domingo, 10 de abril de 2022

RODAJE (VI)

 

Los dos chicos entraron en la mazmorra cuando Gary mordía los pezones de Leo con unas pinzas de las llamadas aligators, con dientes que se hundían en la delicada piel de las mamilas carnosas y congestionadas por los artilugios de vacío con los que su padre se los hacia crecer.
- Papá, macho, te babea el rabo una exageración - Cástor decía esto mientras se acercaba a recoger con la lengua una gota que se desprendía lentamente del capullo de su padre.
- No seas abusón Castor y déjame algo a mi - Polux se agachaba buscando el abundante precum del padre que su hermano intentaba monopolizar.
- Levantale las patas y cómele el ojal - Gary además de pinzar los pezones los retorcía provocando el Leo jadeos de placer y dolor.
- Los huevos, Gary o Castor o quien sea, los huevos, castiga sin piedad - Leo estaba fuera de sí, necesitaba castigo. 
Polux abandonó el ano que chupaba con fruición y se dirigió a una alacena que había en la mazmorra de la que sacó una maza de madera forrada de fieltro.
- Aparta hermano - Polux agarró las bolsas de su padre por el pedículo que las anclaba a la polla y apretó hasta confinarlas en el menor espacio de piel - ahora, vas a gozar papi, y tú Castor a saborear la leche de papá, espero que me dejes algo.
Con una cadencia lenta y golpes suaves, Polux empezó a golpear los testículos de su padre, grandes y de piel perfectamente depilada surcada por venas azules que a cada golpe se ingurgitaban más.
- ¡Síii! gracias, por favor, más fuerte - Leo estaba completamente desaforado, gritando por mayor dolor. Cástor ya no solo lamía su precum sino que acariciaba todo el capullo con la lengua y los labios - Gary, follate a Polux miéntras me tortura, ¡Follatelo!
Sin dejar de golpear ya con fuerza los testículos a su padre, Polux adoptó una posición cómoda para que Gary pudiera penetrarle. Gary aplicó algo de lubricante al ano de Polux, apuntó su capullo y de un único y perverso golpe de cadera le clavó todo el miembro a su ahijado. Polux emitió un grito ahogado.
- ¿Ha dolido, eh, hermanito? Que Gary tiene un pollón considerable.
- ¡Joder, Cástor! ha sido placer. Lo tienes que probar. ¡Que arte tiene este vejestorio! - dijo ésto sin dejar de torturar los huevos del padre.
- No aguanto más Gary, cariño, me voy a correr. Preña a Polux. Polux cuando acabe Gary quiero ver cómo preñas a Cástor - y en ese momento el capullo de Leo fue una fuente que se derramó en la boca de su hijo Cástor. Gary al verlo en dos emboladas tremendas terminó de correrse dentro de Polux. 
En cuánto Gary se retiró, Cástor se lanzó al ano de su hermano a recoger el premio que el padrino le había dejado dentro del cuerpo de Polux. En cuanto lo recogió busco la boca del hermano para compartirlo y a continuación le ofreció su culo como deseaba su padre. Polux folló a su hermano mientras Gary le acariciaba a Leo los pezones castigados por los dientes metálicos. Finalmente Polux avisó a su hermano que se corría y él inició la masturbación para correrse al tiempo. Gary no perdió la ocasión y se agachó a recoger el semen de Cástor.
Pasados unos minutos de recuperación general, Cástor empezó a reírse 
- ¿De que te ríes? - Leo frunció el entrecejo al preguntar temiéndose una broma típica de los gemelos.
- A ver si editas los que acaba de suceder o lo complementas, eso ya verás tú, todo lo que acaba de suceder. Cuando vinimos del control, dejamos todas las cámaras de la mazmorra encendidas. Va a salir una peli de lujo.
- ¡No, joder! ¿Que habéis hecho?
- Ni se te ocurra borrarlo papá - Polux con cara burlona esgrimía el mazo que aún tenía en la mano.
- Uff, hijo, ¡que bien manejas eso! Espero que ésta no sea la última vez. Me has dejado los huevos doloridos, pero qué gusto.
Salieron los cuatro del plato de mazmorra los cuatro desnudos alegres de haber tenido esa relación tan intensa y agradable.
- Papá, Bastian ¿te dejo el teléfono o la dirección? - Polux miró a su hermano guiñándole el ojo sin que Gary o su padre lo advirtieran - mientras Gary me follaba, por cierto Gary, tienes una polla prodigiosa y sobre todo ¡joder! que bien la manejas. A lo que iba, mientras gozaba por el culo de esa manera pensé en que me habría corrido antes si llega a entrar en acción Laura. ¡Me cago en la mar! que cuerpecito y que pezones tenía. Cástor y yo lo estábamos comentando. Bastian y Laura follando y cada uno de nosotros un ojal. ¡para morirse de gusto! Queremos ir a su casa.
- Estamos seguros - apostilló Cástor - que con los antecedentes de los dos se van a prestar a eso y mucho más - miró a Polux como poniendo los puntos sobre las ies - y al culo, me apunto, pero me muero por comerme ese coñito y luego follarmelo y para finalizar ver cómo Bastian le come el coño y se relame de mi polvo.
- ¿No habéis tenido suficiente que ya estáis pensando en la siguiente? - Leo, miró a sus hijos con cara de sorna - pues claro que dejó el teléfono, en el privado lo tengo, venga correr no vaya a ser que se escape.
Los hermanos salieron corriendo mientras reían felices de estar vivos, celebrando su vitalidad y fuerzas casi inextinguibles.

- ¿Bastian?
- Si. ¿Quién eres? Bueno, llamándome así tienes que ser alguien de la productora.
- Si. Pero directamente de la productora no. Hombre nuestro padre es Leonardo
- Ah, ya, ya. ¿quién eres, el que me la chupó o el otro?
- Ja,ja,ja. Si soy yo, Cástor. Mi hermano se quedó con las ganas. Te llamábamos por algo así. ¿Que tal una performance entre los tres y Laura?
- Joder, Cástor, ¿a quien amarga un dulce? Cuando me probaste, porque Laura se enceló y fue por mi, si no, tío, nos lo montamos allí mismo. Yo creo que sí cuando venga, que se fue a trabajar, nos ve a los tres tranquilitos y yo empiezo con ella, en cuanto se caliente, va a ser ella la que quiera un doble en mi culo. La pone cachondísima ver cómo me follan.
- Entonces, ¿podemos ir ahora?
- Venga, os espero. Mando la ubicación a este número.
Abrió la puerta Chano con una túnica blanca de hilo hasta los pies con una abertura desde el cuello hasta pubis que se cerraba con tres presillas de pasamanería. En cuanto abrió la puerta y vio a los dos pelirrojos idénticos vestidos con unas mallas moradas que les marcaban unos paquetes impresionantes. Unas lícras muy ajustadas lilas sin mangas para resaltar los hombros y muy cortas, para dejar al aire el ombligo. Llevaban una schetcher de calzado blancas con algo de plataforma. En cuanto Chano les puso la vista encima la tunica se le levantó a la altura genital. Polux con mucha naturalidad llevó su mano a la entrepierna de Chano y Cástor acercó su boca a la boca del chico. Pasado un par de segundos Chano se retiró del beso y apartó con delicadeza la mano a Polux.
- Chicos, pasar. Vamos a tranquilizarnos un poco. Como venga Laura y nos vea aunque solo sea un poco equívocos se iba a mosquear mucho. Dejar, como os dije, que llegue, salude y le toqué el coño delante de vosotros. Es muy exhibicionista y se va a derretir. Después de eso, lo que queráis.
¿Queréis tomar algo? Unos tequilas para ir entrando en calor y unas tostadas de alta graduación. Nos va a poner pero calentitos.
Mientras Chano iba por las copas Cástor le dio un codazo a su hermano.
- Te has empalmado mariconazo. Está buenísimo el cabrón, y con esa túnica moruna para follarsele sin desvestirle.
- Anda, que a ti te ha dejado frío - y al tiempo le agarraba con fuerza el paquete a través de la malla.
- Vaya, ya veo que habéis empezado a calentar motores - Chano guiñó un ojo a los gemelos mientras dejaba en la mesa las copas.
En ese momento sonó el timbre de la puerta
- Mira, ya está ahí Laura. Aunque, qué raro, ella siempre lleva sus llaves. Bueno se las habrá dejado - diciendo esto se dirigió a la puerta y justo al llegar volvió a sonar el timbre - ya voy, ya voy, impaciente - y abrió la puerta produciéndose un largo silencio.
Desde la sala en la que estaban los pelirrojos se escuchaban voces urgentes cuchicheadas. Los chicos se miraban interrogativos y escamados, preguntándose por lo que pasaba. Y de pronto aparecieron en la puerta Sebastián y un chico algo más mayor, de espaldas anchas, el pelo iniciando la retirada con unas entradas muy interesantes y la mirada turbia como una cienaga. 
- Hola, soy Ramiro - al tiempo que sin mover un músculo de la cara extendía la mano a los gemelos.
- Hola, yo soy Cástor y éste mi hermano pequeño, Polux. Y no nos digas lo de Climenestra, ya lo sabemos - dijo esto último acompañado de una sonora carcajada y luego se dirigió a Chano pero interrumpió Polux.
- Soy el pequeño por tres minutos y aunque te lo parezca no nos parecemos en nada - y siguió con otra carcajada.
- Éste Ramiro, ¿es el mismo Ramiro que nosotros conocemos? el que te partió el culete cuando eras un enano.
- Si, es éste - Chano estaba visiblemente apurado, como si le hubiesen pillado en falta - y no debería estar aquí - y dirigiéndose a Ramiro - porque le tengo dicho que a Laura le juré y perjuré que no tenía ya nada con él.
- Entonces, pedazo de maricón, estás con Laura pero tienes un querendón. ¡Que sinvergüenza! - Cástor se había levantado tras decir esto y le dió un abrazo viril, sin ninguna connotación sexual.
- Cuando salí de la casa de Ramiro y me fui al piso compartido, no sabía que me pasaba, estaba triste. Una tarde agobiado de todo fui a ver a Ramiro. Estaba en la casa con su padre, que me abrió la puerta. Se alegró mucho de verme y me dió un abrazo muy fuerte, estrechándose mucho contra mi, tanto, que le noté perfectamente su paquete. Me condujo hasta la habitación de Ramiro, que estaba estudiando, con una camiseta de basket y unos pantalones cortos amplios. Me senté en la cama y Ramiro se colocó delante de mí en su silla de estudio con las piernas exageradamente abiertas. No llevaba ropa interior y le veía los huevos peludos. 
- A él se le ha olvidado decir, que cuando salí de mi cuarto donde estaba estudiando, a mi padre se le había abierto el albornoz, que se acababa de duchar y el abrazo era ya algo más que una bienvenida. Salí del cuarto porque había escuchado la puerta y no sabía si mi padre podría haber salido, me había avisado que se iba a duchar y que estuviera pendiente. Estaba Chano abrazado a mi padre y mi padre a Chano y cuando deshicieron el abrazo la polla de mi padre estaba dura. Por cierto, Chano, nunca te lo pregunté, ¿Se la llegaste a coger con la mano?
- Bueno, bueno, bueno - los gemelos estaban emocionados y sus bultos eran ya una exageración - ¿Hubo tema, Chano?
Chano se les quedó mirando a los tres con semblante serio.
- Las cartas sobre la mesa. Mira Ramiro, me gustabas porque te veía como yo que tenía casi once y tú quince y me apetecía hacerlo con alguien así, joven.
Al segundo día de estar de acogida en tu casa, tu madre había salido a trabajar y tú estabas en el instituto. Tu padre me dijo que me duchase porque el día que llegué era por la tarde y no dio lugar. Me metí en la ducha y empecé y al poco entró tu padre a ver qué me frotase bien los sobacos, las orejas, rodillas, codos y todas esas partes. Yo tenía diez años y en otras casas nadie se había ocupado de mi con tanta solicitud. Abrió la mampara y me dijo que me frotaría por la espalda que yo no llegaba. Pero se salpicaba todo y se estaba mojando entero, así que me dijo que se iba a desnudar para meterse conmigo a ayudarme. Y así lo hizo. Primero la espalda, luego el culo, la raja del culo y ahí se entretuvo porque decía que ahí precisamente había que tener mucha higiene. Me masajeaba el ano hasta que me metió un dedo. Me quejé pero él me sujetó y me dijo que sólo había metido un dedo pequeño, que era normal que me molestase algo. Cuando me dio la vuelta para enjabonarme por delante, me quedé hipnotizado por el enorme trozo de carne dura que tenía entre las piernas. Me preguntó si me gustaba, que podía tocar para ver lo dura que estaba. Al principio con prevención y luego con mucha desenvoltura comencé a tocar. Me dijo que resbalase la mano arriba y abajo y cada vez se le ponía más dura.
- Entonces - Ramiro estaba asombrado - mi padre te trasteo, antes de hacerlo yo.
- Tu padre cada vez que nos quedábamos solos nos metíamos en la ducha al principio, porque luego ya directamente íbamos a su dormitorio. ¿Porqué crees que no te fue difícil clavarmela la primera vez y no me quejé?
Pero aquella primera vez la recuerdo como muy excitante. Fue la primera vez que vi salir semen proyectado contra mi pecho. Me encantó, de verdad.
- ¿Has seguido teniendo relaciones con mi padre? - Ramiro estaba indignado y apretaba las mandíbulas, cerrando los puños.
- ¿Celos? - Chano adoptó una postura sarcástica - me lo contó todo tu padre. Cuando empezó, ¿como lo consiguió? Al parecer la técnica de la limpieza corporal no solo le dió resultados conmigo. Solo que a ti, además, te volvía loco ir de pesca con tu padre y los amigos los fines de semana. 
- Eso es mentira - saltó como una pulga levantando la voz y los ojos rasos de lágrimas, mientras máscullaba - será cabrón, contarselo todo.
Cástor y Polux estában emocionados escuchando a los dos amigos pelearse por la lujuria del padre de uno.
- Bueno, venga. Tu Ramiro - Polux estaba en ascuas - mi hermano y yo no podemos quedarnos así. Que pasaba esos fines de semana - y continuó volviéndose a Cástor - al parecer no somos los únicos a los que un amigo de papá emociona con el desvelo de los misterios del sexo. Venga, Ramiro, no seas cabrón, explicate.
El chico se relajó, dejó caer los hombros, abatido y se dejó caer sobre una silla.
- Está bien. Os lo contaré.

sábado, 2 de abril de 2022

LA CONFIDENCIA

 

- Tienes que ir a ver al abuelo
- ¡Mamá! Joder. Que ganas, además ¿Para qué? La va a espichar. Es el cuarto infarto.
- Javier, coño, ya está bien. Si, vale, se está muriendo y es posible que no pase de esta noche pues por eso. Además. Expresamente ha pedido que vayas a verle. Así que está tarde, te pones guapo y vas a despedirte del abuelo.
Javier tenía una cita esa tarde. Acababa de conocer Grindr y había quedado con un treintañero que le había mandado una foto que le excitaba. Pelirrojo, más bien tirando a feo por la tosquedad de rasgos, una boca grande de labios carnosos y la nariz ancha. La sonrisa, eso sí, encantadora. Decía ser iraní de origen georgiano y llegó, al parecer, a los cinco años, adoptado por una familia española acomodada. Le pusieron de nombre Antonio, aunque él sabía que se llamaba Menam y solo usaba ese nombre en las plataformas de ligue, como Grindr.
Javier se vio obligado a ir a ver al padre de su padre. Tenía casi dieciocho y la verdad es que su abuelo siempre le había mostrado cariño, desde pequeño. Así que puso un WhatsApp a Menam quedando para más tarde. Menam le contestó que más tarde no podía y Javier le contó la papeleta. Menam se ofreció a acompañarle.
- Nunca he follado en un hospital y me da morbo.
- ¿Que te da morbo?
- Si, partirte el culo mientras te despides de un moribundo
- Eres un salvaje, ¿sabes?, Pero me acabo de empalmar solo de pensarlo. Vale, quedamos en la puerta del hospital. ¿Sabes cuál es?
- Si, me lo dijiste antes, y además recuerda que soy fisioterapeuta y suelo saber dónde están esos sitios. 
Mientras se duchaba para ir a ver a su abuelo cerró los ojos y se vio sobre la cama de su abuelo, besándole mientras Menam le bajaba un poco los pantalones y le follaba. Se empalmó en milisegundos y en menos tiempo aún, mientras le caía el chorro de agua bien caliente en el capullo empezaba Javier a correrse. Cuando acabó de emitir semen, terminó de ducharse, se secó y se vistió. A propósito no se puso ropa interior y se calzó unos leggins que simulaban unos vaqueros muy ajustados, encima una sudadera muy holgada granate con un brochazo que figuraba un arco iris. La sudadera le caía por debajo de las caderas para disimular el paquete que las mallas del leggin le hacían super evidente y el culo absolutamente perfecto en su convexidad, no en vano era campeón provincial junior de salto de altura; tenía unos glúteos bien formados y poderosos.
- Javier, sabes que no me gusta esa sudadera.
- Mamá, me la regaló papá.
- Ya. También tu padre tiene delito. Quítatela y ponte otra cosa. Venga. Si no quieres quedarte en casa todo el finde. ¡Hombre! que pareces un gay con ese pedazo de arco iris.
Javier sonrió sutilmente y se fue a su cuarto. Se puso una licra sin mangas que dejaba ver a las claras el anillo que le perforaba el pezón izquierdo y le resaltaba los deltoides y los pectorales. Recordó la bronca que tuvo con su madre cuando le vio el piercing y solo la consiguió tranquilizar su marido.
- Cariño, le he dado permiso yo y se lo he pagado por su decimoséptimo aniversario. Además va en el izquierdo que es donde se lo ponen los tíos para significar que les van las mujeres.
Ahora sí, Javier, recordando, amplió su sonrisa condescendiente cuando su padre se tragó lo del pezón izquierdo y pudo hacérselo.
Encima de la licra se puso una cámisa de cuadros rojos tipo leñador sin abrochar y con las mangas dobladas por encima del codo.
- Tampoco me hace gracia pero bueno. ¿Vas a ver al abuelo, ¿no?
- Si, voy con un amigo. Me da yuyu ir solo.
- Ten cuidado.
Iba a tener mucho cuidado. Llevaba el ano vaselinado, por si acaso. Sabía que lo suyo sería un lubricante acuoso, pero no tenía nada más a mano. Sentía rozar los márgenes del ano y se excitaba.
Era raro pero a esas horas parecía ir el metro más lleno de la cuenta. No tardó en sentir un rabo en el culo, giró la cabeza y asesinó con la mirada al cuarentón que se le arrimaba tanto. No hacía tanto tiempo que había averiguado lo excitante que era un rabo, pero también concluyó que si le gustaba un rabo también era verdad que no todos los tíos dueños del rabo eran de su agrado.
Acababa de entrenar recién cumplidos los dieciséis, cuando el utillero del polideportivo estaba recogiendo aparatos, ordenando el material y ropa de ducha. El entrenamiento había sido duro y se había tendido sobre un banco para descansar. 
El utillero era un antiguo fondista que se lesionó en unos europeos y no pudo continuar. No tendría más de treinta y cinco y era muy callado y discreto. Era como de la estatura de Javier y jamás había cruzado una palabra con él.
- ¿Hoy estás más cansado de la cuenta? Te he visto entrenar y creo que pateaste como veinte centímetros antes de su sitio, eso hace que estires demasiado la pierna y que el abductor menor se fuerce demasiado. Ahora eres joven y elástico pero con un par de años más te lesionarás sin remedio.
- Creí que eras mudo Óscar. Es verdad, me viene doliendo en la ingle últimamente.
- A ver, ¿Donde?
Óscar se acercó hasta el banco de entrenamiento y se agachó a su lado, en cuclillas, a la altura de la pierna.
- Dime si te duele donde te toque.
Acercó su mano a la ingle izquierda de Javier y antes de que le tocase ya sintió el calor de la mano de Óscar en su ingle. Un escalofrío le recorrió el cuerpo entero, algo a lo que no fue ajeno Oscar.
- ¿Te da miedo que te toque? 
Y en el tono de voz del utillero había cierto deje de sorna.
- No, no. No sé que me ha pasado.
Cuando Óscar empezó a tocar la ingle metiendo los dedos por la pernera del pantalón Javier rompió a tiritar.
- ¿Te duele aquí?
Javier miró a Óscar con cara de susto negando con la cabeza y sin dejar de tiritar.
- Quizá, no se, a lo mejor un poco más arriba..., no se 
En el momento que Óscar deslizó los dedos un centímetro más dentro Javier sintió que su cuerpo tenía algo que decir, tanto, que se notaba con el pantalón puesto.
- Déjalo, déjalo Óscar, ya estoy mejor.
Javier se levantó del banco, quedándose sentado, pero Óscar no retiró la mano y al quedar en esa posición su cabeza quedó a poca distancia de la de Óscar, que le sostuvo la mirada mientras movía la mano hasta encontrar el pene enhiesto de Javier. Lo sostuvo con la mano y empezó a mover lentamente la mano. Javier se llevó la mano a su pene y solo pudo agarrar la mano del utillero que no paraba de moverla. Sin dejar de hacerlo ni de quitar la mirada de Javier acercó la cara a su cara y besó en los labios al chico, que se entregó y en ese momento comenzó a eyacular y apretó sus labios con los de Óscar. 
Óscar se levantó, se limpió la mano y Javier se metió en la ducha. Desde aquel día, Javier intentaba no ir a entrenar pero siempre había alguna razón para ir, preferentemente a últimas horas de la tarde. No quería quedarse de los últimos, pero cada día había una excusa para quedarse, y siempre la mecánica era la misma. Javier entraba al vestuario de la pista el último, se desnudaba, se iba a la ducha pero no abría el agua, hasta que escuchaba el trajinar de Óscar, entonces gritaba el nombre de Óscar para cerciorarse de no equivocarse.
- Ah, vale, soy Javier, estoy en la ducha.
Abría el agua y se dejaba acariciar por ella hasta que Óscar llegaba, desnudo y se arrimaba por la espalda.
Con Óscar aprendió toda la mecánica del sexo gay, salvo la sodomía.
- Quiero sodomizarte, chaval
Dicho así, al oído, sintiendo el rabo de Óscar en el culo, le excitaba, pero cuando lo intentó, en la ducha, de pie y con la urgencia de no estar mucho tiempo allí, le dolía. 
- Podías venir a mi casa este finde. Allí con tranquilidad y tiempo te entra entera, seguro. Lo disfrutariamos los dos.
Susurrado mientras le mordisqueaba la oreja y sentía el ímpetu de hierro de Óscar por detrás, Javier no pudo decir que no. Se las ingeniería para pasar el finde quizá en casa de un amigo.
Para cuando, temblando, con su bolsa de finde al hombro entró en el ascensor de la casa de Óscar, tenía decidido que solo le gustaban los hombres. 

Vio de lejos a Menam en la puerta del hospital que le estaba esperando. Y si, era feo, como en la foto de Grindr, pero el cuerpo de diez y el pelo llameante con esa boca grande y carnosa le hicieron a Javier que la polla le rebotase.
Cuando llegó a su altura Menam le puso una mano en su hombro y se inclinó sobre él dándole un beso en la mejilla.
- Debería comerte la boca aquí mismo, niño. ¿Te llamas Javier, de verdad?
- Si. Y tú, Menam. Se me ha puesto la polla en pie al verte. ¡Que color de pelo más impresionante!
- Venga, vamos a ver a tu abuelo y a ver si encontramos una habitación para follarte.
- Como sigas diciéndome esas cosas me voy a correr.
- Yo me correría en tu boca ahora mismo y luego te comía la boca con mi leche.
- Nunca se me ha corrido nadie en la boca.
- Yo me voy a correr. No puedes dejar pasar más tiempo sin hacerlo.
Hablando de esta manera llegaron a la puerta de la habitación. Tocaron la puerta y entraron.
En la habitación estaba el padre de Javier, que se levantó nada más verlos entrar. El abuelo preguntó a su hijo que quien había entrado.
- Es Javier. Con un amigo, creo.
- Déjanos solos, hijo. Y que no nos interrumpa nadie, hijo.
El padre de Javier salió de la habitación y dejó solo a su padre con el nieto y su amigo.
- Acércate, hijo. Y tu amigo también. 
Javier se acercó a la cama de su abuelo con Menam detrás de él.
- Ven, ven, dame un beso.
Cuando Javier se inclinó hacia su abuelo, este le rodeó el cuello con su brazo y giró la cabeza de forma que las bocas se afrontaron. Javier mantuvo el beso por respeto. Pero el abuelo empezó a separar los labios y el brazo que rodeaba el cuello se desplazó hacia abajo acariciándole el cuerpo. 
Menam, con mucha vida a sus espaldas se percató de lo que estaba sucediendo, se acercó aún más tiró hacia abajo del leggin dejando el culo al aire, se bajó él mismo el vaquero y apuntó al ano de Javier.
- Te lo dije maricón, te iba a follar aquí mismo. 
Cuando Menam entró en el cuerpo del chico, el abuelo dándose cuenta de que el amigo estaba follandose al nieto, le empujó la cabeza a Javier, retirando la sábana, hacia su entrepierna. El nieto, muy excitado por la sodomizacion y el sitio en el que estaban abrió la boca permitiendo que la polla fláccida del abuelo entrase en la boca. 
- Comele el rabo a tu abuelo, que se te corra en la boca. Ya sabes, "leche de viejo, leche de miedo" cuando la tengas, la compartimos. Me voy a correr mi niño.
Cuando dijo esto Menam Javier notó como la polla del abuelo le crecía en la boca y al poco se le empezó a llenar de semen. Le vino una arcada y Menam se dio cuenta.
- Ni se te ocurra vomitar, cabrón. Dame esa leche. 
Javier se volvió. Menam aún no se la había sacado y se fundieron en un beso. Le succionó a Javier la leche, le sacó la polla, le apartó y le dijo al viejo que abriera la boca. El abuelo lo hizo y Menam le escupió su propio semen.
- Hijo, Javier, entra al baño a cagar el polvo, y tú, el amigo acércate bien y meteme la polla en la boca. Ojalá te haya salido manchada.
Cuando, Javier salió del baño el abuelo con un gesto le dijo que se acercara.
- Ahora ya sabes lo que quería. Sabía que eras tan maricón como yo. Estoy muy orgulloso y quería que lo supieras. Este amigo que tienes es un tesoro, no lo dejes escapar. Ahora dile a tu padre que entre y vosotros iros por ahí a fundiros el cuerpo follando. No vais a sacar más.

lunes, 28 de marzo de 2022

PRIMAVERA (II)

 

Me quedé sin aliento. Creo que hasta se me paró el corazón.
Se hizo un silencio espeso en la habitación. Desde luego Paco, al verse sorprendido debió quedarse sin habla y tras un interminable impasse habló con cierto temblor.
- Pedro, ¿estás despierto?
De repente tenía la pelota en mi tejado. Francisco me acarició los huevos y me susurró al oído que contestase. Y le dije que lo estaba y que lo había escuchado y que le habíamos escuchado los dos pajearse porque una chica no había querido hacerle un pajote esa noche.
- ¿Estáis juntos en una sola cama?
Antes de que pudiera reaccionar Francisco contestó y yo sentí que el mundo iba a caerseme encima.
- No podría meterme solo en la cama estando tu hermano en una.
Se volvió a hacer el silencio y de pronto escuchamos que Paco se levantaba de su cama y se metía en la de Francisco.
- Ya estoy aquí Francisco. Estoy sobre las sábanas. Con la boca, por favor, y tú Pedrito vente aquí también y atiende mis pezones.
- Vamos Pedro, verás como nos lo pasamos los tres.
No hice caso a mi hermano y pensé que dos bocas eran mejor que una, hasta que Paco se corrió y compartí el semen con mi amigo.
Cuando acabó todo Francisco que tenía aún más mundo del que yo creía, habló sinceramente.
- No vas a convencerme que es la primera vez que te corres en la boca de un tío, bueno de dos.
Y soltó una carcajada limpia de las que él acostumbraba.
- ¿Nos vas a contar algo? si tu nos cuentas nosotros te contamos.
Paco saltó a su cama, encendió la lámpara de la mesilla de noche y se le veía sonriente aunque algo cortado.
- Hace un par de años, ya tenía yo catorce, cumplo en nada los dieciséis, ya sabe mi hermano. En un partido contra el Edemar, el equipo del colegio de curas, metí dos golazos y di dos asistencias a José Antonio, tú le conoces Pedro.
Yo conocía a José Antonio de siempre, venía a casa a recoger a mi hermano para jugar al fútbol desde que tenía memoria.
- Pues en el segundo gol que metí de cabeza el portero del Edemar, me dijo: tú, cabronazo, te vas a enterar" y acabando el partido en un salto en su área el muy cabrón metió la rodilla y me pegó un bocadillo en el muslo que me dejó sin resuello. En cuanto acabó la jugada el árbitro pitó el final. José Antonio me ayudó a llegar cojeando al vestuario. Yo tenía un dolor que me hacía llorar. No podía moverme. El partido era en nuestro campo y los compañeros poco a poco se fueron marchando deseándome que me recuperase. El entrenador le dejó a José Antonio la llave que se comprometió a acompañarme a casa. El muslo me dolía a rabiar, me parecía que me había quedado cojo para toda la vida. Juré cargarme a aquel cabrón. No conseguía recuperarme, hasta que José Antonio me dijo que tenía embrocación que le había dado su abuelo y que era una especie de linimento que iba muy bien para esos golpes. Me hizo tumbarme sobre una toalla en el suelo y se arrodilló a mi lado. Empezó a masajearme el muslo con el líquido tan irritante y fuerte y la temperatura en la piel aumentó. Eso con el masaje de José Antonio y tan cerca de mis partes hizo que me empalmase. Y se me saliese la polla por la pernera del pantalón del fútbol. José Antonio se dió cuenta inmediatamente se detuvo un momento mirando fijamente mi capullo y continuó masajeando rozando a veces hasta que sin decir una palabra y humillando la vista se levantó y al hacerlo pude ver la enorme tienda de campaña que tenía. La verdad es que me mejoré y pude levantarme y caminar. Volvimos en silencio por la calle y al despedirnos, me cogió por el brazo me miró a los ojos con pena y se disculpó por lo sucedido. Era de noche, la calle estaba poco iluminada y nadie pudo vernos. Le dije que fuimos los dos cobardes y le besé fugazmente en los labios. Cayó de rodillas llorando y yo me fui.
Al siguiente partido, que era en campo ajeno, cuando volvíamos en el autobús, me dijo que bajasemos en una parada antes. Le hice caso y me llevó a una casa abandonada donde él me la mamó y yo le masturbé. Después de ese día nos evitamos, pero si tenemos ocasión lo hacemos, sin hablarnos, sin mirarnos y seguimos nuestra vida como si nada, con nuestras novias y nuestras baladronadas de machito.
- A mi me gusta tu hermano y me da igual. ¿A ti te gusta José Luis? entonces, porque finjis.
- Yo ya he contado lo mío. Ahora os toca a vosotros.
Cuando le conté a mi hermano lo de la playa, lo del tío y todo lo demás se quedó sin palabras. Pero no se me pasó por alto que aunque él quisiera taparse, mi relato le había provocado una erección explosiva. Francisco tampoco fue ajeno.
- Te ha puesto cachondo lo de tu padre con tu hermano, no lo puedes negar.
Paco agachó la cabeza mientras jugueteaba con sus genitales, como nervioso o cogido en falta. Para quitar hierro al asunto le dije que no suponía que tuviera un capullo tan bonito y le mentí diciéndole que a veces soñaba que se metía en mi cama, aunque eso se me acabará de  ocurrir después de probar el sabor de su semen.
- No os he contado toda la verdad, me daba vergüenza decir cómo sucedieron las cosas de verdad.
Cuando José Antonio me estaba dando el masaje y yo asomé el capullo por la pernera del pantalón y José Antonio se detuvo yo eché mano al paquete de mi amigo y toqué durante un segundo, porque entonces se levantó y me dijo que debíamos irnos. Durante el trayecto hasta donde nos separamos intenté hablarle pero no consentía en siquiera mirarme. Le estuve llamando toda la semana y después del partido, si es cierto que bajamos una parada antes pero no para ir a una casa abandonada.
Se produjo un silencio. Le costaba contarnos lo que pasó.
- Bueno, venga, Paco, tu hermano y yo estamos en ascuas, si no fue en una casa abandonada, ¿donde fue? si es que fue, porque ya no sé qué pensar, guey.
- Perdonar. Esto me ha estado martillando mucho tiempo. Me parece que soy un degenerado y...
Le dije a mi hermano que nada podía ser más degenerado que follar con tu padre y yo lo hacía y todo me parecía poco. Soñaba con que mi padre me la clavase en el culo. ¿Que podía ser peor?
- No, no fuimos a una casa abandonada. Fuimos a casa de un amigo, bueno, algo más y distinto que amigo. Le pregunté a José Antonio quién era y me contestó que su amo. Le pregunté que qué era eso de su amo. Me contestó que ya vería y que no le mirara a los ojos si él no lo pedía.
Nos pusimos en el umbral y llamó a la puerta. Los dos clavamos la mirada en el suelo y la puerta se abrió.
- Y qué, tío, que pasó, quien abrió, ¿un monstruo, un ángel?
- Un hombre de unos cuarenta, vestido con una especie de zahones de cuero negro, desnudo de de torso, con los pezones anillados con unos gruesos aros grises y anillos también en nariz, raíz de la nariz con una barra y la cola de la ceja izquierda y descalzo. Rapado de cabeza y barba como de quince días.
Nada más abrir echó dos pasos atrás y José Antonio entró en la casa tirando de mi para que entrase detrás de él. Cerró la puerta y se arrodilló inmediatamente para lamerle los pies al tío. Me sorprendió y le miré la cara y eso hizo que patease a mi amigo que cayó al suelo hecho una rosquilla, diciéndole "¿Que me has traído, basura, un maleducado imbécil"?
Intenté justificar a José Antonio y a mí y el tío por toda respuesta me encontró a la primera a través de la ropa mi pezón derecho lo pellizcó con fuerza y me obligó a arrodillarme. Y nunca habría imaginado que aquello iba a provocarme una erección tan brutal ni tanto deseo de recibir más castigo. Le miré intencionadamente a los ojos para que volviera a humillarme y me dijo "Vaya, a tu vicioso amigo, le gusta jugar" y me agarró del pelo y tiró de mi hacía sus pies ordenándome que se los lamiera. No imaginaba que eso pudiera provocar tal excitación, deseo y placer. Deseaba entregarme. Pasó un rato, me empujó con el pie y me tiró al suelo. Me piso la entrepierna dándose cuenta de lo duro que estaba. Dejó de pisarme y nos echó a la calle. "Cuando estéis educados y sumisos volvéis. No quiero niñatos caprichosos".
Nos vimos en el descansillo de la escalera locos de lujuria los dos y allí mismo José Antonio se agachó, me la sacó y en dos chupetones me corrí. Le levanté del suelo le hurgué en la bragueta nada más encontrarsela se estaba corriendo ya. Me limpié la mano en su pantalón y corrimos escaleras abajo.
Yo estaba con la boca abierta y no solo eso, estaba muy empalmado y con ganas de hacer todo lo que mi hermano contaba. Le pregunté que desde cuando José Antonio hacia eso y me confesó que el hombre era un amigo del trabajo de su madre y que comenzó con ocho años una vez que su madre le dejo al cuidado porque ella tenía una cita. Le sometió aquel día a una tarde de disciplina y complementó con momentos de ternura que él echaba de menos en un padre al que veía de año en año. Y se enganchó. Le dije a Paco que yo quería conocerle.
- Y yo, y yo. Me mola todo eso del bondage. ¿Azota el culo?
- Mira.
Mi hermano se bajó el pantalón del pijama y nos enseñó el culo. Estaba cruzado de alguna que otra cicatriz.
- Veís las cicatrices. Es doloroso y lo más excitante que he sentido nunca. En más de una ocasión me he corrido en medio del castigo mientras lloraba por los azotes. A veces estoy días que al sentarme rememoró el dolor y me empalmo.
Bueno, chinorris y tú, ¿Qué? Con papá, que haces, le chupas, le follas, te folla.
- A éste le encanta que le follen. Tu padre, tu tío y yo, lo hemos follado. Si hay alguien más no sé y mamarla, ya has podido comprobarlo. Y el culo, a mi no me lo has comido aún, ¿a tu padre, o a alguien?
Les conté como el tío me había enseñado a hacerlo y lo que me enloqueció hacerlo. Sentir como se insinuaba a veces ese amargor que sabes de dónde viene pero de repente te da igual lo que sea porque hacerlo es excitante y sensación de que eres libre, que no estás encadenado por ninguna norma inexplicable que se pierde. Eso es la caña y al decirlo, mi hermano me dijo que nadie se lo había hecho.
- ¿Quieres hacérmelo Pedro?
Me pasé a la cama donde estaba Paco le empujé para que se tumbase, le levanté las piernas exponiendo el ano y me lancé con furia a comérselo. Él se empalmó otra vez de inmediato y Francisco se lanzó hasta que en nada se corrió.
Sentado a sus pies nada más correrse le pregunté que qué tal con la tía con la que estaba tan cabreado.
- Que no voy a parar hasta que me coma la polla y el culo, y desde luego que me dé su culo.
- ¿Y entonces, el amo ese que tenéis?
- Irrenunciable. Eso es una cosa, las tías otra y los amigos íntimos y los hermanos otra. De la vida hay que disfrutar, que en cualquier momento se acaba. Espero que cuando la chica me deje frito, me prestes tu culo, o la boca. Y yo te aliviaré a ti también, y en cuanto cumplas los trece te presento al amo. Papá y el tío todos tuyos. Francisco, bueno, lo que él quiera, pero de vez en cuando podíamos tener una conversación.
Y después de esto le entró una risa irreprimible. Al sonido acudió mi padre, tocó la puerta y abrió.
- Bueno, chicos, venga. ¿Os habéis divertido, verdad? pues a dormir.
Cuando dijo que si nos habíamos divertido hizo una sugerente pausa me miró, me guiñó un ojo y terminó la frase. Nos metimos cada uno en su cama y Paco nos chisteó llevándose el dedo a los labios.
Me dormí pensando en lo feliz que era, todo lo que había aprendido en tan poco tiempo y lo contento que estaba, siendo tan cercano a mi hermano, al que creía un poco estúpido siempre con su fútbol, sus novias y sus amigotes.
No había pasado ni un año desde que mi padre me abrió los ojos y los acontecimientos se habían encadenado de una manera vertiginosa. Era sorprendente la diferencia que había entre mis ocho y mis nueve años. En cuanto en una paja echase mi leche me consideraría adulto. Ya deseaba saber cuál era su sabor.

domingo, 27 de marzo de 2022

PRIMAVERA (I)

 

El trimestre que rendía su fruto en la Semana Santa, pasó para mí como en un suspiro acunado por el dios Morfeo. Los compañeros me preguntaban que qué me había pasado, estaba raro, me decían desde que volví de vacaciones de Navidad, que me comportaba como los mayores, que hasta la cara me había cambiado. Yo estaba muy a gusto, me encontraba relajado y feliz, sereno. 
El tío Santiago después de las uvas de nochevieja había comunicado urbi et orbe lo de su magnífico apartamento y el día de año nuevo fuimos todos a verlo menos los abuelos que dijeron que qué podría tener que ver un piso nuevo y que además para ver cosas irritantes ya tendrían tiempo. Todo el mundo pasó por alto la intemperancia del abuelo al que al parecer no se le habían quitado las ganas de coger la escopeta. 
Ese segundo trimestre del curso se me arrimó un chico venezolano recién llegado de su país por razón del trabajo del padre. Iba retrasado en los estudios y era más mayor, acababa de cumplir los trece. Nos sacaba la cabeza a todos y era menos alborotador, menos niño. Me dijo que se arrimó a mí porque yo era más como él. Me preguntaba por mi actitud tan serena, de mayor y yo le decía que yo no me notaba diferente. Pero no era cierto. Yo sabía que aquella tarde de diciembre que no fuimos al cine y que fue en realidad mi bautismo de sangre en sexo me había cambiado la vida.

Yo entré en el dormitorio del tío donde le vi con mi padre tiritando pero no de frío. Me conducían los dos cada uno una mano en cada hombro, como quien lleva a alguien a un rito de iniciación, y es que en realidad ese tipo de sexo en que la finalidad no era producir más humanos era en realidad una ceremonia en la que se admitía por fin a alguien, en aquel entonces a mi en un grupo de adultos con los privilegios y las responsabilidades de un adulto. La forma en que me desnudaron entre los dos, demorandose, sin prisas, para dar solemnidad al momento y luego ya desnudo yo y sin que me hubieran tocado más allá de lo necesario invitándome a que les desnudara a ellos. Cuando me vi entre esos dos adultos, pudiendo comparar formas y texturas y siendo personas a las que conocía como asexuadas, pero que tenían otra identidad, mucho más rica de la que yo les conocía.
Pero lo que yo creo que me cambió definitivamente fue el beso. Besar era para mí un acto de bienvenida, despedida o reconocimiento y de pronto descubrí que era algo más. Fue mi tío el que desveló un mundo distinto. Me abrazó intentando que hubiera la mayor parte de piel de cada uno en contacto con el otro y luego sin dejar de mirarme a los ojos rozó suavemente sus labios contra los míos, mientras que papá me acariciaba la cabeza con una mano y con la otra acariciaba el hombro de tío Santiago. Poco a poco fue aumentando la presión de sus labios contra los míos hasta que insinuó por entre ellos la lengua, carnosa y húmeda y me mojó mis labios. Sin proponermelo separé yo también mis labios y en cuanto se encontraron las lenguas dentro de mi boca se desencadenó toda una cascada de acontecimientos y sensaciones, estímulos y deslumbramientos que culminó con el tío firmemente insertado en mi culo estimulandome con sus movimientos y papá haciendo lo propio en mi boca.
Cuando la lengua del tío empezó a juguetear con la mía mis manos cobraron importancia. Disfrute acariciando la espalda y el culo del tío hurgandole entre los cachetes para encontrar el ano que acaricié hasta introducirle dos dedos. Cuando sucedió, sus caderas bascularon y me hicieron saber que iba por buen camino, impactando su trozo de acero en la barriga. Mi padre al ver el gesto de lujuria de su tío me buscó el ano y comenzó a estimularlo. Tío Santiago no abandonaba el beso que me tenía completamente entregado. En un momento dejó de besarme y me mordisqueó la oreja y el cuello hablándome al oído.
- Tu papá y yo te vamos a perforar ese culito virgen que tienes y vas a tocar el cielo con tus labios. Te vamos a preparar el ojete para dárselo a nuestros amigos y que seas nuestro mariconcito. 
Me sentí importante.
Fue terminar de escuchar que me iban a dar a otros para su disfrute y alarmado avisé que me venía el gusto y empecé a estremecerme entre los brazos del tío que si no llega a ser por él hubiera caído desplomado. Mi padre al verme así me intensificó el placer. Desde la espalda rodeó con sus brazos mi torso y me alcanzó los pezones y al pellizcarmelos me hizo gritar de placer. Me sentía con los dos como pez en el agua, completamente ubicado, para nada asustado o acobardado.

El nombre de aquel chico venezolano, de Barquisimeto, nunca se me olvidará era Francisco. No quería que le llamasen Paco, le sonaba mal. Era guapo y de buena planta como buen venezolano y una vez que tomó confianza, alegremente descarado.
Nos hicimos muy amigos. Él vivía con su padre. Había venido para levantar una fábrica de manufactura de algodón como las que tenía en su país. No tenía mucho tiempo para su hijo, de manera que Francisco hacia literalmente lo que le daba la gana.
Le llevé a casa un par de veces y mi padre le dijo que podía venir cuando quisiera, pero por la forma en que lo miraba yo sabía que lo deseaba. Por eso cuando le dije si podría quedarse a dormir en casa un fin de semana, mi padre le faltó tiempo para llamar al del chico para presentarse y pedir permiso para que se quedase a dormir.
Francisco nunca se me insinuó ni nada parecido, pero mi padre es como si hubiese detectado algo.
Mi hermano Paco dejó su cama a Francisco para que estuviese conmigo y pudiéramos hablar y él dormiría en el sofá cama del salón.
- Pedro, me gusta estar aquí contigo. Me parece que eres especial y distinto a todos los demás. Por eso voy a decirte algo. ¿Puedo acariciarte?
Mi cama estaba separada de la suya por la mesilla. Encendí la luz de la mesilla salí de mi cama, me quité toda la ropa, me quedé desnudo  y me metí en su cama. Le besé como el tío me besó a mi la primera vez y luego, poco a poco le ayudé a desnudarse. Estuvimos acariciándonos toda la noche. En un momento me di la vuelta y le rogué que me la metiese.
- ¿Estás seguro? la tengo muy grande, te haré daño, Pedro.
Por toda respuesta acerqué mi culo le tomé su miembro, lo apunté y empujé con toda mi fuerza, volví la cabeza y le susurré que me poseyera, que era suyo. Gocé más que con el tío y mi padre. Fue muy tierno y cariñoso conmigo y no terminó pronto. Se mantuvo entrando y saliendo de mi cuerpo mucho tiempo y me sentí muy feliz, como él, creo.
Estaba la Semana Santa encima y el padre de Francisco se presentó en casa unos días antes del Domingo de Ramos. Resulta que tenía que volver a su país. Un problema en su planta de Maracaibo necesitaba obligadamente de su presencia allí. No sabía el tiempo que le supondría pero no quería dejar a su hijo en una residencia, solo, porque se vaciaría en vacaciones ni llevárselo porque quisiera que no interrumpiera el curso y pedía por favor que nos quedásemos con él algunas semanas mientras solucionaba sus problemas. La primera que estuvo de acuerdo fue mi madre. Desde que yo tenía la amistad con este chico, no dejaba nada por medio, no contestaba, estudiaba y hacían los dos lo que se les pedía y además de buen talante. La verdad es que Francisco era adorable, hasta en la cama. El hombre dijo que pagaría por supuesto todos los gastos y mi padre, por supuesto se negó. De forma que de la noche a la mañana me encontré con que viviría con el chaval que me follaba y me daba estabilidad. Olvidé lo sucedido con mi padre y el tío y solo estaba pendiente de Francisco que además no me dejaba ni a sol ni sombra.
La habitación donde dormía con mi hermano Paco era grande, aunque no tanto como para meter otra cama, pero mi madre compró una cama nido que cuando se sacaba tenía un mecanismo que la elevaba hasta el nivel de la cama bajo la que se escondía quedando una especie de cama de matrimonio. Cuando Francisco y yo la vimos nos miramos de forma cómplice y sonreímos. 
Estábamos exultantes con poder pasar tantas horas juntos. comenzaba la Semana Santa teníamos todo el tiempo libre a nuestra disposición.
- Se os nota muy contentos. ¿Estás cómodo, Francisco, necesitas algo?
- No señor, estoy muy feliz, además me llevo muy bien con Pedro. Estamos muy compenetrados.
Al decir lo de compenetrados me pareció que mi padre apenas iniciaba el esbozo de una sonrisa y su mirada me decía "tú estás follandote a éste" sin imaginarse que yo era el follado. Y entonces mi padre hizo algo insólito, abrazó a Francisco por el cuello y lo atrajó a su pecho y en respuesta mi amigo pasó su brazo a la altura de su cintura devolviendo el cariño.
- Yo estoy muy contento, señor, y más pudiendo dormir al lado de su hijo. Así podemos hablar y compartir nuestras intimidades.
- Ven aquí a mi lado, Pedro.
Fui a su lado y me cogió exactamente igual que a mi amigo con el otro brazo. Yo le rodeé tambien por la cintura y nos dimos la mano mi amigo y yo  por detras.
- Un día de esta semana tenemos que ir los tres a casa del tío Santiago, para que Francisco le conozca también. ¿que te parece, hijo?
Un temblor me agitó por dentro. Ya lo tenía claro. Querían follar con nosotros dos, o forzar la situación a ver hasta donde llegaba nuestra intimidad. Francisco giró la cabeza que quedaba a escasos centimetros de la mía sobre el pecho de papá y me miró poniendo una sonrisa maliciosa y al tiempo me apretaba la mano. 
Esa noche al acostarnos, mi hermano Paco, aún no había llegado a casa. Sacamos la cama que se colocó a la par de la mía. mientras nos desnudabamos para ponernos el pijama yo le acaricié la entrepierna y me dijo que en ese momento podía llegar mi hermano. le noté que de inmediato le crecía y noté con gozo que mi bulto se hacía evidente tambien. Ya en la cama, cada uno en la suya, Francisco me preguntó, en susurro.
- ¿Cómo la tiene de grande tu tío? A tu padre ya le he visto los bultos de los pezones, deben ser muy excitantes. ¿tu tío, también los tiene grandes?
Le conté como empezó todo con pelos y señales. Al principio le conté por encima y le expliqué cuando me la metió con tanta facilidad la forma en que me desvirgaron, pero ningún detalle en ese momento le expliqué, morboseé en imagenes para ponerle más cachondo si cabía. Incluso a mí esa forma de relatarlo me puso muy cachondo también.
- Pedro, ¿puedo, pasarme a tu cama? estoy que me va a explotar el rabo. No encendemos la luz y aunque llegué tu hermano con la luz apagada no se va a dar cuenta de nada.
Yo estaba deseandolo también así que sin decir nada levanté mi ropa de cama mostrandome como estaba, desnudo de cintura para abajo. cuando él entró estaba exactamente igual. Los dos al abrigo del relato y acogidos a la oscuridad de la habitación nos habiamos despojado de pantalones y calzoncillos.
Aquello era el cielo, estar en mi cama los dos haciendo resbalar nuestros sexos el uno contra el otro. Pronto, Francisco me avisó que se venía, le dije que aguantase un poco y me zambullí entre las sabanas buscandole el miembro que atrapé con la boca y en ese momento empezó a eyacular. Era un semen dulce y soso al tiempo, más liquido que el de mi padre, nada grumoso y sentí como disparaba un chorro con fuerza unas cinco veces, luego siguió poco rato derramandose mansamente en mi boca. Era un placer estar tragando su jugo. Cuando acabó me preguntó si quería yo hacer lo mismo. Le dije que a mi todavia no me salía nada y que además mientras él se derramaba en mi boca y me lo tragaba yo había tenido mi gusto, muy intenso, pero que al no echar leche, él no lo había advertido.
En ese momento entró Paco en la habitación, abriendo la puerta con sumo cuidado y sin encender la luz para no despertarnos. Nos quedamos muy quietos y oíamos como se desnudaba y hablaba como para él en voz baja.
- ¡Joder que mala leche! que dolor de huevos me ha dejado la tía, y no ha querido ni hacerme una paja.
 Francisco y yo reimos lo mas silencioso posible bajo la cobija. Paco se metió en la cama y se escuchó su jadeo y el fru fru de las sabanas por el roce.
Yo le hubiera retenido, de saber lo que iba a hacer, pero me pilló por sorpresa completamente.
- Paco, soy Francisco. ¿quieres que te eche una mano? soy bueno en eso. Con la mano o con la boca, como prefieras.

jueves, 24 de marzo de 2022

INVIERNO (II)


Al final, se nos había hecho tarde y no fuimos a la tienda de bromas. Regresamos a casa y todos estaban en ascuas porque no sabían si nos habría pasado algo.
- ¿Dónde habéis estado tanto tiempo?. Y al final no traéis nada de nada.
- Ah, Claudia, mira, verás, hacía tanto tiempo que no venía aquí que Santi me lo ha estado enseñando todo un poco. Esto ha cambiado en quince años una barbaridad. Y de una cosa en otra se nos ha echado el tiempo encima. Bueno, vamos a comer ya, ¿no?
- Y tú, peque, te habrás aburrido.
Le dije a mamá que con papá y el tío me lo pasaba muy bien.
- Estupendo. Podían llevarte al cine esta tarde, que voy con Paula a la pelu, y los abuelos dicen que se quedan en casa, que hace frío para salir.
- Ah, que bien, sería estupendo, ¿verdad Santi? podíamos ir a merendar algo rico y luego ir con tu hijo al cine, incluso podríamos al salir llevarlo a cenar a una hamburgueseria. ¿Te parece bien, Pedro?
Mi padre dijo que si mirándome con esa cara de complicidad que yo ya sabía entender. Luego miró al tío y le guiñó un ojo. A mi la polla se me puso en pie. Ya sabía en qué iba a consistir toda la tarde en compañía de papá y el tío. 
Me pasé la comida preguntando que a qué hora íbamos a ir, que película íbamos a ver, a que cine. Mi padre daba largas, miraba al tío y sonreía, el tío me sonreía y me guiñaba el ojo 
- Verás lo bien que nos lo pasamos, Pedro, y con tu padre. La diversión está asegurada.
Me toqué la bragueta y me notaba duro. Inexplicable: me sentía el ano. Nunca antes había experimentado eso. Estaba seguro que si me lo tocaba estaría abierto, preparado para recibir el miembro de mi padre, y si fuese el tío quien lo hiciese me iba a morir de gusto. Me tomé un plátano a toda prisa y dije que necesitaba ir al baño. Mi madre me dijo que fuese y al levantarme supe que la picha tiesa como estaba se notaría tras el pantalón de forma que me puse la mano delante y me fui corriendo. Al llegar al cuarto de baño me miré al espejo subiendome la camiseta. Pensé en la forma en que mi padre disfrutó cuando le mordí el pezón y me toqué el mío. Casi no tenía. Era solo un botón plano. Me lo pellizqué flojito al principio y a medida que sentía placer el pellizco era más fuerte, hasta que para mi sorpresa el pezón había crecido, de ser plano y confundido con la piel se elevó un par de milímetros. Cuando lo apretaba mucho, dolía, pero más gordo se me ponía el capullo. Apliqué cada mano a un pezón, pellizcando sin miedo ya y las vaharadas de placer eran mareantes. Necesitaba algo en el ano. Imaginé la polla de mi padre y me vi saltando sobre ella hasta quedar ensartado con un dolor insoportable pero deseo de que me arrancase los pezones con su boca.
Alguien tocó la puerta.
- Pedrito, hijo, ¿estás bien, te pasa algo?
Contesté que no, que ya salía y tiré dela cadena, me remetí la camiseta y salí.
- ¡Vamos! tu padre y tu tío te están esperando, que ellos quieren ir a tomar café antes del cine.
Cuando me metí en el coche, estaba muy nervioso, tanto que mi padre me preguntó si tenía frío. Le dije que no y arrancamos. 
- Pedrito, que tal si tu padre y yo nos tomamos el café en nuestro apartamento y ya luego vamos al cine que tú elijas. ¿Te parece bien?
Le contesté tiritando de excitación que me encantaba la idea. Volvió a preguntar si tenía frío y le dije que estaba muy emocionado por ir con ellos al apartamento. Que me gustaba mucho ese apartamento.
- Vaya, Santi, a tu niño le gusta estar con nosotros. Me recuerda a un chaval del caserío que le encantaba estar en la casa grande conmigo. Tendría tu edad, Pedro. Me lo llevaba a mi cuarto y allí le leía novelas de acción. Cuando hacía frío nos metíamos en la cama y nos dábamos calor. En los meses crudos del invierno les pedía permiso a los padres para que pudiera dormir en mi cuarto. Su choza era muy húmeda. Y los días fríos de verdad, como te dije antes nos metíamos desnudos en la cama y nos abrazabamos para darnos calor que con las cobijas no era suficiente. Así no pasábamos frío y cada uno disfrutaba del calor del otro. A él le gustaba mucho como olía yo y se acurrucaba contra mi pecho.
Pensé inmediatamente en como el chico le chupaba al tío y como él le taladraba el culo con su rabo, que aunque no sabía cómo era, podía suponer que se parecería al de mi padre. La imagen del chaval llorando suplicando que empujase despacio al tío y al tiempo echando sus brazos atrás para alcanzar los muslos invitándole a penetrar para consumar el acto. Con todo esto yo estaba deseando llegar al apartamento para poder ver la picha a mi tío porque no tenía duda de que allí tendría que suceder algo.
Le pregunté al tío si estar desnudo en la cama con aquel rapaz, desnudos los dos no le producía algún tipo de deseo o algo.
- ¿Que quieres saber, si se me ponía gorda, como la tienes tú ahora mismo?
- San, por dios, deja al crío. No le digas esas cosas, ¿no ves que es muy pequeño?
- Si, vale, pequeño, pero tú ésta mañana...
- Vale, pero ahora no creo...
Estaban los dos con éste tira y afloja deseando y negando cuando mi inexperiencia me hizo tirar por el camino de enmedio y le dije a mi tío que si, que la tenía dura, solo de pensar que él estaba desnudo con un chico como yo en la cama. Que de haber sido yo me habría puesto muy duro.
- Está bien, hijo. Yo le he dicho esta mañana a San lo que ha sucedido por dos veces entre nosotros dos. Él me dijo que porqué no te invitamos a la cama y yo no quise, no me parecía bien, eres muy pequeño.
Y exploté. Le dije que para intentar perforarme el ojete no era pequeño o para tragarme toda su leche tampoco o para dejarme comer el culo.
- ¿Que este sinvergüenza te la ha querido meter?
- Me insistió él, San. Y lo intenté pero no pude, es un chico virgen. Le entró el capullo y nada más. Quise dilatarlo con los dedos pero me cogió la polla por su cuenta miéntras lo intentaba y me corrí sin remedio.
- Ahora en el apartamento yo te la voy a clavar, descuida, como se la clavé muchas veces al chico del caserío. Te va a encantar y luego te follará tu padre, que es lo que tú querías.
Me desabroché el pantalón y dejé salir mi polla tiesa. El tío la vio.
- Mira, Santi, el figura que tienes, viene sin calzoncillos y la polla como un palo de golf. Que bonita es, sin descapullar aún. Hoy va a ser glorioso, te vamos a desvirgar por detrás y por delante. Tienes además, y creeme, unos huevos grandes para no haber desarrollado aún y ese pubis sin un vello. Lo vamos a petar, Pedrito.
- ¡Pedro! hijo, despierta, que hemos llegado. Y abrochate ese pantalón. ¡No te has puesto calzoncillos! Chico, venga espabilate que subimos a casa de San.
¡Lo había soñado todo! Me abroché atropelladamente y salí del coche detrás de los dos.
- Has echado un buen sueñecito. Mejor, así no te duermes en el cine. Vamos, entra al ascensor.
Llegamos al apartamento y me dijeron que si quería un helado mientras ellos se tomaban su café. Pregunté si lo tenía de limón y solo lo tenía de chocolate. Le dije que me valía. Se fueron los dos a la cocina y yo me quedé en el salón. Me encendieron la tele y me quedé sentado. Les escuchaba hablar de lejos pero no entendía lo que decían. Me acerqué y estaban besándose apasionadamente. Pero está vez no estaba dispuesto a mirar para otro lado, así que levanté la voz y les dije que lo sabía todo y que les había visto desnudos en la cama como yo había estado desnudo con mi padre en la cama.
- Hijo, espera. Hacia mucho que no veía a mi tío y me ha alegrado.
- Santi, por favor. Ya está bien. Si Pedro, si. Se lo explicas tu a tu hijo o se lo explico yo.
Estaba en ascuas por saber. Había un secreto que yo ya sabía pero que no podía esperar para saber cómo sucedió.
- Mira hijo, mi padre, tu abuelo y hermano del tío Santiago siempre ha sido muy cabezota, siempre convencido de estar en posesión de la verdad, de manera que nunca consintió que se le llevará la contraria. Tu tío al ser de mi edad siempre andaba conmigo, o yo con él. Cuando cumplimos los catorce, que acabábamos el colegio para ir al instituto al curso siguiente, planeamos hacer un viaje en autostop a París. Mi padre, cabezón como siempre, se negó. Es verdad que éramos chicos, cerca de los quince, pero no solo se negó sino que convenció a su padre para que tampoco dejará su hijo pequeño. Nos llevamos un buen disgusto. Después de mucho pensar y rogar conseguimos que nos dejarán ir un fin de semana largo de Jueves a Lunes de acampada a un río que pasaba cerca. Era un sitio idílico al que habíamos ido con el colegio cuando teníamos doce años. Al final nos dejaron y nos fuimos.
- Nos lo pasamos realmente bien, tu padre y yo. El sitio era una maravilla. El agua estaba muy fría, eso sí. Y que fuese tan fría tuvo la culpa.
- La culpa de existir culpa, sería nuestra. Tú lo sabes, que ya nosotros teníamos nuestras intimidades.
La primera noche que pasamos de acampada estábamos nerviosos los dos. Nos metimos cada uno en su sacó y apagamos el quinqué. Aquella noche era calurosa y acabamos saliendonos del saco. Empezamos a  hablar de cómo había sido el día y el bochorno de la noche. Había luna y la tienda se iluminó de luz fría. Los dos nos pusimos de lado, cara a cara y seguimos hablando hasta que nos quedamos callados. Empezamos a dialogar con los ojos nada más. Nos devorabamos con la mirada y empezamos a respirar agitadamente los dos. Llegó un momento que sin querer empecé a llorar y vi que tu tío lloraba también. Sin acuerdo ninguno nos acercamos el uno al otro y nos besamos. No dijimos una palabra pero nos bebimos el uno al otro. Pasamos toda la acampada haciendo el amor. Sencillamente nos queríamos. Nos quisimos desde siempre, solo que creíamos que nos queríamos por ser familia. Él sexo entre nosotros nos abrió los ojos. Nos queremos. Por eso cuando con diecinueve años desapareció, me hundí, cariño, y encontré consuelo en tu madre, que como puedes imaginar no sabe nada.
- Yo, llegó un momento, que tuve que sincerarme. No podía vivir sin gritar que quería a tu padre. Y se lo dije al mío. Le dije que me había enamorado de un hombre y si no ando listo, me mata. El resto creo que lo escuchaste está mañana en el coche.
En ese momento a pesar de mi corta edad me iluminé. Comprendí lo que va de querer a amar. Después de tener sexo con mi padre sabía que le amaba, además de quererle como padre. Sabía que no debía, era tabú tener sexo con el padre o la madre, pero un sentimiento no es susceptible de ser mentira. Mi corazón me decía la verdad y está era que amaba a mi padre, que además de padre era mi amante y si túviera que elegir entre tenerlo como padre o como amante me decidiría por el amante.
Me acerqué a mi padre, y le abracé, le llegaba por su pecho y en el me apoyé diciéndole que le quería y que quería volver a hacer lo mismo y más de lo que hicimos las otras dos veces, el verano y el otoño pasados.
- Lo ves, Santi, no solo te quiero yo, tienes otro amante, tu hijo.
San se acercó a nosotros dos y nos abrazó y en ese momento les dije que quería sexo con los dos y que quería perder mi virginidad por el culo con ellos.
Mi padre miró a su primo durante un rato como pidiéndole consentimiento.
- Si hijo, si, vamos los tres al dormitorio.

INVIERNO (I)

 

Llegaron los abuelos justo un día antes de que nos diesen las vacaciones en el colegio. Estaba a punto de cumplir los nueve y después de lo sucedido con mi padre cuando se puso malita mi hermana, me sentía muy mayor.
Hacia un frío que pelaba. Por ser el último día de colegio no había clases por la tarde, e incluso la mañana no tenía programación alguna. Hicimos un poco lo que nos vino en gana sin armar mucho alboroto. Y diez minutos antes de la hora estaba Paco en la puerta para recogerme. Me pareció extraño y le pregunté si la pequeña se había puesto mala otra vez.
- Que va, Pedro. Es que se ha presentado en casa tío Santiago.
Enarqué las cejas mirando con extrañeza a mi hermano diciéndole que qué tío era ese.
- Bueno, tío, tío no es. En realidad tio-abuelo. Es hermano del abuelo Pedro. Tu te llamas así por el abuelo y papá se llama Santiago por su tío, o más bien su tío se llama Santiago por papá.
No entendía nada de nada y ante mi cara de desconcierto me explicó.
- Verás. Abuelo Pedro es el hijo mayor de nuestros bisabuelos, ya muertos. Cuando abuelo Pedro se casó y tuvo a Papá le puso Santiago cómo su padre. O sea el abuelo de papá se llamaba Santiago. Pero es que la abuela y su suegra se quedaron embarazadas casi al tiempo; papá nació primero, sietemesino y a las pocas semanas nació tío Santiago. Y su padre, tu bisabuelo dijo: "Ea, pues otro Santiago, así como los apóstoles, mi nieto Santiago el mayor y mi hijo Santiago el menor" Es un lío ya lo sé pero cuando lleguemos a casa verás qué tío abuelo más joven tienes, un poco más joven, unas semanas, que papá.
Efectivamente tío Santiago era como tener otro padre, porque eran clavados, los dos de treinta y cinco.
- Vaya, vaya, vaya. Este es entonces Pedrito. Que grande estás. Tienes que tener por lo menos diez años, ¿o son solo nueve?
Y se echó a reír muy ruidosamente al tiempo que me abrazaba me daba besos y me levantaba en peso. Era fuerte como mi padre y tenía una mirada chispeante y penetrante que inspiraba confianza. Le dije que solo nueve aunque siempre me decían que era alto para mi edad. Entonces me cogió por los hombros se acercó a mí me habló como en confidencia.
- Tendrás muchas novias, eh, canalla.
Y volvía a abrazarme.
Mi padre cogió a su tío por el brazo y se lo llevó.
- Anda, sinvergüenza, deja al chico y vamos a tomarnos un cervezón que tienes que contarme muchas cosas, que llevamos mucho tiempo sin hablar
- Si no me llamás nunca, cabronazo.
Me quedaba con la boca abierta viendo a tío y sobrino comportándose como había visto que hacía mi hermano Paco con sus amigos. Para mí que mi padre era una persona mayor, seria y responsable como padre que era y me encontraba con un chico alegre, mal hablado como un adolescente y que tenía otra vida, además de la de la familia, y la nuestra particular, por supuesto.
Las fiestas navideñas son de mucho movimiento. De salir, mirar la iluminación y la decoración de las calles a ver los mercadillos donde adquirir el pastor o el ángel que faltaba para el belén, las luces y los papeles de cielo estrellado. Hay que salir de compras de Reyes o de Papá Noel. Mucho movimiento.
El día antes de inocentes, después de desayunar, tío Santiago me puso la mano sobre la cabeza y me alborotó el pelo.
- ¿Te vienes con tu padre y conmigo a comprar bromas para Nochevieja?
De alborotarme el pelo pasó a abarcarme el cuello por la nuca y masajearme con una mano grande y caliente. Un escalofrío me recorrió toda la espalda hasta la rabadilla y de forma instintiva llevé mi mano a la mano que me acariciaba el cuello. Él se detuvo y me disculpé muy cortado diciendo que me hacía cosquillas.
- Pues venga, coge la bufanda, el abrigo y vámonos.
Me monté en la parte de atrás del coche y la conversación que se desarrolló entre mi padre y su tío no la entendí hasta unos días después. Tuve que aguzar el oído porque hablaban en voz baja y además al principio estaban como enfadados.
- Te fuiste con diecinueve años, tienes treinta y cinco, como yo. Ni una letra, ni una llamada. Me quedé destrozado.
- Me tuve que ir, papá, tu abuelo, me quería matar y mi madre no movió un dedo. Desde los quince años que lo hicimos..., Santi, no era como tú, que eras capaz de vivir dos vidas. Además tenía unos celos que me mataban. Estaba desesperado. Nada más soltarlo en casa, mi padre fue por la escopeta de caza y mi madre se quedó blanca, pero le vi la rabia en la cara. Tuve que salir corriendo Santi, escuché desde el despacho de mi padre como cargaba los cartuchos de la repetidora. Con lo puesto Santi.
- Podías haber venido a casa, no se, avisarme. ¿Que crees? que te olvidé al día siguiente. No podía dormir. Claudia me lo notó y creía que estaba enfadado con ella, para disipar dudas, ya ves. El resultado va ahí sentado. La preñé de Paco y hubo que casarse. Pero jamás te olvidé San.
Pregunté a mi padre si Claudia era mamá. 
- Claro hijo.
- ¿Tan diestro es Pedrito? Podríamos...
- Calla, joder, San
- ¿Que de malo habría?, Santi
- Calla. Venga. Dime cómo te las arreglaste. Saliste corriendo.
- Éramos jóvenes, ya ves. No eras el único. Te llamaba la atención que siempre tuviera dinero y nunca me preguntaste de donde lo sacaba; fui en busca de D. Felipe, un canónigo de la catedral, tuve que pagar el peaje, una vez más, pero me sacó del apuro. Él me envió al norte a casa de su familia, una familia rica, de la aristocracia rural diciendo que me habia quedado sin familia tras un desgraciado incendio. Allí trabajé para ellos y poco a poco me fui haciendo un sitio. Trabajé duro y me gané su confianza. Acabé por tener parte en el negocio. Tengo un apartamento aquí. Lo compré el mes pasado, no lo sabe nadie. 
Me pareció que el tío Santi estaba llorando y mi padre le echó la mano al hombro.
- Yo tampoco te he podido olvidar.
Se hizo un silencio espeso y vi que el tío le ponía la mano en la pierna a papá. Papá miró un segundo al tío antes de preguntar.
- ¿Vamos a tu apartamento?
- Yo encantado, pero..., bueno. Pedro, en el apartamento tengo una consola nuevecita con una pantalla enorme que me han traído de Francia.
Le pregunté a San que marca, pero no sabía decirme, sería una americana, supuse. De cualquier forma vista una, vistas todas. Me dijo que tenía unos cuantos juegos pero que no sabía cómo se llamaban. Le rogué a mi padre que fuésemos.
- Pero que esto quede entre nosotros, porque si el tío no le ha dicho al abuelo que lo tiene, si se entera que lo sabemos nosotros se puede enfadar.
Llegamos hasta el centro de la ciudad y tío San le dijo a mi padre donde ir hasta que enfrentamos una puerta de garage. El tío le dijo a papá que tenía que hacer.
- Presiona el botón rojo ese y espera
Una voz de hombre, como metálica resonó.
- A que apartamento va usted.
El tío contesto echándose hacia la ventanilla del conductor sobre papá.
- Soy yo, Mateo, que vengo con mi sobrino. El guarda se llama Mateo, buena gente. Te lo presentaré.
- Que me lo presentarás, ¿cómo? presentar, presentar o..., presentar.
Yo no entendía nada de lo que decía ni mi padre ni mi tío, aunque algo fuera de lo normal intuía yo. Tampoco me importaba mucho.
- Es un chico joven, alto, fuerte y algo metido en carnes. Te gustará.
La baraja del garaje se levantó y el tío le dijo a mi padre donde aparcar. Nos dirigimos a los ascensores.
- San, ¿Y la botonera?
- No hay botonera. Se sube o baja, con esta llave y el teclado. Cada apartamento tiene un número que se marca después de accionar la llave.
Así lo hizo y el ascensor arrancó suavemente hasta detenerse de forma casi imperceptible. Las puertas se abrieron y tanto mi padre como yo nos quedamos sorprendidos. ¡Estábamos en pleno salón del tío!
- Pero, San esto tiene que haberte costado una fortuna.
- Si. Ha sido caro. Pero eso ya no tiene importancia. Ahora, mira Pedrito, ahí tienes la consola, toda tuya, y los juegos. Tu padre y yo vamos a esa habitación que le voy a enseñar unas fotos y otras cosas.
Me di cuenta que mi padre ponía cara de sorpresa mirando al tío. Luego me miró a mi 
- Muy bien, Pedro, juega todo lo que quieras. Nosotros vamos a estar ahí al lado. Que te diviertas. Si necesitas algo llama a la puerta. ¿Vale?
Asentí con la cabeza a mi padre y los dos se metieron en la habitación y cerraron la puerta.

Una de las características de los humanos y que nos diferencia de los animales, aparte de nuestro interés por incordiarnos los unos a los otros, es la curiosidad. Yo estaba jugando con la consola pero tenía la cabeza en la habitación donde estaba mi padre y el tío. Imaginaba miles de cosas que podían estar pasando allí dentro y cada vez se me hacia más imposible seguir con los mandos del juego. Ya ni miraba la pantalla. Dejé el juego, me quité los cascos y entonces, sin la escuchar banda estridente de la lucha digital, escuché unos quejidos, que parecían de dolor y que parecían además de mi padre. Me levanté y acercándome a la puerta puse el oído. Se escuchaban quejidos, palabras sueltas ininteligibles, jadeos y suspiros. No pude remediarlo, no me pude aguantar y muy despacio moví el pomo de la puerta y ésta sin ningún chirrido comenzó a abrirse. Y lo que vi, me hipnotizó.
Tanto mi padre como el tío estaban desnudos. Mi padre acostado sobre la cama, boca arriba con las piernas abiertas. Mi tío estaba entre las piernas de su sobrino, pecho contra pecho y se besaban en la boca. Cuando se separaban, el tío empujaba con fuerza y papá le decía que lo hiciera más fuerte. Estuve un rato largo fijo en la estampa tocándome la picha que se me había puesto muy dura. Deseaba ser uno de esos actores y se me vinieron a la cabeza de las imágenes de mi padre con sus dos dedos metidos en mi ano e intentando dilatarlo. Instintivamente me llevé una mano al culo y busque el ojete, como decía mi padre intentando meterme el dedo y frotaba la picha lo que me provocaba mucho placer, tanto que en un momento, justo cuando el dedo entraba en el culo sentí ese  desfallecimiento tan placentero. Muy despacio volví a cerrar cuidadosamente la puerta y fui a sentarme delante de la pantalla, con la mirada perdida en el infinito. Cerré los ojos y me imaginé desnudo entre mi padre y el tío siendo penetrado por la boca y el ojete, en sus manos, a su merced para ser su juguete. Volví a sentir el pene duro y comencé a acariciarme otra vez a través del pantalón. Y de repente algo me sacó de mi ensimismamiento.
- ¿Que haces, hijo?
- ¿No te han gustado mis juegos? Bueno, venga, ¿vamos a comprar las bromas, o no?
- Venga Pedro, vámonos ya, que no quiero llegar tarde a casa.
Los miré a los dos y les pregunté que qué habían estado haciendo en la habitación y que me había aburrido de jugar solo. Que me podían haber llamado para ayudarles.
- Ayudarnos, ¿a qué, Pedro?
- Pues a lo que hubiésemos estado haciendo, Santi. ¿Tú crees que podía habernos ayudado tu hijo? A mi me hubiera gustado que nos ayudase.
El tío se sentó a mi lado me echó el brazo estrechando me contra él y besándome en la cabeza.
- ¿Tú quieres ayudarme a mí y a tu padre a hacer lo que hacemos, te gustaría, verdad?
- Tú, hijo, ¿Que crees que hacemos?
Me estaba enfadando mucho que estuviesen jugando conmigo de esa manera, como si fuese un bebé que no sabe atarse los zapatos y contesté muy irritado.
- Papá, estabais haciendo lo mismo que hacemos a veces tu y yo. Y además, lo he visto.






martes, 22 de marzo de 2022

OTOÑO

 

Quedaba una semana para empezar el colegio. Habia que hacerse a la idea de que volvía la rutina del trabajo. Levantarse a las ocho, desayunar y ligero al colegio, volver a la una y media, comer y a las tres hasta las cinco otra vez colegio. Me daba pereza tener que volver. 
Me pasé todo el verano esperando que algún día mi padre pudiera venir a la playa a solas conmigo. Soñaba con aquel sabor tan particular que me dio a probar, con la lisura de su vello y el olor de su entrepierna cuando me incline a abrazar con mis labios su miembro, tan duro, tan delicado. No se dieron las condiciones para que sucediese. Venía mi padre los fines de semana, íbamos a la playa con mi madre y la peque. Los mayores iban a lo suyo. Yo intentaba sentarme con mi padre y mi madre se sorprendía de lo pegajoso que me estaba poniendo, y mi padre me rechazaba como si yo le molestase. Mi padre nunca me advirtió de que no dijese nada de lo sucedido, pero yo sabía que aquello no era para contarlo. Cuando salíamos de paseo por las noches mi padre me echaba la mano por el hombro y le decía a mi madre que se iba a tomar un helado con un buen amigo. Yo me ponía esponjado como un pavo cuando le escuchaba decir eso. Luego cuando nos alejabamos me decía que le gustó mucho lo que hicimos en la playa ese verano y que tuviera paciencia que lo repetiríamos, luego me daba un beso y me compraba el helado de limón más grande que despachaban.
- Aunque el mordisco que me diste en el pezón dolió fue lo que me hizo alcanzar el Olimpo. Nunca me había pasado, Pedro, todo un hallazgo.
Le dije que no lo entendía y me contestó que en pocos años lo comprendería más que bien, que era aún un poco pequeño.
El tiempo transcurría lentamente y poco a poco fui olvidando el incidente de la playa.
Mi hermanita nació de aquella manera, muy malita y de vez en cuando, a pesar de comer bien y eso escuchaba llorar a mi madre de una forma desesperada y ya sabía que es que mi hermana volvía a estar mal. La mayoría de las veces llamaba mi padre a D. Federico que le faltaba tiempo para llegarse a casa. Pero cuando el llanto de mi madre era de los de plañidera profesional de cuando los tiempos lobregos de Galicia, mi padre no se molestaba en llamar a nadie. La cara mirada de la niña le indicaba que hacer; coger el coche, meter dentro a mi madre y a mi hermana y con un pañuelo blanco sacado por la ventanilla y sin parar de tocar el claxon a todo lo que daba el coche llegar al sanatorio, donde precisamente nació la cría, y que los médicos allí la sacasen del apuro.
Aquella vez volvió mi padre solo y cuando llegamos del colegio nos dijo que la pequeña se habia tenido que quedar en el hospital con él oxigeno puesto y mi madre con ella al cuidado de su comida y los pañales. Aquel día mi padre con la ayuda de mi hermana mayor se las arregló para darnos de comer y nos dió franco de colegio. Llamó él al colegio, dijo lo que pasaba y nos disculpó.
Me encantó poder quedarme en casa sin tener que ir por la tarde a clase. Paco aprovechó para irse a jugar al fútbol con los amigos y Paula a casa de una amiga que vivía en el portal de al lado. Mi padre me dijo que me echase la siesta, que él también se iba a tomar la tarde libre y se iba a echar un ratito antes de irse al sanatorio a acompañar a mi madre.
Y a mi, al escuchar ésto, se me subió el estómago a la garganta y me invadió un nerviosismo que no entendía. Me fui a la cama y me tumbé. Intenté dormir pero solo se me venían a la cabeza cosas malas, de muerte, sufrimiento y torturas, con imágenes muy reales que hicieron que me invadiera el pánico. Me levanté y fui a la habitación de mis padres. La puerta estaba entornada y por la rendija que dejaba se veía a mi padre tumbado sobre la cama, únicamente con los calzoncillos. Mi padre tenía treinta y cinco. Siempre fue muy deportista como mi hermano Paco y solía cuidarse, además. Iba a jugar al frontón al menos tres veces en semana con Paco y por eso creo yo que tenía esas manazas tan grandes y poderosas. El cuerpo era magnifico cubierto de vello espeso sobre todo en el pecho de donde le emergían unos pezones rosados, uno de los cuales le medio arranqué de un mordisco y que tanto placer le produjo. Me tenía hipnotizado la vista de mi padre, casi desnudo sobre la cama, tanto, que me hizo olvidar los temores que me habían llevado delante de su puerta.
El tiempo de otoño con sus ventoleras y una ventana abierta hicieron que la puerta del dormitorio pivotase y gimiesen los goznes lo que hizo que mi padre abriese los ojos y mirase justo en el momento que yo volvía sobre mis pasos
- ¿Pedro?
Me detuve en seco. Me había pillado fisgoneando, si antes tenía el corazón acelerado por la contemplación del cuerpo de mi padre, ahora creía que se me saldría por la boca.
- Pedrito, anda, ven aquí con papá.
Me di la vuelta, empujé un poco más la puerta y me quedé en el umbral con la vista fija en mis calcetines. No me atrevía a mirarle.
- Vamos, ven conmigo, túmbate a mi lado. ¿Que te pasa? que no puedes dormir. Donde está tu hermano, ah, ya, se ha ido. Bueno, anda, acurrucate aquí con tu padre, verás como te duermes enseguida.
Levanté la vista y allí estaba, espléndido, apoyado en su codo izquierdo y la cabeza dejada caer sobre su enorme mano. Sonreía relajadamente mientras me hablaba y me sentí feliz de que fuese mi padre.
- Anda, ven
Y abrió los brazos dejando que su cabeza reposase en la almohada.
Me lancé a sus brazos de un salto y sumergí la cara en su pecho. ¡dios! que bien olía. Y de repente reviví el episodio del verano y de forma completamente natural dirigí mi boca a su pezón derecho.
Mi padre hizo como dos inspiraciones muy rápidas y un gemido casi inaudible al tiempo que se ponía tenso.
- Pedro, hijo, Pedrito, no, no, espera, espera, si hijo, si. Te quiero mucho.
Y los brazos que me estaban abrazando condujeron sus manos a mis nalgas, salvando el elástico del calzoncillo que llevaba. Supe que quería que continuase, aunque su boca dijese que no. 
Sus enormes manazas abarcaban cada una un cachete del culo y mientras me los acariciaba podía dedicar sus dedos índices a explorar más dentro. Sentí como sacaba primero una mano que volvió a meter bajo el calzoncillo, y luego la otra. Cuando volvió a tener las manos dentro sentí el ano humedecido por sus dedos. Me encantó la sensación y me apliqué con más interés a succionar y empezar ya a mordisquear. En ese momento mi padre empezó el jadeo que tan bien recordaba y entonces fue cuando sin abandonar sus caricias del ano levantó sus manos y el calzoncillo cedió dejandome el culo a su antojo. Sentí como retiraba una de las manos del culo y con mucha suavidad cogía mi mano izquierda y con mucha parsimonia, para no interrumpir mi actividad en su pezón, la condujo hasta su entrepierna, sobre su gayumbo de pata ancha. A través de la tela noté su pene grande y caliente. Me entusiasmó recordar cómo entró en mi boca y como rebañé hasta la última gota de su leche. Hurgué buscando la potrina hasta encontrar la abertura y convertí mi mano en una serpiente ágil que se cuela donde quiere y llegué donde quería. No dejaba de chupar y mordisquear y mi padre no dejaba de insinuar su dedo en mi ano. Cuando tuve su pene rodeado por mi mano deseé que el dedo de mi padre entrase en mi cuerpo. No sabía porqué lo deseaba, pero imaginaba que me entraba y notaba que mi pene se ponía aún más duro de lo que estaba. 
Tenía un pene grande, tanto que hubiera podido agarrarme a él con las dos manos y habría hecho falta al menos otra mano como la mía para esconderlo. Fui resbalando la mano, acariciando el fuste hasta llegar a la punta en la que note la abertura por la que salía un líquido, pensé que su leche y saqué la mano para olerlo y en ese momento mi padre, como si yo fuese un muñeco de trapo me cogió por la cintura y me volteó de manera que mi cabeza estaba ahora a la altura de sus gayumbos y mi culo a la altura de su cabeza. 
Nunca habría podido imaginar que eso se hiciese. Si eso podía hacerse, podía ya imaginar lo que me diese la gana que sería realizable.
Primero fue con mucha suavidad. Metía su nariz entre las nalgas, como si quisiera impregnarse de mi olor de por ahí y pasaba los labios como besándome. Estuvo así un rato hasta que sacó la lengua y empezó a lamerme el ano, sin ninguna reserva. Solo pude decir a modo de exclamación ante un descubrimiento tan fastuoso un "Papá" con la voz entrecortada y precisamente entonces caí en la cuenta de donde tenía yo mi cabeza. Metí la nariz entre el bulto de los gayumbos y la pierna y aspiré profundamente y mi padre respondió abriendo más las piernas. A través de la tela de la ropa interior aprecié la dureza de su sexo empecé a morderlo en toda su amplitud, humedeciendo de saliva la bragueta, hasta que necesité algo más. Saber que era mi padre el que intentaba oradarme el ano con la lengua y que me producía un ardor guerrero por investigar dentro del gayumbo y ensalivar y atragantarme con su carne y finalmente querer dejarme llevar y experimentar que se sentía al lamer su ano, porque la inexplicable experiencia de tener su sexo en la boca ya la tenía. Con una destreza que a mí me sorprendió conseguí dejar completamente desnudo a mi padre, como él me ha había dejado a mi.
¡Increíble! Estaba desnudo en la cama con mi padre, al que admiraba y quería más que a nadie. Yo ya había estado desnudo con él en la cama. Yo era muy chico y no me acuerdo. Esto era distinto. Yo era consciente de que estábamos desnudos los dos con intención de explorarnos el uno al otro hasta los rincones más escondidos y provocarnos placer el uno al otro y que eso con ser lo más deseable para los dos al parecer no debería ser muy buen visto. Eso intuía yo. Para mi sólo existía ese momento.
El inmenso placer de sentir el ano perforado por su lengua y la náusea cohibida al impactar su capullo en mi campanilla conformaban un cóctel que en ese momento no alcanzaba a comprender pero que de forma inconsciente me permitía saber que hacer eso con mi padre no podía ser malo.
Sentí un cambio. La lengua de papá dejó paso a sus dedos. Alternaba el ensalivado con el dilatado digital hasta saber que ya me había metido su dedo. Entraba y salía y lo alternaba con su lengua. Notaba que tras sacar los dedos y meter la lengua él se enardecía aún más, y cuanto más enardecido estaba más intenso me ponía yo. Llegó un momento en que mi padre apartó la cabeza y buscó mi pene tieso. Yo me giré y él se tumbó boca arriba de manera que me quedé sentado sobre sus caderas con una pierna a cada lado. En esa posición papá haló de mi hasta quedar acostado sobre su pecho. Entonces se echó mano a su pene y lo colocó en la raja de mi culo. Me estremecí. Me clavó la mirada en mis ojos y sonrió.
- ¿Quieres?
Yo sabía lo que me quería decir y pensé en que podría suceder cuando ese grosor intentase abrirse paso dentro de mi cuerpo. Tendría que ser un dolor insuperable pero la realidad es que me daba igual. Es más, en aquel momento, sentado a horcajadas sobre mi padre deseaba que me destrozase el culo. Necesitaba a mi padre dentro. Me deslizaba adelante y atrás sobre el miembro de mi padre casi en trance sintiendo cada centímetro en contacto con mi cuerpo hecho yo entero ano. Nunca he vuelto a sentirlo. Sin proponérmelo, como un autómata eché mi mano atrás y agarré con vigor el pene de mi padre le hice recorrer toda mi raja del culo y cuando alcanzó el agujero lo apunté, respiré hondo y me apreté sobre el capullo. Sentí que entraba y lo gocé pero al intentar que fuese todo el miembro el que se abriese paso dentro de mi era un hierro durísimo el que quería entrar y dolía, vaya que si dolía y así y todo insistí, queriendo pasar por encima del dolor, pero no habia manera.
- No entra, hijo. Que más quisiera yo que metertela entera y vaciarme dentro. La tengo muy gorda y tú ojete es muy pequeño aún.
Me sorprendió el nombre que le dió, ojete, y solo nombrarlo así me excitaba, le daba personalidad de disfrute, le daba categoría independientemente de que fuese la puerta por la que salía la mierda. Me gustaba el nombre. 
Casi llorando le rogué a mi padre que volviera a intentarlo.
- Pedrito, hijo, te quiero mucho, y no sabes la de veces que he soñado con hacerlo. Si empujó te voy a partir el culo y no quiero hacerte daño.
Le sonreí y me lancé a su cuello y le abracé y bese por todos lados. Luego me acerqué a su oído y le rogué que me partiera el culo de una vez para que pudiera tenerlo a su disposición siempre. Le dije que para Navidad cumpliría los nueve y quería llegar a esa edad con mi cuerpo preparado para él.
- Vale. Espera. Siéntate sobre mi cara que pueda meter bien la lengua y luego los dedos para dilatar algo más. Al final te daré esto y todo será muy fácil.
Me enseñó un tarro que nunca había visto me coloqué encima de su cara con mi ojete apuntando a su boca. Imaginé que pasaría si en ese momento cagara. ¿Se acabaría la mágia de aquel momento o se multiplicaría? Preferí intentar no dar respuesta.
A cada embiste de mi padre en el ano más deseaba que fuese su polla la que entrase. Y sucedió. Mi padre metió un dedo de cada mano ayudado del contenido del bote y estiró hacia cada lado. No sentí dolor. Aquello no era dolor, era tensión o presión pero no dolor, lo que si es seguro es que me despejó las dudas sobre si me lanzaba sobre la polla de mi padre que tenía delante, a pocos centímetros, o no.
Me pareció lo correcto que si no entraba por el culo entraría por la boca. Y me la metí y chupé con fuerza y deseé de que mi padre disfrutase como lo hizo en la playa.
- ¡Pedro! hijo, no, no, espera..., ya hijo, ya, sigue y tragatelo todo, es para ti, Pedrito, te quiero.
La boca se me lleno de lo mismo que me dio a probar de sus dedos en la playa. Era mucha cantidad y aunque tragué, algo salió por la comisura. Cuando acabó mi padre me llevó a su lado, lamió lo que me rebosó y me abrazó muy fuerte.
- Te prometo que en cuanto tengamos oportunidad te la meteré en el culo para que disfrutes. Tengo ganas de hacerlo. Ahora, ponte el calzoncillo y vete a tu cuarto. No me gustaría que tu hermano Paco nos viera en la cama juntos, ya eres muy mayor para eso y menos desnudo.
Cuando llegó mi hermano y entró en la habitación yo estaba sobre la cama, en calzoncillos con los brazos bajo la cabeza y expresión de satisfacción absoluta.
- ¿Que te ha pasado chinorris? tienes la cara distinta, pareces mayor, como si hubieras visto una aparición.
Yo solo sonreí.



Llegó la Navidad y vinieron a casa a pasar las fiestas mis abuelos. No los conocía mucho, parece ser que mi padre se peleó con él abuelo cuando al casarse con mi madre le recriminó que se metiese en lo de las obras en lugar de buscar un trabajo en la administración, un sueldo fijo, una seguridad para el futuro y mi padre, según me enteré más tarde le dijo que si no quería ayudarle había dejado de ser su hijo. La niña pequeña, al nacer, estuvo muy malita y mi padre temiéndose lo peor habló con la abuela y al final acabaron haciendo las paces. Pero la Navidad es ya Invierno, y eso es otra historia