miércoles, 10 de marzo de 2021

SOLO RECUERDOS final

 

- Vamos Pedro. Estoy aquí. Desabrochame el pantalón. ¿Porqué creías que me había quitado el cinturón, para pegarte? Aprenderás a que hasta de un azotazo se puede sacar placer. Quiero que no utilices el sexo con temor, si con respeto y aprendas lo que yo aprendí en aquellos tres años que fui de transhumancia con Agustin y el ultimo año ya casi con doce años con su sobrino German, un muchacho de veinte años que me enseñó otra forma de ver el sexo.
- El también..., que si él la tenía grande y también... - no me atrevía a preguntar directamente si ese German, que se llamaba como el jardinero de casa le habia culeado. El se dio cuenta y me ayudó.
- Para cuando nos acompañó German yo ya estaba dilatado y disfrutaba de mi culo. Después con él aprendí otras cosas. Pero habrá tiempo Pedro, ahora ya está bien. ¿Vas a querer aprender?
- Quiero aprender, papa - y sin dejar de mirarle a la cara, que tenía sonriente y muy relajada, le bajé la cremallera del pantalón. Sentí como su pene pugnaba por salir. Sin desabrochar el botón  aún, el instinto me condujo la mano dentro de la bragueta. No tocaba piel pero el calor que despedia su sexo tuvo el poder de hacerme marear. Cerré los ojos e intenté abarcar su verga dura con mi mano a traves del calzoncillo, imaginandome su figura. Sentí un escalofrío y recordé la forma en que Fran me metió la picha en la boca y me hizo vomitar. Abrí los ojos y sonreí a mi padre - ¿me ayudas con el botón?
- No. Hazlo tú, no tenemos ninguna prisa Pedro. Quiero que disfrutes del momento. Es más placentero el deseo que su culminación. Tu deseas ver mi sexo, tocarlo, olerlo, chuparlo si quieres, pero te lo tienes que ganar. Desabrocha tú. Ven aquí al sofá, me voy a tumbar y tu te arrodillas y te será mas facil.
Estaba temblando. Fue al sofá de su despacho, mi padre es arquitecto y tiene un estudio de renombre, y se tumbó. Me arrodillé junto a él y me fue sencillo quitar el botón, ayudó que mi padre, aun hoy, es delgado. Separé las dos piezas de tela y su pene saltó solo retenido por el calzoncillo.
- Antes de sacarmela, huelela, acariciala a traves de la tela, palpalá y hazte idea de como es. Luego ya puedes levantar el calzoncillo.
Olía muy parecido aunque menos fuerte que lo de Fran. Era mas grande y en la punta habia algo que resaltaba, lo cogí y halé de ello, mi padre se estremeció y emitió un gemido que me excitó como no me habia excitado  chuparle a Fran. El capullo de mi padre se endureció y yo no me pude resistir más y bajé el calzoncillo. Mi padre me ayudó levantando un poco las caderas y pantalón y ropa interior bajó hasta los tobillos. El pene saltó erecto con una anilla que le entraba por el agujero y le salía por donde Fran me dijo que era el frenillo. Volví a tironear de la anilla y mi padre volvió a gemir. Yo me excité aún más.
- ¿Te duele?
- Me gusta que me lo hagas. Mira lo que me está saliendo por la punta.
- Es lo mismo - contesté ilusionado - que le salía a Fran y me dió a probar
- ¿Quieres probar el mio? hijo
Me dejaba cortado. Yo queria hacerlo, pero el hecho de que él me lo ofreciera desprovisto de toda morbidez me retraía. Y en ese momento mi padre bajó la mano y empezó a acariciarme la bragueta.
- Soy tu padre, cariño. Mi polla es tuya para disfrutar si eso te gusta.
- Pero esa anilla ahí, ¿No te duele?
- Le gusta a tu madre cuando hacemos el amor. Ella tiene otra anilla parecida en el clítoris. Si quieres cuando lleguemos a casa te la enseña. La tiene porque le da placer cuando yo entro con mi polla en su cuerpo.
- Y ¿Que es eso del clítoris?
- Como la picha de los hombres pero en la mujer. Cuando se lo acarician les da un placer parecido al que te da a ti que yo te esté acariciando ahora - y con una habilidad que me dejó frío, me desabrochó el pantalón y dejó que cayera hasta las rodillas, luego me bajó los calzoncillos - verás Pedro, vamos a hacer una cosa; te desnudas tu y me desnudo yo y te enseño los sitios del cuerpo que más placer te van a dar y los que tienes que acariciar para dar tú el placer.
Se levantó del sofá y se desnudó. Yo le miraba embobado el cuerpo, precioso con vello en el pecho y la barriga, menos por abajo.
- Me afeito por aquí porque a tu madre y a Germán les produce más placer que sea así.
- ¿Germán? Que Germán, ¿el que iba con el pastor, su tío?
- Si. Cuando empezaron a irme bien las cosas y nos mudamos a la casa donde vivimos me lo traje de jardinero. Hicimos muy buena amistad y a tu madre le encanta como me la mete en el culo mientras yo se la meto a ella.
- ¿A mi hermano..., también?
- Tu hermano es muy bueno pero nunca ha tenido el instinto que has desarrollado tu ni la curiosidad que te ha llevado a ti con un chico mayor a una cabina de un retrete. Si alguna vez muestra alguna virtud de las que tenemos tu o yo ahí estaré para guiarle, como lo estoy haciendo ahora contigo.
Mientras mi padre hablaba yo me desnudaba. Él ya lo estaba y se volvió a tumbar en el sofá.
- Túmbate encima de mi, Pedro y acariciame.
Empezó a besarme por el cuello a mordisquearme los lóbulos de las orejas mientras con sus manos me acariciaba el culo y tocaba con delicadeza mi ano. Se mojaba los dedos y los pasaba por el agujero de mi cuerpo haciendo cierta presión que me enardecía. Su boca me besaba muy suave la cara y los ojos y poco a poco fue llegando a las comisuras de los labios y ahí fue donde sacó la lengua húmeda y la insinuó entre mis labios. Yo de forma instintiva separé los labios y dejé entrar su lengua y cuando se encontró con la mía abrió francamente la boca y hurgó dentro mezclando las salivas; inexplicablemente eso me excitó muchisimo. Yo me sentía como en una nube, ni me daba cuenta que ya tenía en mi ano metidos dos dedos y disfrutaba de ello. De pronto se separó de mi boca, me miró a los ojos sonriente.
- Te quiero mucho Pedro, y tu madre también. Lo mismo que jugamos ahora nosotros otro día en casa jugará también mamá, para que descubras su sexo también y no le tengas miedo. Y ahora haz una cosa. Levántate y mirando hacia mis pies siéntate sobre mi boca con un pie a cada lado de la cabeza.
- ¿Para qué?
- Voy a lamerte el ano y quiero que empieces a disfrutar de él y que cuando puedas usarlo para gozar no te pase como a mí con Agustín.
Hice caso. Y cuando sentí como la lengua de mi padre entraba una y otra vez empecé a gemir y a dar masaje a mi polla. Mi padre me detuvo.
- Normalmente, si te corres se pierde el encanto que tenemos ahora y luego es más difícil volver a empezar. Verás échate hacia adelante y mientras yo te doy gusto tu te metes mi polla en la boca.
- Pero esa anilla, me va a molestar.
- Tienes razón, me la quito.
Con mucha facilidad se sacó aquel trozo de metal y me tiré encima, como cuando lo hice con Fran, pero mejor.
- Chupa despacio, arriba y abajo, sin prisas. Lame los huevos y lo que quieras, lo que guíe el instinto. 
Y después de disfrutar chupando, mi instinto me llevo al sitio donde acaban las bolsas y comienza el ano. Mi padre lo comprendió y levantó abriendolas, sus piernas. El ano quedaba perfectamente expuesto. Me sorprendió que no fuera redondito, era como una raja con los bordes abultados. Grande.
- No te asustes. Chupalo, me dará mucho placer. Está así de todas las veces que se ha dilatado incluso con el puño. Eso me lo enseñó Germán. Da mucho placer.
- ¿En el campo?
- No, en casa, cuando lo traje de jardinero y a tu madre le gustaba lo grande que tenía la polla y que nos la metiese a mí o a ella.
- ¿Mamá también la chupa a ti o a Germán?
- Y a más personas. Cuando tú te vas a pasar unos días a casa de los abuelos nosotros invitamos a otros amigos y a Germán y nos divertimos mucho.
- ¿Yo voy a poder ir?
- No, tu eres pequeño aún. Tu con papá y mamá y cuando tengas dieciocho te haremos una fiesta y podrán venir tus amigos y tu novia o novio. Pero antes tienes que soplar muchas velitas. Y ahora por favor hazme a mi lo mismo que te estoy haciendo a ti.
Le toqué el ano y lo tenía suave. Quise probar a meter el dedo y me abrí pasó con facilidad.
- Espera Pedro - me hizo a un lado del sofá, se levantó y de un cajón de su mesa sacó un bote grande, le quitó la tapa y me lo dio - ahora mete tu mano en este bote y embadurnatela de esta crema. Así, ya me puedes meter la mano.
Ahora se puso de rodillas en el suelo abriendo bien las piernas. Yo entré con mi mano en el bote. Era muy resbaloso y con la mano llena metí dos dedos pero pedía más.
- No tengas miedo Pedro, junta todos los dedos y mete la mano entera hasta donde te llegue, verás que divertido y te gusta. Luego te meteré unos dedos nada más yo a ti para que empieces a saber lo que es disfrutar de verdad.
Efectivamente, metí los dedos todos juntos y enseguida entró mi puño entero, empuje y siguió entrando, cuando llegué al codo me dio miedo y me detuve. Mi padre jadeaba como un perro harto de correr.
- Tocame ahora la punta de la polla con la otra mano - me dijo con voz entrecortada.
Le salía abundante líquido como el de Fran. Instintivamente froté con ese líquido el capullo de mi padre.
- No sigas Pedro o me correré. ¿Quieres ver mi leche? - me dijo como con dificultad para hablar.
- Si - le contesté entusiasmado.
- Sacame el brazo, colócate debajo de mi y te caerá en la cara, luego yo la limpiaré con la lengua.
Me metí debajo de él, su capullo estaba a pocos centímetros de mi cara y entonces el empezó a acariciarse muy fuerte hasta que dijo "ya"
No sé porqué, cerré los ojos y abrí la boca. Sentí una lluvia caliente en mi cara. Algunas gotas entraron en la boca, las saboreé y las tragué. Él se acercó después a mi y me lamió toda la cara. Cuando acabó me cogió el brazo que le había metido a él y me lo limpió con su mano. Me sentó sobre su regazo de tal manera que las piernas quedaban a un lado y otro de sus caderas y la cabeza en sus pies, luego me levantó más haciendo que me doblase dejando caer mis piernas sobre mi cabeza, me las separó y con su mano lubricada empezó a dilatarme el ano. No dolía, sentía presión, entraba y salía y por dentro tocaba algo que hacía que me diese gusto en mi capullo. 
- Tócate Pedro, para que veas lo que tienes dentro.
Alcance mi ano con mi mano e hice una exclamación de sorpresa.
- Si, Pedro, cuatro dedos. ¿Te gusta?
- Mucho, papá. ¿Vas a poder meter el puño entero?
Por respuesta con la otra mano me cogió mi picha y empezó a frotarla hasta que sentí un placer como nunca porque desde dentro me tocaba en algun sitio que multiplicaba el placer. Me acababa de masturbar con sus dedos dentro de mi. Me prometí que lo repetiria.
- Bueno, hijo, vamos a vestirnos y a casa. Espero que hayas aprendido que todo lo que rodea al sexo ni es oculto, ni sucio, ni reprochable. Que es algo que no se puede trivializar ni se puede obligar a nadie y que se puede hacer lo que uno le guste sin hacer daño a los demás. Y que porque te guste tocarle a un compañero y disfrutar con ello no significa que cuando llegue tu momento no te guste tocar a una mujer. Se puede hacer todo, y una cosa no quita la otra y no hay nada obligatorio. Hay a quien no le gusta algo y no por eso hay que rechazarle. Para todo en esta vida hay que ser respetuoso.

Ahora que ya ha pasado el tiempo y voy a ver mi padre, ya muy mayor, e impedido, a la residencia, nos quedamos solos y entonces me rebusco en la bragueta me saco el príncipe Alberto, le rebusco en su pijama le saco el botón que le queda, le inserto el anillo y parece revivir. Sonríe, se le caen dos lagrimones y me mira pidiéndome lo que yo ya sé que le voy a dar. Me desabrochó el pantalón, no llevo ropa interior a propósito y le dejó que me acaricie y se la meta en la boca y mame como lo haría un recién nacido con fuerza y entusiasmo hasta que me saca el semen en un orgasmo sin placer que me hace llorar. Luego mete la mano entre las piernas y me palpa el ano. Lo mensura, me mira picarón y me dice "Grande"
- Si papá, más grande que el tuyo cuando yo tenía nueve años. Las sesiones de fisting con nuestros amigos, como me enseñaste, con mi mujer animándome para que me entren a veces los pies. Nadie lo entendería. Alguna vez, pediré permiso para llevarte a casa y que vuelvas a sentir esa tensión tan intensa dentro de tí.
Mi padre sonríe siempre pide que me agaché, me besa en los labios me da parte de mi semen que tiene aún en la boca y se queda dormido.
Le besó en la frente y me voy satisfecho del padre que el destino me reservó.

domingo, 7 de marzo de 2021

SOLO RECUERDOS bis

 

- Tu sabes que tu abuelo era mayoral de una finca de Extremadura, y te llamas Pedro por su padre, tu bisabuelo.
- No lo sabía 
- Bien  yo nací en aquella finca. Era habitual todavía hace treinte y nueve años llevar el ganado trashumando hasta tierras altas de León, en Extremadura hace demasiado calor en verano. El rebaño lo llevaba un pastor mayor, unos cincuenta años tendría. Estaba con el ganado fuera tres meses y regresaba para la invernada. Cuando cumplí ocho años, tu abuelo me dijo que ese verano acompañaría al pastor y al ganado, que supiera lo que era dormir al raso y comer poco y casi siempre frío; tasajo, tocino de hoja, pan asentado que se iba comprando por donde se pasaba y agua que se recogía por los arroyos. En el borrico que nos acompañaba iban mantas, el queso, el tocino, tabaco y vino. El pastor, Agustín era reservado y al único al que hacían caso los perros pastores.
Era duro el camino y Agustín parecía que no me veía pero estaba pendiente siempre de mi. 
Llegamos a tierras altas y las noches aún en verano son frías. Había apriscos donde recoger el ganado y en algún sitio refugios de piedra con techos de ramas donde se pasaba la noche mejor encendiendo fuego. 
Al principio Agustín se echaba a un lado y yo al otro, hasta que una noche más fría de lo habitual, a mi me castañeteaban los dientes y Agustín me dijo que me arrebujara con él. Me acosté dándole la espalda mientras me abrazaba para darme calor. Efectivamente entré en calor y me dormí. De madrugada me despertó Agustín mientras me desabrochaba el pantalón.
- ¿Que pasa? - le dije.
- Calla y estate quieto, vas a aprender cosas de hombre cuando faltan mujeres.
Me quedé muy quieto y dejé que hiciera lo que quisiera, al fin y al cabo era un hombre de casi sesenta años y yo solo un rapaz. Sentí como me quitaba el pantalón y el calzoncillo y como después el se desabrochaba su ropa. De pronto sentí en el culo algo duro y caliente y como su mano me buscaba en mi entrepierna y me acariciaba con su mano callosa. Sentí como se me endurecía mi cola y confirmé que lo que sentía en el culo era la suya, muy grande. Me la puso entre los cachetes del culo y empezó a moverse rítmicamente y a la vez hacia lo mismo con mi cola dura. ¿Y sabes una cosa, Pedro? me gustaba. Era una sensación extraña pero muy agradable. 
- No te asustes - me dijo en un susurro ronco, más ronco que su voz natural - si te notas mojado por el culo, me voy a correr. Tu eres chico para echar nada aunque no sé si tú también vas a sentir gusto en tu polla.

Mi padre estaba hablando y yo notaba que se le resaltaba la bragueta como si empujasen desde dentro. Yo sentí mi picha crecer y disfrutaba viendo como la bragueta de mi padre se deformaba por el bulto. Deseaba vérsela y cogerla entre mis manos y metermela en la boca.

Se detuvo en su relato, me miró sin hablar, me sonrió y me dijo.
- Pedrito, hijo, tiempo habrá para todo. Ten paciencia.
Como te iba diciendo, efectivamente, sentí como el culo y la parte baja de la espalda se me humedecía y al tiempo sentí como un calambre en mi picha que me hizo estremecerme. Yo también me había corrido.
- Tu también te has corrido - tuvo que sentir mi estremecimiento - ¿Era la primera vez, no. Te ha gustado?
- Si me ha gustado - dije en voz baja.
- Te voy a limpiar y a dormir.
Me limpio su semen más mal que bien y me dijo que me vistiera. Me volví a poner mi ropa, él se volvió y me dijo que si quería que siguiese a su lado.
Al día siguiente, cuando paramos un rato a comer Agustín me dijo que a partir de ese día las noches las íbamos a tener más entretenidas.
A partir de aquel día cada noche era igual, al punto de que yo ya me echaba por la noche sin ropa de espaldas a Agustín. Una noche, cuando terminó él y me limpió su corrida yo me quedé muy caliente y aprendí a masturbarme. Lo hice tres veces esa noche y durante el camino, si podía me despistada y volvía a hacerlo. Agustín no era tonto y se percató de mis manejos y un día me sorprendió.
- Te va a gustar más - me dijo mientras se desabrochaba el pantalón - si jugueteas con la mía.
Nunca se la había visto. Era grandísima y el pellejo que a mí se me resistía a bajar a él se le bajaba del todo dejando al aire un capullo reluciente.
- Metela en la boca y chupa, Manolito, te va a gustar y a mi también.
Estaba confundido, nunca se me habría ocurrido que esa parte del cuerpo pudiera chuparse. Además por ahí se orinaba, pero al tiempo pensaba que quizá matase el gusanillo de que sería eso pringoso que le salía cuando como él decía le daba el gusto. Yo le miraba a los ojos y a su capullo alternativamente sin dejar de tocarme mi cola que estaba tiesa como el cayado de Agustín.
- Venga ya, niño, que hay que trabajar, y mientras chupas te la meneas y te da más gusto.
Con mucha prevención, primero me acerqué lo suficiente para olerle el capullo que ya destilaba el líquido transparente, tenía un olor peculiar, era a orina pero de otra manera que hacía que me animase a abrir la boca. Finalmente cerré los ojos y me metí aquel trozo brillante de carne en la boca. Me sorprendió su lisura y su firmeza elástica que me gustaron, lo noté sobre todo en mi picha que se puso tan dura que me dolía y me obligaba a sacudirmela. Luego Agustín me cogió la cabeza y hacía presión para que me la metiese toda. Me daba arcadas, se me saltaban las lágrimas, pero yo no tenía pena, al contrario me gustaba hacer eso y de repente se me retiró de la boca. Vi salir un chorro blanco de donde antes salía un líquido transparente, Agustín gemía y se la sacudía con lentitud tirando mucho del pellejo hacia abajo y cada vez echaba un chorro a menos distancia hasta que lo que salia le resbalaba y mojaba su mano. 
- Toma, prueba a ver qué tal - me acercó su mano a la boca, saqué la lengua y probé aquello, que ya sabes tú, hijo, a qué sabe; no me disgustó y di un chupetón más grande -Si te gusta la próxima vez no te la sacó de la boca.
- No tiene mal sabor, sabe un poco a tabaco. Me gusta.
- Pues ya sabes, la próxima vez, ésta noche si quieres, te lo hago en la boca. Ahora, ya que te gusta límpiame el churro de lo que queda de leche.
Volví a meterme su polla en la boca ya sin prevención ninguna y como se le había aflojado me cabía entera. Fue la primera vez que experimenté la sensación de querer que me la metiese dura en el culo y en ese momento, pensando en que me podía atravesar con su polla me corrí yo. Y recuerdo, Pedro, aquel orgasmo como el más placentero que he tenido nunca.
A partir de ese momento dejé de tener cierto temor a Agustín. Yo le buscaba varias veces al día, quería que fuese él quien me propusiera follarme. Cuando iba a cagar me metía el dedo a ver qué se sentía pero no sentía nada. Él se conformaba ya con correrse en mi boca y que yo tragase su leche. Todas las noches lo hacíamos y las más calurosas desnudos del todo. Una vez me la chupo él a mí hasta que tuve el gusto, luego lo hice yo, pero antes de que le llegase el orgasmo me atreví.
- Agustín, ¿tú crees que se puede meter por el culo?
- Te reventaría, chico y tu padre me mataría.
- Pero puedes probar - no me podía resistir a esa fantasía - con la punta nada más.
Antes de darle tiempo a pensar, estábamos desnudos, me di la vuelta, y le cogí la picha y la apunté a mi ano. Él se retiró bruscamente.
- ¡Espera, niño del demonio, que me vas a buscar una ruina! - me dijo mientras se levantaba bruscamente y salía fuera.
Me desilusioné, ya me veía clavado por detrás e incluso asumido que algo me iba a doler, pero la curiosidad era más fuerte que yo.

- Entonces, papá, ¿no te lo hizo?
- Espera, no seas impaciente y deja de tocarte el rabo que te vas a correr.

Volvió al poco con algo en la mano. Él se puso de rodillas sentado sobre sus talones y a mi tumbó de espaldas con las piernas hacia arriba bien abiertas y con lo que traía en la mano me untó el ano, ¡El tocino! Me lo restregó bien metiendo el dedo con cuidado para que resbalase bien. Cuando pensó que ya tenía suficiente volvió a envolver el trozo de tocino en el lienzo y lo dejó a un lado. Me levantó y me sentó a horcajadas sobre su regazo y con mucho nerviosismo supe cómo lo iba a hacer.
- Llevo deseando hacer esto desde que me corrí la primera vez, Pedro. Si te duele no te vayas a quejar, aguanta y el dolor irá pasando y yo me correré dentro, cuando acabé, te vas fuera y cagas el polvo.
Yo estaba muy nervioso y deseando que me entrase entera. Sentí el capullo en el ano y como se abría paso hasta que dio una especie de tope.
- ¿Te duele hasta aquí?
- Agustín, noto como que me hago caca, pero no me viene. ¿Ya está toda dentro?
- Solo el capullo Pedro, ¿Quieres que siga un poco más?
- ¡Si!
Y empujó un poco y sentí que me rajaban entero, con un dolor que nunca hubiera imaginado. Grité, intenté zafarme, pero me tenía bien sujeto y su polla progresando. 
- Ah, ah, Pedrito, me corro, que coño más estrecho, me corro.
Y con esos aspavientos entró aún más. Con el dolor aún más intenso me mareé y creo que por un instante me desmayé. Cuando se corrió la dureza cedió y se salió.
- Anda ve a cagar el polvo. Que tienes un coño de virgen.
Salí fuera, me puse en cuclillas y solté lo que me echó. Con unas hojas lisas me limpié, volví adentro me vestí y con el culo ardiendo y dolorido me dormí.
- ¿Dolió mucho? - me preguntó mientras desayunabamos.
- No me puedo sentar - estaba desayunando de pie.
- Ven acá, bajate los pantalones y las bragas que te vea.
- No me la vayas a meter otra vez - le respondí escamado.
- Que no hombre. Enséñame el culo ¡Joder!
Me bajé los pantalones y me agaché. Me separó los cachetes y me dijo que esperara. Fue por un trozo de lienzo donde envolvía el pan desgarró un trozo lo mojo con agua y me lavo. Luego me enseñó el trapo.
- Ya no sangras. Estás desvirgado. La próxima vez no será tan malo - me decía mientras me enseñaba el trapo manchado de sangre seca ya.
- ¿Otra vez? No, otra vez no.
- Me lo vas a pedir tú - se me quedó mirando con una sonrisa en los labios que no le conocía - y te recuerdo que me lo pediste tú, Pedrito. Tú querías que te follara.
- ¡Pero la tienes muy grande!

- Papá, como de grande la tenía. ¿Tan grande era?
- Como la mía ahora, más o menos, aunque a mí con la edad que tú tienes más o menos me pareció la del burro que llevábamos - hizo una pausa larga, se levantó de donde estaba sentado - ¿quieres verla?
- ... - no contesté pero clavé mi mirada en su bragueta.
- Anda, sacamela tú.

sábado, 6 de marzo de 2021

SOLO RECUERDOS

 

No sé nada de mi vida hasta que cumplí cinco años. Hasta entonces ni siquiera un flash. Nada.
Mi primer recuerdo me ubica caminando a unos pasos de Ernst que se dirigía a los urinarios del patio del colegio.
Eran años cincuenta y Ernst hijo de un alemán que no sé porqué vivía en Madrid, era un niño un poco más alto que yo, rubio de pelo de rizo grande y color de oro con mechones más oscuros. Tenía unos ojos insultantemente celestes y mirada desafiante. A pesar de ser de mí misma edad su desenvoltura era la de un adolescente, no la de un crío como yo.
Empezó el curso unas semanas más tarde, que fue cuando su famila se instaló en la capital. Me hipnotizó y activé mi memoria en ese momento. No podía dejar de mirarle; él se daba cuenta y me clavaba una mirada dura junto a un rictus de odio.
Iba por el patio a unos pasos detrás de él, a sabiendas de que no quería saber nada de mi. Cuando entré en el recinto él, solo, tenía su colita apuntando al urinario y empezaba su orina.
Me acerqué a él, intenté tocarle y me rechazó de un codazo, pero no me arredré. Tanto era el deseo de tocar, poseer, chupar su pene que me dirigí a él.
- Échame el pis en la boca Ernst
Ernst terminaba de orinar, se la estaba sacudiendo y metí la mano para ayudarle. Hizo un movimiento de evasión moviendo bruscamente el hombro, me encaró mientras se guardaba su pene y se abrochada los botones y de subito me dió una bofetada que me dejó sin habla. La cara me hervía de dolor pero al tiempo sentí que aquella bofetada era una forma de atenderme. Me satisfizo y junto al escozor de la mejilla sentí un íntimo placer. A pesar de todo sabía, intuía, no sé cómo expresarlo, que allí acababa de hacer algo de lo que arrepentirme.
Cuando salí del urinario tras Ernst unos minutos después de él, los otros niños me insultaban, me decían que era una niña y salvo un par de ellos no me volvieron a dejar jugar con ellos.
Las vacaciones de Navidad fueron un tiempo en el que cada vez que sonaba el timbre de la puerta me sobresaltaba porque veía al director del colegio venir a decir lo que había hecho. A medida que pasaban los días aquella sensación de culpa fue languideciendo, aunque la imagen de Ernst seguía igual de vívida que aquel día en el urinario.
El curso acabó y nos mudamos a otro barrio, otro colegio y el recuerdo de Ernst nunca me abandonó.


En la casa nueva, mi hermano mayor y yo compartimos habitación. Yo tenía ya seis años y él trece. Era verano otra vez y yo a punto de cumplir siete años y él catorce, una noche me despertó un quejido ahogado, después supe que mi hermano se estaba masturbando, pero en aquel momento sin saber bien que pasaba experimenté la misma sensación agradable que cuando le vi su colita a Ernst. No dije nada, pero estaba siempre pendiente, por las noches de los manejos de mi hermano. Habría deseado saltar a su cama y chuparle su cola pero sabía que la reacción que tuvo el patio del colegio contra mi, podía repetirse y me reprimí. Mi padre era temible, o así le veía yo.
Fue cambio de casa y de colegio.
El nuevo colegio era de campanillas (y aún hoy más campanillas aún) y el deporte era parte importante del currículo. Eso significaba que el vestuario y los cuerpos desnudos eran de diario; había que ducharse al acabar el deporte si o si.
Llevaba dos años en el colegio, tenía ya nueve años.
Y pasó lo que antes o después tenía que pasar.
Un chaval de catorce años, rubiasco con cara de canallita (yo creo que desde entonces el lumpen me atrae como la luz a las polillas) me cogió al vuelo una mirada intensa en las duchas a su cuerpazo y lo que no lo era. No dijo ni hizo nada, pero se me acercó.
- Que tal chaval. ¿Vives cerca? - me echó el brazo por el hombro y con su manaza me abarcó la nuca y apretaba y aflojaba, mientras yo me derretía. Luego me atrajo hacia su cuerpo mientras caminabamos en señal de cercanía en medio de los demás compañeros sin ningún complejo, al tiempo que se agachaba un poco para que yo escuchase y solo yo lo que iba a decirme - ¿Te ha gustado mi picha? Me he dado cuenta en las duchas. Pues cuando se pone grandota como la tengo ahora te gustaría mas. ¿Quieres verla?
- Si - le contesté saliendoseme el corazón por la boca, en un susurro mientras le miraba su cara sonriente de sinvergüenza que iba a conseguir que me desmayase. Me soltó el cuello.
- Vamos a los servicios del patio, tu sígueme  no muy cerca - y en dos zancadas se adelantó y le vi meterse en los urinaros del patio que quedaban medio ocultos por el seto que perimetraba las canchas de tenis.
El corazon ya no me podía latir mas deprisa, pero el posible premio que me esperaba daba alas a mis pies. Entré en el recinto. Olía a desinfectante y orina. Me resultaba excitante, pero allí no habia nadie. Estaba ya dispuesto a marcharme con una mezcla de alivio y pena al tiempo cuando oí el chirrido de la puerta de una de las cabinas al chico que me llamaba.
- Venga, maricón, entra.
Era la primera vez que escuchaba la palabra dirigida a mi y lejos de ofenderme, como sabia que debería sentirme, me halagó. Entré a la cabina y allí estaba Fran, así se llamaba, muy serio, con los pantalones y los calzoncillos en los pies con una picha enorme con una especie de bellota gorda y brilante en el extremo de un miembro muy largo del que colgaba una bolsa peluda. Todo lo tenía enmarcado por una mata enmarañada de pelo azabache abundante. Los muslos tambien eran peludos. Se levantaba la camisa con una mano dejando al descubierto una barriga por la que ascendía hasta el ombligo una senda del mismo vello que le adornaba el sexo. De la punta le salía un liquido espeso y transparente. Lo recogió con uno de sus dedos y ordenandome que abriera la boca me lo acercó a los labios.
- Chupame esto y luego me chupas la polla. Te va a gustar.
Empecé a chuparle el dedo con esa cosa trasparente y me mareé de placer. Sin que tuviera que decirme nada me hinqué de rodillas y sin pensarmelo me metí todo lo dentro que pude su miembro. Me dio una arcada.
- No seas bruto, que me haces daño. Chupala con suavidad y cuidadito con los dientes.
- ¿Vas a mearte en mi boca? - me acordé de Ernst y pensé que al fin lo iba a conseguir.
- No, loco, me voy a correr en tu boca y te lo vas a tragar. Venga empieza a mamar ya. ¿es la primera vez, verdad? pues yo acabo enseguida. Con la lengua acaricias esta parte y acabamos rapido - y me enseñó lo que él llamó frenillo.
Me la meti en la boca y el instinto me llevó a acariciarle la bolsa peluda mientras con la lengua le acariciaba el frenillo. 
- ¡No te la saques que me corro ya! y con sus manos me sujetó la cabeza mientras empujaba con las caderas y la boca se me llenaba de algo medio insipido o quizá dulzón lo que me provocó el vomito.
Tendría que ser asi. No se. Me retiré a tiempo para echar hasta la primera papilla, salpicandole a Fran la ropa y sin parar de dar arcadas y vomitar. Estaba asustado. Y sucedió.
- ¿Quien anda ahí, está usted enfermo? Abra la puerta. - El encargado de los patios hacia su ronda y me escuchó vomitar. ¡Que abra, le digo!
Fran se subio la ropa como pudo y descorrió el pestillo. Yo seguia dando arcadas de rodillas con la cabeza en la taza del vater. El vigilante empujó la puerta y me vio a mi vomitando pero al no poder abrir del todo, entró y vio a Fran.
- Me pueden decir que hacían ustedes aqui encerrados.
- Es que este niño estaba mal y le estaba ayudando - Fran estaba mas blanco que la taza del vater mientras yo ya me levantaba limpiandome la boca con la manga de la camisa.
- Al despacho del director. Alli podrán explicarle a él. 
Media hora mas tarde alli estaba mi padre a buscarme. Me cagué, literalmente. Cuando llegué a casa y mi padre me mandó sin mas explicaciones a mi cuarto, me desnudé y me habia cagado.
Dos dias después, domingo, mi padre me metió en el coche y me llevó a su oficina, vacía. Entramos a su despacho
- Bueno, muchacho, ahora me vas a contar todo lo que pasó con ese otro chico mayor que tu - y se quito su correa de cinturon. Empecé a llorar - no llores, no te voy a pegar, aunque - y esto lo dijo en voz baja - quizá tu me lo pidas. Empieza a contarmelo todo de la pe a la pa. Yo no te voy a interrumpir, pero no llores, por favor. Luego te contaré yo a ti otra historia.
Relaté a mi padre todo como habia sucedido. A veces me interrumpía y me decía que qué era lo que yo sentía o deseaba en ese momento y me dejaba continuar. Cuando acabe, ya mas calmado y casi con confianza mi padre me hizo una pregunta y me pidió que fuera muy sincero. Me enseñó su cinturón y volvió a repetirme que no me iba a castigar.
- ¿Si supieras que no iba a tener ninguna consecuencia, repetirías?
- Si - le contesté apartando mi vista de la suya.
- ¿No tienes mal recuerdo de lo que vomitaste?
- Pienso en cómo me dio con su dedo a probar lo que le salia por la punta y lo doy por bien empleado. De lo que se me llenó la boca después me dio rabia que me hiciese vomitar.
Tal como se lo estaba contando, un escalofrío me recorrió toda la espina dorsal. Empecé a temblar y no pude reprimir las lágrimas, pero no por eso le hurté la mirada a mi padre. Yo tenía nueve años, mi padre treinta y nueve. Para mi entonces un hombre mayor, hoy se que era un tío en toda la efervescencia de sus hormonas.
Se levantó de su asiento se dirigió al mío,  me levantó de la silla y me abrazó, poniendome su mano en la nuca de la misma manera que lo hizo Fran, al tiempo que me besaba en el cuello encendiendome vaharadas de placer, y lo supe. Me apretó contra él y sentí su pene duro contra mi pecho. Levanté la vista y mi padre la cruzó con la suya, me sonrió, rozó sus labios con los míos dejó que me sentara y él hizo lo propio delante de mi sobre la mesa de despacho.
- Ahora, Pedrito, te voy a contar yo una historia.

martes, 2 de marzo de 2021

AMIGOS..., epilogo

 

Estuvo toda la mañana y parte de la tarde intentando contactar con Isabel y una y otra vez saltaba el buzón de voz. Fueron Mario y él a un chino que habia cerca de la residencia a comer algo sin cejar en su empeño de hablar, de quedar con su novia; aún novia.
Eran pasadas las nueve de la noche, con los dos en su habitacion de la residencia cuando, al fin, Isabel descolgó el telefono.

- Isabel - en la voz de Sebastián había una vacilación aunque Mario le sujetaba con fuerza la mano.

- ¿Estás con ella? - parecía una pregunta pero en sus palabras había una determinación que la convertían en una aseveración.

- Tenemos que hablar, Isabel. Te debo una explicación y una disculpa - miró a Mario interrogativo y Mario con un ligero movimiento de cabeza asintió - te la debemos los dos.

- No seas cínico. A ella no la quiero ver - calló unos instantes de vacilación y la curiosidad le hizo caer - ¿La conozco?

- Si, Isabel, LE conoces. No LA conoces - y el mismo se sorprendió de su seguridad al decirlo, incluso sintió alivio al decirlo.

- ¿Un tío? - fue un grito descontrolado - ¿me has puesto los cuernos con un tío? maricón al final. Ya me decía mi madre que tenías algo que no la convencía.

- Escúchame, cariño - y ya no le dejo seguir.

- Cariño tu puta madre. ¡Que me has toreado con un tío! - y la curiosidad acabó con ella - ¿Y quién es, pedazo de...? - hizo una pausa espesa - ¿No me habrás pegado nada? Será más de uno, ¿Cuanto tiempo cabrón?

- Mario, Isabel, que quiere verte y que te demos las explicaciones.

- ¿El alfeñique ese? Joder tu - no acertaba a dar con su nombre de lo irritada que estaba, su subconsciente le negaba ya hasta el nombre -  como te llames, podías haber tenido más gusto, con la cantidad de tíos buenos que hay en tu Escuela o en tu residencia, has tenido que ir a liarte con ese. Serás mariconazo, y bueno, él peor, que a saber de qué malas artes..., no quiero saber nada más, y no quiero seguir hablando y a ese, ese..., cerdo que no se ponga delante de mí que le arrancó la cabeza..., Ni tu tampoco - y colgó sin dar ni una opción más.

Sebastián se quedó con el teléfono en la palma de la mano, lo había estado sosteniendo con el manos libres para que Mario pudiese escuchar lo que Isabel decía. Estaba pálido y con la mirada perdida. Mario le recogió el móvil, lo apagó y lo dejó sobre la mesa de Sebastián.

- Reacciona Sebastián. Esto era esperable.

- Pero yo quería explicarle - estaba tan sonado como un sparring después de un día de entrenamiento - darle las razones que ni yo mismo entiendo. Quería que me ayudase a ordenar mis pensamientos. Yo Mario, no sé porqué hice lo que hice y sin embargo quiero volver a hacerlo y tampoco comprendo cómo va a ser mi vida sin ella..., y sin ti..., no lo sé Mario - se abrazó a su compañero y no pudo reprimir las lágrimas.
Mario contuvo en sus brazos el cuerpo de Sebastián que a duras penas se sostenía hipando de llanto. El calor que mutuamente se trasmitían, y las lágrimas de solidaridad que empezó a derramar Mario hizo el resto.

Sin poner ninguno de los dos empeño ni voluntariedad sus cuerpos se movieron y cada uno detecto el crecimiento del otro. Para cada uno de ellos supuso un alivio a la presión de su disgusto y sus abrazos dejaron de ser estáticos para empezar a mover sus manos acariciándose mutuamente y sus pelvis se acercaron entre sí al límite haciendo que sus cuerpos entrasen en íntima colisión. Sebastián bajo su mano derecha hasta la cinturilla del pantalón de Mario e insinuó sus dedos por dentro. Mario cómo un autómata desabrochó sus vaqueros de los botones y la mano de su amigo ya no encontró oposición. Los jeans cayeron hasta los tobillos. Busco la mano de Sebastián el ano de Mario, aprovechando la ausencia de calzoncillos y Mario gimió al sentir como los torpes, aún, dedos de su amigo intentaban entrar en su cuerpo. Las lágrimas dejaron paso a los jadeos, las bocas se buscaron ávidamente y con avaricia se dieron su saliva el uno al otro, y sin saber cómo, se encontraron otra vez desnudos sobre la cama de Mario. Sin muchos preámbulos Sebastián busco el ano de Mario que dócilmente se lo ofreció.

- Lo necesito - habló junto al oído de Mario con urgencia lúbrica - necesito sentir que estamos unidos, que me acoges y que yo estoy a gusto en tu cuerpo porque tú lo estás de tenerme.

- Entrate lo más profundo que quieras y dame tu ser, tu esencia y quédate todo lo que puedas, que yo seas tú y tu, yo. Te quiero Sebastián. Quiero que ésta sea toda nuestra vida.

Una vez más, como la noche anterior, Mario sintió la puñalada de Sebastian pero en contra de lo que creía que iba a ser otra sesión de agonía a los pocos segundos de ser penetrado profundamente dejo de sentir dolor y comprobó como una sensación dulce y placentera partía del ano y recorría todo el fuste de su miembro hasta estallar en algo parecido a un orgasmo con emision, según sintió con su mano de semen, pero que lejos de debilitarle el deseo se lo multiplicó  y con la mano que le quedaba libre le tomó el muslo a Sebastian incitandole a que le penetrase con mayor fuerza. Luego presentó  ante sus ojos la mano con la que había recogido el semen que emitió por obra de los embites de su amigo, lo olió y se llevó los dedos a la boca.

- ¡Si! -dijo en voz alta

- ¿Te gusta? - le pregunto con voz ronca por la excitación sin parar de bombear.

- Me gusta el semen que me estas sacando de la polla con la tuya follandome.

- Dejame probarlo, Mario, quiero conocer tu sabor

Mario se exprimió el pene hasta hacer salir otro borbotón de semen, lo recogió con la mano y se lo dio a Sebastian, que primero vaciló un instante antes de aceptarlo, para inmediatamente recogerlo todo con la lengua y saborearlo antes de tragarlo.

- Tambien me gusta como sabes, amor. Creo que no sabia lo que era amar a alguien, lo confundia con el sexo. Ahora se que lo que siento por ti, ademas de una infinita atracción sexual, es amor - y en ese momento, sin esperarselo tuvo un orgasmo como no recordaba haberlo tenido nunca al tiempo que Mario emitía un gemido articulado y escupia todo su semen restante.

- Te amo Sebastián y eso - tuvo que parar porque el gemido de placer se imponía - y eso - continuó - ya no lo va a cambiar nadie.

De madrugada sonó el teléfono de Sebastian. Se despertaron los dos sobresaltados en la cama donde dormían abrazados. Miró el dial Sebastián 

- Es Isabel - dijo mirando como asustado a Mario

- Contesta, tiene que estar pasandolo mal. Hay que comprenderla. Ha sido un palo muy duro.

- Dime Isabel

- Sebastian, vale. Perdona por todo lo que te dije antes, y no, no quiero verte; ni a él tampoco. No se si mas adelante..., está él contigo, ¿verdad?

- Si, estabamos durmiendo juntos. No hay vuelta atrás, nos queremos. Mañana se lo presentaré a mis padres - Mario, sonriente, puso cara de sorpresa y se abrazó a su ya novio.

- Vaya, me alegro por ustedes - se escuchaba el llanto cohibido al otro lado de la línea - ahora tengo que colgar, lo siento

- Yo lo siento también por ti - pero las ultimas palabras se diluyeron en el eter, Isabel ya había colgado. Sebastian se quedó mirando la pantalla de su móvil hasta que fundió en negro, lo soltó en la mesilla de noche y le dio a Mario el beso mas dulce.

miércoles, 24 de febrero de 2021

AMIGOS..., cont (bis)


El hostal estaba a las afueras. En su momento era de carretera hasta que la ciudad lo fagocitó. Fue tiempo suficiente de coche para que Sebastián se tranquilizarse y para que Isabel, con ese sexto sentido que tienen todas las mujeres supiese que tenía que dejarle que ordenase sus ideas, porque si de algo estaba convencida es que el día que ella pasó con la abuela a su novio le pasó por encima una apisonadora y lo desbarató. Si quería enterarse de todo tendría que ser muy prudente.

Entraban en el hostal y Sebastián le puso a Isabel la mano abierta en el culo y la deslizó a la entrepierna.

- ¡Para, calentorro! En nada estamos en la habitación y ya tengo ganas de tenerte dentro, bien duro y caliente. Ya estoy empapada - confesó en voz baja.

- Te la voy a tener metida toda la noche - le susurraba al oído mientras empujaba la puerta del hostal. Se acercaron a la recepción, un pequeño mostrador en el que un treintañero vestido informalmente les esperaba con una amplia sonrisa - tengo una reserva - y ya el recepcionista tenia la llave en la mano.

- Con un carnet tengo suficiente. Aquí esta la llave, la 102, como siempre ¿no? - y mantuvo una mirada intensa en los ojos de Sebastián, que tras un momento de indecisión sacó su carnet y lo depositó sobre el mostrador.

Sebastián estaba otra vez muy excitado y nada mas abrir la puerta de la 102 la abrazó haciéndola sentir su dureza. Como si les quedasen solo minutos antes de que el destino les separase, de forma torpe se desnudaban el uno al otro sin dejar de besarse y comerse y en ese momento, la memoria le puso la zancadilla a Sebastián y sin poder remediarlo se vio el día anterior desnudandose con desesperación junto a Mario sin querer dejarse de besar. Le atenazó el panico otra vez y su explosiva erección se transformó en temida detumescencia sin que fuera capaz de remediarlo. Se separó de Isabel como para desvestirse antes y poder recuperar su dureza. Al quitarse los calzoncillos pudo comprobar que no tenía más que un colgante de carne flaccida.

- Voy a orinar - estaba de espaldas a Isabel, para escamotearle el gatillazo y cuanto mas interés ponía en recuperarse mas a merced de los acontecimientos se sentía. La sensación de terror panico le hizo marearse; estaba hiperventilando. Y entró en el baño.

- Orina en la ducha, chico, en el vater, con ese empalme no vas a atinar ni con una gota.

Sebastián se sentó en la taza del vater y comenzó a llorar. No podía, el pene cada vez era mas pequeño y la imagen de Mario, aguantando sin rechistar sus embestidas lúbricas, se agigantaba. Iba a confesarselo a Isabel y en ese momento ella le llamó.

- Cariño, estoy en la cama como a ti te gusta, desnuda, en penumbra.

- Ya voy - y en su cabeza vio aún un rayo de luz. En penumbra entraría en la cama y  comenzaría  con un  cunnilinguis; sabía de otras ocasiones que lamer profundamente el sexo de Isabel centrandose en la lisura de las ninfas y la dureza del clitoris le provocaba erecciones intensas.
Efectivamente, salió del baño con la luz apagada ya, de manera que Isabel no le viera desnudo. Entró en la cama y rapidamente se  colocó entre sus piernas, alargó los brazos y comenzó a pinzar  con sus dedos los pezones de su novia, que gimió de placer. Al tiempo lamió y lamió el sexo hasta dar  con su botón duro. Notó que su  cuerpo reaccionaba positivamente y parte de su miedo atenazante se diluyó. Rapidamente pensó en aprovechar la erección para penetrarla y correrse en un par de bombeos y luego disculparse por su precocidad; estaba demasiado caliente, ella le ponía muy burro y no se podía aguantar; encima iba a quedar de lujo. Se aupó sobre Isabel, le buscó la boca para besarla al tiempo que su pene duro encontraba la humedad de ella.

Fue una décima de segundo; empezar a besarla y hacersele presente la cabeza excesivamente girada de Mario con sus ojos implorantes de beso miéntras él  se corría dentro de su  cuerpo, que su verga desfalleció, incluso perdió la turgencia necesaria para mantenerse dentro. Isabel al sentirse vacía echó mano al sexo de Sebastián para ayudar a la inmediata penetración y tocó los genitales de un niño.

- ¿Que te pasa, cariño?

- No se - Sebastián se hizo a un lado mirando al techo.

- No pasa nada, verás como en  cuanto te haga una de mis mamadas todo se arregla - y diciéndolo se incorporó en la cama y se inclinó sobre el regazo de Sebastián,  comenzando la felación.

Pasaban los segundos y los minutos con Isabel aplicada a restablecer las fuerzas de su novio y en los oidos de él resonaba la frase con su capullo rozando los labios de Mario: "Te doy mi culo si tu me das tus labios" La frase martilleaba una y otra vez pero en su verga estaban los labios equivocados. Al cabo de unos interminables y humillantes minutos Isabel lo dio por perdido.

- ¿Quien es ella? - la dureza de la voz de su novia amenazaba tempestad. Sabía como era Isabel cuando perdía los estribos y lo ultimo que quería, además, era un escandalo.

- Me encuentro mal cariño. De verdad que no hay ninguna otra - y no mentía, había un otro, y él lo sabia, Mario se le había metido en su corazón - creo además que estoy destemplado. Prefiero que nos vayamos.

Isabel, supo en ese momento que no sacaría agua de ese pozo y comenzó una retirada estrategica, pero el fuego de  celos que la  consumia no se iba a sofocar tan facilmente.

- Vamos cariño. Vamos a vestirnos, me llevas a casa, vas a tu residencia, te tomas algo y mañana hablamos con  calma - se acercó a su cara y le dio un medido beso en la mejilla.

Mientras conducía de vuelta a la residencia iba aumentando su rabia y su culpa a la par. Iba a hostiar a ese mariconazo por haberle arruinado la vida. Y a medida que se acercaba a su destino las lágrimas se le agolpaban impidiéndole casi ver la calle. Aparcó y salió del coche deshecho. 

- No, - se dijo en voz alta - no Sebastián, el maricón eres tú - se detuvo antes de entrar al edificio apoyando una mano en la jamba de la puerta, agotado de tanta tensión acumulada durante el día. Esto no era ya como esas barrabasadas que hacia desde que era un zagalón y de las que se escabullía con medias verdades, excusas inverosimiles y apelando siempre a su encanto personal, esa sonrisa que era como la munición de un Magnum, no dejaba a nadie indiferente. Esto iba ya de realidades insoslayables, personas reales que sufrían, sentimientos desgarrados y corazones destrozados. Se le vino a la memoria el retrato de Isabel y se le partió el alma - hoy va a acabar toda esta farsa - y penetro en la residencia.
Abrió la puerta de la habitación, miró su reloj, la una pasadas. Cuando dejó a Isabel en su casa estuvieron un buen rato en el coche, ella intentando abrir la concha y él escabuyendose como mejor podía y al tiempo pensando en la manera de vengarse de Mario. 
Mario estaba en su cama durmiendo ya después de un dia de trabajo y no se imaginaba lo que iba a tener que manejar.

Sebastián se quedó de pie mirando a Mario mientras lloraba sin poderse contener, en silencio. Acercó una silla y se sentó y entonces sin ninguna  violencia despertó a su compañero de cuarto.

- Mario - pronunció su nombre varias veces como con sordina, no quería ni asustarle, ni molestarle, pero era imperativo sincerarse con él. Al tiempo con mucho cuidado le movía el  cuerpo sujetandolo por el hombro. Finalmente Mario despertó.

- ¿Son las siete? joder me he quedado dormido - al tiempo que se destapaba a Sebastián no se le escapó que su amigo tenía una erección monumental. 

- No Mario, es la una y tenemos que hablar

- Hostia, Sebastián ¿no puedes esperar a mañana? tengo sueño - y al tiempo enterraba la cabeza en la almohada y volvía a arroparse.

- Va a tener que ser ahora, Mario - y al tiempo deslizó su mano por debajo de la sabana y le acarició la entrepierna, apreciando la dureza de su sexo, y eso, si desperezó a Mario.

- ¿Que haces, loco? - y al tiempo de un salto se sentó en la cama - ¿que ha pasado con Isabel, nos estabas en ese hostal follando?

- Escúchame Mario, por favor, escúchame  y no me interrumpas - hizo un silencio para dar oportunidad a Mario de replicar y continuó - Aquel dia de hace casi nueve meses que abriste la puerta de la habitación y me tendiste la mano, me embrujaste, cabrón. En ese momento me quedé enganchado, ni se cómo fue, ni ya me importa. Tu fuiste el primer tío con el que he follado, y hoy no me arrepiento, ya no me arrepiento. Estos meses me has tenido loco. Muchas noches me levantaba de madrugada y me quedaba de pie al lado de tu cama contemplandote y luego lloraba cuando me acostaba porque "yo no soy así" me decía y luchaba contra mis sentimientos. Y te repito que nunca en mis veinticinco años había llegado a plantearme acostarme con un tio. Si, veía porno de tíos que diciéndose heteros follaban con otros heteros, el secreto estaba en no besarse ni declarar sentimientos. Eso me ponía a salvo porque luego, desde los quince años que me la chupó Susana, una vecina, no he parado de satisfacer mi apetito sexual con mujeres, y siempre con éxito.
Lo de la shemale es mentira, Mario. Estaba desesperado, de verdad. Hasta el olor de tus sabanas me consolaba. Muchos dias me demoraba mas de la cuenta, esperaba a que te fueses, me desnudaba y me metía en tu cama. Allí con la cara aspirando tu aroma en la almohada derramaba lágrimas. Supe lo que era estar enamorado. Me excitaba estar donde tu habías estado y tenía que tirarme de la cama porque no quería masturbarme sin tu consentimiento. 
Ayer, estaba bebiendo en la bar mientras Isabel estaba con su abuela, debía tener tal cara que se me acercó una chica y me dijo: "En el amor y la guerra no hay reglas si se trata de ganar. Mira tío se te nota a la legua que estas enamorado y necesitas a esa chica" y yo, no me preguntes porqué, sin preocuparme quien escuchaba le corté  y le dije "chica, no. Chico" me miró sonriente y me dijo "se te ha cambiado la cara cuando lo has dicho, porque lo has dicho TU, no el personaje que vas representando por este puto mundo. A por él, si es para ti, será y si no, al menos sabrás donde te encuentras. Como no se puede vivir, es permanentemente sobre un escenario" 
Y me inventé lo de la trans sin operar. No tenía cojones para ir por derecho. Te he llamado maricón y resulta que el maricón en el peor sentido de la palabra, era yo. Y por eso te pido perdón. 
Has provocado tal conmoción en mi, que he sido incapaz de tener sexo con Isabel. Quería matarte, pero me di cuenta que a quien tengo que matar es a ese Sebastián falso que no conozco. Mañana voy a pedir perdón a Isabel y a explicarme, como me he explicado contigo y como te pido perdón ahora.

- Tu también me has conmocionado - las lágrimas le resbalaban mansas por las mejillas, echó los pies fuera de la cama y se abrazó a Sebastián - lo que me pide el cuerpo es tener sexo contigo eternamente, estar contigo toda la vida, pero eso va a ser mañana, cuando tenga sexo con mi novio, no con el novio de una chica. Mañana si quieres te acompaño a sincerarte, a apoyarte, que lo que tengas que oír lo oiga yo, que tus lágrimas sean mis lágrimas y tu bochorno el mio. Yo también te amo y tengo que dar la cara contigo ante Isabel.

martes, 23 de febrero de 2021

AMIGOS..., cont.

 

Empezaba a colarse la primera luz del alba por la ventana y Sebastian abrió primero un ojo y luego el otro. Se hizo cargo de donde estaba, miró a Mario durmiendo a su lado y de un salto, desnudo como estaba salió de la cama. Mario se desperezó en ese momento y miró a Sebastian con cara de extrañeza.

- Ni se te ocurra abrir la boca, ni ahora ni nunca - se detuvo mirando a Mario que tenía cara de absoluta sorpresa, con el dedo indice levantado muy tieso en actitud tanto admonitoria como intimidatoria - el maricón eres tú, no yo, estás advertido.

- Bien, no tenía yo intención de nada, pero vamos - Mario contestaba muy relajado - que el que ha pasado por la piedra de dos tios en un solo día has sido tú, no yo, que eres el unico, y creo que el ultimo, que se ha encamado conmigo. Ah, y te recuerdo que hemos dormido juntos. Quizá algún día te des cuenta de todo lo hombre que eres y le digas a Isabel que pasó aquí anoche.

- A mi novia ni la nombres - dio un paso hacia la cama de Mario de forma amenazante - esto no ha pasado.

Mario no perdió la compostura. Dibujo una sonrisa sarcastica y muy intencionadamente clavo su mirada en los genitales de su compañero, enarcando las cejas y haciendo un mohin de agrado con los labios.

- Asi, no tan tiesa, esta también muy bonita. ¿Sabes? me duele el culo, que no se como voy a poder cagar hoy, pero me da igual, es un dolor que ojala sientas algun día, es de lo mas estimulante. Hago intención de  contraer el esfinter y la sensación es  como si aun la tuviese dentro, realmente adictivo. Aunque ya sabes que te dije anoche que si me dabas tus labios, mi culo sería tuyo. Y no sufras, nadie va a saber nada si tu no se lo dices.

Y sonó el movil de Sebastian. Se quedó como una imagen congelada, sin saber que hacer. Instintivamente se llevó las manos a sus partes mirando el telefono.

- ¡Hostias! es Isabel - estaba bloqueado. La mala conciencia no le dejaba decidir como hablar con su novia.

- Pero, tío, reacciona - le increpó Mario - ¿es un videochat? no, ¿verdad? pues descuelga joder que pareces tonto.

- Hola cariño - puso una voz absurdamente almibarada, tanto que su novia se dio cuenta - no, no, nada, es que me acababa de levantar y me ha pillado en el baño, ¿eh?  Nooo, ¿que dices, aqui, quien va a haber? que no joder, Isabel, mira, habla con Mario, el te lo dirá - Mario puso cara de incredulidad señalandose a si mismo con el dedo - de verdad, luego si quieres se lo preguntas - claro, claro, en diez minutos estoy abajo y desayunamos juntos. Hasta ahora. Espera que Mario quiere hablar contigo - miró a Mario frunciendo la cejas como preguntandole.

- Isabel, tu novio ha estado aqui toda la noche, como tu estabas con tu abuela, el se quedó aquí, estuvimos hablando hasta tarde - Mario guiñaba un ojo y hacia el signo del ok a su amigo - si, tu sabes hablando de cosas de tios. Si se está vistiendo, ya baja. Venga Isabel un beso, hasta otro día.

- ¿Se lo vas a decir? - Mario estaba envalentonado, hasta él mismo se sorprendía de su atrevimiento y de la sonrisa de satisfacción que se daba cuenta que tenía en su cara.

- Callate, maricón. No tengo tiempo de zurrarte, pero verás luego. Muchas gracias por el cable, eh tío.

Mario no pudo por menos que soltar una carcajada siendole imposible cohibir la risa  contagiosa que le invadió - ¿Me das un besito? - Sebastian lo intentó pero no pudo deshacer la sonrisa franca que le apareció mientras daba media vuelta y salía. Si, esta versión de Mario era nueva y le hacía gracia, pero no quería que se la hiciese.

Mario se tumbó todo lo largo que era en su cama sin dejar de sonreir. Se llevo la mano a sus huevos, que estaban relajados y se los acaricio y luego avanzó hasta tocarse el ano. Suponía que se lo encontraría abierto pero se llevó la decepción al encontrarselo cerrado hermeticamente, como siempre.

- ¿Y para esto he pasado yo el quinario? - se escuchó a si mismo decir en voz alta e inmediatamente intentó contraer el ano y el dolor se restableció, entrecerró los ojos y emitió una onomatopeya de satisfacción - veremos si hay una segunda o una tercera vez - volvió a decir en voz baja al tiempo que se dirigía al baño por una ducha fría. 

- ¡Espabila! Sebastian, estas ido. ¿Estás aqui? - le dijo mientras le chascaba los dedos delante de las narices - se te va a enfriar el café y el pan no has hecho mas que mosdisquearlo. De verdad, ¿donde estuviste ayer por la noche? 

- Llegan los finales, estoy agobiado, si apruebo tengo el proyecto por delante y todo se me amontona. Perdona de verdad. A ver si me centro. Precisamente de eso estuvimos hablando anoche con Mario. El tio con eso de que está con la filosofia lo templa todo y tranquiliza. ¿Lo de tu abuela va a ser para largo?

- No, yo no puedo siempre y mis padres con el trabajo. Ya hay contratada una residencia, creo que a primero de mes ingresa. ¿Quedamos esta noche, verdad? Necesito sentirte cerca, tu calor, tu fuerza.

- No sigas que se me sale de la bragueta.

- Vamos al hostal de siempre, ¿no? - le preguntó ansiosa Isabel.

- Donde si no, ya nos conocen. Ahora llamo.

Mario no podía quitarse de la cabeza el sexo con Sebastian. De vez en cuando tenía que apretar el culo para provocarse el dolor y convencerse de que no fue un sueño. El no se habia propuesto nada, ni tan siquiera estaba muy seguro de que le gustasen los hombres y no las mujeres y de pronto se rodean las cosas y la primera experiencia homoerotica que tiene es con un straight, un hetero. Porque Sebastian tenía novia, follaba con ella y cuando no la tenía a mano buscaba otra mujer rapidamente donde calzarla. Si no hubiese tocado carne donde el pensaba que tendría que haber humedad habría acabado sodomizando a la shemale que le encandiló, él se habría follado a un tío aunque en su cabeza sería mujer y nada de esto hubiera sucedido. Todo esta en la cabeza y en la negociación. ¡Joder! Sebastian se había metido su polla en la boca y no tuvo ningún acceso de asco o locura, y con su culo disfrutó como parecía que nunca había disfrutado, y anda que no metió lengua intentando anudar una y otra. ¡Hostia! disfrutó por lo menos lo mismo que él y sin embargo le insultaba llamadole Maricón. ¿Porque no se lo aplicaba a él, que disculpa se adjudicaría? Se lo tendría que preguntar.

En estas meditaciones estaba y se sorprendió con los ojos cerrados rememorando los abrazos y los besos con los que se premiaron los dos y al tiempo se acariciaba su pene duro como el pedernal

- ¡Ay, dios! Quiero repetirlo.

Sebastian miraba a Isabel con esa mirada interrogativa del culpable que se pregunta ¿dejo que me descubran o acabo con la incertidumbre y confieso? No podía tomar nada, si acaso algún sorbo de café, pero el vacio que tenía en la boca del estomago no le dejaba tragar nada solido. A pesar de todo intentaba mantener el tipo y lo fiaba todo a que un buen polvo esa noche en el hostal, como él sabía hacerlo lo solucionaría todo, Isabel se quedaría satisfecha como cada vez y él se olvidaría del incidente de Mario. Él creía que lo olvidaría, mientras que no le confesase que aquel primer apretón de manos electrico fue en realidad el origen de sus problemas. ¿Que mierdas tenía ese crio, cuatro o cinco años menor que él para haberle provocado tal seismo?
Con Isabel habia dejado de visitar, de vez en cuando, paginas de "heteros curiosos" y después de dos años aquello suponía que estaba mas que olvidado, pero desde que Mario llegó a su cuarto había hecho dos o tres incursiones  y alguna no para ver paginas ftm sino páginas de heteros curiosos sodomizando otros supuestos heteros curiosos. Con las paginas ftm se sentia a salvo, si, cara de tío, cuerpo de tio, sin tetas, una objeción soslayable, pero con coño y eso desactivaba cualquier espoleta de comportamiento gay, él veía y deseaba meterla en un coño como aquellos, no era un culo, que su aspecto fuera de tío era problema de ellas. Metersela en el culo a Mario le destrozó todos los esquemas, era un tío, era además la primera vez y era un culo. Aquel polvo tan increible seguro que le iba a dar dolores de cabeza.

- Voy a salir Marco, con Isabel. No vendré a dormir, he reservado habitación en un hostal. Esta noche voy a echar un polvo de verdad.

- Ah, es que lo de anoche fue de mentira. Yo me imaginé que me la chupabas y que luego me desvirgabas y después nos quedabamos dormidos los dos abrazados en mi cama. Todo eso es de mentira. Despierta, Sebastian, ¿que fuese ocasional y fruto de una serie de consecuencias? Vale, pero no te confundas. Sucedió. Quieras o no te olerá la polla a culo de tío decadas.

- Quiero decir... - intentó contemporizar

- Se lo que quieres decir, aprobé lógica - cortó muy serio Mario, al que ya le estaba molestando que le ningunease - y díselo a Isabel cuanto antes si no quieres que te explote el petardo en la cara cuando menos lo necesites.

- Bueno, venga, hasta mañana, coñazo.

Miéntras iba a recoger a Isabel y pensaba en otros encuentros similares se empalmó y le entraron ganas de aliviarse en ese momento. Sabía que no lo iba a hacer y se frotaba las manos con el polvo que iba a echar con su novia.

Recogió a Isabel y lo primero que hizo fue cogerle la mano y llevarsela a la bragueta.

- Dura como el diamante. Vamos a estar follando sin parar toda la noche y si quieres por el culo también.

- Ah, ¿ya la has metido por ahí alguna vez? Hasta ahora nunca me lo habias propuesto y mira que a mi se me ha ocurrido, pero me daba apuro pedirtelo. Repito, ¿tu has dado por el culo a alguien?

- No, no, era solo una ocurrencia fruto de lo caliente que estoy - y automaticamente sintió con terror que perdía la erección. Se le coló la imagen en su memoria de él corriendose dentro de Mario y él casi descoyuntandose el cuello para hacer coincidir orgasmo con beso pasional. Se le instaló el vertigo en la boca del estomago como por la mañana en el desayuno y constató que el pene se le perdia entre los pliegues del escroto.

- ¿Que te ha pasado, que he dicho? Te has puesto palido y has perdido el habla.

- A mi nada - intentaba aparentar aplomo pero a Isabel no se le pasó el apenas perceptible temblor que no podía contener en su aparente tranquilidad. No quiso hurgar mas la herida, que la había, a una mujer no se le pasa una cosa así por lo alto, y al fin llegaron al hostal.

sábado, 20 de febrero de 2021

AMIGOS

 

- Hola, soy Mario, me han asignado esta habitación - abrió la puerta timidamente con su mochila medio colgada del hombro - he dejado la maleta abajo, dejo aquí la mochila y voy por ella. Tu serás Sebastian, me han dicho abajo - dijo atropelladamente mientras tendía la mano.

Sebastian estaba tendido en la cama con el movil puesto en la oreja y practicamente no reparó en Mario.

- ¿Cómo? Ah, si, perdona, ¿Cómo  has dicho, Mario, si? Es mi novia - se levantó de un salto mientras se despedía de ella - perdona, me dijeron que llegabas mañana.

- Disculpa si te he incomodado, perdona.

- No, no, tranquilo. Hablaba con ella, Isabel, mi novia para hacer tiempo hasta la hora de comer. Mira, te enseño esto, bueno, tiene poco que enseñar, esta puerta es el baño. Si quieres agua caliente en la ducha tienes que ir a las del fondo del pasillo. A las de las habitaciones le cortaron en agua caliente porque al parecer éramos unos inconscientes y se gastaba mucha energia, ya sabes el planeta y eso. Esa es tu cama y bueno, te dejan colgar una estantería encima de tu mesa, y claro, joder, que te he dejado con la mano colgando - se dieron la mano y se la soltaron como si quemara. 

- Voy a bajar por la maleta, que va a echar raices en coserjeria

- Si quieres te ayudo - Sebastian intentaba ser agradable.

- No, tío, que va. Ahora subo.

Volvió a sonar el telefono de Sebastian.

- Isabel, perdona, era mi nuevo compañero de cuarto que acaba de llegar. Bien, educadito el chaval, normal, ya sabes, tiene cara de ser de letras. No se, por la forma de comportarse, los ingenieros somos como mas directos. Éste, Mario se llama, no se, da aspecto de leer a Sartre - y soltó una carcajada por su propia ocurrencia.

- Ya estoy aquí. Voy a dejar la maleta y me voy a comer con un primo mayor que me ha traido en su coche. Hasta luego.

En realidad no se porqué tome esta determinación, pero después de varios meses, y con un  comportamiento hacia mi tan leal y considerado me parecía lo mas justo, para con él y para conmigo también; no me sentía nada bien compartir tantas cosas sabiendo que él tenia un concepto de mi tan alejado de la realidad. No pesó nada el calvario que tuve que pasar con mi primo, el que me trajo a la residencia aquel primer dia, cuando decidí que alguien cercano debería estar al tanto de quien era yo en realidad, aunque para decir verdad, ni yo mismo sabía quien era, aunque no pudiera negar que cuando veia una peli porno los ojos se me iban no detrás de las tetas de la tía si no de los abdominales del tío, porque había algo en mi que bloqueaba el que me fijase en los genitales de unas y otros, quiza para no tener que elegir y certificar ante mi que era gay. Nunca habia tenido sexo con nadie y lo mas cerca que estuve de tenerlo fue una vez que en el autobus, que iba de bote en bote, un tío al que no pude ver ni la cara me puso un rabo de categoria y sintiendolo mucho, me gustó y yo estallé en una erección soberana que terminó por confirmarme que si, que era gay, que yo nunca había hecho nada por confirmarlo, pero ¿para qué quería confirmaciones? estaba clarisima mi inclinación. Como por otra parte la masturbación nunca fue mi fuerte, salvo con doce o trece años que me dijeron como se hacía pero a mi no me llamó especialmente la atencion. Asi que tampoco sabía que tipo de imagenes evocaría en caso de ser un pajillero redomado. En cuanto llegase Sebastián aquella noche a la residencia tenia pensado explayarme, era, para mi, un buen amigo y no quería dejar pasar ya la ocasión. 

Y de repente, como si de un vendaval se tratase se abrió la puerta de la habitación y no se que fue primero si el portazo que retumbó en toda la planta o el toro de Miura que irrumpió en la habitacion bufando como un energumeno. Se que no debí elegir aquella noche para sincerarme, pero..., yo ya lo había decidido.

- ¡Será hija de puta! - gritaba sin importarle si escandalizaba o no - pues no que va la tía y después de dos horas, dos, de calentón en el coche..., ¡si hasta me la mamó! que yo fui gilipollas y se la saqué para no correrme en su boca, después de  no dejarme tocarle el chocho venga morderle los pezones, y que pezones Mario, hostias, estaba loco ya, conseguí llegar al chocho ¡y no era un  chocho, ¡joder! no lo era, tenía la tía un rabo mas grande que el mio.

- ¿Isabel? - pregunté todo extrañado

- Que no, hostia. Si me pasa por cabronazo. Isabel se tuvo que quedar con su abuela y yo caliente,  como siempre, me ligué un pivonazo en un bar. Yo no me lo creia, Mario, de verdad, que pedazo de tetas, de cuerpo y de morbo tenía la tía..., y me encoñé. Ya en el bar me mordisqueó la oreja y me tocó el culo de una forma que, de verdad, yo no sabia que yo tuviese esas zonas erogenas. Mario, me metía la mano por dentro del pantalón y llegaba con el dedo por la raja hasta el ano lo acariciaba y seguía hasta los huevos y me volvió loco. Una tía nunca me había  hecho eso y, ¡claro! es que no era una tía era un tio con pintaza de tía. Y lo peor, lo peor, es que me ha dejado un dolor de huevos de la hostia. Me la voy a tener que menear. Tu tapate los oidos o vete, pero.

- Espera, espera, porque el karma todo lo descoloca para volver a colocarlo. Te tengo que decir algo, y quizá cuando te lo diga tomes otra determinación.

- Venga, dispara - en su cara se pintaba la angustia mientras no hacia mas que sobarse su polla a traves del pantalon, que hacia un bulto considerable.

- Sebastian, después de conocernos de tantos meses no puedo seguir sin confesarte que debo ser gay.

Se le cambió la expresión de la cara, dejó de sobarse y tras un interminable espeso silencio, puso cara de no entender nada y empezó a abrir y cerrar la boca intentando articular palabra, para al final preguntar gritando 

- ¿Que coño es eso de que debo ser gay? Es una obligación, una promesa, o ¿que coño estás diciendo? O eres maricón o no lo eres, o te han follado el culo o no te lo han follado. No me toques los cojones con la que tengo yo encima. Y si eres maricón de verdad, ¡mamamela ya de una puta vez! 

- Espera, espera. Nunca he estado con un tío, bueno, ni con una tía tampoco. Lo mas cerca que he estado de un tío - bajé la cabeza y clavé la vista en el suelo, de alguna manera me avergonzaba de decirle eso - es que uno me puso un rabo gordo en el autobus y lejos de molestarme, me empalmé. Después de eso nada. Como las tías no me llaman la atención he deducido que me deben gustar los tios, por eso. - y levanté la cabeza.

Sebastian se había sacado el pene por la bragueta, enhiesto y segregando un fluido por la punta. Me miraba con descaro y esbozaba una imperceptible sonrisa en su boca. La crispación que tenía se le habia borrado. Ahora aparentaba aplomo y seguridad en su mirada.

- Bueno, Mario, ahora tienes oportunidad de confirmar o no tus sospechas. Mira que pedazo de rabo tengo. Esta noche ya me ha hecho una mamada un tio, no me va a pasar nada porque otro termine lo que la boca del primero inició. Aunque a lo peor prefieres que lo intente con tu culo, después de todo, yo ya estoy dispuesto. La tia esa solo tenia coño en el culo y podría haberme manchado de mierda la polla, prefiero que la mierda al menos sea de mi roommate.

Me quedé helado con la seguridad y el cinismo con las que hablaba Sebastian. Estaba hipnotizado con su polla tiesa y contemplaba ahora como empezaba a desabrocharse el pantalón. Comprendí que yo mismo estaba muy empalmado y me vi perdido. Algo muy dentro me impelía a lanzarme sobre su polla y tragarmela entera pero otra parte me avisaba que ese era un paso del que no podría regresar nunca.

- Pareces un poco cortado, y a lo mejor te tengo que dar un empujoncito - decía esto mientras se terminaba de sacar los pantalones y se acercaba a la cama donde estaba sentado Mario con la polla triunfante dejando un hilillo de secreción filante colgando - no puedes apartar la vista ¿eh? te gusta, no paras de tragar saliva. Acuerdate de Wilde; cae en la tentación y así la venceras. ¿Cuantos años hace que deseas que esto suceda? Al menos yo no soy un anonimo - se acercaba tanto que Mario podia oler su sexo - si quieres, sacate la polla que veamos si reacciona o no - y tal como lo decía acercó su mano a la bragueta de Mario y palpó - la tienes tan dura como la mía. Por favor, Mario, metetela en la boca - rogaba - sabes que vas a disfrutar y me vas a hacer disfrutar a mi, estoy ya desesperado.

- Sabía en lo mas profundo de mi, desde el dia que aparecí en esta habitacion que te deseaba, pero no era consciente - como un automata, sin decidirlo conscientemente, pasó de la posición de sentado en la cama a arrodillado delante de Sebastian. Tenía su polla a escasos centimetros de su cara y él miraba a su compañero a la cara desde su posicion de rodillas. Sebastian se acercó hasta rozar los labios de Mario con su capullo. Este sacó la punta de la lengua y contactó con el capullo y un hilo trasparente unió las dos partes. Mario volvió a mirar a su compañero - te la voy a chupar, hasta el final si quieres, pero antes te tengo que besar.

- De eso nada - Sebastián se apartó con brusquedad, le dio la espalda y se agachó a recoger los calzoncillos.

- Dame tus labios y yo te doy mi culo virgen. Quiero que seas tu el que me parta el culo, no otro. Echame el polvo dentro y mi culo ya será tuyo para siempre - se sorprendió del aplomo con el que hablaba y la seguridad que tenía de que Sebastian iba a aceptar. De alguna manera "sabía" que Sebastian le deseaba. Y entonces el calzonzillo se cayó de la mano de Sebastián y se dio la vuelta. Mario estaba ya de pie detrás de él.

Primero fue un roce minimo de labios en el que Sebastián tenía los ojos cerrados y Mario muy abiertos clavando su mirada en los ojos cerrados de su compañero. Mario se humedeció sus labios y al tiempo humedeció los de su amigo que fuese por reflejo o por deseo los separó e hizo aparecer la punta de su lengua. Tocarse las dos lenguas y comenzar un beso torrido chorreante de saliva y como por resorte los brazos de cada uno quiso poseer el cuerpo de otro. Sin dejar de besarse se fueron desnudando atropelladamente hasta caer sobre la cama de Mario disfrutando de cada centimetro de piel, se lamieron,se chuparon y perdieron todo prejuicio en lo que parecia el hecho ultimo de cada una de sus vidas. Hubo felación mutua sin empacho alguno hasta que Mario quiso ser penetrado. Sebastián tenia un buen calzo, Mario no emitió ni un quejido a pesar del dolor insoportable y cuando la respiración de Sebastian se aceleró, jadeó y emitió un quejido de intenso placer, Mario sintió que su cuerpo se veía atravesado por una especie de calambre y su pene empezó a despedir semen, volvió la cabeza todo lo que pudo buscando la boca de Sebastian, que la entregó en un ultimo estertor final. Luego fue silencio.