tu abuela. Nunca debí acceder a hacer un trío en mi despacho, tan cerca de la alcoba de tu abuela.

- ¿Cómo se llamaba mi abuela?
- María Galatea. Aunque ella prefería que le llamasen como a la Nereida, Galatea a secas. A tu madre, aunque se llame Gloria, tu padre siempre le dijo, mi Galatea. Le recordaba a su madre.


 

sábado, 20 de julio de 2024

INCESTUOSO (I)


- ¿Que tal la guardia?
- Psst, ya sabes, una guardia. Un coñazo, la gente ha perdido el sentido del bienestar, como si la vida tuviera que ser un páramo sin dolor, como si la existencia no fuese un bello bosque en el que vivir es una excitante sucesión de colores, olores, sonidos y rasguños que duelen pero te comunican que vivir es tener alegría por resistir por muy doloroso que sea el avance por el bosque.
- ¡Caramba, Javier, hijo! que filosófico vienes tú de la guardia.
- Va, mamá. Me voy a echar un rato. He quedado con Marta luego para tomar algo.
- ¡Ah! por cierto, mañana le dan el alta a tu abuelo. Está mucho mejor. Me ha dicho el médico que tú visita le hizo mucho bien. Va a quedarse con nosotros una temporada, mientras terminan de acondicionarle su casa nueva. Que tambien vaya capricho, en medio del campo. El vecino más cercano a dos kilómetros, yo no sé...
- Mamá, el abuelo es raro, tú lo sabes. Bueno me voy a echar. Si llama Marta me despiertas.

Echado sobre la cama quiso cerrar los ojos para dormir algo, pero la imagen del abuelo apretándole los huevos, provocándole un dolor que le excitaba cada vez más solo conseguía acelerarle el corazón y que el capullo le doliera de tanta congestión. Se tuvo que sacar el calzoncillo y destaparse porque sabía que cualquier roce, por leve que fuera iba a provocar la catarata desbocada de leche. Y ahora le iba a tener en casa. No sabía hasta que punto Marta lo comprendería y aceptaría. Ya no era solo su abuelo del alma, era su mentor en sexo, lo que había aprendido sobre el placer total había beneficiado a Marta que disfrutaba de su aprendizaje.

- ¡Abuelo, te veo mucho mejor!
- No me extraña, la leche que me sacaste con la boca la semana pasada me estaba matando. Se me estaba pudriendo dentro, y tengo más, estaba soñando con que vinieras a verme. ¿Que tal te ha ido la semana? Quedamos que ibas a contarme en detalle cómo te partió el virgo tu profe de gimnasia. Matías ¿verdad? que cabrito, con la parienta a punto de parir y buscando culitos para estrenar. Pero bueno, acércate un poco, hoy estoy más libre, sin gotero ni nada, que el matasanos me ha dicho que no se lo explica, pero que he mejorado muchísimo. Y claro yo tampoco sé lo voy a explicar. Acércate, así. Mmm, que buena la tienes. Estoy deseando salir de aquí para montarnos un sesenta y nueve. Pues venga, cuenta como fue.

- Llegó el lunes siguiente y allí estaba yo, como un clavo, a la puerta del pabellón. A los pocos minutos apareció Matías, como nervioso le noté y la misma operación del día anterior. Una figura espléndida, abuelo, para perder la chaveta, yo creo que con la lycra encima mejor que desnudo. Se le insinuaba el rabo descapullado, muy tieso y grande que si hubiera querido se habría salido por la pernera. Me quedé extasiado mirando. Me quité yo mi chándal y fui a la cuerda, levanté los brazos para agarrarme cuando Matías me tomase por la cintura y me aupase. Me puso una mano en el culo y otra delante justo donde tenía mi polla a reventar de excitación, imposible que no se diera cuenta, sentí la presión de su mano pero sin el impulso para saltar. Así durante unos segundos interminables hasta que me soltó, se acuclilló delante de mi y puso sus manos en mis costados: "Mira Javier, esto es absurdo. Luchar contra la naturaleza es una batalla perdida antes de empezarla. Tú estás deseándolo y yo lo deseo desde que te vi el primer día de clase" y se me abrazó poniéndome su cara contra mi pecho. Yo le rodeé el cuello con mis brazos.
Permanecimos en esa posición una eternidad de dulzura y pasión. Ahí fue donde yo deseé besarle en la boca por primera vez. Desear besar a alguien, solo ese impulso ya remunera. Debió ser mutuo porque al tiempo levantó la cara y rozó sus labios con los míos y yo de forma espontánea, sin saber que se hacía así a las primeras de cambio, abrí la boca. Las lenguas se encontraron y me derretí, como un polo de limón en la playa un día de julio.
- Tu primer beso. Vaya. El mío fue con un trabajador de la finca de mi padre. Yo tenía unos doce años y sorprendí pajeandose a un bracero que yo calculé que tendría como cuarenta años, dada mi edad podría haber tenido veinticinco. A mí me pareció muy mayor. En vez de cortarse se expuso aún más y me reclamó para que me acercara. Me excitó muchísimo. Con miedo pero me acerqué. Me cogió la mano y me la llevó a su miembro. Me volvió loco su calor, su dureza elástica y su tamaño. Él me animó a que lo sacudiera y en un momento me tomó por el cuello y se acercó a mi boca. Me llegó la lengua a los talones y sentí como empezaba a echar leche con fuerza y en ese momento no sé que me pasó pero me desfallecí y el me soltó. Cuando recobré el conocimiento no estaba y yo sin embargo me había meado encima. Eso pensé yo. Fue mi primera eyaculación y ya fue abundante, porque me empapó hasta el pantalón. Pero bueno. Tú. Lo tuyo, que pasó después de aquella epifanía.
- Con él acuclillado ante mi, abrazándome y con la cabeza apoyada en mi pecho le acaricié la cabeza y me pareció que lloraba aunque no lo sabría decir con seguridad. Cuando alzó la cabeza para mirarme, se levantó él también y me echó el brazo por el hombro después de revolverme el pelo en un gesto de cariño "Estás hecho ya todo un hombre" me halagó, la verdad. Nunca tuve en mi vida un hombre cerca en quién fijarme. Cómo tu hijo nos abandonó cuando yo era pequeño no tengo memoria, así que cuando Matías me despeinó cariñosamente con la mano me sentí cerca de él.
- No me hables de mi hijo. No tengo puta idea de donde estará. Siempre me dió pena de tu madre, de cómo la engañó, pero eso da ya para otra conversación. Ahora a lo tuyo, venga, ¿Como te taladró el ojal ese tal Matías?
- Me dejé llevar. Sentía el calor de su brazo y luego, cuando me cogió por la nuca con su manaza me estremecí de emoción. Me encontraba muy a gusto con él y lo que me pidiese que hiciera, lo haría. Estaba deseando poder comerle la polla y tragarme su leche. Con su mano calentándome la nuca me iba guiando hasta que llegamos a la escalera que subía a la zona de oficinas. Siempre pensé que iríamos a vestuarios, pero no, subimos y entramos en la sala de masaje. "Javier, desnudate y súbete a la camilla de rodillas con los codos apoyados y la cabeza baja, quiero verte por detrás" Ya está, me lo va a hacer, me la va a meter por el culo. Que no me duela mucho, dios, que no me duela. Así pensaba mientras esperaba la arremetida. Tenía los ojos cerrados esperando lo peor. Y sucedió.
- Te la clavó el muy salvaje a lo bestia, sin prepararte.
- No. Verás. Sentí un golpe fuerte en el culo, sin dolor, y eso me despistó, pero enseguida supe que pasaba, porque sentía placer en el ano, ¡me estaba chupando el ano! y era muy placentero. Pero enseguida recordé que había cagado justo antes de llegar allí y me había limpiado a la carrera y sin toallitas húmedas. Y me agobié.
- Imagino la emoción de ese Matías cuando olió y saboreó tu culo sucio. Estoy convencido que casi se habría corrido de gusto. No hay nada como el culo sucio de un twink.
- Yo me volví temeroso de que al comprobar que estaba sucio se echase para atrás y no quisiese seguir follando, tenía hecho el corazón a que me la iba a meter y me iba a doler, y lo aceptaba. Él me dijo cabreado "¿Que haces? vuelve a darme el culo que te lo coma. Es el mejor culo de alumno que me he comido", pero es que acabo de cagar, y me contestó con tono de rabia: "ojalá me hubieses cagado en la boca, y ahora, déjame que disfrute, luego disfrutarás tú cuando te la clave"
- ¿Y te volviste?
- Si, claro. De repente encontré un placer extraño en saber que Matías se estaba comiendo mi culo sucio.
- Acababas de derribar el tabú del culo.
- No solo eso, abuelo. Después de comerme a fondo, que yo sentía como metía la lengua dentro con el ano ya bien dilatado, por lo menos por fuera y gozaba pensando en cómo sería que me metiese la polla. Pues bien, cuando se hartó de trabajarme por ahí se levantó y me hizo darme la vuelta para que le chupase. Me la metía con fuerza, hasta dentro, pero yo ya sabía cómo era eso. Empezaron las nauseas pero estaba acostumbrado a reprimirlas y empezó a salir la baba lubricante. Me dijo: "Ahora sí" recogió bastantes babas y me lubricó bien el culo y él se la dió en su verga y me apuntó con el capullo.
- ¿Que fue, un golpe de cadera salvaje para destrozarte o se lo hizo con cuidado?
- Sentí como apoyaba el capullo y la presión sin dolor hasta un punto en que algo duro le costaba más entrar. El capullo es más blandito pero el fuste de la polla es bronce. Ahí empezó el dolor, pero él me hizo volver la cabeza y me besó metiendo lengua a tope. Le sabía la boca a culo, a mí culo y eso me excitó tanto que fui yo el que apretó a pesar del dolor. Dolía bastante pero era más la necesidad de que me entrase entera. El dolor a los pocos minutos cedió y pensé que no había podido ser, la tenía muy grande y yo era virgen, y él había desistido. Eché la mano atrás a ver cómo se me había quedado el culo, si había sangre o qué y me sorprendí tanto que le dije que me follase más duro. Cuando me toqué el culo lo que toqué fueron los huevos de Matías, la tenía entera dentro. Moví un poco las caderas a ver qué se sentía y empecé a correrme. 
Matías al darse cuenta inició una carrera sin control bombeandome el culo con fuerza, hasta que en nada de tiempo dio un ultimo golpe de cadera que me llegó hasta el alma, un impasse más largo, otro golpe y otro y otro emitiendo un gemido casi y sin casi, animal hasta que cayó sobre mi espalda y me dijo jadeante: "¡que gustazo! te he preñado" tenía toda su leche dentro, y abuelo, nunca me había sentido más satisfecho sabiendo que se me había corrido dentro.
- Uy, uy, chico. Eso tenía toda la pinta de una relación estable. Supongo que no sería la ultima vez.
- Que va. Estuvimos liados hasta que salí del instituto. Su mujer tuvo el niño de cesárea, el niño tuvo algún problema y ella quedó muy débil y se fue a pasar una temporada a casa de su madre. Te puedes imaginar, follábamos a todas horas. Fue una temporada increíble. Yo me llegaba a correr dos y tres veces seguidas. Sobre todo cuando un día me dijo que tenía la responsabilidad de ahormarme el ojete porque había por ahí pollas enormes que tendría que encontrar y quería que disfrutase de ellas. Y me enseñó una especie de suplemento de silicona que se ponía en el rabo y le hacía el doble de gordo. Aquel día volví a sentir el dolor de la primera vez y me excitó tanto que me corrí sin tocarme. Cuando me dejó de doler, Matías follaba con furia y yo sabía el tamaño de ano que me quedaba y con el semen de la primera corrida me froté el capullo y volví a correrme. La tercera fue cuando Matías me metió un vibrador de próstata después de correrse él para darme más gusto a mi. Esa tercera me corrí entre placer y calambres en el capullo. Me encantó. El cacharro de la próstata me lo regaló. Me lo ponía a veces para ir a clase, por morbo. Como ahora que lo llevo puesto.
- Joder, Javier, me he puesto cachondo perdido. Acércate que te toque el culo y compruebe lo de ese estimulador. ¿No te irás a marchar sin sacarme la leche? Sabes que eso me mejora mucho. Y a ti, seguro que te alimenta.
- ¡Buenas Don Jerónimo! Y usted...
- Soy Javier, su nieto. Vengo a verle de vez en cuando.
- Su abuelo a mejorado milagrosamente.
- No tan milagrosamente doctor. Desde que viene mi nieto a verme, que parece que me saca lo que me envenena, he remontando.
- Por lo que sea, ya se verá. El caso es que está usted ya prácticamente recuperado y podremos darle el alta muy pronto. En cuanto vea las ultimas analíticas y los TAC. Ahora les dejo con su conversa. 
- ¿Lo ves, Javier? Sácame ya la leche como tú sabes para poder salir de aquí lo antes posible.

Javier se fijó en el bulto que hacía la sabana sobre la entrepierna de su abuelo y sintió ya la nausea tan gratificante anticipando el choque del anillo del capullo contra la garganta. Entrecerró los ojos y sonrió levemente entregándose al deseo libidinoso del incesto.
Salió de la habitación del hospital relamiendo aún alguna gota de la saliva que Jerónimo le había escupido en la boca cuando, tras correrse le ordenó que le enseñase el producto en la boca.

- Hoy no quiero que te lo tragues aún, quiero ver cómo lo atesoras en tu boca y lo tragas junto a mi saliva que yo te escupa para que sepas que es humillación.
- Creo que me correré de gustó abuelo.
- Ni se te ocurra. Tú te correrás cuando yo te lo diga. Eres mío y me obedecerás o sabrás que es un castigo.

En el ascensor, camino de la calle, no pudo evitar tener que acomodarse la impaciente erección que reclamaba su alivio. La médica de mediana edad, que bajaba con él, a la que no se le pasó la escena miró alternativamente a su bulto y a su cara y supo que tenía una oportunidad. Él, muy cortado miró como los números de las plantas se sucedían mientras la mujer se le iba acercando. Deseaba que la erección cesase y que llegase la planta baja, pero el ascensor era desesperadamente lento.

- ¿Vienes de ver a alguien, o eres estudiante de la escuela?
- No, no. Mi abuelo está ingresado y..., y..., he venido a verle.
- ¿Y tu abuelo te pone así?

Javier sintió el roce de la mano de la medica en su paquete y justo en ese momento el ascensor se detuvo y la voz impersonal de la maquina cantó "planta baja". Javier vio el cielo abierto y sin responder ni volver la cabeza salió del ascensor casi a la carrera.

- Ya tenemos a tu abuelo aquí. Vino está mañana. Le he puesto en tu antigua habitación de cuando eras pequeño. Vete a saludarle. Comeréis juntos, tengo que ir a trabajar. Os he dejado lasaña en el horno. Bueno, estate pendiente de él.
- Descuida mamá, pasaremos la tarde juntos. Y luego vendrá Marta.

No sabía cómo Marta se iba a tomar lo de su abuelo. Marta era muy sensual, le gustaba mucho el flirteo y las miradas equivocas, los meneos de cadera incitantes y las palabras de doble sentido. Pareciera que quisiera follar con todo el que se cruzase en su camino y de hecho era de las cosas que más excitaban a Javier, que follase con todo aquel que se le antojara mientras él desacaradamente de masturbaría delante de ellos. Pero cuando se enterase que se alimentaba de la leche de su abuelo quizá se incomodase..., o pudiera ser que soñase con tener la polla anillada de un carcamal dentro de su cuerpo mientras pugnaba por arrancarle los pezones retorciendo los piercings. Marta era la que le había hecho tomar conciencia a Javier de que tenía pezones. Los de Marta eran gruesos como cerezas y sabía disfrutarlos, los suyos eran cónicos y aún pequeños para poder hacerlos protagonistas de un encuentro sexual. Marta sabía cómo pellizcarlos para llevar su sexo a otro nivel. Después de todo, cuando viese el soberbio Príncipe del abuelo quizá se le antojase que él tuviese uno. Desde que vio el de su abuelo pensó en hacerse uno, aunque solo imaginar que le perforaban el capullo le producía escalofríos. Aunque estaba seguro que si Marta se lo pedía él se entregaría al dolor esperando la remuneración del placer.

- Hola abuelo. ¿Ya estás instalado?
- ¡Perra! ¿Así es como te diriges a tu amo? ¡Agáchate ahora mismo y hunde tu puta lengua en mi ano, dame placer, zorra!

La bofetada que dió a su nieto reverberó en toda la casa. La nuera de Jerónimo ya se había ido y Javier cayó de rodillas ardiendole la mejilla y temblando de lujuria. La erección que tuvo fue explosiva, pero el abuelo no le permitió desnudarse. Mientras estaba arrodillado con la vista humillada Jerónimo se desnudo y abrió las piernas sobre su cabeza. Javier levantó la cara y lo que vio, le hizo estremecer. Se había hecho una idea de cómo era el ano de su abuelo al palparselo en el hospital pero verlo ahora le encogió el corazón. Era una boca de labios anchos llenos de arrugas dentro de la que sin dificultad cabría la cara entera. Colgaban los huevos de una forma escandalosa y la verga fláccida con el anillo acompañaba a las bolsas. Con suavidad, casi reverencia acarició el sexo de su abuelo y se acercó con la boca abierta a su ano. Fue un descubrimiento. Se enganchó a la succión, mordisqueando los márgenes escuchando los quejidos de placer del abuelo. Jerónimo empujó su sexo a hacía la boca de su nieto para que se dedicase a toda la zona. Cuando se metió el capullo ornado en la boca sintió como se iba endureciendo. Cuando creyó que ya se iba a correr, de pronto se retiró lo que sorprendió a Javier.

- Venga, mi mariconcito, dame el culo, te voy a follar.
- Pero, abuelo ¿Te vas a quitar el piercing?
- La gracia está en follarte con él. Te voy a destrozar, para que sepas lo que es que te folle un macho.

Javier a toda prisa se deshizo del pantalón, que no llevaba ropa interior y de un salto se colocó en la cama como Matías le dijo la primera vez esperando la arremetida del abuelo. No sabía porqué, pero se sentía plenamente feliz. Deseaba que su abuelo entrase con todo dentro de él. Se sentía cosa en manos del dueño y eso le transportaba.
Cuando el abuelo sintió estar a punto del éxtasis sacó el miembro tumbando de espaldas a Javier le exigió la boca. El chico miró horrorizado el capullo adornado del anillo envuelto en su propia mierda.

- Abre la boca y traga, perra.
- Pero, pero abuelo está toda la polla llena de mierda.
- Así es, mierda de un guarro que viene a satisfacer al amo sin haberse lavado bien. La hostia que te voy a dar va a ser chica si no abres la boca ¡YA! que estoy a punto de correrme.

Jerónimo levantó la mano amenazante y Javier cerró los ojos y abrió temeroso la boca. El sabor le sorprendió. Era como el del beso de Matías pero muy intenso, seguía siendo su propio culo, pero muy amargo. Creyó que vomitaría pero la nausea no llegaba y de pronto la boca se le inundó de la leche de su abuelo que mitigó el amargor y cambió la amargura de ser así violentado por la dulzura del placer de saber que tenía la boca llena de mierda y leche de su abuelo que había sabido sacar de él al Javier más vicioso que ni sabía que llevaba dentro. Cuando acabó de tragarlo todo, Jerónimo sacó su verga fláccida y Javier pudo comprobar que quedaban restos marrones atrapados en el anillo y el reborde del capullo y sin pensarlo volvió a atrapar en su boca la verga del abuelo para con su propia lengua limpiar hasta lo más pequeño que pudiera manchar. Cuando acabó el abuelo le tomó los huevos y los apretó en su puño y con ese estímulo tan doloroso surgió su fuente de semen. Cuando acabó de correrse entre espasmos de placer, el abuelo le miró sonriente.

- Tengo unos buenos amigos que disfrutarían cagando en la boca a un vicioso como tú.


domingo, 14 de julio de 2024

INCESTUOSO

 

- Debes ir a ver a tu abuelo.
- Se está muriendo, mamá. ¿Que coño pinto yo allí? Ni me reconocerá.
- Siempre te quiso mucho. Cuando eras un bebé nada más, se quedaba contigo, cuando yo me tenía que ir a trabajar. Luego ya de más mayorcito te llevaba a la playa, y se bañaba contigo. Y eso que ya era mayor, pero tú te divertías mucho con él. ¡Cuantas veces fue a recogerte al gimnasio donde dabas clases de yudo y al salir te invitaba siempre a lo que tú querías.
- ¡Mamá! Yo no tengo ganas de ir ahora al hospital a ver a un moribundo.
- Ten más respeto, es tu abuelo. Acuérdate cuando te defendió de aquellos gamberros y a él le costó quince puntos en la cabeza, y tenía setenta años.
- Y yo nueve. Ya me acuerdo. Menudo palo le metieron en la cabeza y menos mal que llegó más gente que metió baza, porque vino una policía local y dijo que eran cosas de chiquillos que no tenía más importancia, pero el abuelo sangraba como un cochino y los chicos aquellos salieron a escape.

Javier se acordaba perfectamente del incidente. Eran los mayores de trece o catorce años. No se explicaba porqué querían pegarle si él nunca se había negado a chuparles el rabo, incluso tragándose la leche, que al principio le daba asco. Cuando se los encontraron en el parque al primer ¡Maricón! que le insultaron, el abuelo Jerónimo de una bofetada rápida tumbó al primero, pero eran jóvenes, fuertes y rápidos y uno de ellos con un palo que llevaba le abrió la cabeza. 
Javier no entendía el porqué de tanta  agresividad. Se la chupaba detrás de los setos del campo de voley casi a diario, tanto, que ya no hacía ni falta que le llevasen de la oreja como las primeras veces, iba él y se ponía de rodillas a esperar que llegasen, y eso le excitaba, se acordaba perfectamente, pero le avergonzaba que le gustase la espera. Todos, los cinco se le corrían en la boca y a veces le daban cachetadas mientras chupaba. A Javier, no sabía porqué eso también le excitaba. Una de las veces el Rodri se la metió tan dentro que empezó a vomitar babas y a la vez un calambre le estalló en la punta de su polla con tal placer que él mismo quiso que el rabo del Rodri volviese a provocarle esa nausea. "Esa baba que echa el niño es muy buena para no despellejarte el capullo cuando follas culo" el Dani siempre lo decía mientras le follaba la boca, que un día habría que probar el culo del maricón y Javier no entendía a que podría referirse. Por la boca la polla entraba bien, pero por el culo ¿Cómo? por ahí no podía entrar nada. Salir si, que menudos zurullos le salían todos los días, pero dudaba que pudiera entrar nada, pero le intrigaba.

- Está bien mamá, iré esta tarde a ver al abuelo Jerónimo.

El abuelo Jerónimo, cuando después de los puntos en la cabeza una vez recuperado el sentido de los acontecimientos y en la sala de espera aguardando que viniera la madre de Javier a recogerlos preguntó a su nieto.

- Y bueno, Javier, hijo, ¿Porqué esos gamberros te han llamado maricón, así, sin ton ni son, es que les has dado motivos o es que te han tomado manía?

Javier hundió la barbilla en el pecho y empezó a llorar. El abuelo le abrazó inmediatamente y le consoló.

- Ea, ya está, se acabó de eso no se vuelve a hablar. Va a ser un secreto entre tú y yo. Cuando venga tu madre solo va a ser que esos chicos quisieron meterse contigo, que ni les conoces, yo te defendí y el palo. Nada más. Ven conmigo, vamos a esperar a tu madre fuera, nadie tiene porqué enterarse de nada que hay ahí una mujer que tiene la oreja puesta y no me da la gana.

Caía ya la tarde, el ambiente estaba algo cargado pero la temperatura daba cuartelillo. Empezaron a pasear lentamente, arriba y abajo por la acera.

- Me va a dar igual si lo eres o no. Me va a dar igual lo que te hayan pillado haciendo esos salvajes o no, y me va a dar igual si te encantaba hacerles lo que fuera o lo que te hicieran. Si haciéndolo has disfrutado, enhorabuena, pero si ha sido una tortura para tí lo que te han hecho u obligado a hacer, se las van a tener que ver conmigo y ésta vez me van a pillar preparado.
- Abuelo, y dicen que me van a meter la picha en el culo, ¿A qué eso es imposible? en la boca vale, cabe bien, aunque si llega muy profundo da arcadas y luego eso que les sale al final, aunque ya me he acostumbrado, pero por detrás.. , además tiene que doler muchísimo. ¿A mí también me va a salir eso? Eh abuelo. ¿A tí te sale?
- Si, Javier si, me sale, y doler por detrás, duele, mucho. Muchísimo.

En una habitación acogedoramente impersonal, Jerónimo permanecía medio sedado entre sábanas impolutas con la sinfonía de fondo de los aparatos que medio bien le mantenían, si no vivo, vigilado.

- Está inconsciente, ¿No?
- No hijo. ¿Quien es, tu abuelo?

Javier estaba impresionado. Allí estaba su abuelo Jerónimo, en la cama ortopédica de hospital, inmovil, nariz afilada, boca entreabierta, respirar trabajoso y ojos hundidos en sus cuencas y cerrados. La impresión era de ser un cadáver a no ser por el rítmico movimiento del tórax subiendo y bajando de forma casi imperceptible. A duras penas Javier reconocía en aquella momia al abuelo que durante los veranos le cogía en brazos arropado por una toalla cuando salía del agua, fuera piscina o el mar. La sensación de confort y seguridad que le daba. Aún con cinco años mamar de sus enormes pezones a pesar de no sacar absolutamente nada. Su madre hacía meses que le había negado la teta "eres ya muy mayor, Javi, ¿no te da vergüenza buscarme la teta? Y cuando el abuelo Jerónimo le acurrucaba en su regazo estando de bañador no le negaba el pezón al que previamente habia quitado el piercing. Chupaba y chupaba hasta quedarse dormido, y en sueños, a veces, mordía el botón carnoso y el abuelo lejos de alejarlo, apretaba los dientes de dolor y acercaba aún más al niño a su pecho. Se preguntó Javier si seguiría teniendo los pezones tan desarrollados y si por estar en el hospital le habrían quitado los anillos.

- Abuelo. Usted cree que me oye.
- Seguro que si. Lo que ocurre es que está muy débil y no tiene fuerzas casi para nada. Pero acércate y cogele la mano, verás como te la aprieta. Yo me tengo que ir, voy a seguir mi ronda. Tú quédate con él, seguro que se alegra.

Nada más salir la enfermera el monótono pitido del electrocardiograma se aceleró un poco. Javier se acercó a la cama de su abuelo casi de forma reverencial, temiendo importunarle o hacer algo fuera de lugar. Cuando estuvo al borde de la cama el pitido del monitor se volvió a acelerar. Javier le tomó la mano como le había indicado la enfermera y Jerónimo respondió apretándosela. Pasaron unos momentos en los que Javier no sabía que hacer, si desembarazarse del apretón o apretar a su vez él. Y en esas estaba cuando su abuelo abrió un ojo y susurró algo.

- ¿Que dices, abuelo?
- ¡Que si estamos solos!
- Si, si. Nos ha dejado la enfermera solos.
- A ver. Deja que te vea bien. ¡Joder que guapo estás, y que cuerpazo tienes! En pelotas tienes que estar de revista.
- Abuelo. Me ha dicho mi madre que estás en las últimas.
- Con la edad que tengo no sería de extrañar. Me hago el medio muerto para que me dejen en paz, pero no te creas. Una prueba de que no estoy mal es que aún empalmo por las mañanas.
- ¿Te han quitado los piercings de los pezones?

Jerónimo no respondió se quedó mirando fijamente a su nieto y esbozó una sonrisa malévola, luego se quitó la sabana que le cubría y dejó al descubierto todo su cuerpo. Efectivamente en cada pezón, aún más grandes de los que recordaba Javier había dos; una barra que perforaba la base del pezón y un anillo que lo hacía justo en la punta. Eran de acero negro, salvo el del pezón izquierdo el anillo que era de oro. Eran gruesos y eso llamaba la atención al punto de apetecer tocarlos.

- ¿Te acuerdas cuando salías de la piscina y me los mamabas..., y mordías que a veces se me saltaban las lagrimas.
- Aún recuerdo la sensación tan placentera de tener ese trozo de carne en la boca, duro pero elástico y la emoción que me provocaba morderlo. Recuerdo eso como la cosa más gratificante que he tenido hasta ahora en la vida.
- Lo que tú no sabes es que cuando me mordías tan fuerte yo me corría de gusto por el dolor. Te apretaba contra mi pecho para que no dejases de morder y que el orgasmo fuera prolongado.
- O sea, que me llevabas a bañar para que yo..., ¡joder! que pedazo de degenerado estabas hecho.
- Estaba, no, estoy hecho. ¿Puedes hacerme un favor, Javier?
- Claro, claro.
- Yo con el gotero no puedo. ¿Quieres hacer el favor de quitarme el calzoncillo? Está conversación contigo debo tenerla completamente desnudo. No te sorprendas, solo rememorar lo que hemos hablado me ha puesto mi pobre rabo de piedra.

Javier, como si la sabana diera calambre, con mucho cuidado la retiró del cuerpo del abuelo. Tenía el bajo vientre delgado pero ajado por la edad. El calzoncillo de algodón le quedaba algo grande. El tiempo en el hospital y la mala comida le habría hecho adelgazar, pero el bulto era bien evidente. Sin querer tocar a su abuelo más de lo necesario Javier tiró hacia abajo de la cinturilla elástica y saltó hacia adelante un soberbio pene, operado, capullo orgulloso y grande, según le pareció a Javier, para lo que él estaba acostumbrado. Tendría unos dieciocho centímetros y grueso. Destilaba líquido trasparente por un considerablemente grande agujero del que salía una anilla brillante y gruesa y entraba desde la parte izquierda del frenillo. A Javier la estampa le hipnotizó, no podía quitar la vista de semejante verga anillada. El escroto que albergaba los huevos estaba distendido, caía entre los muslos de Jerónimo, cubierto de escasas canas con una piel que se antojaba muy lisa y suave, con los testículos dentro muy grandes. Javier deseó poder perder el tiempo haciéndolos deslizar entre sus dedos, pero se reprimió. Sin concurso alguno de la voluntad comenzó a jadear, algo a lo que no fue ajeno su abuelo.

- ¿Tú también te has empalmado, nieto, no te hacías idea de que mi entrepierna pudiera guardar este tesoro? A ver, acércate bien que yo pueda apreciar esa dureza. Lo estás deseando, lo aprecio en tu respiración agitada.
- Abuelo, pero..., pero es que..., no se, me parece...
- Estás empalmado o no. Que pasa, que es incesto, ¿es eso? Lo más excitante. Pero tú ya has tenido incesto conmigo, tú no lo sabías, de acuerdo, pero yo he gozado sexualmente de tu boquita. Y anda que no me corrí veces. Venga, acércate, no te voy a morder y ya verás como no se hunde el mundo.

Javier estaba atornillado al suelo, incapacitado para acercarse a la cama, donde su abuelo quería apreciar la dureza de su deseo. Recordaba, si, aquella sensación de frío al salir del agua y como su madre le decía que diese cuatro carreras para calentarse, pero el prefería refugiarse en los brazos del abuelo y saborear la dulzura y suavidad de sus pezones, la elasticidad entre los dientes y aquella tirantez que ocurría al tiempo entre sus piernas y que tanto le gustaba. Ahora sabía que no sólo su abuelo era incestuoso, él también lo era. Provocaba la tiritona quedándose quieto en el agua para poder fundirse con el abuelo y sus pezones. Ahora que estaba accediendo a tantas claves de su vida comprendió que con aquellos cinco años habría deseado no sólo chuparle los pezones al abuelo, habría dado cualquier cosa por atragantarse con aquel piercing del capullo. Deseaba tocarlo en ese momento, acercarse, olerlo, chuparlo y provocar una eyaculación que le impactase en la garganta. Le había costado acostumbrarse al sabor extraño del semen, pero ahora no sabría vivir sin el. Como por arte de magia, sin proponérselo se despegó del suelo y dió un corto paso hacia la cama. El abuelo Jerónimo sonrió satisfecho y comenzó a hurgar en la bragueta del nieto.

- Así me gusta, Javier, a ver, a ver. Uff, buen tamaño y durito, durito..., y los huevos, bien apretaditos. A ver, abre un poco las piernas que pueda llegar a tu ojal. ¿Has cagado hoy, y luego has usado toallitas húmedas o me vas a dar la satisfacción de oler tu culo con restos de mierda? ¡Ah! pues si, al fin te taladraron. Todavía recuerdo tu inocencia preguntando si por el culo duele. Te contesté que muchísimo y no se te ocurrió preguntarme que cómo lo sabía. ¿Te follaron aquellos energúmenos que me apalearon la cabeza o fueron otros?

Javier disfrutaba de la destreza de los dedos de su abuelo manipulando su ano y los huevos. A través de la bragueta era difícil hacerlo, pero el abuelo tenía dedos de cirujano, largos y delgados, a pesar de lo cual, Javier, para facilitar la labor que tanto placer le estaba proporcionando se desabrochó el pantalón y entonces si, el abuelo pudo acceder al ano de su nieto sin dificultad. Sacó la mano, se la llevó a la nariz, aspiró el aroma de su nieto y luego se metió la mano en la boca para ensalivarla, luego con soltura volvió a meter la mano en su nieto insinuando en su ojal un dedo primero, luego otro y otro lo que le hizo gemir.

- Más, más abuelo, por favor, más, me voy a correr.
- No. Correrte sería acabar con la magia y eso si que no. Abróchate, recompón tu figura y cuenta. Quién te desabrochó ese ojal que ahora está tan prácticable, ¿aquellos zagalones? Cuéntamelo. Tienen que estar a punto de entrar para darme la medicación, cúbreme con la sábana, ya tendremos tiempo de seguir con nuestros incestuosos manejos. No me voy a morir sin comerte ese sucio culo tan abierto ni sin hacerte vomitar con mi príncipe Alberto.
- No, aquellos asquerosos no. Por cierto, me los encontré en un bar BDSM años después. Quisieron disculparse, los mandé al carajo.
- Bien hecho, chaval. Entonces, ¿quien?
- El profesor de gimnasia. Tenía yo trece años y la verdad nunca se me dió bien eso de los aparatos. Para salvar aquel curso tenía que subir la cuerda sin nudos. No podía o no sabía o no ponía interés. El caso es que el profe me dijo que o subía la cuerda o repetía y se ofreció a ayudarme a hacerlo fuera de clase. Quedamos en el gimnasio a las seis de la tarde todos los días lectivos. A esas horas en el colegio solo había seminarios, música, talleres de escritura, total, todo alejado del gimnasio que se encontraba fuera del edificio principal.

- ¡Don Jerónimo! Vamos, abra los ojos, su medicación antes de la cena. Luego podrá seguir charlando con su nieto. Es que se hace el dormido, ¿sabes? para no tomarse lo que le ha puesto el médico para que descanse. Mira lo dejo aquí, comprueba que se la toma..., tu nombre dijiste...
- Javier, pero no he abierto la boca.
- Era solo una convención Javier, que se tome las pastillas. Hasta luego Don Jerónimo.

La auxiliar salió de la habitación dando un portazo como solía.

- Prefiero cuando viene el auxiliar a darme la medicación. Le digo que me arregle un poco la cama y a veces puedo rozarle el paquete. El se da cuenta y me dice: "que sinvergüenza está usted hecho" yo sonrió y le digo que estoy en las últimas y no se a que se refiere. Yo creo que le gusta. Por lo menos le halaga y yo disfruto sintiendo e imaginando un rabo enorme para mí consuelo. ¡Ah! y las pastillas esas para dejarme tonto, ni hablar. Deshazte de ellas. Nunca me las tomo, son todos unos cabrones. Venga, sigue con lo del profe de gimnasia. Y acércate que pueda rozarte el nabo.

Javier se estaba dando cuenta que lo que estaba sucediendo en aquella habitación le producía una sensación de bienestar y de lujuria que no conocía hasta ese momento. Deseaba acercarse y que la mano enjuta y temblorosa de su abuelo le rozase en un acto de deseo imposible, de ruptura de tabú que le permitiese gozar de su abuelo, también, de esa manera. Estaba enfocado en la desbordante juventud y descaro del que derrochaba energía sodomizandole sin piedad de la forma más violenta, pero acababa de encontrar una extraña forma de placer y deseo en ser objeto en manos de la fragilidad de la vejez que sin duda, intuía iba a ser un viaje extremo a lo más peligroso de la fantasía humana.
Se acercó, temblando de pasión, deseando que su abuelo le destrozase el pantalón y se hiciese dueño de su sexo y de su ano.
El abuelo, rozó suavemente el bulto palpitante de Javier una y otra vez sintiendo con delectación como el crío temblaba de deseo. Sabía que quería que rebuscase en las entretelas su carne pero también sabía que el deseo de placer y consumación es más, mucho más que la consumación misma que es un instante y muere.

- Y qué, ¿Como te entró ese chulazo antes de entrarte en el cuerpo?

- Yo estaba en la puerta del pabellón esperando, vestido con un pantalón corto de gimnasia, la camiseta del colegio y el chándal del colegio también. Llegó Matías. Es el nombre de mi desvirgador, muy sonriente y sin más abrió la puerta. Entramos y me dijo: "venga, ponte cómodo, no pretenderás aprender a trepar cuerda con el chándal" y al tiempo él se sacó el suyo, uno de lycra, parecía por lo ajustado y que le marcaban su definición. Pero sin chándal la cosa fue diferente. Un pantalón ese si, de lycra, negro, supercorto, que le entraba por la raja del culo, parecía un leggins de los que usan las chicas para marcar coño y culo. Era su segunda piel. Y una camiseta de asas multicolor que si te fijabas podía ser un arco iris desdibujado, también de lycra. Le marcaba exactamente, pectorales, serratos, rectos abdominales y oblicuo mayor. De haber sido de color carne habría engañado de ir desnudo.
- Más claro, el caldo de un asilo, Javier. Toda una declaración de intenciones. Y de bulto ¿que tal andaba?
- No podía apartar la mirada, abuelo. Le marcaba hasta el capullo porque me pareció hasta que iba medio empalmado. El se dió cuenta que miraba muy fijamente el bulto y no dijo nada, únicamente hizo como intención de colocarse el paquete sin ningún disimulo y lo que consiguió fue que pareciera aún más grande. E inmediatamente se fue a la cuerda y quiso enseñarme como era la técnica. Con una facilidad apabullante dio un salto agarró la cuerda con las manos y entrelazó con los pies la cuerda y empezó a ascender. En un momento llegó a lo más alto y llamó mi atención para que viese cómo bajaba, sujetándose solo con las manos y las piernas estiradas en ángulo recto. Bajó hasta quedar sentado en el suelo con la piel brillante del primer sudor y muy sonriente. Me dijo: "Ahora tú. Acuérdate de como he hecho yo, verás como puedes"
Sin muchas convicción agarré la cuerda, pero Matías me sujetó por las caderas y me elevó como medio metro, "tienes que dar un salto para poder hacer la presa con los pies y empezar a subir". Con las manazas que tenía cogiendome por las caderas sus dedos llegaban a rozarme la polla, y me empezó a crecer. No me soltó, cada vez más lo que era un roce se convirtió en tacto franco. Era imposible que no se diera cuenta. Pasaron unos segundos eternos hasta que me dijo: "sujétate bien con las manos que te colocó la cuerda entre los pies para que aprendas". Y aprendí. Le cogí el tranquillo y con más, menos dificultad, subí, pero a mitad de cuerda hice como que no podía y me solté. Me recogió él y me soltó enseguida. Y me dijo que volviera a intentarlo, pero está vez en lugar de cogerme por las caderas puso una mano en el culo y otra por delante abarcandome toda la polla. Y me corrí, y él se dió cuenta, me soltó le miré a los ojos, luego a su paquete que estaba a reventar y me dijo: "venga, vamos a dejarlo. El lunes a la misma hora nos vemos aquí" en todo momento evitando mirarme a los ojos. Cuando estaba saliendo del gimnasio me llamó, "Javier, estoy casado, mi mujer embarazada, casi para parir. Esto se me hace difícil, no me lo pongas tú más aún. Hasta el lunes"
- Me has puesto muy cachondo, nieto. Tú haciendo perder la cabeza a un recién casado. Eres un matahombres, mírame la polla, no me digas que no se te apetece, dame ese gusto.

Jerónimo tenía la polla tan tiesa que parecía mentira que el peso del anillo del capullo no la venciese. El anillo estaba brillante del precum que destilaba.

- ¿No te apetece probar mi esencia? Te aviso, siempre he sido muy lechero y si te atreves no creo que seas capaz de tragarla toda.
- Desde que te he visto el piercing he deseado saber cómo es que se estrellé contra mi garganta. No me la voy a sacar de la boca hasta que no me tragué hasta la última gota.
- Mientras me mamas, mi mariconcito, explorame el ojal, quiero que palpes el coño que tengo. ¿Aún no has practicado fisting?
- Me atrae mucho cuando lo veo en las pelis, pero soy joven y no me apetece que se me vaya cayendo la mierda mientras camino.
- ¡Que va! Al contrario, cuesta cagar. Además al ejercitar esos músculos dominas a voluntad abrir o cerrar el ano. El placer del fisting es otro nivel, no hace ni falta estar empalmado para disfrutar.

Javier metió la mano entre los muslos caídos del viejo, su abuelo, que abrió un poco las piernas para facilitarle la operación y apoyándose todo lo que sus fuerzas le permitían en los talones, levantó un poco el culo. Javier pudo meter la mano y asombrarse del tamaño. No parecía un ano, era como una boca grande en el culo, desdentada, de labios carnosos. Intentó meter un par de dedos pero le cabía la mano. En ese momento sintió la urgencia de meterse toda la polla de su abuelo en la boca. Fue muy rápido. Javier pensó que es que estaría muy falto, pero ni treinta segundos después de metersela en la boca, sin tiempo casi de sentir una nausea se le empezó a llenar la boca de un fluido que el conocía en su boca a la perfección desde los nueve años. Salía bastante y el abuelo no paraba de gemir y Javier de tragar. Cuando terminó de eyacular Javier aún se entretuvo jugueteando con el anillo utilizando la lengua y finalmente, con la polla del abuelo ya muy detumescente, la edad no ayuda a mantener erecciones, Javier se acercó a la cabecera de la cama y selló la nueva relación con su abuelo con un beso en la boca utilizando la lengua como juguete que disfruta de la otra lengua.

- En realidad, supongo que ya conocías el sabor de tú lefa pero he querido que al compartirla contigo se selle una relación íntima y viciosa que deseo que no se acabe aquí. Me tengo que ir ya. Ni se te ocurra morirte, me tienes que comer el culo y trabajarlo hasta tenerlo como el tuyo.
- Y tú me tienes aún que contar con pelos y señales como fue la follada de Matías. Bueno y otras muchas que espero puedas relatarme. Te avisaré con el alta. Tienes que conocer mi casa nueva.

miércoles, 26 de junio de 2024

BI (2)

 
- Tío, John, que nos ha pasado.
- ¡Joder! aclararos, que es que me dejáis flipada del todo. Os veo muy acaramelados y ya no se si seguir comiendo rabo o tirar arroz y gritar "Vivan los novios" joder es tan evidente lo vuestro. Me da hasta pena tener coño. Y tú Carlos, tanto reclamar profesionalidad a John. De verdad buscaros un rincón y disfrutar.
- John te lo aseguro no disfrutaba tanto de un momento así desde que, adolescente, fui a casa de una amiga y me tenía de sorpresa un amigo suyo absolutamente gay y me enseñó, pues casi todo lo que se hoy. Me hizo tomar conciencia de los pezones, del ano, los huevos, aprender a disfrutar de olores, texturas y sobre todo me hizo saber la importancia de la piel como sentido tan importante como la vista. Hoy, John me has hecho revivir todo aquello. ¡Que felicidad!
- Pues olvídate del país de Oz y baja a la tierra, que está tarde tengo yo una sesión lésbica con una tía que no me hace mucha gracia y quiero acabar con esto lo más rápido posible para relajarme un poco.
Carlos dejó perderse la mirada mientras se recordaba de inocente adolescente en manos de todo el que quisiera usarlo en su beneficio, desde sus tíos a sus compañeros de instituto.

Carlos era el típico caso de niño bueno de padre incapaz de tener la bragueta cerrada si olía braga de mujer. La madre de Carlos llegó preñada al altar y a partir del parto el niño solo escuchaba broncas, reproches, llantos y voces. Y así hasta los cinco años en que de mutuo acuerdo Carlitos fue adoptado por la tía Mercedes y el tío Facundo. Mercedes era hermana del padre y amiga de la madre desde el colegio. El padre pudo seguir con su afición y la madre cultivar determinadas amistades conseguidas a través de chats especializados.
Mercedes y Facundo eran un encanto, todo lo contrario que los padres biológicos. Y buena gente. Con ellos convivía un tío soltero de Mercedes a quién su madre en el lecho de muerte encomendó su cuido, el tío Marcial, un hombre enjuto y callado que se pasaba el día haciendo solitarios, salvo cuatro horas diarias que dedicaba a pasear. Desde el primer momento, el matrimonio acompañó a Carlitos en su nueva vida, colegio, fines de curso, salidas a cine y merienda, santos, cumples y fiestas de compañeros del cole. Mercedes y Facundo estaban presentes en cada minuto de la vida del crío. Tío Marcial era como otro mueble más de la casa, no hacia ruido, pero se echaba en falta cuando no estaba porque había salido a su paseo.
En los baños, Mercedes y Facundo tenían al niño al lado igualmente. Cada día se bañaban los tres juntos en una enorme bañera de hidromasaje que tenían en el sótano. Cada baño era una fiesta en la que Facundo siempre acababa follandose a Mercedes mientras el muchachito jugaba con los pezones de su tía como si fueran su fuente de alimentación. El tío Facundo se sentaba y la tía Mercedes encima de su marido. Siempre que lo hacía a Carlitos le entraba la risa floja porque su tía emitía unos quejidos como si le doliera algo y el tío Facundo ponía los ojos en blanco como si le pasase algo, no malo, raro.
A medida que Carlitos creía le iba creciendo todo, al punto de que tita Mercedes, cuando el crío tenía diez años se fijó en el entoldado del niño.
- ¡Mira Facundo! el niño tiene una sombrita de pelusilla ahí abajo.
- A ver, Carlitos, ven aquí. Vaya, pues es verdad, Mercedes, y no sólo eso. Tiene peso ya y volumen, está mucho más grande todo y que pegaditos los huevecillos a la cola.
Con el manoseo, en el que Mercedes no podía ser ajena, el volumen y largo del crío se engrandecian. A Carlitos le daba cierto apuro, sobre todo cuando tío Facundo tiraba hacia atrás del pellejo y aparecía para sorpresa del chaval una parte casi granate y que le dolía al tocarla, aunque era un dolor de alguna forma deseable. Siempre cuando aparecía ese trozo, él echaba instintivamente el culo atrás y se restablecía la normalidad, pero sirvió para que le picase la curiosidad y cada vez más él se sacase ese trozo y explorase hasta que punto podía bajarse el pellejo. En una de esas expediciones el ímpetu púber le hizo tirar más de la cuenta y el pellejo abrazó eso que más tarde supo que se llamaba capullo y lo estranguló. Lo que en principio producía placer empezó a generar una cantidad de dolor inasumible. Iba a cumplir doce años y salió gritando del baño pidiendo ayuda. En casa estaba tío Facundo que acudió de inmediato.
- Mira, tío, mira. Me duele, me duele mucho, llévame al médico, me duele, me duele.
Facundo lo llevó a la cama y lo tumbó. Quitó el calzoncillo que todavía conservaba en las rodillas y para sorpresa de Carlitos se abalanzó sobre su entrepierna y se comió literalmente su cola. En un momento dejó de sentir dolor y sin solución de continuidad, placer, mucho placer, hasta que le inundó un estremecimiento que le cortaba la respiración y le dejó sin fuerzas después de haberle tensado todo el cuerpo.
- ¿Que ha pasado, tío, porqué te la has metido en la boca y luego, lo otro, que ha sido?
- ¿Nunca te has hecho una paja, Carlos?
- No sé. ¿Que es eso?
- ¿No has hablado con tus compañeros de colegio de esto?
- No. Bueno, ellos hablan de cosas en voz baja se ríen mucho, pero a mí me da vergüenza preguntar.
- Pues lo que yo te he hecho con la boca para quitarte la ligadura del pellejo en el capullo y luego seguir chupando, se lo hace cada uno con la mano. Solo que si te lo hace alguien con la boca, da más gusto. ¿Quieres hacérmelo tú ahora a mí?
Facundo al tiempo que daba la explicación se desabrochaba la bragueta y dejaba salir un pene grande, orgulloso de reluciente capullo.
- Déjalo tío, otro día, de verdad, ahora no puedo.
- No importa, tu tía lo hace muy bien. Ya lo verás luego cuando nos bañemos.
Carlos ya en su cuarto llamó a su amiga Noelia que le tenía dicho que le llamase si tenía alguna duda de algo de alguna asignatura.
- Carlos, abre Skipy y hablamos cara a cara mejor.
- No hace falta Noelia, de verdad. Que tengo que decirte una cosa nada más.
- Que si. Abre o cuelga. Uff, hijo, para tino hay más que estudios.
A regañadientes Carlos abrió el ordenador y abrió la aplicación. En la pantalla apareció Noelia desnuda de torso sujetándose las tetas con las manos y pellizcandose los pezones con los dedos pulgar e índice de cada mano.
- ¡Noelia, que haces, tía, tapate!
- Carlos, si no te gusta, voy a tener que pensar que prefieres otras cosas. Si quieres te doy el Skipy de Morgan, a lo mejor él te enseña otras cosas que te hacen reaccionar.
- Que no, de verdad que no. Es que me has dejado flipando. Que peras más guays, tía.
- Y tú, ¿no tienes nada que enseñarme?
- Noelia, joder, mi tía puede entrar en cualquier momento. ¿Y que pasa con el Morgan?
- ¿No lo sabes? Si yo creo que no hay polla en el insti que no haya visitado su boca o su culo. Es un vicioso de la hostia. Y tú nunca te enteras de nada. ¿Quieres saber qué me ha enseñado Morgan?
- ¿A tí? Pero si me acabas de decir que prefieres las pollas.
- Pero tengo culo como él, y nos gustan las pollas a porfía. Me regaló un consolador que a él se le había quedado pequeño y me enseñó a usarlo. Mira.
Noelia se dió la vuelta y enfrentó a la cámara el año. Estaba ocupado por una especie de joya brillante azul. Hizo fuerza para sacársela con la mano y el ano se le dilató monstruosamente dejándolo abierto durante unos instantes. Carlos se quedó hipnotizado.
- ¿Y entonces, por delante, nada?
- Joder, Charly, eres un auténtico inútil. Por delante tengo está cosita aquí que es como si fuera vuestro capullo, me lo froto así deprisa y me corro una vez detrás de la otra, algo que los chicos no podéis.
La chica se volvió para dar a cámara su sexo que tenía abierto, humedo y enrojecido. Empezó a masturbarse emitiendo gemidos parecidos a los que hacia su tía cuando se sentaba sobre su tío.
- No me digas que esto no te pone la polla bien dura y te gustaría metermela. En el coño no, que no quiero que me hagas una barriga, pero por el culo o la boca, cuando quieras.
- De eso te quería hablar.
Carlos le contó con todos los pormenores que supo y pudo lo que le había pasado cuando el pellejo se bajó tanto que le estranguló el capullo.
- No podía soportar el dolor, Noelia, si en ese momento me dicen que me la tienen que cortar no me habría importado. Por eso cuando mi tío se la metió en la boca y chupó y chupó apretando hasta que con la saliva se puso deslizar el pellejo me entró un alivió que quería gritar de alegría y fue en ese momento que me entró una cosa por todo el cuerpo y sentí como me crecía el capullo, pero sin dolor y sin querer agarré la cabeza a mi tío para que no dejase de chupar. Que gusto me dió y que bien me sentí Noelia.
- Y se lo tragó o lo escupió.
- ¿El qué?
- ¡Joder, Carlos! Que va a ser, lo que echáis los tíos cuando os entra el gusto y nos preña el coño a nosotras.
- Yo no echo de eso. No se, creo que no.
- Pero, vamos a ver Charly ¿tú te pajeas?
- Yo no. Se me pone tiesa y luego se baja. Lo de la boca de mi tío ha sido la primera vez que me ha dado gusto, pero no sé...
- Ahora, como tienes el rabo ¿tieso?
- Bueno, si, de verte a ti las tetas y eso, un poco.
Noelia salió de cámara y regresó al poco con algo en las manos. Enseñó unas pinzas de la ropa a cámara y luego se las colocó en los pezones y el clítoris. Puso cara de quedarse traspuesta y empezó a mover nerviosamente la pinza del clítoris.

- Uff, me acabo de acordar de la pinza en el clítoris que se puso Noelia. Estoy acostumbrado al piercing de Lena, pero aquello del clítoris y la pinza fue muy heavy, que yo no tenía ni los trece.
- Cómo fue eso. Cuenta, cuenta.

- ¡Me corro, joder, Carlos, me corro! méteme tu polla en el culo, maricón, Follame el culo, tío, yaaa.
- ¿No te duele eso?
- Ahora al quitármelo un poquito, pero el gustazo que da no tiene parecido con nada. ¿Cuando vas a venir a "estudiar" a mi casa. Un día que esté yo sola y además a lo mejor invito a Morgan. Para que pruebes de todo.

- Está bien John. Verás. Ganemonos el dinero que nos dan y ya está noche, sin afeites ni pastillas azules para que no se  arruine una escena, vamos a mirarnos a los ojos y a ver donde podríamos llegar. Ya, ya se lo de tu novia, pero también se que la eternidad es cosa de religiones y esto no lo es. Tío esos minutos que hemos olvidado lo de que estábamos en un set ha sido glorioso. ¿Intentamos que no se quede en un espejismo?
- Vale. Pero tienes que explicar cómo fue, si es que llegó a ser esa visita para estudiar a casa de tu amiga..., ¿cómo era? si, Noelia y si al final hubo pirata o no.
- ¿Pirata?
- Si hombre el Morgan ese del que hablaste.
- Eres un puto morboso, John. Vamos a rematar las escenas que faltan y os lo cuento.
- A mi no. Ya os he dicho lo del lésbico está tarde. Ya mismo si nos demoramos un poco.
- ¿Y ese lésbico?
- Para una despedida de soltera, hijo, pero pagan de puta madre las muy zorras.
- Entonces quedamos esta noche en el Leather y os lo cuento todo. ¿Hace John, hace Lena?
Ambos colocaron el pulgar hacia arriba y enfilaron el camino al set de rodaje.
- ¡Venga! todos prevenidos. Tú, el cámara autónoma, procura que no se te vean los pies, ni la polla, que siempre estás salido. Vosotros tortolitos, espero que estéis ya listos y hecha la pedida de mano. En sus marcas y...¡Acción!

miércoles, 19 de junio de 2024

BI

 
- Ni se te ocurra volver a hacerlo.
- Estaba en el guión John. A mí tampoco me hace una ilusión tremenda morrearte, pero vamos, es nuestro trabajo, tampoco debía sorprenderte, ¿o es que no te lees el guión? Ponía claramente que mientras Lena te hacía la mamada y yo la sodomizada, 3', nos morreabamos sin lengua 22"
- Lo hablé con el director, la maricona esa, y le dije que de morreo con tíos nada.
- Ah, que simpático, pero que te la mame el otro tío de puta madre, porque tú te limitas a tocar así como de pasada y alguna palmada en culo pero de mamar rabo, nada. Mucho bi y mucha leche, pero eres un cara.
- Joder, Carlos, luego ve mi novia la maqueta y me abronca porque me he morreado con un tío. 
- Claro hombre, porque en los cuartos oscuros del Leather no hay cámaras ni maquetas que visionar. Pero dime, John le has contado a tu novia lo que se cuece ahí. ¿Le has enseñado tu ano alguna vez? ¡Joder! que en este mundillo nos conocemos todos tío. No te quieres morrear, pero el puño no te importa.
- Eso a ti te trae sin cuidado. Y como se te ocurra ir con el cuento a mi chica, te arranco la cabeza.
En ese momento el script asomó la cabeza por la puerta del estar para anunciar que en un minuto en el set de rodaje para la escena dos.
- Mira tío, no soy ningún chismoso. Allá tú con tus líos de pareja, pero no me vengas más con estrecheces de morreos ni mierdas. Y por cierto, espero que te hayas leído el guión de la dos. Cuando me follas mientras Lena me la mama, me vuelvo y nos tenemos que morrear con lengua 15"
- Ni hablar.
- Ya lo sabía yo que no te leías el guión. Tío, es trabajo, no tengo interés en tu boca, pero me pagan por eso y por comerte el culo en la escena cuatro antes de que Lena te meta el dildo de perro. Y he de reconocer que tendré que hacer esfuerzos por no correrme cuando te sodomice. Porque si. En la escena cuatro después de lo del dildo, yo te lo saco, te como el culo y le la clavo mientras tú se la clavas a Lena, luego cambiamos y al revés, y siempre en el ano.
- Eso yo no lo hago. Ahora mismo voy a producción.
- Joder. Eres tonto. Tampoco lees los contratos. Los firmas después de ver la cantidad sin mirar nada más. Si tío 1500 eran tentadores por un día de rodaje y un par de corridas, pero no leíste la cláusula de rescisión unilateral. El que la provoque debe indemnizar con el doble. Tres mil te va a tocar soltar.
- Y la escena dos ¿de que va, Carlos? No, no he leído nada. Necesitaba pasta rápida y firmé. ¿De que vamos ahora?
- En esencia, me follas mientras como coño y luego yo follo coño mientras tú comes polla. Dura 14' así que hazte a la idea y no te rasgues las vestiduras. Vete pensando que estás en el Boy y se la chupas a un crío de quince que acaba de salir del instituto. Si hombre, si lo sabe todo el mundo te molan los adolescentes cabrones que hostian a los maricones, antes de follarselos mientras graban un only4fans.
Camino del set se le unió Lena, una bielorrusa traída para puta por una mafia y que liberada por la policía encontró en el porno su medio de vida.
- Y a vosotros ¿que os pasa? joder, yo preferiría comerle el coño a una tía pero me pagan por polla, por donde sea que pueda entrar. Se masca el rechazo. Si no os va el rollo gay dejarlo y buscaros algo hetero, aunque ya se que cada vez vende menos, pero que menos que profesionalidad.
- A mi no me mires Lena. John que le da mucho apuro que la gente sepa que le gusta un rabo y el tío que lo lleva. Tiene una especie de homofobia interiorizada que le hace reaccionar mal.
- No está mal, John, que muestres placer. A la gente le gusta y el placer se consigue con unos y otros si sabes entregarte en cada momento a lo que toque. Mira yo. De puta obligada tres años, hasta que la poli me libró y no se, si por agradecimiento o por deseo me enamoré como una tonta de la poli que me encontró encadenada desnuda y llena de moratones. Me trató bien y me prendé. Pero gozo de una polla como la tuya y me da igual que por delante o por detrás. Si está dura y sabe moverse me da placer. ¿Que la gente sepa que el gran John disfruta de un buen tío? Les trae al pairo, de verdad. Se tú, disfruta, y cuando en la escena cuatro, Carlos te la meta, gozalo.
- Vaya, Lena, tú si te has leído el guión. Dile lo de la escena seis.
- No, no me lo digas. Prefiero ir paso a paso. Una torpeza mía no leer el contrato ni el guión. Ayudarme un poco los dos. Intentaré estar a la altura.
- Tu hazte a la idea que estás con un lampiño grabando para el only4fans.

John nació y creció cerca de Topeka de Kansas. Su madre, Carmen, sevillana conoció a John Malcolm III destinado en Morón, piloto de B-52 y se enamoraron perdidamente. Se casaron en San Miguel Arcangel, la llamada catedral de la Sierra Sur, iglesia emblemática de Morón aunque John era presbiteriano y el cura hizo la vista gorda. A los quince días licenciaron a John Malcom III y se llevó a Carmen y su embarazo a Kansas a una finca que se extendía en una amplia hoz que hacía el arroyo de las seis millas, Six miles creek, una finca de su familia que explotaban de siempre y en la actualidad utilizaban como inmersión en cultura agraria de los turistas que quisieran volver a los origenes.  Cuando Johnny entró en la secundaria lo fichó rápidamente el entrenador del fútbol americano. Con catorce años medía casi 6 pies y medio y musculado.
Enseguida quiso dedicarle tiempo porque le veía tipo de quarter back. Por las tardes después de las clases se quedaba en las instalaciones haciendo pesas para muscular y ensayando tiros y recepciones. A las tres semanas de este régimen de trabajo cuando acabaron las rutinas el entrenador le pidió que fuese a su despacho para discutir un tema. La intuición de John le hizo sospechar algo inusual, pero a la vez la curiosidad por lo que de brumoso pudiera existir le empujaba. Le invitó el entrenador a sentarse en el sofá del despacho y él a su lado. Le pasó el brazo por detrás y le apretó el hombro atrayéndole hacia él, tanto que llegó a sentir su aliento en la mejilla.
- Tu y yo hemos conectado, chaval. De alguna forma eres como el hermano pequeño de Connor. Serías el perfecto quarter back. ¿Te gustaría?
- Me encantaría entrenador.
- Me recuerdas a mi hijo, a Connor. Parece que te tengo en brazos, de meses, bañándote, tan perfecto, tan precioso, y como se estremecía entre mis manos cuando le lavaba la entrepierna y el culito. A veces se le ponía dura la colita. ¿A tí se te pone dura la colita?
- Entrenador, esto, esto, me parece inadecuado.
John estaba muy nervioso. Efectivamente se le había puesto dura la verga al imaginar la colita de Connor dura y tiesa. Cuando llegó al instituto, de las primeras veces que entrenó y Connor sustituía a su padre se duchó con él y se fijó en su entrepierna, grande, morcillona, casi dura. Le impresionó tanto que ni pudo evitar tener que mirar ni que su propio rabo adquiriese consistencia de piedra. Se dió cuenta que Connor se había percatado, como le había mirado y sonreído. 
- Si John, le sorprende a mucha gente, lo grande que la tengo. Tú tampoco la tienes pequeña.
Se cortó muchísimo pero aunque no le gustaba reconocerlo hubiera deseado tenerla entre las manos y compararla con la suya. ¿Quizá rozarsela? Sabía que lo deseaba, pero no sé lo consentía, habría sido de gay y él no lo era, o eso deseaba que fuera. Ahora que el entrenador le preguntaba, muy a su pesar, sentía que estaba más duro que nunca, incluso más que cuando hablaba por videoconferencia de noche en la cama, con Gladys, ésta le enseñaba como se masturbaba metiéndose a la vez un dildo por el culo. Deseaba decirle que si que lo estaba pero prefirió intentar desactivar la situación diciendo que era inadecuado. Lo que no esperaba era lo que iba a suceder a continuación.
- ¿Inadecuado? Inadecuado sería que te quedases sin probar esto.
Con una destreza digna de alguien más joven, el entrenador se echó abajo el pantalón del chándal y dejó en libertad un soberbio pene de grueso capullo rematado por un príncipe Alberto y un frenum los dos de color negro acero.
- Venga John. Te he observado como miras el paquete de Joe, te lo comerías y Connor me dijo lo que pasó  en la ducha, cómo le mirabas y como te pusiste. Ahora tienes esto aquí. Aprovecha, está dura y apostaría lo que fuera a que nunca habías visto un adorno así. ¿Has chupado polla, alguna vez? o, solo han sido pajitas entre colegas. Ah, no, no eso. Metetela en la boca y disfruta. Lo estás deseando. 
El entrenador colocó la mano en la nuca de John para inclinarle hacia su sexo. John giró la cabeza con gesto en los ojos de implorarle misericordia y al tiempo tensando su cuello para oponerse al deseo. Odiaba desear dejarse llevar y sentir una erección dolorosa y tan placentera. Sabía que su capullo estaba destilando precum de excitación y sentía que su voluntad iba disminuyendo y rapido, de seguir la presión de la mano caliente del entrenador en la nuca iba a entregarse. Deseaba que la polla del entrenador le taladrase la garganta pero no quería que sucediese. Empezó a llorar de rabia, momento en el que el entrenador cedió en su obligar a bajarse al sexo y le sujetó la cara con las dos manos y acercó sus labios a las mejillas para beber sus lágrimas.
- Mi niño. Estás sufriendo. Entrégate, acaba con la tortura. Esto no es malo, es solo placer entre hombres, sin compromiso.
Y poco a poco fue resbalando los labios por la mejilla de John hasta alcanzar los labios. John sabía lo que iba a pasar, pero ya no podía seguir luchando contra su naturaleza. El entrenador alcanzó los labios de John y éste como si de un automatismo se tratase los abrió, momento en el que el entrenador hizo lo mismo y sus lenguas se tocaron. Ya no hubo marcha atrás.
Suavemente, haciendo mínima fuerza, la mano del entrenador condujo la cabeza del chico hasta su sexo. John tenía los ojos cerrados pero al llegar cerca del sexo enhiesto destilando precum percibió el olor penetrate a excitación y pudo contemplar muy de cerca el capullo grande con su anillo y la gota de lubricación natural resbalando por el frenillo hasta empapar el frenum. Se detuvo un momento, pero la mano que le guiaba a su destino hizo presión. John se abandonó, abrió la boca y allí empezó su tortura y su paraíso.
Después de aquello, pasadas unas semanas, Connor invitó a una barbacoa a John y otros chicos del equipo, no estaban todos. El entrenador pidió permiso al padre del chico para pasar la noche con los demás en su casa. El entrenador era una vieja gloria de la NFL, no había de que temer.
La barbacoa tenía como protagonista a John y en realidad fue un bukkake en toda regla. Los otros tres jugadores del equipo ya habían sido trajinados por Connor y su padre.
- Esto, John, es tu bautismo de sexo. Eres el centro, el protagonista. Déjate llevar y disfrutaremos todos.
Connor fue el que introdujo al chico en la habitación. Estaban los tres compañeros de equipo, el entrenador y cuatro tíos más que nunca había visto. Connor siempre estuvo a su lado animándole y borrando miedos y derribando censuras culturales. Tragó leche por arriba y por abajo y ya al final, con el ano superdilatado Connor consiguió meterle el puño. John se volvió loco de lujuria. Connor era experto y sabía cómo estimular la próstata del chaval que empezó a correrse una y otra vez sin poder parar. Pedía a gritos que siguiese y que parase. Cuando exhausto se desmayó amaneció en una cama que no conocía y la sensación de tener un balón de fútbol en el culo. Se tocó y recordó todo lo ocurrido. Tenía el ano muy dilatado, pero tocarselo le provocaba más placer. Se asustó. Buscó su ropa, se vistió y se fue.
Se lo contó todo entre lágrimas a su madre que se lo trasladó a John Malcom III que no se creyó una palabra. Preguntaron a los otros tres que estaban allí y lo negaron todo. Pero Carmen sabía que su hijo decía la verdad. Expulsaron una semana del instituto a John por falso testimonio y a partir de ese momento fue el calvario. Tanto así que ni su padre ni nadie le dirigía la palabra y los insultos constantes que un día que su marido había ido a otro condado a jugar un partido, Carmen cogió cuatro cosas y a su hijo, se fueron a Topeka y volaron a Nueva York desde donde volvieron a España. El divorcio lo solventó Carmen a través de consulado.
John con ayuda fue superándolo aunque, a su pesar, no olvidando aquella noche de bukkake. De hecho no conseguía correrse cuando tenía sexo con una chica si no traía a su mente el episodio del puño. Deseaba una mujer, pero el orgasmo venía de la mano de un hombre que le taladraba el culo con su puño. Pero era mejor meter la cabeza en un boquete, como avestruz y no enfrentar el problema. Pero él sufrimiento iba en aumento. Su novia se lo aclaró.
- Johnny, cariño, no pasa nada, eres bisexual, te gustan los dos sexos, como a mí. Otra cosa es el amor, como el que yo te tengo y el que tú me tienes a mi. ¿Te gusta el fisting? perfecto, yo puedo ayudarte, como si te pone usar mi culo. Yo me acostumbraré, te quiero y terminaré por encontrar placer en ello. De vez en cuando seré mujer para ti y a veces, tío y te doy mi culo. Y no llores más.
El alivio de John fue inimaginable. De ahí en adelante no volvería a tener problemas, hasta que llegó la noche. Fueron a una disco. En un reservado a brazo partido con su novia y llegó otro tip.
- ¿Éste es tu tronco, Claudia? A veces flor, a veces cardo. No está mal.
- ¿Quién es éste Claudia?
Joaquín era un sinvergüenza de los que sin escrúpulos, por un billete hacen una pirueta. Tenía veintiséis años y una vida en la calle. Padre en la cárcel por pederasta y madre prostituta por vocación. Follado por padre y madre desde su más tierna pubertad, nada le espantaba. Por eso, cuando Cláudia, vecina de bloque, le ofreció un buen polvo a tres con su novio, no se lo pensó.
- Un amigo, cariño. Lo mismo se come un coño que morrea un tío, te pone el culo que preña una tía. Otro bi, como tú. Si te parece, vamos a su casa y nos lo montamos de puta madre. Me va a gustar ver cómo te parte el culo. Ahora, eso sí. Un poquito de vez en cuando vale. Morreos de entrega a pareja esos son míos. Con los tíos se morrea otro tío, que es gay y se acabó. Que se la chupas o te atraganta de lefa la garganta y te parte el culo, eso es sexo libre, pero nada de emociones desatadas con el tío, esas son para mí.
Y John después de mucho tiempo volvió a tener entre sus manos un rabo y a entusiasmarse con sentir la nausea que provoca la colisión de un capullo duro con la garganta, esa arcadas que tiene la habilidad de relajar el culo y permitir disfrutar de una entrada brava a saco por la retaguardia.
Los tríos con Claudia y Joaquín menudearon hasta que un día el tal Joaquín le habló a John de un dinero fácil haciendo lo que le gustaba y dejándose grabar.

- Escena 2, cuadro 1, toma 1
- Acción.
John, no paraba de pensar en que iba a tener que morrear con lengua y entrega a Carlos. Se contrajo y la polla se le vino abajo. Lena ya estaba con la mamada y Carlos tuvo que improvisar, coger la cabeza a Lena, darle un beso profundo para después volverse a John y hacerle una garganta profunda que le revitalizarse.
- No sé a qué viene este cambio de guion pero no va mal. Seguir a ver qué tal.
El director dejó seguir la intuición de Carlos a ver en qué paraba.
Cuando John recuperó consistencia, rápidamente Carlos se volvió y el mismo se la metió. John se envalentonó con la sodomización y olvidó tabúes. Carlos se volvió entonces y reclamó la boca de su compañero. John se entregó y disfrutó del beso. No duró quince segundos. Iba por un minuto de beso, Lena miró de reojo al director para preguntar si seguía felando a Carlos y de repente, John se estremeció y empezó a eyacular dentro de la pareja. Al sentir Carlos que le preñaba John empezó a correrse también, Lena se retiró porque no tenia en contrato derrames en boca.
- Corten, joder, corten. ¿Que coño ha pasado? Se puede saber si ya sois novios, es lo único que se me ocurre. Venga largaos media horita a recuperarse y volvemos a ajustarnos a guión. ¡Y quiero leche en la corridas, joder!

martes, 4 de junio de 2024

AGONÍA

 

- Menos mal que has llegado a tiempo, Jaime.
- Tenía un examen abuela y no podía dejar de presentarme. Me salió bien. Tuve suerte, eran setenta y dos temas y cinco de ellos los dejé sin tocar. En el histórico de cinco años nunca salió una pregunta de esos temas, y acerté. Creo que he terminado derecho.
- Felicidades hijo. Lástima que tu abuelo no pueda enterarse. ¿Vas a entrar a verle? Y a despedirte, desgraciadamente.
- Claro, abuela, para eso he venido. ¿Puedo entrar ahora?
- Entra ahora, a ver si hay suerte y te reconoce.
La habitación de Guillermo estaba en penumbra rosa merced a un estor rojizo que pendía de la ventana. "Una atmósfera cálida, colores cálidos, relaja y cierto aroma a café recién hecho flotando en el aire hace que el paciente terminal se encuentre más confortable". El médico de paliativos había sido muy específico en las circunstancias del entorno del paciente.
Guillermo hacía muy poco bulto en la cama, una de esas articuladas y electricas de hospital que Cándida, su mujer, hizo poner en la alcoba para que su marido pasase lo más confortable posible sus últimos días. De alguna manera, Cándida, se alegró de que se llevasen la cama del deshonor donde años atrás había sorprendido a su marido siendo taladrado por el culo a cargo de su sobrino Sebastián. Recordaba Cándida cómo se quedó paralizada como la mujer de Lot hecha sal amarga. Su marido y el sobrino no se percataron de su presencia y pudo escuchar el escarnio hecho veneno en las palabras de su marido: "Preñame, Chano, preñame el culo", aunque lo peor fue el vergonzoso "te lo puedo explicar" con el culo aún rezumando semen familiar. Cándida quiso morir y matar a Guillermo. Ya nunca compartieron cama, él se quedó con la cama adultera y ella ocupó la habitación de invitados. Todo fue civilizado y correctamente violento. Luego el tiempo fue depositando polvo de olvido sobre las heridas y casi todo volvió a la normalidad. Cándida sabía que Guillermo y su sobrino y no quería saber si muchos más, seguían con sus sodomías, pero no bajo su techo. Cuando el infarto sin posible recuperación y el regreso a su casa, ella saboreó el triunfo de ver perdida de vista aquella cama.
- Pasa. Tocale un poco la mano o el hombro a ver si reacciona. Yo me quedo fuera.
Jaime se acercó con reverencia a la cama como si se tratase de una ermita a la que se acude en peregrinación. Estaba boca arriba respirando con cierta dificultad, las manos una sobre la otra y las dos sobre su pecho entrelazadas por un rosario de nacar. Jaime le tocó el hombro y luego las manos. Guillermo abrió los ojos para ver de quién se trataba y se le iluminaron. El corazón se alarmó y el enfermo abrió la boca como para tomar aire.
- Mi niño. Dame un beso.
Jaime se inclinó sobre la mejilla de su abuelo para darle un beso y en el mismo momento Guillermo giró la cabeza para que sus labios chocarán con los de su nieto. Al principio fue vacilación por parte de Jaime pero Guillermo hizo un poco de fuerza y entreabrió los labios. Jaime se dejó llevar, cerró los ojos y relajó su labios. La lengua del abuelo buscó la del nieto y rememoraron antiguas hazañas.
- Hazlo.
Guillermo abrió la boca todo lo que sus mermadas fuerzas le permitían y Jaime escupió varias veces. Luego volvieron a sellar sus labios una vez más.
- ¿Te has empalmado Jaime?
- Cómo no, abuelo. Desde que me fui a estudiar la carrera no había vuelto a besar,  a un tío. Tengo novia y me apaño muy bien, abuelo.
- Acercate más a mi mano y dejame que palpé tu dureza. Hace no se el tiempo que no toco carne dura y arriesgada. Me estoy muriendo, nieto, pero me has dado un poco de vida. Toca por encima de las sábanas. No recordaba ésta dureza desde que mi sobrino y tu me hicisteis una doble en la sauna de mi viejo amigo Linares.
Jaime se acercó y la mano del viejo pudo alcanzar la bragueta del chico que mientras tanto tocaba el paquete del abuelo a través de las sábanas.
- Si la tienes dura. Por cierto, que sabes de Sebastián. El fue el último que me folló. Hace ya casi seis años que el culo solo me sirve para cagar. Follaba bien y comía el culo mejor.
- El muy maricón te echó el ojo y te trajinó a mis espaldas. Perdona, me canso de hablar, pero soy feliz recordando. Hazme un favor. En el segundo cajón de la cómoda, al fondo hay una cajita de plata. Traemela.
Guillermo después de una conversación tan larga estaba agotado pero aún le quedaron fuerzas para destaparse del todo. Jaime, llegó a su lado con la cajita de plata.
- Jaime, ayúdame a quitarme este camisón absurdo, quiero quedarme desnudo. Y abre la caja. Saca las pinzitas que tienen dentro.
Dentro de la caja habia seis pinzas de electricista de las que tienen dientes afilados para garantizar las conexiones, con unos muelles fuertes.
- Son las que yo llamo pinzas cabronas, muerden con saña la delicada carne de los pezones y sacan sangre. Ponme las seis, tres en cada pezón.
- Abuelo, tienes los pezones enormes y la polla muy tiesa. Me dan ganas...
- A su tiempo. Ponme las pinzas y vas a saber lo que es una polla muy dura. En cuanto muera, quedate con ellas y empieza a practicar para que vayan participando los pezones cada vez más en tu sexo. Deja que me corra por ultima vez en la boca de mi nieto más querido. ¿Que edad tenías cuando nos pillaste a Sebastián y a mí follando en la arboleda de la finca?
- No sé. Ocho o nueve tendría. Recuerdo que se me puso la pichita que tenía como un palo.
- Y ahí fue donde por primera vez y sin que nadie te lo pidiera me la chupaste mientras que mi sobrino me follaba.
- Es un recuerdo grato. Casi no me cabía en la boca pero me esforcé y cuando te corriste y me dijiste que tragase no me importó. Me gustó abuelo.
- Y el cabrón de Sebastián te enseñó todo lo demás.
- Todo. Sin que lo supieras. Decía que te enfadarías. Me trabajó el culo muy bien y recuerdo la primera follada con cariño. Tenía ya casi los diez. Fuimos al cine y me sentó sobre sus rodillas me bajó un poco en pantalón y se la sacó. Durante toda la película poco a poco, poco a poco, bien de saliva y me entró bastante, pero no toda. Cuando salimos del cine, en un solar cercano se bajó el pantalón, me quitó el mío y me sentó sobre aquel mástil. Con el trabajo que llevaba hecho del cine fue ya coser y cantar, hasta que me entró entera. Se levantó conmigo sujetándome por la barriga en vilo ensartado por su rabo y empezó su baile. Al principio dolía pero enseguida el dolor cedió y el placer que sentí fue tremendo. Al poco se estremeció y arremetió más profundo y se quedó quieto. Me había echado el polvo dentro. Me explicó como cagarlo, me dio papel para limpiarme y luego nos buscábamos las vueltas para hacerlo casi a diario. Tenía un vicio de culo brutal. Y ahora, seguro que me he cerrado después de todos estos años perdidos.
- Ponme las pinzas. Necesito el dolor para volver a sentir placer antes de morir. Bajate un poco el pantalón a ver cómo va ese ojal.
A cada pinza que Jaime ponía en los enormes pezones de su abuelo, éste emitía un gemido indistinguible de placer o dolor. Cuando túvo las seis puestas comenzó a agitarlas para provocar más dolor. La cara se le iluminó de placer.
- Mírame el capullo como destila precum. Ahora, si me quieres hazme un último servicio. Con la cuerda que hay en la caja amarrarme los huevos fuerte y luego golpearlos con fuerza. Luego te la metes en la boca. Tienes tú coño tan divino como siempre. Te va a entrar lo que tú quieras que te entre. Me gustaría comertelo. Súbete en la cama y mientras te como tu ojal tu me sacas la leche con la boca. ¡Ahora, que me voy a correr.
Jaime se quitó pantalón y calzoncillos a la carrera y de un salto se encaramó sobre su abuelo poniéndole el culo sobre la boca al tiempo que él se metía la polla del abuelo hasta la garganta. Pasaron segundos y la verga del viejo empezó a escupir lefa que el nieto tragaba hasta que la polla se puso fláccida de golpe. Jaime de un salto bajó de la cama y se vistió. El abuelo había quedado dormido o muerto o en coma, él no lo sabía. Le volvió a colocar el camisón de enfermo y le volvió a tapar. Permaneció un rato a su lado observando alguna señal de vida. Parecía respirar levemente. En ese momento se fue de la habitación.
- ¿Has podido despedirte?
- Casi nada. Un momento que ha recobrado la conciencia, luego se ha sumido en un profundo sueño.
- Es la agonía hijo. Horas le deben quedar.