domingo, 10 de diciembre de 2023

LA SORPRESA (III)

 

- Calla, calla. Escucha bien. No te muevas que ese escalón cruje - el escalón crujió débilmente - te he dicho que tengas cuidado.
- Son viejos, están sordos. Joder Ale, esto es una bomba.
- Si, pero que no nos estalle en la cara. No hagas ni un movimiento. Quiero enterarme bien, y luego tener armas para saber, aunque ahora ya lo imagino, que hay en la habitación del sótano.

- Querido Arturo. ¡Como perdemos facultades! - Alejandro se acercó al oído de su amigo y muy bajito le susurró - nuestros nietos están escuchándonos. Si no hubieran oído nada ya habrían entrado. ¿Quieren carnaza? pues la van a tener.
- Estoy harto de careta - susurró igualmente Arturo - a ver por dónde respiran.
- Se van a embozar de mierda, como tú ¿te acuerdas? - cohibió una risotada - Ahora verás.
Tú culo fue el primero que parti. Me excitó ver la cara de dolor y angustia que ponías. Me corrí rápidamente, pero necesitaba más por eso seguí clavando y con más fuerza cada vez. La cara se te fue cambiando hasta denunciar tu beatitud y deseo de más y me corrí una segunda vez. Estaba agotado cuando cuando caí sobre tí y sentí mi barriga húmeda acompañada de tus gemidos. Maricón te corriste sin tocarte solo con la presión de mi cuerpo.
- Pero lo mejor fue cuando la sacaste - Alejandro con las manos le indicaba que subiese un poco el volumen para que la pareja se empapará bien - toda la polla envuelta en mierda. Cabrón, me la metiste en la boca.
- Bueno era tu mierda y te duró el rechazo un segundo. Noté en mi culo como volvías a ponerte duro como el pedernal mientras dabas arcadas sin resignarte a escupir.
- A ti también te moló aquella porquería te corriste enseguida en mi boca e inmediatamente te tiraste a comérmela.
- Un vicio de la hostia. Quería saborear contigo mi leche y tu mierda, amarga y dulzona a la vez; sería por mi leche.

- No pensé que fuese tan placentero follarte. ¡Y dos veces, sin sacarla! Y sigo teniendola dura.
- No me la saques, tenerte dentro es el paraíso. Es placer puro. No debería acabarse nunca. Tendríamos que haberlo hecho aquel mismo día de la primera cura. No me la saques, porfa.
- ¡Hostias Arturo, llena de mierda! 
- ¿Te da asco?
- Me da morbo y me empuja a maldades inimaginables.
- Ni sé te ocurra - Alejandro avanzaba con una sonrisa malévola sobre el cuerpo de Arturo hacia su cara - no seas guarro.
- Maricón, nunca te verás en otra, además lo estás deseando. Huelela antes de tragartela, disfruta de lo impensable.
- Que no tío, eres un cerdo - Alejandro apoyó su rabo tieso manchado de mierda sobre los labios, que muy apretados, Arturo se negaba a abrir.
- Exactamente eso, estoy muy cerdo, abre la boca y chupa y te juro que cuando me corra compartiremos corrida y mierda en el beso más tórrido que puedas imaginar - Arturo, sin apartar su vista de los ojos de Alejandro fue relajando los labios hasta que el pene entró entero en su boca.

- Abuelo - Alejandro levantó mucho la voz para alertar de que llegaba - ¿Que vamos a comer? - preguntó mientras empujaba la puerta de la habitación de invitados.
- Vamos para el salón, hijo - Alejandro salió con Arturo de la alcoba mirando su Vacheron - la comida tiene que estar a punto de llegar. Pedí la comida a un catering que me sirve siempre bien - volvió la cabeza para dirigirse a su amigo.
- Yo también lo hago. Antes me gustaba cocinar para las visitas. Ahora ya me he cansado.

- ¿Que vamos a comer, Abuelo?
- He encargado cordero asado y una ensalada. Iros sentando a la mesa, tienen que estar a punto de llegar. Ellos lo traen todo.
- Y entonces, abuelo, vosotros, ¿os conocisteis durante la carrera?
- No Alejandro. Nos conocimos en la resi. Yo llevaba un año ya allí y llegó Arturo, que en principio, bueno, fue a otra habitación, pero el chico que era mi compañero tuvo problemas, y mandaron a Arturo a la mía. 
- Pero abuelo - terció Belén - tú nos dijiste que tú compañero de habitación cuando fuiste a la Universidad fue muy borde.
- Bueno - Arturo miró a Alejandro y sonrió nervioso - la verdad es que el primer mes fue un poco incómodo, hasta que una noche me cargué más de la cuenta me armé de valor y le pedí explicaciones del porqué de su actitud hacia mí.
- Efectivamente Belén, tu abuelo llegó aquella noche armado y bien armado..., de mucho valor para hacer lo que hizo. Y me hizo entrar en razón, aunque debería decir que se la conseguí meter yo..., en su cabezota y finalmente quedamos los dos hechos mierda pero amigos para siempre.
Fue un curso realmente interesante. La gente se mosqueaba y nos llamaba la parejita, decían que estábamos liados, siempre juntos a todos lados.
- Si - le cortó Arturo - pero cada uno tenía su cama y su novia. Alejandro, vas a dar una falsa impresión a nuestros nietos - Belén y Alejandro no pudieron reprimir una carcajada - lo ves, le choca todo esto.
- Abuelo - quiso el chico cambiar la conversación - cambiando de tercio ¿cuando me vas a dejar ver tu cuarto secreto del sótano? Se lo he dicho a Belén y está intrigadisima.
- ¿Una mazmorra sucia, húmeda y lúgubre, Alejandro? - sonrió con suficiencia Arturo - que callado lo tenías. 
- Nada de particular, mentes calenturientas, una habitación amplia que hizo nuestro tatarabuelo para refugiarse de asaltos, tornados o cualquier inclemencia. Con el tiempo se le ha ido dando diferentes usos. Cuando el bisabuelo Jerónimo electrificó la propiedad no se olvidó del sótano tampoco. Ahora lo utilizo para aislarme del mundo con mis más próximos. En cuanto acabemos de comer os la enseño.
- ¿Porqué no me lo quisiste decir nunca? Llevo preguntándote por el cuartucho ¿desde cuándo, los diez años? y nunca me diste el gusto.
- Los niños todo lo enredais y alborotais mucho y yo en el sótano necesito intimidad - miró con intención a Arturo - Ale, porqué no vas con Belén a la cocina y hacéis café. La mesa dejarla tal cual, el catering lo recoge todo y lo deja como lo encontró.
- ¿Les vas a enseñar la mazmorra? - preguntó Arturo alarmado - no tendrás por medio..., cosas...
- Ya saben demasiado y se creen que saben más aún. Nos vamos a divertir, y no, no hay ningún dildo, ni látigo por medio, está todo guardado, Arturo. Prepárate, son los dos ya mayores de edad y se creen muy modernos. Les vamos a poner en el disparadero a ver qué tan modernos son.
- No irás a...
- A ver hasta donde aguantan el envite.
- Siempre te gustó apostar fuerte y forzar la broma, Alejandro. Aún recuerdo aquella vez que te empeñaste en que fuéramos al cine las dos parejas. No se me olvida, era Love Story y el polvo que me echaste en los lavabos del cine fue de época.
- Y de época como me limpiaste el sable con la boca mientras te pajeabas.
- Dejaste la puerta sin pestillo, cabrón, y aquel chaval se quedó sin habla cuando nos pilló...
- Y le invité a incorporarse y se fue corriendo. Eso te morboseó, maricón.
- El que me da morbo eres tú y con esto que pretendes hacer con los chavales me tienes babeando el rabo desde antes de sentarnos a comer.
- El café - entró Belén con una bandeja con dos tazas - para los señores que nosotros no tomamos.
- Abuelo - dijo entonces Alejandro - una copita o algo.
- Quizá algo, nieto, pero ahora después en el sótano. Abajo tengo lo inimaginable.
- Uy, que susto, abuelo, no serás un asesino depredador.
- Asesino tu abuelo - dijo Arturo - no creo, pero depravado..., ya en la resi apuntaba maneras.
- Apuntaba y daba en la diana, recuérdalo Arturo.
Alejandro mientras bajaban la escalera al sótano metió la mano bajo la falda de Belén por detrás y le palpó el sexo.
- ¡Estás mojadisima! - le susurró al oído.
- Con la conversación con segundas que tienen estos dos carrozas como para no. Tu abuelo me pone, niñato.
- ¡Belén! - le dió una palmada en el culo
- Chicos, no alboroteis aún. Tiempo habrá para desmelenarse - les reprendió Alejandro.

Alejandro sacó una llave que de su cuello colgaba con un cordón y abrió la puerta de la tantas veces imaginada por el nieto,  habitación del sótano.
- Entrad - accionó el interruptor - y disfrutad de lo que hay.
- Eso, eso de ahí - Belén señaló a la derecha al fondo de la estancia emocionada - es una cama balinesa..., enorme.
- Para que quepa mucha gente y poder ver lo que se proyecta en la pared de enfrente y jugar un poco.
- Pero Alejandro - respondió sorprendido Arturo - ¿donde está la pantalla?
- La pared es la pantalla. Bueno, en realidad es una puerta escamoteada de un armario pintada. Es una pintura especial con millones de esferulas de vidrio que le dan luminosidad a lo proyectado con un proyector laser de tiro ultra corto. Ese aparatito sobre esa mesita pegada a la pared, 150 pulgadas de pantalla. Una maravilla.
- ¿Y eso del techo, abuelo?
- Una especie de grúa puente. La puso tu bisabuelo, mi padre. Cuando yo era chico está finca era mas grande y se cultivaba. Había maquinaría y mi padre la reparaba, Está casa está sobre un talud y por el desnivel lo que ahora es pantalla, antes era puerta de establo. Por ahí entraban los tractores y con la grúa se desmontaban los motores. Yo la he conservado porque a veces me hace algún favor.
- ¿Algún favor, qué favor, abuelo?
- Ya te contaré, nieto. Y ahora, que os parece ver algo. Tú Ale y Belén colocaros ahí en el centro, descalzaos y tú Arturo al lado de tu nieta. Yo al lado de mi nieto.
¿Que tal algo subidito de tono? - dijo el abuelo a su nieto mientras le hacia cosquillas por el bajo vientre.
- Abuelo, por favor - Alejandro estaba ya nervioso - que está aquí mi novia.
- Si, mejor otro día que no esté ella y te traes a Jero, Sami y Fede y en lugar de juguetear en tu cuarto, aquí veis algo emocionante. Me refiero a algo de HBO, Netflix, Apple TV o así, no te creas.
- Me habías puesto nervioso, que te conozco, abuelo.
- Hombre, verás. Tengo producción propia. No creeréis que este local tan grande es solo para mí. A que tú no te lo crees, Arturo.
- A mi me estás intrigando, y la verdad, tengo un poco de gusanillo viendo esta habitación tan bien instalada. Verás, tampoco entiendo lo de la conservación de la grúa puente.
- Si. Sirve - explico Alejandro con cierta entonación y pausas de misterio - para levantar... y trasladar objetos, cosas... o no por la habitación. Es útil.
- Útil, ¿para qué? - preguntó intrigada Belén.
- Pues verás. Alejandro hijo, ven aquí - el abuelo se había levantado y dirigido al centro de la estancia - ven - sacó su móvil y tocó unas cuantas veces y el cabrestante de la grúa se movió - verás con que facilidad te traslada este cacharro - tocó otra vez su teléfono y se abrió una puerta disimulada de armario, extrajo un arnés y se lo entregó al nieto - póntelo.
- Abuelo, ¿para qué?
- Es solo una demostración, algo inocente. A lo mejor Arturo se presta.
- Encantado, Alejandro, tú siempre tan ocurrente. Trae ese correaje.
- A lo mejor, estás más cómodo con un sling. Tengo también.
- El arnés vendrá bien - dijo Arturo mientras se lo colocaba por los muslos - parece de montañismo, espero no caerme. 
- Así es perfecto, te lo has colocado bien. Ahora engancho los mosquetones de tracción y a disfrutar.
- ¿Te gusta la sensación? - preguntó Alejandro mientras con su móvil accionaba la grúa - y a vosotros, ¿que os parece, chicos? Bueno, deciros que es más emocionante cuando lo que elevas no lleva ropa.
- ¡Abuelo! - Alejandro y Belén estaban ahora de rodillas sobre la cama y el chico tenía su mano acariciando el ano de su novia - déjate ya de bobadas.
- Hacer esto desnudo tiene que ser toda una experiencia - dijo riendo Arturo.
- Chicos os animáis a desnudaros.
- Abuelo ya está bien - Alejandro estaba enfadado.
- Y tú Belén, ¿también te parece que está bien o prefieres que deje de meterte mano mi nieto.
- Yo estoy muy cómoda con la mano de Ale en el culo, hace que me moje.
- Venga, vale. Ya vale Arturo. Te bajo, y voy a poner una peli mía que os va a encantar - Arturo fue bajado, se despojó del arnés y regresó a la cama - Os va a gustar. Tú nieta va seguir mojándose y los tíos nos vamos a empalmar.
- ¡Joder, abuelo!
- Anda, niégame que no estás empalmado a tope. Yo lo estoy y Arturo, no se. Tú Arturo, que tal.
- Duro como el pedernal.
- Entonces, chicos, algo caliente.
Se apagaron todas las luces y se encendieron unos focos de LED en cada esquina de suelo y techo. Con el negro humo en que estaban pintadas las paredes el ambiente era de lo más sugestivo. El proyector se iluminó y apareció en la pantalla Arturo, Belén y Alejandro llegando a la casa.
- Espera, espera. ¿Grabas todo lo que sucede en el exterior, abuelo? - Ale estaba sorprendido.
- Y en el interior, Alejandro.
- ¿En todos lados?
- En todos.
- ¿Desde cuándo, porque no me lo habías dicho?
- ¿Para qué? para que no me enterase de ésto - manipuló el móvil y en la pantalla aparecieron los cuatro amigos en actitud de iniciar una relación intensa, se detuvo la imagen - puedo seguir, cariño. ¿Sigo?
- Si, si, sigue - Belén estaba muy interesada - esto tengo que verlo, y tú no dejes de magrearme el culo. Esto se pone interesante.
- Yo me voy - Alejandro se levantó muy cabreado pero Belén le alcanzó por la cinturilla del pantalón y le obligó a sentarse - tu lo vas a ver conmigo y si tengo dudas me lo explicas. Sigue Alejandro que estoy a punto de quitarme las bragas.
- Belén hija - dijo Arturo, no seas muy estricta, quizá todos tengamos por donde callar.
- Me da igual, quiero verlo. Póngalo... o..., ponlo ya, ¡joder!
- Eso, a joder - las imágenes volvieron a cobrar movimiento.
A medida que los cuatro amigos se desnudaban, se acariciaban, chupaban y penetraban la temperatura de la habitación iba subiendo. Belén empezó a gemir y a calentar a su novio que le correspondió sacándole las bragas y quitándole la falda. Antes de que la filmación acabase con el intercambio de fluidos Alejandro estaba sin pantalón y Belén entregada a la manipulación del sexo de su novio.
- ¡Que calladito lo tenias! Con lo que a mí me gusta el sexo en grupo, podías haberme invitado. A mi nunca me has comido el culo, mariconazo, como se lo comes a ese.
- Porque te como el coño, zorra. Y tú no me sabes comer el rabo como lo hacen mis amigos.
- Nunca me has enseñado.
- Mira Belén - Alejandro paró la película - si quieres un tutorial de comerle el rabo a un tío, este es un buen momento - sin más dilación se agachó y se metió el rabo de su nieto en la boca hasta la garganta - ves, hay que poder besar los huevos al tío y para eso tienes que estás acostumbrada a reprimir las náuseas - y siguió con la felación.
- Déjame probar a mi - intentó llegar profundo pero una arcada le hizo desistir.
- Que siga mi abuelo - dijo Ale muy excitado - y tu ponte de pie y dame el coño en la boca. Creo que me voy a correr ya.
- Te va a comer la polla tu abuelo, Ale, te das cuenta del morbazo que es eso. Imagina que mi abuelo me quiere follar a mi por el culo mientras me comes el coño, sería un incestazo doble que te cagas.
- Entonces, nieta - la voz de Arturo quitándose el pantalón era temblorosa por la lujuria derramada - ¿te la meto entera por el culo? Creo que me correré antes. Llevo deseándolo un buen tiempo.
- Claro viejales, me encanta por el culo y si es un daddy incestuoso como tú esto va a ser glorioso.
- Tú te correrás ya - dijo Alejandro a su nieto antes de seguir - pero será la primera porque esto no ha hecho más que empezar. Tenemos aún que ver la peli en la que das por el culo a Belén y ella se mete el dildo que me quitaste por el coño.
- Abuelo, abuelo, por favor, sigue que me corro.
Mientras el chico se corría chupaba y mordisqueaba el clítoris de su novia y su abuelo Arturo le apuntaba el capullo al año y de un golpe de cadera como cuando era un adolescente le enterró la verga en el cuerpo a la nieta que con un quejido de dolor-placer-deseo se pellizcó los pezones y comenzaba un larguísimo orgasmo.
- ¡Belén, hija, Belén! mi niña, me corro, me corro.
- Si abuelo, si, preñame el culo, preñamelo bien.
- Preñaselo, Arturo que en cuanto acabes yo le voy a comer el culo a tu nieta y que me dé todo tu jugo de su culo - dijo su amigo que con la leche de su nieto aún en la boca se lanzó al culo de Belén. 
Terminaron los cuatro exhaustos sobre la cama.
- Y esto no ha acabado - sentenció Alejandro - ahora no hay ya disimulos ni equívocos. Todos desnudos que vamos a gozar. Yo aún no me he corrido, aviso - cogió su teléfono, pulsó la pantalla unas veces y lo que antes era pantalla se abrió de par en par dejando a la vista todo un muestrario de objetos y adminículos al servicio del placer.

domingo, 3 de diciembre de 2023

LA SORPRESA (II)

 

El abuelo Alejandro se había preparado a fondo para la ocasión. Pelos de la orejas, de la nariz, barba recortada, cabeza al cero y ropa deportiva. Daba vueltas por el salón esperando a sus invitados. Recordaba a Arturo alto y extremadamente delgado con los pómulos salientes, los ojos de un turquesa intenso hundidos en unas cuencas grandes flanqueadas por unas cejas como una noche de invierno. La voz ronca que hacía retumbar los objetos, la prominente nuez que subía y bajaba hipnotizando con sus paseos y unas manos siempre calientes y nervudas. Alejandro se detuvo sonriendo al recordar la entrada en la habitación de la residencia y por tanto en su vida.

- No sé quién eres tío, pero se te va a escapar el canario.
- ¿Perdona? No entiendo.
- Que llevas la bragueta abierta, joder, y como no llevas calzoncillos al parecer se te ve el rabo.

Nunca podría olvidar como una cara tan morena pudo ponerse tan roja. Soltó los bultos y como pudo quiso subirse la cremallera y se cogió con los nervios un pellizco en las bolsas.

- Hostias tío ayúdame, por favor, ayúdame, me he pillado los huevos, tío que dolor, joder
- Espera..., como te llames, cierro la puerta y a ver qué hacemos.
- Me llamó Arturo, joder, en qué hora..., date prisa, me sale sangre

Se había hecho una herida, como un siete y no había forma de que la cremallera soltara el bocado sin provocar más daño.
Intenté manejar la cremallera con cuidado pero soltó un aullido aún más dramático.

- Tío, Arturo, solo se me ocurre coger una tijeras y cortar por lo sano.
- ¿Que? Cabrón, ¿Que quieres cortar?
- La cremallera joder, no van a ser los huevos.
- Pues corta, tío, corta ya que me voy a desmayar de dolor.

Alejandro sonrió recordando como tuvo que sostener a Arturo a duras penas cuando nada más anunciar que se desmayaba de dolor, lo hacía. No hizo falta cortar nada, con él desmadejado pudo desenganchar el mordisco y proceder a una cura de urgencia. Sangraba moderadamente pero harían falta un par de puntos de sutura.

Se abrió la puerta de la casa y entraron Alejandro, Belén y su abuelo, Arturo detrás de ellos.
- Abuelo - Alejandro dio un abrazo, como era su costumbre a su abuelo - éste señor es Arturo, el abuelo de Belén.
- Buenos días don Alejandro - Belén estampó dos besos al abuelo de su novio - mi abuelo - quiso presentar a su abuelo ella también.
- Eres el mismo, mariconazo - Belén puso cara de sorpresa mientras Alejandro senior con una sonrisa en los labios se acercaba a su abuelo con los brazos abiertos - que bien te veo.
- El mismo hijo de perra de siempre - le dió la réplica Arturo - no sabes la de veces que me he acordado de tí, bueno de nosotros. Y eso - se volvió a la parejita como para explicarse - que aquella maldita cremallera estuvo a punto de malparar una inexistente amistad.
- ¿Que es eso de la cremallera abuelo - Belén estaba intrigada - nada especial, cariño, ya te lo contaré luego. Ahora déjame que mire al abuelo de tu novio. He soñado tantas veces con este momento que ni me lo creo.
- Dame otro abrazo Arturo, necesito abrazarte, somos viejos y dios sabe cuándo tendremos otra oportunidad - se acercó a su oído y le susurró unas palabras - sigues sin usar ropa interior siento tu polla dura.
- Y yo no siento la tuya, lo que me apena - Arturo respondió con otro susurro.
- Somos dos viejos, chavales, con los ojos líquidos de nostalgia. Llevar las bolsas a vuestro cuarto y dejarnos un rato a estos dos veteranos charlar de su batallitas. Tenemos tanto tiempo que recuperar.
Ven Arturo, siéntate aquí conmigo mientras la pareja se instala, luego te llevaré yo a tu habitación. De manera que sigues con tu manía de no llevar ropa interior.
- Desde aquel entonces. Y sigo empalmando cuando alguien como tú me abraza. Me ha entristecido no habértelo notado a ti.
- Me felicito de que a ti no te haga falta la pastillita, pero a mí, si no es con eso, ni por asomo. Incluso castigandome los pezones, como sabes que me gustaba, llegando a la sangre me cuesta ponerme duro. Únicamente como puedes imaginar...
- No sigas, me acuerdo de aquello, y a veces me arrepiento de no haberte satisfecho. En cuanto a endurecer, Alejandro. Me empalmo y a los dos minutos una ruina. ¿Tú tienes aquí pastillitas de esas? - bajo la voz para decirlo.
- Tengo, Arturo, suficientes para convertirnos en Príapo el resto de nuestras vidas. Además, diferentes clases de dildo, pinzas japonesas de castigo, mis pezones te lo atestiguarán y disciplinas. Tengo cera de bajo grado y otra serie de lindezas. A lo largo de esta vida he ido depurando las formas de encontrar placer. Hay un cuarto en el sótano al que solo entro yo. Si quieres - le tamborileó con los dedos en la pierna - te la enseño.
- ¿Ahora?
- Cuando duerman los críos. Mi nieto me viene preguntando por ese sótano hace años. Y me tengo que controlar porque me desbordan las ganas de meterme allí, desnudos los dos
- Eres tan degenerado como siempre. Seguro que has pajeado pensando en como meterle allí. Y que cumpla con tu deseo que siempre me negué a aceptar.
- Como me conoces Arturo, maricón. Me lo pide una y otra vez y no se gasta cuando voy a poder negárselo. "Cosas y cacharros viejos, sobre todo de tu abuela, nada de interés" le digo pero cada cierto tiempo vuelve a la carga y no se cómo me voy a negar. Me imagino atado a la cruz en aspa, azotado..., tumbado bajo el trono, buff, Arturo, eso es lo único que me empalma sin pastilla.
- ¿Esta noche, entonces, me la enseñas?
- A ver si nos dejan. Supongo que querrán follar como jóvenes que son - Alejandro dejó perder la vista al infinito como suplicando a los cielos que pudieran hacerlo - ya veremos. Ahora sígueme, te voy a llevar a tu cuarto. Es contiguo al mío, en la otra punta del piso, lejos de la habitación de mi nieto, para no escucharles los gemidos cuando se pajea, ni que él escuche los míos. Este finde los gemidos de los dos.
- Sería ideal poder verlos follar. Cuando puedo espío a mi nieta y alguna vez la he visto masturbarse y no he podido evitar correrme.
- Y el degenerado soy yo, Arturo. Te voy a contar un secreto. En el desván tengo un mirador oculto, justo encima de la cama de la habitación. He visto muchas veces a mi nieto con sus amigos pajearse y mamarsela unos a otros, y follar con tu nieta también.¿Sabes que lo que más le gusta a ella es el patio trasero y Alejandro la complace siempre? Él cree que yo no lo sé, pero de alguna manera encontró en mi dormitorio uno de mis dildos y se lo quedó, cuando encula a tu nieta ella se lo mete por delante. Es muy excitante verlo, de verdad.
- Mira - tomó la mano de Alejandro y se la llevó a su bragueta - como me he puesto.
- Tan dura como la recordaba. Enséñame ese enorme capullo que me dislocaba.
- Aquí, Alejandro, aquí es un poco... - y mientras lo decía empezaba a desabrochar botones.
- ¡Vaya! aquí están los viejos amigos recordando tiempos más viejos aun - Alejandro y Belén bajaban de los dormitorios después de soltar los equipajes.
- Pues si, muchas cosas que contarnos y recordar - Arturo contestó volviendo a abrochar los botones que acababa de desabrochar.
- Pues venga Arturo, ahora que han bajado los jóvenes vamos a subir, te enseño tu dormitorio junto al mío y seguimos hablando.
- Tenga usted cuidado Arturo su habitación y la del abuelo se comunican, nada de pelea de almohadas.
- Buena observación Ale, procuraré echar el pestillo - echó una mirada a su amigo y masculló - aunque no estaba pensando en almohadas.

- Estate quieto, joder, Arturo, te tengo que curar. Dijo el que te cosió que levantar apósito diario, limpieza y colocar otro. Al final fueron cuatro puntos, que no perdiste el huevo de milagro. Venga no me hagas perder el tiempo, bájate el pantalón y tumbadito.

Alejandro miraba a su amigo sentado en la cama y el recuerdo de aquella gloriosa cura le rejuveneció.

- Tío, por favor, espera, tengo que decirte algo
- Excusas Arturo, no seas niño, vamos - le ayudó a bajarse los pantalones - no, mejor aún, quitatelos, estarás más cómodo tú y yo.
- No te lo tomes a mal cuando me cures, no te vayas a mosquear, por favor.
- Más excusas.

- Arturo - Alejandro se sentó en la cama al lado de su amigo - ¿que se te pasó por la cabeza cuando te fui a curar? Es algo que siempre me intrigó. Ese instante, justo antes, porque un minuto después vi el resultado. Luego te diré lo que yo pensé cuando vi lo que sucedió. Tú no podías verlo pero voy a decirte que yo no te fui a la zaga.
- Hace tanto tiempo, Alejandro - Arturo colocó su mano sobre el muslo de su amigo y apretó con fuerza.
- No sé si quieres hacerme daño o que me desnude.
- Las dos cosas - soltó la mano y Alejandro se la tomó de nuevo y la volvió a colocar sobre su muslo, cerca de la ingle - como ahora, en aquel momento hubiera querido matarte y comerte a besos a la vez. Me dejaste deslumbrado aquel día. Yo ya te había visto antes de entrar en aquel cuarto. Tú no te fijaste pero yo si te vi, en el vestibulo. Esa barba cerrada de dos semanas, el cuerpo flexible y atlético, pasaste por delante de mi como una exhalación y subiste la escalera de tres en tres escalones, como si fueses inmune a la gravedad, hasta juraría que tenías alas. Y me desarmaste. Tenía novia, con la que me casé, pero lo tuyo fue algo animal..., o celestial, no sé. Le pregunté al conserje, Crescencio que quien era ese que iba a apagar un fuego o algo y me dijo quien eras, que llevabas ya un curso en esa residencia y que eras una buena pieza. Por eso cuando me llamaron de administración y me dijeron que iba a la habitación con Alejandro Rabí por poco no me caigo de espaldas. No, que llevase la bragueta abierta no era despiste. Quería saber si tenía alguna opción. Y me echaste un jarro de agua fría en pleno invierno. Quise morirme cuando me dijiste aquello, por eso me pille con la cremallera.
- Confidencia por confidencia. Venía tranquilamente paseando, de tomar algo y desde fuera por los cristales de la puerta te vi. Joder, Arturo, tan delgado, esa cara angulosa ese pelo alborotado, alto. Sentí un pellizco en la bragueta. Tenía novia, no con la que luego me casé, no entendí que había pasado. La polla  empezó a deformar el pantalón del chándal y lo único que se me ocurrió fue entrar a la carrera y quitarme de enmedio. Luego, llamé a Crescencio por teléfono y le pregunté por el tío tan delgado, que no me sonaba, que quien era. Me dijo que un Domesque, de la saga de profesores y catedráticos de filosofia. Cuando me anunciaron que despejase la otra cama que venía a quedarse Arturo Domesque me entró pánico. Me imaginé desnudándome delante de ti y empalmando. Me agobie, por eso cuando te vi la bragueta abierta reaccioné así cuando mi impulso fue tirarme a meter la mano.
- O sea - dijo Arturo con resignación - que dos gilipollas asomando cada uno las narices de su armario no tuvo huevos para tirarse a lo que parecía una piscina helada.
- Bueno, duró poco. Cuando empecé a curarte la herida y vi como se te disparaba el rabo y empezaba a destilar, supe que iba a romper las costuras del vaquero.
- Recuerdo con detalles ínfimos el destello de tu mirada en mis ojos. No parpadeamos ninguno de los dos. Te olvidaste de mí herida y sin retirar la vista me acariciaste la verga utilizando mi precum como lubricante. Me fue imposible evitar la eyaculación. Yo estaba harto de follar con mi novia y otras anteriores, pero ese orgasmo infinito que tuve contigo nunca jamás volví a sentirlo. Cada tiro de semen que me llegó a la cara era un peldaño al cielo. No se puede gozar más que eso. Pero ahora que recuerdo, tú no te corriste, acabe de correrme, te limpiaste la mano, me pusiste el apósito mirando a otro lado y en silencio saliste de la habitación.
- A limpiarme. Estaba empapado de mi leche. Cuando te toqué y vi el primer chorreón de leche que te llegaba a los labios empecé a correrme yo. Sin tocarme, solo con el mínimo roce de mi empalme monumental contra el calzoncillo. Veía como estabas en el cielo y yo te acompañaba cogido no de tu mano, sino de tu polla. Dudé en terminar la cura o no, limpiarte, disculparme y morirme o hacer lo que hice irme a la francesa.
- Pasó un mes, Alejandro, ¿que nos pasó? Un mes relacionándonos con monosílabos y evitandonos. Yo iba a enfermería a que Clara, aquella enfermera talludita me curara hasta que sanó del todo. Llegué a pensar que cualquier día en el comedor te levantarias, harías silencio y me señalarias como el maricón del año. Estaba pensando en largarme cuando una vez más me sorprendiste - desplazó la mano a la entrepierna de Alejandro y sintió vida desperezarse - A ver si va a dejarse de necesitar la pastillita.
- Es una sensación agradable, recordar antiguas vibraciones. Sigue por ahí Arturo, me rejuvenece. 
Tú dices que temías que te señalase, yo estaba literalmente hundido. Quería morirme, me ahogaba la vergüenza. Cuando vi que empalmabas de esa manera al tocarte, interpreté, acorde a mis deseos, que había derribado tu primera defensa y estaba más cerca de conseguirte. Te toqué con mucho miedo esperando tu rechazo y conseguí lo inimaginable. Veía porno desde los doce y harto de ver gente que se corre sin tocarse, cuando te rocé y vi esa efusión de semen pensé que eras de los de muelle flojo, pero la excitación hizo que me corriera también aunque tú no lo supiste hasta hoy e hice recaer toda la culpa de lo sucedido sobre mí. Mi planteamiento fue: he hecho una paja a un hetero con la excusa de una cura y ese estigma no se me va a borrar nunca. Por eso evitaba hablar.
- Por eso evitaba hablar yo, pensé que te había forzado a algo que odiabas. Yo me corrí disfrutando muchísimo, tú te limitaste a curarme e irte, suponía que abochornado por traicionar tu confianza. Por eso lo de el pasado mes me sorprendió tanto.
- Fue el peor mes de toda mi vida. Creo que aquel curso suspendí Economía Básica por eso. No me podía concentrar. Solo veía tu cuerpo desnudo y tú eyaculando sin yo atreverme a meter boca. Esa imagen y correrme sin tocarme era todo uno. Hubo días que me corrí siete veces. Acababa exhausto, física y mentalmente.
- Yo te miraba de lejos, esa cara sería - Arturo empezó a acariciar la cruz de los pantalones de Alejandro que de forma instintiva  ahuecó la entrepierna - tu hábito corporal pendenciero y la mirada asesina y no me atrevía a encararte y ponerlo todo en claro. Me acordaba de mi novia y se me superponía tu imagen y me moría de nostalgia, ¡Joder! Me había enamorado de tí y tú me rechazabas - ahogó un sollozo.
- Ahora me explico esa reacción tuya aquella noche. Me volví loco. He recordado la escena mil veces.

- Esto no puede terminar así - Arturo abrió la puerta de la habitación donde Alejandro leía antes de dormir - ¿Que haces tío. ¡Joder, es tarde! déjame en paz. Además estás borracho.
- Si, he bebido, tenía que coger fuerzas para tirar de la puta manta - se lanzó sobre la cama de Alejandro y se colocó a horcajadas sobre él - ¿que crees, que ha sido fácil para mí? No puedo mirar a la cara a mi novia, cabrón, no me empalmo con ella. Me entra un pánico feroz - no pudo continuar, se rompió en mil pedazos y cayó sobre Alejandro incapaz de sostenerse.
- ¿Y como crees que me he sentido yo? Me he colgado de tí también gilipollas y no he parado de esquivar a mi novia con la puta excusa de estudiar - le tomó la cara entre sus manos y a escasos centímetros de su propia cara le clavó los ojos - quiero follarte el culo Arturo, quiero comerte entero y va a ser ahora mismo.

- Fuiste violento ¿eh? pero nunca he vuelto a sentir tanto.
- Me convertí en un animal, me asustó pero no pude controlarme.
- Me cogiste por el cuello, que pensé que ibas a estrangularme pero me excitó de una forma extraña. Como me arrancaste la ropa, te desnudaste tú y lo natural que pareció que me sodomizases. Es más aún me sobrecojo recordando mis sentimientos. Quería que entrases en mi cuerpo, a saco, rompiéndome si fuera preciso, me daba igual, sentir tu peso, tu respiración salvaje en mi cara. No me planteé si dolería o no, quería que sucediese...
- Y sucedió.. 

- Chsst, Belén ¿tu has escuchado lo que yo? - Ale y su novia subían a preguntar que iban a comer y escucharon las voces de sus abuelos.
- ¡Tu abuelo sodomizó al mío con su consentimiento! Esto hay que aclararlo. Yo no me puedo quedar así.
- Calla, que siguen hablando.

- Vaya si sucedió, dos veces seguidas, ¿Te acuerdas? sin sacarla. Me desvirgaste para los restos. Cuando se prueba, ya no se puede olvidar. Imposible que un ser humano pueda gozar más.


lunes, 27 de noviembre de 2023

LA SORPRESA (I)


Había cumplido los dieciocho hacía dos meses. Fue una fiesta increíble. Mi novia Belén, que tan bien le cae a mi madre, mis amigos del colegio, desde la guardería, Jero, Sami y Fede, con los que me he corrido la juergas más salvajes y el conjunto para animarlo todo, J/T, formado por unos chavales del instituto, que ya tenían firmados bolos para esas navidades. Eran unos cracks. Lo de J/T se lo sugerí yo. Mi tío Victorio es un fan rendido de Jethro Tull con esos solos de flauta de Ian Anderson que flipan a cualquiera. Los J/T no eran baratos de contratar, pero siempre fui el ojito derecho de mi abuelo, que no andaba mal de pasta y no tuve más que pugir un poco a su lado para que me preguntaste: "¿Es muy caro, cabronazo?"
El abuelo me decía cabronazo desde que tengo recuerdos. Desde que me costaba mantener la vertical y a pesar de ello intentaba echar a correr con grave riesgo de caída. Entonces el abuelo venía por detrás metía su manaza entre mis piernecitas y me cogía como el que mete la mano en un saco de arroz para sacar un puñado, y me elevaba en medio de mis risas haciendome sentir el vértigo de la ligereza del cuerpo sin el sometimiento a la gravedad. Me decía: "Donde vas cabronazo, no ves que te vas a partir la crisma y tu madre me va a matar", luego me metía la cara con su bigote de agujas de recia barba en la barriga y soplaba con fuerza para hacerme cosquillas. Esa era, desde siempre, para mí, la imagen de la felicidad. Ya, entonces, me cogía en brazos y seguíamos así de paseo diciéndome: "pero vamos a ver, porqué eres tan cabronazo siendo tan chico" y me comía a besos.
La fiesta de la mayoría depararía aún alguna sorpresa. Se celebró como no podía ser de otra forma en la finca del abuelo, que fue antes de su abuelo y antes del abuelo de su abuelo. En un principio estaba en el campo, pero con el paso de los años, la ciudad engulló al campo y la finca, toda una manzana, quedó dentro, dos hectáreas de remanso dentro de la ciudad.
Fue la ocasión perfecta para que presentase a la familia a Belén.
Cuando le dije al abuelo "ésta es mi novia, Belén Domesque" vi en sus ojos un reflejo de entre sorpresa y satisfacción. 
- Belén, ¿tu no serás hija de Arturo Domesque? Eres clavada, sus ojos, su sonrisa...
- Si, bueno, es mi abuelo, mi padre era también Domesque pero José. ¿Le conoce?
- Claro. Hace un siglo que no nos vemos, pero éramos..., bueno, me atrevería a decir que somos muy amigos. Dile que me encantaría volver a rememorar travesuras del colegio. Está finca, sin ir más lejos era mucho más grande y él y yo poníamos trampas y cogíamos algún conejo y alguna que otra rata de campo. Nos subíamos a los árboles, nos caíamos. Pregúntale por su brazo roto, seguro que aún le duele en los cambios de tiempo. Fue culpa mía, haciendo el loco en lo alto de un chaparro le forcé, se agarró a una rama podrida y se cayó. ¡Que susto me llevé! y que hostia me dió mi abuelo para que aprendiese. Estuvo tres meses con el aeroplano puesto. Luego nos reímos mucho. Pero, venga, ya está bien de batallitas de viejo. Divertirse. Y tú cabronazo, ve a la puerta, abre y recoge el regalo de verdad de tu abuelo.

El abuelo Alejandro nunca me llamaba Alejandro, como ya he dicho, me llamaba cabronazo. Los varones primogénitos de esta familia, desde que se recuerda se llaman Alejandro, porque el primero fue un rendido admirador del hijo de Filipo II de Macedonia. Cada cumpleaños desde que recuerdo el abuelo me preguntaba lo mismo: "¿Sabes ya quién fue Bagoas?", yo le respondía que ya tendría tiempo de profundizar en la de edad de hierro.

Fui con Belén, Jero, Sami y Fede a la cancela de la finca.
- Tu abuelo es un cachondo - Sami le tenía mucha ley a mi abuelo - verás el bromazo.
Yo sabía que mi abuelo en un día tan señalado no iba a enbromar a su "cabronazo" y por eso con el corazón acelerado y ya visiblemente nervioso me fui acercando a la puerta. Dudé antes de abrir y Belén me animó.
- Venga Ale, no creo que nadie te quiera más que tu abuelo. Verás el regalazo.
- Tu sabes que es. Dímelo, porfa.  No es nada chungo, ¿verdad?
- No lo sé, Ale, de verdad, pero se cómo es tu abuelo por todo lo que nos cuentas y en el día de tu mayoría nunca te defraudaría.
Mis tres amigos al unísono me animaron y finalmente abri.
Me tuve que frotar los ojos. No podía ser. Negra, reluciente, arrebatadora, una Honda CBR 500R con un mecánico con el mono negro de honda y un casco SHOEI negro igualmente que me pareció un GT Air. Se me saltaron las lagrimas. Por nada en el mundo podía esperar algo así. Le pedí con urgencia las llaves al del mono.
- Lo siento, no las tengo yo. Mis instrucciones son que una vez abierta la puerta empuje la moto hasta la casa, donde tendrán las llaves. Hasta entonces la moto solo puedo tocarla yo.
- ¡Venga tío, no me rayes!
Mis amigos y Belén me animaron. 
- Cariño - Belén se erigió en portavoz de todos - deja que meta el mecánico la moto hasta la casa. Querrá tu abuelo presenciar el momento en que te hagas con ella.
Asentí de mala gana y el hombre que empujaba la moto franqueó la cancela. Había un trecho hasta la casa ligerísima mente empinado por lo que mis amigos ayudaron.
- ¿Te gusta el regalo? - mi abuelo estaba pletórico, pero yo que le conocía bien, vi en sus ojos un destello de trampa - creo que este era el modelo por el que bebías los vientos.
Y al decir esto hizo tintinear colgado de su mano un llavero con las llaves de la moto. Fui a cogerlas pero las apartó con presteza de mis manos.
- Ah, ah, ah. ¿Que podrías decirme de Bagoas? Las llaves dependen de tu respuesta.
- Abuelo, ¡Joder!
- Te lo vengo preguntando desde los diez años, los mismos que tenía este personaje cuando se quedó huérfano, bueno, le dejaron huérfano, y no has tenido curiosidad. Te has quedado sin moto.
- ¡Abuelo!
Se me cayó el mundo encima. Sentía ganas de llorar. Miraba el rostro adusto, como solo él sabía poner cuando quería demostrar fastidio y sabía que iba en serio. Si, claro, cada año me preguntaba lo mismo y yo lo echaba a título de inventario como una más de las excentricidades del abuelo. Que me podría interesar a mí ese personaje de nombre tan raro. Pero ahí estaba con la moto de mis sueños delante y sabiendo que nunca la iba a montar.
- Y si yo le digo algo de Bagoas - Belén se interrumpió - ¿eh, don Alejandro, serviría? Soy su novia.
- ¿Y tú, que sabes de ese, estudias clásicas?
- Mi abuelo Arturo, desde que tengo conciencia, tiene un libro en su mesilla y me intrigaba su título.
- Que título ¿Te acuerdas?
- "El muchacho persa" que se llamaba Bagoas.
- Vaya vaya. Hija, Belén. Tu abuelo y yo fuimos compañeros de habitación durante la carrera. Ese libro se lo regalé yo. ¿Aún lo conserva?
- No sé si será el mismo. Que está muy manoseado es innegable. Le preguntaré en cuanto le vea. 
- Y bien, actúa como vicaria de mi nieto y dime, ¿que sabes del muchacho persa?
- Algo me ha contado mi abuelo. Un chico de la nobleza persa que se queda huérfano, bueno, le matan al padre delante de él y luego le hacen esclavo, le enseñan a ser juguete de poderosos y sirviendo en la corte de Darío en una de las batallas con Alejandro acaba, después de muchos avatares al servicio del joven macedonio.
- Lo que hemos disfrutado tu abuelo y yo comentando ese libro de la Renault. Se permite alguna licencia pero se podría hablar de historia. Pero bueno, me estoy poniendo nostálgico. Tú, cabronazo, ya puedes besarle los pies a tu novia, tienes la moto gracias a ella.
- Pero ese libro - Alejandro estaba realmente intrigado y sorprendido - abuelo ¿es de la marca de coches?
- ¿A qué te quedas sin moto? salvaje. Es Mary Renault, y no es francesa era londinense que acabo sus días en Sudáfrica. Que poco has aprendido. Anda coge tu moto y mátate por ahí y ten cuidado a ver si vas a tener un accidente. Belén, dile a tu abuelo que me gustaría verle y charlar un rato. Con los buenos ratos que hemos pasado juntos. Eran otros tiempos..., en fin, tu diselo, a ver.

- ¿Alejandro?
- Arturo, ¿verdad? Nunca pude imaginar esto, había perdido toda esperanza...
- Cuando mi nieta me dijo quien era su novio me dió un vuelco el corazón, ¿te acuerdas?
- Nunca lo he olvidado. Es hoy, cierro los ojos y lo huelo.
- Éramos muy jóvenes.
- Fue casualidad. En realidad yo estaba asignado a la tercera planta, pero el que iba a ser tu roommate se cayó a última hora y me recolocaron. Me caíste mal, aún me acuerdo de tu cara al verme aparecer.
- Pensaba que iba a tener la habitación para mí solo. Te vi y quise estrangularte. Porque no te vienes un día aquí a la finca y comemos, charlamos y nos volvemos a emborrachar, ¿te acuerdas de aquella primera? Te traes a tu nieta y comemos los cuatro, luego ellos que se retiren a la habitación de mi nieto, a "charlar" y nosotros nos quedamos tranquilamente.
- Hablo con mi nieta y vemos que día le viene bien.

- Abuelo, este finde venimos con tu amigo Arturo para quedarse hasta el lunes. Aquí hay habitaciones suficientes, en lugar de una comida, Belén y yo hemos planeado el finde completo. Vosotros tendréis más tiempo para desempolvar la memoria y nosotros, pues a lo nuestro.
- A lo vuestro ¿verdad? ¡Sinvergüenza! ¿Tendréis condones?
- Abuelo, toma la píldora desde los dieciséis.
- No lo digo por eso. Además supongo que te la habrás beneficiado por la puerta de atras. Es por con quien folla cada uno por su cuenta. De ti, cabronazo, no pondría yo la mano en el fuego, pasas demasiado tiempo con tus amigos en tu cuarto...
- ¡Abuelo, por favor! ni yo ni mis amigos somos gays.
- ¿Y eso que tiene que ver con darse gusto el uno al otro? Bueno, venga, va. Nos lo pasaremos bien.

- Joder, tío, lo sabe - Alejandro estaba angustiado y nervioso sin parar de dar vueltas - no sé cómo lo sabe, pero lo sabe. He buscado micros, cámaras ocultas, respiraderos camuflados, y nada, pero lo sabe.
- Sabe, ¿qué? coño Ale, no seas paranoico, sabe el qué y quién es el que sabe eso tan grave - Fede tenía cogido por los hombros a Alejandro intentando que reaccionara.
- Mi abuelo, joder, mi abuelo. Me lo dijo tan seguro, como quitándole importancia, como si fuera algo natural..., lo sabe.
- El qué - Sami dijo sin dar importancia al asunto - que follas con Belén siempre que puedes, hostia, tú, Ale, es que gastáis más en píldoras que yo en priva.
- Que no, joder, que no, lo otro.
- ¡Ah, venga ya! - Jero empezó a reírse - que nos pajeamos juntos. Y eso ¿que pasa? Que tiene de especial que nos pajeamos unos a los otros. Hombre, es verdad que eso que haces de rechupetearte la mano cuando se te llena de la lefa del otro a mi personalmente me da un poco de grima. Ya, ya lo sé, yo me como la mía, conste, pero la de otro..., no se yo... 
- Cuando empezamos con la tontería a los trece - interrumpió Fede - eso, las pajitas, las risas, a ver quién la tenía más grande y así, recordáis pues yo cuando me tocó hacerle la paja a Ale en aquel juego de la botella de cerveza, que previamente nos habíamos bebido.
- ¿Una? - se sorprendió Sami - nos bebimos un pack de cuatro cada uno, teníamos una tajada monumental. Me extraña que no acabáramos mamandonos el rabo unos a otros y nos conformaramos con la gayola.
- Vale tío - dijo Jero - déjale terminar, a ver qué chorrada nos dice ahora.
- Una chorrada para ti Jero, pero a mí me planteó un problema.
- ¿Que problema? - preguntó Alejandro.
- Pues que te hice la paja y tú me la hiciste a mi, te corriste, me corrí y..., me gustó tanto correrte como correrme y esa noche me martilleaba la cabeza una obsesión: SOY MARICÓN y a la mañana siguiente hablé con mi hermano mayor le dije lo que había pasado y me preguntó: "¿Te has morreado con tu amigo?" le dije que qué asco y me contestó que se es maricón cuando te pone cachondo morrearte con un tío - Sami cohibió una carcajada y miró a Jero que empezó a reírse.
- ¿Que os pasa a vosotros dos con esas miraditas y esas risitas. No os habréis morreado? - Jero y Sami rompieron a reír compulsivamente sin poderse aguantar, Alejandro preguntaba con una media sonrisa de mosqueo - ¿tenéis algo más que amistad entre los dos? Daros un morreo con lengua, que os veamos.
- Vale ya Ale, déjalos, que se expliquen mejor. Sami,  Jero, después de lo de las pajas de nuestra pubertad ¿habéis llegado más lejos? Vamos a ver. Alejandro no creo que te moleste que lo diga, pero nosotros hemos seguido pajeandonos hasta ayer mismo.
- Pajearse, es quedarse algo corto Fede, si vas a decir algo no lo digas a medias. Algún sesentaynueve ha caído y confieso que por mi parte beso negro incluido, ¿es o no verdad, Fede? pero estábamos en el supuesto morreo de Sami y Jero. Contarnos.
- Venga, vale, ya está bien - se puso en pie Jero - tenemos ya unos, dieciocho como tú Alejandro y otros diecinueve y es hora de poner las cartas sobre la mesa. Sami y yo tenemos nuestras cosas desde los catorce. Como me hace las pajas Sami y como la chupa, ninguna tía lo ha conseguido. Además, aunque yo no, Sami siempre llega hasta el final con la boca y la verdad, aunque os suene a cochinada, cuando nos morreamos después de correrme, me gusta sentir el saborcito ese que se que es de mi leche.
- ¿Y te has follado a Sami también, - Fede estaba sorprendido - por el culo?
- Me lo estaba planteando - dijo muy serio Sami - me echa para atrás lo que pueda doler, aunque Jero tiene un lubricante que usan sus padres y dice que si me relajo solo voy a sentir placer. Pero no sé, aunque me atrae mucho sentir a Jero como me la mete. Lo que nunca hemos hecho ha sido el beso negro. ¿Que tal es?
- Que te lo diga Ale que es el que en cuanto puede me come el culo.
- Tu nunca te has atrevido, cabrón, con las ganas que yo tengo de tener algo tuyo por ahí cerca - le reprochó Alejandro.
- ¡Hostia, hostia, hostia! ¿Quieres que te folle el ojal? Habérmelo dicho, siempre me quedo con las ganas de preñarte.
- Con razón estabas tan preocupado tu Ale con que tu abuelo lo sabía todo. Estamos deseando follarnos los unos a los otros y más callados que en misa - Sami, siempre tan reflexivo intentó ordenar la conversación - ¡Vaya pandilla de maricones estamos hecha!
- Yo sigo creyendo que no soy maricón - acotó Fede - pero que tengo un empalme a cuenta de la conversación que si Ale me pone el culo, o tu Sami si quieres probar me lo follo sin dudarlo.
- Tío de verdad - Alejandro se cogió el pene a través del pantalón - yo también me he puesto guarro de verdad, tanto que le comería el culo al que me lo pusiera mientras Fede me folla.
- Hecho - Jero se bajó el pantalón y el boxer y se puso de culo frente a la cara de Ale separándose con las manos las dos cachas ofreciendo un ano peludo a su amigo - pero no me he lavado, te advierto y he cagado antes de venir aquí a la finca.
- Y así es como más cerdo me pongo - Ale se lanzó con fuerza al trasero de Jero empezando a suspirar por lo que estaba haciendo.
- Cabrón, tú tienes experiencia en esto, metes lengua y eso da gusto. Quién quiere hacerme un mamazo mientras esté come culo.
- Yo mismo - Sami se arrodilló frente a su amigo y se tragó toda la verga.
- Pues si no es ahora, no sé cuándo va a ser - Fede se quitó la ropa, se quedó desnudo y dio una patada suave en el culo a Sami - tu, levanta ese coño que te lo voy a follar.
- Con cuidado, por favor Fede, pon bien de saliva y despacito - levantó el culo un poco más, Fede escupió y apuntó con el capullo - no había conseguido meterla entera entre quejidos de dolor y deseo de Sami, cuando la estrechez le hizo gritar.
- ¡Me corro, joder, que gusto, que gusto, cabrones, que gusto!


domingo, 15 de octubre de 2023

EL CONFESIONARIO (IX)

 

Desnudo, de rodillas recostado sobre la pierna de su padre general de la orden y embargado de lujuria no sabía que iba a ser disciplinado físicamente por el fraile de ojos azules que le recibió y parecía nervioso. Olía desde esa posición humillante el aroma a sudor de macho del padre Amado y veía como tras el escapulario que colgaba por su regazo palpitaba lo que debía ser un soberbio miembro. El padre Amado acariciaba con firmeza el trasero de Pedro insinuando de vez en cuando el canto de la mano por el pliegue en el que se alojaba el ano.
- Tienes una piel muy fina, suave y caliente, y se nota que has mancillado repetidamente tu sucio orificio. El hermano Ramón tiene permiso para hacerte sentir el castigo por tu bien. Quizá te duela, pero más ha de dolerte el haber rechazado tan violentamente a un hermano. Por cierto, ¿como evitabas que saliese eso que te metías por el culo, sucio de mierda?
- A veces - Pedro hablaba con la cabeza humillada entre las piernas de Amado - me lo sacaba manchado...,
- Y qué hacías, sigue hablando - levantó la voz como nervioso - ¿lo chupabas, eh, lo chupabas, cerdo?
- Lo olía, padre, lo olía y..., - a Pedro le daba vergüenza decirlo.
- ¡Habla, perro! - y gritando esto fray Ramón propinó el primer latigazo.
- ¡Si, lo diré! - gritó mientras daba un respingo en respuesta al castigo - lo diré.
- Di lo que hacías Pedro - y con la mano que acariciaba su trasero tomó por la nuca al chico y la dirigió a su entrepierna hasta hacerla rozar con su dureza.
- La olía y me excitaba tanto que aunque viniese de correrme en la capilla sentía deseo de correrme más veces - fray Ramón volvió a administrar castigo con la disciplina. Pedro dió otro respingo de dolor pero sintió una punzada en su capullo de inexplicable placer - y el día que se me ocurrió pasar la punta de la lengua y sentí el sabor amargo tan excitante tuve el orgasmo más intenso.
- Dime novicio pecador, merecedor de todo castigo. Fray Ramón - se dirigió Amado al poseedor de la disciplina - no deje de castigar a este guarro del diablo. ¿Porqué te lo mereces, verdad? - dijo el padre Amado aumentando la presión sobre la cabeza de Pedro para hacer un contacto más estrecho con su miembro.
- ¡Si, Padre, me lo merezco! Soy un guarro sin perdón. Y tú fray Ramón no tengas piedad y azotame para que sienta el castigo merecido - y al decirlo sintió un inexplicable placer en saber que iba a ser castigado.
Y nada más decir esto abrió la boca y busco la tersura caliente del capullo de fray Amado. Se la metió en la boca y chupó como si fuera una golosina. La primera vez que hizo una felación fue a su abuelo y él le fue indicando la mejor manera, la que más placer diese al otro. Aplicó esos conocimientos a la mamada al padre general haciendo que llegase lo más hondo posible. Al tiempo sentía los latigazos en el culo que se había insenbilizado y a cada uno que recibía le vibraba su propio miembro, de forma que no hubo necesidad de tocarse. Empezó a correrse justo en el momento que lo hacía el padre Amado. Tragó como le dijo su abuelo, saboreando el semen sin dejar de acariciar con la punta de la lengua el frenillo.
- Deja de golpear ya fray Ramón. Este novicio perverso ha puesto el suelo perdido de su asqueroso semen y tiene que recogerlo..., con la lengua. Y tú prepárate para darle después un placer celestial. Le vas a sodomizar como tú sabes hacerlo.
Amado se levantó de la silla y salió de la estancia.
- Supongo que tendrás el ano bien dilatado, yo no la tengo pequeña - se agachó fray Ramón al lado de Pedro que había quedado rendido en posición de oración postrada con el trasero en pompa - pero dime, alguna vez hiciste algo más que pasar la punta de la lengua por el instrumento con el que te sodomizabas.
- ¿Algo más? - se incorporó hasta quedar sentado al lado de fray Ramón - me obsesionaba. Un día me atreví y me lo metí entero en la boca tal como lo saqué del culo. La intensidad del placer obtenido me llevaba a retos mayores. Hubo un momento en que vigilaba quién iba al retrete y le seguía. Luego una vez se iba miraba a ver si quedaba algo, lo cogía con las manos y mientras una iba a la boca la otra daba placer al miembro. Llegó un momento que si no era así no alcanzaba ningún placer. Soñaba con limpiar el culo a algún novicio usando la lengua en lugar de papel.
- Entonces no entiendo porqué te negaste a chuparle el rabo al novicio que te lo pidió.
- Aparte de que es un gordo seboso desagradable, en ese momento yo nunca se la había chupado a nadie. Si me lo hubiera propuesto fray Roberto, el vicemaestro de novicios, no habría dudado. Es tan delgado que parece estar enfermo. Unas cuantas pajas de celda han sido a su salud
- Pues para no habérsela chupado a nadie al padre general le has dejado muy satisfecho.
- Bueno, es que ahora sí he tenido experiencia.
- Pero si llegaste del noviciado hace tres días.
- He tenido un curso acelerado. Se la he chupado a mi padre, a su novio y a mi abuelo, que es el que realmente me ha dado las claves de una buena mamada.
- ¿Quieres que me crea que has hecho incesto con tu padre y abuelo?
- Y con mi madre. Aunque es ella la que me la chupa a mi.
- Realmente eres un degenerado y un mentiroso ¿Quieres que te sodomice, de verdad?
- Si antes me ayudas a limpiar mi leche con la lengua y me dejas que pruebe contigo lo que es comerme el culo de un hombre.
- Eso, esta noche en la celda. Cagaré delante de ti mientras me la chupas y me limpiarás con la lengua el culo y ya veremos qué sucede. Me va a gustar follarte. Cuando te he visto en la cancela no se que me ha entrado. Si no es por la presilla se me sale el rabo.
- ¿Tu se la has chupado al padre Amado?
- Como todos aquí, y mira - se dió la vuelta y le enseñó el trasero a Pedro - le pone de mal humor que no sepan hacérselo y castiga con la disciplina, por eso tengo las cicatrices. Me ha extrañado que no protestase, por eso te he preguntado.
Pedro había empezado a recoger su semen con la lengua.
- Venga Ramón, ayúdame, he echado mucho y luego se hace agua.
- ¿Ya lo habías hecho antes?
- Siempre que me corro en la celda, me gusta hacerlo y me excita para seguir pajeándome. Raramente me conformo con una sola. Lo de ahora ha sido especial entre la mamada de Amado y tus azotes he disfrutado casi tanto como con la mierda.
- Eres un cerdo ¿Lo sabías?
- Si. Y eso me pone cachondisimo.
- Fray Ramón - el padre Amado acababa de regresar - ¿aún no ha sodomizado en castigo a este novicio?
- Ahora mismo. Estaba dando lugar a que recogiese lo que había ensuciado. ¡Venga, tú, cerdo, prepárate para recibir tu castigo!
Pedro se puso a cuatro patas, se dió un poco de saliva y fray Ramón no sé anduvo con florituras, apuntó y de un golpe de caderas enterró el miembro en el cuerpo de Pedro que emitió un gemido que podía ser de dolor o placer, pero a medida que el fraile bombeaba bajo la atenta mirada de fray Amado su pene iba adquiriendo firmeza y dureza. Al poco Pedro dirigió una mirada suplicante al general.
- Padre, me voy a correr si usted da su permiso y fray Ramón sigue empujando con tanto saber.
- Y yo, padre Amado, me voy a venir, por favor. Lo hago dentro, o fuera.
- No doy permiso para más porquerías. Ya está bien. Vestirse los dos y a capitulo.
- ¿A..., a capitulo? padre, ¿a..., capitulo? Padre, yo le juro - fray Ramón estaba arrasado con la voz vacilante y temerosa.
- Usted, no jure. ¿Otro pecado? Se ha entregado a la lujuria, se a atrevido a gozar por encimia de todo - hizo una pausa para dar dramatismo - a capitulo los dos, en la cripta.
Fray Ramón se arrodilló llorando sin consuelo con la frente en el piso y las manos ocultando su cabeza rogando piedad.
- Tú, niño libidinoso - se dirigió a Pedro con desprecio - ayuda a tu novio a comportarse como un hombre. Poneos el hábito de una santa vez y a la cripta.
- ¿Mi novio, padre? yo, yo...
El padre Amado se dio la vuelta y seguido por dos acólitos que le acompañaban siempre callados pero con ojos como carbones encendidos y labios brillantes de saliva desbordante salió de la habitación.
- ¿Porqué ha dicho eso de novios? Yo no soy novio de nadie. ¿Y porque te has puesto así por lo del capítulo y te has desecho cuando a mencionado la palabra cripta.
- Tu no sabes nada. La cripta para capítulo secreto - Ramón tenía la cara desencajada y la vista perdida en el vacío. La cara demacrada como el que lleva días sin comer - ese olor a humedad lóbrega, a establo sucio y ambiente irrespirable...
- Pero qué. ¿Va a ser una ejecución o algo para que te pongas así? 
- Parecido. He participado en un capítulo en cripta. Somos treinta y seis hermanos en esta casa. Los treinta y seis participamos en..., no sé cómo llamarlo. Para todos tú y yo ya somos peor que la peor mierda y nos lo van a hacer saber.
- ¿A base de insultos y castigos o así?
- Literalmente a base de mierda. Los treinta y seis bajo la atenta mirada de Amado nos van a cagar encima. En el centro de la cripta hay una especie de sumidero del tamaño de un hombre acuclillado cerrado por una reja con un orificio. A nosotros nos inmovilizarán, ya verás de que forma más cruel en ese agujero. Somos dos y estaremos más estrechos, no nos podremos librar de nada.
- Pero cagar, cagar. De caernos encima la mierda.
- Efectivamente. Ataran el escroto a una argolla en el fondo del sumidero, que no podamos levantarnos, las manos atadas a la espalda y un gancho de nariz tenso con el otro extremo al ano con un gancho de bola para obligarnos a recibir la mierda de los treinta y seis en la cara.
- Al menos no nos mearan.
- Antes de cagarnos nos mearan, uno por uno.
Pedro se imaginó la escena y sintió una vaharada de placer. Empezó a empalmar ante la atónita mirada de fray Ramón que no quería dar crédito a sus ojos.
- ¿Te excita todo lo que estoy contando? Eres un degenerado y te costará el macho cabrio. Si después de tanta agonía de mierda y castigo ven que encuentras algún tipo de placer, te considerarán una criatura diabólica infernal y te harán copular con el diablo. Un macho cabrío especialmente enseñado desde chico te follará el culo una y otra vez hasta que se canse.
- No me digas eso que me corro de gusto.
- ¡Eres el diablo! - Ramón se separó instintivamente apartando la vista de Pedro y volviendo la cara - eres el diablo - gritaba una y otra vez.
- ¿Que sucede aquí? - a las voces de fray Ramón acudió un fraile mayor, canoso - ¿Quién llama al diablo?
- No, no - Ramón, aterrorizado señalaba a Pedro - él es el díablo, es el diablo. Mirale el sexo, es un súcubo lujurioso. Le he dicho que le iban a dar al macho cabrío y me ha dicho que es lo que desea. ¡Es el díablo, hoguera con él, hoguera!

- Hijo, hijo, despierta ya, despierta, es una pesadilla, solo eso - la abuela Maite zarandeaba a Pedro para despertarlo - y tienes que ir a confesar. Mañana vas al noviciado. Despierta hijo.
- Abuela, abuela, que pasa - Pedro se sentó en la cama restregándose los ojos - que horror que pesadilla más mala.
- Hala, arriba y date una buena ducha de agua fría. Por lo grande que la tienes si, la pesadilla tiene que haber sido horrible.
- Perdón abuela, no se -Pedro comprendió que aún conservaba la dureza que adquirió durante el sueño y se tapó con las sábanas enrojeciendo de vergüenza.

jueves, 12 de octubre de 2023

EL CONFESIONARIO (VIII)

 

Tiró de la cuerda que sobresalía de la reja, con fuerza y escuchó a lo lejos el tintineo de la campana. Le pareció, al poco, percibir como se abría una puerta y después aparecer por la cancela un religioso con su hábito gris claro y el escapulario con capucha de color gris oscuro. Era su mismo hábito, solo que el suyo tenía escapulario blanco, que le señalaba como aspirante a procesar votos.
- ¿El novicio Pedro? - en el tono tembloroso  de la pregunta, Pedro adivinada ansiedad contenida.
- Si - escudriñó los ojos azules del fraile intentando averiguar las razones del nerviosismo. El religioso profeso desvío la mirada - me había citado el padre general.
- Te está esperando en sus habitaciones.
- Hermano - dijo Pedro con dulzura - el viento ha levantado el escapulario y me ha parecido ver que la túnica tenía una rotura.
El fraile se detuvo sin volverse y sin abrir la boca se retiró el escapulario con una mano y con la otra se apartó un poco la túnica por detrás dejando ver la piel blanca de las piernas.
- Eres observador. Está túnica de profeso es así. Abierta para más comodidad a la hora de nuestras necesidades fisiológicas. Las de novicio no la tienen, por eso te habrá llamado la atención - se volvió entonces y Pedro le vio dibujarse una débil sonrisa en su cara - ahora te darán una como ésta, bueno, no exactamente igual, para presentarte al general, padre Amado.
- Pero, ¿la lleváis sin pantalón? me ha parecido ver.
- Hace calor, el hábito es de estameña y abriga bien en invierno, pero en verano..., en mi caso, yo nunca uso ropa interior. Otros, se que tampoco y así es más llevadero. Te recomiendo que cuando te la den te vistas con ella sin nada debajo, te derretirás sino - y ésta vez fue Pedro el que apartó la vista y se ruborizó - no te azores por ir desnudo bajo la túnica, seguramente el padre Amado irá también así. Y ahora, no perdamos más tiempo. Te esperan.
Pedro sintió que su miembro empezaba a crecer y esperaba que se aflojase o que la túnica le disimulase.
- Eres muy joven - continuó hablando el fraile sin dejar de caminar - y la calentura te abandonará en contadas ocasiones. No sufras, la túnica es amplia y sin cordón ni correa y disimula perfectamente cualquier anomalía del cuerpo. Pero tienes que tener cuidado, la abertura que has visto por detrás la hay por delante que se sujeta con una trabilla. Comprueba la presilla con frecuencia pues se podría abrir la túnica por descuido y quedarías muy expuesto, y eso es una falta muy grave en nuestra comunidad.
- Gracias, fray..., no me has dicho tu nombre.
- Ramón, fray Ramón. Espero que seamos buenos compañeros - le dijo mientras subían los tres escalones que daban acceso al zaguán de la casa. De allí se pasaba a un patio ajardinado - ¿Ves aquella puerta de la esquina de enfrente?
- Si
- Ve allí, llama y te darán la túnica para ir a ver al padre Amado. Que tengas suerte.

- Pasa - una voz recia pero queda le indicó que podía entrar.
Era una sala cuadrada de techo altos y ventanucos en lo más alto, con muebles como de sacristía. El fraile que le hizo entrar abrió un cajón enorme y sacó una túnica gris claro, como la de fray Ramón, a la que empezó a desabrochar unos botones, algo que a Pedro le sorprendió.
- Desnúdate ahí. Deja la ropa sobre la silla y extiende los brazos de frente para que pueda colocarte el hábito. Yo te lo abotonaré. Si quieres te lo quitas todo, que hace calor.
- Pero..., ¿aquí. No hay una cabina o algún sitio...
- Nada que ocultar novicio Pedro. Y yo no me voy a escandalizar de ver un cuerpo de varón desnudo. Otro más.
Pedro recordó lo que fray Ramón le dijo de no azorarse y mirando a la pared empezó a desvestirse. Cuando le quedaban los calzoncillos dudó un momento y el fraile se le acercó y le dijo en un susurro.
- Quitatelo. Yo tampoco llevo, ni casi nadie aquí. Con este calor. Además tienes un físico bonito, no tienes de qué avergonzarte.
Comenzó con mucha parsimonia a bajarse el calzoncillo y sintió a la vez que la verga se le disparaba en una erección explosiva. Tenía ahora que volverse con su miembro rígido hacia el fraile que le ofrecía la túnica.
Se volvió lentamente con la vista humillada hacía el fraile con los brazos extendidos.
- Con esa dotación - dijo el fraile mientras le colocaba la túnica - vas a hacer muy feliz a mucha gente. No te apures.
Pedro empezó a temblar. Ese comentario no parecía muy adecuado para el sitio en el que estaba pero por otra parte sintió un deseo lujurioso que tampoco casaba con la razón por la que estaba allí.
Se puso el fraile detrás de Pedro y le abotonó la túnica. Después tomó las faldas y las hizo volar haciendo que la abertura dejase a la vista el trasero de Pedro, dejándole caer otra vez.
- Te sienta muy bien muchacho, con el culo tan respingón. Al padre Amado le va a gustar charlar contigo. Confía en él es un padre, severo, si, pero de alguna manera complaciente y tolerante y comprensivo con las debilidades humanas, de las que él participa, como no podía ser de otra manera; es humano, como nosotros. 
Entra - le señaló - por esa puerta lateral sin llamar. Ahí estará el padre Amado. Si no ha llegado te arrodillas y reza lo que quieras mientras esperas - Pedro iba entrar ya a la otra sala ya cuando el fraile le tomó por el brazo - no te he visto sujetarte la presilla de la abertura anterior. Déjame que yo te la anude, al principio si no se ha hecho nunca, cuesta, hace falta cierta maña.
El fraile se agachó delante de Pedro y buscó a la altura que debía estar la sujeción - hueles bien, chico ¿te perfumas tu carné de pecado? y sin dejarle contestar metiendo la mano por la abertura y Pedro nunca supo si adrede o por azar, le rozó la verga que seguía dura. Pedro emitió un gemido corto y ahogado. El fraile abrochó la túnica y se puso en pie.
- No te apures chico. Aquí todos sabemos porqué has venido a ver al padre Amado. Tienes la edad de ser fogoso y el padre te tendrá que escrutar por si ésta vida no fuese la más adecuada a tu personalidad. De todas formas no me extraña que el otro novicio quisiera conocer más de cerca todos tus atributos. Anda, entra ya - concluyó colocándole la mano en el confín de su espalda adoptando un tono condescendiente y apretando con la mano, en la opinión de Pedro, más de lo que hubiera sido lógico. Eso le hizo desear que le hubiese metido la mano por la abertura del hábito.
La habitación a la que entró tenía un crucifijo y varios cuadros de santos. Por mobiliario, únicamente una silla de respaldo alto y tapizada en Alcántara oscuro. La luz entraba muy tamizada por unos ventanales a bastante altura y el ambiente era de penumbra.
Pedro se olvidó que tendría que arrodillarse martilleandole en la cabeza únicamente aquello de que el padre general iba a confesarle. Y si así era, ¿tendría que contar lo de sus padres, lo de Ayante y Rogelio, lo de don Felipe y Raúl o solamente lo relacionado con el asunto que le llevaba allí? 
El tremendo empalme no le abandonaba y un sudor se le iba y otro se le venía y estaba completamente abstraído en sus contradicciones cuando escuchó una voz dulce a su lado.
- Suponía que habrías hecho caso y estarías de rodillas y rezando. Pero bueno, lo vamos a atribuir a los nervios - se sentó en la silla y le dijo a Pedro que se arrodillarse a su lado - aquí, mi lado, arrodíllate y apoya tus brazos en la pierna, yo soy el sostén de tu vocación. Me lo tienes que contar todo. Por muy escabroso que te parezca.
Vamos a ver. Otro novicio te ha acusado de actos lujuriosos e impuros durante la oración en la capilla. Cuentamelo todo, como tú honestamente sepas que sucedió.
- Padre - Pedro empezó a hiperventilar y las lagrimas se le saltaron - es difícil contar esto.
- Aún no es una confesión sacramental. Habla sin tapujos y con tus palabras.
- Soy muy perro y me gusta masturbarme. Que ya se que no..., pero como al pajearme me di cuenta que apretaba el culo supuse que introduciendome algo..., sodomía ha existido de siempre y me estimuló aquel pensamiento. Un día en la cocina vi un instrumento de mármol del que se usa para majar los condimentos. Tenía un tamaño parecido al que yo tengo y me arriesgué. Lo tomé prestado, lo probaría a ver y luego lo lavaría muy bien y lo dejaría en la cocina otra vez
- Tienes tú entonces un buen tamaño también - y al decir esto inicio una leve risa al tiempo que le ponía al chico su mano en la nuca - bien, sigue.
- Me di cuenta que las pajas eran más placenteras con eso en el culo y me aficioné a la vez que tardaba más el orgasmo si me rozaba el capullo muy suavemente y se prolongaba el placer. Ya no pude devolver el cacharro, era demasiado gozo en mi cuerpo al que no iba a renunciar. Como la oración se me hacía tan pesada, lo empecé a usar en la capilla. Me lo ponía en la celda antes de ir a capilla y con cada paso me daba más placer. Me daba mucho gusto. En el banco de la iglesia hacia movimientos y el placer iba en aumento y a través del hábito me acariciaba el capullo y me debí dejar llevar. Este chico debió darse cuenta y entró en mi celda diciendome que o le hacía una mamada o lo chivaba todo. Le pegué un empujón echándole del cuarto y fue cuando lo denunció.
- Bueno hijo - el padre Amado acompañaba esas palabras suaves y tiernas de perdón y condescendencia con palmaditas en la nuca hasta que a Pedro le pareció que el padre le hurgaba en la espalda hasta que identificó los manejos: le estaba desabrochando la túnica - no debes disgustarte, la carne es débil - y al decirlo abrió un poco las piernas dejando que la abertura anterior del hábito cayese a cada lado dejando las piernas al aire y su entrepierna solo cubierta por el escapulario y mientras el último botón que manejaba el general quedaba quitado y la túnica de Pedro caía a cada lado dejándole toda la espalda y el trasero expuesto - no te apures hermanito, desnudos nacemos y desnudos estamos siempre a los ojos de Dios. Estar desnudo es una bendición. Levanta los brazos de la pierna y deja que caiga el velo que oculta tu pecado. Sigue de rodillas como pecador que eres.
Entra hermano Ramón, entra. Nuestro pecador ha confesado y merece el justo castigo - y diciendo esto acariciaba con un dedo el ano de Pedro que no podía evitar gemir de placer.
- Novicio Pedro - le dijo fray Ramón que le abrió la puerta - vengo a disciplinar tu pecado por orden de nuestro superior, espero que aprendas la lección - y diciéndolo sacó de entre los ropajes una disciplina de siete colas de esparto.

sábado, 7 de octubre de 2023

EL CONFESIONARIO (VII)

 
- Que tarde, ¿no? Has pasado mucho tiempo con el abuelo. ¡Que bien!
Pedro se quedó con la mirada perdida, absorto en que nunca habría ni imaginado que comerle el culo a un viejo, su abuelo para máyor abundamiento, podía proporcionar un placer tan exquisito mientras Rogelio sacaba fotos. El abuelo sollozaba de placer y eso le proporcionaba y gozo añadido. A cada momento creía que iba a correrse, pero fue Rogelio en un momento dado que puso la guinda al pastel colocándole sin más preámbulo unas pinzas fuertes en los pezones. El dolor parecía irresistible. Quiso arrancarselas y en ese momento recordó que Rogelio le había puesto grilletes de policía con las manos a la espalda. En ese momento le pareció excitante y más cuando sintió que la empujaba la cabeza al culo del abuelo. Levantó la cabeza en reacción al dolor, pero Rogelio volvió a hocicarle mientras decia "come perra" y ese insulto fue como si fuese parte del mordisco de las pinzas; le invadió una vaharada de deseo y lujuria. Parecía como si se hubiese establecido una conexión entre el dolor de los pezones y el capullo. El dolor se transformó en placer de tal manera que empezó a eyacular en medio de espasmos de placer...
- Pedro, hijo, que estás ausente - le chasqueó los dedos delante de la cara - ¿en que estabas pensando?
- Nada, nada. Pensando en a ver cuándo me llaman de la casa general.
- Ah, si, por cierto. Ha llamado un tal padre Miguel, que te espera mañana en la curia a la una de la tarde. ¿Era eso lo que esperabas?
- Si, si - y al alargar la mano para coger pan se rozó un pezón, dolorido tras tanto castigo, y la erección fue tremenda - ya estaba deseando que me mandase llamar.
- ¿Que te pasa, hijo, te duele algo?
- No, no, nada - mintió recordando la sorpresa por el castigo y el dolor y placer aparejado - tengo ya ganas de ir a hablar con el padre general y volver al convento. Me voy a ir a la cama, mamá, estoy cansado.
- Vale hijo. Que descanses.
Según enfilaba el pasillo ir a su dormitorio y una erección casi dolorosa le hacía gemir sintió que los pezones le requerían. Se llevó las manos y pellizcó con saña. Deseó tener el pene de Ayante otra vez en el culo. Entró en su cuarto se desnudó y mirándose al espejo del ropero y devastando se los pezones empezó a eyacular en medio de mareos de placer. El semen impactó en el espejo y disfrutó viendo cómo los goterones se despegaban cristal abajo. Con el calzoncillo limpió como buenamente pudo el espejo y se acostó quedando dormido al instante. 
No pudo oír como su madre, como era costumbre, abría con cuidado la puerta y velaba su sueño. Vio a su Apolo adolescente desnudo sobre la cama con su miembro detumescente pero de buen tamaño reposando sobre su bajo vientre terso. Entró en la habitación engañándose a si misma con que debería arroparle, aunque su vista estaba abrochada a la verga de su hijo. Era una droga. Había degustado el sabor pecaminoso del hijo, una vez más y no podía ahora que lo tenía tan cerca desperdiciar la oportunidad. Con cuidado recogió el trozo de carne fláccido y entero en su manos y acercó su cara para olerlo. Le olía a semen fresco y eso le nubló el entendimiento. Primero fue un lametón luego otro y finalmente abrió su celda para aprisionar su deseo. En ese momento Pedro despertó y tras un instante de composición de lugar fue consciente de lo que sucedía y la erección instantánea atragantó a su madre que se tuvo que retirar. Pedro completamente duro no movió ni un músculo más y su madre que aterrorizada había iniciado la huida con el corazón desbocado se detuvo viendo que Pedro seguía dormido pero ahora con la verga grande, brillante y dura. El deseo le dio valentía y volvió a la carga. Se arrodilló ante la cama y empezó la ceremonia incestuosa más lujuriosa, felando la madre al hijo. No tardó mucho Pedro en correrse, en la boca de su madre, pero quiso darle una ocasión de cavilar. Cuando estaba eyaculando dijo en voz alta, como si estuviese teniendo un sueño: "así, así papá, trágatelo todo, papá" 
Paloma con la boca llena del semen de Pedro no pudo reprimir el inicio de la náusea y esparció sobre el vientre de su hijo una aspersión del contenido de la boca. Pedro continuaba con su paripé de supuesto sueño sintiendo como los goterones le resbalaban por los flancos. Paloma le limpió como pudo y salió del cuarto.
Pedro abrió los ojos y dibujó una amplia sonrisa calibrando el efecto de lo que dijo al correrse. Se dió media vuelta en la cama y se durmió, esta vez de verdad, profundamente.

- Que tal, hijo - en la pregunta de Paloma había un temor a punto de sobrevivir.
La mesa puesta para el desayuno, Pedro aproximó la silla para sentarse.
- Bien, mamá. ¿Y tú, que tal la noche?
- Bien. Te escuché hablar en sueños. ¿Has tenido pesadillas?
- Parece que si ...
- ¿De qué, terroríficas, divertidas?
- Vergonzosas, mamá, vergonzosas.
- ¿Se puede saber que era eso que tanta vergüenza te produce?
- Mamá. Algo que de ser real te avergonzaría a ti también.
- ¿El que? Vamos, soy tu madre, cuentamelo.
- Da mucho corte, mamá.
- Venga, te aliviará contarlo. Ya verás como cuando te lo escuches de tu propia boca no será para tanto.
- Ah, ¿No es para tanto que tu padre te chupe el rabo hasta correrte, y que te encante?
- ¿Tu padre? Era tu padre, seguro, no alguien que se le parecía.
- Juraría que era mi padre - Pedro se tuvo que acomodar su sexo que había crecido desmesuradamente dentro de su ropa interior.
Eso es porque estuviste en su casa y como tiene novio nuevo te ha impresionado.
- Seguro que es eso, mami - y le fijó la mirada de forma tan inquisitiva que Paloma la tuvo que apartar - por cierto, ayer entraste en el dormitorio cuando estaba dormido, creo, para arroparme - le sonrió cínicamente sin apartar la mirada un instante - muchas gracias, mami. Pero a ver si un día de estos me pillas en situación comprometida y fíjate tú que apuro. Para los dos.
- ¿A qué te refieres, Pedro? - Paloma puso cara de mármol esculpido, duro y arisco.
- Mamá - Pedro jugueteaba con la cucharilla en su tazón de leche - tengo casi diecisiete, una edad a la que uno se pone duro hasta con las sopas de ajo, y no quisiera que me vieses así.
- Descuida, cariño. De ahora en adelante, cuando estés en casa solo entraré en la habitación para hacer la cama, recoger trastos y limpiar y si estás acostado, únicamente si me llamas. Por cierto, ¿era a la una tu cita con el cura ese que llamó?
- Si. A la una.
- Comerás allí, supongo.
- No, no creo. De todas formas si me tengo que quedar, te aviso. Antes de ir, voy a hablar con don Felipe por si tiene algún consejo que darme.
- Perfecto. Me parece muy bien. Ese sacerdote es un santo. Hazle caso.
Un santo de lujuria, pensó el chico recordando lubricidades de hacía pocas horas. Quería ir a verle para contarle la mamada de su madre y preguntar porqué no paraba de formarse le en la imaginación la figura de su madre a cuatro patas y el sodomizandola con saña mientras ella le pedía más. Y lo más preocupante es que esa imagen le proporcionaba un inmenso placer más por saber que se lo hacia a su madre que el acto en si.
Llegó a San Dionisio a media mañana. Se dirigió a la sacristía buscando al cura, pero estaba un chico joven recostado sobre el aparador de las albas.
Hola. Buenos días. Estaba buscando a Don Felipe.
- Hola - le tendió la mano muy cordial - yo soy Raúl el que lleva el grupo adolescente de catequesis.
- Yo, Pedro. Venía en el tren y coincidí con don Felipe y trabamos algo de amistad.
- Mmm, ya, ya - automáticamente cambió tanto su hábito postural como el gesto de su rostro e inició el acercamiento físico a Pedro - Felipe me ha hablado - y al tiempo levantó su mano y con destreza le pellizcó un pezón.
Pedro sintió una punzada dolorosa que le hizo empalmar instantáneamente, entornó los ojos de placer y entrega y deseó en lo más profundo que le pinzase el otro pezón.
Raúl, como si le hubiese leído el pensamiento alargó la otra mano e hizo presa aún con más violencia, retorciendo a través de la ropa. En el momento que Pedro emitía un quejido de dolor y lujuria entró en la sacristía don Felipe.
- ¡Vaya! Veo que ya se conocen. Acompáñenme los dos a la casa parroquial. Les tengo que instruir en determinadas habilidades.
Raúl en ese momento ya evaluaba a través del pantalón de Pedro el tamaño de su dotación.
- Dejen esos manejos para cuando lleguemos a nuestro destino - y acompañó la frase con una cariñosa palmada en el culo de Raúl.
- Don Felipe, en realidad, yo no tengo mucho tiempo. Me ha citado el padre general en la casa madre para la una de la tarde y si nos liamos...
- ¿Que te parece, Raúl?
- Que vaya a sus obligaciones y ya nos veremos en otro momento. Estoy seguro que va a ser una pieza fundamental de nuestra cuadra. No muchos chavales de su edad hubiera entregado sus pezones de una forma tan cruel como el castigo al que le he sometido, y se ha puesto duro como el acero. Lo disfrutaremos, Felipe. Y él disfrutará.
- En otro momento, pequeño - y don Felipe tomó la cara de Pedro por las mandíbulas, inmovilizandolo y acercó sus labios a los suyos permitiendo que las salivas se mezclasen. Pedro sintió un escalofrío y abrió la boca permitiendo que el cura introdujese la lengua en su boca. 
Raúl tomó el relevo, tomó la cabeza de Pedro entre sus manos y le morreo sin rodeos mientras restregaba su pelvis con la suya.
- Bueno, yo me voy, que voy a llegar tarde.
Y salió secándose los labios con la manga de la camisa, acomodandose el paquete, con la cabeza baja camino de su entrevista con el general.